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El reloj marcaba las once de la noche cuando la puerta de su departamento sonó. La abrió con desgano, ya en su ropa de dormir. Había sido un día agotador y solo deseaba irse a la cama y callar el remolino de pensamientos que le estaba empezando a dar migraña.
La sonrisa en la cara de su amigo resplandecía en la tenue luz del pasillo, cargaba dos bolsas con lo que suponía Duang era alcohol; este lo recorrió con sus ojos afilados, esa mirada analítica y juguetona que hacía caer a muchos en el campus, pero todo lo que vieron los ojos oscuros fue la expresión de cansancio en la cara de Duang. No era usual en él tener la batería tan baja ni mucho menos ese semblante de querer matar a alguien, su habitual sonrisa de cachorro y actitud juguetona como un niño no parecían querer asomarse y eso le preocupó al más alto por lo que entró sin ser invitado, como había hecho cientos de veces antes.
—Oye sé que estás locamente enamorado y todo eso, pero deja tiempo a tus amigos también—dijo Jamie riendo, saliendo hacia la terraza y sentándose en una de las reposeras, poniendo las latas de cerveza que había comprado en el camino en la mesa pequeña mesa frente a él.
No esperaba que Duang le contara todo directamente. Lo conocía de años, cuando algo rondaba demasiado tiempo en su cabeza se aislaba y trataba de resolverlo solo hasta que su cabeza empezara a echar humo. La única forma que había, o la que conocían él y Pae, era darle alcohol hasta que aflojara su lenga y contara todo por su cuenta. Y cuando vieron que apenas había querido hablar con ellos hoy y se había ido a buscar a Qin sin siquiera despedirse cuando terminó la clase supieron que algo estaba pasando.
—Es jueves—fue lo único que dijo Duang con su cara de pocos amigos antes de sentarse en la reposera sobrante—¿Y Pae? —agregó después de un minuto en completo silencio, mientras Jamie abría una lata y se la ponía en la mano.
—Debía quedarse en casa de sus padres esta semana, así que yo seré el encargado de levantarte la moral hoy—choco su cerveza con la su amigo antes de tomar un gran sorbo y animar a Duang a hacer lo mismo.
No era raro que estuvieran bebiendo un día de semana, les gustaba ir a bares y la mayoría de días tenían clases en la tarde, por lo que podían dormir hasta el medio día sin problema, claro, sin contar las horribles resacas, pero esos eran efectos secundarios. Se mantuvieron así por un rato, sentados uno al lado del otro, tomando lata tras lata sin intenciones de hablar entre ellos. A veces revisaban algo en su celular o solo contemplaban la bella noche estrellada de Bangkok. El silencio no era incomodo, nunca lo era entre ellos, pero había una cierta tensión rondando en el aire. Como una sombra que se cernía por sobre ambos sin dejarlos respirar por momentos.
—¿Como está todo con Qin? —pregunto Jamie queriendo aligerar un poco el ambiente, sentía que si seguían callados Duang podría meterse aún más en sus pensamientos.
Los hombros de Duang se tensaron, no mucho, pero lo suficiente como para que Jamie lo notara, y notara que algo no estaba del todo bien.
—Todo está bien—atino a responder Duang, manteniendo su vista fija en las luces de la ciudad que parecían más interesantes ahora que esa conversación, pasando la lengua por sus labios lentamente, cosa que no paso desapercibida para Jamie
Jamie no insistió más, sabía que si intentaba escarbar más profundo solo lograría que Duang se cierre completamente, por lo que solo lo acompañó en silencio por otra hora, solo enfocándose en terminar su bebida y en contar las estrellas que su cabeza llena de alcohol podía retener. Luego de otra media hora de silencio parecía que las nueve cervezas consecutivas lograron que la lengua de Duang se aflojara un poco, por lo que miro a su amigo con los ojos apenas entrecerrados y un rubor que teñía sus mejillas.
—Oye ¿qué se siente ser el de abajo? —pregunto con un hilo de voz apenas audible, la mirada en el césped artificial la terraza y el rubor subiéndole hasta las orejas, cosa que Jamie no pudo ignorar por lo apetecible que se estaba empezando ver su amigo.
Esta pregunta tomo desprevenido a Jamie. Duang no suele hablar de temas sexuales con ellos, con casi nadie de hecho, dice que no le gusta, pero él y Pae sabían que era porque le daba pena la poca experiencia que poseía. Se quedo sin habla por un segundo, tratando de procesar lo que su amigo medio borracho acababa de preguntarle y formulando una respuesta adecuada a las expectativas que este probablemente tenía.
Es verdad que Jamie no era precisamente un santo, solía llevarse a la cama a varias personas a la semana, pero su desempeño era mayoritariamente "activo" por así decirlo, pero estaba dispuesto a mentir un poco si eso hacía sentir mejor a Duang.
—Bueno...eh... ¿qué quieres saber exactamente? —dijo rascándose la nuca nerviosamente, tratando de alivianar la tensión que apenas se daba cuenta que sentía.
Su mente estaba casi en blanco, no solamente por tener que inventar una experiencia casi inexistente sino también por lo inesperadamente "deseable" que se veía su amigo tan sonrojado por el alcohol y esos ojos grandes reflejando las estrellas del cielo, ladeando la cabeza en señal de que le prestaba completa atención a pesar de lo avergonzado que estaba.
—...A Qin no le gusta la posición de activo, dice que ya lo intento y que prefiere estar abajo—contesto luego de un pequeño silencio reflexivo, desviando su mirada al horizonte, la leve brisa de la madrigada despeinaba su cabello delicadamente.
"Así que era por eso”, pensó Jamie, notando un pequeño rastro de decepción en su pecho, lo hizo de lado y se centró de nuevo en la conversación.
—¿Y eso... te molesta? —pregunto dubitativo, al recibir un asentimiento del otro parte continuo—¿Tu...—dudo un segundo tragando saliva por lo que iba a preguntar—Quieres ser el de abajo?
El dueño de la casa no hablo por lo que Jamie pensó que fue una eternidad, aunque solo haya sido un minuto, luego se volteó, mirándolo con esos ojos llenos de estrellas
—No lo sé...amo a Qin, eso no lo dudo, pero—hizo otra pausa, midiendo sus palabras y volviendo a mirar a su amigo con esos ojos llenos de vergüenza y lo que Jamie interpretó como... ¿excitación? —Que me hayan quitado la posibilidad de eso me hace sentir, no lo sé, vacío. Así que te pregunto ¿Como es?
Las palabras quedaron flotando en el aire, encerrándolos ambos en una burbuja donde solo estaban ellos, una confesión y las estrellas en el cielo. Jamie sintió su respiración cortarse y sus latidos aumentar repentinamente. No entendía si era por todo el alcohol que había tomado o la expresión en la cara de su amigo, expectante por una respuesta que pueda complacer lo que el en la práctica no podría. A Jamie en ese momento su cerebro dejo de funcionar, se movió únicamente por instinto, deseo o la necesidad naciente de calmar las dudas de Duang, no lo sabía, pero antes de poder pensarlo un segundo más su boca hablo.
—¿Quieres que te muestre?
