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Gotas de la flor Sankayou

Summary:

Sipnosis:
Una historia en la que Rozemyne, ya adulta y procedente de otro territorio, se casa con Lord Ferdinand, quien reside en el templo de Ehrenfest. Mientras vive momentos felices con risitas encantadas y va arrasando como una diosa en diversos aspectos, poco a poco se convierte en familia con Lord Ferdinand.
Narración principalmente desde el punto de vista de Ferdinand.

Autor/a: 緑茶/Ryokucha/Té verde.
Solo soy una traductora.

Chapter Text

Capítulo 1

Sobre el incidente ocurrido hace dos años en Jurgenschmidt, son muchos los que prefieren guardar silencio.

En Ehrenfest, especialmente, es así.
El Gran Territorio de Ahrensbach, del cual Verónica —madre del Archiduque— se enorgullecía por su linaje, incitó a fuerzas extranjeras y procedió a invadir la Soberanía. Se reportó incluso que, en ciertos casos, hubo interferencias mentales mediante el uso de sustancias. La responsabilidad de tal acto fue severamente castigada: el señor feudal y toda su familia fueron ejecutados. Muchos nobles registrados en Ahrensbach también fueron arrastrados por la purga.

El Archiduque de Ehrenfest, cuyo territorio colindaba con Ahrensbach y que tenía familiares casados allí como tercera esposa, temió que también cayera sobre ellos el castigo. Sin embargo, de alguna forma lograron evitar la purga.

Pero un gran número de nobles dentro del territorio desapareció de repente.
Aquellos que habían jurado lealtad a Georgine ascendieron junto con ella hasta las alturas, al momento de su ejecución.

Si bien era sabido que había nobles con profundos lazos con Ahrensbach, el hecho de que hubiera tantos que rindieran su nombre a una tercera esposa enviada a otro territorio fue un golpe inesperado.

Como pudo, el territorio reorganizó a los Giebe y redistribuyó las tierras. Sin embargo, la alta jerarquía llegó a la conclusión de que si dejaban libre a Verónica, quien alzaba la voz diciendo que Ahrensbach era digno de compasión y criticaba abiertamente el juicio de la realeza, la purga terminaría extendiéndose también a Ehrenfest. Por eso se detallaron los crímenes que había cometido y fue encerrada en la Torre Blanca.

Bezewanst, hermano de Verónica y sumo obispo que dominaba el templo, fue ejecutado de inmediato por lo impensable: había traído a nobles registrados en Ahrensbach —objetivos de la purga— a Ehrenfest para protegerlos.

Aunque Ehrenfest no fue objeto de un juicio directo e impuesto por el centro, el territorio cayó en un caos sin precedentes, y la escasez de maná se volvió un problema severo.

El territorio más bajo de todos.

Fue en los primeros días de la primavera, cuando la nieve aún no se derretía por completo, que llegó desde el centro una convocatoria dirigida a Ehrenfest, territorio al borde del colapso.

--°---°---°---°---°--

—Sylvester, Ferdinand.

Quien les dirigió la palabra al salir de la sala de transferencia que conectaba con la Academia Real fue Bonifatius, que se encontraba de guardia en el castillo para asumir temporalmente los deberes de la familia archiducal.

Al principio, sólo Sylvester se dirigió a la Soberanía. Pero en menos de medio día, se emitió una convocatoria específica nombrando a Ferdinand.

Desde los dieciséis años, Ferdinand había ingresado al templo y se mantenía apartado de la sociedad noble. Por eso, el hecho de que lo llamaran directamente a la Soberanía fue una sorpresa para todos.

Muchos fruncieron el ceño preguntándose qué clase de asunto requería la presencia de alguien que ni siquiera había abandonado el estado clerical. Mientras tanto, Ferdinand se preparó rápidamente para dirigirse a la Academia, murmurando para sí:
—No tengo capa...

Bonifatius, inquieto por si esto era una consecuencia del caso Ahrensbach o un castigo por asociación, no podía estar tranquilo. Sylvester, sin embargo, simplemente dijo que hablarían en el despacho y continuó caminando.

Ferdinand devolvió al escriba del castillo la capa ocre que había tomado prestada, y Sylvester, al ver aquello, le dio un sonoro golpe en la espalda mientras caminaban hacia el despacho.

Todos los asistentes fueron retirados. Sólo quedaron dentro de la sala las personas elegidas por Sylvester: él mismo, Ferdinand, Bonifatius y Karstedt.
Ferdinand activó un artefacto mágico para impedir la escucha dentro del área.

—La convocatoria desde la Soberanía fue para discutir una propuesta de matrimonio con Ferdinand.

—¿Qué? Pero si eso es motivo de celebración.

Bonifatius se sorprendió. Y al mismo tiempo, no pudo evitar preguntarse por qué ahora.

Los candidatos a archiduque no pueden convertirse en nobles soberanos. Si la soberanía ha contactado con Ferdinand porque busca personal competente...

—No me digas que están diciendo algo como: "haz que descienda de su posición como noble de alto rango y envíalo al centro"...

Si llegara a suceder algo así, Ehrenfest dejaría de funcionar por completo.
Sylvester negó con la cabeza para rechazar tal posibilidad.

—Es para casarlo. Por orden del rey, Ferdinand será devuelto a la vida secular y se le conseguirá una esposa de otro territorio.

—¿Hmm? ¿Una esposa de otro territorio? Espero que no se convierta en otro problema...

—Sin embargo, parece que la familia real está bastante bien informada sobre nuestros asuntos internos.

—Es razonable suponer que los nobles soberanos que regresaron este año están conectados con la familia real.

Normalmente, los nobles soberanos de Ehrenfest no regresan a sus territorios ni siquiera en invierno, pero este año unos cuantos sí lo hicieron. Al parecer, estaban investigando la situación en Ehrenfest y reportándola a la soberanía, incluyendo a la familia real.

Tal como Ferdinand temía, haber terminado con el encierro de Verónica antes del invierno fue la decisión correcta, pensó Bonifatius mientras soltaba un suspiro silencioso. Solo imaginar que los gritos de esa mujer hubieran llegado a oídos de la familia real le helaba la sangre.

—Pero Ferdinand... por muy competente que sea, está en el templo, ¿no?

Bonifatius, aunque le dirigió una mirada algo preocupada, no dudó en decirlo.
Normalmente, los nobles que están en el templo lo están porque han cometido errores imperdonables y se les ha considerado indignos como nobles. Aunque en Ehrenfest se conoce que Ferdinand tiene circunstancias especiales, no se puede esperar que nobles de otros territorios sepan eso.
Sin embargo, Sylvester frunció el ceño y ladeó la cabeza.

—Parece que esa es precisamente la razón.

—¿Hmm? ¿A qué te refieres?

—La prometida que vendrá también trabaja como suma obispa en su templo y, al parecer, siente un fuerte apego por su labor allí. Por eso, se ha ordenado que, tras el matrimonio, se le permita ocupar el cargo de suma obispa en el templo de Ehrenfest.

Al ver a Karstedt asentir con expresión seria, Bonifatius miró a Ferdinand.

—¿No te habrán emparejado con una viuda mayor que yo?

Ante esas palabras, incluso Ferdinand no pudo evitar esbozar una leve sonrisa irónica.

—Es cierto que hay una gran diferencia de edad, pero...

—No es mayor. Es menor. Al parecer se graduará de la Academia Real el próximo invierno.

Al escuchar las palabras de Sylvester, que continuó la explicación de Ferdinand, Bonifatius abrió mucho los ojos, sobresaltado.

—¿¡Mmm!? ¿Entonces en ese territorio encierran a niñas menores de edad en el templo y las obligan a trabajar!? ¡¡A pesar de lo que sucede en los templos!! ¡¡Eso es inaceptable! ¿¡De qué territorio se trata!?

—De Blumefelt.

—¡Ugh...!

El nombre del territorio que surgió era uno de los de más alto rango... y además, gobernado por un antiguo príncipe, hijo directo del anterior Zent. Incluso Bonifatius se quedó sin palabras.
Ferdinand, mientras tanto, se dio golpecitos en la sien con los dedos como para organizar mentalmente la información, y murmuró en voz baja, como sin dirigirse a nadie en particular:

—Proviene de una familia de mednobles, pero tras su ceremonia de bautismo fue adoptada por el aub y criada como candidata a archiduqueza. Se la conoce como santa tanto en su territorio como en la Academia Real, y parece ser tan talentosa que ha conseguido los máximos honores de forma consecutiva. Dicen que su maná es extraordinariamente abundante y que, por ello, será de enorme beneficio para Ehrenfest, que "por alguna razón" ha visto una drástica disminución de nobles y sufre una grave escasez de maná, o algo así decían los de la soberanía.

El énfasis en "por alguna razón" dejaba claro que el centro estaba al tanto de los asuntos de Georgine y Verónica, pero que, por ahora, se hacía de la vista gorda.
Era como una amenaza: "Si no quieren que los investiguemos, obedezcan esta orden real sin rechistar".
Pero, por más que se pensara en ello, había algo que no cuadraba.

—Si es tan talentosa, ¿por qué quieren enviarla fuera?

Quien respondió al legítimo y sensato señalamiento de Bonifatius fue Ferdinand. Sin embargo, su respuesta parecía a primera vista completamente fuera de lugar.

—He oído que el año pasado ocurrió un incidente inusual en la Academia Real.

—Yo no he oído nada al respecto.

—No es algo que valiera la pena informar directamente a un Aub. Según la persona que me trajo la información, era más bien un rumor, muy cercano a la verdad, que se propagó como un murmullo entre los estudiantes.

Según Ferdinand, el sobrino del actual Zent y actual Sumo Obispo del Templo Central, al parecer propuso matrimonio de forma repentina dentro de la Academia. Independientemente de si había sentimientos amorosos o no, recibir una propuesta de alguien tan cercano al rey debía de ser un gran honor. Sin embargo, la estudiante a quien se le propuso matrimonio aplastó en el acto la piedra mágica de compromiso, convirtiéndola en polvo dorado.

A plena luz del día, en medio de una propuesta tan ostentosa, recibir semejante humillación... al parecer hizo que el joven noble comenzara a albergar rencor hacia la estudiante.

—No se ha hecho público, pero hay rumores de que hubo algo más además de eso. Solo son rumores, claro.

—¿Entonces cabe la posibilidad de que, al avergonzar a alguien cercano a la familia real, ya no pudiera permanecer en su territorio y se haya visto obligada a ser enviada a otro? —preguntó Bonifatius.

—Pero el Aub de Blumefeld, aunque haya sido rebajado de rango a vasallo, fue miembro de la realeza. Siendo uno de los más cercanos al rey, ¿algo así sería suficiente para causar una conmoción en el territorio?

—...¿El próximo Aub de Blumefeld no era el primogénito de su primera esposa? Si mal no recuerdo, él se casó con una esposa hace poco. Además, su hermano menor, Lord Anastasius, estaba comprometido con Lady Eglantine, hija de la primera esposa del Zent, ¿no?

—...Sea como sea, parece que debemos reunir más información —dijo Ferdinand.

—Hmm. Que incluso nosotros, reuniéndonos todos aquí con estas caras, no logremos ver el panorama completo me deja algo intranquilo... —dijo Bonifatius pensativo—. Al final, ¿han decidido aceptar a esa prometida?

Ante la pregunta de Bonifatius, Sylvester se encogió de hombros con exageración.

—¿Acaso crees que Ehrenfest tiene el poder suficiente para rechazar una orden real?

Después de confirmar brevemente que la orden oficial se daría en la próxima Conferencia de archiduques, que el regreso de Ferdinand al estado secular y su compromiso se anunciarían durante el banquete de primavera, y que la ceremonia de compromiso estaba prevista para finales del verano, se disolvió la reunión, dejando a cada uno encargado de reunir la información pertinente.