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¿Te imaginas que no sabía qué ponerme?

Summary:

Después de no verse durante tres semanas, Ike y Azura, mejores amigos desde que eran niños, acuerdan encontrarse en un parque… vistiendo ropa más elegante de lo usual.

Notes:

¡Te doy la bienvenida a este fic! ¡Muchas gracias por tu apoyo!

Para tener contexto de algunos detalles importantes en la historia, por favor consulta la serie completa.

Este fic es mi participación dentro del FE Modern Pulse, el cual está repleto de hermosos trabajos de arte, escritura y cosplays.

También es mi participación dentro de la FE Crack Ship Week, aunque no sabía que tenía prompts 🫠

Me divertí mucho escribiendo esta pequeña historia de dos amigos que se quieren mucho :3

¡Disfruta mucho este fic! 💙🩵

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Era la soleada tarde del segundo domingo de junio, en la que, afortunadamente, el calor del verano todavía no desataba su acostumbrada ferocidad. Oficialmente, las clases de la universidad local finalizaron tres semanas atrás, y los jóvenes adultos que estudiaban ahí, especialmente aquellos que recién terminaron su primer año, tenían bastante tiempo libre.

 

En el centro de un concurrido parque, parado a lado de una fuente de tres niveles, se encontraba un alto y musculoso hombre joven, llamado Ike. Cuando no usaba ropa deportiva, que era casi siempre, prefería vestir sus cómodos y gastados jeans, sus tenis Converse color negro, y alguna de sus múltiples camisetas de colores sólidos; sin embargo, en ese momento, el muchacho portaba una camisa verde azulada, de manga corta, junto con un pantalón de poliéster beige, y zapatos cafés. Además, su corto cabello azul estaba ligeramente peinado, y se había aplicado una porción prudente de Burberry Hero, un regalo que recibió el año pasado, cuando cumplió 18.

 

Pese a su tranquilo semblante, sus ojos cerúleos se movían de izquierda a derecha, esperando a la razón por la que se encontraba ahí: iba a reunirse con su mejor amiga de la infancia, Azura, para tener una cita con ella. Se conocieron hacía más de 10 años, cuando Ike y su familia se mudaron a esa ciudad, debido al trabajo de su padre. Ella vivía en la casa de a lado, con su madre viuda; aunque era unos meses menor que él, estaban en el mismo grado, y fueron a la misma escuela hasta que se graduaron de la preparatoria.

 

Siendo un niño que, por circunstancias más allá de su control, dejó atrás a todos los que conocía, encontró una amiga verdadera en su pequeña vecina, con quien formó un vínculo de afecto sincero. Juntos, habían atravesado el final de la niñez, su adolescencia entera y, ahora, comenzaban a experimentar la adultez. Pero, paralelamente a su desarrollo físico y emocional, los amigos notaron que sus sentimientos mutuos también estaban creciendo.

 

Un par de meses atrás, antes de que las vacaciones de primavera iniciaran, Ike y Azura empezaron a tener “citas”, que consistían, esencialmente, en salir juntos, haciendo cosas simples, como almorzar o ver una película. Acordaron llamarles “citas” porque, de esa manera, podrían verificar si lo que sentían el uno por el otro era sólo su preciada amistad, o había espacio para que algo más pudiera florecer… tal y como los narcisos amarillos que el muchacho de cabello azul sostenía en su mano izquierda.

   - “¿Llegué demasiado temprano?” – con su mano libre, Ike sacó su celular de su bolsillo frontal derecho. – “Todavía faltan unos minutos para la hora que acordamos.” – guardó su teléfono. – “¿Por qué Azura tarda tanto? No nos hemos visto desde el fin de cursos, cuando ella y su madre viajaron a Hoshido por tres semanas, para cuidar de su tía Mikoto, porque se rompió la pierna. Ellas tuvieron que ir para allá porque los hijos e hijastros de Mikoto van a universidades lejos de ella, y todavía no terminaban el semestre.” – hizo un ligero puchero. – “¡Ya quiero verla!” – suspiró. – “Aunque nos llamamos y enviamos mensajes todos los días, no es lo mismo que estar físicamente juntos.” – volteó hacia su derecha, buscándola con la mirada, pero nada encontró. – “Anoche, cuando me confirmó que ella y Arete habían regresado a casa, me pidió que nos viéramos aquí, para tener una cita. Dijo que quería mostrarme algo que su tía le regaló, y hablar conmigo de un asunto en el que había estado pensando.” – contempló sus zapatos, pantalones, y camisa. – “¿Este atuendo será apropiado? Pasé toda la noche pensando en qué ponerme. Aunque no me importan mucho estas cosas, y me siento un poco tonto usando este estilo de ropa, me esforcé en verme bien para Azura, porque ella…” – de repente, una voz lo hizo mirar hacia su izquierda.

 

Caminando a un paso moderado, la muchacha de ojos dorados se acercó a su mejor amigo, mostrándole una sonrisa coloreada por un labial rosa peonía. A diferencia de sus jeans de cintura alta, sus ajustados leggins, sus blusones de tonos claros, sus ocasionales camisetas con estampados divertidos, sus balerinas negras, y sus acostumbradas sandalias de gamuza, para esa alegre reunión, Azura llevaba un precioso vestido azul marino, de manga corta, que terminaba debajo de sus rodillas; la prenda consistía en una tela ligera, que incluía un delicado encaje floral en la falda y las mangas, con una banda a la altura de su ceñida cintura. El resto del conjunto lo complementaban un par de sandalias de tacón mediano, hechas de cuero blanco, además de un antiguo medallón dorado colgando de su cuello, una pulsera de cristales cerúleos, un par de aretes de aguamarina, un pequeño bolso gris, maquillaje ligero, un toque de Pure Poison de Dior, y su largo cabello celeste suelto, adornado por una diadema blanca.

   - ¡Ike! – cuando llegó hasta él, lo tomó en sus brazos, y compartieron un cálido abrazo, como acostumbraban a hacerlo desde que eran niños.

   - ¡Azura! – se aseguró de no acercar las flores a su espalda. – Te extrañé mucho.

   - Yo también te extrañé. – aumentó la fuerza de su agarre, mientras respiraba el perfume que permanecía en su camisa. – Estoy muy feliz de estar de vuelta. Las últimas tres semanas se sintieron como una eternidad. – sus miradas se encontraron, intercambiando gentiles sonrisas. – ¿Has estado esperándome por mucho tiempo?

   - Descuida, llegué hace unos minutos. – la soltó. – ¿Qué tal estuvo tu estancia en Hoshido? ¿Cómo sigue tu tía Mikoto?

   - Mi tía está mucho mejor. – le sonrió. – Mis primos y sus hijastros por fin regresaron a casa, así que ellos la cuidarán durante el verano. Y, si sigue mejorando como lo ha estado haciendo, estará completamente restablecida para el otoño.

   - Bien por ella. – se tomó un momento para contemplarla. – Te ves muy linda. Ese tono de azul te sienta bastante bien. – no contuvo sus palabras.

   - ¡Jejeje! ¡Muchas gracias! – sus ojos se iluminaron, y una pizca de rubor natural se asomó por sus mejillas. – Mi tía me obsequió este vestido, como un gesto de gratitud por haber cuidado de ella, aunque le aclaré que no era necesario. – giró sobre sí misma. – Pude haberte enviado fotos de él, pero quería mostrártelo en persona. – inclinó un poco su cabeza, sonriéndole. – Aunque no es común verte usar ese estilo de ropa, tú también te ves increíble. – le habló con sinceridad.

   - … – sintió el calor agolpándose en su rostro. – Gracias. – soltó una tímida risita, poniendo su mano libre en su cuello. – Me alegra saber que no me veo tonto.

   - ¡Tú nunca podrías verte tonto! – abrió su bolso gris, y metió su mano derecha en él.

   - ¿Qué estás buscando?

   - Un regalo para ti. – mencionó, todavía examinando el hoyo negro que colgaba de su hombro. – Es algo que vi en Hoshido, y me hizo pensar en ti.

   - ¡No te hubieras molestado! – exclamó sobresaltado, y recordó que todavía estaba sosteniendo algo en su mano izquierda. – Aunque… yo también te traje un presente. – le acercó el arreglo de flores amarillas, para que lo tomase. – Un ramo de narcisos.

   - ¡Muchísimas gracias, Ike! – sonriéndole, lo recibió con su mano libre. – ¡Son bellísimos! – por fin, alzó una cajita de madera. – Y esto es para ti. – la puso sobre su palma derecha. – Sé que es bastante pequeño, pero, en cuanto lo vi, pensé en ti. – sostuvo sus flores con ambas manos. – Ábrelo, por favor.

   - Veamos… – levantó la parte de arriba del pequeño cofre, encontrando una sorpresa. – ¡Un oso azul!

   - ¡Sí! – asintió, entusiasmada. – Es un topacio azul, esculpido con la forma de un oso. – le explicó. – La vendedora me contó que el topacio azul es la piedra preciosa de la comunicación y la sinceridad, así que pensé que combinaría perfectamente con tu honesta personalidad. – un tenue sonrojo volvió a su rostro. – Además, los osos son tus animales favoritos, y este amiguito es azul, igual que tú.

   - … – su corazón sintió una agradable calidez, que se reflejó en su sonrisa, y en sus rojizas orejas. – Gracias, Azura. Gracias por pensar en mí. – sostuvo delicadamente la cajita en su puño, y sus miradas se encontraron. – Yo también pensé en ti, cuando estaba comprando el ramo que te regalaría para celebrar tu regreso a la ciudad. – acarició su ardiente mejilla derecha. – Estos narcisos amarillos me recordaron a tus ojos, y por eso los escogí. Pero, por supuesto, tus ojos son más bonitos que cualquier flor.

   - ¡Eres muy dulce! – encantada, llevó sus suaves labios a su pómulo izquierdo.

 

Esa pequeña e inocente demostración de cariño sorprendió significativamente a Ike; pese a que se conocían desde hacía más de una década, era la primera vez que Azura realmente lo besaba. Sabía que su reacción podía parecer exagerada, pero, ya que su amistad alcanzó un punto en el que estaban cuestionando si sus sentimientos mutuos se habían convertido en algo más profundo, en esa fracción de segundo, miles de pensamientos invadieron su mente.

   - ¿Estás bien? – la muchacha de cabello celeste lo contempló, algo preocupada por su estupefacto semblante.

   - … – sacudió erráticamente su cabeza, tratando de despejar sus pensamientos, y enfriar sus mejillas. – Sí, estoy bien. Es que…

   - Me excedí, ¿verdad? – lucía consternada.

   - ¡No! – negó efusivamente. – ¡No has hecho nada malo!

   - ¿Estás seguro?

   - ¡Sí! Es sólo que… no estoy acostumbrado a ese tipo de muestras de afecto. – sus últimas palabras casi sonaron como un susurro.

   - Ya veo. Por eso reaccionaste de esa forma. – sus labios dibujaron una suave sonrisa. – Pero, ¿sabes? Si tú lo deseas, podrías acostumbrarte a ésa y otras clases de demostraciones de cariño.

   - ¡¿Ehhh?! – su rubor aumentó. – ¡¿Quieres decir…?!

   - Me gustaría que fueras mi novio. – declaró con absoluta sinceridad.

   - … ¿Éste es el asunto del que querías hablar conmigo? – sus ojos cerúleos la miraban con incredulidad.

   - Así es. – asintió. – Desde que nos conocimos, las tres semanas en las que estuve fuera de la ciudad, cuidando de mi tía Mikoto, han sido el periodo de tiempo más largo en el que hemos estado físicamente separados. – puso su mano derecha sobre su inquieto corazón. – Al estar lejos, me di cuenta de que el amistoso afecto que siempre he sentido por ti, se está transformando en amor romántico.

   - … – no supo qué decirle.

   - Hemos sido honestos el uno con el otro desde que éramos niños, así que, en honor a esa confianza, quería contarte cómo me siento, y qué es lo que de verdad deseo. – su sonrisa se entristeció ligeramente. – Sin embargo, quizá este sentimiento no es correspondido y…

   - Es correspondido. – la interrumpió. – Yo… yo también quisiera que fueras mi novia. Eso… eso me haría bastante feliz. – sus miradas se encontraron, y permanecieron en silencio por unos segundos.

   - … – sonrojada, presionó gentilmente su frente contra la de él. – ¿Te gustaría ser mi novio, Ike? – le ofreció una tierna sonrisa.

   - Me encantaría, Azura. – con su rostro reflejando el de ella, separó un poco su frente, y plantó un pequeño beso en la punta de su nariz.

   - ¡Jejeje! ¡Hemos sido novios por diez segundos, y ya estás acostumbrándote a dar y recibir muestras de afecto! – besó su mejilla derecha.

   - Es mucho más fácil de lo que pensé que sería. – posó sus labios sobre su frente. – Sí, esto es bastante fácil y divertido. – le sonrió.

   - ¡Jejeje! – entrelazó su mano libre con la de él. – Bueno, mi querido novio, ¿qué hacemos ahora?

   - Lo que tú quieras, mi hermosa novia. – la contempló cariñosamente. – ¿Tienes hambre? Con ese bonito atuendo, debería llevarte a un lugar elegante para almorzar.

   - No necesitamos hacer eso. – comenzaron a caminar. – Me basta con estar a tu lado, y compartir una comida.

   - ¿Entonces… podemos ir a comer hamburguesas?

   - ¡Sí! – su sonrisa era radiante. – Y me robaré la mitad de tus papitas.

   - Por favor.

 

Fin.

 

Notes:

¡Muchas gracias por leer!
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Ike and Azura, from Fire Emblem, in pixel art. They’re holding red roses in their hands. Suddenly, Azura kisses Ike in the cheek, and he blushes.

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