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Español
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Published:
2026-05-06
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4,245
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1/1
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Demonio.

Summary:

Roier. Tan lindo como de costumbre, con un traje a la medida y un peinado precioso, aplaudiendo mientras se reía de algo que le decía Aldo al oído, Ewroon aleja la mirada con vergüenza.

Dios, pensaba con algo de culpa ¿Cómo podía pensar en Roier mientras acaba de oficiar una boda? En el templo del señor. Juró autenticidad, asumir la misión de servir a Dios y al pueblo con total dedicación, juró oración, obediencia.

Notes:

HOLA, ESTO ESTÁ TOTALMENTE INSPIRADO EN ESTE TWEET DE ACÁ: https://x.com/i/status/2051843148712907187

Y especialmente por este: https://x.com/i/status/2051845071905898935

ESPERO LES GUSTÉ

TENGO PENSADO PRONTO HACER UN SOCMED AU EN TWT PRONTO :3

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

La boda había sido un éxito total, veía como Katie y Tomate se daban un besito dando por concretado del matrimonio.

A pesar de todas las súplicas que dió a Katie, las miles de veces que le dijo que merecía algo mejor, y aun así ella decidió llevar a cabo la boda, y él respetaba su decisión.

Los silbidos y los aplausos no se hicieron esperar, pero por más feliz que intentara sentirse por la nueva alegría de su Bestie algo más acaparaba toda su atención. En la segunda fila, ya de pie, estaba aquel castaño aplaudiendo a la pareja qué salía muy feliz de la iglesia.

Roier. Tan lindo como de costumbre, con un traje a la medida y un peinado precioso, aplaudiendo mientras se reía de algo que le decía Aldo al oído, Ewroon aleja la mirada con vergüenza.

Dios, pensaba con algo de culpa ¿Cómo podía pensar en Roier mientras acaba de oficiar una boda? En el templo del señor. Juró autenticidad, asumir la misión de servir a Dios y al pueblo total dedicación, juró oración, obediencia.

Mira de reojo una vez más a Roier, salir de las bancas mientras se dirigía a la salida de la iglesia, siguiendo a los otros hasta donde Katie y Tomate se dirigían y, por un segundo, puede jurar que lo vió directamente a los ojos mientras sonreía.

Juró celibato.

Poco a poco empieza a ver a toda la gente salir hasta que finalmente se queda solo y suelta un suspiro qué está seguro que acaba de resonar en cada rincón de la iglesia, con algo de mareo baja de su sede y se recarga un momento en la pared.

Camina con calma por el ahora vacío pasillo y se adentra en la pequeña sala de confesiones debajo de la iglesia. Tiene que sentarse y lamenta aún no colocar ninguna silla ahí además de las de los confesionarios, así que se sienta ahí.

Roier ha puesto en duda todo lo que alguna vez ha sentido, lo que ha vivido y visto.

Había jurado solamente amor a Dios y a expandir la palabra del señor, hacer que Dios llegara a cada rincón de las mentes de todo aquel que quisiera aceptar a Dios en su corazón, en cambio, ahí estaba, tomándose del pelo por que lo único que había conseguido era no poder sacar al mexicano de cada parte de su mente y corazón.

Recargó sus manos en cabeza mientras las unía para empezar una oración, pero no podía siquiera empezarla, quería que la imagen de los ojos cafés de aquel chico saliera de su mente, no quería mezclarlo con la santidad de su Dios.

Pero por más que trataba, no lograba concebirlo, la imagen del castaño mordiendo su labio mientras lo veía fijamente en la misa no salía de su mente, empezaba a encajar algo crecidas uñas de panda en sus dedos cuando escuchó unos pasos resonar en la iglesia.

Salió del cubículo para ir a dar un vistazo cuando vió unos zapatos, negros y boleados con mucho brillo, bajar por las escaleras. Sintió todo el aire de sus pulmones salir y toda la sangre de sus cuerpo bombear con fuerza cuando la figura completa se presentó frente a él.

—Que bonita boda, Ewroon— Roier dió el último paso para bajar las escaleras mientras decía —Y yo que pensaba que nomas te mirabas chistoso con la túnica.

—…— Ewroon ni siquiera siente que tiene fuerza para hablar.

No solamente la presencia de Roier le hacía algo a su mente, si no su reputación por igual. Era bien sabido que Roier era una alma libre. Nada estable, un beso por aquí, un beso por allá, una caricia a él otra a este, un piquete de mosquito cada tanto. La lujuria era algo que definitivamente no era bien visto ante Dios.

No es como si ser un clérigo qué se sentía atraído hacía ese hombre fuera mejor.

—¿Qué pasó, te comió la lengua el ratón, cabrón?— Roier suelta una pequeña risita pero la oculta al ver a Ewroon fruncir el ceño —Ay, verdad, es suelo sagrado y así ¿verdad? No debería de maldecir.

Ewroon rueda los ojos mientras se da la vuelta y finge acomodar unas cosas en la mesita donde están las ofrendas, hostias, vino entre más cosas que están por ahí —¿Qué haces aquí, hijo?

—Ay— alarga Roier— ¿Si me dices hijo te puedo decir papi?— Ewroon lo voltea a ver con molestia —Perdón, perdón, broma broma, broma, perdón jajaja, en realidad, venía a confesarme, padre.

—¿Tú?— intenta ocultar su burla, aunque se arrepiente al instante de su comportamiento, no es algo digno de un capellán.

—¿Sabes? Yo también tengo algo de católico.

—Ya…

—¿Entonces me pongo acá y ya, no?

Ewroon siente su propio corazón acelerarse, no debería de emocionarse tanto por estar con Roier, bajo la iglesia, apunto de escucharlo confesar sus pecados, solos. Definitivamente no está nervioso por eso ni por las piernas marcadas de Roier qué se movían lentamente mientras le esperaba de rodillas ya en el cubículo, para nada.

Se acerca a su propio espacio y se sienta, para empezar con eso.

—Ave María purísima.

—Sin pecado original concebida

Ewroon quiere sonreír al escuchar salir de Roier esas palabras —Dime tus pecados.

—Uy, padre, ¿por dónde empiezo? Es que si me he pasado de lanza estos días eh, para empezar, ahí con el Foolish me andaba burle y burle de la Tina, diciéndole que era pobre y que no tenía nada, y yo sé que es malo el clasismo pero, nambre padre, la verdad es que si es bien pobre, mmm ¿qué más? Ah bueno, el otro día a mi perrito le dije muchas groserías pero es que pinche perrito, la verdad si es bien desmadroso, me perdió mi pingüino, si me dió coraje.

Ewroon lo escuchaba hablar y hablar de mil y un cosas más.

Desobedecer a su padre, pelear con sus hermanos y robarles, molestar a los demás habitantes de la isla, haberse enamorado de alguien que no debía, matar algunos animales.

No, espera, ¿qué?

¿Enamorado?

¿De quién?

¿Graf, Aldo, Nexe, Multi… o podría…?

Sacude la cabeza con rapidez.

Lo interrumpió rápidamente.

—Espera, espera, espera ¿qué fue eso último?

—¿Lo de los animales? Ush, sabía que me iban a decir algo de eso, todos lo hacen, es que yo ocupaba cuero y Abel también había sacrificado a un cordero en la biblia y-

—No, no, no— niega repetidamente —Acerca de tu enamo–

—¡Ah, eso!— exclama Roier —Ay, padre, si usted es bien chismoso.

Ewroon sintió sus orejas arder un segundo y se apresuró a hablar rápidamente.

—¡Okay, Roier, buena confesión tienes que rezar dos Padres nuestros y El señor te ha perdonado–

—¡No, aún debo confesar, estoy bromeando!— jura que puede escuchar la risa ahogada de Roier mientras guarda silencio —La verdad es que, si, me he enamorado de una persona que no es buena para mi, es una persona prohibida.

Ewroon escuchaba atento y solo por esa descripción solo podía pensar en alguien de la federación.

—¿Porqué piensas que es prohibida?

Roier suelta un largo suspiro —Ah, eso que para mi no es mala, pero tal vez yo para él si lo sea.

—¿Así que es un chico?

Siente la penetrante mirada de Roier a través de la celosía —Si, padre, es un hombre, y que hombre— Ewroon siente su pecho subir y bajar, ha escuchado muchas confesiones pero esta está siendo la más difícil de su tiempo en el clero.

—Ejem, entonces ¿tú crees que eres una mala influencia para él?

—Así es.

—¿Porqué es eso?

—Bueno, él es un hombre de dios.

¿Está temblando? Debe de estar temblando, se siente temblando y siente que el mundo da mil vueltas, se siente mareado, traga saliva y ruega por no haberlo hecho muy alto como para que el castaño pudiera escuchar.

—Ah, ya ya ya veo— podía escuchar al zapato de Roier golpear lentamente la madera del suelo del cubículo, toc, toc, toc, y aunque no era nada de otro mundo, lo estaba volviendo loco.

—Él es un hombre muy devoto ¿sabe? Entregado a su misión celestial, influyendo la fé a todo el mundo.

Mientras los escuchaba hablar escuchaba el sonido de sus zapatos dar pasos pero estaba muy perdido en sus propios pensamientos como para realizar que ya estaba abriendo la pequeña puerta de su espacio.

Sintió su corazón caerse al suelo mientras intentaba pararse torpemente chocando con la madera puesta en la entrada —¿Esa– ese, umm, era todo- toda la confesión? Si, si, bien— intentaba terminar las oraciones pero le podía ciertamente nervioso la persona frente a él.

—No, no, no, si aún tengo cosas que decir pero es que ya no quería estar de rodillas, tanto tiempo así, duele y duele un chingo eh, la neta, creame, lo sé por experiencia— esa maldita sonrisa coqueta que le estaba dando, sabía a lo que se refería, joder, lo sabía bien,

—Bueno, bueno, puedes, bueno, mi lugar, tu siéntate y yo— cuando intentó pasarle por un lado para cambiar de posición, el dedo del mexicano que ahora estaba presionando en su pecho lo regresó a su asiento.

—O me puedo sentar aquí con usted ¿no?

—¿Aquí?— soltó un suspiro rezando tontamente a dios por no haberse visto como un tonto haciéndolo —Mi asiento es el único y tú, bueno, tú no cabes aquí a mi lado.

—¿A su lado?— levanta una ceja el menor.

O kurwa.

—¡Bueno, si es lo que querías decir! Claro, no porque eso pensara yo ¿verdad? HAHAHA— se estaba dando mucha ilusión así mismo, Roier no estaba pensando en eso.

—Pues claro, no cabemos los dos es ese asiente uno al lado del otro— claro, obvio, por supuesto, pff, eso lo sabía, totalmente —A lo que yo me refería era sentarme en sus piernas padre.

Esta vez Ewroon se ahogo con su propia saliva al intentar tragar.

¿Había escuchado bien o estaba soñando? Esperaba que fuera un sueño porque todo lo que estaba pasando simplemente no estaba bien.

—¿D-Disculpa?

—¿Pero si se puede quitar la casulla? Es que no se la quiero arrugar.

¿Su casulla?

¿Quitarse la casulla?

¿Solo por un capricho pecaminoso de ese ser de figura excepcional parado frente a él esperando que ese manto blanco dorado desapareciera del camino?

¿Porqué lo pedía él?

Se hubiera reído a carcajadas si no estuviera ya viendo la casulla tirada en el piso, importándole poco si se podía manchar o ensuciar.

¿Cuándo se la había quitado?

¿Antes o después de su monólogo interno?

No importaba porque ya toda su atención se concentraba en el reciente nuevo peso sobre sus muslos.

Dios mio, dios mio, dios mio.

Se repetía una y otra vez con tanta culpa dentro de su ser.

Estaba yendo en contra de todo lo que una vez aprendió en la vida, todo lo que había sido se esfumaba a lado del cuerpo ajeno sobre él.

—Bueno padre, como le decía, a mi realmente me gusta ese hombre ¿sabe? Yo la verdad es que, bueno, sé que usted no lo verá muy bien pero si yo quiero puedo tener en la palma de mi mano a quien se me atraviese, si así lo quiero yo— Vaya que si, piensa intentando mantener calmada su respiración —Y creo que, al saber que es un hombre fuera de mi alcance o prohibido, hace que realmente quiera tenerlo. Y le voy a decir algo que probablemente usted no me crea pero, podría dejar la vida que he llevado todo este tiempo, solo para poder estar con él.

—…— Ewroon se mantiene en total silencio, cree que está haciendo un gran trabajo controlando su respiración pero si se viera como Roier lo ve, respirando agitado, sudor en la cara, con las manos agarrándose con fuerza al asiento y con el rostro totalmente rojo, pensaría qué está muriéndose.

—¿Tiene calor, padre? Tal vez debería de quitarse también esto— dice Roier mientras sostiene la estola morada con ambas manos y la jala hacía el mismo, acercándolos —Se ve que también es calurosa, aunque bueno, si le quitara todo lo que se ve caluroso para usted, no le quedaría mucho que vestir.

—E-Estoy bien así.

—Aunque se ven calurosas, la verdad creo que son sexys, claro, cuando no las usa un anciano de 47 años, ¿cierto?

Roier se ríe bajo y Ewroon cree que es una risa encantadora.

Y a pesar de escucharlo decir que estaba bien, el castaño aún así la retira y la pone en el suelo junto con la casulla.

—Roier— quiere advertir el polaco.

—Padre— joder —Oiga, pero agárreme bien, me ando resbalando— Roier le reniega mientras toma una de las manos del panda y la pone a la altura de su muslo, un poco más arriba, justo donde el agarre el perfecto para no dejarlo caer —Pero bueno, usted ya debe de saber de quien estoy hablando ¿no es asi?— lo ve morderse el labio y sucesivamente pasar un brazo detrás de su cuello y poner la otra mano en su pecho, haciendo pequeños círculos en el, Roier estaba siendo su perdición.

Quiere tentarlo, lo sabe, lo sabe, lo sabe.

Pero aún así, siente que ya no le importa y termina por ajustar su agarre al muslo de Roier, mientras sin querer (¿sin querer?) clava una garra en el traje, raspando un poco su muslo, ganándose un siseo del castaño.

—Me hago una idea.

—¿De verdad?— Asiente y Roier le ve con una ceja levantada y una media sonrisa de lado. Él realmente podía tener a quien quisiera en la palma de su mano. A quien quisiera.

—¿Y qué piensas hacer si no puedes tenerlo?— toda la falsedad que emanaba en su voz no era más que eso: falsedad. Por dentro estaba ardiendo, muriendo, lamentándose. Pero no le dejaba pensar mucho en eso con cada movimiento que hacía.

—Bueno primero quería pedir su opinión ¿usted cómo cree que él reaccionaría si yo empezará a hacerle esto— el rostro qué antes le estaba viendo con coquetería y, aunque trataba de ignorarla, lujuria empezó a acercarse a su cuello mientras empezaba a dejar un rastro de besos qué se extendían desde su clavícula hasta su mentón, y mierda, como estaba odiando su alba y cíngulo en ese momento. Cada tantos besos un beso húmedo se asomaba y hacía apretar el agarre en el muslo del chico sobre el. Dirigió su mano libre a la espalda del mexicano imitando lo que estaba haciendo el mismo en su pecho.

—Creo que él pensaría qué estás loco. Queriendo meterte con alguien del clero, y te diría que debes de aprender cual es tú lugar, ah— soltó un largo suspiro cuando la lengua del menor de extendió por completo y sin detenerse desde la base de su cuello hasta la comisura de sus labios y trazaba un camino sobre su labio inferior —Y te-te diría que eso no es correcto.

—Mmm— hacía un falso puchero mientras removía en el regazo del panda —Pero yo no veo que tiene de malo. Al fin y al cabo, dios quiere que seamos felices ¿no? Por el yo empezaría a ser más devoto — la mano que antes estaba en su pecho ahora estaba jugando con su labio inferior —Yo sería realmente muy feliz teniendo al señor dentro de mi.

Ewroon no podía más con todo, su pecho subía y bajaba, su respiración estaba agitada, su piel se sentía extraña, se moría de ganas por besarlo y quitarle cada pieza del traje en ese mismo instante simplemente quería, deseaba, rogaba que hubiera una cama ahí mismo donde pudiera…

No.

¿Qué carajos?

¿Qué carajos?

¡¿QUÉ CARAJOS?!

¿Qué es lo que siquiera estaba pensado?

El agarre que antes tenía sobre el muslo del menor se concentro en tratar de removerlo y sacárselo de encima mientras le pasaba por un lado y Roier renegaba por la falta del calor que le estaba brindando el cuerpo del mayor.

—Vete.

—¿Qué?

—Vete, salte, vete a tu casa, lárgate, no te quiero volver a ver aquí, no en esta iglesia.

—Ah, no, no, no, cabrón, aquí con tus mamadas no— Roier lo siguió fuera del cubículo donde estaba ahora a espaldas del cura —¿Qué pasa? Estábamos bien ¿no? Lo estabas disfrutando se que lo hacías.

—¡No es verdad!

—No digas mamadas, Ewroon— el silencio era horrible, solo se escucha la aún agitada respiración del polaco —Sé que te gusto.

—¿De qué estás hablando?—pregunta con molestia.

—¿Porqué te molestas en ocultarlo? Hay mil cosas que me lo demuestran. No pudiste apartar la vista de mi ni un solo momento, como siempre estabas molestándome, el como reaccionas a mi toque, que siempre preguntes por mi a otro, es obvio, Ewroon, te gusto— cerraba los ojos con fuerza mientras lo escuchaba hablar y hablar, no quería aceptar esa pesada verdad, se rehúsa —Y está bien porque también me gustas— unos brazos abrazándole sobre su cintura y casi a la altura de su pecho lo sacan de su negación —Yo también… Yo te pienso con regularidad y te busco en cada multitud, ni siquiera quería venir a esta fiesta peor realmente quería verte también. Me gustas.

—No.

—¿No? ¿Es eso lo que tienes para decir? Vete a la verga, culero, es en serio.

—No está bien, no, no, no— ahora Roier estaba frente a él y poco a poco sentía como lo empujaba hacia la pared —Yo no puedo, no quiero y-

—¿No quieres? ¿Estás seguro?— Roier ahora le tomaba con fuerza del cíngulo y lo acercaba cada vez más hacia él, ahora agresivamente —Mírame a los malditos ojos y dime que no quieres esto tanto como yo.

—…— Ewroon solo podía permanecer en silencio.

Un minuto, dos, tres. Se estaba tomando su tiempo hasta que se decidió a hablar. Estaba dispuesto a negar cualquier interés hacía él pero ni siquiera pudo pensar en las palabras que iba a decir cuando Roier ya lo estaba besando con tanta fuerza, como si su propia vida dependiera de eso.

Ewroon se sentía mareado.

Esa sensación era tan nueva, tan única.

La lengua de Roier exploraba la suya con tanta naturalidad y eso le daba una clara pista de lo experto que era en todo eso.

No sabe porque se niega tanto a la idea. Un pecador ya era. Siempre lo había sido, pero nunca había sido tan obvio desde que conoció a Roier.

La manera en la que siempre lo ha visto. Todos los objetos que ha robado de él sin que lo note, las veces que lo ha visto vestirse en su habitación sin cortinas, a altas horas de la noche cuando cree nadie está observando, o tal vez si lo sabía, y por eso lo hacía.

Solamente se está negando a él mismo lo que ya sabe, está perdido en Roier.

Desde que él llego solo ha sido él y simplemente él, él, él.

Decide ahora él llevar el control de la situación y es él quien ahora empuja a Roier hasta chocar con la mesa, pero poco le importa que la mesa estorbe porque lo toma de la parte trasera de los muslos y lo levanta para sentarlo sobre ella, eso hace que Roier suelte una pequeña risita qué se ahoga en el suspiro qué da cuando Ewroon empieza a besar su cuello, un beso, dos, cuatro, dejó de contar luego de eso. El saco del traje ya se encontraba en el suelo y los botones del chaleco hacia rato que estaban desabotonados. Ewroon poco a poco iba desfajando la camisa para introducir las manos dentro de esta y empezar a acariciar o arañar la espalda del mexicano. Roier dio un respingo en respuesta. Roier enrolla una de sus piernas alrededor de la cadera de Ewroon y sonríe.

—¿Estás feliz de verme o llevas el cáliz en aquí?

Ewroon rueda los ojos y regresa a besarlo.

Es increíble. Todo. Besarlo, tocarlo, respirarlo, tenerlo. Continua con su trabajo, acariciando su espalda, besándolo, mordiéndole.

Puede vivir con eso, no tan malo, está seguro de que deben de haber mil personas más que hacen lo mismo o incluso cosas peores, esto no era tan malo, se quiere convencer. Puede seguir con eso y seguir con su devoción a dios.

O puede olvidarse de todo y cambiar de religión.

Toda la vida se la había pasado creyendo y rezando por un dios que ni siquiera conocía, ¿era real? Ve tu a saberlo. ¿Qué había hecho realmente por él? Además, si hubiera realmente alguien ahí ¿Porqué le daba algo tan bueno que no podía tener? No, no podía ser real…

En cambio Roier.

Él era real, y vaya que lo era. Era una increíble persona, podía enumerar sus cualidades.

Amable.

Inteligente.

Divertido.

Fuerte.

Poderoso.

Hábil.

Hermoso.

Divino.

Amoroso.

Atractivo.

Y la lista podía seguir y seguir.

Él lo tenía todo. Y era real. Estaba ahí frente a él, con la mirada perdida en él, buscando la mayor cercanía a su cuerpo, con el rostro colorado y saliva por todo la boca. La lengua de fuera buscando la suya luego de que se separara de él para observarlo un poco, para admirar su belleza, él era perfecto. Él era un dios.

Él podía ser su nuevo dios.

Sonríe ante la idea. Le encanta. Poder rezarle a él, arrodillarse frente a él y que lo llenará con su amor. Un amor real, que estaba ahí, aún podía sentir.

Lo había decidido mientras desabotonaba botón por botón la camisa del mexicano y dejaba ver su pálida piel, a la que no llegaba un solo rayo de sol, se estremeció mientras acariciaba su pecho y se acercaba a él mientras Roier le tomaba de una oreja y la otra jugueteaba con su inquieta cola moviéndose de un lado para el otro. Estaba a tan pocos centímetros de distancia de su pecho.

—¡EWROON!— resonó por toda la iglesia, el eco repitiendo su nombre una y otra vez. Katie.

Y ahí regreso en si.

Se alejó de Roier como si su piel quemara como lava y se dirigió corriendo hacía arriba.

Y allí estaba Katie, con su traje de boda.

—Katie— dijo con la voz temblorosa.

—Wow, te ves como si hubieras visto a un fantasma.

En otro momento se hubiera reído pero ahora mismo no podía pensar en nada más que en el chico que tenía a medio vestir en la planta baja —¿Qué necesitas Katie? Ahora no puedo atenderte, necesito que te vayas.

—Ok, grosero, bueno, solo me preguntaba por que no estabas en la fiesta, Aldo venía a buscarte y yo se que casi no te agrada Tomate pero realmente me gustaría que estuvieras ahí y‐

Aldo ni siquera se había asomado aquí —¡Okay, lo haré, solo lárgate, iré en un rato!

Katie se alejó molesta mientras le gritaba aún cosas al panda, ese sería un problemas para después. Bajó nuevamente y vió a Roier con una sonrisa, y la odió. Su camisa ahora por completo desabotonada.

—Por poco ¿eh?— otra risa y ahora su voz sonaba irritante —En realidad Aldo venía a buscarte pero me pidió a mi venir porque bueno, el estaba con Ash y ya sabes que ellos— hizo sonidos de aplausos.

—Vete de aquí Roier.

—¿Otra vez lo mismo, cabrón? Me acabas de meter la lengua hasta el esófago, mínimo termina lo que hiciste. O yo te ayudo a terminar.

Y el intento de coquetería hubiera funcionado si ahora mismo Ewroon no estuviera ardiendo de furia. Con el mismo.

No puede creer lo que siquiera se atrevió a pensar.

Roier como su Dios. Que blasfemia.

Se dirige al cubículo donde estaban sus prendas y se las empieza a poner mientras le dice a Roier.

—Esto fue un error por completo, un horrible y espantoso error, no sé cómo me tan solo me pude haber dejado tentar por ti, demonio. Y aquí, en el hogar de mi señor, debes de irte y no volver aquí jamás. Ni buscarme.

—Ewroon, no hagas esto, lo que tenemos es especial. No termines con algo que aún ni siquiera empieza— una vez más unos brazos le abrazaron por la espalda —Yo… A mi me encantaría casarme contigo... Por favor— eso le hiela la sangre y por un momento se queda quieto, sin moverse un milímetro, sin respirar. Casarse. Ha.

Se safa del agarre de Roier y se voltea solo para ver su rostro cubierto de lágrimas, hasta que le escupe a la cara unas palabras que tal vez le duelan más a él —Yo ya estoy casado con dios. Deja la iglesia cuando te vistas apropiadamente.

Ewroon se marcha lo más rápido que puede para no escuchar los sollozos de Roier. Sale de la iglesia y se dirige con velocidad a aquel lugar secreto que nadie más conoce.

Todo lo que acaba de pasar estaba tan mal, en todo, en cada aspecto. Se tenía que castigar nuevamente, y lo haría.

Al llegar, se persigna como de costumbre y reza lo debido, mientras se desviste y empieza con los terribles azotes de aquel látigo de cuero que espera por él cada día en el que piensa en Roier de forma pecaminosa.

Con ese látigo se ha golpeado su espalda cada noche desde que conoció a ese mexicano que le había robado el aliento y las cicatrices y costras pasadas en su espalda eran una prueba de ello.

La sangre manchaba el suelo pero no importa cuando se castigara, mañana volvería a pensar en los ojos marrones de Roier y en lo tierno que se veía llorando por él.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Notes:

:33333
Jejeje