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No está siendo un día particularmente bueno, no por nada en específico, solo no se despertó del todo bien; son cosas que a veces pasan. Aunque el hecho de que le esté doliendo la cabeza de a ratos tampoco ayuda, pero bueno.
Un poco hambriento, lava una naranja, la corta en rodajas y le echa sal por encima; todo un manjar. Come cada gajo con gusto, disfrutando de ese pequeño placer de la vida. Un poco más satisfecho, se lava las manos y se las seca con un repasador.
Justo en ese momento su celular vibra y emite una pequeña luz rosa; Enzo le acaba de mandar un mensaje. Emocionado y, con una sonrisa tonta, toma su celular; lo desbloquea y entra al chat.
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Jere 🤍:
-Adivina quien va a Madrid? 👀
Tú:
-¿En serio vas a venir?
-¿Cuándo?
-¿Cuántos días?
-¿A qué hora?
-¿Vas a venir a verme?
Jere🤍:
-Obvio que voy a ir a verte, amor
-Voy especialmente a verte
-Unas ganas de que me comas la boca
-Y más que la boca también
Tú:
-Pendejo atrevido del orto
-No podemos tener un momento tierno sin que te pongas caliente
Jere 🤍:
-Te encanta que sea asi
Tú:
-Callate y decime cómo es que venís y cuando.
Jere🤍:
-Si, porque si sigo hablando...
Tú:
-Jeremías
Jere🤍:
-😘😘
-El cucu nos invitó a Pedro y a mi a viajar
-Le pinto viaje de amigos y le dijimos que si jajaja
-El 27 vamos
-Podemos ver el superclásico juntos, cielo 🥺
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La sonrisa de Julián se desvanece y relee el segundo mensaje con frenesís, sintiendo como le arde la sangre. Tiene que ser una joda, una muy mala y sin gracia.
"Tranquilo, no enloquezcas" se dice mentalmente, tratando de mantener la calma. Respira hondo por la nariz y exhala lentamente por la boca, como le enseñaron alguna vez. Más tranquilo, vuelve a leer el condenado mensaje, centrándose un nombre en particular; Pedro, el maldito Pedro Neto.
Siendo sincero, el resto de los mensajes le importan una mierda, lo único que puede pensar es en el portugués robanovios amigo de Enzo, su novio. Sí, definitivamente está perdiendo la cabeza.
Y es que, lo odia tanto sin siquiera conocerlo, aunque tampoco pueden culparlo por eso. Verán, al principio Pedro le caía bastante bien; le parecía simpático y muy atractivo, pero desde que comenzó a volverse una constante molesta en la vida de Enzo, dejó de pensar lo mismo. Ya no se trata solo de un compañero de equipo o un simple amigo, es una asquerosa garrapata pegada a su novio; metido en todos y en cada uno de los aspectos de su vida.
¿Un día de entrenamiento? Pedro está ahí, es lógico después de todo.
¿Un día de descanso? Pedro lo va a visitar a su casa, porque estar juntos en los entrenamientos no es suficiente.
¿Algún evento importante? Pedro seguramente lo va a acompañar.
¿Una videollamada? Sí, Pedro está de fondo; tirado más que cómodo en el sillón, tomando mates y en pantalón corto. A Julián no le queda de otra que fingir una sonrisa y saludarlo con educación, porque ante todo, tiene modales.
No hay un solo día en que Enzo no esté con Pedro, incluso cuando no están juntos físicamente, lo nombra en anécdotas y chistes. No sabe porqué o cómo, pero Pedro siempre está ahí; consintiendo a su novio como él no puede hacerlo ¡Hasta lo acompaña a cortarse el pelo! Es muchísimo, se está tomando atribuciones y obligaciones que no le corresponden, cruzando un límite que solo Julián debería tener.
Y no, no es malo que Enzo tenga un muy buen amigo con el que salga y comparta planes. De hecho, Julián es el primero en incentivarlo a hacer amigos, aunque tampoco es necesario; Enzo es extrovertido por naturaleza. Sin embargo, hay una enorme diferencia entre que sean amigos y en que le quieran caer a su novio. Pedro podrá hacerse el inocente con su sonrisa chota y su abdomen marcado, pero Julián no es ningún boludo y sabe muy bien que gusta de Enzo.
En realidad ¿Quién no gusta de Enzo? Si es un pendejo de mierda todo hermoso y tierno. Lo entiende.
Lo que si no comprende para nada es porqué su novio no le pone un límite. No es que quiere que no le hable nunca más en la vida, que se cambie de club o algo así, no está tan desquiciado; solo que respeten su lugar ¿Es demasiado lo que pide?
Frustrado, se deja caer en el sofá del living. Siente su celular vibrar en su mano, pero no le da pelota; no quiere seguir hablando con Enzo y tampoco tiene ánimos para atender a alguien más. Es que, realmente no lo entiende ¿Por qué Enzo no aleja a Pedro? No es como si él portugués fuese discreto con sus sentimientos. Es decir, hasta él pudo darse cuenta estando a distancia.
¿Y si a Enzo le gusta Pedro?
Quizás ya no le parece atractivo y no sabe cómo decírselo.
O quizás solo se aburrió de él.
Abrumado por la dirección que toman sus pensamientos, mira el techo; como si este tuviese la solución para que deje de sobrepensar.
Claramente no funciona.
Por supuesto que entiende que la situación es delicada y que, tal vez, Enzo está fingiendo demencia para evitar confrontarlo y que todo se vuelva incómodo. Suena lógico, él pasó por lo mismo cuando se dio cuenta de que le gustaba a Giuliano, pero no se quedó de brazos cruzados; habló con él, le explicó que estaba felizmente de novio y que solo lo veía como un amigo. Por suerte, Simeone chico lo entendió y le pidió disculpas por malinterpretar la situación. Desde ese día dejó de insinuarse y quedaron como muy buenos amigos.
Entonces ¿Por qué Enzo no puede hacer lo mismo? No, ese pendejo presumido de mierda alimenta las esperanzas del portugués y lo deja avanzar como si nada, como si no estuvieran juntos desde hace tantos años.
Lamentablemente para Fernández, él no va a estar ahí para ver cómo intentan robarle a su novio; si Enzo se quiere dejar robar, él no va a intervenir, porque no es su responsabilidad, no es él quien se está equivocando. Además, ya es lo suficientemente humillante que te dejen por otro tipo, como para también perder la dignidad al rogar amor.
Primero muerto.
Su celular resuena en el tono de llamada especial que Rodrigo se había puesto por sí mismo. Revoleando los ojos, acepta la llamada a regañadientes, conoce muchísimo a su amigo como para saber que va a insistir hasta que le atienda y, en el caso más extremo, irá a verlo hasta su casa.
Qué más da.
—¡Ami! ¿A qué no sabes el regalo que me acaba de hacer Nahu? ¡Dios, lo amo tanto a mi bebé!— dice emocionado, con una gran sonrisa detrás del micrófono.
Julián lo escucha sin mucho interés, carcomiéndose la cabeza como solo él sabe hacerlo. De pronto, una idea llega a su mente.
Total, no tiene nada que perder.
✧*。✧*。✧*。✧*。
Estar en el aeropuerto en plena madrugada no es para nada su plan de fin de semana, pero dadas las circunstancias actuales, le parece la mejor opción.
Malhumorado, espera a que le terminen de tomar sus datos ¿Por qué tarda tanto? Solo tienen que escribir un par de cositas en la computadora, no es tan difícil tipear más rápido. En fin, bostezando, se hace tronar el cuello; no durmió casi nada de la ansiedad, por lo que se desarma en sueño.
Quiere dormir y no despertar en un largo rato.
¿Y si se tira del avión? Ya lo había intentado del helicóptero, pero Alexis y Lautaro son unos aburridos y se lo impidieron. No hay mucha diferencia entre un helicóptero y un avión ¿Verdad?
—¿Estás seguro de esto, ami?— cuestiona Rodrigo al llegar a su lado —No es que no quiera que pases el romántico fin de semana que Nahu preparó para mí, pero creo que estás tomando una decisión estúpida e infantil— opina, haciendo una mueca.
Julián le sonríe con una amabilidad forzada —Sí, no pedí tu opinión— responde algo tajante —Igual, tranqui, planeo quedarme en el hotel. No voy a arruinar tu romántico viaje— dice de mala gana, agarrando su boleto de avión.
Su mejor amigo bufa, molesto por el trato recibido; aunque sabe que no es personal, Julián se vuelve un demonio cuando está enojado.
Al verlo, Nahuel se acerca a él y besa su mejilla —No le des bola, está idiota nomás— consuela, abrazándolo por la cintura.
Resulta que cuando Julián se enteró del viaje a Ibiza que iban a hacer sus amigos, decidió sumarse a ellos a último momento. No es ni de lejos la mejor decisión que ha tomado en su vida, Rodrigo tiene razón al decir que es estúpido. Es decir, se está escapando de su propio novio porque no soporta verlo de meloso con su nuevo amigo y, para empeorarlo, se va de viaje con una de las parejas más melosa que conoce.
Que divertido.
Respirando hondo, mira a través de la ventana, esperando a que puedan subirse al avión. Se muerde el labio inferior y se arranca la pielcita, tratando de distraerse. Sabe que está siendo cobarde; en vez que quedarse y afrontar la situación como el adulto maduro que se supone que es, prefiere escapar de la realidad. No es tan fuerte como aparenta y no tiene lo que realmente necesita; no cuando siente que su corazón corre peligro.
Ignorando su malhumor y sentido de la razón, sube al avión; se acomoda en su asiento lo mejor que puede y cierra los ojos, dispuesto a dormir aunque sea un poco.
No quiero estar despierto cuando lo peor pase.
✧*。✧*。✧*。✧*。
Al llegar al hotel, se va directo a su cuarto y se acuesta en la cama; le duele el cuello, los asientos del avión son muy incómodos. Cerca del medio día, su mejor amigo lo obliga a salir del cuarto y lo arrastra hacia un restaurante.
—Ya que viniste, disfruta del lugar ¡No te quedes encerrado en el cuarto! No sin Enzo adentro al menos— molesta, mirándolo con picardía.
Nahuel suspira y le da un suave codazo a su novio, anticipándose a la violencia de Julián, quien lo mira con el odio más puro.
—Ni me lo nombres a ese, debe estar de lo más feliz con él portugués— gruñe, irritado por el calor, por los mosquitos y por existir.
—Deberías tenerle más fe, Enzo se muere de amor cada vez que te ve— defiende Nahuel.
Rodrigo asiente de acuerdo —Encima vos te fuiste así nomás, sin decirle nada. Él va a llegar a buscarte re emocionado y vos acá. Sos re cruel con el gordo—.
Julián resopla y no responde nada más, dando por finalizado el tema. Llegan al lugar sin ninguna conversación de por medio, se sientan en una mesa algo alejada y chusmean el menú; según Rodrigo, todo suena riquísimo. Y no se equivocó, la comida está buenísimo.
Al terminar sus platos, deciden caminar por los alrededores; admirando la belleza del lugar y aprovechando a sacarse un par de fotos. Nahuel estaba por subir una en sus historias de Instagram, pero Julián le pidió que lo haga más tarde, no quiere que Enzo se entere aún y menos así.
¿Está siendo muy cruel? Quizás, pero después lo hablará con su psicólogo.
Por la tarde, los dos cordobeses le insisten a Rodrigo regresar al hotel para hacer su sagrada siesta. Al principio no está muy de acuerdo, pero cambia rápidamente de parecer al darse cuenta que puede dormir de cucharita con su novio.
Julián siente envidia, mas no dice nada.
De regreso al hotel, el cordobés se tira de palomita en su cama; es tan cómoda y fresca que podría quedarse dormido así nomás y casi lo hace, lastima que olvidó dejar su celular en silencio. Resignado, se acomoda boca arriba y lo desbloquea, entrando al chat de su novio.
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Jere🤍:
-Amor ya llegue!!
-Estas en casa? 👀
-No importa, te espero ahi
Tú:
-Ah.
-Si, no estoy.
-Estoy en Ibiza.
Jere🤍:
-COMO QUE ESTAS EN IBIZA???
-JULIAN
-ME ESTAS JODIENDO???
-Vine especialmente para verte, porque te extraño una banda y vos te vas
-A vos te parece?
Tú:
-Bueno, es que Nahudri me invitó a último momento y me pareció una buena idea.
-No pensé que te iba a importar, total, estás bien acompañado ¿No?
Jere🤍:
-Me estas haciendo una escena?
-Estas celoso?
-No podes hacerme esto Julian
-Dios te amo tanto y te odio por esto
-*Llamada entrante*
-Dale respondeme
Tú:
-Para qué?
Jere🤍:
-Para hablar
Tú:
-Ya estamos hablando.
Jere 🤍:
-Dale mi amor
-Respondeme
-*Llamada entrante*
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Su celular resuena entre sus manos, lo mira por unos breves segundos y atiende.
—Te amo tanto, Julián. Sos mi vida entera— le dice apenas atiende. Él gruñe a modo de respuesta, cegado por su odio —Dale, mi amor, no me podés hacer esto. Vine a verte re ilusionado y vos te tomaste el palo sin decirme nada ¿Qué pasó?—.
—Y sí, para ver cómo el portugués ese te chamuya delante mío, mejor me vengo para acá y listo—.
Se generan unos breves segundos de silencio y Enzo se ríe como si nada —Venite encima mío o adentro mejor, ese me gusta más— responde simple, con esa sonrisa sobrada de siempre.
—Te estoy hablando en serio, Jeremías— recrimina furioso, considerando seriamente en cortar la llamada.
—Yo también, te quiero a vos; enteramente a vos y solo a vos. Te amo de una forma que ni siquiera puedo poner en palabras, cielo— responde sincero y con ternura, haciéndolo aflojar un poco —No me importa Pedro, ni Joao o cualquier otro portugués que pueda aparecer en el Chelsea, porque al único que amo es Argentino y Cordobés—.
Julián suspira derrotado, sintiéndose un boludo por querer perdonarlo tan fácilmente; quiere regresar a su lado y llenarlo de besos, pero no, tiene que ser firme y expresar su molestia. No puede tapar el sol con un dedo —Ah, mira, no parece, porque ni un límite le pones a ese— acusa, retomando su enojo —Pensás que porque me venís a decir un par de cositas tiernas todo se soluciona y no es así. Si tanto soy tu todo como decís ¿Por qué no le pones un freno a Pedro? Los dos sabemos bien que te quiere re dar y vos lo dejas ¿Y sabes que es lo peor? Que el muy zorrita sabe que estás conmigo y aún así se te tira encima cada vez que puede—.
—Pero, amor...— Enzo intenta justificarse, pero lo interrumpe.
—No, no, amor nada. Me decís que conmigo está todo bien, que me amas y todo eso, pero después andas con ese como si nada y te olvidas de que estás conmigo. Te encanta tener a todos detrás tuyo y hacerte el lindo, pero no es justo para mí— suspira profundo, tratando de contener su bronca —Estoy comenzado a creer que ya no te gusto, Enzo—.
—¿Pero qué boludeces decís, Julián? Si me caliento de solo verte ¿Sabes la cantidad de pajas que te he dedicado? De solo ver tus fotos y de lo grandote que estás, ya me mojo entero, mi amor. No sabes las ganas que tengo de comerte la boca y que me hagas de todo; ser solo tuyo y que a la mañana siguiente me mimes, me hagas el desayuno que sabes que me gusta y que me vuelvas a coger— relata sin vergüenza alguna. Se toma unos breves segundos para pensar en frío y tranquilizarse —Estaba re ilusionado de verte, así pasábamos al menos dos días juntos ¿Sabes lo que extraño despertar abrazado a vos? ¿De escuchar tu tonadita y tus chistes? Te extraño muchísimo, solo que no te lo digo para no ponerme a llorar como un maricón— confiesa, más suave que antes —¿Cómo no me vas a gustar si sos lo único que me gusta?—.
Julián suspira nuevamente, más frustrado que antes y con las inseguridades carcomiéndole la cabeza —Pedro está re bueno— admite, sacándose otro pedacito de piel del labio; hábito que adquiere cuando siente que una situación lo sobrepasa.
—¿Qué decís? Me vas a poner celoso a mí— molesta, haciendo que el cordobés sonría un poco —¿Vos te viste en el espejo, mi amor? Sos precioso y no solo eso; sos re inteligente, dulce, amable, caliente. Sos perfecto para mí y te amo con locura, cielo— se genera otro breve silencio —Perdón por hacerte sentir así, no era mi intención. No sé, no pensé que te iba a molestar o a generarte inseguridades—.
—¿Cómo no me va a molestar que se quieran levantar a mi novio? ¿Sos joda, Jeremías?— reprocha, nuevamente enojado por la estupidez dicha.
¡Dios! A veces lo odia tanto (mentira).
—Qué sé yo, pensé que estabas seguro de que solo tengo ojos para vos—.
—Las parejas se aburren, Enzo ¿O ya te olvidaste lo que pasó con Lautaro y el Tucu? Eran la pareja ideal y se separaron de la nada—.
—Esos porque son unos boludos que se mueven por los que les calienta, no es lo mismo que nosotros, Julián. Me calentas una banda, pero también te amo con todo mi ser. Jamás podría aburrirme de vos— explica Enzo con dulzura —Perdón por hacerte sentir así, mi amor, posta que no era mi intención. Te juro que Pedro es solo un amigo y, desde que nos hicimos más cercanos, no pasó absolutamente nada entre nosotros ¿Si? Sé que le gusto y todo eso, es solo que... Es difícil—.
—¿Qué cosa?—.
—Todo. Sabes que me cuesta una banda estar en el Chelsea; desde que pasó lo del video todos me odian y apenas me hablan. Ya pasó hace un montón y ya les pedí disculpas un millón de veces, pero no hay caso, siguen creyendo que soy un racista y todo eso. A veces, me hacen sentir re solo, siempre se juntan todos y a mí no me invitan o no me hablan. Trato de que no me afecte, pero se siente re feo igual. Los únicos que me hablan siempre son el Cucu y Pedro— suspira con pesar, permitiéndose ser vulnerable —No sé, no quería arruinar eso y quedarme solo otra vez—.
"Es un tierno" piensa Julián, sintiendo como se le estruja el corazón —Si vinieras al Atleti eso no pasaría— suelta sin pensar, haciendo reír al menor. Más tranquilo, le habla dulce —Te entiendo, mi amor, posta que lo entiendo, pero una cosa es que sean tus amigos y otra muy distinta es que te tengan ganas y que vos lo permitas ¿O no te acordás lo que pasó al principio con Giuliano? Casi te venís a cagarlo a piñas cuando me comentó "Mi araña"—.
—Eso es diferente, ese se estaba pasando de atrevido— se queja Enzo, haciendo un puchero.
—Este también se está pasando de atrevido ¿Quién carajo se cree que es para decirte "Mi argentino"? Ya me lo voy a cruzar y le voy a decir un par de cositas al culiado— gruñe, arrugando el entrecejo. La risita tierna de Enzo lo hace enojar más —Que quiera ser tu amigo y tengan una relación cercana no me molesta, pero que tampoco se te haga el novio, porque vos ya tenés novio y soy yo. Ese por poco y te muestra la pija— reclama, apretando la mandíbula —Encima vos le das letra, le decís "mi niño" o no sé qué poronga. Están todas las boluditas en Twitter diciendo que es tu novio—.
—Pero si vos mismo lo estás diciendo, mi amor, son boluditas de Twitter—.
Julián bufa, aún más molesto que antes —Ah, dale, buenísimo, jugamos a esa entonces. Ahora le voy a decir "mi vida" a Giuliano a ver si te gusta que digan que somos novios y que sos terrible cornudo—.
—No, pará, es una banda eso, Julián ¿Vamos a jugar quién es más forro? Dale— dice dejando de reírse y tomándose la situación en serio —Déjame que hablé con él ¿Si? Te juro que le voy a dejar las cosas claras, que solo podemos ser amigos—.
—No, no que "podemos" ser amigos, qué querés que solo sean amigos— corrige el cordobés, haciendo énfasis en la diferencia.
—Es lo mismo, cielo—.
—No es lo mismo para mí. Decile así—.
Conteniendo un suspiro, Enzo asiente —Bueno, mi amor—.
—Perfecto, porque yo no estoy para compartir; o estás conmigo o sos libre de estar con quién vos quieras, Jeremías ¿Me entendiste?—.
—Pero tampoco me digas eso—.
—Te digo la verdad, nomás, para que veas que voy en serio—.
—No, si me quedo clarísimo; te fuiste a Ibiza para no verme, sé perfectamente lo que sos capaz de hacer, cielo—.
—Me encanta que lo hayas entendido tan bien—.
Enzo resopla una risita tierna —Te amo tanto, aunque seas un hijo de puta desquiciado—.
—Yo más, aunque seas una trolita fácil—.
—No sabes las ganas que tengo de que me agarres y me hagas de todo, mi amor— confiesa con notable deseo en su voz, siendo fiel a sí mismo —Que me cojas todo, me marqués y me dejes todo lleno. Encima así todo celoso, uff, papi—.
—Sería genial, cielo. Sentirte y besarte— dice Julián con ternura, sonriendo con burla y cinismo —Pero te portaste muy mal, Jeremías, así que vas a tener que esperar hasta que no volvamos a ver y pórtate bien hasta entonces. Y solo si siento que te lo mereces, sino vas a tener que seguir esperando— sentencia, jugando con uno de sus rulitos.
—Pero, amor...—.
—Nada de peros, ni de pajas ¿Me escuchaste?— demanda firme, como sabe que le gusta a su novio.
Aunque se haga el pendejo atrevido, Enzo es una masita tierna que le encanta que lo dominen y Julián ama dominarlo, reduciéndolo a jadeos y gemidos rotos, en dónde lo único que puede pensar es en el orgasmo que él le provoca.
—Dah, y yo que pensaba meterme los dedos con tu voz. No me hagas esto— rezonga, haciendo puchero —Hagamos videollamada, prometo hacerte caso en todo lo que me digas— súplica, como el caprichoso que es.
—Sos una trola reventado, yo contándote mis inseguridades y vos todo mojado. Espero que sea por mí al menos—.
—Obvio que es por vos, no existe nadie más en mi cabeza que vos y tu enorme pija. Dale, mi amor, me voy a portar bien— insiste, beboteándole.
—No— sostiene firme Julián, mordiéndose el labio inferior —Estas son las consecuencias de tus actos, Jeremías. Ahora hace las cosas bien y no me hagas enojar—.
—Bueno— accede resignado y abatido —Te amo, cielo. Te amo muchísimo. Sos lo más importante para mí, sos el único para mí—.
—Vos también sos el único para mí— corta la llamada.
Julián se siente un poco más tranquilo, aunque la espinita de inseguridad sigue en su corazón. Sin embargo, no puede hacer nada por el momento mas que confiar en su novio y esperar a ver cómo se desarrollan las cosas; si Enzo entendió el mensaje o si sigue dándole pie al histeriqueo raro de su amigo.
✧*。✧*。✧*。✧*。
La mañana siguiente es más tranquila de lo que esperaba; el calor no es ahogante, la cama está ideal y él se siente en completa tranquilidad, sin el caos interno de los días anteriores consumiéndolo. Quizás está cantando victoria antes de tiempo o quizás confía mucho en que Enzo le es fiel en todo los sentidos.
O simplemente ya no le duele la cabeza y eso le permite ver todo con mayor claridad y calma. Sí, lo más seguro es que sea eso.
Al revisar sus notificaciones ve que Rodrigo le escribió diciéndole que iba a desayunar en el mismo restaurante con Nahuel, por si quiere sumarse. Lo más probables es que ya estén terminando de comer, pero si se apresura los puede alcanzar y pasar un ratito juntos. No quiere arruinar todos los planes de la pareja, solo necesita un poco de buena compañía.
Tal y como lo pensó, sus amigos estaban terminándose sus platos cuando llegó, aún así, se alegraron al verlo de buen humor y se quedaron con él; conversando de todo un poco. El ambiente es muy ameno y le gusta, hace mucho no se sentía así de bien.
De pronto, su celular desprende la conocida lucecita rosa.
¿Qué tendrá Enzo para decirle ahora?
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Jere 🤍:
-Buenos días mi amor
-No sabes lo que muero por despertarme y que lo primero que vea sea tu carita hermosa 🥺
-Llenarte de besitos
-Y frotarme contra tu gorda pija
-Pero ese no es el tema principal
-Leeme
-Hable con Pedro y le dije todo como me pediste
-Que solo quiero una amistad porque estoy locamente enamorado de un petizo culon
-y como que le dio verguenza parece, se puso raro
-La cosa es que ya no se me va a insinuar mas
-Y si lo hace lo saco cagando
-Le dije que soy solo tuyo
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Julián sonríe en grande, sintiendo que la vida es más bonita. Si el mensaje fue claro, Pedro ya no se le acercará con segundas intenciones a Enzo y ahí es donde realmente se verá si el portugués quería una amistad genuina o si solo era calentura.
Antes de que pueda responder, una notificación aparece en su pantalla, informándole que Enzo acaba de compartir una historia en Instagram. Curioso, ingresa a la misma, viendo en primer plano una foto de SU novio con el maldito portugués, junto a unos emojis pedorros de "🤍😘".
¡Ahhhhh! ¡Lo hace a propósito el conchudo!
¡Lo odia tanto!
—¿Está todo bien, Ju?— indaga Rodrigo, notando el aura asesina que desprender su mejor amigo.
—Lo voy a matar— susurra, ignorando las miradas interrogativas de la pareja.
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Tú:
-Sos un pendejo del re orto.
-Seguí haciéndote el vivo nomás.
-Ya te voy a agarrar.
-A ver si te dan ganas de seguir jugando.
Jere 🤍:
-Te gustó la foto?
-Tengo un par más
-Queres verlas? 👀
Tú:
-Atrevido de mierda.
-Dale, seguí subiendo fotitos con el feo ese.
-Después no quiero ningún tipo de queja.
-Temblando te voy a dejar.
Jere 🤍:
-Por favor 🫦
-Porque ando hot y si no me atendes voy a tener que recurrir al otro.
Tú:
-¿Qué te haces? 🤌🏻
-Por favor, cambiar industrial nacional por carne de cuarta, un hambre terrible.
-Ese no me llega ni a los talones.
-Con lo abierto que estás encima.
Jere 🤍:
-Y si si sos enorme.
-Igual no se como la tiene pero lo puedo comprobar si queres
-El tamaño no importa sino que sepa cómo moverse 😜
-Y por lo que he visto...
Tú:
-Sos tan putita que cualquier pija te viene bien.
Jere 🤍:
-Y si mi novio no me atiende como debe tengo que recurrir a otros metodos
-A menos que si lo hagas
-👀
Tú:
-Ya sé lo que estás haciendo y no te va a funcionar.
-Guarda el dildo que tenés al lado tuyo y anda a darte una ducha de agua fría, pajero.
-Y deja de bebotear que sos mío nomás.
Jere 🤍:
-🤯🤯
-Como sabes del dildo?
Tú:
-Porque te conozco.
-Ya te dije que NO vamos a tener sexo telefónico, Jeremías.
Jere 🤍:
-Pero mi amor 🥺
-Por favor
-Necesito sentirte
-Tenerte adentro mio y que me llenes
-Que me cojas todo como solo vos sabes
-Te extraño muchisimo
-Extraño tus besos
-Tu manos
-¿Vos no me extrañas a mi?
-🥺🥺🥺
-Amor
-Cielo
-Ju
-Julian
-Alvarez
-😠😠😠
-🥹🥹🥹
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Soltando una risita maliciosa, el cordobés cierra la aplicación y bloquea su celular, ignorando por completo al menor. Él comenzó con ese jueguito estúpido, que se la banque solito.
Termina su desayuno con calma y decide recorrer un poco la zona por su cuenta, dándole a sus amigos el tiempo en pareja que tanto anhelaban. Fue tranquilo, hasta podría decir que algo aburrido, pero bueno.
Por la tarde decide regresar al hotel y hacer su habitual siesta, aunque está vez no puso alarma, planeaba dormir todo lo que quisiera, total, no tiene nada más que hacer.
Definitivamente fue una pésima idea venir.
✧*。✧*。✧*。✧*。
Apenas y logra salir de la nubosidad del sueño, envuelto entre sabanas flojas y la oscuridad natural de la noche; sus párpados pesan, su conciencia vacila y sus sentidos siguen adormecidos, dificultándole aún más su despertar.
Suaves caricias recorren su rostro, besando cada centímetro a su disposición, arrullándolo de forma tierna. Un dulce perfume llega a su nariz, embriagándolo por completo y pidiéndole que se quede a vivir ahí, olvidándose del resto del mundo. Siente un peso sobre su regazo, pero no es para nada molesto; es reconfortante y cálido. Seguramente Tarzán se coló en su cuarto y se subió a la cama.
Sí, puede dormir un poquito más.
—Amor— susurra una voz varonil y juguetona cerca de su oreja, dejando un besito en su mejilla.
—Mmh— gruñe a modo de respuesta.
—Es hora de despertar, cielo— vuelve a susurrar, pero está vez sobre sus labios, presionándolos suavemente en un beso.
Un beso.
Alerta, sujeta el cuerpo ajeno e invierte las posiciones, dejando al intruso aprisionado debajo de él. Al enfocar su vista, ve a Enzo con su habitual sonrisa canchera y ojitos pícaros.
—Buenas noches, mi amor— saluda con burla, envolviendo sus piernas alrededor de la cadera del cordobés, atrayéndolo más cerca suyo —Que sos difícil de despertar, che—.
Recuperándose del miedo inicial, respira con tranquilidad y lo mira con ojos críticos, sin soltarlo —¿Qué haces acá? ¿Cómo entraste?—.
—Tengo mis métodos para todo, ya te lo había dicho— dice simple, guiñándole el ojo —Lo importante acá es lo que tardaste en sentirme; fácilmente hace una hora que llegué y llevo como quince minutos encima tuyo. Menos mal que era yo, imagínate si era una fanática loca o un asesino serial— desvía la conversación.
Julián lo mira confundido y termina cediendo a la locura de su novio, como siempre; tiene demasiados pensamientos y preguntas enredadas en su cabeza como para pensar con claridad. Cansado, se recuesta en el pecho del menor y se relaja, tomándose unos segundos para razonar. Enzo lo acepta con gusto, acurrucándolo contra su cuerpo y haciéndole mimos.
Los segundos se vuelven cada vez más largos, convirtiéndose en minutos; en donde se dedica a sentir y disfrutar. Aunque no lo dijo en ningún momento, Julián extrañaba muchísimo a Enzo; desde su risa exagerada, a sus ataques de amor, a sus peleas absurdas, hasta su sola presencia y calor. Tenerlo ahí, enteramente para él, le recargar la energía que sentía que le faltaba, le reconforta el alma y lo hace sentir un poquito más cerca de casa.
Lo ama con locura, como nunca había amado a nadie; es su luz, su debilidad y su cielo estrellado. Aunque eso no quita el hecho de que Enzo se portó muy mal con él; ignorando sus sentimientos, llenándolo de dudas y desobedeciendo las órdenes que les dio.
Más consciente que antes y con sus ideas claras, Julián presiona su cadera contra la del menor, haciéndolo suspirar. Lentamente comienza a recorrerle el cuerpo con caricias ardientes, deteniéndose al sentir la tierna y cálida piel de los muslos. Expectante, baja sus manos a las nalgas, descubriendo que el pendejo atrevido está solo en ropa interior; un culote de encaje negro para ser más preciso.
—Una cosa tenías que hacer, Jeremías y era ser bueno ¿Tan difícil es dejar de ser una trola?— recrimina, presionando un suave beso en la base del cuello —¿Tan difícil es vivir sin mi pija?—.
—Sí— responde sonriente, dándole más acceso a su cuello.
—Encima lo admitís re fácil. Que vergüenza — se burla, haciéndole un chupón —¿Qué pensarían todas esas minitas lindas que babean por vos si te vieran así, tan entregado a mí? Que el gran Sexo Fernández no es mas que una gran mentira y que es mi puta personal—.
—Pensarían que soy muy afortunado— dice orgulloso, acariciándole la espalda.
Julián lo ignora y juega con el elástico del culote; lo estira y lo siente con las yemas de los dedos, presiona suavemente la piel del moreno. Las caricias suben con una lentitud desesperante, complementándose perfectamente con los besos húmedos que reparte por el cuello y la suave fricción entre sus caderas.
—Julián— gimotea el moreno, tratando de apegar más sus cuerpos.
—Sshh— silencia, haciéndole marcas en la clavícula.
Enzo bufa inquieto, hambriento por más. Quiere sentirlo todo; que Julián lo toque, lo marque, lo usé y lo haga suyo en todos los sentidos posibles. Él es una persona del contacto físico y activa sexualmente; le gusta jugar, hacerse notar, chamuyar y ser atendido, volviéndose súper irritante cuando no le dan la atención que desea. Al mantener una relación a distancia durante tantos años, está acostumbrado a pasar por períodos de abstinencia, pero siempre logran encontrar espacios para verse y pasar tiempo juntos.
Sin embargo, está vez es diferente, ya que no se han visto desde la última fecha FIFA, no por falta de ganas sino de tiempo; ambos tenían compromisos con sus respectivos equipos o familias, por lo que todo se resume a llamadas y mensajes. Claro que disfruta de una buena videollamada sexual; es caliente escuchar la voz de Julián dándole indicaciones mientras gime ronco, pero no se compara en nada con sentirlo encima suyo, besando su cuerpo y haciéndole sentir de todo.
Lastima que Julián sea tan lento.
O quizás él está ansioso por ser devorado.
—Ponete en cuatro— ordena el cordobés, apartándose de él de forma abrupta, sacándose la remera.
Enzo obedece sin rechistar; se recarga en sus codos y arquea la espalda más de lo necesario para resaltar su respingada cola. Mordiendo una sonrisa pícara, mueve la cadera de forma juguetona.
El mayor lo observa en silencio, analizándolo de pies a cabeza, centrando su mirada en la remera que usa el pendejo atrevido de su novio. No es una remera cualquiera, es su camiseta del Atlético; la roja, con el número diecinueve en el centro y su apellido por encima.
Se ve precioso, el color le favorece mucho; le resalta el tono natural de su piel, haciéndolo lucir aún más ardiente y hermoso.
—¿Te gusta?— pregunta Enzo, mirándolo por encima del hombro —Tardaste una banda en darte cuenta—.
—No sabía que eras chorrito además de trola. Las tenés todas vos— molesta con una sonrisa enorme, acariciándole el hueso de la cadera —Te sabes todos los trucos. Deberías escribir un manual para trolas, te volverías millonario— agrega, haciendo reír al menor.
Saliendo de su fascinación, le levanta la camiseta hasta la cintura y toma el ruedo del culote, bajándolo hasta las rodillas. Luego de unos largos segundos, le da una fuerte nalgada, tomando al menor desprevenido.
—Estás abierto, Jeremías— le da otra nalgada, haciéndolo jadear de placer —Te di una orden ¿Qué es esto?— cuestiona, hundiendo dos de sus dedos en la entrada húmeda y dilatada de su novio.
—Es parte de la sorpresa, quería estar listo para vos, mi amor— explica con fingida inocencia, jadeando.
El cordobés retira sus dedos, recibiendo un suave quejido —Te dije que nada de pajas ¿Qué parte no entendiste de eso?— le da otra nalgada.
—¡No fue una paja! Me preparé un poco, nada más—.
—¿Por qué? ¿No te preparo bien?—.
—¡Si! Lo haces re bien ¡Me encanta, cielo! Solo quería que fuera más fácil— trata de explicar, recibiendo otra nalgada.
—Ya sos re fácil ¿Qué más fácil lo querés hacer? Nada se te puede decir que todo haces mal, Jeremías—.
—Si te hice caso, no acabe ¡Te lo juro! Yo...—.
—Basta— interrumpe abruptamente, dándole otra nalgada. Sabe que Enzo le dice la verdad, pero aceptarlo arruinaría el juego —No te creo nada ¿Me vas a decir que la más puta de todas se metió los dedos, pero se contuvo de acabar? Déjate de joder. Primero me boludeas y ahora me mentís— reniega, dándole otra nalgada —Debería buscarme una novia que si me haga caso—.
Enzo se prepara para protestar y defenderse, pero termina enterrando la cabeza en la almohada al sentir la lengua de Julián rodear su entrada; es húmeda y tan caliente. Siente como le lame los labios, le chupa el clítoris y adentra la punta de la misma en su entrada, simulando suaves embestidas.
—Más— ruega, tirando su cadera hacia atrás. Contrario a su pedido, el mayor se aparta y le da una fuerte nalgada — Por favor, papi— jadea con las mejillas rojas.
—¿Encima pedís? No tenés cara, Jeremías. Debería dejarte así, por desobediente— amenaza, recibiendo un quejido lastimero —Pero te voy a perdonar solo porque tenés un culo hermoso. Vení, date vuelta, mirando para acá— demanda, bajándose el pantalón junto al bóxer.
Enzo obedece sin ninguna queja, sabe muy bien que Julián es capaz cumplir su amenaza si no le hace caso. Al acomodarse, queda de frente al glorioso pene de su novio; es largo, venoso, curvado y con la punta rosada. Tan perfecto como recordaba.
—Abrí la boca— ordena el mayor, masajeándose a sí mismo. Sonríe altanero al ver que su novio obedece y saca la lengua de forma vulgar —Mira lo que sos, la concha de tu madre— le acaricia la mandíbula y hace que alce la mirada, conectando sus miradas; Enzo lo mira con sus ojitos achinados y sus mejillas rojas —Sos tan hermoso cuando obedeces. Lastima que preferís ser un insoportable— dice con cierta bronca, escupiéndole en la boca.
Encantado por el sucio acto, Enzo jadea y traga con una sonrisa dulce, saboreándolo. Pícaro, vuelve a sacar la lengua; dispuesto a tomar cualquier cosa que Julián quiera darle.
—Sos tan puta, mi amor— dice el cordobés con cierta dulzura, tomando su pene y golpeando la punta contra la rosada lengua del moreno, sintiendo pequeños estamos —Te ves tan bien con mi pija en tu boca, chupándomela toda—.
Tomándolo como una autorización, Enzo lo envuelve con sus brillosos labios, chupando la punta y acariciando el resto con la mano. De a poco, baja cada vez más, haciendo una deliciosa presión con su lengua, mientras bombardea la base con una de sus manos y le acaricia los testículos con la otra. Escuchar los gemidos roncos de su novio, lo incentiva a seguir chupando cada vez más. Luego de unos minutos y sintiéndose algo ahogado, regresa a la punta otra vez, dejando un beso sobre esta para, seguidamente, repartir besos por todo el largo hasta llegar a la base. Conforme con el resultado, toma el falo con su mano y lo lame como si de un helado se tratase.
—Quiero que me cojas la boca, papi— pide dulce, haciéndole ojitos de cachorro.
Julián le acaricia el pelo con ternura y accede a darle ese gustito, sujetándolo de la nuca con firmeza. Entendiendo el mensaje, Enzo vuelve a meterse gran parte en la boca y chupa con fuerza, relajando la garganta. Suspirando profundo por la placentera sensación, el cordobés mueve su cadera; embistiéndole boca con cuidado. Rápidamente encuentra un ritmo cómodo, haciendo que su pene entre por completo y que la preciosa nariz de su novio choque en su pelvis.
—La cara de reventado que tenés— jadea, más que encantado; la boca de Enzo es espectacular —Lo bien que lo haces, cielo. Naciste para chupármela entera con esos labios de petera— halaga, acariciándole el pelo. El moreno lo mira entre lágrimas, tomándolo como un campeón —Mi pendejo atrevido, hermoso y obediente—.
Sonrojándose hasta las orejas, Enzo desvía la mirada, porque para él es más vergonzoso que le digan esas cosas que hacerle una garganta profunda a su novio.
Al sentir el conocido calor en su vientre, Julián se aparta a regañadientes, jadeando. Confundido, Enzo hace un puchero y vuelve a lamerle el pene, dejando algunos besitos.
—¿No me vas a dar leche?— pregunta algo afónico, chupándole la punta.
Conteniéndose de cumplir uno de sus fetiches preferidos, el mayor niega y le despega el flequillo de la frente a su novio —No, voy a acabar adentro tuyo— sentencia, acariciándole las mejillas.
Enzo sonríe chiquito, más que de acuerdo con la idea —¿Me das un beso antes de seguir?— pide dulce.
Y Julián no se puede negar; no cuando lo mira con los ojitos chinitos y los labios hinchados, esperándolo con emoción. Acariciándole los cachetes, acorta la distancia que los espera y lo besa con dulzura, hambre y amor; lo besa de forma lenta, pero profunda, besándole no solo los labios, sino también el alma.
Lo había extrañado tanto a su pendejo atrevido. Extrañaba sus labios, su sabor y su textura; sentirlo por completo y devorarlo a su antojo. Paso tanto tiempo desde la última vez que se habían besado y le hacía tanta falta.
Enzo corresponde el beso del mismo modo, abrazando a Julián por la cintura y apegando sus cuerpos lo más que puede. Lentamente, el beso se vuelve demandante y siente una suave mordida en su labio inferior, robándole un profundo suspiro; Julián es un gran besador y le encanta ser el único que conoce aquella habilidad. Sus lenguas se rozan, amortiguando sus jadeos, y sus manos se recorren con deseo; se acarician, se estrujan, se marcan y se sienten.
Agitado por la falta de aire, Julián corta el beso y roza su nariz con la de su novio —Sos tan hermoso y tan mío— susurra sobre los labios ajenos, dejando suaves picos en los mismos antes de empujarlo con brusquedad al colchón, haciendo que el menor caiga con las piernas abiertas.
Enzo lo mira expectante, casi suplicante, dispuesto a darle todo lo que su amor le pida con tal de que lo toque. Lastima que al cordobés le gusta hacerlo sufrir, solo lo suficiente para que le ruegue. Con una sonrisa soberbia, Julián le acaricia los muslos con una lentitud agónica, sube por la cadera y llega al ruedo de la remera, metiéndose por debajo de esta para manosearle el abdomen.
—Estás enorme vos— observa Julián, bajando nuevamente a los muslos, sosteniéndolos y separándolos aún más para dejar la húmeda entrada expuesta.
—Me dieron una nueva dieta y rutina de ejercicio— explica, mordiéndose el labio inferior.
El mayor le agradece mentalmente al Chelsea por eso; una buena hicieron.
—¿Te gusta?— susurra Enzo, mirándolo con intensidad.
Es extraño, luego investigará al respecto.
—¿Querés ver cuánto me gustas?— pregunta con una sonrisa sobrada, arrodillándose frente a él, besando y mordisqueando la cara interna del muslo limpio de tatuajes; su lugar favorito en el mundo. Adora la piel entintada de Enzo, pero también adora ver sus marcas sobre su cuerpo; que sean visibles y llamativas, dándole a entender al mundo que Enzo Jeremías Fernández ya tiene dueño. Lastima que, por la cantidad de tatuajes, no siempre es posible.
Por suerte, a su novio no le molesta; nunca se quejó al respecto o le pidió que deje de hacerlo, sino que lo incentiva a dejar más marcas, porque le gustan como se ven; disfruta del proceso y las presume como si de una gran logro se tratasen. Y quizás si lo son; son las marcas de Julián sobre su piel, reafirmando su amor y deseo por él.
Una vez conforme con su arte, Julián sube sus besos por la cara externa del mismo, pasando lentamente por la ingle, hasta llegar al vientre; dejando un rastro de mordidas y chupones en el recorrido.
—Amo tenerte así; con tu carita de trola, tan desesperado por mí— molesta, soplándole un poquito de aire en el clítoris para, seguidamente, dejar un prolongado beso en el pubis, recibiendo un jadeo ahogado por parte de Enzo. Malicioso, lame los labios mayores de forma superficial y plana —¿Te gusta así?— pregunta con burlona.
—Sí, sí, hacelo como quieras, pero cómeme, por favor— súplica, tirándole de los rulitos, sintiéndose cada vez más sudado y húmedo.
Conforma con la respuesta, Julián vuelve a repetir la acción varias veces, abriéndose paso entre los pliegues, humedeciendo y chupando todo a su paso. Luego de unos largos segundos, se centra en el clítoris; lo chupa, lo rodea con su lengua, juega con él por un rato y lo suelta, acariciándolo en forma de círculos con sus dedos ensalivados, ejerciendo la presión justa para hacer temblar al Enzo, quien gime a gusto, disfrutando de la atención. Hace tanto que deseaba tener a Julián entre sus piernas, atendiéndolo tan bien.
—Sos tan hermoso y delicioso, mi amor— susurra, lamiéndose los labios, antes de regresa a su actividad favorita; comerse a su novio por completo. Lame y chupa todo lo que puede, disfrutándolo. Con la punta de su lengua tantea la entrada y se adentra con cuidado, simulando penetraciones cortas.
—¡Así, amor! Así— incentiva el moreno entre gemidos sin sentidos.
Julián sube nuevamente por el clítoris y lo envuelve entre sus labios, mientras adentra dos de sus dedos en el interior de su novio; simulando embestidas cortas y moviéndolos en forma de tijera o curveándolos en una "c". Enzo se adapta rápidamente a los mismos, por lo que el cordobés aumenta la velocidad y se lo coge con los dedos.
Los gemidos del moreno se intensifican y los espasmos se hacen presentes, indicando que está por acabar. Aunque para su desgracia, Julián se aparta y retira sus dedos, interrumpiendo el orgasmo.
—¡Amor!— lloriquea, removiéndose sobre la cama, desesperado por acabar.
—Me desobedeciste, Jeremías— le recuerda con burla, acariciándole el abdomen —No mereces acabar y menos después de andar de putita con el feo ese. Debería dejarte así, como la trola necesitada que sos— dice, golpeando su pene contra el hinchado clítoris.
—Pedro no me trataría así— provoca, mirándolo con frustración y enojo.
Julián se ríe sin gracia, indignado por la comparación ¿Cómo se atreve a nombrar a ese cuando están a punto de coger? Este pendejo del orto.
Furioso, presiona sus uñas sobre la piel bronceada, rasguñándole suavemente el abdomen, sube por el pecho y llega al cuello, el cual sostiene con firmeza —Te tomaste un avión directo para que te coja; me despertaste casi en pelotas y todo abierto ¿Ahora te querés hacer el superadito y el que tiene opción? Estás que te largas a llorar para que te toque, Jeremías— sonríe con burla, rozando su nariz con la contraria, endureciendo su mirada —¿Sabes lo que haría ese mugroso? Te cogería hasta acabar y te dejaría tirado como la puta asquerosa que sos, sin importarle si acabaste o si te sentís bien. Así que no me compares con él— reclama, apretando un poco su agarre —Pero si tanto querés estar con ese boludo...— deja su frase a medias, soltándolo y haciendo el amague de irse del cuarto.
—No— súplica Enzo con la voz quebrada, agarrándolo del brazo con fuerza, aferrándose a él —No te vayas, por fa. Perdón, perdóname— toma la mano del mayor y le besa la palma —Solo te quiero a vos, amor, solo a vos, te lo juro. Soy todo tuyo; en cuerpo y alma— sentencia, mirándolo con intensidad —Haceme lo que quieras—.
Sonriendo con burla, le acaricia los labios con delicadeza —Sos la puta más barata de todas, pero sos solo mío, Jeremías. Así que comenza a comportarte como tal— sentencia, recibiendo un asentimiento efusivo por parte del menor. Más dócil, le acaricia la mejilla con ternura —¿Puedo hacerte lo que yo quiera?—.
—Todo lo que quieras, mi amor—.
—¿Y si te quiero poner el anillo?— pregunta luego de unos intensos segundos de silencio, disimulando sus nervios.
Sabe que no es la mejor propuesta ni la situación ideal para proponérselo, pero ya no puede seguir esperando; necesita una respuesta ya o se va a tirar del balcón. Luego tendrían tiempo para la propuesta romántica y las rosas.
Enzo parpadea aturdido, procesando la situación. Los segundos transcurren y se genera un silencio denso, casi mortal —Hacelo— dice casi sin aire, sonriendo en grande y con los ojitos brillosos —Hacelo, por favor. No sabes lo que me encantaría ser el señor Álvarez— responde con emoción, abrazándolo —Igual, no es una queja, pero podrías habérmelo pedido después de coger ¿No? Esa del romanticismo no te va me parece—.
Ignorando la cargada, Julián lo sujeta dulcemente de las mejillas y lo besa con amor. Siente que su corazón va a mil por segundo y que se le puede salir del pecho; está tan enamorado de ese pendejo atrevido que no se imagina una vida sin él y tampoco quiere imaginarlo, porque sabe que sería una de sus mayores torturas.
El beso es profundo, intenso y abrumador, como lo que siente por Enzo. Le acaricia las mejillas y lo disfruta; le chupa el labio inferior, le recorre la boca con adoración y lo consume por completo.
Al separarse, ve a su novio agitado y con las mejillas rojas. Se ve tan bonito, que no puede resistirse a besarlo otra vez —Te prometo que te voy a hacer esa propuesta romántica que te mereces, mi amor— asegura sobre sus labios, rozando su nariz con la contraria —Aunque considero que no hay nada más romántico que te lo pida antes de hacer el amor ¿No?— se defiende, robándole un pico.
Enzo se ríe tierno, arrugando un poco su nariz —No si, la cúspide del amor— molesta, fascinado por la espontaneidad del acto.
Julián no es una persona impulsiva, lo que significa que tenía la idea de casarse en mente hace bastante y que, por algún motivo desconocido, encontró la valentía de preguntárselo ahora. Es inoportuno y algo bizarro, pero es Julián pidiéndole casamiento; no puede negarse. Además ¿Quién dijo que él necesitaba una propuesta romántica de película?
—Después hablamos de todos los detalles ¿Si? Ahora quiero que me cojas todo— sentencia el moreno, dando por finalizada la conversación y atrayéndolo hacia él para comerle la boca como tanto le gusta.
Se besan por un largo rato, intercalando entre besos profundos y besitos tiernos interrumpidos por risas. Se miman, se adoran y se sienten mutuamente; estallando de amor. Al moverse, Enzo siente el pene aún duro de su novio contra su abdomen, por lo que lo toma con su mano y lo masturbar de forma lenta, robándole un profundo jadea.
—¿No podés estar ni un segundo sin ser un pendejo calentón? Estamos teniendo un momento lindo y ya me estás tocando la pija— reprocha con fingida molestia el cordobés, contradiciéndose al bajar sus manos a los pechos de su novio; amasándolos a sus antojos y rozándole los pezones con los pulgares.
El moreno sonríe descarado y le lame el labio inferior—¿Y vos no podés estar sin ser romántico? Estaba por acabar y me pedís casamiento ¿Te parece?— molesta, sin dejar de acariciarlo —Aparte, como tu futuro marido y novio de años; tu pija es mía— sentencia, aumentando la velocidad de sus movimientos, acariciándole la punta con el pulgar —Encima me culpas a mí y vos andas con la pija al aire. Antojas, papi—.
Julián jadea y le roba un besito húmedo —Sos insoportable— molesta, agarrando la mano del moreno.
—Así y todo me pediste casamiento. Ahora no te podés arrepentir— amenaza, mordiéndole un trocito de piel del cuello.
—No lo voy a hacer; vos sos mío, desde que nos conocimos que sos mío— sentencia, presionando su cadera contra la de su novio, haciendo que su pene choque contra los labios mayores, creando una deliciosa fricción —Pero sos tan trolita que necesitas que te lo recuerde siempre. Sino te andas haciendo el bonito, abriéndole las piernas a cualquier pelotudo que te dé un poquito de atención, como un perrito abandonado— degrada, sujetándolo por los muslos para simular embestidas; golpeándole el clítoris y rozándole la entrada —Vos sos mío, Jeremías y muy pronto vas a tener mi apellido como recordatorio. Vas a ser mi marido— Sentencia, embistiéndolo más rápido y duro, haciendo que el roce sea intenso, húmedo y demasiado caliente —Mi marido todo obediente, hermoso y tierno—.
Enzo gimotea con sus ojos cristalizados, perdido entre la lujuria y el amor. Por un lado, su corazón late con fuerza al imaginarse casándose con el amor de su vida y viviendo juntos como en las películas de princesas de veía que chiquito. Pero, por otro lado, se siente muy caliente; la fricción en su concha es constante e intensa. Se siente húmedo, acalorado y no puede pensar con claridad, solo quiere acabar, lo cual empeora cuando baja la vista y ve como sus genitales se roza; es caliente y sucio.
Le encanta.
Las embestidas se vuelven más rápidas y fluidas, haciendo que pierda un poco la cabeza. Abrumado entre tanto placer, se aferra a Julián con fuerza y le araña la espalda, dejando sus propias marcas en el cuerpo de su novio.
De repente, siente como el calor se concentra en su vientre y se vuelve más sensible —Amor— llama entre gimoteos, clavándole aún más las uñas.
Entendiendo el mensaje, Julián lo sujeta con fuerza y lo embiste rápido, logrando que su novio llegue al preciado orgasmo —¿Te digo un par de cositas lindas y acabas? Sos de no cree, Jeremías— se burla, frotándose contra los fluidos del menor, haciéndolo lloriquear y retorcerse debajo suyo —Con razón me abriste tan rápido las piernas cuando comenzamos a salir, está en tu naturaleza ser una trola fácil. Yo llevándote a citas y vos todo húmedo, pensando en mi pija— molesta, recordando cuando comenzaron a salir en River.
Resulta que Julián en ese entonces era muchísimo más tímido y reservado, por lo que no estaba en sus pensamientos cogerse a Enzo tan pronto. Sin embargo, el menor no tardó demasiado en cambiar aquello, provocando que todas y cada una de sus citas terminen en un encuentro sexual. Comenzó con besos húmedos y caricias pícaras que paulatinamente se convirtieron en manoseos por debajo de la ropa, en sexo oral y sesiones sexuales completas.
Sí, Julián no era fuerte cuando se trataba de Enzo y sigue sin serlo, solo que aprendió a disimularlo.
—Juli— gimotea dulce el moreno, al borde de la sobreestimulación —Te necesito— súplica, estremeciéndose por los roces.
—Pedímelo bien, Jeremías— demanda, sin dejar de embestirlo.
—Cógeme, papi. Méteme tu pija y cógeme todo— ruega, mirándolo con sus ojitos de cachorro, envolviendo sus piernas alrededor de la cadera del mayor.
—Muy bien, mi amor ¿Ves que no es tan difícil ser obediente?— razona, acariciándole la mejilla a modo de recompensa —Si fueses así todo el tiempo todo sería más fácil, pero no; te encanta ser un pendejo insoportable— rezonga, golpeando su pene contra el gordo clítoris.
—Por favor, me voy a portar bien—.
—Espero que si, amor—.
Julián se acomoda mejor entre las piernas, presiona la punta de su pene en la entrada del menor y se adentran sin ningún tipo de resistencia. Lentamente llega al final, siendo recibido por una presión dulce y húmeda, que lo termina de derretir por completo. Estar dentro de su novio es gloria pura. Abrumado, envuelve el cuerpo de Enzo entre sus brazos y lo embiste rápido, perdiéndose en la asombrosa sensación.
El aire es pesado y ahogante, la cama rechina; moviéndose a la par y golpeando la pared. Los gemidos del moreno resuenan con fuerza y se entremezclan con el intenso chapoteos, haciendo eco. Es intenso, duro y escandaloso. Son ellos; completamente desbordados. Nos les importaba ser escuchados, ya se habían contenido demasiado para seguir callándose; se mueren de amor y quieren expresarlo de la forma más sucia posible.
—¡Así! Más, mi amor— gime Enzo, aferrándose aún más a su novio —Te amo tanto, Julián. Te amo tanto, tanto— repite cual matraz, sin recibir una respuesta a cambios, sin ser besado como anhela.
Sus cuerpos queman y sus corazones laten sin control, pero no es suficiente, no para Enzo; él necesita sentir a su novio aún más cerca, que lo acaricie, que lo llene de besos, que le diga lo hermoso que es y, sobre todas las cosas, que le diga cuánto lo ama. Sabe que Julián se la está cobrando por haberlo desobedecido, pero es horrible no recibir respuestas a sus "te amo".
Obstinado, sube una de sus manos al pelo de su novio y lo jala un poco, tratando de captar su atención —Te amo muchísimo, cielo. Sos tan perfecto para mí y me coges tan rico— dice entre gemidos, tomándolo está vez de las mejillas —Ya quiero que seas solo mío. Te amo, te amo, te amo— repite, repartiendo besitos en su mejilla.
El cordobés lo ignora y se esconde en su cuello, aumentando la velocidad y profundidad de las embestidas, haciendo que Enzo se deshaga en gemidos y pierda la cabeza. Es intenso, es frenético, es Julián en todo los sentidos posibles.
—Sí, sí. Haceme acabar, papi, por fa—.
Deteniendo las embestidas, Julián lo suelta, sale de su interior y se sienta en la cama, recargándose contra el respaldo —Vení. Si querés acabar, gánatelo— desafía con una sonrisa creída, masajeándose a sí mismo.
Enzo, ni lento ni perezoso, aprovecha a sacarse la camiseta y gatea hacia su novio, sentándose en su regazo con gusto —Lo que órdenes, mi amor— susurra dulce. Hace el intento de besarlo, pero Julián lo evita, corriendo su cara.
Indignado (pero no lo suficiente para hacer un drama) toma el pene de su novio y se autopenetra con facilidad. Se acomoda lo mejor que puede y comienza a saltar como un campeón; sale hasta llegar a la punta y se deja caer hasta el fondo, buscando su propio placer. Gime sin vergüenza, rebota, se pierde y sigue saltando, fascinado por la sensación de estar lleno.
En un momento, baja la vista y se encuentra con la intensa mirada de su novio, quien lo observa embelesado, motivándolo a saltar con más ímpetu. Enzo es codicioso y más cuando se trata de Julián, lo quiere todo de él; que lo mire, que no pueda despegarle la mirada y que lo consuma por completo.
—Mira lo bien que me montas, hijo de puta. Está en tu naturaleza ser una trola reventada, Jeremías— dice el cordobés, con su tonada más marcada de lo usual.
—Sí y soy todo tuyo; soy tu puta personal, papi. No sabes lo que me encanta sentir tu pija adentro mío, llenándome tan bien— responde entre saltos y gemidos, abrazándolo aún más para que sus pechos queden justo en la cara de su novio.
Sintiéndose bendecido, Julián se hunde en ellos; los estruja, besa y muerde a su antojo. Los pectorales (o tetas, como el mismo Enzo los llama) son firmes, redondos y jugosos. Con el nuevo entrenamiento se volvieron gigantes y que estén tatuados los vuelve más deliciosos a su parecer.
Deshaciéndose en gemidos, Enzo lo sostiene de la nuca, pidiéndole más de forma implícita. El mayor accede y rodea uno de los pezones entre sus labios, chupándolo; lo presiona con la lengua y lo mordisquea suavemente. Al pezón contrario lo pellizca y frota con su mano. Luego de un rato, intercambia de pezón, repitiendo el mismo patrón.
Dando brincos cortos, pero profundos, el moreno siente como el calor se concentra en su vientre nuevamente —¡Ya casi!— avisa, saltando con más fuerza.
Julián le deja los pechos en paz y lo sujeta de la cadera —Dale, amor, acaba para mí— alienta, lamiéndose los dedos y acariciándole el clítoris en forma de círculos —Mostrame como acabas con mi pija, Jeremías—.
Ardiendo y con la cabeza a mil, obedece el pedido de su novio; acabando encima suyo, sintiendo que le tiembla la vida y las piernas. Arruinado, se derrumba en el pecho de Julián y se acurruca en su cuello .
—Lo hiciste muy bien, cielo— felicita el cordobés, besándole la frente con ternura, mientras le hace mimos en el pelo —Sos tan bueno y dulce—.
Orgulloso, Enzo se acurruca aún más, sintiendo cada centímetro de su amor, olvidándose de todo por un instante y centrándose en disfrutar de su atención y calor. Una vez más en sí mismo y conectando con sus sentidos, recuerda algo crucial; Julián no acabó. De hecho, puede sentirlo aún duro en su interior.
—No acabaste— señala, algo inquieto. Ser consciente de eso, hace que su orgasmo sea menos satisfactorio.
—No importa, me hago una paja después— le restándole importancia, acariciándole el pelo.
Enzo frunce el ceño molesto —Quiero que acabes conmigo, no por una paja insulsa— bufa, enderezándose y dando un leve salto, gimiendo por la sensibilidad. Sus piernas todavía tiemblan, pero puede soportarlo.
—Te vas a lastimar— advierte Julián con la voz estrangulada, sujetándolo por la cadera —Estás muy sensible, cielo. No importa—.
—Si importa, quiero sentirte y que vos te sientas tan bien como yo— explica, moviendo su cadera de adelante hacia atrás —Me dijiste que ibas a acabar adentro. Me estoy portando bien, me lo merezco— Exige, besándole la mejilla —Por favor, papi, úsame hasta que acabes—.
Julián muerde una sonrisa y niega con la cabeza; es tan débil, no puede negarse cuando Enzo actúa como la trola necesitada que es —Vos me vas a matar, Jeremías— rezonga, acariciándole la espalda baja y el culo —¿Vos te das cuenta que me estás exigiendo que acabe adentro tuyo? Sos de no creer—.
El menor le hace ojitos —Y bueno, es que los otros me cogen hasta acabar. Encima me siguen usando después, no sabes lo rico que es estar todo lleno y que te sigan cogiendo— provoca, sabiendo que está tocando una fibra sensible.
Olvidándose de su preocupación inicial, Julián lo sujeta con fuerza del culo y lo embiste con furia, retomando el ritmo frenético de antes. Siente como el moreno se aferra a él, gimiendo de forma aguda y rota; demasiado sensible por la sobreestimulación, pero recibiéndolo más que encantado, apretándolo de forma deliciosa.
—Yo tratando de cuidarte y vos llorando por mi leche, como la puta impaciente y reventada que sos— logra decir entre jadeos.
—¡Así, así! Me encanta, papi ¡Más!—.
Sin detenerse ni un segundo, Julián mantiene el ritmo fuerte y rápido, persiguiendo su propio placer. Sintiendo como el calor se centra en su vientre, lo embiste de forma errática, acabando adentro de su novio.
Al sentirlo, Enzo acaba por tercera vez seguida, perdiéndose en la bruma del intenso placer. Sin embargo, las embestidas post orgasmo lo regresan a la realidad, haciendo que se derrumbe nuevamente en el pecho de su novio; agotado, pero en la puta gloria.
Derrotados y con las respiraciones agitadas, se quedan acostados en las mismas posiciones; Julián recostado contra el respaldo y Enzo encima suyo, aplastándolo. De a poco recuperan la fuerza, la razón y los sentidos, siendo consciente del apasionado momento que acaban de vivir; ser consumidos por el placer mutuo, uno que solo conocen cuando están juntos.
Un poco más tranquilos, Julián sale de su interior y abraza a su novio, acariciándole la espalda con ternura —¿Estás bien?— susurra suave, dejando un besito en su frente.
—Estoy con vos ¿Qué te parece?— responde risueño, sujetándolo de las mejillas y uniendo sus labios con una ternura estremecedora; le acaricia los labios, le recorre la boca y lo disfruta por completo. No es húmedo, acalorado y con segundas intenciones, está lleno de cansancio; es pastoso, algo desordenado y esconde una sonrisa boba —Me encantas tanto, mi amor— susurra sobre los labios de su novio, mirándolo con sus ojitos achinados llenos de adoración.
El cordobés sonríe suavecito y le besa la nariz, robándole una risita tierna —Vos me encantas más— asegura, acurrucándolo más en su pecho.
Enzo, sintiéndose demasiado suave, se recuesta en el hombro de su novio, embriagándose en su ser; Julián es tan cálido y acogedor, lo hace sentir seguro, amado y hermoso. Más allá, de la dinámica que mantienen, sabe que Julián lo adora, se lo ha demostrado una infinidad de veces tanto con acciones como con palabras. Incluso a través de la distancia, Julián siempre encuentra formas de cuidarlo y hacerlo sentir especial.
Su amor es tan puro y sincero que ni la distancia más extensa ha logrado separarlos. Ellos están destinados a estar juntos y así lo deciden cada día.
Desbordado de amor, Enzo reparte besitos en el cuello de su novio, quien los recibe con risitas lindas. Motivado por el dulce sonido, sube por su cara y lo bombardea a besos, procurando no dejar ni una zona sin cubrir.
—Cielo— llama Julián, sonriendo como un príncipe —Me haces cosquillas—.
—Lo sé, por eso hago— responde entre besitos, dejando varios en los labios.
Julián acepta los piquitos con gusto, sabiendo lo cariñoso que se pone Enzo después del sexo. De hecho, es interesante como pasa de ser una trolita desesperada por pija a una masita dulce y tierna que quiere mimitos.
—Te amo tanto— declara el moreno. Al no obtener una respuesta, le da otro pico —¿Te gustó mi sorpresa?—.
—¿Cuál de todas?— cuestiona, centrando sus mimos en espalda baja y puede que un poco más abajo también.
—Que haya venido hasta acá—.
—Sí, me gustó, aunque me hayas desobedecido— responde Julián con cierto reproche, recibiendo una sonrisita inocente.
—¡Pero, amor! No sabía cuando te iba a volver a ver y te extrañaba mucho— hace un pucherito tierno —¿Vos no me extrañaste a mi?—.
—Obvio que sí, pero como te veía tan pegado al feo ese, se me pasaba rápido— recuerda con molesta, bufando —Una bronca—.
Enzo ríe bajito —Pedro es solo un amigo— sostiene, acariciándole el pecho.
Julián lo mira aburrido, alzando una ceja —Un amigo que te tiene las re ganas vale aclarar—.
—Y yo te tengo las re ganas a vos, papi— susurra seductor, besándole el cuello —Imagínate que podría haberme quedado en Madrid, hacer de la mía en silencio y nunca lo sabrías, pero estoy acá; con vos, recién cogido, llenándote de besos, diciéndote lo mucho que te amo, porque, por si no quedo claro, te amo muchísimo, Juli. Sos el amor de mi vida—.
—Y vos sos el mío, por eso nos vamos a casar y vivir juntos— responde más dócil, rozando su nariz con la contraria en un besito esquimal —Aunque siendo realistas, si hubieras hecho eso que dijiste, me lo terminarías confesando; no podrías con la culpa—.
—Obvio, te lo diría y luego me mataría—.
—¿Por la culpa?—.
—No, para que no me mates vos, si sos más loquito. Ya te veo sacando una escopeta de la nada y cagándome a tiros— responde Enzo, medio en broma y medio en serio.
Julián revolea los ojos —Que bobo que sos— molesta, picándole la costilla, haciendo que el moreno se remueva cual gusano.
—¡Pero si es verdad! Te amo, cielo, pero sos un psicótico de mierda cuando querés—.
Y es verdad, por más que Julián quiera negarlo no puede hacerlo. Aunque tampoco quiere darle la razón, por lo que opta por picarle las costillas a modo de defensa. Entre risas y gritos, Enzo trata de detenerlo, sin hacer el mínimo intento de bajarse de su regazo.
—¡Ves! Sos re loco— reafirma, sosteniéndole las manos.
—¿Y? Así me amas— sonríe sobrado, guiñándole un ojo.
—Con todo mi ser— admite, totalmente hipnotizado por su novio.
Sus risas cesan, sus corazones laten con fuerza y sus miradas se reencuentran, sintiendo esa conexión que les hace olvidar el resto del mundo; ya no importa Pedro, Madrid o Ibiza, sino que están juntos, envueltos en su propia burbuja.
Como si de un hechizo se tratase, la distancia entre sus cuerpos desaparece; sus pieles se juntan, sus narices se acarician tiernamente entre sí y sus labios se rozan. Finalmente, la magia se sella en un beso, creando una explosión entera en su interior; se besan de forma delicada y profunda. Se exploran, se sienten y se disfrutan, dejando que el tiempo fluya, como la danza entre sus lenguas.
Se besan las inseguridades, los "te extraño" no dichos y la distancia que los separa.
Se besan por el pasado que compartieron, por el presente que eligen y por el futuro que les espera.
Se besan con todo lo sienten y con todo lo que son.
Sus bocas se buscan, se juntan y juegan; intercalando entre caricias y mordidas. Las firmes manos de Julián lo sujetan de la cadera, apegando sus cuerpos y dibujando círculos imaginarios sobre la piel bronceada de su novio. Lentamente baja hacia las nalgas; son esponjosas y enormes, tanto que no le entran en la mano, aunque eso no es un impedimento para estrujarlas a su antojo.
—Mi amor— lo llama Enzo sin aire, separándose de la deliciosa boca del cordobés. Está rojo, sudado, con los labios hinchados y los ojitos brillosos —Estás duro— señala, sintiendo como el pene chocar contra su abdomen.
—Y si, amor ¿Viste lo que sos? Te estás moviendo encima mío mientras me comes la boca ¿Qué esperabas?— responde obvio, bajando sus besos por el cuello, moviendo su cadera para crea una suave fricción entre sus genitales.
—Juli— vuelve a llama, acariciándole el pelo de la nuca —Estoy muy sensible, no puedo soportar otra ronda— explica entre jadeos, mordiéndose el labio inferior —Pero podés cogerme la boca si querés— ofrece con una sonrisita dulce, como sino acabará de hacerle un propuesta sexual.
Apartándose lo suficiente para verlo a la cara, Julián alza una ceja sonriendo con cinismo —¿Pero no eras vos el que decía que se lo siguen cogiendo aunque lo llenen? ¿Qué te pasó ahora, pichón? ¿No te la podés? Sos puro humo nomás— le da una nalgada.
—Pero vos sos otro nivel, cielo. Mira lo que es todo esto— se justifica, agarrándole el pene con firmeza para enfatizar su punto.
—Quizás soy demasiado para vos—.
Enzo lo mira con el ceño fruncido y aprieta más su agarre, robándole un profundo jadeo —Nunca. Vos sos ideal para mí y sos solo mío, Julián— sentencia, finalizando la "discusión" con un beso brusco, húmedo y demandante; le recorre la boca por completo, le muerde el labio inferior y lo jala a modo de reclamo, masturbándolo de forma lenta.
Fascinado por el lado dominante de su novio, Julián le corresponde lo mejor que puede, cediéndole el control por ese momento, aunque no por mucho; él es quien pone las reglas ahí y ya tiene algo en mente. Una vez que Enzo baja la guardia, le roza muy suavemente la entrada del culo con su dedo índice.
Al sentirlo, el moreno se eriza y le gime en la boca de forma sucia y sensual, aferrándose aún más a él. Atento a sus reacciones, Julián repite la acción y le rodea la entrada en forma de círculos, haciendo una ligera presión.
Enzo lo mira desesperado y agitado —¿Vamos a hacerlo?— pregunta con la voz algo estrangulada.
—Solo si querés— responde simple, haciendo un poco más presión con su dedo —Tenés un culo impresionante como para no cogértelo ¿No crees?—.
Enzo asiente y toma la mano libre de su novio; chupándole los dedos con cierta impaciencia. Usar saliva como lubricante no es lo mejor, pero funciona.
—Sos una putita desesperada y hermosa. Te calienta la idea de estar todo abierto de mí— dice Julián, embelesado por la ardiente imagen frente a él.
Lamiéndole la yema de los dedos, le sonríe sobrado —Al que le caliente es a vos— acusa, sintiendo lo duro que está el cordobés debajo suyo.
No es la primera vez que tienen sexo anal, es un fetiche que no han explorado demasiado, pero de las veces que lo han probado llegaron a la misma conclusión; les calienta demasiado. Por un lado, Enzo descubrió que es muy erógeno por esa zona y que le encanta la sensación de sentirse todo lleno por su amor. Por otro lado, a Julián le fascina la idea de ser el único que ha tocado el cuerpo de su novio por completo; ser su primera vez en varios aspectos y hacerle perder la cabeza de tanto placer.
Con los dedos empapados de saliva, Julián le tantea nuevamente la entrada y la presiona suavemente, adentrando el primer dedo con cuidado. El moreno gimotea bajito y lo abraza con fuerza, tratando de relajarse.
—Avísame si te duele— pide dulce el cordobés, besándole el hombro.
De a poco, logra hacerse paso, dilatándolo bien antes de adentro el segundo dedo y seguí con el proceso, llenándolo de besos, mimos y halagos dulces.
—Lo estás haciendo muy bien, cielo— incentiva, simulando suaves embestidas.
—Más— susurra Enzo entre jadeos rotos, moviendo su cadera.
Julián introduce el último dedo y su novio los recibe más que bien, gimiendo de una forma espectacular; profundo, sincero y agudo. Al escucharlo siente una puntada en el pene.
—Dios, me vas a matar vos— acusa, moviendo sus dedos con fluidez —Lo abierto que estás para mí, cielo—.
Luego de unos largos minutos, el menor mueve su cadera a la par, intentando sentirlo más adentro suyo —Estoy listo— sentencia, demasiado caliente —Cógeme, Julián, úsame, rómpeme todo— pide desesperado tomándolo de las mejillas y besándolo de forma sucia y desordenada —Por favor— súplica sobre su boca, pasándole la lengua por encima de los labios.
—Que puta que sos, mi amor, me encantas tanto— admite, moviendo sus dedos con más rapidez.
—Dedos no, quiero tu pija— demanda entre gemidos fuertes, frotándose contra la misma —Por favor, por favor, rómpeme el orto, papi— súplica lloroso.
—Lo que quieras, mi amor. Si me lo pedís así de lindo, te doy todo— Accede, retirando sus dedos con cuidado, agarrándose su pene. Primero golpetea entre las nalgas para molestarlo y luego le roza la entrada con la punta.
—Dale, amor. Te necesito—.
Julián contiene una risita y lentamente se adentra en su novio, procurando no lastimarlo. Al introducir la punta, ambos se fusionan en un gemido profundo y sincero.
—Sí, así, papi, lléname todo— incentiva Enzo, tirando la cadera hacia atrás para introducirlo más: tomándolo con gusto y gimiendo como el arrastrado que es.
—Lo que sos— jadea, dándole una nalgada. Una vez llega al final, Julián lo abraza por la cintura, tratando de recuperarse de la abrumadora sensación; se siente sofocado por tanto calor, le arde el cuerpo y le cuesta pensar con claridad —¿Estás bien?— pregunta, sobre el hombro ajeno, dejando un beso ahí.
El moreno asiente, manteniendo sus ojitos cerrados para concentrarse y recuperarse más rápido —Se siente muy bien— susurra, respirando con cierta dificultad.
—Vos te sentís bien, cielo— responde, acariciándole la espalda y reparte besitos por su cuerpo.
Los segundos pasan con tranquilidad entre mimos y susurros lindos. Más tranquilo, Enzo se endereza, se sostiene de los hombros del mayor y da un pequeño brinco, haciendo que ambos se desarme por completo. Motivado por el placer, repite la acción con más fuerza, encontrando rápidamente un ritmo cómodo y constante; sus piernas tiemblan por la actividad anterior, pero no lo detiene.
Julián lo impulsa a saltar más rápido, sujetándolo por la cadera con fuerza —Así, amor, me tomas muy bien— halaga, conteniendo un jadeo.
—Me encanta, se siente muy rico— responde entre gimoteos.
Sus bocas se reencuentran, sus pieles chocan y sus manos se sostienen, tratando de encontrar algo de estabilidad entre el intenso calor; se ahogan, sudan, arden y quieren más. Motivado, Julián impulsa su cadera hacia arriba, encontrándose a mitad de camino con su novio, quien lo recibe gimiendo dulcemente.
—Lo apretado que estás, hijo de puta— jadea, dándole sonoras nalgadas —¿Esos sucios igual te cogen así de bien?— pregunta, sujetándolo del culo para embestirlo con rapidez.
—No, solo vos, siempre sos vos— responde casi sin sentido, concentrado en seguir saltando.
Las embestidas se vuelven frenéticas; sus gemidos resuenan con fuerza, la cama se mueve a la par y simplemente pierden la noción del tiempo. Enzo lo abraza con fuerza, rasguñándole los omóplatos, lloriqueando y con los ojitos cristalizados.
Casi y llorando de placer por él.
—Que pedazo de trola que sos, te encanta que te rompa el orto— molesta, recibiendo balbuceos sin sentidos —Ni siquiera podés hablar. Que vergüenza das, Jeremías— agrega. Cansado por la posición, detiene sus embestidas y sale de su interior, obteniendo un quejido lastimero —Como te encanta llorar por pija a vos. Apenas te la saco y ya andas mariconeando. No tenés remedio— reniega, sujetándolo de las nalgas; las estruja a su antojo y las suelta, dándole un par nalgadas —Ponete en cuatro—.
Obediente, el moreno se acomoda sobre la cama y, al igual que antes, arquea la espalda más de lo necesario, deleitando a su novio con sus abiertas entradas, reclamándolo.
Julián se acomoda detrás suyo, le acaricia la cadera y reparte besos en su columna —Sos tan obediente y tierno. No puede esperar más a casarnos y que seas mi mujer— susurra dulce, robándole un suspiro al menor —Seguro estás tan desesperado porque te siga cogiendo que ni escuchaste lo que te dije—.
Enzo gimotea y se frota contra él, sintiendo el pene de su novio en el medio de sus nalgas —Dijiste que no podés esperar más a casarnos y que sea tu mujer— recita, moviendo su cadera en círculos ¡Dios! Lo necesita adentro suyo, en donde sea, pero adentro —Yo siempre te escucho—.
—¿Entonces por qué no me haces caso?— reclama, tirándole del pelo, robándole un gemido profundo —¿Te gusta hacerme enojar o es que sos una puta estúpida que solo piensa en pijas?—.
—Ambas—.
Algo sorprendido por la respuesta, lo suelta y le entierra la cabeza en la almohada —No sé que voy a hacer con vos, Jeremías— rezonga, acariciándole los muslos —Ya estoy demasiado enamorado como para dejarte, así que te voy a coger tanto el orto que en lo único te vas a poder pensar es en mí—.
El moreno gimotea, encantado con la idea. Con una sonrisa sutil, Julián lo sujeta de la cadera e ingresa nuevamente en él; embistiéndolo de forma lenta y profunda, solo para molestarlo.
—Más rápido— exige Enzo, moviendo su cadera de forma desordenada, sin obtener ningún resultado —Por favor, papi— súplica, frustrado y al borde del llanto.
Cediendo ante la excitante imagen frente a él, Julián aumenta la velocidad de las embestidas, retomando el ritmo frenético de antes. Aunque sus pieles chocan con fuerza, el sonido es opacado por los gemidos de Enzo, los cuales son más agudos y dulces de lo normal; son sucios, escandalosos y muy calientes.
Realmente lo está disfrutando y se lo hace saber con todo su ser.
—Sí, sí. Cógeme todo, Julián— pide como puede, ahogándose entre balbuceos.
—Sos un pendejo insoportable, no es suficiente con que te coja la concha, sino que ahora también el culo hermoso que tenés— señala, fascinado por como rebotan las nalgas al impactar contra él —Sos la mejor puta de San Martín— sentencia, ensalivados dos de sus dedos y acariciarle el clítoris.
Enzo se deshace en gemidos y entierra su cara en la almohada debajo de él, alzando un poco su cola en consecuencia y dándole un mejor acceso a su novio; quien no duda en seguir embistiéndolo, haciendo que pierda la cabeza. Siente tanto y de forma tan intensa que ni siquiera sabe cómo procesarlo; su cuerpo arde, su corazón late con fuerza, se siente ahogado y el calor se centra en su vientre.
Quiere llegar al orgasmo.
—Sos tan hermoso, cielo. Tan hermoso, obediente y tierno— dice entre jadeos Julián, tomándolo con más fuerza —Sos ideal para mí y solo para mí; mi chico bueno y dulce. Mi marido— susurra igual de perdido, moviendo sus dedos más rápido.
Al sentirlo, Enzo termina de quebrarse; llorando del placer más puro que jamás experimentó, llorando por todo lo que Julián provoca en él, llorando de lo bien que se siente.
Consciente de la situación, Julián lo sujeta de la cintura con firmeza —Mi amor precioso y mi puta personal— gime ronco, sudando y al borde del colapso —Acaba para mí, Jere— pide con cierta dulzura.
Los espasmos se hacen presentes y el moreno tiene el instinto de cerrar sus piernas y apartarse, pero a la vez, lo quiere todo adentro de él. Su mente se confunde, las embestidas se vuelven feroces y él solo puede desbordarse en lágrimas; acabando y olvidándose de todo.
Es solo él y el placer que le genera Julián. Sin embargo, las embestidas siguen machacándolo, por lo que se aferra a las sábanas, llorando por lo sensible que se siente.
Es tan rico.
—Muy bien, amor. Lo hiciste muy bien— felicita Julián entre gemidos rotos, repartiendo besos al azar en el cuerpo de su novio —Ya casi, cielo. Un poco más—.
Entendiendo el mensaje, Enzo empuja su cadera hacia atrás —Adentro, adentro— solloza, abrazando una de las almohadas.
Un par de embestidas son suficientes para que Julián acabe, cumpliendo el pedido de su amor, quien gime de forma rota, encantado por la caliente sensación. Agotado, se recuesta en la espalda de Enzo, tratando de regresar del asombro orgasmo que acaba de experimentar. Un poco en si, sale cuidadosamente de su interior, presenciando la imagen más excitante que vió en su vida; las entradas de Enzo abiertas y escurriendo los restos de su semen.
Definitivamente tiene que volver a repetirlo.
—Sos tan precioso y bueno, mi amor. Lo hiciste tan bien— suspira embobado, dejando otro besito en su espalda.
Antes de que pueda seguir hablando, Enzo solloza en respuesta, aferrado a la almohada, con las mejillas rojas y empapadas de lágrimas.
—¿Qué pasa, cielo?— pregunta dulce, preocupado por haberle hecho daño.
El menor lo mira con sus ojitos chinitos y un puchero, llorando con más intensidad —No me dijiste "te amo"— reclama, sollozando ruidosamente.
Quizás se les pasó un poco la mano. Lo que sucede es que Enzo experimentó tantas emociones y tan fuertes que el único modo que encuentra para desahogarse es llorando. No es la primera vez que pasan algo así, pero si es la primera vez en donde el llanto es tan intenso.
—Vení, amor— llama con dulzura, acostándose a su lado y abriendo los brazos. Enzo suelta la almohada y lo abraza —Te amo, mi amor. Te amo muchísimo, tanto que me quiero casar con vos ¿Te acordás?—.
—¿Por qué no me lo dijiste antes entonces?— vuelve a preguntar, sorbiendo su nariz —Te lo dije un montón de veces y no respondías— solloza al recordarlo, sintiéndose dolido.
—Porque te portaste mal y ese fue tu castigo— explica suave, secándole las lágrimas con dulzura —Eso pasa cuando te portas mal, cielo—.
Enzo hace un puchero y sigue llorando —Perdón— susurra débil, hipando.
—Está bien, mi amor, ya pasó— consuela, besando su frente con ternura —Te amo—.
—Yo te amo más— responde lloroso, acurrucándose en el pecho de su amor. Se quedan así por un largo rato, hasta que Enzo recuerda otra cosa y vuelve a sollozar —Tampoco vimos el superclásico juntos—.
—Podemos verlo más tarde, mi amor— propone, haciéndole mimos en el pelo, como sabe que le gusta.
—¿Con hamburguesas?—.
—Con hamburguesas— afirma, besando su mejilla —Con todo lo que quieras, cielo—.
Los minutos pasan con tranquilidad y, lentamente, Enzo deja de llorar, regresando en sí; está sudado, con los ojos rojos, los labios hinchados y con el cuerpo adolorido de la forma más hermosa que conoce.
—¿Estás bien?— pregunta el cordobés, sin dejar de mimarlo.
—Estoy roto— susurra cansado, haciendo reír al mayor —Lo que sos, Julián Álvarez— suspira, sonriendo en grande.
—Futuro Fernández— recuerda, tomando la mano del moreno para dejar un besito en el dedo anular.
Enzo se derrite de amor, sintiendo como sus mejillas arder y su estómago se llena de maripositas —No podés— susurra embobado, rozando su nariz contra la ajena.
—¿Qué cosa?—.
—Ser tan hermoso y tan mío— completa, besándolo con ternura.
Sus labios se acarician tiernamente, sintiéndose y disfrutándose con todo lo que son; se aman, se adoran y se quieren. Sus corazones laten sincronizados y desbordados; sintiéndose completos.
—Te amo— declara Enzo, sentándose en el regazo de su novio —Sos lo más hermoso que me pasó en la vida de lejos; desde verte por primera vez, a conocerte, a jugar juntos, a que me beses y me pidas ser tu novio. No sé que sacrificio habré hecho en la otra vida como para que Dios me lo recompense así, pero seguramente fue uno gigante, porque no tiene sentido lo tan perfecto que sos para mí y lo muy enamorado que me tenés—.
—Enzo— susurra avergonzado, haciéndole mimos en los muslos para distraerse.
—En serio lo digo, Julián. Sé que vos pensás que soy un fantasma que está exagerando, pero eso es porque vos no ves todo lo que yo veo; no ves tus ojitos de Bambi, tus caritas tiernas, tu dulzura innata y tus esfuerzos constantes por mejorar. No ves lo impresionante que sos y ese es otro de tus encantos; ser humilde aún y siendo enorme— susurra embobado, acariciándole las mejillas con ternura —Te veo y no entiendo qué hice para merecer tanto cielo—
Sonrojado hasta las orejas, Julián siente que su corazón se derrite y sus ojitos se cristalizan un poco —No creo que seas un fantasma, solo que me amas mucho—.
—Y precisamente porque te amo mucho es que te digo la verdad; sos hermoso, en todas tus facetas, incluso en las más locas ¿Y sabes que es lo mejor para mí? Que sos todo mío— sentencia con una sonrisita, abrazándolo por los hombros y dándole un besito —Y yo soy todo tuyo; de pies a cabeza—.
Julián lo abraza por la cintura, dándole otro besito —¿En serio todo este bombón es mío?— pregunta con un tono más juguetón.
—Enteramente tuyo, porque desde que te conocí, me hechizaste en cuerpo y alma, Julián. No tengo ojos para nadie más, porque no me interesa conocer a nadie más. Vos sos todo lo que no sabía que necesitaba hasta que te conocí y me sentí completo— sentencia, acariciándole el pelo con ternura.
—Te amo— susurra Julián sobre los labios del moreno, mirándolo con adoración, sin saber cómo expresar todo lo que siente —Te amo con todo lo que soy, Jeremías—.
Enzo sonríe en grande y le da un beso presionado —¿Ves que todo haces bien? Hasta haces que ese nombre horrible suene hermoso—.
—No es horrible, es precioso, como vos— le da otro besito.
—Solo a mi mamá y a vos les gusta— molesta, dejando un besito en su nariz —Me encanta que te estés dejando los rulitos— agrega, acariciándolos.
Julián cierra los ojos, disfrutando del cariño —Los odio, me raparía, pero me vería horrible— bufa.
—No, déjatelo así, te ves hermoso. Parece un príncipe—.
Así, entre besitos dulce y caricias tiernas, se dejan guiar por el cansancio, quedándose profundamente dormidos; abrazados y emocionados por el futuro que les espera.
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