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Blow you right to my door

Summary:

Oscar va a tener que agradecerle al gato gris, casi de la suerte, que le permitió poder follarse a su lindo vecino.

Título de la canción "Paradise" de sade.

Work Text:

Oscar esta perdido en el chico que vive al lado suyo. Es joven, casi de su misma edad excepto por ser un año mayor. Lo ve casi todos los días saliendo de su casa en horarios distintos, aveces volviendo con otros chicos y otras veces volviendo solo con una pesada mochila en sus hombros. De noche o de día, siempre pareciera ser dejado en la puerta por un lujoso auto negro.

No le sorprende, la villa donde vive esta llena de niños lo suficientemente ricos como para comprar casi un estado entero con el dinero de sus papadres. Deberia serle vergonzoso, su mismo padre es un politico importante, no es mejor que el resto ni tampoco menos importante.

Vive unicamente con sus dos hermanas, una mayor y una menor. Ambas van a la misma universidad distinta a la suya, especializandose en medicina y diseño de vestuario, mientras que él estudia ingenieria computacional en una prestigiosa universidad de Nueva York.

A diferencia de su vecino, va hacia su univerisad en el transporte público, a fin de cuentas tenía que ser humilde, no podía darse el lujo de ser un bocazas y actúar como un pendejo engreido.

Aparte de ver al castaño merondeando por su gran patio trasero, ha visto a una muchacha mayor incluso que su hermana mayor salir y entrar en la casa de vez en cuando, Oscar solía preguntarse con amargura si era su novia, hasta que su hermana mayor la menciono como la hermana mayor de Carlos, su vecino.

Sí, se sabía su nombre, pero era unicamente porque el chico era tan ruidoso cuando metia personas a su casa, que alarmaba al resto de vecinos. Algo curioso si se lo preguntas, a fin de cuentas las casas estaban hechas de un material resistente que aislaba el ruido, además de estar separadas por unas grandes cerjas de pasto.

Pero joder, podía escucharlo en especial porque su habitacion, para su buena o mala suerte,  quedaba milagrosamente frente a la habitacion del chico. Practicamente podía ver toda la decoracion si tan solo no estuvieran a una distancia tan considerable.

No lo mal entiendan, tiene una rara fijación con Carlos, no lo espiaba ni tampoco buscaba espiarlo, no es un adolecente pervertido vuelto loco por las hormonas, las erecciones matutinas habían terminado hace años. Así que no traspasa limites de respeto, exceptuando las veces que podía verlo tomando el sol en su patio.

Su mente solo podía describirlo con dos palabras; Sexy, con musculos bien puestos en su lugar y tambíen como un ser de lujuria reencarnado en un ser mortal. Le recuerda brevemente a esos chicos de series que su hermana solía ver en la sala de estar, que no piensan más que unicamente en su fisico.

También es un hombre provocador, Oscar lo vio con pantalones tan cortos que dejaban poco a la imaginación, perfectamente ajustados a su trasero. Lo peor, es que había sido la vez que saco la basura y lo vio besandose con otro chico un poco más bajo que él, tan delgado como una ramita.

No va a mentir diciendo que tenía envidia de verlo agarrar al moreno como si fuera su propia carne para amasar. 

En fin, Oscar es un hombre decente que está perdiendo la cabeza, la culpa no es suya, no a tenido un polvo en lo que parecian ser siglos. Aún se acuerda da Stacy y la follada rapida que hicieron entre periodos de clases. No fue malo, pero era obvio que ninguno de los dos lo había disfrutado lo suficiente como para volver a repetirlo.

Logan, el primer amigo que hizo cuando ingreso a su universidad, se había reido de él en especial cuando dijo como la chica lo ignoraba como la peste. No cree que no sepa follar, el problema había sido que ninguno de los dos se había corrido cuando el timbre tocó.

Ahora que lo recuerda, quizás si haya sido un mal polvo. Aparte de eso no había hecho nada más que masturbarse unicamente cuando la casa estaba vacía y pensando unicamente en figuras que para nada eran musculosas o con muslos tan gruesos que podían aplastar una sandía.

Oscar definitivamente no pensaba sobre el chico más allá que cuando lo veia atraves de las ventanas, tampoco le interesaba quienes eran las personas que llegaban a su casa. Fue por eso que nunca se hablaron formalmente. Oscar es reservado, pero nunca porque el resto sea menos importante que él, si no porque le gusta la tranquiliad y la comodidad de un circulo social reducido.

Mucha gente lo había tachado de frío e insipido, no duda que sea por eso que su vecino no lo saluda al cruzar miradas cuando están en el jardín delantero, probablemente su rostro haya demostrado lo contrario de amabilidad.

Una chica en segundo grado le había dicho que parecia un koala perezoso, demasiado diferente al resto de simios que eran sus compañeros. Aún así no había entendio porque había rechazado su invitación de salir al cine. Bueno, su mala racha en el amor no significaba que era todo lo que decían.

En fin, Oscar tiene que admitir para sí mismo que el vecino le atrae, y verlo usar ropa ajustada, luego suelta y una mezcla rara entre ambas, le atrae de sobremanera. Lo ha visto usar pantalones de ciclismo ajustados y sudaderas color crema tan grandes que casi llegan a tapar sus palmas.

Lo ha visto con musculosas que dejan al descubierto su pecho masculinamente grande, con vello entre medio y barba corta pero espesa. También sabe que le gustan los capris con chaquetas deportivas que complemetan su cabello que cae suavemente sobre su frente, dandole un aspecto desordenado y limpio a la vez.

De nuevo, a Oscar solo le parece atractivo. Tiene que culpar a su hermana menor por ver esos dramas amorosos donde los protagonistas son dos hombres, quizás le está afectando más de lo que deberia. Cree que es cuestion de tiempo hasta que comience a soñar con Carlos.

Quizas Oscar sea gay, aunque no lo cree, ha tenido breves experencias con otros hombres que no le han ayudado a demostrar nada. Probablemente sea bisexual, las tetas le siguen pareciendo el material más perfecto para masturbarse (Ignorando los muslos gordos).

Bien, probablemente debería serle alarmante tener estos pensamientos, pero su madre es incluso más abierta que él para estos temas. Ya a tenido las dos conversaciones más importantes de su vida, sobre el embarazo y las enfermedades sexuales. Había dado su mejor cara de poker para no hacerle saber a su madre que su virginidad (Un mito estupido a su parecer) se había esfumado apenas cumplió los diecisiete.

Oscar quiere pensar que todo es normal, en especial cuando el mismisimo viernes en el que sus examenes finales terminan, escucha los mismos gemidos que ha estado escuchando todos los putos fines de semana. Tiene que agradecer que el limite del pelinegro sea follar durante días de semana.

Así que su idea de pasar la tarde durmiendo se ve interrumpida por la boca ruidosa de su vecino maldiciendo mientras se lo follan tan duro que la pared se mueve. Automaticamente se mueve hasta la habitación más lejana para leer a gusto para no distrairse con los ruidos inapropiados de Carlos.

Con el sol completamente escondido, decide que es buena idea ir hacia el comedor para buscar algo de comer. Para ese momento, Carlos ya dejó de escucharse aunque sea en forma de un leve murmullo. Su hermana mayor parece tener el mismo pensamiento que él.

Voy a pedir pizza por delivery. —Su hermana mayor ya tiene el telefono su mano, apartandose cuando el tono de llamada pasa a ser una voz robotica detras de la línea. Oscar se entretiene en el sofa con su cuerpo utilizandolo por completo con sus piernas extendidas.

Su hermana menor aparece cuando la pizza llega, sacando un pedazo y corriendo a esconderse nuevamente a su habitación. La mayor de los tres la ve irse desde el final de las escaleras, murmurando su actitud ansiosa pero ermitaña.

Y procede a retirarse a su habitación dejando a Oscar con el resto de la pizza dejando el living él solo. No le importaba la soledad del lugar tenuemente iluminado, podía disfrutar sus series con la unica luz proviniente de la gran pantalla grande. Le había escrito a Logan quejandose sobre los fines de semana sin descanzo.

El estado unidense se había reido y luego admitio sentir pena por él. Después le envio tantos reels que le dio pereza seguir revisando. Ya encontraria una excusa para su falta de interés.

Eran las una de la mañana cuando su espalda comenzaba a dolerle por la dureza del caro sillón que su madre insistió en comprarles, pasando del living hasta llegar a la cocina. Sacó cualquier cosa para comer y subió a su habitación dispuesto a terminar la noche viendo tiktoks e ignorando los que Logan le enviaba. 

Con las luces apagadas y su cortina entreabierta se dispone a acostarse en su cama como había estado esperando todo el día, listo para relajarse y soltar el cortisol que tanía su cuerpo hecho papilla. No llega a sentarse cuando nota la cortina abierta de su vecino.

Las luces no están apagadas como siempre, al no ver nadie dentro Oscar decide darle un pequeño vistazo solo para casi ser atrapado cuando el cuerpo de Carlos aparece a la vista. Sus ojos escanean cualquier cosa menos el cuerpo tonificado del pelinegro desnudo, probablemente recién salido de la ducha.

No parece notarlo, demasiado concentrado en rebuscar algo entre sus cosas. Oscar se pregunta si tiene idea alguna de que puede verlo todo, desde los posters que parecieran ser de distintos tipos de cosas, bandas, deportes e incluso logra ver chicas semi desnudas.

¿Carlos era hetero? Joder, no quería ni pensarlo. Su erección flaqueo por un momento.

Con una mirada hacia sus pantalones logra darse cuenta que había sobrepasado la linea de su sanidad mental. Saber como sonaba Carlos era algo que no podía controlar, no era culpa del pelinegro que al parecer las paredes no fueran tan insonorizadas.

¿Pero espiarlo atraves de la ventana? Sí que era raro.

En especial cuando el chico sacaba un dildo rosa y- Sí, Oscar debia parar definitivamente.

Cerrando sus cortinas con quizas más fuerza de la que debería, imagina todo tipo de escenario desagradable hasta que su ereccion bajé, pero nada ayuda. Nisiquiera puede imaginar algo sin que el rostro de Carlos aparezca en su mente y arruine su esfuerzo.

Maldito pervertido. —Se dice frente al espejo de su baño personal. Abriendo la ducha con la manilla en la parte azul y metiendose en ella, grita un poco, pero trata de mantenerse hasta que caminar no se vuelve molesto.

Ahora va a costarse y dormir hasta que el mundo se acabe, o hasta que su hermana menor le grite por ver la serie que estaba viendo desde su perfil por accidente. 

Al día siguiente se despierta con la mejor sonrisa del mundo. Aún acostado en su cama tantea su mesita al lado de su cama hasta agarrar su celular, solo para darse cuenta de que se le olvidó cargarlo durante la noche.

Se queja, moviendose perezosamente para conectarlo y permanecer un rato más arropado con sabanas blancas, las mañanas son tranquilas en el lugar, solo escucha los pajaros cantando con todo su corazón. Oscar trata de cerrar sus ojos nuevamente y cuando lo hace, es bombardeado con la misma imagen de siempre.

Su vecino, sus gemidos y su dildo rosado.

La paz de la mañana duró apenas quince minutos, ya tiene una ereccion molesta en sus pantalones. iniciando con un problema, va nuevamente hacía la ducha, algo que ocurre más de lo que deberia desde que comenzó a escuchar los gemidos del moreno.

Está pensando en cambiarse a la habitación de invitados.

Con el pelo húmedo y más despierto, se dispone a comenzar su día. Al ver que su celular tiene al menos un veinte porciento de carga, se lo lleva consigo escaleras abajo, esperando ver almenos a algúna de sus hermanas comiendo algo en la cocina.

En vez encuentra la casa tan silenciosa como la dejo durante la noche, Oscar revisa su celular caminando a la nevera. Al parecer tenía la casa para él nuevamente, sus hermanas habían salido al centro de compras, posiblemente para tener otro día de chicas al que Oscar no estaba invitado.

Va a decirle a Logan que venga más tarde, tiene un par de videojuegos nuevos que quiere probar.

Una vez termina de comer su tazón de cereales, lo deja en el lavabajillas interesandose en las notificacions que comienzán a llegarle a su celular. Resulta ser que se le había olvidado del último proyecto del semestre, sus compañeros ya habían fijado una fecha para terminarlo cuando Oscar había dejado de comer.

Quejandose brevemente va al chat que tiene con su amigo, riendose cuando ve el emoji enojado de Logan recriminandole que no ve sus reels y que es un mal amigo. Esta apunto de responder cuando el timbre suena. Su hermana menor había hecho un pedido hace un tiempo y creía que le iba a llegar pronto.

Pero el que toca no es un repartidor, si no que Cralos y su increiblemente ajustado short de ciclismo, de nuevo, agregando con esa sudadera color crema que lo hace parecer más suave.

Hola, disculpa la molestía. —Es extranjero, su acento es marcado y ronco en las silabas perfectas, Oscar tiene que batallar para que su rostro no se ponda rojo y delate su pequeño gran interes en el chico frente a él— ¿Por casualidad has visto a un gato gris por tú jardín? Estoy cuidando al gato de una amiga, pero el cabrón es un pesado que trata de escaparse cuando puede. Ayer por accidente deje mi ventana abierta y salió corriendo.

Okey, esa fue mucha información. Le recordaba cuando su primo se emocionaba de verlo y trataba de ponerlo al corriente del divorcio de sus padres. Es adorable, Oscar nota un poco de nerviosismo en él, ahora que está más cerca puede ver mejor el sonrojo en sus mejillas, sus largas pestañas y las pecas que adornan sus pomulos.

Disculpa... —Puntos suspensivos porque le esta dando la señal para presentarse oficialmente, cree que esta apunto de desmayarse. Trata de no pensar en nada cuando la mirada ajetreada de Carlos le devuelve a la realidad. 

Gato perdido, Carlos esta preguntando por un gato perdido. No para besarlo.

Oscar, me llamo Oscar. —Se siente tan torpe volver a tartamudear al inicio de las fraces de nuevo, es casi ridiculo. Tiene veinte años, no diecinueve, no deberia porqué sentirse como colegiala enamorada. Carlos levanta una ceja, se olvidó de mencionar su nombre— Y no lo he visto por acá, quizas esté en alguna otra casa.

Su mano se extiende y Carlos la mira con ambas cejas levantadas, devolviendo el apretón suavemente. 

Pues encantado de conocerte. —El ambiente se siente tenso, probablemente porque Oscar la cagó y Carlos cree que es un idiota con problemas sociales. Pero Oscar no lo és y menos por chicos lindos con piercings en la nariz y en las orejas— Aunque ya me sabia tú nombre, he hablado con tu hermana antes.

Deberia preguntar cual de las dos, pero esta demasiado concentrado en el hecho de que Carlos sabe su nombre, se da cuenta tarde que el silencio de Carlos no había sido porque no sabía su nombre, si no porque Oscar se le había quedado mirando como un idiota. El silencio vuelve a crecer y un auto pasa haciendo ruido que lo saca de su ensoñación.  

Yo también me sé tú nombre. —Otra vez la cagó, Carlos no se había presentado siquiera. Agradece que controle el talento de poner cara de poker a la perfeccion, le ahorra la mirada de estúpido al darse cuenta de su error— Los vecinos se quejan mucho de los ruidos por las tardes en tú casa.

Bien, oficialmente Oscar quería estar muerto. Tiene un desastre mental y un nivel neuronal menor al promedio, probablemente ni siquiera tenga cerebro en este punto. Puede que sea bueno poniendo limites pero definitivamente no es bueno hablando con los nervios a flor de piel.

Oh, vaya. —En vez de incomodarse como Oscar creyó que lo haría, se rie divertido. Sus espesas cejas se fruncen sin llegar a borrar su sonrisa timida. Esperó cualquier reacción menos la de timides, definitivamente era la ultima entre todas las reacciones. 

Perdón, no quería incomodarte. —La mano de Carlos desaparece en su nuca, Oscar sigue el movimiento hipnotizado, casi como su tuviera un dulce ahí.

No, está bien, prefiero saber cuando estoy siendo desagradable. —El australiano quiere golpearse en el rostro cuando Carlos se pone casi desepcionado, como si hubiera esperado algo de él.

Nunca dije que eran desagradables. —Su boca habla más rapido de lo que su mente procesa sus pensamientos, es una tortura cuando está nervioso. Carlos vuelve a levantar sus cejas y sonrie con coquetería, casi como si estuviera tratando de coquetear con él.

¿Te gustan? —Su voz es más baja y sedosa, batiendole sus largas pestañas y haciendo que el cerebro de Oscar, qué normalmente trabaja a la perfeccion, tenga un corto circuito. El hombre frente a él, el mismo que traía hombres sacados de revista a su casa, estaba coqueteando cn Oscar.

Eso sonó mal, no quería que sonara mal, perdón. —Oscar lo mira nervioso, Carlos también lo mira con nervios detras de su mirada seductora. Son dos hombres nerviosos porque uno le está coqueteando al otro— Me refería a que era bueno que disfrutes de, ya sabes. —Carlos lo mira esperando a qué siga, Oscar no quiere hacerlo— Del, Uhm.

Carlos se rie a carcajadas después de unos segundos, y Oscar sabe que no es con malas intenciones, pero se siente quizas un poquito ofendido. No era su culpa que ser un poquito mojigato cuando habla de temas sexuales frente a practicamente desconocidos.

Dios, perdoname, pero tu cara fue absolutamente graciosa. —El chico sigue riendose con el ruido más hermoso que Oscar ha escuchado en su vida, va a tener un paro cardiaco si su corazón sigue palpitando tan fuerte. No esperaba que el pelinegro fuera una especie de gurú de las bromas— Oh, de verdad perdoname, no quería molestarte.

Esta bien, de verdad. —No está bien, se siente como un idiota, Carlos mira incomodamente hacía un lado, haciendolo más mal consigo mismo. De nuevo se quedan sin palabras.

Uhm, gracias por la ayuda supongo. —Es agradable saber que no es el único que quiere morir ahí mismo. Carlos parece sorprendentemente más timido, rascando su nuca carraspeando en un ruido extraño, buscando no hacer el momento más incomodo— Será mejor que me vaya, no quiero morir a manos de la loca de los gatos. 

Está bien, espero que encuentres al gato. —Está vez habla con sinceridad, sonriendole con los labios apretados mientras agita su mano. Quiere decir algo más, sabe que debería, a fin de cuentas no hablas todos los días con el chico lindo como él— Ah y Carlos.

El nombrado voltea a mirarlo a mitad de camino, Ocsra no sabe que lo posee para decir sus siquientes palabras, hiperconciente del hecho de que nunca ha coqueteado tan abiertamente con alguien, y menos con un hombre. 

Tus ruidos suenan bonito. —Al ver la sonrisa de Carlos, con pequeñas arrugas entornando sus ojos cafés, siente que a ganado. Negando con la cabeza cuando su unica respuesta es guiñarle el ojo para irse dejandolo en su lugar casi hipnotizado.

Minutos después se pregunta si pudo haber dicho palabras que daban menos verguenza ajena, podía rescatar unicamente que a Carlos no le había importado, incluso le había devuelto el coqueteo.

Más a la noche sus hermanas le avisan que pasaran a comer afuera, por lo que su cena puede ser cualquier cosa, incluyendo las hamburguesas que sus hermanas tanto odian por su fuerte olor. A él le gusta pensar que el olor a cebolla solo ambienta más el lugar, su hermana menor cree lo contrario.

Con su celular en mano busca la aplicacion de pedidos, mirandose en el reflejo del microondas  mientras esta se abre. No es por banidad, pero cree que pronto debería cortarse el cabello, ya tiene mucho con los chistes de Logan diciendo que se se parece a Lord Farquaad aunque siga insistiendo que se parece más a algún principe de disney.

Decir eso le había valido aún más burlas por parte de su amigo.

En fin, con la app abierta busca entre los restaurantes hasta llegar a su favorito, siendo interrumpido por un maullido proviniente de su sala de estar. Aveces el mundo manda bencidiones a la gente, a Oscar le vino von forma de un gato gris, probablemente el mismo del que Carlos había preguntado antes.

Con la tranquilidad que lo representa, se acerca al gran living tratando de hacer el menor ruido posible, notando que había dejado el ventanal que da hacia el patio abierto. Al gato parece no molestarle, puede ver sus ojos brillando en la oscuridad desde donde está en el ventanal.

¿Será el mismo gato? —Se pregunta agachandose hasta casi quedar a la altura del felino, alarga su mano y comienza a hacer ruido contra el suelo de madera. El gato parece sentirse atraído por el ruido, caminando elegantemente hacía él— Sí que eres lindo, espero que seas el gatito que Carlos estaba buscando. 

Termina con el minino en brazos caminando directamente hacia su puerta. El pequeño animal no parece molestarse mucho, rozando su cabecita contra el pecho de Oscar hasta ronronear. Le resulta tan adorable que piensa en quedarselo.

No hay arañazos con intenciónes escaparse de sus brazos cuando abre la puerta principal, es corto el trayecto hacia la casa del otro chico, puede escuchar tenuemente el ruido de música. Oscar cuenta de forma regresiva aguantandose los nervios al tocar la puerta, agradece que el frío de la noche no este en su mayor grado.

Pasan un par de segundos cuando la puerta se abre y le permite ver al pelinegro. Parece sorprendido de verlo ahí hasta que su mirada baja y ve al gato que maulla al reconocerlo, su rostro pasa a ser uno de enojo finjido.

¡Benito! Gato del demonio ¿Donde has estado? —Carlos aparta al gato de él rozando ambas manos, dejando un rastro de calor una vez el contacto desaparece. El gato es sostenido en el aire con sus extremidades relajadas— ¿Tienes idea de cuanto tiempo estuve buscandote? Creí que te había perdido para siempre.

Oscar cree que deberia irse antes de que Carlos finalmente lo noté, un poco celoso de su tono al hablarle al gato.

Gracias por traerlo, Oscar. —Ahora se dirige hacía él con el gato entre sus marcados brazos, que hasra ahora nota. Carlos lleva una musculosa quizás un poco muy apretada junto con unos shorts que le llegan a la mitad del muslo.

No es nada, me alegra que sea el gato que estabas buscando. —Trata de no bajar su mirada a las piernas del moreno con todo el autocontrol que puede reunir. Ya tiene mucho con lo descarado que fue antes, no quiere sobrepasarse. Un paso a la vez.

Uh. —Carlos se le queda viendo y luego voltea a mirar hacía el interior de su casa. El olor a comida puede olerlo desde donde está parado— ¿Quieres pasar? Estoy preparandome algo para comer, hice suficiente para dos personas. 

El cerebro de Oscar hace corto circuito, debe haber hecho algo tan bueno para ser recompensado de esta forma. Su respuesta tarde en llegar y Carlos parece menos seguro. 

No hay problema si no quieres, pero tomalo como una recomensa por traer a este amiguito de vuelta. —Cree que va a explotar ahí mismo, su cerebro ahora comienza a trabajar en escenarios tan censurables que le obligan a cerrar los ojos brevemente para borrarlos.

Estaría bien, de hecho pensé en pedir comida antes. —Carlos lo mira detenidamente, escaneandolo hasta ponerle los pelos de punta. Ahora se averguenza de salir sin siquiera ponerse algo más decente que una camiseta de nirvana y un chandal negro simple.

Bien, puedes entrar.  —El moreno se aparta un poco de la puerta para hacerle espacio. Cuando entra puede describirlo como una decoracion simple y acogedora, hay cuadros en las paredes con distintas imagenes de lo que cree ser la familia de Carlos— Ponte comodo en el sillón mientras tanto. 

El minino es dejado en el suelo con suavidad, yendo directamente hacía el plato de comidas lleno ubicado frente a la isla de la cocina. Oscar se sienta un poco muy tenso, no sabe que hacer mientras el moreno se mueve en la cocina.

Carlos vuelve a aparecer con dos copas dejandolas en la pequeña mesa frente a Oscar.

¿Quieres vino? Tengo uno muy bueno que he estado deseando por abrir. —Odia el sabor amargo del vino, normalmente se le queda pegado al paladar por mucho tiempo, pero sabe que es una invitavión a algo más, no es tonto. Nadie invita a beber a alguien que acaba de conocer a su casa si no quieres terminar la noche en la cama.

Sí, está bien. —Apenas acepta cuando Carlos ya camina hacia un bonito mostrador de vinos que le recuerda al que tiene su padre en su casa. Hay muchos, pero parece interesado en uno con el estampado rosa champán. 

Dime si no te gusta, es un poco dulce. —El pelinegro no duda en sentarse a su lado con el vino en una mano y el sacacorchos en otro. Una vez abierto comienza a vertir un poco en ambas copas y alargando la que es para él delicadamente.

Oscar la recibe mirandola como si tuviera las respuestas del mundo en ella, por su parte el pelinegro se apoya de costado contra el respaldo del sofá con sus pantorrillas escondidas debajo de sus muslos. Lo mira como si fuera un especimen nuevo con la copa entre sus labios.

No tienes que beber si no quieres. —Se siente como un niño pequeño cuando Carlos usa ese tono suave. Trata de no tomarlo a pecho, solo está tratando de no presionarlo, pero verlo ahí sentado de esa forma lo llena con la valentía que no tiene.

Cree que probablemente sea porque quiere impresionarlo, así que niega con la cabeza y lo mira con una pequeña sonrisa— Puedo con esto, no me moriré si solo bebo un poco.

Definitivamente no le gusta el vino, el sabor le resulta desagradable al pasar por sus pupilas gustativas, pero vale la pena escuchar la linda risa Carlos ante la mueca de asco que da. Quiere hacerlo reír para siempre, aún si eso conlleva que se humille de formas estupidas.

Sí que te gusta el vino, ¿Eh? —Esta vez su tono es más seductor, bebiendo de su copa con sus ojos fijos en los suyos. Oscar siente que su respiración es más pesada cuando la lengua rosada de Carlos pasa sobre sus labios carnosos, quitando cualquier rastro de vino en ellos. 

No es para todo el mundo, creo que solo algunos saben disfrutarlo. —El ambiente se siente más denso de una forma exitante, quizas por la forma en que Carlos lo mira con sus pupilas ligeramente dilatadas, casi con hambre.

¿Solo algunos saben disfrutalo? —La voz de Carlos suena más sedosa, su acento cada vez más marcado revuelve la mente de Oscar. Siente que su pene comienza a removerse dentro de sus pantalones ante la proximidad— ¿Porqué no te gusta?

Porque es muy amargo, yo prefiero las cosas más dulces. —Sus ojos no dudan en alternar su atención en los labios de Carlos y sus ojos con los parpados cada vez más pesados. Se siente casi en carne viva. 

Ya veo. —La copa es dejada sobre la mesa y Carlos se acerca un poco más— Dame un ejemplo de algo dulce que te guste.

La respuesta puede ser múltiple, chocolate, pasteles, postres entre otras cosas, pero es obvio que el hombre frente a él no espera otra respuesta más que la que va a decir. 

Algo como tú. —Sus piernas se abren más hacia sus costados y su brazo encuentra lugar en el respaldo del sofá. Su mano sigue aferrada con fuerza al cristal en su otra mano, tratando de poner su nerviosismo en ella. 

¿Ah sí? No sabía que pensaras eso de mí. —Carlos parece percibir la exitacion en él, su mano cae contra su rodilla de forma suave, casi como una invitación a algo más. Muere por besarlo, tratando de controlarse hasta que el moreno le de el permiso— Dime Oscar, ¿Te gustaría probarme? 

Joder, sí. —Su voz sale sin aliento, su mano deja el sofa y se posiciona sobre la mano de Carlos, quien se ríe de su impaciencia, acercando su rostro hasta que sus respiraciones se entrelazan. Puede oler el vino restante en sus labios, lo que le incita a sellar sus labios en un beso abrazador.

Carlos atrapa sus mejillas con desesperacion atrayendolo hacía él, el beso se vuelve rapidamente en uno desesperado, donde Oscar batalla para que la copa aún en su mano no derrame una sola gota en el limpio sofá.

Ambos caen hasta quedar acostados con el castaño entre las piernas del pelinegro. Su mano alcanza a dejar la copa sobre la mesita antes de que los brazos de Carlos enjaulen su cuello apegue sus pechos.

Suelta un gemido en medio del beso cuando siente la erección de Carlos contra la suya, incitandolo a moverse hasta que el pelinegro se separa para maullar. Oscar inmediatamente aprovecha la situacion para bajar a lamer su cuello expuesto.

Oscar, Mmh. —Las manos de Carlos se enredan en su cabello y tiran para subirlo nuevamente, no trata de resistirse a atacar nuevamente los labios de Carlos gimiendo al sentir la dulsez en ellos. Se siente adicto, no a sabe que hara una vez salga por la misma puerta por la que entró.

Su celular suena en sus pantalones volviendo a ponerle los pies sobre la tierra, practicamente gruñe separandose del mayor para atenderlo. Es su hermana mayor, preguntandole donde estaba. Trdó un poco en contestarle, demasiado distraido con los labios de Carlos lamiendo y mordiendo su cuello.

Lo deja con un golpe brusco contra la mesa, retomando su trabajo de besar a Carlos hasta volverlo macilla. El mayor no duda en permitirle el acceso a su lengua, moviendo sus caderas en circulos con sus piernas abriendose más. 

Oscar se separa de él cuando su pecho le exige respirar como la gente descente. Su pecho esta acelerado al igual que el de Carlos, extendido hermosamente debajo de él con sus mejillas sonrojadas y sus pupilas completamente dilatadas. Debe estar igual, con su cabello revuelto y la mirada desenfocada.

¿Tienes lubricante cerca? —Carlos niega y Oscar desea con todas sus fuerzas tener poderes de teletransportación. 

No hace falta, me toqué hace unas horas. —Sus ojos se cierran cuando la imagen del moreno saltando sobre el dildo rosa que había visto antes pasa por su mente. Oscar no pierde el tiempo, separandose para bajarle los pantalones a Carlos en un arrebato de confianza. 

Desnudo de estomago para abajo, abre sus piernas con su pene contra su muslo, gimiendo cuando Oscar baja hasta llegar a la altura de su miembro mirandolo desde su lugar entre sus piernas. Puede verlo mordiendose el labio inferior con fuerza.

Se sienta encorbado incomodamente, sin importarle el dolor de espaldas que vaya a tener después, no podía desaprovechar su poprtunidad de hacerlo correrse usando unicamente su boca. Había tenido otras experencias que no inluian solo darle mamadas a otros hombres.

Aunque haya sido una vez, Oscar sabía como hacerlo.

Carlos no tardo en gemir agudamente cuando su boca dió una lamida desde su base hasta la punta. Su espalda se arquéo contra el sofa y sus piernas amenazaron con cerrarse. Oscar no se lo permitió, separandolas inmediatamente con sus manos en sus rodillas.

¡Uhm! Oscar. —Su nombre se le escapo como un susurro, demasiado concentrado en la sensacion del castaño lamiendo la punta y chupandola como si fuera una golosina. Su mano bajo hasta enredarse nuevamente entre sus cabellos.

Los gemidos de Carlos solo incentivaban a Oscar a moverse con más rapidez, no dudo antes de comenzar a meter el pene dentro de su boca sintiendo su sabor almizclado. Sus ojos se mantienen abiertos unicamente para ver como Carlos se derrumba con su tacto, separandose cuando ve un objeto brillante sobresaliendo de su estomago. 

Mierda Carlos ¿Eso es un piercing? —Su boca se separa del pene de Carlos con un plop humedo. El pelinegro respida fuerte en su lugar, cerrando sus ojos mientras el placer se disuelve en sus huesos. 

Sí, me lo hice hace mucho. —Se rie suavemente cuando la mano de Oscar acaricia su abdomen hasta llegar a su pecho, practicamente gruñendo cuando la gema vuelve a brillar. Siente que está apunto de correrse— ¿Te gusta?

Se ve sexy. —En un estado normal no diria eso, pero ahora mismo esta entre las piernas del ser más caliente que ha visto en toda su vida. Carlos levanta sus cejas dandole una sonrisa sin aliento con su mano acariciando su cabello

Eso no responde mí pregunta. —Oscar vuelve a ignorarlo, volviendo a sumergir su rostro entre las gruesas piernas de Carlos. El pelinegro gime cerrando su mano en un puño haciendo su cuero cabelludo arder— Carajo, Oscar, adviertele a un hombre primero. 

Ni siquiera hace el amago de disculparse, su cabeza comienza a bajar y subir con una mano acariciando el vientre definido de Carlos mientras que la otra baja hasta acarisiarse sobre la tela de sus pantalones.

Desde su lugar puede ver como la otra mano del chico debajode él acaricia su pecho sobre la fina tela que cubre su parte superior. Oscar toma el miembro de carlos hasta tocar su garganta, distrayendose del hecho de que puede ver sus pezónes erectos siendo retorcidos.

Parece que la estimulacion que Carlos necesita para perder la paciencia es sentir el dedo de Oscar acariciando su entrada, porque agarra su cabello con más fuerza y lo atrae nuevamente hasta quedar flotando encima de él.

Necesito que me la metas ahora mismo o si no me volveré loco. —Carlos mira sus labios y sus ojos sucesivamente, moviendo sus caderas hasta que su erección toca la del castaño encima de él. Practicamente gime al sentir el contorno del pene de Oscar contra su vientre— Rápido Oscar.

Ya te escuche joder ¿Tan desesperado estás? —Oscar vuelve a separarse de él, haciendo que el pelinegro traté de acercarlo y deteniendose inmediatamente cuando ve a Oscar bajarse sus pantalones hasta liberar su ereccion— ¿Estas limpio?

Verlo asentir le permite reanudar sus movimientos.

Es tan grande. —La mano del pelinegro lo acaricia arrancandole un jadeo, su movimiento es hipnotizante, recogiendo el presemen que gotea por el tronco para masturbar su punta hasta que cree que es suficiente— El más grande que he tenido.

Oscar lo duda, ha visto a hombres mucho más formidos salir de la casa del pelinegro, pero se permite disfrutar la sesnación que le da escucharlo decirlo. Sus manos sacan la camiseta por el cuerpo del pelinegro en tiempo récord.

Vamos, metela. —Se siente bien ver lo desesperado que esta Carlos por él, Una de sus mano  descanza sobre su vientre y la otra se queda aferrada al cojín debajo de su cabeza que no sabe cuando apareció. Probablemente cuando Oscar se la estaba mamando. 

Ten paciencia, no me apures. —Su voz demandante parece ecitar más al moreno, callandolo inmediatamente. Escupe ruidosamente a su propia mano para lubricarla para luego escupir sobre la entrada palpitante. Carlos gime cuando Oscar maniobra sus piernas hasta poner sus muslos contra su pecho.

La punta de su miembro roza su entrada haciéndolo gemir y arquear su espalda. Siente calor por todo su cuerpo tan desesperante como lo es la anticipacion de tenerlo dentro suyo. Oscar no duda en hacerlo esperar, moviendo sus caderas contra su trasero sin pensar en penetrar. Es torturante, pero a Carlos pareciera no importarle rogar un poco.

Vamos, no me hagas esperar Osc. —Su tono meloso busca tentarlo, Oscar traga cuando lo ve abrazar sus piernas dejándose más expuesto. Probablemente se corra apenas la meta, piensa con vergüenza.

Menuda puta, no la piensas dos veces antes de rogar. —No sabe de donde saca la valentía para decir aquello, piensa en retractarse apenas sus palabras salen de su boca. Las disculpas mueren en su boca cuando escucha el gemido agudo de Carlos como respuesta.

Oscar nunca a hablado sucio de esa forma antes, pero sí al hacerlo le saca más de esos sonidos pornograficos a Carlos, esta dispuesto a hacerlo. Salir de su zona de confort siempre es bueno, o al menos es lo que Logan dice.

¿Tanto lo quieres? ¿Tan desesperado estas para que una buena polla te reacomode las entrañas? —Debe ser increíblemente bueno en esto, porque Carlos asiente reiteradamente con la cabeza y abre sus nalgas con sus manos.

Sí, sí, porfavor Oscar lo quiero. —Sus ojos están humedos por su desesperación, haciéndolo sentir orgulloso de haber podido ponerlo así aún con su polla afuera de él.

Aquello le basta para disipar su necesidad de verlo rogar un poco más, metiéndole los dedos de forma abrupta y ganando un grito por parte del pelinegro. Con su cabeza hechada hacia atrás Oscar comienza a lamer desde la base de sus orejas hasta su cuello.

Primero son dos dedos, que se abren y cierran en forma de tijera sin salir y tampoco ir más profundo. Deja un poco más de chupetones en el cuello húmedo de Carlos sintiendo el sudor de su piel, bajando hasta llegar a sus pectorales.

Deja lamidas cortas en uno de sus pezones mientras que agrega otro dedo y comienza a embestir a Carlos con fuerza. Lo siente retorcerse contra sus dedos, tratando de llegar más profundo,  su mano vuelve a agarrar su cabello con fuerza mientras Oscar lame su pezón.

Cuando cree que está lo suficientemente estirado, saca sus dedos, reemplazando con la punta de su miembro contra la entrada fruncida. Carlos se lame los labios al sentirlo golpear su pene contra su ano hasta finalmente comenzar a adentrarse en él.

Oscar cree que el paraíso le abre las puertas cuando siente el calor apretado de Carlos recibirlo acaloradamente. La sensación es demasiado para él, forzandolo a quedarse quieto cuando finalmente entra por completo.

Carlos, por su parte, se siente más lleno que nunca antes. Su pecho trata de regular su respiración acelerada, pero no logra encontrar la paz cuando siente el pene de Oscar reposar pesadamente dentro suya.

Tienes que moverte Oscar, Mmh. —Carlos baja sus manos hasta apretar el trasero de Oscar, tratando de moverlo hacia adentro y siendo detenido con sus manos aprisionadas sobre su cabeza.

Necesito un poco de tiempo. —Su voz es ronca, con su estómago hecho un remolino de calor que pronto va a explotar. Carlos no parece querer entender, sus caderas se mueven tratando de estimularse— Maldita sea, deja de moverte o me correré.

Carlos lo mira con sus ojos entrecerrados y su ceño fruncido. A Oscar le exita verlo así de una forma que  vuelve el calor en su estomago peor que antes. Trata de retener las caderas del pelinegro con sus manos, deteniendo cualquier intento de moverse. Es torturoso, pero sí no lo hace va a correrse pronto y preferiría no tener que pasar esa vergüenza frente al moreno.

Cuando cree que finalmente esta lejos de tener un orgasmo precoz, comienza a moverse tentativamente, gimiendo cuando las paredes de Carlos se cierran a su alrededor abrazando su pene en su calor.

Te sientes tan bien. —Oscar baja hasta quedar al raz con la oreja de Carlos, dejándole abrazar su cuello cuando el ritmo se vuelve uno más rapido. El pelinegro jadea cerrando sus ojos, abriendo más sus piernas para recibir las embestidas— Tan caliente alrededor mío.

¡Uf! ¡Oscar! —Carlos se siente mareado, ñracticamente viendo estrellas con su cuerpo retorciendose en su lugar. Su pene se siente desatendido entre sus estómagos, Oscar gruñe y aparta su mano cuando trata de tocarse— Ahn, porfavor.

No, no te tocaras. —Otra vez no vuelve a tartamudear, Oscar está cada vez más orgulloso de sí mismo. Carlos jadea, agarrando con fuerza el sofa— Te vas a correr solo con mi pene, ¿Entendiste?

Carlos asiente reiteradamente y Oscar sonríe para sus adentros. Agarra más fuerza y comienza a embestir cambiando su ángulo buscando la prostata del mayor. Sabe que acierta en su misión cuando Carlos gime roncamente y acaricia su vientre sin llegar a tocar su pene.

¡Ahí, ¡joder Oscar, dame ahí! —El menor hace caso y comienza a penetrar el pequeño botón de nervios dentro de Carlos. Su orgasmo se siente inminente, no va a durar mucho si el pelinegro sigue apretandolo con tanta fuerza como lo hace cuando Oscar golpea su próstata.

Sí sigues apretandome así no durare Carlos. —Oscar tiene su mandíbula apretada, apretando su pelvis para que su orgasmo no se termine de desenroscar. Da una última embestida hasta quedar profundamente enterrado dentro de él sin moverse después.

Carlos protesta, con su respiración igual de agitada que la de Oscar. El castaño solo traga, tratando de aguantar un poco má, es exitante ver como el cabello largo de Carlos rebota ante cada nueva embestida despeinandolo más. Su mirada baja y se fija brevemente en los pezones hinchados de Carlos con una idea en mente.

Apenas su lengua entra en contacto con el pequeño bulto, saca una reacción del pelinegro. Son tan sensibles como lo parecen, Carlos trata de mover sus caderas como reflejo al sentir los dientes de Oscar cerrarse alrededor. Debería ser doloroso, pero Carlos encuentra el placer aún detrás de las mordidas.

Oscar vuelve a separarse y está vez Carlos se vuelve más petulante. Sus piernas se cierran con fuerza alrededor de las caderas de Oscar para anclarlo en su lugar, temeroso de que se vaya. Pero el castaño sólo se separa para agarrar sus piernas y apretarlas contra su pecho.

La pose es vulnerable, su trasero y testiculos reciben la mayoría de aire antes de que Oscar vuelva a penetrarlo. Con sus muslos contra su pecho, Carlos lo siente más profundo, casi entrometido en su garganta.

Te ves tan bonita abierta para mí. —Oscar vuelve a retomar un ritmo castigador, el chapoteo de sus pieles al chocar suena más fuerte. Se ve casi como un dios griego encima de él con el sudor cayendo por su cuello, Carlos se abstiene ante la necesidad de estirarse hasta lamerlo— Pareces una zorra, dejándote tomar por cualquier persona.

Un tinte amargo se mete en su voz, mareando aún más a Carlos.

¡No! Uhm. —Carlos siente que va a explotar, el cosquilleo en su estómago crece cada vez que Oscar abre su boca para hablarle sucio, casi sorprendido por lo bueno que es en ello— ¡Solo para ti, Osc! ¡Joder, sigue follandome!

No te preocupes, voy a follarte hasta que lo sientas durante días. —El ritmo se vuelve más brutal, con Oscar gruñendo por mover sus caderas con más fuerza, practicamente abusando de la próstata de Carlos.

La mano más pálida se adentra entre sus cuerpos apretujados, bajando por los abdominales de Carlos hasta llegar al piercing en su estómago. Es bonito, con un diamante que contrasta con su piel, Oscar se pregunta brevemente cuando se lo hizo. No tiene mucho tiempo para pensar, porque Carlos se afirma en sus hombros y baja sus manos hasta arañar su espalda.

Me voy a correr pronto, ¡uhm! —Carlos agarra su mano sobre su vientre y la sube hasta dejarla descansar sobre su garganta. Oscar no piensa en nada más que mantenerla ahí, pero Carlos vuelve a insistir cerrando sus dedos— Me llenas tan bien Oscar.

Oscar no se resiste, resoplando y subiendo su mano hasta agarrar la mandíbula de Carlos. Uno de sus dedos se adentra entre los carnosos labios del contrario, siendo chupado de forma lasciva hasta llegar al nudillo. Carlos lo mira con deseo, sus ojos están llorosos y sus pupilas están dilatadas hasta eclipsar sus iris cafés.

Yo también me correré pronto si sigues haciendo esa cara. —Dice entre dientes apretados, moviéndose de forma desordenada. Carlos sigue retocriendose debajo de él, gimiendo aún contra su dedo cuando da una estocada particularmente profunda— Me preguntó si te abres de piernas tan rápido para todos.

Carlos niega, sacandole una risa sin aliento.

¿No? ¿Entonces quienes eran los hombres que venían a verte? ¿Amigos? —Carlos trata de asentir con dificultad, cerrando sus ojos cuando el menor baja la velocidad de sus embestidas— Será mejor que no mientas Carlos, bien podía escuchar tus gemidos de puta cuando te cogian.

El pelinegro arquea su espalda contra el sofa, corriendose intacto sobre su propio pecho. Sus paredes se apretan con fuerza alrededor del miembro dentro suyo, arrancandole un jadeo al chico encima suya. Carlos se sentía en carne viva, jadeando con voz rota cuando Oscar retomo sus estocadas follandolo através de su orgasmo.

Sin aguantar más atrajo al menor por las mejillas para poder besarlo, rodando sus ojos al sentir la última estocada de Oscar antes de que se corriera dentro suyo  calentando su interior. Oscar jadea pesadamente con su frente presionada con el hombro de Carlos. Su pelvis se contrae hasta que ha derramado la última gota dentro del mayor, que respira igual de fuerte que él.

Eso fue intenso. —Oscar es el primero en romper la tranquilidad en el ambiente, haciendo reír al pelinegro. Quiere disculparse por sus palabras rudas durante el acto, pero las palabras mueren en su boca cuando el mayor lo acerca nuevamente para besarlo.

Es un beso más tranquilo, diferente y menos desordenado. Le gusta demasiado.

¿Vas a quedarte esta noche? —Carlos pestañea delicadamente debajo de él, casi como una sirena cantando para atraer a los marineros más temibles. Salvo que Oscar no es temible, ni tampoco bueno para resistirse.

Sí, pero tengo que avisar primero que no llegare a casa. —Apenas termina de decir aquello su celular suena dentro de su pantalón. No quiere moverse, ni salir del interior de Carlos, pero si no contesta era probable que su hermana se quede preocupada.

Su miembro flacido sale a la superficie y ambos gimen por la estimulación. Se queda un poco quieto, tratando de tranquilizarse antes de darle un beso casto a Carlos y finalmente ir a buscar sus pantalones con sus piernas sintiéndose de gelatina.

Responde brevemente y apaga su celular, acercándose al pelinegro estirado seductoramente en el sofá. Tenían toda la noche para divertirse y quizás, Oscar podía ser el único hombre que Carlos dejara entrar a su casa.