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Cuando Lando le dijo a su abuelo que lo visitaría durante verano, lo que menos esperaba fue en tener que trabajar bajo el caluroso sol de España, moviéndose de aquí para allá en la gran granja sacando zanahorias y otras verduras que solo comerá al momento de cenar.
Había querido pasar unos días de verano disfrutando no hacer nada, alejado de sus trabajos en computación que su universidad seguía enviando. Su abuelo le había asegurado días tranquilos tomando limonada bajo ña sombra de los árboles, pero se había saltado el resto del contrato.
Al llegar con maletas pesadas en ambas manos fue recibido por abrazos cálidos y sonrisas grandes por parte de ambos adultos mayores. Ellos estaban felices de tenerlo con ellos, Lando era feliz viéndolos y haciendo nada dentro del pequeño cuarto de invitados preparado.
Pero ahora tiene la ropa y las manos con tierra, sintiendo como el sudor pega su polera a su espalda de una forma incomoda. Era desagradable, cansador e irritable, odiaba la suciedad bajo sus uñas, odiaba poder sentir pedazos de tierra en su boca pero sobre todo, odiaba que lo levantarán tan temprano todos los días para hacer quehaceres.
Se despertaba a las seis de la mañana, iba junto a su abuelo a revisar a los animales, a las nueve tomaba desayuno, desde las diez a las once ayudaba dentro de casa y en el cemento que rondeaba la vieja casa de madera. A las una almorzaba y luego ayudaba en el resto de cosas.
Después de una semana de arduo trabajo, tuvo el sábado y domingo para descansar todo lo que no pudo. Disfrutando ver a algunos de los híbridos que trabajaban con sus abuelos juguetear entre ellos mientras trabajaban.
Normalmente no son tan comunes, llegando a ser incluso raros de ver. Los híbridos habían comenzado como una forma de venta masiva, siendo criados con el único propósito de ser dominados por los humanos y obligados a hacer tareas pesadas, una injusticia que perduró años hasta que finalmente se les trató con el mismo respeto que a los humanos.
Siempre le pareció injusto, incluso los mismos híbridos lucharon por la detención de la crianza artificial que hace años se detuvo por completo. Solo quedaban una cierta porción viva en el mundo debido a que las alteraciones genéticas se detuvieron por completo.
Aquello volvió a todo igual de complicado como lo fue hace años. Quizás ahora eran más respetados, pero al no ser tan habituales eran iguales de discriminados y vistos como extraños. Es por eso que esta feliz de ver algunos disfrutar de su estadía allí. Sus abuelos, al igual que él, buscaban tratarlos con el respeto que siempre merecieron. Disfrutaba verlos disfrutar de la libertad que años antes se les prohibió.
Landó. —Su abuelo lo sorprendió sentándose a su lado. Su gorra tapaba sus ojos pero aún atraves de esta podía ver la sonrisa arrugada que se extendía por sus labios. Tomó un poco más de su limonada mientras el anciano regresaba a hablarle— ¿Te gusta este lugar?
Es agradable, tiene muchos árboles y una hermosa vegetación. —Volvió su atención hacia los híbridos que regresaron al trabajo junto a otros humanos, con manos fuertes y mangas arremangadas.
Es bueno saberlo, a mis abuelos les costó mucho mantener. —Su abuelo le siguió la mirada, sin quitar su sonrisa mientras saludaba a cierto Neerlandés con la mano moviéndose rápidamente. El híbrido de pastor alemán devolvía el gesto con una mirada sería pero sin llegar a ser fría.
Su abuela se paro detrás de ellos, con sus manos en su cadera y su vista fija también en el verde que se extendía por el prado.
Ya llegué. —La voz de su abuela sono contenta a sus odios. El otro hombre soltó una pequeña risa mientras se levantaba, besando suavemente la mejilla de la mujer mayor—Yo le dije que reposara más tiempo.
Sabes como es él, le gusta ayudarnos. —Lando frunció el ceño mientras observaba a sus abuelos hablar sobre el hombre misterioso. Su abuelo debía captar su mirada curiosa, poniendo su mano callosa sobre sus rizos y sacudiéndolos con cariño.
Vamos Landito, quiero presentarte a alguien. —La mayor le suena suavemente mientras lo empujaba atraves de los pasillos con el ruido de la madera sonando bajo de sus pies. Una vez en la bonita entrada de la casa frente al prado, Lando divisa a un hombre sentado apoyado contra la pared.
Cuando logra distinguirlo se sorprende brevemente, no sabía que existían aún híbridos de vaca. Más raro aún uno masculino y no femenino. La curiosidad se ilumina como una bombilla en su cerebro, repentinamente ansioso con preguntas qué definitivamente no hará.
Pero sí es Carlos Sainz. —Su abuelo se acerca con una sonrisa grande en su rostro. Lando se queda anonado cuando observa las orejas peludas del hombre y su cola moviéndose de lugar a lugar detrás de él— Pensé que te tomaría más tiempo.
No hacia falta que me tomará más, Ollie no es tan caótico. —Los brazos grandes atrapan al hombre mayor en un cálido abrazo, es incómodo quedarse quieto a un costado mientras ve a los mayores saludar al hombre como si lo conocieran de toda la vida, es casi como volver a tener siete años y estar en una junta familiar donde casi no conoces a nadie.
Carlos, este es mi nieto. —Su abuelo lo saca de sus pensamientos. El nombrado le da una sonrisa tan suave que le quita el aliento del pecho.
Un gusto, señor. —Le gusta que le diga así, a pesar de que luce y es por lo menos cinco años mayor que él. Al parecer al hombre le gustan las formalidades.
Dime Lando, no soy tan viejo. —Su voz tartamudea, sonriendole con mejillas rojas al hombre frente a él. Carlos asiente lentamente, saltando cuando siente un golpe detrás de sus piernas, Lando se sorprende al ver un pequeño híbrido escondido detrás del hombre, mirándolo con su pequeño ceño fruncido.
Este es Ollie, tiene recién casi tres años. —La mano de Carlos acaricia suavemente el cabello suave del menor, quien levanta sus manos para que su padre lo pueda tomar en brazos.
Pensé que tomarías más días. —El abuelo de Lando da una palmada en la ancha espalda a Carlos antes de acariciar con ternura al niño ahora en sus brazos. El menor se ríe suavemente, observando con curiosidad como el mayor se da la vuelta, haciendo un gesto para que todos caminen hacia el living.
Los presentes lo siguen con calma, Lando observa desde atrás las caderas estrechas del híbrido moverse de un lado hacia otro junto con su cola casi quieta. Ollie lo observa desde el hombro de su padre, moviendo su pequeña mano, Lando le sonríe con ternura, sin saber que hacer cuando los ojos de Ollie lo miran fijamente, casi como si supiera qué estaba mirando.
Así que te quedaras en la habitación de invitados al lado de la de Lando. —La voz de su abuelo saca su atención sobre el niño, todos finalmente en el sencillo living de la casa de madera. Carlos voltea a mirarlo con una pequeña sonrisa que hace que su corazón se acelere.
Será un gusto tenerte como vecino, Lando. —Su mano se alarga hasta él, buscando un presionado de manos. Lando siente que algo se remueve dentro de él cuando devuelve el presionado y se fija que su mano es más grande que la del mayor, aún cuando el híbrido le seca centímetros tanto de estatura como de musculatura. Carlos vuelve a centrado en su abuelo. Vendrán a buscar a Ollie en unos minutos más, mi primo cuidará de él durante estas semanas.
¡Oh! Pensé que el niño quedaría junto a nosotros. —Su abuela prácticamente corre hasta posicionarse junto a Carlos, quien le sonríe suavemente y le ofrece tomar al niño pequeño. Su abuelo se ríe y niega con la cabeza viendo a su mujer mimar aún más al niño, desapareciendo tras la cocina.
No puede, debido a su último resfriado podría estar viéndolo constantemente. —El mayor de la habitación reaparece con un vaso de refresco helado en sus manos arrugadas, ofreciéndole una a él y luego al moreno— Y por el trabajo, no puedo vigilarlo tanto.
Lando levanta sus dos cejas mientras el hombre de acento extranjero acaricia la mejilla de su hijo antes de buscar el resto de sus cosas afuera de la puerta principal. Su abuela se acerca a él con el niño en brazos, Lando le sonríe y acaricia suavemente su mejilla. Ollie le agarra una de sus manos con una fuerza sorprendente, su mueca cambia de una de ternura a una de dolor, su abuela trata de sacar su dedo de las garras del pequeño niño hibrido.
¡Olli! Nosotros no hacemos eso. —Carlos deja las cosas en el suelo antes de acercarse a ellos, su cuerpo se acerca mucho al de Lando, su nariz se percata del olor suave a leche junto con tierra del mayor. Sus mejillas se sonrojan una vez Ollie finalmente lo suelta, agradeciendo mientras se abuela se sigue riendo— No se supone que mantenga esa fuerza, ya no es tan bebé.
A lo mejor le agradó Landito. —Su abuelo se ríe detrás de ellos recogiendo las cosas de Carlos y adentrandolas a su habitación. El híbrido mece suavemente a su hijo entre sus brazos, quien se acurruca contra su pecho.
¡Tan lindo qué es Ollie! —Esta vez es la mujer quien vuelve a acercarse al niño, apretando con delicadeza sus mejillas, Carlos se ríe, observando con amor como todo el mundo mima a su cachorro como si fuera la cosa más hermosa del mundo. Su abuela abre sus ojos como platos, como si se hubiera acordado de algo importante— ¡Se me olvido decirte! Vas a tener que quedarte solo con Lando, yo y este viejo tenemos que comprar unas cosas en la ciudad ¡Tienen el lugar para ustedes dos!
Lando se ahoga con su propia saliva, su abuela alarga una de sus manos para golpearlo en su espalda.
¿Y el resto de empleados? —Su corazón tarde con rapidez en su pecho, mierda, no está seguro de poder quedarse con alguien como Carlos por más de un día sin nadie más a su lado. No con eres rostro de dios griego y ese cuerpo tan caliente.
Están de vacaciones, vuelven la próxima semana. —Su abuela le sonríe, Carlos lo mira preocupado desde su lugar. Lando sabe que podría mal interpretarse su reacción, pero no puede decir nada más sin arriesgarse a incomodar al hibrido frente a él— ¡Así que serán sólo ustedes dos!
Vaya mierda, Lando quiere morir.
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Lando se despide con la mano de sus abuelos por última vez, suspirando con sus manos en sus bolsillos. Carlos está terminando de guardar las cosas de su hijo, a quien vendrían a buscar en unos minutos más. El moreno aparece a su lado segundos después y Lando tiene que forzarse a no tensarse.
¿Ya se fueron? —Su voz grave y suave hace que Lando quiera escucharlo para siempre, pero verá como un idiota porque Carlos debe estar con la madre de Ollie. Uno menos para los solteros.
Hace un rato. —Lando lo mira de reojo, admirando sus ojos grandes con esas largas y oscuras pestañas que se baten hermosamente. Trata de controlarse cuando baja su mirada hacia los labios carnosos del hombre, Carlos lo mira repentinamente, asustandolo en medio acto.
¿Te disgustan los híbridos? —Mierda, bueno, Lando sabía que en cualquier momento el hombre le preguntaría aquello, en especial por su reacción hace unas horas.
Da una lenta inhalación que se verá demasiado sospechosa, pero que necesita, en especial si el hombre parece querer torturarlo, acercándose a él hasta que sus pechos están casi tocandose— No, solo que me pone nervioso que toda responsabilidad del lugar cae en mí.
Aquella respuesta parece tranquilizarlo, pues hace que una sonrisa se extienda por sus labios, apuntó de hablarle antes de que Ollie apareciera otra vez, agarrándose de la pierna del mayor con su manta aferrada a sus pequeñas manos.
¿Se parece Ollie a su madre? —Lando pregunta con intención de quizás romper el silencio medianamente incómodo que los rodea, pero al parecer aquello parece aumentar. Carlos lo mira con el ceño fruncido, haciéndose arrepentirse de la pregunta quizás muy íntima.
Yo di a luz a Ollie, así que sí, se parece a su madre. —Bueno, ahora sí Lando quiere que la tierra se lo trage hasta morirse en el fondo. Carlos lo mira fijamente con su cría aún entre sus brazos, quien esconde su carita en su cuello. Lando se pregunta como se verá si le daría otro.
Oh, sí que se parece. —Trata de que sus pensamientos no se descarrilen, evitando pensar ni decir todo lo que le viene a la mente. Carlos parece ver la disyuntiva en su rostro de cómo funciona, pues le sonríe suavemente, aunque luego desvía su mirada hacia el auto que se aparca frente a la casa.
Oh, Ollie ya se va. —El hombre se mete en la casa, saliendo con el bolso de su hijo colgado en uno de sus brazos, Lando no puede evitar absorber la vista del músculo flexionado y las caderas que se mueven de un lado hacia otro seguido de su cola de nuevo. Lando no debería sentirse así, ni siquiera por alguien que es prácticamente un extraño para él.
Un hombre sale del auto, abriendo una de las puertas traseras del auto que da hacia el asiento de niños fuertemente afirmado, hablando con Carlos con una sonrisa amistosa. Asume que debe ser el primo, pues el hombre acaricia al niño mientras que Carlos guarda sus cosas en el maletero.
Es cuestión de segundos hasta que el auto finalmente parte, con Carlos despidiéndose con una mano mientras esté finalmente desaparece por el camino que comienza a oscurecer. Lando observa cómo Carlos se acerca a él pasando al lado suyo.
Lo sigue con rapidez, caminando detrás de él hasta la ordenada cocina a un lado del living, junto al pasillo que da hacia la parte trasera de la casa. Se mirando quedalo con atención mientras Carlos se deshace de sus zapatos y luego saca una botella de vidrio, Lando abre los ojos como platos cuando en cuestión de segundos tiene un pequeño vaso delante de él en la isla.
¿Quieres beber un poco? —Carlos le sonríe de forma casi tentadora, Lando se queda observándolo mientras vierte un poco de tequila dentro de su vaso, levantando sus cejas cuando pasa al que está a un lado del suyo. Su corazón comienza a la rapideztir a medida que el silencio crece, Carlos parece sentir su vacilación, pues rueda los ojos con diversión— Será sólo un poco, si no quieres no lo bebas.
Hay muchas razones por las que esto es una mala idea, iniciando con que esta en la casa de sus abuelos, bebiendo cuando debería tener que cuidar el lugar junto a un extraño a quien acaba de conocer. Su cerebro le grita que no lo haga, que es una mala idea, pero sabe que lo necesita, su cuerpo está cansado y la universidad se había comido la mayoría de las fuerzas que le quedaban.
Así que asiente, mirando con el ceño fruncido el líquido vertido. Lo toma con manos temblorosas y se lo bebé de un trago, dejando que el mayor mirarlo
con cejas levantadas, una sonrisa en su rostro antes de imitarlo y beber su propio vaso en segundos.
Carlos se ríe con una de las risas más hermosas y ricas que ha escuchado cuando ve la mueca de disgusto en su rostro, saliendo de la cocina con unas galletas en mano para ir al vivir, Lando de nuevo sigue sus pasos, frunciendo su ceño cuando trata de acostumbrarse al ardor en su garganta. Se pregunta si el Moreno ya está afectado por el alcohol, pues se tira al sofá como si nada.
Supongo que no es la primera vez que bebes. —Lando se sienta frente a él, descalzo, suspirando y cerrando sus ojos. Cuando los vuelve a abrir Carlos mira sus labios con sus pupilas levemente dilatadas, una sonrisa se extiende en sus propios labios mientras observa cómo Carlos se derrite también en el sofá.
No, no es la primera. —Sé maldice cuando su voz sale temblorosa, Carlos no parece molestarse por esto, pues se ríe suavemente, sonriendole calidamente.
Tú abuela me contó que estabas estudiando ingeniería. —Las orejas del mayor se mueven levemente, como si tratarán de acomodarse sobre su hermoso cabello negro. Se sorprende así mismo cuando trata de ajustarse en su posición, estirando su espalda hasta dejarla recta como si buscará impresionar al hombre al lado suya.
Estoy casi por terminar, me falta un año más. —Carlos levanta sus cejas sorprendido, dando la misma reacción que ya esperaba que llegara. La gente asume que recién va en sus primeros años, ya sea por su rostro joven o por sus extremidades aún demasiado delgadas como para ser alguien de veintitrés años.
¡Oh! Pensé que eras más joven. —El hombre se sonroja rápidamente de vuelta, dándose cuenta de lo que acaba de decir— No es que crea seas viejo, no eres más que yo por lo menos.
¿Cuantos años tienes? —Lando se permite relajarse, estirando un brazo sobre el respaldo del sofá más pequeño y colocando una pierna sobre la otra. Carlos vuelve a reírse, casi como si hubiera contado un chiste, con sus mejillas sonrojadas y pequeñas arrugas formándose en los costados de sus ojos.
Tengo treinta recién cumplidos. —Bien, mierda, le saca casi siete años. Trata de cuidar cualquier reacción, asintiendo con suavidad con su atención fija en los cuadros esparcidos por las paredes de madera. Carlos vuelve a hablar, llamando su atención. Tuve a Ollie hace casi cuatro años, pronto me empezarán a salir canas.
El silencio vuelve a reinar en la habitación, de una forma que hace a sus hombros atorarse hacia adelante en una posición incomoda.
No lo aparentas. —Carlos, quien miraba sus manos en su regazo, vuelve a mirarlo con ojos grandes, tan hermosos que casi hace que se pierda en ellos— La edad digo, no pareces de treinta.
No hace falta mentir. —Esta vez el Moreno frunce el ceño, sonriendole divertidamente, su acento es más marcado que antes.
No miento. —Lando decide que es buena idea volver a mirarlo de arriba hacia abajo, con el alcohol en su sistema se vuelve mucho más confiado, mucho menos inhibido. Carlos está más sonrojado que antes, no sabe sí es por su mirada o por el alcohol— Dime, ¿Tienes pareja?
Mmmm, no. —Sus mejillas se vuelven más rojas, levantándose con cuidado con la mirada del menor aún clavada en él. Su cola se balancea de una forma que casi deja hipnotizado a Lando en su lugar, volteandose mientras levanta el frasco con el líquido transparente en él— ¿Quieres más?
El tiempo pasa y siguen bebiendo con calma, hasta que se relajan en si mismos y se permiten abrirse más. Lando sabe que el alcohol parece hacer que su educación se vaya a la mierda, porque cuando bebé dos vasos más del líquido se acerca demasiado al mayor.
Ahora ambos están en el sofá, hablando de cosas triviales con las mejillas rojas y las palabras medianamente arrastradas. Se supone que por sus años en fiestas universitarias tendría una mejor resistencia, pero el alcohol lo afecta tanto que no dudaría en besar con fuerza los carnosos labios rojos del mayor, que habla acerca de cualquier cosa.
Así que, ¿tú viste a Ollie? —Lo interrumpe con sólo aquella pregunta. Carlos lo mira con ojos grandes, tratando de buscar en su rostro la razón de su duda.
Lando es torpe aún en todo esto, había tenido amigos híbridos anteriormente. George y Alex fueron los primeros con quienes hablaron en la universidad y no se arrepiente, pero nunca les pregunta sobre su anatomía, no sabe si es verdad todas las cosas que les dijeron en su clase de anatomía cuando aún era joven. Investigó cosas durante sus años de universidad, pero habían otras que aún no se había tomado el tiempo de investigar completamente. Así que tener a Carlos aquí, a su lado, lo hacía querer saber todo acerca de los híbridos de vaca.
Si, hace casi cuatro años. —Carlos vuelve a decirlo con su sonrisa cálida en sus labios, casi como si no hubiera hablado nunca de su cachorro. La mano morena acaricia su vientre con nostalgia, mirando la piel firme tapada por su camiseta negra.
¿Cómo funcionó? —Sabe que su pregunta no se entendió cuando el mayor vuelve a mirarlo con el ceño fruncido y su cabeza ligeramente torcida, sus orejas se mueven con delicadeza junto a el— Digo que sí funciona como un parto humano.
Carlos se ríe de él fuertemente, casi burlándose. Lando sólo puede atinar a mirarlo tragando en seco, sintiéndose repentinamente estúpido con sus mejillas sonrojadas.
¡Claro que funciona como un parto humano! —Carlos sigue riendose más suavemente después de decir aquello, golpeando suavemente su mano contra el pecho del menor, quien se queja ante su fuerza.
Perdón, Uh, pensé que sería distinto porque ya sabes. —Quizás Lando debería dejar de asumir que el resto sabe a qué se refiere, porque Carlos frunce su ceño nuevamente, volviendo a poner ambas manos sobre su regazo— Tienes pene.
No tengo pene. —La expresión de Carlos se suaviza, su cola se remueve desde donde está a un lado. Lando se atragantado porque definitivamente no se esperaba eso, sigue tosiendo fuertemente hasta alcanzar el agua que el mayor había traído hace unos minutos.
¿No? —Trata de hablar entre sorbos, Carlos trata de ayudarle acariciando su espalda. Aquello parece ayudar un poco, porque cuando Carlos vuelve a hablar se encuentra en mejor estado.
No, no tengo. —Sus grandes ojos cafés lo midan atentamente, buscando cualquier reacción de desagrado en el rostro del menor. Cuando en su lugar encuentra una mueca de aún confusión, decide que ya jugó demasiado juegos anteriores— ¿Quieres mirar?
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Con sus vaqueros en cualquier lado del lugar, Carlos baja sus boxers, volviendo a sentarse en el sofá mientras se deshace de la última prenda que se aferra a su parte inferior. Lando, arrodillado entre sus piernas observa con atención el coño del mayor, quien abre más las piernas.
Si es como la de los humanos, debería tener todo en su lugar. No alcanza a mucho, pero sabe más o menos como luce un coño. Puede que esa vez no haya sido por su clase de anatomía.
Puedes tocar. —Lando mira a Carlos con ojos grandes y mejillas sonrojadas, asintiendo con su mirada bajando nuevamente por sus piernas gruesas hasta su parte íntima. Lo siente casi como un sueño, con su mente nublada trata de tranquilizarse, alargando sus manos hasta las caderas del mayor.
Carlos jadea cuando sus dedos se posicionan en su vientre, haciendo una leve presión a medida que una de las grandes manos del menor baja hasta ahuecar su coño húmedo contra su palma. Sus ojos se cierran, echando su cabeza levemente hacia atrás mientras se permite disfrutar de la calidez en su zona íntima.
Lando acerca su rostro aún más hacia su coño depilado, aspirando el dulce aroma que desprende. Su ceño se frunce ante esto, acostumbrado al almizcle que normalmente viene junto a la intimidad de cualquier persona. Su cabeza se levanta hacia el mayor, quien lo mira atraves de sus pestañas con sus pupilas dilatadas.
Es para atraer una pareja potencial. —La voz de Carlos es mucho más grave, afectando directamente a su pene medio erecto en sus pantalones. La idea de que el mayor desprenda su dulce aroma para él, para atraerlo, lo vuelve loco. Traga secamente mientras vuelve a acercar su boca con su vista aún fija en los ojos del mayor, pidiendo su permiso indirectamente— Sí quieres puedes hacerlo, no voy a detenerte.
Lando se relame sus labios secos, aspirando más del delicioso aroma antes de sacar su lengua y lamer la grasa que se acumula en los labios vaginales del mayor, quien gime y se arquea ante la atención que recibe. El menor deja escapar un gruñido ante la dulzura que se adentra en su paladar, volviendo a lamer con fuerza para recoger más de su humedad.
Los muslos del moreno se aprietan alrededor de su cabeza, no puede evitar apretar nuevamente las caderas del mayor y sacarlo un poco del sillón, de forma que su coño queda más accesible para él.
Mierda Lando. —La voz de Carlos sigue igual de baja, sus piernas se estremecen cuando chupa con fuerza su clítoris para luego volver a lamer desde su agujero hasta el pequeño botón de nervios expuestos. Carlos siente poco a poco el sudor acumularse en su cuerpo, cerrando sus ojos mientras el menor sigue chupandolo con rigor, una de sus manos se extiende por los hermosos rizos de Lando, estirándolos hasta sacar un gruñido.
Lando deja una de sus manos para bajar hacia sus pantalones, abriendo su cierre mientras su cabeza se mueve sobre la intimidad de Carlos. Una vez logra bajar sus boxers, libera su miembro, apretandolo levemente mientras su lengua lame los labios superficiales de Carlos con hambre.
La extraña sensación de Lando chupandolo tan hambrientamente hace que Carlos se pierda en su placer, usando sus manos para acariciar sus pezones erectos que pronto comenzarán a producir cierto líquido blanquecino.
Basta, porfavor. —Carlos trata de alejarlo de su coño, pero no parece bastar pues Lando sigue estimulandolo e ignorando como su entreda palpita por ser llenada— Lando necesito que me folles, para ya.
¿Quieres que te folle? —Sé sorprende a sí mismo cuando su voz suena igual de baja, asume que debe ser por su actividad anterior. Su miembro está tenso contra su torso aún vestido, Lando se levanta con rapidez, mirando al mayor quien relaja sus piernas fuera del sofá, observándolo nuevamente debajo de sus hermosas pestañas.
Sí, te necesito ahora mismo. —Las piernas de Carlos se abren mientras que sus manos acarician cuidadosamente su coño, su suave cola se aferra a su brazo en busca de una ancla, todo bajo la atenta mirada de Lando, quien sonrientemente agarra uno de los brazos del mayor hasta levantarlo.
Carlos se levanta con piernas temblorosas, asimilando al hombre frente a él. Sus rizos castaños caen adorablemente por su rostro lleno de pecas, sus ojos verdes son casi tragados por sus pupilas negras. Un suspiro soñador sale de sus labios, jadeando cuando Lando agarra sus caderas y apega ambos torsos.
Lando puede sentir como el mayor se derrite en sus brazos, acercando su rostro hasta que sus bocas se tocan y comienzan a moverse bruscamente sobre la otra. Las manos más grandes acarician los costados de Carlos antes de bajar hasta su culo, amasandolo y tocando de pasada su coño, mojandolo cada vez más con la promesa de más estimulación.
Ambos caminan entre besos hasta la habitación que se suponía era de Lando, con el cuerpo de Carlos sobre la puerta y el del menor posicionando un muslo entre las piernas del mayor.
Lando libera una de sus manos para agarrar el pómulo de la puerta, abriendo cuidadosamente y entrandolos en esta. Se separan cuando caen sobre la mullida cama hecha a la perfección, con Carlos debajo de él, se permite bajar hasta su cuello, lamiendo rayas húmedas con extraña fascinación, el mayor suspira, soltando un chillido cuando la base de su cola es acariciada con fuerza.
El británico los voltea con fuerza repentina, con Carlos sobre él se permite admirarlo más.
Eres tan guapo. —Su voz es casi un susurro, demasiado asustado por cagar la tensión entre ellos. Aquello hace a Carlos reír con sus mejillas más sonrojadas, el silencio vuelve a reinar en la habitación cuando ambos vuelven a mirarse con hambre, alternando entre sus labios y sus ojos.
Esta vez es Carlos quien se acerca, lamiendo su boca antes de besarlo con sus manos en sus mejillas. Lando mantiene sus manos en las caderas de Carlos, acariciando en forma de circulos con su pulgar mientras siente como al restregar su coño desnudo contra su muslo, apega su humedad a la tela de sus vaqueros.
La mano contraria de Carlos deja su pecho para bajar a su miembro, acariciandolo y sacándole gemidos suaves que se atoran en medio del beso. Cree que se correrá de esta forma, con Carlos encima de él moviéndose de una forma que lo vuelve loco.
Al parecer el mayor no cree que sea suficiente, pues se separa de él y se sienta en su regazo. Sus manos agarran el inicio de su camiseta negra y comienza a sacárselo por la cabeza, dejando al descubierto su vientre definido cono el resto de su delicioso cuerpo.
Lando traga cuando ve los pezones erectos del mayor adornando pectorales suaves con vello alrededor. Sus caderas astrechas se levantan, no puede evitar fruncir su ceño sin comprender que es lo que hace el mayor hasta que este comienza a tirar hacia atrás el comienzo de sus vaqueros.
Oh, perdón. —Su torpeza hace que un sonrojo más profundo crezca en su rostro, sabe que al final de la noche parecerá un tomate. A Carlos parece no importarle su estupidez, pues vuelve a caer sobre su regazo con cuidado de aplastarlo una vez sus pantalones vuelan de sus piernas
Lando vuelve a aferrar sus manos a las trabajadas caderas del mayor, mirando con atención como este lame dos de sus dedos y los baja hasta la humedad entre sus piernas. Lo aprieta fuertemente mientras observa como Carlos comienza a introducir dos dedos dentro de su coño. Al inicio logra captar el dolor en su rostro, moviendo los dos dedos en lo que parecieran tijeras para acostumbrarse a la intromisión, abriéndose para poder recibir a Lando dentro de él.
Su pene se retuerce sobre su estómago, soltando líquido preseminal cada vez que vuelve a pensar en cómo se follara al mayor. Esta seguro que incluso podrá volverlo a embarazar si tiene su permiso, poner otro bebé dentro de él y mantenerlo a su lado. No sabe que se le metió, pero aquella idea prende algo fuerte en el.
Logra exitarse aún más debajo del hombre que acaba de conocer ese día.
Las orejas de Carlos se tensan en su lugar cuando los tres dedos dejan de moverse dentro suya, sacándolo y arrancandose a sí mismo un gemido grave, sus ojos se abren con lentitud, respirando fuertemente mientras utiliza sus piernas para levantarse levemente.
Con sus pies bien planteados en el colchón, dirige el miembro del menor hacia su entrada, permitiéndose introducirlo de un golpe cuando se deja caer sobre él.
Lando suelta un sonido para nada masculino cuando el calor lo aprieta con fuerza, su cabeza cae hacia atrás mientras que sus manos arañan los muslos de Carlos, que gruñe encima de él, apretando su abdomen al momento de subir y soltandolo cuando cae de golpe sobre la pelvis del menor.
Carlos utiliza sus piernas para poder subir y bajar, jadeando cuando el miembro del menor golpea su interior con fuerza, abriendo sus paderes cada vez que baja sobre él. Su orgasmo se acerca cada vez que vuelve a empalarse con un sonido húmedo donde ambos cuerpos se conectan.
Lando siente su pelvis apretarse al captar el rastro de fluidos que los conectan una vez el coño de Carlos deja de recibirlo en su interior. Trata de cerrar sus ojos, permitiéndole al mayor moverse a su gusto.
Pronto comienza a cansarse, dejándose caer en una embestida profunda, moviendo sus caderas en círculos antes de sacarlo hasta la punta y volver a dar sentones sobre sus caderas. Lando siente que va a fallecer e ir al cielo pronto, su orgasmo está a punto de explotar con la fuerza con la que Carlos vuelve a rebotar sobre él.
Me aprietas tan bien Carlos, mierda. —Su voz es grave al tratar de hablar, demasiado afectado por el placer que recorre su cuerpo en olas eléctricas que caen directamente sobre su polla. El mayor parece acercarse a su orgasmo también, porque sus manos acarician sus pezones— Te ves tan hermoso así, saltando sobre mí como si quisieras exprimirme.
Necesito que me toques, Ahn. —El labio de Carlos tiembla, dando una última sentadilla antes de finalmente dejarse caer una última vez sobre su pelvis con su polla enterrada profundamente dentro de él. Lando se relame los labios, con una mano cayendo sobre el pecho relleno de Carlos, quien gime cuando comienza a amazarlo— ¡Así! Tocame, Lando porfavor.
¿Qué pasa? ¿Tus piernas se cansaron de tanto saltar encima mío? —Carlos deja caer su cabeza hacia un lado cuando sus dedos aprietan su pezón con fuerza, arrancandole un gemido adolorido mientras comienza a moverse sobre su miembro de nuevo.
Porfavor, Lando. —Sus ojos llorosos vuelven a mirarlo lastimosamente, rogándole para hacerlo correrse.
Un suspiro que mantuvo atrapado finalmente sale en forma de resoplido, el alcohol vuelve su sistema más confuso, porque en cuestión de segundos tiene a Carlos acostado sobre su espalda y sus piernas totalmente abiertas, con su coño a la vista solo para él. Su mano agarra una de las piernas firmes del mayor y la coloca sobre su hombro, permitiéndole usarlo de palanca mientras retoma sus embestidas.
Voy a hacer que te corras tan fuerte que te olvides de quien eres. —Carlos gime cuando ve el sudor caer por la frente del menor hasta su cuello, una necesidad en su pecho le grita que lo lama, que le muestre su agradecimiento por finalmente satisfacerlo— Que bien me aprietas, joder.
No ha estado con nadie desde que tuvo a Ollie, demasiado ocupado en cuidarlo del cruel mundo. Tanto, que se olvidó de sus propias necesidades. Por eso se permite ser toqueteado por este chico años menor que él, desconocido aún. Necesitaba esto tanto como necesitaba el aire para respirar. No sabe cuando aparecerá alguien más que no lo mire con asco.
Uf, ¡Sí, sí, sí! Follame así, ¡Ah! —Sus palabras son cortadas ante cada gemido, arqueando su espalda con su cola aferrándose al brazo de Lando.
Voy a correrme pronto, joder. —Lando cierra sus ojos con fuerza cuando Carlos parece apretarlo más, abriendo sus ojos cuando siente la mano del mayor acariciar su clítoris y rozar su polla cuando sale de él— Y voy a correrme dentro de ti.
¡Sí, por favor, adentro! —Su cuerpo grita por ello, las palabras de Lando se sienten como un bálsamo para su cuerpo necesitado, quien grita por una carga de esperma que lo haga sentir nuevamente pleno como cuando se embarazo por primera vez— ¡Lléname con tú semilla, Lando!
Aquello bastó para romper la burbuja que estaba en su vientre, Lando se aferra con uno de sus brazos al muslo, afirmando su mano libre con la cadera del mayor para unirlo a él cuanto más hondo pudiera. Sus caderas se contraen cuando finalmente se descarga dentro del mayor, gruñendo cuando este lo aprieta con fuerza.
Sus ojos se abren solo para sorprenderse al ver el líquido blanquecino chorrear de los pezones del mayor, quien jadea con sus piernas temblando y un brazo ocultando sus ojos de la luz de la habitación.
Con cuidado suelto el muslo del mayor con su polla aún clavada en su interior, sintiendo como los últimos restos de su orgasmo son exprimidos por el interior de Carlos. Su rostro se acerca hasta quedar sobre sus pechos, acariciando con su mano el pezón y llamando la atención del mayor. Al ver el rostro de salida mezclado con confusión (de nuevo) en el rostro de Lando, se permite relajarse.
Puedes beberlo. —La mano de Carlos acuña delicadamente su mandíbula, permitiéndole acercar su boca con una sonrisa cálida y placentera en su rostro. Lando no pierde el tiempo antes de zambullirse y chuparlo como si fuera lo único para beber en el mundo, gimiendo cuando el dulce sabor se estalla en su boca.
Sus caderas se mueven hacia adelante, tanteando el territorio antes de volver a moverlas. Carlos jadea con la boca abierta, abrazando la cabeza del menor contra su pecho mientras abre sus piernas aún más.
Terminan follando con mucha más delicadeza, con Lando chupando su pecho con vigor mientras que sus caderas se mueven con un ritmo memorizado, aferrándose a las caderas del mayor hasta que vuelve a correrse en su interior. Ambos se quedan jadeando sobre la cama, besándose una última vez antes de que Lando los arrastre hacia la ducha.
Luego vuelve a follar bajo el chorro que humedece sus cuerpos. Carlos termina secando tanto su pelo como el de Lando, volviendo poco a poco de la nublez del alcohol. Cualquier otro detalle será hablado en la mañana. El viaje hacia la granja los había dejado tan exhaustos que dormir era la mejor opción.
