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Chocolate blanco

Summary:

Dennis quiere regalarle chocolates de San Valentín a su amor no correspondido por lo que decide hacer chocolates caseros a todo el pitt para no levantar sospechas.
Por otro lado tenemos a Robby viendo como el residente del que está perdidamente enamorado esta repartiendo chocolates a todo el personal menos a el mientras se muere de celos.

Notes:

La idea de este fic se me ocurrió el día antes de san valentín, escribí la mitad por la noche y luego lo dejé abandonado. Lo retomé después de que (para mi sorpresa) algunas personas de tiktok se interesaran en leer la historia completa ¡así que aquí estamos!
Apenas tuve el concepto para el oneshot supe que debía ponerle ESE título, créditos a la doctora García por el apodo que le puso a nuestro Huckleberry ;)

PD: NUNCA en mi vida he preparado chocolates, las descripciones son basadas en como mi hermana lo hace. Por otra parte los chocolates del doctor Robby son unos que vendían en una confitería artesanal a la vuelta de mi colegio cuando tenía unos 6 o 7 años, se que no es relevante para la historia pero quería poder mencionar esos buenos recuerdos de cuando era pequeña y mi madre me llevaba esa tienda.

Work Text:

Trinity y Dennis venían hechos polvo tras un turno particularmente agotador en el hospital, apenas la puerta del departamento se abrió sus pies los arrastraron hasta el sillón para recostarse en sus lugares silenciosamente designados donde no se molestaron en quitar la ropa sin doblar que yacía allí, al igual que tampoco se molestaron por conservar las buenas costumbres al poner sus pies sobre la mesita de centro aún con los zapatos puestos y sucios, soltando un suspiro de alivio al poner sus piernas en alto y calmar la presión que sus pies venían acumulando tras tantas horas de pie.

Trinity se removió en su sitio con movimientos flojos para quitarse el sostén y tirarlo a una silla con aún más ropa sin doblar.

-Si me quieres deberías ir a la cocina y traerme agua, digo, solo si me quieres- dijo mientras se estiraba para alcanzar el control remoto y pasar los canales en busca de un programa que valiera la pena ver.

Dennis, resignado a ser el que debía pararse a buscar las cosas por estar en el extremo del sillón más cercano a la cocina, se paró camino al refrigerador para servir 2 vasos con agua, centrando su vista en el agua que poco a poco llenaba el vaso, oyendo de fondo una repetición de Love Island.

-No puedo creer que no hayan programas decentes en el cable, todo esta repleto de películas de romance baratas, maldito San Valentín- 

-Yo creo que es lindo...- murmuró bajito esperando no ser escuchado por su compañera de piso.

Trinity nunca había sido fanática de los detalles cursis a diferencia de el, que a pesar de estar soltero disfrutaba ver al resto expresar su amor de las maneras más tiernas posibles. En su hogar las muestras de afecto nunca abundaron, jamás se atrevió a dudar del amor de sus padres o hermanos pero si se vio anhelando mayor calidez. Hecho que muy probablemente influyó en cuanto amaba la festividad.

-Así que... ¿piensas regalarle algo por San Valentín?- Preguntó tanteando el terreno desde el sillón tratando de no asustarlo.

Nunca había admitido en voz alta su crush por el hombre mayor pero no era necesario viendo como reaccionaba ante sus toques o como sus ojos lo buscaban en cada habitación mientras caminaba por los pasillos. El simplemente se rehusó a que ella en algún momento lo atraparía entre todas esas miradas que el pensaba eran discretas, sería imposible ocultarle algo al pasar las 24 horas juntos.

-¿Estas loca? se vería muy raro regalarle algo en frente de todos- 

-Buen punto, no hay manera de que pase desapercibido- 

Al no recibir respuesta se giró a mirarlo, pensando que pudo haber sido un poco cruel, pero en su lugar encontró al chico aún de pie en la cocina con los ojos abiertos y una sonrisa gigante

¿Finalmente se había vuelto loco?

-¿Tierra hucklebe-

-¡Oh dios mío Trin soy un genio!-

-¿Qué?- 

-¡Saldré a hacer unas compras vuelvo en 15!- Gritó mientras tomaba su mochila y salía por la puerta dejando a una muy confundida Trinity aún en el sillón y sin su vaso de agua

-¡Mi agua maldito!-

. . .

Resulta que en una especie de revelación divina Dennis llegó a la conclusión de que si le regalaba chocolates a todos sus compañeros entonces no sería para nada sospechoso darle unos a su jefe con quien mantenía un muy inapropiado enamoramiento, por lo que con su quincena recién pagada se dirigió al supermercado más cercano de la zona a comprar ingredientes para poder armar pequeñas bolsas con chocolates caseros al turno de día.
No sería una tarea muy complicada, considerando que casi todos los alimentos en su hogar eran de origen casero, incluyendo en ello los chocolates, un ¨lujo¨ que solo se preparaba cuando toda la familia se reunía a pasar el rato en la granja, y el junto a su madre se dedicaban a la cocina desde la madrugada para preparar un sin fin de dulces con los que recibir a los más pequeños. Al pasar los años y alejarse de su familia esas recetas fueron los pocos buenos recuerdos que se quedaron con el, por lo que (aunque fuera por motivos egoístas) le alegraba poder compartir sus recuerdos con el Pitt.

Al llegar al departamento y cruzar el recibidor su emoción debió de ser más grande de lo que el pensó, porque el estruendo de la puerta terminó por despertar a una adormilada trinity que lo esperaba dormitando en el sillón.

-¡Jesús Huckleberry a donde demonios fuiste!- preguntó exaltada mientras se frotaba los ojos

Soltó una pequeña carcajada al ver lo confundida que estaba su compañera de piso, al dejar las compras sobre el mesón de la cocina echó un vistazo al reloj y vaya que entendía su sorpresa, los 15 minutos se habían convertido en una hora durante la cual seleccionó los mejores materiales dentro de su presupuesto para cocinar, al ver las bolsas cargadas en chispitas, listones, chocolates, moldes y esencias supo que quizá si se excedió un poco.

-Voy a preparar chocolates para el turno de día- dijo con una sonrisa mientras desempacaba los ingredientes y los ponía sobre el mesón

-Huckleberry...son las 11 pm-

-No tardare nada Trin, lo prometo-

Ese ¨no tardaré nada¨ terminó siendo una vil mentira, mientras Santos decidió irse a acostar después de haber dejado claras instrucciones de como quería que fueran sus chocolates y los de García, Dennis se quedó en la cocina hasta que dieron las 3 am, el cansancio por el que había estado rogando llegar a casa durante todo el turno fue reemplazado por el entusiasmo de cocinar algo así después de tanto tiempo.

Tras de la timidez que lo envolvía en sus primeras semanas de convivencia Trinity no tardó en reconocer sus habilidades para la cocina, comenzó con cosas pequeñas como preparar el desayuno para que no se atrasaran o hacer la cena para ahorrar en delivery, terminando en preparar las cajas de almuerzo que llevarían al trabajo o horneando pastelillos para picar en los tiempos muertos. Le alegraba poder contribuir de alguna manera al hogar, pero lo llenaba de una manera distinta hacerlo para tanta gente.

Armó bolsitas transparentes con chocolates y listones hasta que los movimientos se hicieron automáticos, poniendo etiquetas con nombres a las bolsas especiales: sin lactosa para Donahue, solo chocolate blanco para Princess, con más porciones para Langdon y sus pequeños, una bolsa extra para la hermana de Mel y porciones más abundantes para García y Trinity a pesar de haber dejado un tupper extra para ellas en el refrigerador.
Una vez que vio la mesa del comedor cubierta en bolsitas que alcanzaban incluso para el turno de noche, fue que con energías renovadas, se dispuso a preparar la última tanda de chocolate, la que había sido el objetivo inicial de todo.

Se decidió por hacer unos bombones rellenos con un dulce de menta y coco que había reservado antes, apostando a que el olor quedaría impregnado en el departamento sin importar que abriese las ventanas. Los chocolates anteriores habían sido con chocolate blanco o de leche, pero para Robby había comprado una bolsa de chocolate amargo al 75% sabiendo que no le gustaban las cosas muy dulces. Sacó un nuevo bowl para preparar el baño maría a fuego bajo para evitar que se quemara, de pie frente a la olla revolvía cada cierto tiempo en espera de que se derritiera por completo. Una vez que el chocolate estuvo listo lo vertió en el molde dejándolo secar para poder rellenarlo. La tarea más difícil fue escoger los moldes, compró con formas cuadradas, circulares y obviamente, de corazón, pero en todas las bolsas trató de combinar las formas. Además de haber preparado en base al gusto personal del hombre quiso prestar atención a todos los detalles, por lo que incluso se encargó de que el empaque fuera distinto de los otros.

Tras repetir el proceso de refrigeración y empaquetar los chocolates fue que pudo irse a dormir con el corazón cálido al ver que, al lado de todas esas bolsitas una destacaba del resto.

...

Incluso si solo durmió 4 horas se levantó lleno de energía, preparó el desayuno para ambos y tras comer en el sillón (no logró despejar la mesa de la cocina a tiempo) salió del departamento junto a Trinity , quien sobornada con chocolates, lo ayudaba a llevar una bolsa que llevaba los chocolates del turno de noche mientras en sus manos llevaba los correspondientes al turno de día, manteniendo en el fondo de su mochila su cariño en la muestra más dulce posible.

Al llegar a la sala de urgencias el amor estaba por todas partes (para desgracia de Santos no en un sentido figurado) los globos y serpentinas adornaban las paredes del lugar y un ramo de flores reposaba en el escritorio de la central como una cortesía de la dirección del hospital. Fueron recibidos con curiosidad que una vez apoyaron las bolsas sobre los escritorios se convirtió en entusiasmo, Trin fue a dejar sus cosas a los casilleros mientras dejó a Dennis con el tumulto del personal nocturno que entre agradecimientos y abrazos iba a buscar su chocolate de san Valentín.


A medida que el turno de día fue fichando su ingreso se fueron acumulando en la sala de descanso ante el aviso de que estaban repartiendo chocolates de san Valentín. Recibió un suave apretón en el hombro de Donahue que se emocionó al saber que se había acordado de su intolerancia a la lactosa, un abrazo de Perlah, un sonoro beso en la mejilla que lo dejó paralizado por parte de Kim, un tímido agradecimiento por parte de Langdon quien no sabía si tenía derecho a tomar uno y a Ogilvie preguntándole si conocía la historia de San Valentín en lo que se supone era una muestra de agradecimiento. Una vez las entregas terminaron cada uno tomó su rumbo hacia sus pacientes y labores pendientes, mientras el buscaba soportar la espera de entregar su verdadero regalo de san Valentín.

.

.

.

Robby había pasado la noche en vela pensando sobre la estupidez que había cometido y la estupidez aún más grande que estaba por cometer, resulta que de la misma manera en la que su mente pareció llegar al acuerdo de caer perdidamente enamorado de su residente, fue que llegó a la decisión de comprar impulsivamente regalos de san Valentín como un completo acosador para un chico que sin saberlo se había convertido en su todo. Trató de justificarse con la caja de bombones, había hecho una parada camino a casa para llenar su refrigerador con lo esencial y al salir del supermercado la noche hizo destacar aún más las luces de la nueva chocolatería que se instaló hace un par de meses en la calle de enfrente. Se convenció de que iba por curiosidad más no por el rostro que acechaba sus sueños, al escoger una selección de bombones de toffee y esencia de vainilla era para probar cosas nuevas, no porque hubiera escuchado a escondidas que era la combinación favorita en el café de Dennis, y para cuando la señorita que lo atendió le preguntó si lo quería en una bolsa regular o en una caja de corazón su elección fue solamente para entrar en temática con san Valentín y no porque esperara tener el suficiente valor como para entregarlo.

Al día siguiente cuando paró por un café antes de llegar al hospital pasó frente a una tienda de ¨Build-a-Bear¨ donde su mirada se posó sobre un regordete osito de peluche color miel que reposaba sobre el mostrador, tenía unos pequeños surcos bajo sus ojos que lucían igual los de Whitaker, se dijo a si mismo que todavía estaba adormilado y apuró su paso. Al regresar con su pedido en mano su cuerpo lo traicionó entrando a la tienda para ver mejor a ese maldito peluche que podría jurar lo seguía con su mirada plástica cual mona lisa, antes de caer en cuenta de lo raro que era que un hombre de 50 años comprara un peluche porque le recordaba al joven que lamentaba no fuera su san Valentín, ya tenia consigo un uniforme médico y un estetoscopio pequeño para personalizarlo. Después de pagar escogió que lo perfumaran con vainilla porque sería un desperdicio no hacerlo si venía incluido.

Llegó apenas a tiempo para su turno, recordando disculparse con Jack por mantenerlo un rato más en el trabajo, sentía sus mejillas sonrojadas por la vergüenza de cargar esos malditos chocolates en su mochila (no llegaría al extremo de traer el osito, ese permanecería en su cama) y el hecho de que todo pareciera vomitado por cupido solo lo empeoraba. Se acercó a Jack que estaba apoyado en el mesón de la central mirando al registro de pacientes, se sorprendió al verlo comiendo bombones de chocolate.

-¡Vaya! miren quien se digna a llegar- soltó antes de abrazarlo

-Me quedé dormido- se disculpó tratando de alcanzar la bolsa recibiendo un golpe en la mano en su lugar

-¿tiene que ver con tu osito?- preguntó con sorna mientras aún masticaba restos de chocolate sin tener la decencia de cerrar la boca

-Dios mío Jack baja la voz...no debí contarte-

-Por cierto, los chocolates son cortesía de tu osito-

El rostro de Michael se transformó en una mueca de confusión seguida por la rabia, los pensamientos de arrojar la bolsa al piso se vieron interrumpidos por el comentario de Jack que había tomado su tiempo en mencionar con la clara intención de molestarlo

-Nos dio a todos- soltó sin mirarlo mientras abría con ruido la bolsa para sacar otro chocolate y echárselo a la boca- que chico tan dulce-

-Juro que no puedo verte un minuto más, vete a casa hombre-

-¡Triste san Valentín para ti hermano!- Gritó mientras Robby se dirigía molesto a la sala de descanso

...

Encendió el hervidor antes de darse cuenta de la presencia de Langdon por el crujido de una bolsita plástica

-Buenos días Robby- saludó desde la mesa mientras tomaba un poco de té

-Buenos días Langdon- respondió casi sin interés para desviarse a lo importante- ¿esos son?...

-Oh si, Whitaker nos dio, no puedo creer que me diera a mi también- dijo mirando la bolsa entre sus manos- ¿puedes creer que hizo porciones extra para mis hijos?

El agua ya hervida se anunció con un ¨Click¨ justo en el momento en que sintió su cordura flaquear. Antes de se sirvió café y salió de la sala con su taza en mano

-Oh vamos ¿Quieres unos? ¡seguro te dará a ti también!- Dijo sin ser escuchado por Robby antes de que este dejara la habitación.

...

Al dejar sus cosas en la taquilla se topa con Whitaker quien parecía estar haciendo unos recados, su mal humor se esfuma de inmediato recogiendo su mueca de disgusto en una sonrisa que acentuaba sus patas de gallo.

-Buenos días Whitaker, que gusto verte- Saluda para su sorpresa, con total naturalidad mientras posa su mano derecha en el hombro del chico dejando un pequeño apretón en el trapecio.

Sabía que estas interacciones físicas podrían costarle una denuncia ante recursos humanos para cualquier persona que malinterpretara el contexto o peor aún lo entendiera por completo. Desde que recibió al grupo en la sala de urgencias sus ojos se habían posado en el, con su figura desgarbada que temía ocupar espacio, sus ojos brillantes rebosados en esperanzas y una voluntad inquebrantable por hacerlas cumplir. Al principio lo catalogó como una suerte de guía para mantenerlo cerca de el y familiarizarlo con el entorno, la necesidad de protegerlo a sabiendas de que era un hombre adulto, reconocerlo e incluso consolarlo para que no tuviera que afrontar las cosas difíciles solo. La historia es distinta hoy en día, se ve atrapado por esos ojos azules y se aferra al calor de la piel bajo su mano, su corazón se detenía y su pecho se sentía muy pequeño para la calidez que lo llenaba al sentir el cuerpo relajarse bajo su tacto, sin embargo esta vez el chico detuvo su mirada en su palma para luego desviarla al piso y devolver apenas el saludo.

-Buenos días Doctor Robby- desparramó antes de retirarse por el pasillo bañado en luz blanca casi como si de contacto divino se tratase.

Sin darse cuenta se encontró solo en el pasillo mirando en dirección a su partida, sintiéndola no solo en su tacto si no también en su pecho. Antes que el rechazo se interiorizara aún más fue llamado para esperar la llegada de un trauma en 5 minutos. Se armó de guantes y despejó su mente de toda idea por maquinar para ir donde lo necesitaban, confiando en que conseguiría lo suficiente de el como para mantenerlo cuerdo durante el día.

...

Su día iba del asco, Whitaker se le escapaba de entre las manos (literalmente) en cada intento por acercarse como lo harían el resto de los días, respetaría sus límites sin tomárselo a personal como cualquier persona correcta haría, pero lo enloquecía que todos anduvieran pegados a el. Estimaba en gran medida a sus trabajadores pero juraría que iba a estallar si escuchaba otro comentario de los chocolates de san Valentín que todos parecían haber recibido menos el ¡Incluso Ogilvie! a quien escuchó una y otra vez hablar porquerías del día de los enamorados. Para su desgracia (en aparente aumento) el insoportable MS4 era el menor de sus disgustos comparado a como Kim coqueteaba con Whitaker o como Jesse parecía más cercano a el.

Reconocía que estaba viejo para sucumbir ante los celos, pero bajo estos habitaba la inseguridad de haber malinterpretado las señales y estar siendo un disgusto para el chico. Pensar en esto solo lo hacía sentirse aún más patético respecto de la caja de chocolates que reposaba en su mochila esperando ser entregada, caja que muy probablemente terminaría derritiéndose en algún rincón de su departamento junto al maldito osito de peluche.

El resto del turno pasó a un ritmo insoportablemente lento, haciéndolo consciente de cada minuto que el reloj sobre su muñeca marcaba, pero logró sobrellevarlo como cada día que pasaba anhelando a su ahora residente. Solo sintió alivio cuando vio a Jack cruzar la puerta de urgencias para comenzar el turno, debía soportar unos minutos en lo que demorara la entrega de los pacientes y podría escapar a su casa para ahogar su decepción amorosa en el alcohol más fuerte que encontrara. Tras reunir a su personal para dar un muy hipócrita discurso sobre disfrutar su noche con responsabilidad para llegar en un estado apto al día siguiente se fue directo a los casilleros en busca de su mochila sin tomarse la molestia de cambiar su uniforme, abrigándose sobre la ropa con esa chaqueta verde que Dana tantas veces le había señalado cambiar.

Estaba ingresando nuevamente el código en su casillero sin poder controlar el temblor de sus manos cuando un pequeño jalón en su chaqueta lo hizo sobresaltarse, grande fue su sorpresa al darse vuelta y toparse de lleno con esos ojos de ciervo que lo habían atormentado durante los últimos diez meses.

-Whitaker- reconoció en un suspiro tratando de ocultar su falta de aire

-Doctor Robby-

El solo escuchar su voz tras todo un turno sin su presencia le hizo palpitar el corazón ruidosamente, cerró los ojos tratando de controlar sus emociones, pensando en lo patético que era no poder manejarse a si mismo a sus 54 años. Solo 2 palabras habían bastado para hacerlo querer desaparecer lo más rápido posible para evitar arruinar las cosas con sus sentimientos inapropiados.

-Yo...quería darle algo- dijo revelando la mochila que escondía torpemente tras su espalda, abriendo el cierre de esta para revelar de su interior una bolsa de regalo de un azul sobrio, sin patrones ni mayores detalles sobre sí, algo muy distinto de las bolsas que había visto (o más bien celado) había recibido el resto. Al ver los ojos expectantes de Robby siguió explicándose.

-Espero no incomodarlo pero quería darle chocolates de San Valentín a usted también, quería que todos pudieran tener un detalle lindo para hoy, siempre me ha gustado la festividad- mencionó al final en un intento de no sonar tan directo. Iba a continuar aclarando que no era con segundas intenciones (aunque si lo fuera) cuando Robby habló.

-Yo también te tengo algo- en un impulso de valentía (y regañándose a si mismo por la infracción a recursos humanos que estaba por cometer) abrió su casillero y sacó de su mochila la caja de chocolates que venía atormentándolo por su cobardía desde que la compró, lamentándose por no haber escogido la bolsa simple al recordar que había escogido la caja asquerosamente cursi en forma de corazón, que por si no fuera suficiente venía envuelta en un listón rojo.

-Digo... puedes rechazarlo si quieres, totalmente deberías rechazarlo, n-no se porque hice es- su torbellino de palabras se vio interrumpido cuando sintió el suave roce de las manos ajenas sobre las suyas que mantenían la caja apretada, al subir su vista se encontró con el rostro emocionado del chico, mostraba una sonrisa encantadora que revelaba unos hoyuelos preciosos en sus mejillas.

-Me encantan- tranquilizó recibiendo la caja entre sus manos

-Me alegro, espero los disfrutes- dijo extrañando el tacto sobre sus manos, sintiendo como sus mejillas se teñían de rosa- Deberías ir a casa, fue un turno agotador-

-Si, nos vemos mañana- despidió ajustando las correas de la mochila sobre sus hombros, aún con la caja en mano alzó la mano desocupada para decir adiós. Estaba por marcharse entre los pasillos de la misma forma que en la mañana cuando lo escuchó.

-¿Tal vez después del trabajo?-

-Nada me gustaría más señor- Respondió dedicándole una sonrisa gigante de la que nunca se creyó capaz, girándose sobre si mismo para irse de manera definitiva a casa, con el latido de su corazón resonando en sus oídos tras saber que su enamoramiento si fue correspondido después de todo.

...

Al llegar a la intimidad de su departamento apenas cerró la puerta se fue directo a la habitación, sentándose al borde de su cama para abrir con sumo cuidado la bolsa que le fue entregada, retiró la cinta adhesiva con sumo cuidado para sacar del interior la bolsa que conservaba abundantes bombones de chocolate en forma de corazón. Pegada a esta se encontraba una pequeña nota que despegó como si de una reliquia se tratase, aún sin poder creer que se tratara de la realidad y no un sueño.

¨Traté de no hacerlos muy dulces para que pudiera disfrutarlos, espero sean de su agrado¨

Desplazando la emoción por la curiosidad probó uno de los chocolates en forma de corazón, al masticarlo sintió en su paladar la intensidad de la menta contrastada con el amargor del chocolate y ese gusto ligero a coco que detallaba la exquisita armonía.

Esa noche Michael concilió el sueño de inmediato, descansando plácidamente sabiendo que el cariño de Dennis estaba presente sobre su velador al lado de se osito de peluche que ya no se arrepentía de haber comprado.