Actions

Work Header

Hyunjin tiene un problema.

Summary:

La amistad de Hyunjin y Félix está apunto de cambiar. Todo gracias a su costumbre de acurrucarse juntos y a una erección matutina.

Notes:

Hola. A pesar de que llevo un año en este fandom y ese tiempo también lo llevo de ser shippers Hyunlix, es mi primer trabajo para el fandom.

Y también. Esto lleva siendo escrito desde unos días después de que Hyunjin dijera que quería comerse a Bbokari pero recién lo pude terminar JAJAJAJAJA

Puse una referencia sobre Super Bowl solo porque pude y porque me gusta la canción. Pero es pequeña, demasiado diría yo.

Espero les guste. Si es así por favor dejen sus comentarios. Vivo de la atención y no me voy a disculpar por eso

Work Text:

 

La mañana era fría. Afortunadamente, su cuerpo estaba rodeado por otro, uno más grande y cálido que lo sujetaba con firmeza por la espalda. El calor se quedó en su piel a pesar de las ráfagas pequeñas y frías de aire que golpearon su rostro, las cuales habían hecho que despertara. Intentó sacar un brazo para alcanzar su teléfono pero el agarre de Hyunjin se hizo más fuerte. Seguía dormido, Félix lo sabía, conoció su respiración cuando despertaba. A pesar de seguir inconsciente, su fuerza no disminuyó y Félix se sintió aún más pequeño, lo que le provocó un escalofrío por su cuerpo y un presionado cálido en el estómago. Por su salud mental y el bien de su amistad, fingio demencia sobre la razón de sus reacciones.

 

No quería despertar a su amigo, así que intenté acurrucarse más. De todos los modos, era un día de descanso y podía dormir hasta tarde, acurrucados, calientes bajo las frazadas de Hyunjin. Decidió que miraría la pared frente a él, intentando descifrar el significado de las pinturas recientes de Hyunjin que había colgado hacía unos días. El aroma de su amigo estaba por todo el lugar, lo que hipnotizó más a Félix; siempre había amado su aroma corporal y ahí, estando aprisionado y cálido, era el mejor lugar para poder olerlo.

 

Entonces, lo sentí. El cuerpo de Hyunjin volvió a moverse contra él y esta vez, sintió algo duro picando su espalda baja. Ahora bien, Félix y Hyunjin habían dormido varias veces juntos, acurrucados. No era la primera vez que alguno de los dos, o ambos, despertaban con una erección matutina, y tampoco era la primera vez que había tenido la erección de Hyunjin así de cerca; pero algo se sintió distinto. 

 

Quizás fue el hecho de que tenía frío, que se sentía pequeño en los brazos ajenos o que la respiración cálida de su amigo estaba chocando contra su oído. Sabía que Hyunjin no lo hacía a propósito, pero Félix había pasado tanto tiempo sin sexo y tiempo para sí mismo que algo tan simple podía encenderlo. 

 

O fue el hecho de que Hyunjin bromeó con querer “comerlo”. 

 

Años atrás, durante un grupo borrachera, Félix besó a todos los chicos, pero cuando fue el turno de Hyunjin se perdió en el tiempo. Los labios carnosos parecían querer atraparlo y consumirlo, mientras las manos de Hyunjin apretaban su cintura. El contacto entre labios había sido más embriagante que el alcohol. Y justo en ese momento, mientras sentía el cuerpo caliente de Hyunjin, sentía una necesidad asfixiante de querer besarlo de nuevo, tanto como las veces que fingían estar ebrios para poder besarse.

 

Otro roce en su espalda baja lo regresó a la realidad. Aunque tenía tanto deseo de que Hyunjin cumpliera con la promesa de “comerse a bbokari”, tenía que comportarse. Intentó moverse poco a poco para dar la vuelta y despertar a Hyunjin, aunque los brazos de este no le permitieron hacerlo tan libremente. Tal como lo imaginó, ese movimiento persistente hizo que su amigo abriera los ojos poco a poco. 

 

—Yongbokkie, vuelve a dormir, por favor —se quedó en un susurro, volviendo a cerrar los ojos y buscando la manera de acurrucarse junto al menor. 

 

Félix terminó de dar la vuelta para estar frente a frente y poder despertar a su hyung por completo. El rostro de Hyunjin, relajado y semi dormido, además del ligero puchero que tenía, le devolvieron las ganas de besarlo. Sus ojos rasgados le causaron un deseo irresistible de apretar sus mejillas, mientras sus labios horribles le hacían sentir apetito.

 

—Hyung, despierta. Tengo hambre —dijo Félix con un puchero y la voz más ronca por apenas haber despertado. 

 

—¡Félix!—Hyunjin alargó la última sílaba con tal de convencer al menor a que se quedara dormido y quieto. 

 

Ante tal escena tierna, Félix no tuvo más remedio que rodar los ojos mientras sonreía y rodeaba al mayor por el cuello, para que Hyunjin pudiera medirse en ese espacio entre su mandíbula y pecho. Los muslos de Hyunjin atraparon uno suyo para mantenerse más cerca, acción que delató la necesidad poco atendida del mayor. Félix presionó los ojos y los labios al escuchar el suave gemido que Hyunjin intentó ocultar luego del roce. 

 

—Lo siento, Yongbok. No sabía que estaba tan sensato —se burló Hyunjin intentando guardar su vergüenza a la vez que se alejaba.

 

De nuevo, no era la primera vez que les ocurría, y tampoco sería la última. Ambos eran hombres, ambos sabían que era una reacción natural del cuerpo, pero eso no significaba que no sentirían incomodidad o vergüenza. El rostro de Hyunjin estaba rojo a más no poder y eso conmovió al menor. Le tomó por la barbilla con tacto y delicadeza, solo para que conectaran sus miradas. Los ojos de Félix, enormes como siempre, lo miraban con intensidad, siendo demasiado tiernos ya la vez, guardando un secreto que parecía lujuria. 

 

Hyunjin lo observó con atención: las orejas y una parte de sus mejillas tenían un ligero tono rojizo; sus labios rosados ​​estaban ligeramente separados, como si quisiera decir algo, y su cuerpo empezó a sentirse un poco más caliente. Félix intentó guardarse sus deseos para sí mismo, no decir ni una palabra pero su boca se abrió antes de que su cerebro pudiera detenerse. 

 

—Y ¿sí te ayudo? —Felix preguntó con inocencia, luego, sonriendo con sorna— para eso estamos los amigos ¿No? —después de decir eso, empujó su muslo contra la entrepierna de Hyunjin, solo lo suficiente para provocar un escalofrío.

 

Los labios de Hyunjin se abrieron para soltar un jadeo de necesidad. Cerró los ojos por unos segundos. Al abrirlos solo pudo observar la sonrisa “inocente” de Félix, esperando una respuesta. Hyunjin le respondió sin decir nada, solo buscó la mano del menor y la llevó a su miembro semi erecto. 

 

Para ser honestos, Félix no esperaba que Hyunjin dijera que sí. Habían bromeado tantas veces con ese tipo de situaciones que creyó que podría decir eso y luego reírse si su amigo decía que no. Pero su mano estaba sosteniendo un bulto más grande de lo que recordaba y su respiración se detuvo por unos instantes. 

 

Se mordió el labio antes de empezar a mover su pequeña mano por el largo del pene aún cubierto, provocando más y más la erección, con toda la curiosidad de saber cuánto media si estaba completamente duro. Los dedos pequeños empezaron a rozar más arriba, justo en el resorte del pantalón pijama, antes de volver a bajar hasta sentir los testículos. Unos pequeños jadeos empezaron a brotar de la boca de Hyunjin, ansiosos por más estimulación y con la incertidumbre de qué haría su amigo a continuación.

 

—¿En serio eres tan grande como te sientes? —preguntó el menor en un susurro, con la voz acelerada y entrecortada. 

 

—¿Por qué no lo descubres? —alcanzó a contestar el otro sin poder ocultar su deseo. 

 

Siguiendo la sugerencia de Hyunjin, Félix metió la mano bajo el pantalón. Sintió el vello público corto y la piel erizándose a cada paso de sus dedos. Tomó el pene ajeno entre sus dedos, solo la cabeza, imaginando como sería el resto. Soltó un gemido de satisfacción sin saber por qué; Las manos de Hyunjin estaban paralizadas en su cintura y ninguno de los dos supo en qué momento ocurrió, pero no se movieron de ahí. 

 

Bajó todavía más los dedos para encontrar la base del falo y envolvió la mano. Sintió que iba a tener un orgasmo de solo sentir el ancho y de mirar el rostro inundado de placer de Hyunjin. Sin soltarlo, empezó a mover la muñeca de arriba hacia abajo, capturando todo el detalle que podía con los dedos: la textura de la piel, la temperatura y las venas que empezaban a hincharse.

 

—Mierda, sí que eres grande —murmuró con lujuria contenida. Sin más, su otra mano tomó el recurso de los pantalones de Hyunjin y los bajó poco a poco. 

 

Pateó la frazada que aún cubría sus cuerpos, porque al fin y al cabo, sentían de todo menos frío. Le sorprendió ver qué su mano era un poco más de un tercio del pene de Hyunjin y volvió a moverse, amando la humedad que comenzó a salir de la punta del miembro. 

 

—¿Cómo te gusta que lo hagan? —Félix volvió a hablar en un susurro. 

 

—No me importa como sea mientras tú lo hagas— confesó Hyunjin en la bruma del deseo y la confusión. 

 

—Que cursi eres —se burló Félix. No es que le parecieran ridículas las palabras bonitas, era la única manera de sentir que solo se estaban llevando por la lujuria y no por el deseo y amor que se tenían desde años atrás. 

 

Cómo defensa, Félix empezó a besar la mandíbula de Hyunjin mientras seguía moviendo la mano. De vez en vez, dejaba que su pulgar acariciara la punta para extender el lubricante natural. Cada que dejaba un beso húmedo por la piel de su amigo también soltaba un gemido de satisfacción, disfrutando de la piel salada y de aquel aroma que lo volvía loco. Gimió todavía más fuerte cuando las manos de Hyunjin le apretaron la cintura, clavando sus dedos en la carne suave. 

 

—Deja de gemir —Hyunjin intentó amenazar a su amigo. Si lo seguía escuchando podría llegar al orgasmo rápido, y aunque fuera el propósito, quería disfrutar lo más que pudiera. 

 

—¿O si no qué? ¿Qué me va a ser mi hyung? —contestó el otro con voz ronca y entre susurros, sin perder la burla lujuriosa. 

 

La mano derecha de Hyunjin viajó hasta el cuello de Félix, subiendo hasta su mejilla, tomándolo con tanta delicadeza y devoción que Félix creyó que iba a llorar de ternura. A pesar del deseo inconfundible en los ojos de Hyunjin, había un cariño tan grande y explícito que casi detenía la estimulación.

 

—Te voy a hacer llorar. En serio Félix, por favor no me provoques, no quiero perder el control —le suplicó entre suspiros, a la vez que su tacto se dirigió hacia atrás. 

 

El toque de Hyunjin había sido tan suave que Félix se sorprendió cuando lo tomó por la nuca con bastante firmeza. Hyunjin lo alejó para empezar a besarlo por la mandíbula, repitiendo el mismo camino que Félix había seguido; con una diferencia: Hyunjin empezó a morder y chupar entre los besos húmedos. Los dedos largos en la nuca se deslizaron entre el nacimiento del cabello rosa y sin que Félix lo esperara, sintió un tirón fuerte. 

 

—¿Dónde quedó el Hyunjin cursi? —preguntó Félix después de gemir. Aceleró la velocidad en su mano, mientras la otra recorría el cuerpo ajeno desde el pecho, sintiendo los pectorales marcados, los abdominales escondidos bajo la pijama y entonces metió la mano bajo la camiseta. 

 

—Oh, cariño, puedo darte más que amor —le contestó Hyunjin sin dejar de repartir besos por el cuello ajeno. 

 

La mano que Félix utilizó para memorizar la textura de la piel de Hyunjin, llegó hasta donde la otra mano se encontró. Entonces, también la puso ahí. Bajó la vista como pudo, entre cerrando los ojos para concentrarse en lo que estaba haciendo y no en los regordetes labios que le marcaban la piel; Ahí abajo, había dos manos intentando cubrir todo el largo del miembro de Hyunjin. 

 

—Jinnie, eres tan grande —gimió al final de las palabras— mis manos no son suficientes para cubrir todo —agregó moviendo con más rapidez. 

 

—Eres tan pequeño —le contestó entre besos. 

 

—¿Te gusta eso? Saber que soy más pequeño y manipulable, que podrías tomarme dónde quiera y como quieras, me puedes doblar y mover a tu gusto porque eres más fuerte y alto —cada palabra que Félix dejó salir, fue una provocación para ambos. 

 

Félix ni siquiera se había fijado en su erección desatendida hasta que Hyunjin le prestó uno de sus muslos para que se frotara con él. 

 

—Me encanta. Adoro saber que no solo te puedo tomar, sino que tú me dejarías, que te puedo cargar y llevar sin que te quejes —murmuró apretando su agarre en el cabello rosa— y me encanta saber que te vuelve loco justo eso: que soy más grande y fuerte que tú. 

 

La boca de Félix se secó, pero su cuerpo se calentó aún más, si eso era posible.

 

—Rompeme, haz lo que quieras conmigo, Hyunjin, por favor —pidió, completamente consciente de lo que significaba.

 

—No digas eso si no lo vas a cumplir —dijo Hyunjin como una amenaza, pero la verdad, era solo el miedo de que fuera real. 

 

—Oh Jinnie, no sabes cuánto esperaba a que me voltees a ver de esta forma —confesó, cansado de ocultarlo por tantos años. 

 

Entonces, los labios en su cuello se alejaron. Por unos segundos, Félix tuvo miedo de haber sido rechazado, de haber arruinado el momento. Pero todos sus temores se hicieron polvo cuando su amigo aflojó su agarre para mirarlo frente a frente. 

 

—Estoy por llegar —avisó el otro con la voz hecha un suspiro, casi pidiendo permiso. 

 

Y por primera vez estando sobrio, Félix se atrevió a chocar con los labios de Hyunjin. El beso intentó ser suave y superficial, pero las ansias y el deseo ocultos por años les hicieron profundizar el contacto de labios hasta que las lenguas se encontraron, perdiendo el poco oxígeno que podía entrar al sistema de ambos. Esa fue la gota que derramó el vaso del orgasmo de Hyunjin; la sensación de cosquilleo y calor en su estómago y vientre bajo llegó a su límite. Sus gemidos fueron atrapados por el beso que compartió con Félix. 

 

Pero su cuerpo reaccionó solo: sus caderas seguían moviéndose buscando más fricción, un escalofrío le recorrió la espalda de manera deliciosa y su respiración parecía ser inexistente. Una vez que bajó del éxtasis, aflojó el agarre en el cabello ajeno y se alejó de aquellos labios tan suaves. A pesar del letargo, pudo ver a Félix llevar su mano llena del semen de Hyunjin a su boca, para chupar cada dedo hasta que la última gota de aquel fluido hubiera desaparecido. 

 

—Hasta sabes bien, carajo —se quejó el australiano— ¿Puedes dejar de ser tan perfecto? Ya tengo suficiente con que tengas un aroma tan delicioso.

 

Hyunjin gritando con pereza y afirmó el agarre en Félix solo para darle un beso tierno en los labios. 

 

—Tú no te has venido —le recordó con la voz ronca, seguramente por los gemidos que soltó. 

 

—Y tú te estás poniendo duro de nuevo ¿acaso tú problema todavía no acaba? —se burló Félix, bajando la mano más seca hasta el miembro semi duro. 

 

Nadie podía culpar a Hyunjin por excitarse de nuevo al mirar a Félix lamiendo su semen como si fuera una golosina. Aún así, tuvo un salto pequeño involuntario cuando la mano más chica le volvió a acariciar el miembro superficialmente. 

 

—¿Qué voy a hacer contigo, Hyunjin? —preguntó Félix con un tono juguetón. 

 

—Haz lo que quieras —ofreció, volviendo a tomar la cintura de Félix entre sus manos y mordiendo su labio inferior. 

 

—¿Te gusta mi cintura? —tuvo curiosidad de repente. Aunque era obvio. Hyunjin siempre tomaba cualquier oportunidad para rodearlo con un brazo, con una mano o simplemente mirarlo con hambre

 

Entonces Félix aprovechaba para usar cualquier prenda corta, como crop tops o camisetas ajustadas, y regularmente se estiraba frente a Hyunjin, solo para obtener esa mirada llena de hambruna y luego irse, finciendo que solo lo hacía de manera inocente.

 

Hyunjin no contestó verbalmente, solo volvió a apretar la cintura ajena y poco a poco hizo que Félix quedara acostado boca arriba en la cama, bajo él. Hyunjin creyó que podía morir al ver lo pequeño y vulnerable que veía a Félix. Le dejó un último beso en los labios, uno profundo y lento, antes de deslizarse por el cuello, admirando los pequeños moretones que le dejaron minutos atrás. Volvió a besarlo, aguantando las ganas de volver a morir. Mientras tanto, deslizó sus manos por debajo del pijama de Félix, acariciando sin reserva los músculos marcados del abdomen, disfrutando de los jadeos y casi gemidos que el otro soltaba.

 

Levantó lo suficiente de la tela para empezar a besar el estómago de Félix, chupando con lentitud, dejando un rastro de saliva y besos húmedos por todo el lugar, incluidos los costados de la cintura. A pesar de que se sentía como la gloria, Félix tenía otro plan muy distinto al de Hyunjin. Por eso, cuando la lengua de su amigo llegó a la parte alta de la pelvis y lamió por encima de la pretina de la pijama, lo detuvo. Aunque no iba a negar que la sensación de tener la lengua ajena justo donde se asomaba el inicio de su vello público le había provocado una ola de placer intenso. 

 

Tomando con suavidad algunos mechones del cabello semi corto de Hyunjin, lo jaló para volver a besarle los labios. De la misma forma que Hyunjin les hizo cambiar de posición, Félix lo hizo girar hasta que estuvo a horcajadas de Hyunjin. Siguió besándolo con hambre, dejando a ambos sin aliento, hasta que recordó que tenía otra intención. 

 

—Déjame hacerte sentir bien —pidió Hyunjin una vez que sus labios estuvieron libres. El anhelo en los ojos de Hyunjin hizo que él corazón de Félix saltara, pero no podía distraerse con sus sentimientos justo en ese momento.

 

—Eres tan lindo que haces calentarme más, Dios mío —se quejó Félix antes de continuar—, pero dijiste que hiciera lo que quisiera contigo, eso haré; luego será tu turno, guapo —concluyó con un beso en los labios de Hyunjin. 

 

Luego bajó al cuello para dejarle un lindo chupetón y seguir besando todo su torso hasta llegar a la entrepierna. Sus manos bajaron el pijama de Hyunjin, esa molesta parte que seguía ajustada en la cadera, dejando que el miembro erecto se liberara por completo. A Félix se le hizo agua la boca, lo había sentido y tocado, pero verlo de frente y tan cerca era muy diferente. Por mero deseo, tomó el pene con una mano y se dio pequeños golpes en el rostro con él. Hyunjin soltó un gemido al ver tal escena. Comenzaba a sorprenderse de que alguien con los ojos más tiernos que había conocido pudiera tener deseos y actos tan sucios como esos. Luego se volvió a sorprender, cuando Félix deslizó el pene ajeno por todo su rostro, como si quisiera dejar el rastro de líquido preseminal en cada centímetro de piel. Lo peor fue lo suave que se sintió la piel ajena. 

 

Nunca creyó que podría excitarse tan rápido, hasta que su amigo estuvo ahí, jugando con su miembro. Félix no le dio el tiempo suficiente para acostumbrarse a tal acto, después de unos segundos le dio un beso húmedo en la punta, lo que provocó que las caderas se levantaran de manera involuntaria y golpeara un poco sus labios. 

 

—Lo siento —dijo Hyunjin con verdadero arrepentimiento. 

 

El otro simplemente se rio con un poco de dulzura. Retomó sus movimientos, deslizando sus labios por todo el largo hasta llegar a la pelvis. De ahí, abrió la boca para sacar la lengua y lamió todo hacia arriba, dejando que un poco de su saliva cayera en el miembro ajeno. Hyunjin presionó entre sus manos las sábanas arrugadas en un intento de reprimir su deseo de meterle el pene a Félix hasta la garganta. No se lo estaba dejando fácil.

 

Una de las pequeñas manos de Félix tomó la base del miembro para después empezar a chupar la punta con intensidad. Apretó los labios y mejillas mientras su mano se movía con lentitud y sus labios subían y bajaban solo en la punta. 

Hyunjin mentiría si dijera que jamás imaginó esos labios en forma de corazón alrededor de él, tomándolo como si fuera algo indispensable para vivir; Justo en ese momento se estaban volviendo a la realidad todos sus sueños guajiros. 

 

Lo único que pudo hacer fue levantar su torso para admirar la posición de Félix. De manera inconsciente (o eso quería creer a Hyunjin) Félix se inclinó dejando una curvatura en la espalda que parecía la gloria; sus glúteos se veían tan redondos y grandes que se le estaba haciendo irresistible el quitar la boca de Félix y aventarlo contra su cama para darle nalgadas hasta pintar un lindo tono rojizo en la piel.

 

—¿Te gusta la vista? —preguntó Félix moviendo sus caderas de un lado para otro, antes de regresar a la felación, sin apartar la vista de la mirada de Hyunjin. 

 

—Félix, estás haciendo imposible que no quiera follarte —se quejó Hyunjin como si intentara reprimirse. 

 

—¿Quién dice que no quiero eso, eh? Quiero sentirte en todas partes, Jinnie, quiero ser tuyo y solo de ti —dicho eso, relajó su mandíbula y deslizó el miembro hasta su garganta. 

 

Félix estaba alucinado con la sensación en su lengua: el peso del pene, el sabor y el largo, su garganta comenzando a relajarse para recibir todo el largo y sus mejillas que empezaban a estar doloridas, todo era como un sueño húmedo, de esos que tenía desde que conoció a Hyunjin.

 

Una mano de Hyunjin fue a parar a su cabello rosa para apretarlo y jalarlo un poco. Lo peor (mejor) de todo, se dio cuenta de que Félix no tenía reflejo nauseoso, solo una ligera contracción al sentir que se estaba ahogando. Jaló el cabello de Félix para salvarlo de ahogarse, aunque era lo que el otro quería. Sus ojos redondos y grandes derramaron un par de lágrimas, pero no dejó de mirarlo con atención. 

 

—Eres bellísimo —gimió Hyunjin al ver las lágrimas que escurrieron por sus mejillas pecosas.

 

—Dilo cuando no me quieras ahogar con tu pene —intentó quejarse el otro, sintiéndose cohibido al sentir la mirada tan intensa sobre su rostro. No solo había lujuria contenida, sino que parte de esa mirada tenía tanto cariño que parecía embriagarlo. 

 

Antes de que Hyunjin pudiera replicar, volvió a deslizar su boca hasta sentir que se ahogaba y luego regresó, repitiendo el mismo vaivén que lo dejaba cada vez más lloroso. Comenzó a amar todavía más el sabor de los fluidos de Hyunjin, sobre todo cuando su saliva y el líquido comenzó a mojar la pelvis de Hyunjin. Gimió mientras seguía moviendo su cabeza, disfrutando de que las caderas ajenas empezaron a empujarse con delicadeza hacia arriba. 

 

—Puedes moverte, no me vas a lastimar —aseguró Félix antes de dejar salir un poco de saliva para humedecer más el falo. Le gustaba el sonido húmedo que hacía al subir y bajar, así que quería escuchar más humedad. 

 

Luego, una idea más loca le pasó por la cabeza:

 

— Escupeme —indicó Félix antes de abrir la boca. 

 

Y por alguna razón, el cerebro de Hyunjin le dijo que era una excelente idea. Tomó la barbilla de Félix y lo acercó hasta una distancia razonable para escupirle. Félix gimió con la intención de provocar al otro una vez que sintió el líquido en su lengua. Enseguida volvió a seguir chupando y ahogándose con aquel pene. Hyunjin ya no pudo seguir resistiendo la tentación, así que tomó con suavidad un par de mechones rosas y empezó a embestir la garganta ajena con intensidad. 

 

Las lágrimas de Félix mancharon su rostro, llenando de humedad las bonitas pecas esparcidas por toda la zona. Hyunjin estaba seguro de que estaba enamorado, pero ver a Félix así de destrozado y con los labios en forma de corazón alrededor de su polla, le hizo enamorarse más. 

 

Ese fue el pensamiento que le hizo empujar sus caderas con más rapidez, ansioso por la liberación de su orgasmo. Félix pareció darse cuenta, ya que se alejó un poco solo para poder hablar. 

 

—¿Puedes venirte en mi cara? —pidió Félix con un tono ansioso y necesitado, como si todo lo que quisiera para sentir placer era recibir la descarga de Hyunjin en su rostro. 

 

Hyunjin no le respondió. Solo lo miró con los ojos oscuros por la lujuria y se soltó. Se dejó llevar por la manita que estimuló su pene hasta que su semen empezó a fluir. Félix abrió la boca a la vez que dirigía el chorro hacia donde quería. Unas cuantas líneas mancharon la piel del rostro mientras el resto fue a parar a su boca. Apretó sus labios alrededor de la punta para recibir lo más que pudiera en su lengua. Las piernas de Hyunjin perdieron la tensión poco a poco y el chico soltó un suspiro luego de tantos gemidos que emitió. Mordiéndose el labio, abrió los ojos para encontrar a Félix mirando desde abajo, con la boca abierta, mostrando lo que estaba a punto de tragar. Gimió mientras terminaba el trago viscoso y de cierta manera, delicioso. 

 

Antes de que Félix dijera una sola palabra, Hyunjin lo jaló hacia arriba. Lo subió a su regazo y empezó a besarlo con desesperación. Sabía que después de ese día cualquier encuentro sexual había sido arruinado gracias a Félix, porque solo pensaría en él y en su linda carita llena de semen; en sus labios perfectos para besar y morder (justo como lo estaba haciendo en ese momento), además de su voz ronca que surgía en cada gemido. 

 

Las manos de Hyunjin empezaron a tocar por un lado y otro, grabando en su mente cada detalle y cada curva que el maravilloso cuerpo de Félix poseía. En su lugar, Félix dejó que aquel par de manos tocaron cuánto quisieran. Luego de tantos años de haber esperado por ese momento, al fin estaba ocurriendo. Cuando las sintió en sus glúteos, por fin soltó un gemido profundo. Muchas veces había recibido nalgadas por parte de Hyunjin, pero nunca lo había tocado de manera tan segura y ansiosa. Sus nalgas fueron apretadas y amasadas con fuerza. 

 

—Quiero más —pidió Félix entre besos con una voz más aguda. 

 

Hyunjin no perdió el tiempo. Metió las manos debajo del pantalón pijama de Félix para poder tocar la piel directamente. Hyunjin rasguñó débilmente los glúteos, ansioso por morder, marcar y azotar hasta dejar una marca de la que Félix no pudiera olvidarse por unos días. Regresó sus manos hacia la espalda hasta que encontró el dobladillo de la camiseta de Félix y la subió poco a poco hasta deshacerse de ella. 

 

Las puntas de sus dedos acariciaron la piel tersa de la espalda, causando un escalofrío intenso por todo el cuerpo de Félix. Hyunjin volteó sus posiciones de nuevo para poder besar a su hombre por dónde pudiera. Se tomó el tiempo de volver a dejar otra marca en la clavícula, bajó a los pezones y se quedó ahí: primero dio besos tiernos por la aréola, luego dio un beso fugaz en el pezón y después empezó a succionar como si de verdad fuera a obtener alimento líquido. 

 

Los gemidos de Félix empezaron a ser más agudos y su respiración se aceleró todavía más. 

 

—No sabes lo mucho que me gustas Félix, no tienes una puta idea del sueño que es tenerte gimiendo por mí —confesó Hyunjin, ebrio de lujuria. 

 

Ni siquiera creía en las religiones judio cristianas, pero estaba bien con la idea de ir al infierno si era el precio por probar a Félix, aunque fuera una sola vez en toda su vida. Y en ese momento se sentía tan bien que sería el pecador más feliz del infierno.

 

Su boca se deslizó al otro pezón para darle el mismo trato. En ese momento las manos de Félix lo tomaron por la espalda, deslizando sus dedos hasta donde pudo y empezó a jalar su pijama para quitársela. No era justo, Félix tenía el torso desnudo y Hyunjin no quería mostrar su piel. Solo se separaron por unos segundos, pero Félix no perdió la oportunidad de mirar los abdominales marcados y la piel deliciosa del otro. De manera inconsciente abrió las piernas una vez que Hyunjin tiró su pijama. 

 

Aunque Hyunjin quería burlarse, la disposición de su amigo le hizo temblar. Su respiración volvió a acelerarse y tuvo que contenerse de romper el pantalón de Félix para darle lo que quería. Regresó a besar la piel más bronceada y empezó a bajar hasta llegar otra vez al abdomen ajeno. Con delicadeza y la poca calma que podía tener, quitó las pocas prendas que ocultaban a Félix. Tragó grueso al observar la perfección de la piel ajena. Todas las marcas, las cicatrices y las pecas formaron el conjunto perfecto de lo que eran los muslos ajenos.

 

No pudo evitar dirigir a sus labios al vientre, unos centímetros antes de tocar el pene ajeno. Dejó besos húmedos con la única intención de enloquecer un poco más a Félix. 

 

—Ya tómame Hyunjin, por favor —suplicó con voz temblorosa. 

 

Como respuesta recibió un chupetón en la ingle, demasiado cerca y a la vez tan alejado del lugar que quería. La lengua de Hyunjin salió solo para lamer un par de veces el falo ya erecto. Los gemidos agudos de Félix le invitaron a seguir con la estimulación y no tardó en engullir todo el miembro. Las manos de Félix se enredaron entre su cabello, jalando algunos mechones cada que la lengua de Hyunjin se movía. Este último, sin poder resistirse, estiró una de sus manos hasta encontrar la boca ajena. Félix recibió su dedo índice y dedo medio con gusto. Empezó a chuparlos a la vez que soltaba gemidos por la estimulación en su miembro, perdido en la sensación de la boca húmeda rodearlo con delicadeza y firmeza, con esos labios perfectos succionando cada parte de su existencia.

 

Cuando Hyunjin decidió que había suficiente humedad, abandonó la boca bonita y dirigió sus dedos al ano de Félix. Primero estimuló con un pulgar, haciendo circunferencias para ir preparando el estiramiento. Cuando sintió que era el momento adecuado, metió un dedo con lentitud, buscando que Félix se acostumbrara a la sensación. El gemido que se escapó de la garganta de Félix le invitó a ingresar otro dedo más, aunque fue apresurado. El pobre jadeó de dolor, pero antes de que Hyunjin retrocediera, la mano más pequeña le tomó por la muñeca para empujarlo más adentro. 

 

La mente de Hyunjin se nubló un poco más, así que comenzó a embestir con los dedos, presionando de vez en cuando cierto punto sensible, lo que causó un efecto esperado, pero que sucedió demasiado rápido.

 

—¡Hyunjin! —gritó Félix a la vez que descargó todo su orgasmo en la boca del antes mencionado. Ninguno de los dos se preparó para el pico de excitación que Félix alcanzó de un momento a otro. 

 

La boca de Hyunjin hacía magia, y sus dedos también, pero si él preguntaba, sería por toda la estimulación previa. Parecía virgen viniéndose solo por unos minutos de sexo oral, además de unas cuantas embestidas con aquellos dedos largos. (Aunque, para Félix, era suficiente imaginar aquellos dedos dentro de él para tener un orgasmo en solitario). 

 

—Vaya, eso fue rápido —se burló Hyunjin después de tragar el líquido viscoso. 

 

—No te atrevas —la queja de Félix se vio interrumpida por el beso hambriento de Hyunjin. 

 

Las manos grandes buscaron su cintura para apretarla. Otro gemido se le escapó de los labios. Hyunjin no mintió al decir que Félix amaba ser más pequeño que él; saber que las manos ajenas podían abarcar casi toda su cintura le hizo abrir más las piernas. El hambre que sentía Hyunjin apenas y había sido satisfecha, así que sus labios volvieron a bajar por sus muslos, llegando con lentitud a las rodillas y luego a las pantorrillas. Al llegar a los tobillos sintió ternura al ver los pies pequeños de Félix, y aunque quería burlarse, solo pudo sentir adoración al ver el cuerpo perfecto del otro. Regresó por el mismo camino que había besado. 

 

—¿Puedo ver tu espalda? —preguntó Hyunjin entre besos. 

 

—Sabes que sí —contestó con un tono provocador— y deja de ser tan dulce; eso solo hace excitarme más —pidió en broma. 

 

En realidad, ver a Hyunjin besarlo de esa manera le hizo sentir pequeño, amado y cuidado. Aunque no quería abrir su corazón solo por este encuentro, sabía que Hyunjin era un romántico empedernido y no haría algo así por alguien casual. Su mente dejó de pensar en cuanto Hyunjin empezó a mover su cuerpo de nuevo, como si fuera un muñeco. 

 

—¿Todavía puedo comerme a Bbokari? —soltó mientras lo dejaba boca abajo. 

 

—¿No es lo que estás haciendo ya? —dijo entre risas. 

 

Pero no tuvo respuestas. Hyunjin había olvidado como hablar cuando pudo admirar la parte trasera de Félix. Su espalda era ancha, lo suficiente para hacer ver más delgada su cintura que ya era angosta. La piel ligeramente bronceada también tenía pecas y la curva de su espalda hacia su trasero era gloriosa. Sus glúteos eran redondos y grandes, sus muslos eran todavía más deliciosos desde atrás. Las marcas que le había dejado con las uñas todavía podían verse.

 

No se dio cuenta de que sus manos se movieron sin autorización de su ser racional, porque solo reaccionó cuando escuchó el gemido alto que provocó su nalgada. 

 

—Más —pidió Félix con la voz quebrada. 

 

Hyunjin entendió en ese momento que su único propósito en la vida era hacer lo que Félix quisiera. Porque enseguida le dio otro azote, provocando un gemido más agudo. La piel sonrojada solo le hizo volver a golpear, alternando entre cada mejilla para proporcionar el dolor justo y necesario. Félix estaba gimiendo, más feliz de lo que alguno de los dos pudo haberse imaginado. Lo mejor de todo era que las manos grandes de Hyunjin dejarían una marca que llenaría casi todo el perímetro de las nalgas. Se detuvo entre una sesión de nalgadas para apretar los glúteos con sus manos y gruñó al ver que sus manos sí cubrían cada glúteo. 

 

Entonces regresó: dio un azote con la mano derecha, luego con la izquierda y a veces solo usaba una para golpear ambas mejillas. A pesar del dolor, Félix siguió empujando sus caderas hacia atrás, demostrando que sí: le encantaba ser azotado.

 

Cuando sus manos ardieron, supo que era suficiente del rico sonido combinado de los gemidos y la piel chocando. Amasó de nuevo la carne, casi como si quisiera detener el dolor que había provocado, porque carajo, la piel estaba más que roja. Sus labios fueron los siguientes. Empezó a besar las nalgas con delicadeza, hasta que algo se quebró dentro de él. Su instinto más animal le pidió que marcara todavía más a aquel chico que adoraba. Entonces lo mordió con firmeza. 

 

—¡Hyunjin, mierda! —la mordida hizo que las palabrotas y una voz más aguda brotaran de la garganta de Félix— ¿Por qué carajos me está gustando esto? —se quejó al darse cuenta de que su erección estaba más dura que momentos antes. 

 

—Tu cuerpo sabe que eres mío —contestó Hyunjin antes de hacerle un chupetón. Su lado racional lo había abandonado. 

 

—Siempre he sido tuyo —respondió Félix sin querer guardarse nada— cada día, desde que te vi por primera vez, supe que era tuyo, Hyunjin. Ahora toma lo que te pertenece, por favor — agregó volteando hacia atrás, justo donde el rostro de Hyunjin se encontraba. 

 

Peligrosamente cerca de él. 

 

Además de la mirada con un hambre clara, el labio inferior de Hyunjin estaba atrapado entre sus dientes, el gesto que siempre hacía cuando estaba conteniendo sus emociones. Y entonces la realización lo golpeó como una ola australiana: Hyunjin siempre gesticuló de esa manera cuando estaban juntos. No pudo seguir pensando en eso, porque la boca de Hyunjin bajó hasta sus testículos para besarlo. 

 

Como si el gemido de sorpresa lo hubiera alentado, Hyunjin empezó a subir por el perineo y aunque era obvio el lugar a donde iba, Félix no pudo evitar saltar en su lugar cuando sintió que la lengua ajena lamía su esfínter. Hyunjin no estaba dispuesto a soltar al otro, así que una de sus manos sostuvo la cadera de Félix con fuerza mientras la otra abría las nalgas. 

 

Abrió la boca lo suficiente para dejar caer un poco de saliva y lubricar el agujero. Sabía que ya estaba un poco flojo, pero quería comérselo como era debido. Empezó con unas cuantas lamidas, regocijando a su alma en placer cada que sentía los espasmos de Félix. Tenía un buen sabor a su gusto, así que volvió a pasar su lengua una y otra vez, hasta que Félix dejó de intentar moverse. 

 

—Hyunjin, no tienes porqué hacer esto —se quejó, aunque sus gemidos decían otra cosa. La verdad, era la primera vez que le hacían ese tipo de sexo oral y aunque le encantaba la sensación, también tenía vergüenza. 

 

—¿Te incómoda? Si es así, puedo parar —ofreció Hyunjin, alejándose lo suficiente para poder hablar. 

 

Y ahí estaba de nuevo: Hwang Hyunjin, su amigo desde hace una década; el chico noble, dulce y romántico empedernido que tenía un corazón de oro y una mirada tan amable. Su compañero de banda, su amor imposible, el recuerdo de que su orientación sexual no se quedó congelada una vez que salió de Australia. Y quiso llorar. Porque ¡carajo! Claro que había disfrutado de todo ese contacto físico sexual pero su enamoramiento iba más allá de eso. 

 

—No, no me molesta —admitió con la voz rota— Me gusta mucho.

 

—Entonces déjame tomar lo que es mío —concluyó Hyunjin, volviendo a su actitud consumida por la lujuria. 

 

Dicho eso, empezó a comérselo de verdad. Le dejó de importar la saliva que empezaba a escurrirse por sus labios y manchaba los muslos y sus sábanas, el ruido que estaba haciendo, además de los movimientos de Félix en un intento inconsciente de alejarse. Cuando su lengua empezó a penetrar con la punta, las manos ajenas empezaron a empujarlo para sentirlo más cerca. Hyunjin casi se ríe, pero estaba tan absorto que ya no le importó burlarse. 

 

Entre más profundo entraba, el deseo de meter su miembro estaba creciendo. Siempre había pensado en Félix como su ángel, como un ser divino y etéreo, y aunque seguía teniéndolo en ese pedestal celestial, ahora se podía permitir pensarlo siendo un desastre de lujuria. La culpa de haberse masturbado pensando en él se fue disipando poco a poco, aún más cuando el esfínter de Félix comenzó a relajarse mucho más, como si todo lo que necesitaba fuera la lengua de Hyunjin. 

 

Las caderas de Félix comenzaron a frotarse con el colchón. Entendiendo el mensaje, Hyunjin lo puso a cuatro patas sin dejar de chupar y empezó a masajear el pene ajeno con cautela pero con firmeza, tratando de evitar la sobreestimulación. Todavía no lo quería hacer temblar, quería darle lo mejor para el final. Fue entonces cuando sintió que el ano se contrajo en su lengua, a la vez que el miembro comenzó a estar más húmedo y aunque quería alargar ese orgasmo, lo único que más quería era escuchar la voz de Félix al venirse. 

 

El líquido blanquecino salió disparado hacia las sábanas, mientras Félix luchaba para que sus rodillas no cedieran y cayera. Gimió el nombre de Hyunjin incontables veces hasta que se sintió sin voz. 

 

Hyunjin tuvo piedad de él y lo dejó tumbarse de nuevo, acariciando sus muslos, besando la piel pecosa y subiendo por su espalda, dejando unos cuantos chupetones pequeños. Una vez que llegó al cuello de Félix, se acomodó de tal manera que los glúteos de Félix rodearon su miembro, apretando sin todavía estar adentro. Se deslizó lento, disfrutando del roce y la piel tibia. 

 

—Te sientes tan bien, Félix —susurró en el oído ajeno, chupando el lóbulo. 

 

—Quiero sentirte, dentro —pidió Félix con la voz rota.

 

—¿Sí? ¿Ya puedo entrar? —preguntó sin dejar de moverse. 

 

—Mmh, por favor —soltó su súplica. Parecía que todavía no era consciente del poder que tenía sobre Hyunjin.

 

Este último no contestó. No era necesario. Se puso a horcajadas sobre Félix para poder ver cómo su pene dividía los glúteos ajenos y aunque podría venirse de esa forma, no quería hacerlo. Quería sentir a Félix por dentro, saborearlo más. Así que se masturba un poco antes de empujar la punta de su miembro en el esfínter ajeno. Cuando estaba entrando, notó que las manos de Félix apretaron la sábana bajo él y no quiso eso. Quería que las uñas cortas marcarán su espalda. 

 

Así que retrocedió. Ante la pérdida de la intrusión, Félix se quedó. Lo volteó tan fácil que su autocontrol estaba por desaparecer.

 

—Calma bonito, solo quiero ver tu cara mientras te la meto —le dijo besando su cuello y mandíbula en un intento de consolarlo. 

 

Tomó las manos ajenas y las puso alrededor de su cuello antes de volver a iniciar. Rodeó su cintura con las piernas de Félix, demasiado emocionado y ansioso por su bien. Comenzó a introducirse, concentrado en el rostro frente a él y en no perder el ritmo suave. La presión en su miembro era tan buena, tan rica, que estuvo a punto de cerrar los ojos pero el gesto de Félix le hizo aguantar: su ceño se frunció, su labio inferior fue atrapado entre los dientes y su mirada se oscureció todavía más y aún así nunca dejó de mirar a Hyunjin. Solo metió la mitad de su pene porque si seguía no podría retener su orgasmo por más tiempo. Además, las uñas enterradas en su espalda no ayudaban mucho.

 

Él también parecía un adolescente perdiendo su virginidad. 

 

—Metela toda —exigió Félix sin aliento e intentó empujar su cuerpo hacia abajo, pero las manos de Hyunjin lo tomaron por la cintura para detenerlo. 

 

—No, espera, te voy a lastimar —le explicó, intentando no delatarse en el proceso. 

 

—No importa, quiero sentirte bien. Quiero sentirme tan lleno. Por favor, Hyunjin —antes de que siguiera con sus súplicas, Hyunjin le tapó la boca con la mano. 

 

Ante la mirada de sorpresa de Félix, tuvo que admitir la verdad.

 

—Cállate, no sabes lo bien que te sientes. Si sigo así me voy a venir, ya a pesar de que te quiero llenar, no quiero que sea tan pronto —le explicó apresurado. 

 

Las mejillas ya rojas de Félix se encendieron aún más y sus ojos rodaron hacia atrás, como si eso le hubiera excitado más que todo lo que Hyunjin le había hecho. Sus labios besaron la palma que cubría su boca, una y otra vez hasta que Hyunjin la retiró de encima. Lo jaló hacia abajo con suavidad para atrapar los labios ajenos en un beso muy dulce mientras él mismo se deslizaba con lentitud en el miembro de Hyunjin. 

 

Entre besos apresurados y jadeos atrapados, Hyunjin logró meterse por completo. Sus manos temblaban de anticipación combinada con adrenalina. Quería embestir el cuerpo de Félix pero sabía que lo podía lastimar, así que tuvo que contenerse una vez más. 

 

—Estás tan calientito aquí adentro—murmuró a milímetros de sus labios —apretado y caliente, que rico —agregó con un tono de voz que Félix jamás había escuchado. Parecía derretirse entre ternura, deseo y lujuria. 

 

Sus manos seguían sujetando su cintura casi como si temiera que fuera a irse. Los gemidos de Félix, sin embargo, contaban una historia distinta. Su esfínter dolía, pero solo lo necesario para sentir placer. Sus uñas seguían enterradas en la espalda musculosa de Hyunjin en un intento de reprimir su dolor. 

 

—¿Por qué eres tan grande? —Lo que pretendía ser una queja, salió en un suspiro. 

 

—¿No puedes con ello? Creí que me querías dentro de ti. Si no puedes, salgo —a pesar de que estaba perdiendo el autocontrol, no perdió la oportunidad de burlarse de Félix. 

 

—No, quédate —dicho esto, las piernas de Félix se apretaron alrededor de su cintura, empujando más adentro si eso era posible— muévete —pidió con un puchero ligero. 

 

Y de nuevo, Hyunjin supo que su único propósito en la vida era complacer a Félix; unas cuantas respiraciones después empezó a mover sus caderas. Primero empezó lento, saliendo con cuidado y entrando lento pero firme. El cuerpo de Félix se fue soltando poco a poco, acostumbrándose a la sensación de su miembro. Su labio inferior volvió a quedar atrapado entre sus dientes, conteniendo sus gemidos lo mejor que podía. No podía soportar ver sufrir a Félix, así que una de sus manos se encargó de acariciar su rostro y hacer que soltará su labio. 

 

—Quiero escucharte, Yongbok —le dijo antes de dejarle un beso tierno, como si quisiera quitarle la mordida marcada a besos. 

 

A diferencia del beso, sus embestidas empezaron a ser más duras cada vez. Seguía siendo lento, pero sus caderas estaban buscando el punto dulce que tenía Félix. 

 

—Sí, así —apenas logró murmurar, pegando su frente con la de Hyunjin. El pulgar de Hyunjin seguía sobre su labio inferior, así que se atrevió a atraparlo para chupar.

 

A pesar de que ya le había hecho una felación a Hyunjin, pudo ver cómo el rostro ajeno se contrajo levemente al succionar con los labios apretados. Hyunjin empujó un poco su dedo, lo suficiente para llegar casi al fondo, lo que provocó que Félix pusiera los ojos en blanco de nuevo. Le encantaba tener algo en la boca y estaba fascinado al saber que ese “algo” le pertenecía a Hyunjin. Aunque a Hyunjin le encanta sentir esos labios en su cuerpo, tuvo que sacar su dedo para poder hacer uso de su mano alrededor de la cintura ajena.

 

El cuerpo del mayor estaba llenándose de sudor, algo que Félix amaba. Tal vez para algunas personas podría ser asqueroso o quizá extraño, pero para Félix, el sudor de Hyunjin era un punto débil. Quería lamer cada parte que estuviera llena de sudor, especialmente su rostro, cuello y torso. Así que no se reprimió, mientras su cuerpo recibía embestidas cada vez más duras y rápidas, su lengua empezó a lamer el cuello ajeno. El sabor salado le hizo gemir más fuerte. 

 

Quizás fueron aquellas lamidas o los sonidos candentes de Félix, pero Hyunjin dejó de contenerse. Empezó a moverse con rapidez. Las manos que al principio buscaban detener las caderas ajenas, empezaron a servir de palanca, ya que movía el cuerpo más pequeño hacia abajo cuando sus movimientos iban hacia arriba. Eso dejó sin aliento a su adorado rayito de sol, que soltó su cuello para mirarlo. 

 

Sus miradas se encontraron: los ojos de ciervo lo miraban complacido, semi perdido en el placer y las embestidas. Los ojos de Hyunjin se habían oscurecido todavía más, con las pupilas dilatadas por la vista frente a él. El cabello rosa estaba claramente despeinado, extendido por las almohadas de Hyunjin. Con cada embestida parecía enredarse un poco más y aunque Hyunjin quería peinarlo con los dedos, otra parte de sí le pedía a gritos que lo tomara entre sus falanges para jalarlo. 

 

Mientras debatía qué tenía que hacer, sus embestidas cambiaron de ángulo. La espalda de Félix se arqueó con rapidez al mismo tiempo que su boca se abría para dejar escapar un gemido largo y agudo. Había encontrado el lugar indicado. Comenzó a atacar sin piedad, moviendo sus caderas con más rapidez y fuerza, dejando al otro sin aliento. Sus manos agarraron los muslos ajenos y empujaron sus rodillas hacia su pecho para tener más acceso y llegar más al fondo.

 

—¡Mierda, eres tan flexible! —exclamó Hyunjin sin detener sus embestidas— que rico —dicho eso, se lamió los labios.

 

Debido al acceso que ahora tenía, estaba golpeando en la próstata de Félix, haciendo que su cuerpo temblara cada que llegaba al punto. La boca de Félix no podía mantenerse cerrada, lo cual era una bendición. No había mejor escena que ver a su ángel abrir la boca mientras sus ojos estaban desenfocados. Parecía ebrio. Lo mejor de todo fue saber que era el causante de ese placer, de esa embriaguez. Las lágrimas volvieron a correr por las mejillas del menor debido a la sobre estimulación, aunque sus gemidos indicaron que lo estaba disfrutando. 

 

Las manos de Félix se aferraron a las sábanas de nuevo ya que no podía seguir aferrado a la espalda ancha de Hyunjin. Este último pudo observar esa frustración, por lo que decidió detenerse unos segundos. Sin decir nada, tomó esas pequeñas manos y las puso sobre los muslos de Félix. Él lo entendió de inmediato, así que comenzó a sostener sus piernas sobre su pecho. 

 

—Puedes continuar —indicó bastante perdido. 

 

Hyunjin no obedeció. Peinó su cabello con suavidad, disfrutando la sensación del pelo suave entre sus dedos y luego tomó algunos mechones para jalar hacia atrás. La mandíbula y cuello de Félix se veían tan exquisitos que no pudo resistirse a besar toda la extensión de la piel.

 

—Hyunjin, sigue por favor —pidió con un quejido, haciendo el puchero que sabía que Hyunjin no podía resistir. 

 

Pero, de nuevo, no fue escuchado. Recibió una palmada en su muslo como reprimenda, luego, el mayor tomó su miembro húmedo y lo empezó a masturbar sin dejar de besar su cuello. Bajó hasta las clavículas donde dejó un chupetón más. Félix creyó que continuarían una vez que Hyunjin comenzó a retroceder y sacar todo su miembro hasta que solo la cabeza se quedó adentro. Sin embargo, recibió una sola embestida que le hizo temblar. Su miembro fue soltado y con esa misma mano, Hyunjin tomó su rostro. Con una delicadeza contraria a lo que estaba sucediendo, limpió las lágrimas que cubrieron las mejillas pecosas, ignorando activamente los lugares donde tenía franjas de semen seco. Sus dedos recorrieron esas pecas tan hermosas y dejó unos cuantos besos repartidos en todos esos puntitos.

 

La dulzura terminó demasiado rápido. Se alejó lo suficiente para ver el rostro destrozado de Félix y la mano libre le abrió la boca. Ante las interrogantes que tenía el menor, Hyunjin hizo lo que tenía en mente: le escupió. Félix solo pudo jadear. Su lengua, que seguía dentro de su boca, se movió un poco antes de tragar. Luego volvió a abrirla, como pidiendo más. Y Hyunjin obedeció esta vez, escupiendo una vez más. 

 

—¿Por qué te gusta que te traten así, ángel? —cuestionó sin ocultar el escalofrío placentero que le causaba mirar así de sumiso a Félix. 

 

—No me gusta que me traten así. Me gusta que me trates así. Me gustas tú —enfatizó, abriendo la boca una vez más. 

 

Al escuchar esa confesión, Hyunjin escupió en la boca ajena por última vez y reanudó el movimiento de caderas. Quería confesar sus sentimientos también, pero no en ese momento. Lo mejor fue que ambos sabían que Félix no mentía. Hyunjin tampoco. Y era un amante del romanticismo, así que si tenía algo que decir, lo haría con todo el espectáculo que su Yongbokkie merecía. Mientras eso sucedía, le daría tanto placer como pudiera. Una mano fue a parar al miembro de Félix para masturbarlo mientras la otra se entretenía jalando su cabello de vez en cuando. 

 

Las marcas en la piel de Félix comenzaron a mostrarse como manchas de color granate, lo que provocó que Hyunjin incrementara la velocidad en sus embestidas. Aunque quería disfrutar del rico apretón que sentía y los gemidos nada discretos del menor, quería llegar al clímax, tenía qué. Su cuerpo no podía aguantar más. 

 

—Hyunjin, espera —pidió Félix con un rostro que pedía exactamente lo contrario, pero aún así, Hyunjin se detuvo— ¿Me dejas montarte? —preguntó con timidez. 

 

El otro quería reírse ¿en serio se iba a poner tímido en ese momento? Sin embargo, simplemente asintió con la poca energía que le quedaba y salió despacio de aquel rincón calientito. Una vez que salió, admiró cuánto había abierto el esfínter de Félix y estuvo a punto de volver a introducirse, incluso se tomó su tiempo para estirar el borde con los dedos, pero su autocontrol era fuerte. Se tiró en la cama, ansioso por más. Félix se tomó el tiempo de estirar su cuerpo antes de subirse encima de Hyunjin. Su fantasía más húmeda estaba a punto de cumplirse. Se sentó a horcajadas y acarició por unos momentos el pene ya húmedo. Las caderas del mayor se levantaron ante las caricias; parecía que estaba a punto de tener su tercer orgasmo. Aunque hubiera sido un espectáculo digno de ver, Félix tenía otros planes. 

 

Sostuvo su cuerpo con una mano en el pecho ajeno mientras la otra lo ayudaba a introducir el pene. Soltó un gemido al darse cuenta de que llegaba más profundo de lo que pensó. Agradeció el hecho de estar flojo o habría sido una tortura. Las manos de Hyunjin acariciaron sus muslos mientras esperaban a que Félix se acostumbrara a la posición. 

 

—Estás tan sudado —observó Félix acariciando la piel disponible, la cual estaba lleno de sudor. 

 

—¿Siempre te ha gustado mi sudor, no? —cuestionó el otro con una sonrisa coqueta. 

 

—Sí, igual que tus hombros y tus brazos, tan musculoso —contestó, acariciando cada parte que nombraba— estás delicioso, para chuparse los dedos. 

 

Justo en ese momento, sintiéndose valiente y tan jodido, comenzó a mover sus caderas. Se mordió ligeramente el labio al sentir la profundidad. Tenía que apresurarse, ninguno de los estaba soportando el placer que ahora parecía tortura. Se empujó hacia arriba y abajo con rapidez, buscando la manera de golpear su próstata en el proceso. Para Hyunjin, estaba viviendo el mejor momento de su vida. Félix parecía tan ansioso por él que creyó estar soñando. Sobre todo cuando aceleró sus movimientos, ya que había encontrado el ángulo justo para estimular su próstata. 

 

Félix quería concentrarse solo en las sensaciones, el hormigueo que se acumulaba por todo su cuerpo y el pico del orgasmo que estaba por alcanzar, pero no pudo evitar mirar a la persona debajo de él, al hombre tan atractivo que podía llamar suyo por el momento. El sudor había hecho que los cortos mechones de pelo de Hyunjin se pegaran a su frente y sus labios carnosos seguían abiertos emitiendo gemidos graves, con aquel tono de voz que pocos conocían. Era tan guapo que parecía un castigo divino el no poder tenerlo para siempre. 

 

Por esa razón, tomó las manos de Hyunjin y las llevó hacia arriba, hasta sus glúteos, demasiado cerca de su entrada. Quizás, y solo quizás, quería que sintiera que le pertenecía, en ese momento, en el pasado y en el futuro. Félix siempre sería suyo, aunque Hyunjin no le correspondiera. Lo cual, en ese punto, era una locura creer que no sentía lo mismo que él. Para demostrarlo, aunque Hyunjin no podía leer su mente (que por lo general, parecía que lo hacía), apretó sus glúteos adoloridos con él propósito de abrirlo más y entrar más rápido. 

 

—¿Puedo venirme adentro? —preguntó sin aliento. 

 

Félix simplemente asintió y comenzó a masturbarse para llegar al mismo tiempo. Una mano más grande rodeó la suya para ayudarlo con su orgasmo. Así que Félix comenzó a ser víctima de la sobre estimulación, y le encantó. El escalofrío y el hormigueo que sentía en el vientre bajo empezó a extenderse por todo su cuerpo. Se dejó llevar y todo su orgasmo brotó en pocas tiras de semen. Gimió con poco aliento sin dejar de mover sus caderas. Hyunjin lo jaló hacia abajo y le dio un beso fugaz, haciendo más erráticas sus embestidas. 

 

Sabía que Félix no estaba del todo consciente, así que se deslizó hacia su cuello para dejarle un último chupetón, justo entre la mandíbula y el inicio del cuello. Un gemido pequeño brotó del otro por el dolor placentero. Félix volvió a mover sus caderas con la misma velocidad que antes hasta que pudo sentir a Hyunjin tensarse. Este último gimió más ronco que antes. Empujó su cadera tanto como pudo para quedarse dentro de Félix y dejó salir todo su orgasmo. Ese movimiento hizo que el menor tensara su espalda, alejándose en el acto. 

 

Eso le hizo observar el desastre que había dejado en el torso ajeno y con la vergüenza que venía después del subidón, lo limpió con los dedos de la mano. Hyunjin lo observó con atención hasta que terminó. Tomó esa mano pequeña y se llevó sus dedos a la boca para limpiarlos también. 

 

—Jinnie… —murmuró Félix intentando quejarse, pero no iba a negar que ver a su amigo chupando sus dedos con tanta hambre le pareció demasiado candente. 

 

—Sabes delicioso —contestó con una sonrisa pícara. 

 

Aún con la vergüenza en la piel, Félix se inclinó hacia el cuello de Hyunjin, acariciando la piel sudada en el proceso. 

 

—Me encanta tu olor —dijo con voz baja antes de acurrucarse en el pecho de Hyunjin. 

 

—Solo estoy sudando ¿Sabes? —bromeó mientras acariciaba su cabello. 

 

—Siempre me ha gustado el olor de tu sudor. Tu olor corporal es tan rico —agregó casi suspirando. 

 

Quizá sentía vergüenza y tenía miedo de que toda su amistad se hubiera roto en ese momento, pero quería vivir su sueño tanto como pudiera. Como si Jinnie hubiera leído su mente, una de sus manos fue directo a su cabello rosa para peinarlo. Unos segundos después, lo abrazó por la cintura y salió de él, soltando un jadeo involuntario. Félix casi se quedó por el abandono, pero tampoco podía exigir que se quedara dentro para siempre. Sintió que el semen escurría lentamente por sus muslos y por unos instantes quiso tener la resistencia necesaria para otra ronda. 

 

Hyunjin lo giró para quedar frente a frente, acostados de costado. Tenía una sonrisa amable, dulce pero temerosa. Parecía que la incertidumbre corría por sus venas y pensamientos. Eso no le impidió seguir peinando el cabello rosa. Se miraron por varios segundos, esperando a que alguno dijera que se arrepentía, que seguirían siendo amigos. No pasó. 

 

—Yongbok, Félix. Creo que nunca voy a superar esto —habló en inglés. Quería ser lo más claro posible. 

 

—No quiero que lo hagas. Soy tuyo, y tú eres mío ¿no? —la pequeña mano de Félix fue a parar a la mejilla de Hyunjin para acariciarlo con suavidad. 

 

—Tengo que hacerte mío oficialmente. Dime, Félix ¿tú quisieras… —antes de que pudiera terminar su oración, la puerta de su habitación se abrió sin previo aviso. 

 

—¡¿SABEN LO RUIDOSOS QUE SON?! ¡Carajo, ponganse algo de ropa! —se quedó Changbin quien parecía no haber podido dormir. El pobre seguía en pijama, pero con unas ojeras que lo acompañarían hasta el día siguiente. 

 

Seguramente los maquillistas matarían a Hyunjin por eso. Y por dejar a Félix lleno de marcas. 

 

Hyunjin reaccionó siguiendo las quejas de su amigo y como pudo jaló una de las pocas frazadas que seguían en su colchón. Bueno, después de una ducha y desayunar, quizás podría hacerse novio de Félix oficialmente.