Work Text:
Simplemente, no soy de este mundo…Yo habito con frenesí la luna.
No tengo miedo de morir; tengo miedo de esta tierra ajena, agresiva.
No puedo pensar en las cosas concretas; no me interesan.
Yo no sé hablar como todos.
Mis palabras suenan extrañas y vienen de lejos, de donde no es, de los encuentros con nadie.
¿Que haré cuando me sumerja en mis mundos fantásticos y no pueda ascender?
Porque alguna vez va a tener que suceder. Me iré y no sabré volver.
Es más, no sabré siquiera que hay un “saber volver”.
Ni lo querré acaso.
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Hace mucho tiempo atrás, Wirt fue humano y no recordaba mucho de aquella época.
Al principio, había días en los que se pasaba en vela con una agonía y desesperanza paralizante, por algo que había perdido; por lo tanto trató de no pensar en ello.
Los días pasaban, las estaciones cambiaban y poco a poco los habitantes de aquel lugar olvidaron que alguna vez hubo alguien más siniestro acechando en las sombras.
Ahora aquel recuerdo se veía reemplazado por una figura sombría e inhumana que en silencio seguía a los peregrinos hacia su hogar.
Wirt alguna vez se preguntó que era lo que lo impulsada a llevar a estos extraños a sus hogares, pero nunca pudo obtener una respuesta concreta de emtre las piezas fragmentadas que eran sus memorias.
Tal vez anhelaba a alguien que sabia que nunca volvería.
Solo encontraba consuelo en los viejos poemas que podía recordar.
Así que se mantenía en silencio.
Porque su presencia desprovista de todo lo que alguna vez fue, resultaba tan horrible de una manera que el no podía entender, sin embargo eso no evitaba que odiara verse o permitir que alguien hiciera lo mismo.
La única ocasión que alguna vez alguien fue tan valiente como para dar las gracias a su guía lo poco que pudo ver fue una sombra vagamente humanoide que desapareció en cuanto notó el escrutinio del desconocido.
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Wirt creía que alguna vez fue humano, y a veces se cuestionó porque estaba en ese lugar.
Pero toda idea escapaba de su mente en cuanto se adentraba demasiado, los retazos de su mente fracturada le advertían que de seguir buscando encontraría algo que no querria saber.
Así que siguió, vagando en el bosque aparentemente interminable.
Respondiendo a criaturas que parecían conocerlo, y al mismo tiempo desconcertar con su presencia.
Buscando y en vano encontrando nada más que almas perdidas vagando en la inmensidad de los rincones más bizarros del lugar.
Ayudando pero al mismo tiempo sintiéndose más perdido que nunca, buscando llenar un vacío que sabia que nunca sería igual al llevar a aquellos desafortunados de vuelta a su hogar.
La inmundicia parecía pegarse en cada espacio recóndito de su ser mientras se desconocía a cada día, y ignorando desesperadamente que alguna vez fue diferente, anhelando una libertad que nunca más tendría de vuelta.
Wirt se mantuvo a flote, pensando que tal vez la persona que sabía que no regresaría estaba a salvo.
Que esa persona no volvería, al menos por su bien.
Con suerte convertiría el temor de las personas hacia el en una sensación de seguridad.
"!Wirt!" Escuchó la voz provenir de un azulejo, insistente " ¿Dónde te habías metido?, ¡Sabes que no puedes desaparecer así como así!"
Esa era uno de aquellos que creía conocerlo, pero este era particularmente cercano a el.
"¿Wirt?..." El ave ahora parecía preocupada, así que salió de sus pensamientos y le prestó atención.
"¿Ocurre algo, Beatrice?" Susurró con el murmullo de las hojas otoñales, un sonido gutural pero leve.
Wirt odiaba su voz, y todo lo que le recordaba su inhumana forma.
Pero siempre se veía obligado a contestar involuntariamente al azulejo cuando este se veía preocupado.
Supuso que podría haber sido una parte importante de su vida.
Beatrice era extraña, sabía que su apariencia podía aterrorizar o intimidar, así que se sorprendió cuando la reacción de ella al verlo por primera vez fuera tan diferente.
Ella lloró, tan tristemente que Wirt se detuvo en vez de esconderse cuando alguien alcanzaba a verlo.
"¿Estas perdida?" Solo pudo atinar a decir eso antes de que el ave azul se lanzará directo a el y le abrazara.
Desde entonces el azulejo no se separaba mucho de él.
"Lo siento, Beatrice"" murmuró en cuanto el ave se calmó.
"¿Porque te disculpas?" Preguntó dudosa.
"No lo sé" confesó con voz vacilante "Solo se que siento te he fallado en algo, que les he fallado"
"¿Nos has fallado a quienes, Wirt?" Preguntó Beatrice aparentando tranquilidad, tratando de tantear el terreno.
"Yo.. no lo se" concluyó Wirt tenue e inquieto, su sombra pareció alargarse en un vano intento por encontrar refugio, y su figura se encogió en su lugar.
Beatrice sabía que tenia que alejar a Wirt de ese oscuro lugar donde se estaba hundiendo.
"Wirt he decidido que así me voy a quedar"
La figura sombría se detuvo unos segundos antes de que pareciera reaccionar.
"¿Porque?" Preguntó "¿No querías ser humano?"
"Nah" respondió despreocupada "Le he llevado las tijeras a mi familia, ellos entenderán"
"Además, ¿no te parece que combina?
Un azulejo y un árbol andante"
Beatrice se sintió aliviada al ver que Wirt volvía a su expresión sombría habitual.
Aunque a veces trataba de entender que había pasado, no podía sacar más conclusiones de lo poco que reaccionaba Wirt a su alrededor; las cosas no eran iguales, y ella pudo sentirlo en cuanto lo peor pasó.
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Durante los momentos en que la bestia trataba de convencer a Wirt de tomar la lámpara trató de razonar con el.
"¡Wirt!, ¡no sabes si va a cumplir su palabra!"
El se detuvo en seco y permaneció pensativo, el tiempo suficiente para creer que había reflexionado.
Un quejido llamo su atención,
Greg yacía suavemente en el lecho de hojas y Beatrice pudo saber cuando volteó verlo.
había tomado su decisión.
Después de tomar la lámpara de la bestia, pudo ver que se encogió y dio un paso atrás inseguro nuevamente.
Pero la bestia no le dio tiempo de reaccionar cuando pronto fue consumido en las sombras, un sonido sordo comenzó a extenderse a su alrededor y Beatrice supuso que algo malo podría estar pasando.
Wirt se resistía y ella no podía hacer nada más que permanecer en postura defensiva frente a su hermano.
Un cántico lúgubre sonó y pronto se volvió ensordecedor, taladrando su cerebro.
Lentamente perdió la consciencia pero ella creyó escuchar los gritos de lucha antes de sucumbir a la oscuridad.
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Desde entonces al despertar y ver en lo que se había convertido Wirt no se separó de el.
Supuso que seria una condena apropiada para ella por no estar a tiempo o quizá por todos los errores que cometió con los hermanos.
Wirt podría ignorar lo que pasaba, pero si de ella dependiera el no se enteraría de ninguna forma de lo que sea que le haya pasado a su hermano.
Un niño dulce que por desgracia no volvería.
Las cosas no volverían a ser iguales, pero al menos no estarían solos.
