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La música de la previa tapaba los gemidos que soltaba Lautaro contra la mano de Manuel.
Fue producto del alcohol, el deseo y el atrevimiento, especialmente por parte de Mernuel, quien llevaba el sentimiento atado a su cerebro hacía ya unas semanas. ese pensar que su amigo era más lindo que las chicas que conocía en los boliches, o por amigas en común. Él era otra cosa.
Estaba completamente hipnotizado por el rubio, a quien lo asemejaba a un ángel: Hermosos ojos chocolate, tupidas pestañas, cuerpo de ensueño, era exquisito por dónde lo viera. Realmente adoraba a Moschini. Podría decir que estaba enamorado, Justificaba su enamoramiento con otros como con Santiago, capaz mentía un poco si le decía que no era sexual, pero no se preocupaba por que por ahora su amigo no leía mentes.
Pero lo peor de todo no eran sus mentiras inocentes, era que moski tenía novio y parecía un cuento de hadas lo que vivía junto a este. Veía que parecía estar anonadado con Mateo, al que conoció en la infancia cuando vivía en Rosario. Manuel estaba harto de Tonali, harto de escuchar los apodos melosos, ver el contacto físico entre ambos e incluso los regalos que eran enviados a su departamento que compartían.
Aunque tampoco era estúpido, al poco tiempo que empezaron a salir, notó a Lautaro más juguetón de lo normal respecto a él: Como Moschini buscaba el toque de Merlo, como se lamía los labios cuando cruzaban miradas. Sentía que su amigo tenía algo planeado para él, hacerlo la víctima de su arte de provocarlo.
Y hoy estaba desquitando toda su frustración en él, como había fantaseado durante algunas noches. Cada vez que le batía las pestañas, cada vez que le hacía un berrinche, cada vez que fingía no poder hacer algo en su presencia. por fin Lautaro estaba pagando todo lo que generaba.
“Sos una trola” Susurró bruscamente a su oído, mientras las caderas se unían una y otra vez, sus pieles chocaban desesperadas buscando más satisfacción. Lautaro rodó los ojos soltando un gemido contra la palma de Manuel.
“¿No te basta la pija de tu novio que venís a pedirme la mía?¿eh?” Siguió hablándole, aunque no esperaba respuesta. Pudo ver su cuerpo estremeciéndose de placer, tomó nota de como lo apretaba más si le hablaba sucio.
Lautaro no es tan santo como aparenta.
Le mordió la mano, haciendo que Mernuel termine tirando de su pelo. “Manu…” Jadeó bajo, intentando controlarse, cejas fruncidas hacia arriba y labios rojos de los besos.
Se sintió muy culpable de estar cogiendo en el baño. Sus amigos y su novio estaban del otro lado de la puerta, seguramente bailando tontamente, tomando, ¿Él? engañando a su novio con su mejor amigo.
Intentó aliviar su conciencia con que mateo no lo cogía hace un mes, aunque el tema fue hablado, no ocurrió nada. Podía decir que estaba un poco —demasiado— agradecido con que Manuel lo esté destruyendo contra la puerta. Lo que lo llevaba a pensar la diferencias entre ambos, él no tenía miedo de lastimarlo si pedía que lo tomara del pelo o de insultarlo, él no se preocupaba tanto como Tonali.
“¿Él es mejor que yo, mi amor? ¿quien te coje mejor?” El pelinegro lo sacó de su nube de placer, arqueó la espalda al escucharlo murmurar tan suave contra su oído.
“No… vos sos mejor” Lloriqueó, mordiendo su labio inferior, intentando callar todos los sonidos que le provocaba Manuel.
Estaba al borde, siempre estaba al borde con él; cambió de posición su mano, ahora estaba enredada en su cuello, apretando lo suficiente para mantenerlo sometido, para retenerlo ahí. Queriendo siempre más.
Tenía la mente demasiado nublada, la situación lo prendía mucho más, las crueles palabras le hacían temblar las rodillas. Sentir como Manuel lo movía a su disposición, como lo trataba, como lo conocía hacía que se olvidara completamente de su novio.
“Como te encanta la pija.” Merlo paró con las embestidas, ganándose un quejido confundido de Lautaro.
“¿Por qué paras?” Volteó un poco su cabeza, mirando por sobre su hombro, sin comprender la situación. Solo quiso enmarcar lo bello que se veía su amigo con esa carita de perro.
“te quiero ver, mi amor.” Sus ojos verdes siempre le habían encantado, aún más cuando solo lo miraban a él. “Date vuelta dale.” Lautaro no tardó en hacerle caso, su espalda contra la puerta y las piernas enredadas en la cadera de Manuel.
El rubio envolvió sus brazos en el cuello de mernuel, aprovechando a unir sus frentes. Ambos soltaron un suspiro al volver a sentirse nuevamente.
“No entiendo cómo seguís con el cornudo de Tonali, no me lo banco más.” Gruñó lleno de celos, llevando su boca hacia la de Lautaro en un beso bruto, las lenguas se encontraron y bailaron una contra la otra, cada vez intentando buscar más del otro. Manuel besaba increíble, de alguna manera, siempre buscaba que toque el cielo.
“Déjalo.” Dijo, sin aire mientras comenzaba a mover la cadera suavemente, sus ojos clavados en el rubio. Hablaba completamente en serio. Lautaro soltó un respiro rápido, teniéndose del pelinegro al sentir sus movimientos tan repentinos.
“gordo, esto ahora no…” Suplicó, sacudiendo la cabeza. No podía hablar con la mente turbia o tal vez la respuesta le sorprendería y no estaría tan satisfecho de ella.
“No me importa, vos sos mío, Lautaro.” Él susurró, enterrando su cara en su cuello.
“Mi puta.” Las embestidas eran cada vez más duras y constantes, Manuel tomaba su cadera con fervor, no queriendo dejar nunca este momento, en dónde era suyo por un rato.
Sintió los dientes de mernuel rozar su piel, cuando se dió cuenta, tiró de su cabello negro. “No, no, no, Manu…” Mordió su labio inferior, rezando que no haya dejado marcas delatoras. Los gemidos amagaron a salir pero simplemente él no los dejó, su amigo maltrataba su próstata una y otra vez con sus movimientos, haciéndolo disfrutar desde el último mechón de pelo hasta los dedos de los pies.
“¿Puedo? Por favor… Manu..” Rogó a su oído desesperado con las cejas fruncidas hacia arriba.
“Dale, bebé.. acaba para mi.” Manuel sintió como lo apretaba cada vez más mientras sus embestidas subían de velocidad hasta su bello orgasmo. Moski gruñó al acabar manchando su estómago y el de Mernuel.
El pelinegro siguió hasta por fin terminar en el forro y salió lento de su amigo.
Merlo bajó a Moschini suavemente, aún manteniéndose pegados, abrazados el uno al otro. respirando cansados, transpirados. Sin importar la excusa que tenían que poner después de este momento. Solo disfrutando el cuerpo del otro, no quería que este momento terminara en poco tiempo.
“Moski.” Susurró, como si la persona que le habló sucio la anterior media hora se hubiera esfumado.
“¿Qué?” Abrió los ojos, prestando atención a lo que podía llegar a decir. Manuel salió de su escondite (el cuello de Lautaro) y lo miró.
“Sos hermoso.” murmuró, hipnotizado en su rostro. Levantó su mano hasta su mejilla, acariciando la piel despacio, con una delicadeza tremenda, como si temiera que se rompería.
El rubio sonrió de una manera boba, permitiendo que sus mejillas tomen un color rosado.
“Cortala”
“Bue, ahora no te puedo decir nada?” Manuel imitó su gesto, ignorando el tiempo por un rato.
Soltó una carcajada nerviosa. “La pasé bien.”
“Sabes que conmigo siempre la pasas mejor.” Mernuel plantó un beso en su mandíbula.
“Capaz que sí.” Lautaro suspiró, acariciando el cabello del contrario.
Tocaron la puerta, ambos se separaron lentamente con los ojos bien abiertos.
“Está ocupado.” se adelantó Merlo, poniéndose ansioso.
“Che, gordo, apúrate que me estoy meando.” el aire volvió a los pulmones de ambos al escuchar la voz de Santiago.
“Ya salgo, baulo.” Hizo un gesto hacia Moski, comenzando a vestirse junto a él, por su lado se sacó el forro y lo tiró e intentó acomodarse la ropa, el pantalón, el pelo. Vió a su compañero haciendo lo mismo antes de estar completamente acomodados.
Abrir la puerta fue algo vergonzoso, pero pensó que simplemente podría haber sido peor. Su amigo abrió la boca y llevó su mano a su pecho.
“Ah no… ustedes son unos degenerados.” Susurró para después esbozar una sonrisa.
“De esto no se habla.” Advirtió el más bajo de todos, levantando su dedo.
“Tu novio te está buscando, moskón.” Bauleti hace una señal con el pulgar hacia afuera.
“La puta madre.” Pasó su mano por su cabello, acomodándose a sí mismo.
“Okey, tengo una idea.” Rápidamente lo miró Manuel. “Decí que fuiste a comprar y no te alcanzó la plata.”
Santiago asintió. “si, eso gordo.”
“Bueno, ahí voy.” Lautaro se fue caminando despacio, disimulando su rengueo.
Baietti golpeó en el brazo a su amigo, emocionado. “Por fin se te dió, che.” Dijo, riendo.
El pelinegro rió junto a él, asintiendo con la cabeza. “Si, hermano.. era hora.”
“no me los bancaba más. Les pido por favor que no cojan cuando estoy en casa.”
Manuel soltó una carcajada. “Vamos a ver si lo deja.”
“Bueno, seguimos después que la bayita se mea encima.”
“sos un asco.”
“Yo no fui el que cogió acá, internate.” Dijo por última vez, entrando al baño y cerrando la puerta.
se quedó solo con sus pensamientos un rato, solo esperaba que su sentimiento sea recíproco, ah y que también no se le escape ninguna palabra a Santiago.
