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Eternal night

Summary:

El mago solitario, Park Junmo o como solían llamarlo "Rii-bool", " Ri-eul", payaso... El parque abandonado es su reino, un lugar donde la realidad se difumina con la fantasía. Esa noche no está haciendo magia para nadie, simplemente está sentado en un columpio oxidado, observando la luna practicando un nuevo truco con una moneda que aparece y desaparece entre sus dedos largos y ágiles. Lleva su ropa colorida y estrafalaria, que en la penumbra parece tanto de un payaso como de un fantasma.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Chapter Text

El mago solitario, "Ri-eul" como solian llamarlo estaba mirando el cielo nocturno esta noche. El parque abandonado es su reino, un lugar donde la realidad se difumina con la fantasía. Esa noche no está haciendo magia para nadie, simplemente está sentado en un columpio oxidado, observando la luna o practicando un nuevo truco con una moneda que aparece y desaparece entre sus dedos largos y ágiles. Lleva su ropa colorida y estrafalaria, que en la penumbra parece tanto de un payaso como de un fantasma.

El parque está sumido en un silencio poco común en Seúl. Solo el zumbido lejano de la ciudad y el crujido ocasional de las ramas. La luz de la luna filtra a través de los árboles, creando patrones de luz y sombra.

Jung Gicheul se siente ridículo; Está en la cima de su imperio criminal, pero esa noche las cosas han salido mal. Una transacción con una banda rival en Gangnam se torció, una traición interna, que desató una pelea callejera que se descontroló. Va solo, herido levemente en el costado, esta separado de sus hombres. La adrenalina aún le recorre las venas, pero la fatiga y la desconfianza empiezan a ganar terreno. Lleva la elegancia peligrosa de su mundo manchada de tierra y sangre. Sus piernas queman como si hubiera corrido una maratón, no tiene idea de cuanto tiempo lleva corriendo hasta que se adentra entre los árboles,jadeando. Se apoya contra un tronco, escuchando atentamente. Los pasos y las voces de sus perseguidores se desvanecen en la distancia. Él maldice entre dientes, sacando un pañuelo para presionar su herida. Al levantar la vista,lo ve. Un hombre sentado en un columpio, meciéndose suavemente, no es un vagabundo cualquiera. Viste de forma ridículamente brillante. Gicheul se pone inmediatamente en guardia. ¿Un loco? ¿Una trampa? Su instinto le dice que es un objetivo fácil o una distracción peligrosa, algún señuelo para matarlo.

Gicheul jadea,con voz ronca cargada de amenaza le lanza una pregunta al extraño —Tú, ¿Qué estás haciendo aquí?- dijo mirando su facha rara

Junmo dejo de mecerse. Sonrió, una sonrisa amplia y despreocupada que contrasta brutalmente con la tensión del momento.

—Esperándote sabía que vendrías. La luna dijo que un hombre con el corazón acelerado buscaría refugio aquí esta noche- , su tono es cantarín, casi de canción.

Gicheul frunce el ceño, confundido y molesto. Este tipo no encaja en ninguno de sus esquemas. —Deja de decir tonterías- dice enfadado —¿Eres de la pandilla de Jong-han? ¿O eres solo un demente?— preguntó intrigado por su facha y si de verdad era una asesino su estilo era... teatral.

El tipo desconocido se levanta y hace una reverencia teatral —Soy un mago y este es mi teatro. No conozco a ningún Jong-han, pero puedo hacer desaparecer tu dolor si me lo pides bien.

Sin esperar respuesta, Junmo se acerca, con una sonrisa y Gicheul retrocede instintivamente, llevando la mano a la cintura, donde normalmente llevaría un arma. —¡Aléjate!—

El mago sonrió, desde cerca el tono del traje largo lo hacía parecer un payaso, ignorando la advertencia señalo la herida de el gangster que lo miraba estupefacto —Eso duele. El rojo no te sienta bien con esa chaqueta— .De la nada, saco un pañuelo de seda blanco e impecable. —Permíteme- dijo con ese tono suave que parecía sonar como una balada romántica.<

Antes de que Gicheul pueda reaccionar, Junmo paso el pañuelo sobre la herida con un movimiento rápido y fluido. Cuando lo retiro, el pañuelo estába limpio. La herida sigue ahí, punzante y dolorosa pero el gesto, la ilusión de cuidado, desarmo momentáneamente a Gicheul.

El gangster confundido y enfadado abre la boca para insultarlo, ¿Quién carajos era este idiota?. —¿Qué... qué clase de persona eres?— preguntó con desagrado

El mago le devolvió el tono en su voz con u a expresión que rayada lo divertido. —La clase que prefiere la magia a las pistolas. La que cree que puede hacer magia solo con imaginarme cosas , y tú pareces no ser del todo buena persona, puedo verlo en ti —

Una risa seca y áspera le escapa a Gicheul y en tono despectivo se burla —No tienes ni puta idea de como funciona mi mundo, ni mi vida como una persona normal—

—Y tú no tienes idea del mío. Pero esta noche, nos conocímos por una razón. Dime,¿Quieres ver un truco? Uno de verdad. Estamos destinados,la madre luna me lo ha dicho— Gicheul bufo burlon, esta a punto de decirle algo sarcástico cuando se oye un ruido lejano. El criminal que estaba a punto de burlarse se pone tenso de nuevo, pero hay algo que no lo deja irse, se queda un segundo más, clavado en el sitio atraido por la absurda serenidad de este hombre.

—Guarda tus trucos. En mi mundo, la única magia que puede existir es la de sobrevivir, ser hábil y cruel —Dijo mirándolo fijo,esperando a que deje de fingir ser tan raro y lo ataque si esa era su intención real.

El mago lo mira con una pena genuina en los ojos. —Qué mundo tan triste—

Gicheul da media vuelta para irse, pero se detiene y mira por encima del hombro. El hombre permanece ahí, quieto y sin verse sospechoso por lo que se atreve a darle la espalda en un voto de confianza ciego — Y si alguien pregunta nunca estuve aquí.

Junmo sonríe de nuevo —¿Quién iba a creerle a un mago sobre un fantasma?—

Gicheul se marchó desapareciendo entre las sombras de la misma manera que llegó. Pero se lleva consigo la imagen de ese hombre ridículo e inquietantemente tranquilo, una mancha de color imposible en su noche gris y violenta.Tiene que tener más cuidado, se recordó.Otra noche no tendría tanta suerte.

________________

La noche era aún más fría cuando Gicheul traspasó, por segunda vez, el límite de los árboles retorcidos. Era como si una cuerda invisible, atada a sus entrañas, lo hubiera jalado hasta ese lugar desolado. Un mito urbano entre los criminales de menor calaña: el parque de los fantasmas, un sitio que todos evitan. Y él, Jung Gicheul, un narcotraficante sin escrúpulos estaba aquí.

Y allí, como si el tiempo no hubiera pasado, estaba él. El mago.

Pero algo era distinto. Esta noche, el hombre no llevaba el sombrero de copa que lo hacía ver como un personaje de feria. Tampoco el saco largo y colorido. Solo un chaleco blanco impecable sobre una camisa blanca, que parecía brillar con una luz propia en la penumbra. Su cabello, más largo de lo que Gicheul había notado la primera vez, caía en suaves ondas sobre su frente. La elegancia surrealista del espectro lo dejó momentáneamente sin aire.

—Maldito loco— escupió Gicheul, más para sí mismo que para otro. Era un autoreproche por haber vuelto, por dejar que la curiosidad, no; La obsesión venciera a su instinto de supervivencia. Se dio la vuelta, decidido a marcharse.

<ñLa risa de Junmo lo detuvo. ¿Estaba volviéndose loco?, El sonido no era una burla, sino un sonido claro y musical, como el tintineo de una campana de viento.

—¿Maldito loco? —preguntó, recitando las palabras que Gicheul acababa de pensar en voz alta. —Esta noche te preguntas por qué viniste. Por qué ya no llevo sombrero ni saco largo y notaste mi cabello—. Hizo una pausa, y Gicheul pudo sentir la mirada del mago atravesándole la espalda. —¿Es la primera impresión? Dime, Jung Gi-cheul.

Gicheul se volvió lentamente, enfrentándose a esa figura imposible. Sus ojos, acostumbrados a calcular amenazas y matanzas sin culpa no sabían qué hacer con Park Junmo. No había arma, ni golpe que anticipar. Solo una tranquilidad desconcertante.

—¿Cómo sabes mi nombre? — preguntó Gicheul, su voz un susurro peligroso. Un escalofrío le subió por la espalda; No se lo había dicho la primera noche.

 

Junmo ignoró la pregunta, como si fuera irrelevante. En su lugar, se acercó, sus pasos no hacían ruido sobre la hierba seca

—¿Crees en la magia?—

La pregunta flotó en el aire entre ellos, tan absurda y fuera de lugar como un diamante en un basurero. Gicheul soltó una risa corta y áspera. —La magia no paga deudas y no detiene balas. Solo creo en lo que puedo tocar, en lo que puedo controlar. En el poder, en lo tangible.

—El poder —recito Junmo, como saboreando la palabra—Es una cosa pesada. Se siente... —Alzó la mano, y entre sus dedos apareció una moneda. La hizo girar sobre sus nudillos con una agilidad hipnótica. —Fría como esta moneda— La lanzó al aire, y al atraparla, había desaparecido. —Pero el poder es también una ilusión. Crees que lo tienes, hasta que se esfuma.

Gicheul observó, incapaz de apartar la vista de las manos vacías del mago. Era un truco barato, lo sabía. Pero ejecutado con una maestría que desafiaba su propia lógica coherente.

—¿Y qué tienes tú? —preguntó Gicheul, con genuina curiosidad—. ¿Trucos para niños en un parque abandonado?, ¿ No es eso vacío y triste?— preguntó queriendo herir. —Tengo lo que tú buscas —dijo Junmo, y su voz perdió por un momento su tono cantarín, volviéndose grave y directa—Paz, silencio. Un lugar donde nadie te pide que seas un líder .Donde solo puedes ser un hombre.

Las palabras golpearon a Gicheul con fuerza, escupiendo en su cara sus más profundos anhelos; Los de ser un hombre común, un hombre normal.Le secaron la boca. Era como si este extraño hubiera mirado a través de sus ojos y hubiera leído la fatiga que carcomía su alma.

—No sabes nada de mí —masculló, pero la negativa carecía de fuerza.

—No necesito saber —El hombre sonrió, una sonrisa triste y comprensiva. — Solo necesito ver. Y veo a un hombre que huyó hacia la violencia para ser libre, y ahora se encuentra prisionero de ella. Eso es lo opuesto a la magia. Es una maldición, más bien un castigo del cielo.

Gicheul no supo qué responder. Se quedó allí, bajo la luna, frente al fantasma de chaleco blanco que le ofrecía no soluciones, no armas, no poder, sino un simple y devastador reflejo de su propia alma. Y por primera vez en mucho, mucho tiempo, sintió que tal vez, solo tal vez, existían más cosas en el cielo y en la tierra de las que podía explicar su mundo de sangre y vicios. Gicheul se quedó paralizado. No era solo que el hombre hubiera adivinado su nombre; era que parecía ver a través de sus capas de poder y control, directamente hasta el núcleo de hierro y miedo que lo sostenía. —¿Un narcotraficante?, había dicho el mago como una observación trivial, como si comentara el clima. —Vaya, el destino me juega duro a mí —añadió, y una sonrisa juguetona asomó a sus labios. Gicheul sintió una oleada de frío. Este hombre, lo aterraba. —Me llamo Park Junmo, ya que te lo preguntas. Riuel,es solo un apodo—. dijo, cerrando la distancia final hasta quedar a su lado. Gicheul podía ver ahora los detalles de su rostro a la luz de la luna. La juventud serena, la intensidad en sus ojos. No había rastro de miedo. ¿Cómo era posible no tenerle miedo? —¿Quieres ver magia, ya que estás aquí? —preguntó Junmo, su voz un hilo de seda en la quietud de la noche. La pregunta era lo último que Gicheul debía aceptar, caer en el juego de este loco pero algo en él, algo agotado de tanta desconfianza y sangre acepto. —¿Qué clase de magia? —preguntó Gicheul, y su propia voz le sonó ronca, extraña en sus oídos. Junmo no respondió con palabras. Con un movimiento fluido, sacó la moneda que había hecho desaparecer antes. Esta vez, no era un truco de destreza. La sostuvo en la palma de su mano, plana, frente a los ojos de Gi-cheul. —Mírala —ordenó suavemente—. No a mí. A ella Gicheul, contra todo instinto, obedeció. Fijó la vista en el pequeño círculo de metal. —Esta moneda es tu ira. Tu desconfianza. El peso que cargas —murmuró Junmo. Su tono ya no era teatral, era hipnótico —Cierra el puño siente su frío. Sin saber por qué, Gicheul alargó la mano y cerró los dedos alrededor de la moneda. El metal estaba frío contra su piel. —Ahora —susurró Junmo, acercando su rostro .— Ábrela— Gicheul abrió la mano. La moneda había desaparecido no hubo movimiento rápido, ni alguna distracción. Simplemente se había esfumado. Pero no era eso lo más impactante en su palma, donde debía estar la moneda, descansaba un pequeño pétalo blanco, arrugado pero perfecto, como de un cerezo en plena floración. Algo imposible en esa noche de otoño, en ese parque de vacío y frío. —La magia —dijo Junmo, su voz de nuevo cantarina— No es hacer aparecer lo que no está. Es hacerte ver lo que siempre ha estado ahí, pero bajo otra forma ver bajo otra luz— Gicheul miró el pétalo, luego al mago, y por primera vez en una década, no supo qué pensar. No supo qué creer. Solo sintió el peso aplastante de su mundo, y la ligereza aterradora de uno nuevo que se abría ante él, representado por un pétalo blanco en la mano de un criminal que estaba acostumbrado a sentir sangre entre los dedos y no pétalos suaves y puros. —¡Qué trucos baratos! —La voz de Gicheul fue un látigo, cargada de una rabia que nacía más del desconcierto que del enojo genuino. Sacudió la mano como si el pétalo blanco hubiera sido una araña venenosa, y este, junto a la ilusión de paz, se desvaneció en la oscuridad. Dio media vuelta y marchó hacia la salida con pasos largos y decididos, cada uno un intento de pisotear la absurdidad que acababa de permitirse. Junmo no se inmutó. Por el contrario, se inclinó en una reverencia exagerada, como si el hombre que se iba fuera un príncipe. —¡Tiene una invitación, señor narcotraficante! —anunció, su voz resonando con una alegría teatral—. ¡Vuelva cuando la luna se lo ordene!, yo estaré esperando— Gicheul lo ignoró, apretando la mandíbula. Maldijo entre dientes, no al mago, sino a sí mismo. ¿En qué momento su juicio se había nublado tanto como para seguirle el juego a un demente en un parque abandonado? Necesitaba poner distancia. Necesitaba el sonido de la ciudad, el olor a gasolina y el peso familiar de un arma en su costado para borrar la sensación de irrealidad. Alcanzó los límites del parque, donde la penumbra empezaba a ceder ante el resplandor anaranjado de los faroles. Con un movimiento brusco, metió la mano en el bolsillo de su chaqueta de cuero, buscando las llaves de su coche. Sus dedos encontraron el frío metal, pero también algo más. Algo suave. Como papel. Se detuvo en seco. Su cuerpo se tensó, todos sus sentidos en alerta máxima. Lentamente, retiró la mano de su bolsillo. Entre sus dedos, sosteniendo las llaves, estaba un pequeño rectángulo de papel grueso, de una calidad exquisita. No era un trozo cualquiera. Era una nota. La desplegó bajo la luz tenue del farol. El diseño era hermoso, intrincado, con filigranas doradas que formaban el contorno de una mariposa. La misma mariposa que colgaba del collar del mago. Y en el centro, con una caligrafía elegante y fluida, una sola palabra Invitación El aire escapó de sus pulmones. Un escalofrío brutalle recorrió la columna vertebral. —No— dijo sin aliento Era imposible. Su mente, habitualmente llena de desconfianza, rebobinó cada momento de su encuentro. Lo había estudiado. Había mantenido una distancia segura. Había analizado los movimientos de las manos del mago, que nunca se acercaron a su persona. Nunca hubo un roce, un pase de manos cerca de sus bolsillos. Gicheul lo habría sentido, lo habría visto. Estaba seguro, nada se le escapaba a él y su vista ágil. Había desafiado al mago, había dado la espalda y se había marchado. En ningún momento, ni por un segundo,Junmo había estado a menos de un metro de distancia. Y, sin embargo, la prueba estaba allí, tangible e inexplicable, entre sus dedos. Fría y suave como el ala de un insecto. No era un truco de destreza ni era una ilusión óptica. Esto era otra cosa, algo que traspasaba lo que Gicheul entendía por realidad. Giró la cabeza lentamente, mirando hacia la oscuridad del parque. Ya no había rastro del hombre del chaleco blanco. Solo sombras y silencio. Pero la invitación pesaba en su mano como prueba de su delirio "Vuelva cuando la luna se lo ordene", había dicho el tipo extraño y a Gicheul normalmente impenetrable le recorrió un escalofrío de terror. Con el corazón golpeándole las costillas con un ritmo que no conocía desde hacía años, supo, con una certeza aterradora, que volvería. No cuando él lo decidiera, sino cuando esa fuerza inexplicable, esa cuerda en sus entrañas, lo jalara de vuelta a este espiral de locura. Bufo, dejando caer la carta al suelo y subió al auto con el corazón acelerado, temblo mientras encajaba la llave y cuando encendió por fin, se fue acelerando a fondo para huir de este lugar que lo comenzaba a volver loco.

Notes:

Simplemente estaba viendo el sonido de la magia, la deje porque estaba afiebrada y soñé esto... fue tan épico.