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Angelic Sinner

Summary:

Cuando el Infierno se alza y Lucifer es capturado, todo lo que le queda es aferrarse a un último trato con el pecador más poderoso:

"Mi poder a cambio de tu lealtad."

Ahora Lucifer y Alastor están atados y deben aprender a convivir por encima de su rivalidad para sobrevivir y vencer.

O, Lucifer le da su poder a Alastor y ambos escapan a la tierra disfrazados de humanos mientras Lucifer se recupera.

Chapter 1: Uno.

Chapter Text

Lucifer tenía una laguna mental importante. Después del fiasco en el edificio de ese hombre televisor, escaparse fue su única opción viable. ¿Qué más podía hacer? No podía matar a esos insurrectos, él físicamente perdía todo su poder al segundo en que sus puños se alzaban para lastimar algún habitante de su territorio. Era estúpido, una tontería. Los pecadores se rebelaban y Lucifer no podía hacer nada.

Como pecas pagas, decían. Y el cielo pagaría por su castigo. Lucifer tenía el poder, tenía la fuerza y la resistencia, él podría acabar con esa resistencia con un chasquido de dedos, y, sin embargo, todo lo que le quedaba era ver qué pasaba.

Era un rey inútil. Una marioneta. 

De todas formas ese mortal jamás lograría algo contra el Cielo. Hablaban de pelear directamente contra arcángeles y serafines. Adam por si solo barrió el suelo con Alastor, y se suponía que el venado perdido era el más poderoso, ¿qué le quedaba al resto? Los masacrarían por imprudentes.

Castigo divino, ja.

El día que Lucifer cayó, el mundo se estremeció y el tiempo se detuvo. Lo recordaba aunque hubiesen pasado milenios. Recordaba el dolor de sus alas destruidas, recordaba el fuego, brasas y humo. Recordaba que aún escuchaba el susurro de sus hermanos en su cabeza.

"Deseal", "traidor", "monstruo", "sacrilego", "espantoso", "que horror".

Quizás parte de su castigo fue oír lo que tenían para decir de él. Lucifer los escuchó por mucho tiempo, hasta que parecieron aburrirse de él. Olvidarlo.

Y ahora estaba olvidado, atrapado y usado. El tipo había logrado inmovilizarlo usando la voz de su hija, y Lucifer se descubrió incapaz de escapar por más que empleara una cantidad de poder que en otras circunstancias podría haber sido simplemente apocalíptica.

Lucifer miraba el suelo, las baldosas brillantes reflejaban su rostro cubierto, Lucifer estaba obligado a verse, y era humillante, indigno. Si sus hermanos algún día se enteraban de que habían logrado ponerle cadenas, definitivamente se burlarían. Infierno, si Satan se enteraba. Lucifer no quiso pensarlo, ¿él era incapaz de mantener el control sobre su propio anillo?

Patético.

Lo peor era el dolor. El sujeto se había dado cuenta del nivel de caos que Lucifer causaba alrededor aún atrapado, y por ello incrustó en sus extremidades cables que lanzaban choques eléctricos espantosos a su anatomía cada vez que usaba su poder.

Lucifer soltó el aire, observando la ondulación de su propia sombra. Fue una oscilación suave, apenas perceptible, posiblemente por algún parpadeó en la escasa luz de esas horas. Después de que el tipo tele se fuera, lo dejó en la oscuridad, atado al suelo e inmóvil. Lucifer se burló de él, de su ingenuidad, de su estupidez. Lo llamó débil e inútil.

Y entonces lo amordazaron con una máscara metálica.

Una caricia helada apartó mechones húmedos de su frente. Lucifer se retorció como primer impulso, odiando el contacto después de que el amigo de su captor encontrara fascinante su estructura ósea. Tocó su cabello, alabando la suavidad, y luego acarició. Si no hizo más fue únicamente porque el tipo tele le dijo que lo dejara hasta después del ataque.

O sea que después de que "atacaran" al Cielo, ese pelón tendría acceso a él. Lucifer lo encontró escalofriante.

Una vibración tormentosa en las cadenas terminaron en una corriente feroz atacando directamente sus huesos. Gruñó, dejándose caer otra vez. La caricia se repitió, esta vez sobre su pómulo.

—Oh, pequeño rey —Lucifer conocía esa voz, suavemente trémula por la estática—. No gastes energía.

Levantó la mirada buscando al dueño, ¿Alastor había traicionado a Charlie? No esperaba menos de esa sabandija mentirosa. Había pensado que seguiría bajo el yugo de ese mismo tipo, pero seguramente él jamás se permitiría ser realmente un prisionero por tanto tiempo.

—Para el Orgullo encarnado, esto debe ser mortificante.

A Alastor debía gustarle mucho escuchar el sonido de su propia voz si era capaz de mantener esas innecesarias y molestas conversaciones casi completamente unilaterales.

No lo miró, más interesado en su propio reflejo. Su sombra osciló, y entonces dos ojos blanquecinos parpadearon en su dirección. Lucifer parpadeó de vuelta a ellos, a la sombra.

—Debía ver por mí mismo si era cierto lo que me contaron —Alastor tarareó, su voz no venía de la sombra, sino de un parlante situado en algún lugar por encima de su cabeza—. ¿Un rey reducido a un cargador? Patético.

Lucifer gruñó. El poder vibraba en su cuerpo, las cadenas brillaban, necesitó soltar el aire contenido para relajar a medias su postura. No quería otro choque.

Cerró los ojos, podría renovar energías si dormía lo suficiente, quizás si los pillaba con la guardia baja la próxima vez que viniesen, los podría sorprender. Si escapaba podría irse a alguno de los otros anillos, Asmodeo podría recibirlo sin hacer mucho barullo, el tipo era bastante blando.

Pero debía escapar, debía recuperar energía. Estaba dolorosamente drenado, se sentía débil como nunca en la vida. Lucifer llegó a pensar que quizás jamás recuperaría sus fuerzas, hasta que despertó con la energía renovada y descubrió que lo estaban usando como una maldita batería, para cargar algo con la fuerza de un serafín.

—¿Ya no vas a pelear? —Lucifer lo ignoró—. Me interesaba ofrecerte un trato, pero si quieres hacerte el duro. . .

Lucifer se mantuvo impasible, sereno, sus ojos cerrados mientras respiraba a consciencia. Por un par de minutos pensó que Alastor se había aburrido, luego captó el movimiento de la sombra con el costado de su ojo.

La sombra negra se enredó en su cuello y sostuvo su mandíbula. No apretó, Lucifer llegó a disfrutar de la extremidad helada contra su piel caliente. Esperó dolor, golpes, algo. Pero solo escuchó un clic bajo, y entonces su rostro estuvo libre, la máscara cayó al suelo  con un ruido metálico y pesado.

Lucifer respiró, necesitó una inhalación profunda y codiciosa del aire limpio y no sofocado. Sus colmillos se asomaron en una amenaza, soltó fuego puro entre ellos mientras miraba la sombra poco impresionada.

—Vete —siseó.

—¿Así dan las gracias en el cielo? —Alstor tarareó—. Que grosero, ángel.

Lucifer sabía por qué le decía así. Él una vez en el hotel le lanzó un pato de hule cuando Alastor pinchó su nariz y le dijo "angelito". Lucifer se había enfurecido porque él no era un simple ángel, él era un serafín, un guerrero. Él más fuerte, el más bello, el favorito de Dios.

Lucifer se giró y escupió lenguas de fuego contra las cadenas, sus fuerzas renovadas una vez más se impusieron a todo dar, agitando sus alas con rabia mientras se retorcía entre sus ataduras. Podía sentir el temblor que provocaba su rabia, pequeños trozos de concreto caían y el acero chillaba, quejándose por la fuerza demoledora. El brillo dorado absorbió el poder.

Y la corriente eléctrica azotó sus huesos.

Se encogió, resistiendo el dolor que impactó en cada extremidad comprometida. De alguna forma Lucifer podía sentir como se quebraban y volvían a sanarse.

—Pobre ángel —Alastor tarareó con una tristeza falsa y molesta, la sombra rozó su mentón, era gracioso el cuidado en comparación al tono condescendiente de su voz—. ¿No quieres hacer un trato?

Lucifer no pensaba que podría encontrar algo de lo que reírse en esa situación, pero él definitivamente no fingió su risa al oír aquello. Soltó una carcajada baja, apagada y burlona.

—¿Contigo? —espetó—. No, gracias.

—Soy el único que puede ayudarte —Alastor dijo, sonaba divertido, al maldito seguro le hacía gracia verlo reducido—. Nos podríamos beneficiar mutuamente, ¿mh? Un trato entre poderosos para darle una paliza a Vox.

Así que el demonio televisión se llamaba Vox, Lucifer lo recordaría.

—Cuando el infierno se congele —escupió.

Alastor soltó un suspiro sufrido.

—Si cambias de opinión —la mano fría aplastó suavemente sus mejillas, abultando su boca—. Solo debes llamar.

Lucifer se cortaría las alas él mismo antes de llamar a Alastor para hacer un trato.

***

Vox llegó un par de horas después, su ropa era blanca y, para su indignación, tenía entramados de serpientes y manzanas.

—¿Cómo te quitaste la mordaza?

Lucifer lo ignoró. ¿Entonces Vox no sabía que Alastor lo había visitado? Curioso, porque él había visto las cámaras apuntándolo desde todos los ángulos posibles.

Lucifer no confiaba en sus palabras, especialmente cuando ese demonio destilaba socarronería, una arrogancia que Lucifer conocía. La diferencia entre los dos era que Lucifer no pecaba de orgulloso, él era el Orgullo. Él sabía que era el más fuerte, conocía su lugar, conocía sus limitaciones, él no era solo una fachada respaldada por la ayuda de secuaces.

—Bueno, da igual —Vox hizo un ademán dejado después de voltear—. Será mejor si pueden escucharte gritar.

—Eres un fraude.

Lo vio paralizarse, su cuerpo pareció vibrar en electricidad mientras volteaba lentamente.

—¿Disculpa?

—Tú —Lucifer dijo, soltando una risita baja—. Te cuelgas del poder del resto porque eres débil, copias y engañas, ¿algo de acá es tuyo, genuinamente? Tu fama es porque Alastor se entregó voluntariamente, tus armas no te pertenecen, tu poder es mío. Eres una farsa.

La electricidad azotó su cuerpo antes de que cualquier palabra pudiese salir de la cabeza televisiva de Vox. El dolor lo recorrió, casi habitual llegado a ese punto, tensó poderosamente sus músculos y lo obligó a apretar los dientes para no emitir ningún sonido. El dolor se extendió, y se extendió. Sus huesos crujeron, su corazón se comprimió y un sonido agónico y ahogado terminó escapando de su boca cuando Vox finalmente detuvo la corriente.

Su cuerpo cayó deshuesado, tembloroso.

Al menos los había hecho rabiar, ya era un logro.

Vox puso una nueva mordaza y activó un mecanismo que alzó la zona del suelo a la que estaba encadenado. Vox subió primero ayudado por sus cables, la plataforma de Lucifer demoró más, pero sentía la luz sobre su cuerpo. Podía escuchar coros de personas y la voz de Vox rugiendo a una multitud.

Cuando Lucifer finalmente llegó, todos los focos lo apuntaron.

—¡¿Estos son los seres más temidos del Infierno?! —Vox vociferó, agarrando puñados de su cabello para obligarlo a alzar la cabeza—. ¡¿Este es su rey?!

Los abucheos no se hicieron esperar. Lucifer vibró en las cadenas, consciente de los dedos sucios del amigo de Vox delineando descaradamente una de sus alas. Ya había descubierto que no podría guardarlas sin recibir un latigazo eléctrico.

—¡Mírenlo!

A Lucifer le daba igual lo que pensaban seres tan inferiores. Todo el infierno podría odiarlo y a él no podría importarle menos, pero, ser exhibido así, eso era mortificante. Se suponía que los arcángeles eran los guerreros de Dios, y él era el más fuerte de todos, si a él lo tenían de trapero, ¿qué harían si lograban derrotar al resto? ¿A Miguel? Jamás podrían contra Miguel, él los haría pedazos sin cuestionarlo.

Purgaría el infierno hasta las cenizas para acabar con el problema de raíz.

—¡ Y miren al Demonio de la Radio! —Vox se carcajeó—. ¡¿Le tienen miedo ahora?!

Lucifer giró al escucharlo, siendo bueno en ocultar el impacto cuando apreció la silueta de Alastor igual de encadenado que él. Brazos estirados por cadenas, piernas atadas al piso, un collar metálico abrazando firmemente su cuello y terminando de someterlo. La máscara que cubría su boca tapaba su sonrisa, y evidenciaba aún más la humillación en sus ataduras. Alastor miraba al suelo, su ceño profundamente fruncido mientras Vox se carcajeaba a su alrededor.

La sombra temblaba bajo él, evidenciaba una expresión tosca y poco visible de profundo sufrimiento.

—¡Comenzaremos una nueva era! —él rugió, tirando de la cadena dorada unida al collar en su cuello—. ¡Sin realeza!

La gente vitoreó.

—¡Sin demonios tiránicos y exageradamente poderosos! —más aplausos, más gritos—. ¡El poder será para todos, y todos podremos ascender!

Eso era estúpido porque Vox literalmente era la manera en como se iniciaba una tiranía.

—No son nada —Vox siseó, inclinándose en su dirección para exhalar contra su oído—. Son una vil, inmunda y desagradable menti–. . .

Un golpe azotó el costado de Vox, ganándose un jadeo colectivo mientras él era lanzado a varios metros destruyendo una parte la infraestructura.

—¡Papá!

Charlie.

Cuando alzó la mirada, descubrió a su hija corriendo en su dirección. Los demonios abucheaban, pero ninguno se atrevía a subir para enfrentarlos directamente.

Lucifer quiso negar a su hija, pedirle que se fuera, que no se expusiera a ese lunático zafado. Pero su boca estaba cubierta, y Charlie ya estaba arrodillándose frente a él mientras deshacía la cosa que cubría su cara. Cayó con un ruido pesado, Lucifer pudo respirar con mayor libertad el aire cargado del infierno.

—Charlie, vete —ordenó—. Estás en peligro acá.

—No me voy sin ti, ¡Ángel, ayúdame!

Ángel y Husk estaban tironeando las cadenas que atrapaban a Alastor con la ayuda de la enana de rasgos psicopáticos –¿Niffty?–. Lucifer volvió hacia Charlie y negó, mirando hacia todos los lados al no ver a Vox ni sus secuaces.

—¡No lo entiendes, Charlie! —rugió, tironeando cuando ella golpeó con su bastón una de las uniones de las cadenas al suelo—. ¡Tienen un arma con mi energía!

—¡Te sacaré de acá! —ella negó.

Un sonido mecánico los hizo voltear a ambos, ignorando el sonido de cadenas cayendo cuando Husk fue capaz de destruir las que ataban a Alastor al suelo. Las de él no debían haber sido reforzadas de alguna forma, o Charlie habría sido capaz de romper las suyas. Ella golpeaba, disparaba y negaba mientras las lagrimas de frustración caían libres por sus mejillas.

—¡Alastor, libéralo! —ella ordenó.

Lucifer observó la sonrisa tensa del demonio cuando él se incorporó frotando sus muñecas.

—Me temo que eso no es posible —él dijo.

—¡Alastor!

—Tiene cadenas acero celestial, querida —Alastor señaló—. Carmilla las fabricó con la idea de ser tan fuertes como su prisionero, solo otro serafín podría romperlas, ¿ves a uno acá?

—¡Buscaré a Emily! —Charlie dijo, frotando su cara con su antebrazo, Vaggie estaba a su lado, frotando su hombro en silencio—. Ella podrá romperlas.

—Nadie vendrá —Lucifer se sentía impotente ante el llanto de su hija, al verla abrir los ojos y más lágrimas llenarlos—. No si se exponen a ser atrapadas.

Lucifer sabía por qué las habían hecho así: ninguno de sus hermanos bajaría a ayudarlo. Aún si bajaban a pelear, jamás lo soltarían por voluntad propia. ¿Quizás Rafael? Si lograban llegar a él sin que Miguel los descubriera, podría ser que Rafael accediese. Pero si tenían el poder de encarcelar a un serafín, ninguno iría para arriesgarse a ser atrapado. La libertad era su máximo privilegio; un serafín encadenado era un un golpe al Cielo del que dudaba que se recuperaran.

—Buscaremos. . . Buscaremos a Sera —ella sollozó—. Te esconderemos hasta quitarte las cadenas, ¿sí? Puedo llevarte a otro anillo, ¡al de Satan! El es poderoso, Alastor, ¿puedes soltarlo del suelo?

Alastor ladeó suavemente su cabeza, analizando los firmes tornillos que inmovilizaban su cuerpo. Lucifer sabía que era una tarea imposible, sabía que Alastor también era consciente cuando lo miró, pero aún así chasqueó los dedos, dándole el gusto a Charlie.

Las sombras no alcanzaron a materializarse del todo cuando un latigazo negro lanzó a Alastor al otro costado del escenario. Nadie alcanzó a gritar entre las carcajadas que emitió Vox al acercarse y los vitores de la multitud que aún los observaba. Una ruma de escombros le cayó encima, terminando por atraparlo.

—¡¿Por qué la cara triste, princesa!?

—¡Charlie, vete de acá! —Lucifer rugió, cuando ella no se movió, volteó hacia Vaggie—. ¡Llevátela!

Ella tomó su hombro para obligarla a retroceder, pero Charlie negó.

—¡No, Vaggie, lo están lastimando!

—¡Llévensela! —ordenó otra vez, esta vez mirando a los empleados del hotel—. ¡Váyanse ahora!

Lucifer giró hacia el ruido mecánico cuando descubrió el terror en sus rostros. Vox estaba sobre un arma, algo parecido a un cañón pero diez veces más grande. La punta poseía tres garras que acumulaban una bola dorada de energía dolorosamente parecida a sus propios ataques.

Vaggie no dudó, ella atrapó a Charlie y a Niffty y emprendió el vuelo, seguida de cerca de Husk, quien abrazaba a Ángel. Charlie gritó, negando mientras se alejaban del punto de mira del arma. Los vio volar en dirección del hotel, ahí al menos los escudos que Lucifer había impuesto lograrían protegerlos un poco del impacto.

Vox los apuntó. Lucifer notó el hormigueo premonitorio en su nuca antes de que la corriente lo asediara, devastadora y brutal. Fue como si toda su esencia fuera drenada, el dolor reemplazó su sangre, corroía sus venas y carcomía sus entrañas, haciéndolo gritar.

—¡Papá!

Lucifer podía soportar el dolor, no lo mataría. Podría aguantar mientras su hija estuviese fuera de peligro.

Una luz brilló primero, veloz y cegadora. Por un segundo solo tuvieron la visión de ese rayo de energía dirigido. Sus ojos absorbieron en cámara lenta como la adquiría una particular forma de flecha mientras era lanzada hacia un punto en el aire. Hacia Charlie.

—¡Charlie! —gritó, destrozándose la garganta en el proceso. Su voz retumbó en el infierno, tembló y agrietó el suelo y ni así logró evitar el curso del ataque.

Alcanzó a ver a Husk interponerse en el aire, unas cartas lilas y brillantes se alzaron frente a él. Ángel ya no estaba entre sus brazos, así que él alzaba ambas manos para engrandecer más y más el truco. Quiso reír, alabar su valentía. Daba igual el truco, era su poder el que los estaba persiguiendo, su poder multiplicado, manipulado y rearmado para lastimar.

Los mataría a cinco, no tendrían oportunidad. Su sacrificio no serviría de nada.

—¡Déjalos! —vociferó hacia Vox—. ¡Ellos no han hecho nada!

—Necesito un sujeto de prueba, alteza, pero tranquilo, no le estoy apuntando a tu hija —su rostro plano brilló con malicia—. Apunto al hotel, si se cruzan no es mi culpa.

—¡No!

Una única sombra salió disparada de los escombros en los que Alastor había sido sepultado. Fue veloz, más rápida que el rayo lanzado, y no buscó desviar el ataque, sino que envolvió directamente a todo el grupo de Charlie en una pequeña cúpula negra que reforzó con más y más oleadas de sombras.

Cuando Lucifer giró, notó a Alastor aún arrodillado, sus garras clavadas en el concreto mientras emanaba de toda su anatomía sombras densas, como si de su cuerpo sangrara petróleo en lugar de sangre, y todo lo que caía iba directamente al punto oscuro en el que antes estaba Charlie. Sus cuernos habían crecido, toda su estructura se notaba deformada en algo macabro y demoníaco.

La flecha golpeó la cúpula, y la explosión fue lo suficientemente destructiva como para golpearlos a todos en un radio de kilómetros. Alastor no pudo hacer mucho contra la onda expansiva, siendo lanzado varios metros antes de deshacerse en sombras. El ruido que vino después acabó con varios demonios de bajo rango, y los escombros que llovieron sepultaron a otros varios. Una inmensa nube de polvo, humo y cenizas se alzó, impidiéndole ver nada más allá.

Un cráter gigantesco yacía en el sitio del impacto, donde el Hotel de Charlie se cernía brillante y luminoso.

Charlie no estaba en ningún lado.

—Carajo. . . —Vox murmuró, o su compañero, o la mujer. Lucifer no distinguió voces, absorto en la destrucción masiva—. ¿Viste eso?

—Santa mierda —otro balbuceó—. Sí funciona.

Charlie. . .

Su hija. Su adoración. Su bebita.

—Vox. . .

El suelo a sus pies tembló, y las grietas dividieron la tierra, el escenario emitió un chillido, comprimiéndose y doblándose bajo el peso de su propio poder. Su furia. Las cadenas brillaron, y brillaron, y brillaron, tratando de absorber toda la inmensa energía que escapaba de su cuerpo en oleadas. Un pinchazo en su columna lo hizo erizarse, el dolor volviéndose soportable y distante mientras tiraba.

La que mantenía su cuello atado al suelo cedió, para el impacto de los demonios, quebrándose en miles de partículas luminosas.

Lucifer pudo alzarse, batiendo las alas sin recaer en el dolor. Tiró de las cadenas en sus antebrazos, causando un temblor que se extendió por toda la ciudad. Rugió, retorciéndose como poseído. No veía y no sentía más allá del rojo y rabia. Y el dolor que lo hacía consciente de que seguía vivo.

—Acabaré con todos —su voz retumbó del cielo rojizo a todo el infierno—. Cada miserable alma corrupta que presenció este día morirá en agonía.

Los truenos sobre sus cabezas fueron espantosos y atronadores, vio a varios llevar las manos a sus cabezas para aminorar el impacto, a Lucifer le dio igual. Él se soltaría. Él rompería por si mismo esas cadenas, y acabaría con todo el Infierno. Ningún castigo frenaría su furia. Ningún Dios lo detendría. Él era el Dios de su reino, y nadie volvería a olvidarlo.

Cuando la cadena que sujetaba una de sus piernas se trizó, escuchó a Vox gritar algo a sus empleados. Lucifer batió las alas, lanzando ráfagas de viento con escombros a cualquiera que se acercara. Las ráfagas escapaban de su cuerpo, la sangre caía de sus muñecas por los tirones bestiales, avivando su furia. Finalmente una de sus piernas se soltó, y Lucifer gritó. Saboreó la libertad, el fuego envolviéndolo mientras se sacudía de sus agarres.

La tercera cadena crujió, Lucifer dirigió su fuerza a esta cuando el dolor estalló en su hombro. Fue brutal y agónico, lo suficientemente fuerte como para atontarlo. Notó hilos de sangre cayendo al suelo y su brazo adormeciéndose. Otra explosión más impactó su abdomen, y otra en su pierna. Lucifer vio doble, luego borroso. Una cuarta explosión terminó por tumbarlo, Lucifer entonces pudo ver que eran de las mismas garras expansivas que se anclaban a su cuerpo.

Lucifer fue consciente de las puñaladas contra su espalda, una tras otra. Tormentosas. Su cuerpo estuvo otra vez absolutamente inmovilizado, y esta vez la corriente no se detuvo hasta que la inconsciencia lo absorbió.

***

Despertó en algún momento, y esta vez no se detuvo a nada. Invocó su poder y se retorció con rabia. Esta vez el suelo no tembló, apenas y brillaron las cadenas. ¿Qué mierda?

—Te lo dije.

Lucifer soltó el aire en un bufido bajo, enojado. Se retorció entre las cadenas y se nutrió del dolor de la descarga posterior. No lograba percibir qué le habían hecho en la espalda, pero sabía que tenía algo enterrado reiteradas veces. Clavos, quizás, argollas. Su piel debió sanarse alrededor y ahora tenían el camino pavimentado a su espina.

—Que miedo.

Alastor se materializó delante suyo, esta vez intacto y sonriente como siempre. Él acomodó su corbatín mientras caminaba, deteniéndose cuando Lucifer volvió a agitarse entre las cadenas. Debía tener quemaduras en la espalda, sentía la sangre gotear de las heridas, sanarse y volver a abrirse constantemente.

—Charlie está viva —Alastor dijo, frenando de golpe sus arrebatos—. Los saqué por otro lado y dejé a esas sombras de señuelo.

Una mano fantasmal deshizo el bozal y lo dejó sin gracia en el suelo.

—Mentiroso —siseó.

Alastor chasqueó la lengua.

—Yo no miento —él mordió, ladeando su cabeza. Su cabello se agitó suavemente, Lucifer tenía la duda de si era cabello realmente u orejas—. Charlie está viva, los escondí de Vox antes de venir acá.

—¿Dónde?

—Mh —Alastor miró a su alrededor y se alzó de hombros—. Irrelevante.

—¡Dímelo!

Una cadena colgó frente a su rostro. Lucifer parpadeó, reconociendo la manzana hecha con rubís y esmeraldas que Lucifer le había regalado a Charlie para su cumpleaños. Era una joya que ella usaba a diario porque en el interior había una fotografía de los tres.

—¿Ya me crees? —Alastor curoseó.

—¿Cómo sé que no la tomaste de su cadáver?

—Ugh, no seas tan oscuro —Alastor se quejó—. Si Charlie estuviera muerta, Vox habría venido acá a regodearse de haberla matado, pero está afuera buscándola porque quiere a toda la realeza encerrada.

Lucifer pudo aceptar que Alastor tenía un punto, y entonces el alivio le permitió sentir todo el dolor acumulado en su cuerpo. Se sintió enfermo como nunca. Mal. Hasta el último poro de piel quemó, pinchó y palpitó de dolor.

—¿Y tú? —escupió—. ¿Qué quieres?

—Un trato.

Lucifer rió sin gracia.

—Ilumíname —pidió. No aceptaría un trato de él, pero le causaba curiosidad lo que podría querer el Demonio de la Radio de él.

—Dame tu poder —Alastor dijo—. Y yo te saco de acá.

La risa de Lucifer esta vez fue alta y genuine, retumbó en la sala.

—Ah, Bambi, ese deje humorista no lo conocía.

Alastor tomó su cara, apretando sin fuerza sus mejillas. Lucifer vibró en rabia comprimida, las cadenas brillaron. Pero Alastor no hizo más, simplemente abultó su boca y amplió una sonrisita burlona.

—¿Tienes otra opción, ángel? —él curoseó, apartando la mano cuando Lucifer lanzó una mordida—. Tienes un poder que no te sirve, dámelo y te liberaré.

—¿Y luego? —cuestionó, perdiéndolo de vista cuando Alastor caminó a su alrededor—. El poder de un serafín no es para cualquier pecador, ¿cómo sé que me lo devolverás?

—Por eso es un trato, tontito —Alastor dijo, tocando la punta de su nariz—. Sino sería un regalo.

—La cosa es que no confío en ti —dijo.

Darle su poder a un demonio era una locura. Él se perdería en esa inmensidad, podría volverse loco, desatar una purga. Era el poder de un rey, su poder siendo de los seres más fuertes de toda la creación. Un tipo que no debía tener más de cien años jamás podría manipular adecuadamente todo eso.

—Y haces bien, querido —su sombra osciló—. Pero no necesitas confiar, sino poner reglas.

Correcto.

—Piénsalo —Alastor tocó un mechón de su cabello mientras levantaba la otra mano en un gesto amistoso falso—. Me das tu poder, yo te libero y asesino a todos los que tú no puedes, ¿mh? Adiós a Vox, adiós a esa arma, nos amistamos con el Cielo y tú seguirás siendo el rey ausente que tanto disfrutas siendo. Demosle un buen uso al don infinito que te dio tu creador, contigo se desperdicia.

A Lucifer debió asustarle la sonrisa tétrica y espantosamente amplia que Alastor esbozó cuando lo vio dudar. Alastor podía tener un punto, él no podría hacer nada en esa rebelión. Su poder, de alguna manera, sí se desperdiciaba si se trataba de usarlo en su reino.

Lucifer suspiró, asintiendo. De todas formas no tenía más opciones.

—Si yo muero, tú mueres —Lucifer murmuró—. Si yo sufro, tú sufres. Si atentas contra mí de cualquier forma, perderás inmediatamente todo mi poder, y morirás. Serás leal a mí, me protegerás a mí y a Charlie.

La sonrisa de Alastor osciló, pero no se encogió.

—Le quitas lo divertido.

—Tendrás acceso a todo mi poder hasta vencer a Vox —pronunció—. En el momento en que eso pase, este volverá inmediatamente a mí. Sin letras pequeñas, sin trucos.

—¿Piensas que sería capaz de embaucarte? —él preguntó, girando su cabeza en un gesto inocente—. ¿A ti, ángel?

Lucifer no tenía fuerza para enojarse, él simplemente lo miró, esperando una respuesta que sí le gustara.

—Mh, lo suficientemente justo —Alastor tarareó—. Pero hasta entonces me darás la autonomía de usar tu poder como me plazca, seremos iguales, socios, si es que quieres ponerle un nombre, y esto acabe, tú me liberarás de cualquier otro contrato.

—No esperaba que el demonio de la radio ya tuviese una correa —las sombras alrededor de Alastor temblaron ante su burla, pero él no se movió—. Gracioso.

—¿Es un trato, entonces?

Lucifer asintió, y Alastor extendió su mano. Lucifer la miró con un evidente suplicio.

Llegó a preguntarse si por esa razón Vox había atado y cubierto tan firmemente sus manos. No había forma en el infierno que él pudiese apretar la palma extendida de Alastor, y cuando él lo notó, emitió una risita sardonica mientras hacía un ademán.

—Si no queda de otra.

Las sombras lo envolvieron, frías garras que no terminaban de sentirse, como si una mano fantasmal lo atravesara pero sostuviera. La oscuridad fue absoluta, antinatural y poderosa, siendo atravesada únicamente por los brillantes ojos de Alastor cuando él se inclinó en su dirección. Su sonrisa era macabra, sus manos acunaron su rostro y lo mantuvieron quieto en su sitio. Lucifer entrecerró los ojos.

—Ya sabes como es, ángel —Alastor tarareó, inclinándose hasta juntar sus frentes y unir sus narices—. No me vayas a morder.

—Hazlo.

Alastor no le dio tiempo de reconsiderar nada, porque entonces su boca se aplastó contra la suya. Fue brutal, demoledor y posesivo, no tuvo ninguna oportunidad contra él, especialmente cuando su lengua invadió su boca y acarició descaradamente el interior. Lucifer encontró poco agradable no ser quien liderase el encuentro, acostumbrado a besar los labios suaves y afelpados de su esposa, tener los colmillos de Alastor arañando su piel sensible fue escalofriante.

El suelo tembló, no como lo hizo bajo el poder de su propia rabia, fue más profundo, más peligroso y amenazante. Lucifer no podía ver más allá del rostro sonriente de Alastor mientras él era envuelto por cuerdas doradas. Los escombros caían, Lucifer los escuchaba, un trato de ese nivel era destructivo. Literalmente estaba atando sus almas, estaba entregando el poder divino del cielo al pecador más poderoso del infierno.

Las cadenas se quebraron, una a una se deshicieron sobre el suelo provocando ruidos metálicos. Sus brazos acalambrados lanzaron relámpagos de dolor debido al movimiento brusco cuando cayeron a sus costados sin fuerza. Alastor estuvo ahí para sostener su cuerpo deshuesado, rodeándolo con sus sombras para aligerar su peso.

Él aún consumía de su boca, menos intenso y dominante, Alastor bien podría simplemente estar mimando sus labios sin necesidad de lastimar. La luz dorada los envolvía en esa pequeña cúpula de sombras, agitaba su cabello y acariciaba sus poros, poder puro, vibrante y feroz que levitaba a su alrededor mientras Alastor lo absorbía.

Su energía fluía fuera de su cuerpo, esta vez sin dolor. Fue casi cálido, envolvente. Latía de dentro hacia fuera y se impregnaba en Alastor como una segunda piel, decorando sus sombras con breves destellos ambarinos. Alastor se encargó de sostener su cara, las garras eran una realidad contra sus mejillas, rozando sus pómulos sin llegar a dañarlo.

Cuandola última pizca de su poder se perdió bajo la piel de Alastor, todo lo que recibió como muestra del trato que acababa de hacer fue una respiración trémula, y el temblor en sus dedos cuando finalmente lo soltó. Su lengua caliente regaló una lamida traviesa sobre su labio inferior. 

Lucifer exhaló, intentando no estremecerse ante el frío desolador que lo invadió. De pronto fue dolorosamente consciente de lo débil que estaba, y lo frío que era ese lugar. Sus alas caían sin gracia, su cuerpo tembló, encogiéndose por la mezcla de dolor y agotamiento que lo envolvió. Sus muñecas y tobillos sangraron cuando los clavos que las sujetaba a las cadenas se deshicieron a su vez. La sangre dorada tiñó las baldosas, escapando también de sus hombros apuñalados.

—Sí que te drenaron, ¿mh? —Alastor comentó, invocando su bastón. Una suave luz dorada serpenteó por la alargada estructura, uniendo piezas hasta dejarlo bueno y liso otra vez. Él tocó suavemente la punta rojiza—. ¿Se escucha?

—¡Fuerte y claro, Alastor!

—Maravilloso.

Él volteó en su dirección, Lucifer no sintió el peligro en su actuar, probablemente porque sus almas estaban atadas y dudaba que hubiese algún dolor existente que ese demonio pudiese causarle que Lucifer no fuese capaz de soportar llegado a ese punto. Su sonrisa brillaba, era todo colmillos y amenazas, y, aún así, Lucifer pudo ver la sutil sombra bajo sus ojos.

—¿Nos vamos? —Alastor preguntó, extendiendo una mano en su dirección para ayudarlo a ponerse de pie. Lucifer la tomó, y el poder fue incluso más vibrante donde sus extremidades se conectaron.

Lucifer estaba por exigir que fuese por Charlie primero, que se asegurase de que estaba bien. No podía confiar en su palabra, Alastor era un embaucador retorcido por naturaleza. Debía verla con sus propios ojos, abrazarla y prometerle que arreglaría ese desastre. Debía ir con Charlie.

—No empieces a ponerte exigente —él agregó, como si pudiese leer su mente.

—Llévanos con Charlie.

—Mh, no —Lucifer giró en su dirección con brusquedad, enfrentándose a su sonrisita desagradable cuando Alastor se inclinó en su dirección—. Primero sanarás esas heridas, no protegeré a un lastre.

El calor subió a su cara con furia, rápido y delator. La indignación lo hizo apretar los puños.

—¿Cómo mierda me dijis–. . .

—¿Qué carajos?

La voz de Vox llegó hasta sus oídos, seguida del murmullo sorprendido de sus dos secuaces. Interrumpió la disputa y lo hizo dolorosamente consciente de lo cerca que estaba la cara de Alastor.

Alastor interpuso su mano para cubrirlo de algún ataque directo, su sombra nuevamente sonriente pareció ganar espacio bajo sus pies. Lucifer se percató de un cosquilleo cuando algo se enredó en su pierna, serpenteando por su cuerpo antes de deshacerse otra vez en el suelo. La sangre que corría de sus heridas dejó de fluir con tanta abundancia, Lucifer no podía mover lo suficiente sus brazos como para ver qué había hecho Alastor.

—¡No se queden ahí! —Vox gritó, alzándose con sus cables—. ¡Atrápenlo!

—Mh. . . —Alastor ronroneó, golpeando la punta de su bastón contra el suelo, de esa sola acción escaparon oleadas de sombras tan negras como la brea que arrasaron con todo a su paso, esquivándolo estratégicamente en el proceso—. Interesante.

El edificio tembló bajo el asedio, los tres demonios gritaron cuando Alastor dirigió toda la fuerza del ataque a ellos. Lucifer alcanzó a ver que Vox se cubría con sus cables y atacaba con otros cuantos, dejando a sus dos compañeros a su suerte. Las sombras los desviaron con facilidad, y una terminó por envolverlo, alzándolo y tirándolo al otro extremo del espacio.

—¡¿Qué hiciste?! —Vox rugió, lanzando golpe tras golpe que Alastor ni siquiera debía esquivar, él simplemente los desviaba con una única sombra.

—Guarda tus palabras para el público, Vincent —Alastor tarareó. Su voz sonó demoledora, amplificada por mil, causaba temblores en la infraestructura enclenque, más escombros caían, pero ninguno alcanzaba a tocarlo—. El show debe continuar.

Alastor chasqueó los dedos, y la oscuridad escaló por sus cuerpos antes de absorberlos por completo.