Chapter Text
Las partes nevadas de los recesos de las nubes esconden lamentos, llantos y dolores inimaginables ante otros de tan regulada y prominente secta, los jóvenes son quienes más sufren en silencio pensando y culpandose del porque no logran hacer más por quienes son justos con otros.
Lan WangJi no es la excepción a pesar de ser el segundo joven más afortunado dicen algunos, él sufre, sufre como nadie imagina, sufre como si te apuñalaran 100 veces y fueras inmortal, aún así el no lo es, su amado podía haberlo sido, el pudo haberse convertido en inmortal y ascender a los cielos para convertiste en un bello ángel.
Él se culpaba con fervor aquella muerte, simplemente no puede perdonar el hecho de que no pudo hacer nada por él. El porque nunca habló, se culpaba por ser él mismo, de no tener el impulso suficiente para tener al mundo en su contra en ese instante, sentía que su amor no era puro y era evidente que jamás sería capaz de dar su vida por él, las marcas de látigo parecían melodías escritas en su piel pues cada que el agua las tocaba, un llanto o gemido ahogado salía de su boca como si desde un inicio hubiera sido plantado ahi.
Las frías noches en soledad solo reflejan heridas sangrantes de un corazón marchito que está infectado con hongos y maleza.
Un corazón abandonado es lo que tienen los jóvenes, abandonado por parte del amor que debieron recibir y del amor que nunca expresaron, las frías lágrimas caen cada noche sin descanso solo esperan una luz que no llegará nunca, esperan un amor puro, una palabra justa y un corazón sincero, lástima que se perdieron años atrás cuando comenzaron las mentiras y traiciones hacia quienes juraban amar hasta la eternidad.
El filo de las espadas parece no cortar aún cuando la sangre está brotando a montones, las heridas del alma siempre duelen más.
―Wei Ying ¿Serás mi ángel? ¿Me perdonarás aún si no pude protegerte?― Decía al aire palabras de amor Lan Zhan, un ángel en la tierra que parecía un niño asustado solamente. ―¿Acaso tenías que dejarme aquí?¡Dime si estás conmigo!― Gritos de dolor salían de su garganta lastimada por el frío hielo de un amor que picaba como rosales, ¿por qué no podía simplemente morir en ese mismo momento? Tal vez aún le tenía aprecio a su vida y eso le dolía más, era egoísta por querer vivir cuando su dragón negro ya no lo hacía.
Mil veces se arrodilló frente a los túmulos funerarios sabiendo que ahí no había absolutamente nada esperándolo, mil veces rogó e imploro que Wei WuXian regresará con él, nunca sucedió nada. Su alma jamás volvería ni se encarnaria nuevamente, fue destruida años atrás.
Las estrellas tenían compasión de ese joven tan desafortunado aún así no podían hacer que alguien muerto volviera. Años pasaban y con ello el dolor seguía incrementando. Soledad inmersa en él, sus ojos claros parecen invisibles de tanto llorar, irradian dolor.
La sangre corre y sigue marcando el número de la muerte aunque para el segundo joven jamás contesta sin importar cuánto lo intente.
Siempre está escuchando esa melodía que cambia constantemente como la brisa de un bosque, tan sereno y tranquilo se muestra ante el mundo, pero oculto en su naturaleza de sufrimiento silencioso, esa daga que desgarra su mente siempre está clavándose más, con cada palabra, con cada suspiro, con cada minuto, con cada incienso, con cada recuerdo que se esfuma como hielo en verano, le hacía falta el sol a la luna.
Todo siempre está nublado sin ningún rayo de sol en el día y ninguna estrella por la noche solo la mente que es el tormento incesante como un lobo hambriento esperando a que su presa se distraiga.
―WangJi...―Nombró Lan Xichen a su hermano único con la voz quebrada, no tenía cara para hablarle nuevamente sabiendo que no dejó que ayudara a Wei WuXian cuando comenzaba en asedio a los túmulos, la culpa lo perseguía pero solo la ignoraba.―Él estará bien... No sé que clase de condiciones tiene tu corazón pero fue lo mejor... Ya no era él y lo sabes, la energía resentida daño su mente, te afectaría si estuvieras con él, no lo controlaba...― Parecía que cada que hablaba clavaba aún más la estaca en su mente, le hacía perder el aliento, su alma hecha añicos se retorcía de regocijo y dolor.
―Xichen déjame solo― Con sus cuerdas bucales destrozadas de tanto gritar y suplicar, su pecho exalaba llamas ardientes y su corazón se calcinaba en ellas, no quería seguir escuchando, no quería vivir, no sin Wei Ying no sin él. Todo lo que otros decían lo lastimaba, todo ardía y sus ojos volvían a derramarse, fríos sin brillo, su alma quería dejar su cuerpo y buscar a su ángel, aquel ser que lo llevara lejos de todo, quería paz, quería morir igual que Wei Ying ―Sal de aquí...― Dijo con amargura, llorando nuevamente. Se estaba ahogando y nadie lo veía, solo hacían sentir más y más esa desesperación y culpa.
Cómo dolía esa melodía clavada en su cabeza, cómo dolía tener un corazón que aún latía, cómo dolía tener vida. El amor siempre duele cuando te callas cosas, cuando no hay confianza, cuando hay peleas, cuando hay malos entendidos, cuando las pequeñas acciones tienen malas interpretaciones, cuando solo se ama una vez.
Después de esto Lan Xichen salió casi como un fantasma blanco como la nieve. En silencio como siempre había dictado su secta, aunque parecía más una desensibilización ante otros actos y quién no lo era simplemente era tachado hasta que se convirtiera en lo que los escritos decían.
No importaba cuan mal se sentía de ver a su hermano destrozado nuevamente, no podía hacer nada, desde hace mucho tiempo no sabía que hacer intentó con todo pero nada funcionaba era algo más que estaba fuera de la comprensión del clan Lan.
Desde luego los nudillos de sus dedos estaban rotos, la melodía que una vez fue tranquila se volvió reacia y con fallas, y los recuerdos amenazaban con volverle loco, aún así quería seguir esperando ese último aliento de su cuerpo, ¿Llegaría tarde como él? ¿O la muerte le tendría piedad para evitar su sufrir eterno?
Lan Zhan se pregunta en su silencio de lagunas mentales si realmente sigue vivo o es su castigo divino revivir lo mismo cada vez por no haber cuidado a aquel ser tan especial y capaz de sí mismo, la flores crecen después de la muerte pero el jardín de Lan WangJi es infértil y lleno de basura, incapaz de dar alguna flor o alegría.
Esa depresión opresiva se volvía cada vez más intensa, era casi imposible para él no pensar en la muerte cada día, cada segundo, cada estúpido momento de recuerdos. Lloraba como una cascada que no tenía fin, lloraba como un pequeño niño que buscaba amor de su familia, parecía que había vuelto a esos años en los que esperan afuera de la casa de su madre para que le abrieran la puerta y le mostrarán algo de compasión a su pequeño corazón, como en ese entonces nadie abrió la puerta ni le mostraron compasión, solo hubo más abandono y dolor, era pequeño pero si cuerpo no aguantaba ese dolor, casi moría en ese entonces por su poco cultivo y su corta edad, era difícil, ni siquiera sabía como seguía vivo; como en ese pasaje de tristeza se veía inmerso otra vez, sin poder salir de ese bucle que el mismo se había puesto, solo que ahora no tenía posibilidades de morir, ya no era un niño pequeño ni era débil, pero su alma seguía como una de un pequeño.
En toda su vida se hubiera imaginado que terminaría así de nuevo, nunca le había dado esa importancia a sus sentimientos, después de todo no eran de importancia en el receso de las nubes, eran más como cosas que podían ser dadas y quitadas, como la vida misma a un animal para que alguien se alimente.
