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Language:
Español
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Published:
2025-11-04
Words:
2,971
Chapters:
1/1
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1
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2
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50

Fears - VERSIÓN ESPAÑOL -

Summary:

Quiero estar siempre para ti.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

Vacío.

Fue lo primero que pensó al mover el brazo y no encontrar el calor habitual a su lado.

Abrió los ojos a medias, con el cuerpo aún pidiendo sueño. La habitación seguía envuelta en penumbra y silencio.

Al enfocar la vista en la oscuridad, notó el hueco frío donde Orihime solía dormir.

Volteo para observar el reloj sobre la mesa de noche, y vio que apenas eran las 03:42 de la madrugada, indicándole que solo le quedaban unas pocas horas más de sueño, y que además, era muy tarde para aún estar despierto.

Como pudo, se sentó en la cama, frotó uno de sus ojos y, con un leve impulso, se levantó de la cama y salió de la habitación. Caminó despacio por el pasillo; porque Kon, vivía con ellos, y despertarlo a esas horas solo significaba malentendidos al día siguiente.

El primer lugar al que se dirigió fue a la pequeña sala del departamento, la cual era el centro del lugar. Ahí se encontraba una pequeña tele sobre un deck; frente a ella, una pequeña mesa de té y un sillón para dos personas. A un lado había muebles que usaban para guardar la loza, un calendario, como también un pequeño santuario compartido, en donde estaba la foto del hermano de su novia, Sora Inoue, y una foto del mismo tamaño de su propia madre, Masaki Kurosaki.

Pero aun así, no había rastros de Orihime en esta habitación. Por lo que siguió con su búsqueda, en dirección a la cocina, que era la otra habitación en el departamento, en donde ella a veces preparaba sus extraños platos, con ingredientes dudosos, pero que eran extrañamente deliciosos.

Al acercarse a la cocina, un sonido lo detuvo.

Un sollozo. Suave, contenido, casi mudo.

Se asomó, y entonces la vio.

Orihime estaba encorvada frente al lavaplatos, abrazándose a sí misma con fuerza, temblando.

A sus pies, estaba Kon, que parecía hacer todo lo posible por llamar la atención de Orihime, poniendo una de sus patas de felpa sobre la pantorrilla de ella, que era lo máximo que podía alcanzar; parecía desesperado y obviamente no sabía qué hacer.

En cinco meses de convivencia había aprendido a reconocer las distintas facetas de Orihime: cuando estaba feliz, cuando estaba preocupada, cuando se sentía triste, cuando intentaba cubrir sus emociones con una sonrisa falsa…

Recordaba la primera vez que la vio así: cuando ella creyó estar sola en el departamento, pero cuando notó que él estaba ahí, sonrió como si nada. Esa sonrisa vacía lo persiguió por días.

Esa vez, la hizo prometer que no le guardaría sus penas; quería estar ahí para ella, de la misma forma que ella siempre ha estado para él.

Le había costado, pero de a poco, ella se había abierto a él, esta vez, de verdad, dejando ver un poco a la niña que conoció hace tanto tiempo. Una chica que lloraba cuando se sentía abrumada por las cosas que pasaron en el pasado, que se desanimaba mucho cuando no le resultaba algo como esperaba, que a pesar de todo lo malo que ha sufrido, siempre mostraba una sonrisa, demostrando su corazón de oro.

Y es algo que, a pesar de todo, le encanta de ella.

Aunque, aquí estaba ahora, pareciendo que, a pesar de todo, daban un paso atrás.

Dio un paso hacia la cocina, alarmando esta vez a Kon, quien volteó de inmediato al sentir su presencia. Por un momento se iluminó por completo, pareciendo aliviado, pero luego lo miró con cierto enojo con sus pequeños ojos. Él lo miró de vuelta y le hizo una seña para que se fuera.

Kon, a pesar de todo, se fue sin decir una palabra o ruido.

Ambos sabían que no era momento para escándalos entre ellos, había algo más importante ahora.

—Orihime. —Llamó.

Como si eso hubiera sido una alerta, Orihime dejó de sollozar de inmediato. Vio cómo sus manos subían rápidamente a su rostro, mientras se movían frenéticamente sobre su rostro oculto.

—¡M-Me asustaste, Kurosaki-kun! —dijo ella rápidamente, sin voltearse.

Kurosaki.

Desde que habían empezado a vivir juntos, él le pidió a Orihime que lo llamara por su nombre, ya que sentía que habían pasado hace mucho tiempo ese tipo de formalidades entre ellos. Habían sido amigos desde los 15 años, y quizás un poco más, habían pasado por muchas dificultades durante ese tiempo, más de lo que uno podría aguantar, pero ahí estaban.

Recordó sus “salidas amistosas” antes de irse a Reino Unido, y cómo prometió que, al volver, haría todo lo posible por recompensar el tiempo perdido con ella. Estudió todo lo que pudo, se tituló, volvió a Japón una semana antes de lo previsto para sorprenderla a ella y a todos, buscó un trabajo, se estableció lo mejor posible y después le pidió de forma correcta que fuera su novia; no quería estar lejos de ella, así que sugirió la idea de mudarse. Ella había estado tan feliz que sintió que todo había valido la pena. Fue ahí, entre todas esas cosas, que quiso acortar más la distancia, cuando le pidió que lo llamara por su nombre, para demostrar que estaban cerca, para demostrar que iba en serio.

Ella solo lo llamó por su apellido cuando estaba abrumada o cuando quería ocultar algo, como ahora.

—Deberías estar durmiendo; mañana tienes una reunión importante, y debes madrugar. —. Empezó a ella mientras se movía al refrigerador, sin voltearlo a ver. —Yo iré en unos momentos, así que, por favor, vuelve a dormir.

—Orihime.

—¡E-Estoy bien! ¡Solo vine por un vaso de a-agua! —Su voz se quebró un poco al final.

Sin decir nada, se acercó a ella, colocó suavemente su mano en su hombro y la obligó a ponerse frente a él. Ella había cerrado los ojos con fuerza y no levantó su mirada, pero incluso de esa forma, él podía ver las lágrimas en su rostro, sus ojos hinchados y leves ojeras debajo de ellos.

La imagen rompió su corazón; ella estaba sufriendo nuevamente en silencio, y había intentado ocultárselo.

—¿Qué pasa? —preguntó, mientras ahuecaba su mejilla—. ¿Por qué estás llorando aquí sola en la cocina?

Ella seguía sin mirarlo, por lo que ese sentimiento de hundimiento se hacía más grande en él.

Orihime bajó aún más la mirada, intentando limpiar sus lágrimas con el dorso de la mano. —No quiero molestarte —.murmuró, como si disculparse por sus acciones y emociones fuera lo correcto.

Sabía que ella a veces se encerraba en sí misma por costumbre. No quería presionarla, pero tampoco podía dejarla sola. Así que sabía que presionarla no era lo correcto; sabía que ella se negaba a decirle cuando se sentía así, para no tener que molestarlo, cuando lo que realmente le molesta es que no se afirme de él cuando ella está así de vulnerable.

Lentamente, envolvió sus brazos alrededor de sus hombros y la atrajo a su cuerpo, en un cálido abrazo.

—Por favor —pidió—. Quiero estar aquí para ti.

A pesar de no poder ver su cara, sintió su duda, tanto como si pudiera tocarla.

—No es nada...—. Intento convencer.

—Si fuera así, no estarías así de triste —argumentó él.

—Es tonto… —. Intento de nuevo.

—No es tonto, son tus emociones, no intentes invalidarlas... Por favor, Orihime.

Ella se removió en sus brazos, pero no se alejó.

—No quiero molestarte, así que, p-por favor... Ve a dormir.

La abrazó más fuerte.

—No.

—P-Pero es solo una tontería, de verdad, no importa.

Él no estaba de acuerdo. Sin pensarlo dos veces, se agachó rápidamente, envolvió su brazo derecho alrededor de sus rodillas y la levantó con un solo brazo, logrando sacarle un chillido de sorpresa a la chica.

—¡Ku-Ku...! ¡Ichigo-kun!

No le prestó atención, se dirigió con ella de esa forma hasta el sillón, tomó una manta que estaba ahí con su mano libre y, sin más, se sentó. Dejo que Orihime cayera en su regazo, se acomodó con ella y los tapó a ambos con la manta.

—Ichi...

—Por favor, no digas eso... Incluso si tú encuentras que es una tontería, para mí no lo es… —Rogó—. Incluso si no me quieres decir, está bien, pero no digas esas cosas, por favor…

La abrazó con fuerza.

Cada lágrima de ella dolía como propia.

Si pudiera, se quedaría ahí toda la noche, solo para protegerla de todo lo que la hacía sufrir.

Sintió cómo el cuerpo de Orihime finalmente se soltaba; parecía que se estaba rindiendo.

—No quiero mantenerte despierto con mis problemas…

—No es un problema, realmente quiero saberlo… No soporto verte así; sería idiota de mi parte dejarte sola sabiendo que estás sufriendo, no sería un buen n-novio si lo hiciera —dijo con firmeza, aunque flaqueando un poco al final; aún no se acostumbraba a la idea de llamarse a sí mismo novio de Orihime, aunque decirlo siempre lo llenaba de una emoción sin frenos, que solamente pocos podían ver—. Además, Tatsuki se enojaría conmigo e intentaría matarme si se llegara a enterar de que te dejé llorando y me fui a dormir.

Orihime se rio.

Una risa.

Eso alivió un poco el estrés de Ichigo, ese pequeño sonido que podía relajarlo tan rápidamente.

No sabe que lo llevo a eso, pero sus ojos terminaron en el calendario que estaba colgado a un lado del santuario que tenían, y verlo hizo que algo en su cabeza finalmente hiciera click.

Hoy era el mismo día en el que Orihime desapareció, hace ya 5 años.

Era el día en que Ulquiorra decidió llevarse a Orihime a Hueco Mundo.

Será... —Pensó para sí— ¿Tuviste una pesadilla?

El cuerpo de Orihime se tensó.

Silencio.

No necesitó una respuesta. La había adivinado.

Esta no era la primera vez . A veces, las sombras del pasado regresaban a su sueño. Haciendo memoria, una había sido en el aniversario de su hermano mayor, Sora Inoue. Y otra había sido de la misma forma, pero era con el enfrentamiento que tuvo con su hermano cuando este se había convertido en un Hollow. La última, cree que fue uno de unos cerdos que querían conquistar Tokio, pero no está seguro de llamar eso pesadilla.

Dudo un momento. —¿Se trataba de una pesadilla sobre Hueco Mundo?

Su cuerpo se estremeció.

Algo que siempre lamento es no haber podido estar ahí para ella en ese momento; tuvo que verse obligada a ir a un mundo totalmente distinto, como rehén, con tal de protegerlos a todos ellos. Pensaba sacrificarse ella, para protegerlos; se había sentido tan frustrado en aquel entonces, la sociedad de almas le había dado la espalda, no sabía cómo llegar hasta donde estaba ella.

Recordar Hueco Mundo aún le dolía. Prometió protegerla, y aun así la perdió. El miedo de no llegar a tiempo a ella seguía persiguiéndolo; lo peor de todo había sido tener que escuchar teorías de que ella había muerto. Había estado tan desesperado después de eso, intentando con todo demostrarles a todos que eso era imposible, ya que su reiatsu aún estaba en su muñeca, pero eso solo había provocado que los de la sociedad de almas la declararan como una traidora. Se había negado a creer eso, se había aferrado tanto a la imagen de Orihime que conocía, pero aun así, su subconsciente empezó a dudar, pero se regañaba de inmediato cuando el pensamiento pasaba por su cabeza.

Aún recordaba las palabras del capitán general Yamamoto, en donde le decía que no fuera y muriera por una mujer que no pesaba nada en comparación con el mundo, pero en ese momento, Orihime y el resto de sus amigos se habían convertido en sus rocas, y la desaparición de una fue la perdición para él.

Aunque también pensaba que podía ser que sus sentimientos por Orihime estaban emergiendo de a poco, creía que fue por ahí después de lo sucedido en la sociedad de almas, o quizás desde antes; no estaba del todo seguro, pero sabía que ya estaban después de lo sucedido en Hueco Mundo.

—Y-Yo…

Sus pensamientos se detuvieron.

—Yo no debería estar así de asustada… No con algo que pasó hace tanto tiempo… —confesó finalmente—. P-pero, por alguna razón, estas me siguen afectando… Es una tontería…

Ichigo la acomodó una vez más sobre él, esta vez apoyándola por completo contra su pecho, su cabeza justo en la zona donde estaba su corazón. Sabía que a ella le relajaba eso; nunca lo había cuestionado, pero ahora cree saberlo.

—¿Me contarás?

—...

—¿Hime?

Ella se acurrucó más cerca de él, aferrándose a su polera de pijama de manga larga con fuerza; se estaba refugiando en él; eso lo alivió aún más, por lo que en compensación él apoyó su cabeza en la de ella.

—Ulquiorra-kun… Él…

Oh…

—Soñé con lo que pasó aquella vez —revelo—. Con esa sensación de soledad tan abrumadora desde aquella habitación… T-Tú pelea con Nnoitra… Lo que Tesla te hizo… La cúpula… Todo eso como si lo estuviera viviendo de nuevo, solo que… que…

Su voz se quebró.

—Todos ustedes morían, una y otra vez…

Ichigo la abrazó con un poco más de fuerza.

La verdad, nunca hablaron correctamente de todo; habían hablado un poco mientras ella estaba curando a Ishida, en donde ella se disculpaba, incluso cuando nada de lo que pasó esa vez fue su culpa y fue una víctima; aún recordaba su rostro distante y aterrorizado. Sus llantos desesperados, y cómo lo llamaba por ayuda… Ella lo hizo volver, y siempre estará agradecido por eso.

Ella siempre fue así de asombrosa.

—Pero ahora estamos aquí —dijo él—. Estoy vivo, los demás, y tú también, eso es lo más importante. Ulquiorra, él… A pesar de todo lo que te hizo pasar, aun así te acercaste a él, pero definitivamente tú cambiaste algo en él.

—Eso… Me lo dijiste esa vez.

—¿Te acuerdas, eh?

—Por supuesto que sí.

Ichigo sonrió.

—Con respecto a ese tipo Nnoitra, no puedo decir que no lo pasamos mal… —. Aclaro—. Admito que estaba muy asustado por ti. Además de que ese tipo te obligó a ver lo que me hacían, eso fue muy cruel.

—...

—Lo de la cúpula, creo que es lo que más dejó cicatriz, no solo para mí, sino también para ti —susurró—. Especialmente para ti.

—Ichigo-kun…

—Es verdad. Había veces que no podía dormir por el recuerdo de ti llamándome desesperadamente. También había veces que no podía dormir por ese miedo de que, si no sentía tu reiatsu, no podía saber si algo malo te pasaba —reveló—. Como aquella vez con Tsukishima…

Sabía que ella no recordaba nada de eso, así que, no valía la pena. No quería traer los recuerdos de esa vez; había sido demasiado doloroso; después verla tendida en el futón, solo había traído más recuerdos dolorosos.

Ichigo levantó su mano, y la colocó suavemente sobre la cabeza de ella y la presionó contra su pecho.

—Por lo que muchas veces, el verte tenía que ser suficiente. —Suspiro. —Ahora, ese miedo de que pueda sucederte algo aún me aterroriza; no creo poder soportar la idea de que te lastimes de gravedad, no como esa vez contra ese tipo Yami, no cuando finalmente puedo ser sincero.

—Ichigo-kun…

—No eres la única… Que tiene miedo; yo también lo tengo.

—...¿Incluso ahora?

Ichigo sonrió.

—Incluso ahora.

Orihime se sintió un poco tonta; desde un principio lo sabía, y se había enojado consigo misma al salir corriendo de la habitación y haberse puesto a llorar por algo que había sucedido hace tanto tiempo. Pero escuchar que Ichigo también tenía miedo, de alguna manera la tranquilizó, y una pregunta surgió en su cabeza.

—Si tú estuvieras en mi lugar ahora, ¿me hubieras buscado?

Sintió que Ichigo se retorció un poco contra ella, e intentó levantar su cabeza para mirarlo, pero él, al sentir su movimiento, tuvo un firme agarre sobre ella para que no se moviera.

—¿Ichigo-kun?

Un fuerte suspiro salió del chico.

—Por supuesto que sí… Tonta.

Orihime sonrió, al imaginar la expresión de Ichigo, que estaba segura que era una expresión avergonzada, que no quería que viera o terminaría más avergonzado; así era Ichigo, después de todo.

—Lo he hecho, me despierto asustado, y lo primero que hago es acercarme a ti y sentir tu reiatsu, centrarme en él; hace que me relaje… —Nunca había confesado eso.

—Pero nunca me has despertado…

—No, claro que no… Porque verte dormir e ilesa es todo lo que necesito.

—La próxima vez… ¿me despertarías?

Ichigo dudó, pero sabía que negarse no sería justo, y sería muy hipócrita por su parte.

—Está bien.

Se incorporó, con las manos temblorosas sobre su pecho, y lo miró con una mezcla de esperanza y miedo.

—¿De verdad?

Ichigo sonrió aún más; si esto la hace feliz, entonces lo hará.

—Sí, lo prometo.

Vio cómo más lágrimas se formaron en sus ojos, y luego cómo se lanzó hacia el frente para abrazarlo con fuerza, envolviendo sus brazos firmemente alrededor de su cuello.

La abrazó mientras ella lloraba. No dijo nada; no hacía falta. Sabía que lo necesitaba, por lo que intentó recostarse lo mejor posible para poder estar más cómodos.

Al poco rato, el agarre de Orihime se aflojó. Su respiración se volvió tranquila contra su hombro. Ichigo sonrió, dejando que el silencio los envolviera.

Sintió la presencia de Kon cerca; por como pudo, se volteó hacia la entrada de la sala de estar, donde efectivamente se encontraba el alma mod, mirando. Ichigo lo miró, y luego su sonrisa se ensanchó aún más; hizo una seña para que se fuera; todo estaba bien ahora.

Esperaría un poco más antes de levantarse; quería asegurarse de que durmiera un poco antes de moverse y probablemente despertarla. No quería eso; si podía evitarlo, lo haría, así que cerró los ojos y se centró en su reiatsu, ahora tranquilo.

—Buenas noches, Orihime —susurró, sintiendo cómo su respiración se mezclaba con la suya.

Todo está bien ahora.

Notes:

¿Eso es todo? ¡Pues sí! Espero que les haya gustado esta pequeña historia. Fue una idea algo pasajera, pero quería escribir a Ichigo consolando a Orihime después de una pesadilla, y bueno, así hice.

¡Un agradecimiento a Sebas, que es mi lector beta, por las correcciones! <3

La ilustración en portada fue realizada por mí, y puedes encontrarla en mi Twitter, estoy como Ayu_san12, y en mi Tumblr, ayu-san12.