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Language:
Español
Stats:
Published:
2025-08-30
Completed:
2025-09-14
Words:
7,733
Chapters:
3/3
Comments:
6
Kudos:
66
Bookmarks:
2
Hits:
560

Entre Bora Bora, tú y yo.

Summary:

Cuando una tormenta desvía su vuelo a una isla en medio del Pacífico, Lando y Franco deberán pasar juntos un par de días.

Franco no parece contento, pero Lando está decidido a vivir la experiencia.

¿Y si terminar varados en Bora Bora fue solo el comienzo?

A veces, perderse es la única forma de encontrarse.

Chapter 1: Varados

Chapter Text

Un grito desesperado se oyó a pocos metros de él cuando el avión volvió a moverse bruscamente. Esta vez la turbulencia fue más pequeña, pero de igual forma Franco se aferró a esa butaca como si su vida dependiera de ello.

Estaba asustado, si. Pero aun así eso no lo detendría de levantarse de ese asiento.

El vuelo se estaba haciendo más largo de lo que hubiera pensado y él ya no podía aguantar las ganas de ir al baño.

Esperó paciente que todo dejase de temblar y, cuando el pasillo estuvo libre, corrió hacia su objetivo. Por suerte lo encontró desocupado, así que no tardó mucho en orinar. Ya se estaba lavando las manos cuando alguien golpeó la puerta con insistencia.

—¡Ya voy!

Pero a pesar de sus palabras los golpes no dejaron de oírse. Dispuesto a discutir con él o la pesada que estuviera del otro lado, Franco abrió la puerta y la sorpresa fue mayor cuando lo recibió una cara que conocía muy bien.

—¿Tú?

El tono de Franco fue de asombro. No pudo evitarlo, si esa mañana le hubieran dicho que Lando Norris estaría aporreando la puerta de un baño de avión con él adentro no lo hubiera creído.

—¿Colapinto? 

Lando ladeo la cabeza cuando reconoció el rostro de la persona que tenía enfrente. Le había costado un poco más, pero finalmente habló.

—¿Qué haces aquí?

Franco intentó salir de ahí, pero el desconcierto de Lando era tal, que apenas se había movido de su lugar. Dejando a Franco prácticamente sin salida.

—Yo… programé mi vuelo para este día.

Era mentira, pero Lando no tenía porqué saberlo. Lo cierto era que Franco había conseguido el boleto más barato, pero se avergonzaba de contarlo. Realmente lo hacía.

—¿Y tú?

Cambio de tema antes de que Lando pudiera seguir interrogando.

—Tenía un vuelo privado con Carlos, pero lo perdí —dijo con algo de fastidio en su voz— Esto es todo lo que pude conseguir.

Miró a su alrededor con desagrado y Franco sonrió por compromiso. Eso era todo lo que él podía permitirse.

De repente se sintió demasiado pobre para seguir con esa conversación.

Por segunda vez, intentó pasar junto a Lando y volver a su asiento, pero este lo evitó atravesando su cuerpo.

—¿En donde estas-

—Caballeros.

Una voz femenina interrumpió su burbuja y venía desde la espalda de Lando. Cuando este se apartó, Franco pudo ver como una azafata los miraba a ambos con una sonrisa bastante fingida.

—Necesito que regresen a sus asientos de inmediato.

Parecía nerviosa al hablar. Franco lo notó.

—¿Sucede algo?

La pregunta de Lando la tomó por sorpresa porque lo miró como si hubiera hecho una pregunta terrible.

—Solo un poco de turbulencias. 

—Otra vez.

Las palabras salieron de Franco como un susurro nervioso. Aun así, Lando giró la cabeza para mirarlo confirmando que lo había oído.

—Es por su seguridad.

La azafata esperó atenta a que ambos se movieran y Lando se hizo a un lado dejando por fin el camino libre.

Las mejillas de Franco se tiñeron de rojo cuando pasó junto a Lando, pero en dirección opuesta. Probablemente esperaba que lo siguiera a primera clase por cómo lo miraba, pero su lugar estaba en turista. Por un segundo se sintió capaz de saltar del avión por la vergüenza que estaba pasando, pero la voz de la azafata lo distrajo de sus pensamientos.

—Serán solo unos minutos.

[..]

Fuck.

Entre sonidos de altoparlantes saturados y gente alborotada, la voz de Lando llegó a sus oídos.

Mierda.

Franco no pudo evitar insultar también.

Se miraron por unos segundos antes de volver la vista al frente. 

Delante de ellos las pantallas mostraban letras rojas y amarillas; carteles de avisos y reprogramaciones; vuelos cancelados y otros atrasados. 

Todo era un caos.

—Quedaremos varados.

Su voz comenzó a hiperventilarse.

—Franco.

—No llegaremos a la carrera.

—Si que lo haremos.

Sin poder evitarlo, Franco se tomó la cabeza con frustración. Todos los posibles escenarios estaban pasando por su cabeza, y en ninguno salió favorecido.

—El equipo va a matarme y nunca más pisaré la fórmula uno.

—¡Controlate!

La voz de Lando lo trajo otra vez a la realidad. Franco sintió las manos en sus hombros antes de ser sacudido con brusquedad.

—Ay… —Franco miro a Lando de la peor forma— No era necesario, idiota.

Lando intentó esconder la sonrisa en sus labios fallando estrepitosamente.

—Si lo era —dijo sin dejar de reir— Estas perdiendo la cabeza.

Franco rodó los ojos y volvió a centrar la vista en las pantallas del horror.

Su avión había aterrizado de emergencia hace por lo menos una hora y todavía no tenían respuestas.

—¿Al menos sabes donde estamos?

Lando miró la pantalla de su celular y torció los ojos antes de girarse para hablar.

—¿Bora Bora?

Franco suspiro con sorna.

—No tengo idea de donde queda eso.

Lando hablaba divertido, todo lo contrario a Franco, que era un manojo de nervios.

—Estamos perdidos.

[...]

Dos horas después ambos arrastraban sus maletas dentro del hotel.

—Tu espera aquí, yo arreglo todo.

Franco asintió sin poner resistencia. En cuanto salieron del aeropuerto poco tardó en comprender que en ese país se hablaba un idioma que él no conocía, así que dejó que Lando se encargara de la comunicación. 

Mucho mejor un nativo para estas cosas que él con su inglés argentino.

Se mordió el labio pensando en todo lo que estaba sucediendo.

Hacía menos de una hora estaba peleando con las empleadas del aeropuerto, intentando que reprogramaran su vuelo, y ahora esperaba paciente a que Lando volviera con la llave de su habitación.

Estaban varados en esa isla que apenas hoy había conocido en el mapa, podía aceptarlo. Pero no se recuperaría nunca de ello. Cuando les dijeron en el aeropuerto que todo estaba colapsado por una tormenta tropical en el este del pacifico Franco creyó que se trataba de una broma. Su vuelo estaba programado para llegar ese mismo día, él tenía demasiadas cosas que hacer. Pero con solo mirar en su celular como todas las rutas aéreas estaban cerradas, impidiendo el paso de vuelos hacia América, entendió que se trataba de algo serio.

En el aeropuerto les propusieron otra ruta, pero eso involucraba dos días más de vuelo con escalas de por medio, y ya no había tiempo para eso. 

Entonces a Lando se le ocurrió una idea.

Franco se negó. Intento buscar otra solución, peleo y hasta propuso tomar un barco. Ese era el nivel de desesperación que manejaba. Pero cuando entendió que no tenían salida y que estarían ahí varados por lo menos unas cuantas horas, no le quedó otra que aceptar.

Solo esperaba que la gente de alpine no lo reprendiera al enterarse lo que estaba ocurriendo.

Lando regresó junto a él, sonriente y satisfecho con su trabajo, una tarjeta de habitación ondeando en su mano. Franco tomó aire.

Solo esperaba que el tiempo pasara rápido.

[..]

—Tiene que ser una broma.

Parados en la entrada de la habitación; se miraron por un segundo antes de volver la vista al frente. 

—Bueno, podría ser peor.

Lando intentó sonar positivo, pero algo en la mirada de Franco le dijo que debía cerrar la boca a menos que quisiera desatar una guerra.

—Una cama.

—Es una cama matrimonial.

—¡Es una puta cama!

Toda la paciencia que Franco había estado intentando cultivar se desprendió por sus poros al ver como Lando se lanzaba sobre la cama, despreocupado.

—Es cómoda, ven a probarla.

Lando oculto la risa al ver como la cara de Franco cambiaba de color. La vena en su frente estaba a punto de estallar.

—Yo no estoy jugando, Lando.

Franco hablaba entre dientes. De verdad tenía ganas de matarlo.

—Dime por favor, porque necesito entender ¿Por qué tenemos que compartir habitación?

—Porque me da miedo dormir solo.

Lando cruzó los brazos detrás de su cabeza divertido y Franco llevó los ojos ahí por un segundo, pero enseguida se corrigió. 

—¿Sabes cuanto tarda una persona en morir por asfixia?

Franco también se cruzó de brazos. La pregunta tomó por sorpresa a Lando, porque apenas respondió.

—No

—Yo si, menos de cinco minutos —Franco lo desafío con la mirada hasta obtener la reacción que quería— Así que no me tientes.

Lando se sentó en la cama para mirarlo mejor antes de hablar.

—Mira, Franco. No somos los únicos varados en Bora Bora —su voz era pacífica. Buscaba tranquilizar a franco— Tu viste el aeropuerto, la gente allí afuera está desesperada. La isla está colapsada.

Franco suspiró cansado, pero lo escuchó de todas formas.

—Ahora, puedes quedarte ahí y renegar hasta que la aerolínea reprograme nuestro vuelo.

Volvió a acostarse con una expresión de satisfacción en su rostro.

—O unirte a mi y disfrutar del sinsentido.

Al principio le costó aceptarlo, el orgullo de Franco se rehusaba, pero Lando tenía razón. No conseguiría nada enojandose.

Camino hasta el otro extremo de la cama, y sin pensarlo demasiado, se tiró junto a Lando.

Los minutos pasaron, pero ambos permanecieron en silencio, disfrutando la tranquilidad del lugar después de tanto problema.

—Tengo otra pregunta.

Franco fue el primero en romper el silencio.

—Dime.

—¿Por qué una sola cama?

Lando se giró para mirarlo y Franco hizo lo mismo. 

—Todo estaba ocupado, era la última habitación que tenían.

Bostezo antes de continuar.

—Era esto o dormir debajo de una palmera.

La risa de Franco inundó la habitación y Lando se sintió satisfecho.

—¿Sabes que dormiremos almohada de por medio, verdad?

Lando sonrió. 

—Por supuesto que sí.