Chapter Text
Recuerdo bastante bien el día que lo conocí.
Era de madrugada, una madrugada muy fría, yo no había comido en mucho tiempo y me dolía mi estomago por el hambre.
Mi pelaje se caía y tenía demasiada comezón, las pulgas me comían vivo, aún así, seguí caminando.
Pero los botes de basura eran altos y yo ya no tenía fuerza para lanzarme hacia arriba o derribarlo, así que solo me acurruqué al lado, esperando que una corriente de aire tirara algo que pudiera comer.
Y fue cuando apareció.
El humano más educado, atento y cariñoso que jamás había conocido.
—Ay, pobre cosita —dijo el humano que después conoció como Suguru, levantándolo en brazos.
Quería arañarlo, zafarme y huir, nada bueno ocurría cuando un humano te cargaba así, lo había visto varias veces, muchos más gatitos que, como él, sobrevivían en las calles.
Los humanos los levantaban, les susurraban algo... Y no los volvía a ver.
Algo horrible debía pasarles para que no volvieran.
Pero el humano era cálido, cómodo y le acariciaba las orejas como nadie lo había hecho.
—Tranquilo —Suguru le susurró, envolviéndolo en su chaqueta, la cual, era muy cálida— ya no tendrás que estar aquí.
PomPom no sacó las garras, solo se quedó envuelto en la chaqueta, sin querer moverse, ¿Ese era el truco? ¿Un humano te envolvía en una cosa cálida y no tenías ganas de regresar a la calle? Porque él no tenía ganas de hacerlo.
—Esta bien —Suguru le siguió diciendo, caminando hacia una bonita y cálida casa que quedaba cerca— ahora este es tu hogar.
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Ahora tengo un nombre grandioso y que me encanta.
Mi nombre es PomPom. Como el de un rey mimado.
Perfecto para él quién, después de varios baños (y algunos arañazos para Suguru), se quedo sin pulgas, sin pelo con nudos y sin suciedad. Dejando ver un hermoso pelaje blanco como la nieve.
Después de varias comidas y cosas que crujían escondidas en su mermelada, su estomago dejo de doler.
Claro, ahora parecía un hermoso primer copo de nieve que cae en invierno.
Un invierno que no volvió a hacerlo temblar, porque ahora tenía una vida de lujos, mimos exclusivos y un hermoso silencio.
Suguru era un dueño excepcional, sabía donde acariciar, cuando estar callado, y también a quién le pertenecía su regazo.
Spoiler: ¡A mí!
Su vida era perfecta... Hasta que llegó él.
—¡Suguru!
¿Cómo se atrevía a decir el nombre de su humano con tanta facilidad?
Era alto, tan alto como Suguru, pero de cabello con color a cebolla, ojos espantosos y piel del color de los muertos.
Llevaba varias cajas en manos, arrastraba los pies y se sentó en SU lugar en el sillón.
—Aw, ¿Esté es PomPom, vida mía?
¿Vida mía? ¡Ni siquiera sabía el nombre del humano!
¡Era Su-gu-ru!
Hasta el podía decirlo.
—Aw, mira lo mucho que maúlla —Satoru dijo, extendiendo la mano hacia él.
Recibiendo, claro, un gran arañazo en la mano.
—¡Au! ¡Suguru! ¡Tu gato me odia!
—Claro que no —Suguru dijo con una sonrisa, entrando a la habitación con varias cajas más.
—¡Me araño!
PomPom bufó, mirando hacia otro lado mientra Suguru dejaba las cajas en el piso.
—Solo te desconoce —Suguru susurró, levantando la mano y acariciando la mejilla del ruidoso ese— dale tiempo.
Pero yo no quería darle tiempo.
Quería que se fuera.
Apenas Suguru se alejó del ruidoso, dio un salto frente a él, caminando en círculos con desesperación.
—¿Tienes hambre? —Suguru le dijo, inclinándose y acariciándolo.
Un maullido casi se le escapaba, ¡Pero no era el momento!
Sin embargo, el atún que le dio era demasiado bueno como para seguir hablando, además, el ruidoso había regresado.
Encontraría otra oportunidad.
Pensé que las cajas eran lo peor... ¡No lo eran!
El ruidoso ni siquiera lo dejo entrar a una antes de doblarlas y dejarlas en una esquina, tropezó con su ratón de hule y terminó debajo del sillón, donde yo no lo lograba alcanzar.
Además de que Suguru hizo la comida favorita de ese, ¡No la mía!
Lo peor llegó en la noche.
El ruidoso entró a la habitación dónde ¡Yo! Duermo con Suguru, se acurrucó a su lado y lo abrazo, sin dejar que yo me acurrucará en su pecho.
Eso era el final.
Yo, el gran PomPom lo he decidido. Era la guerra.
Y ese era solamente el primer día de todo.
Que el ruidoso se preparé, porque yo no pienso perder.
