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En el momento en que Jaewon se dio cuenta que la situación estaba fuera de control, ya era muy tarde para dar marcha atrás.
El día en que Baek Kanghyuk llegó y empezó a dar órdenes, Jaewon se volvió un subordinado que amaba ser guiado. Todo lo que salía de la boca de Kanghyuk era completado —o al menos ese era el objetivo— por un torpe pero muy comprometido Yang Jaewon.
En realidad, fue difícil para Jaewon darse cuenta dónde exactamente comenzó su tendencia por perseguir a su profesor de un lado a otro, al pendiente de sus comentarios y órdenes. Tal vez fue cuando el Dr. Baek lo arrastró hacia su cuerpo (después de completar la cirugía a ese Gánster) y el hombre mayor pusiera un brazo sobre sus hombros y le diera parte del crédito al éxito de la cirugía. O cuando insistió lo posible con el Profesor Han para tenerlo como su protegido en traumatología hasta finalmente conseguirlo. Porque Kanghyuk conseguía todo lo que quería. Quizá fue desde la primera vez que piso el hospital. Cuando llegó a la sala de emergencias y se hizo cargo de todo mientras Jaewon era un desastre total.
Jaewon no está seguro. Pero más que darle importancia al pasado, el presente es simplemente abrumador.
Porque ahora mismo no es solo un seguidor detrás de su profesor, un residente de medicina que buscaba mejorar en su área. Él solo es una persona común, con placeres comunes de un humano promedio a estas alturas. Y sí, le está buscando una justificación a su necesidad implícita de perseguir al Profesor Kanghyuk hacia cada rincón, como si estuviera poseído, como si ese fuera su objetivo desde que se unió a Trauma. Al menos, nadie lo nota. Jaewon puede ser totalmente maldecido y maltratado con palabras bruscas típicas de Kanghyuk, y él no se inmutaría; recto como una estaca, tan sumergido en el tono de voz que casi se iba a otra dimensión.
Porque ese el principal problema de Jaewon en este horrible caso. La voz de su superior. Es un hombre indulgente, muy mordaz. Y sus palabras lo distinguen, siempre mandando a callar a otros o simplemente siendo un descarado por naturaleza. Que le lleven la contraria es como un pecado, Kanghyuk no lo soporta. Debe ser porque todas las veces él tiene la razón. Al hombre no le gusta que otros duden o escucharlos titubear, pero Jaewon es ese tipo de persona casi todo el tiempo. Por esa razón, a veces se lleva la mayoría de las miradas duras. Aunque no todas. Incluso si parece sorprendente, convivir con su mentor todos los días tuvo una ventaja: Jaewon empezó a notar las diferencias con él y con otros.
De hecho, Kanghyuk no es totalmente regañadientes con Jaewon si remontaban del pasado al presente. Sí, sigue siendo absurdo en muchos aspectos, impredecible, maldiciendo. Pero con Jaewon mantiene un trato bastante ambiguo. Lo quiere cerca, le obstina cuando es demasiado, pero de todas maneras intenta salvar a Jaewon en el momento justo en que se está perdiendo. Nunca lo ha maldecido, al contrario de con otros pasantes y residentes. Incluso con médicos profesores en juntas importantes. Cada vez que Jaewon escucha la palabra hijo de puta, su piel se vuelve como la de una gallina, se estremece. Pero la molestia y el disgusto nunca es dirigido a Jaewon, lo cual se supone es un alivio.
Aunque es un tormento realmente.
Porque entonces Jaewon se pregunta un montón de cosas, él se estremece y se queda paralizado y no es a causa el temor o la culpa. No es así. Sólo es Kanghyuk, su tono de voz y la mirada amenazante que dirige a su víctima en el instante justo para que Jaewon descubra que se está balanceando. Sucede a menudo en los pasillos de urgencias, cuando Kanghyuk le grita a los pasantes que no saben lo que están haciendo, o en medio de una cirugía; cuando al anestesista o la enfermera ayudante se les escapa un error.
Justo en el momento en que Kanghyuk grita idiota para alguien en la sala, el cuerpo de Jaewon reacciona como si estuviera mecanizado. Algo en su sangre hierve, sus manos sudan y su corazón comienza a latir con una fuerza descomunal. Es decir, que nada resulta bien a partir de entonces. Su boca se seca hasta el punto de no poder hablar, hasta que cosquillas inquietantes recorren su cuerpo dejándolo falta de aliento y a punto de ser derribado.
Sin embargo, pensar que está a salvo solo es otro atrevimiento de parte de Jaewon.
Él no puede estar más equivocado. Nada vuelve a ser igual para Jaewon cuando está entre esas cuatro paredes, en ese iluminado espacio. Él es una persona común y corriente hasta que llega el momento de que Kanghyuk mueva sus manos expertas y haga de las suyas sobre un cuerpo ajeno, y entonces Jaewon deja de funcionar. Su mente se desconecta, su funcionalidad automotriz se vuelve inexistente. Una parte de él, en sí, dejaba de existir.
Y se funde, cuál lava espesa y caliente. Letal si se tocaba, pero hermosa de admirar.
Jaewon no tiene más opción que dejarse llevar, así que pestañea, mirando el movimiento sincronizado y meticuloso de las manos del Doctor Baek en el silencioso espacio de luces frías y febriles, una vez más. Sus ojos siguen cada movimiento experimentado mientras él mismo aplica succión a su paso, siguiendo órdenes más por instinto que por verdadera concentración. Lo cual, estaba tan mal de su parte como médico profesional, pero que era algo que no podía controlar a pesar de sí mismo. Sus labios se entre abren, mientras sus ojos están clavados en los movimientos de su mentor.
No es posible que sea tan perfecto, pero lo es. Tampoco es posible que Jaewon tenga una obsesión por las manos y la voz de su profesor, pero él lo hace.
Y es una locura que se sienta tan atraído hacia ello que apenas pueda controlarse. La boca de Kanghyuk se abre y le ordena a Jaewon que aplique la sutura a la arteria dañada, y el muchacho es automático. Sus manos se mueven y sutura el tejido con precisión, aunque está conteniendo la respiración mientras lo hace. Nadie puede darse cuenta de eso, y eso es una ventaja. Es solo Jaewon, a quien le recorre una electricidad violenta en la espalda—mientras intenta mantenerse estable— luchando contra él mismo. Él odia cuando esto pasa en la sala de quirófano. Cuando Kanghyuk le sede el paso, todos lo están mirando.
¿Lo hará bien hasta el final? ¿Qué hará Jaewon en caso de equivocarse? Él puede apostar que la mayoría de ahí piensa eso, que se preguntan si será tratado con el mismo tono agridulce y los ojos de muerte.
"Cortar."
Jaewon vuelve en si mismo cuando escucha la voz. Justo a tiempo la enfermera asistente corta el hilo de la sutura, que de hecho está muy bien ejecutada y Jaewon pestañea. Él lo hizo bien. Los demás dejan de mirarlo y vuelven a sus propios trabajos. Y Jaewon entiende que se ha salvado de ser insultado, que le ha dado una respuesta a las preguntas, y suspira.
La buena noticia de esa tarde es que Jaewon no se equivocó en toda la cirugía.
La mala noticia es que hay un deje de decepción instalado en su pecho que Jaewon apenas puede apaciguar.
Resulta que, durante un día completo, las emergencias son menores a lo promedio. No hay cirugías inesperadas además de las programadas y los pasillos de trauma están tan tranquilos que parece una estética de belleza y no un hospital en Seúl con el centro más caótico de todos.
Nadie se atreve a mencionar que hay demasiada paz, las enfermeras caminando cada cuando para inspeccionar a los pacientes en recuperación, algunos pasantes tomando notas y luego Jangmi, quien suspira y se estira detrás de su escritorio en algún momento de la mañana cuando no hay nadie mirando. La muchacha se levanta de su silla con estirones para relajar su espalda rígida, con una mueca en la cara que desaparece cuando mira a todos.
"Oigan, ¿cuando fue la última vez que esto estuvo así?" Ella dice, con una expresión genuina en la cara.
Como es de esperar, la mayoría la ignora. Es una reacción aceptable. Porque todos saben que mencionarlo es casi como una maldición en contra de ellos mismos. Y están asustados.
Como ninguno se atreve a darle la cara, Jangmi se encoge de hombros, aunque sus ojos castaño oscuro brillan con amenaza. "¿Nadie me está respondiendo? ¿Soy una bruja que tiene una maldición en la punta de su lengua?"
Los que van caminando cerca de ella se estremecen. "Desde el mes pasado, no ha sucedido desde el mes pasado." Susurra uno de los becarios que está cerca al filtro de agua, tan bajito que por poco pasa desapercibido. No hace el ademán de repetirlo, visiblemente acobardado.
Y Jaewon sabe que Jangmi es igual que el profesor Baek, ella definitivamente odia a los que tienen miedo de todo, cree que es patético. La mujer rodea los ojos y se cruza de brazos, con una expresión bastante aburrida. Jaewon se muerde el labio inferior al verla, conteniendo una sonrisa. Cuando dirige su mirada al pobre becario que finge llenar su tercer vaso de agua, su sonrisa se desvanece un poco. Él es gual de cobarde y torpe que ese chico hasta ahora. Y siendo ese tipo de persona, todavía no era realmente llamativo a los ojos de la única persona que mandaba en el negocio.
Esa mañana se siente como una tonelada en los hombres de Jaewon a pesar de que no hay trabajo repentino por hacer.
Solo porque el centro de trauma prolongó la maldición de todo hospital al no decirla en voz alta por un día completo, eso no quiere decir que los demás días que siguen serían iguales. Jaewon se despierta de un sobresalto por el sonido vibrante de su teléfono a su lado y lo toma en las penumbras, atendiendo la llamada aún en la oscuridad y con sus neuronas contándose después de una siesta de... Mira en reloj frente a su litera y ladea la cabeza. Solo dos horas.
"Doctor Yang Jaewon de Trauma." dice como está programado, el tono acelerado y medio estable.
Al segundo Jaewon ya está corriendo por los pasillos del hospital con los ojos ardiendo y las piernas pesadas. Porque nadie se salva de la maldición. La paz en el hospital es solo pasajera. Cuando llega a la sala de urgencias el Profesor Baek ya está socorriendo al nuevo paciente que ha vuelto un lío a las enfermeras y residentes en urgencias. Jaewon inhala una fuerte respiración y se acerca corriendo, mirando hacia puntos específicos de la sala para darse cuenta de que hay hemorragia causada por un arma blanca. "Signos vitales inestables, posible hemorragia, hay que llevarla a quirófano."
A la paciente femenina se la están llevando a quirófano uno segundos después, con la advertencia de que la cirugía debe empezar de inmediato. Por supuesto, Jaewon está corriendo detrás de Kanghyuk para poder alcanzarlo. "¿No podías ser más rápido?" el hombre le dice, cortante.
No se voltea a mirarlo porque está más ocupado en llegar a quirófano lo antes posible. Jaewon alcanza a Kanghyuk y abre la boca. "Le prometo que sí lo hice. Incluso podría ser considerado para un maratón si lo quisiera." él responde y se aclara la garganta, porque sabe que no debió decir eso.
Ajusta sus lentes y se pasa la lengua por la boca.
"Prepárate para la cirugía." Es lo único que Kanghyuk dice a cambio y sigue su camino.
El quirófano es tan espeluznante como siempre. Y cuando la cirugía comienza, Jaewon se pone manos a la obra. Aplica succión, corta, es un soporte que sigue los movimientos del profesor cada vez que es requerido. Todo transcurre como lo haría en una cirugía normal, sin precedentes—a menos que estén muy nerviosos—tal vez con la voz de Kanghyuk tensa porque alguien ha hecho un movimiento en mal una que otra vez o hasta que un pequeño descuido lo arruina todo.
Cuando Gyeongwon avisa que los signos vitales dejan de ser estables una vez más en los treinta minutos de la operación, Jaewon sabe que algo ha pasado. Y solo por el silencio que sigue después, tiene en cuenta que posiblemente ha sido su culpa. Sus ojos se entre cierran al intentar buscar en dónde se ha equivocado, qué hizo para que su cuerpo se tensara al mismo tiempo en que sube la mirada y la mandíbula de Kanghyuk se tensa cuando hacen contacto visual.
"¿Qué estás haciendo?" Kanghyuk gruñe y Jaewon pestañea. Solo logra darse cuenta que las palabras van dirigidas a él porque todos lo están mirando como si fuera un desquiciado. "¿Estás loco? ¿Intentas matarla?" Kanghyuk le grita.
Y Jaewon lo pierde todo.
Se estremece y se sobresalta, tratando de asimilarlo. Abre y cierra la boca tantas veces seguidas que parece un pez fuera del agua. Se siente como uno. Parce que entra en un estado de shock porque cuando Kanghyuk le arrebata lo que sea que tiene en las manos y susurra que es un completo desquiciado, Jaewon está seguro de su corazón se le escapará del pecho. Jangmi lo mira con curiosidad a su costado, pero se contiene de hacer una expresión, acatando las órdenes del Profesor sin distraerse lo suficiente.
Si Jaewon pensaba que trabajar con Kanghyuk en el mismo centro era suficientemente malo, trabajar junto a él de cerca y recibir un insulto—que es su debilidad escondida—es mucho peor.
Es tan íntimo de él que Jaewon apenas logra tragarse un jadeo y no mostraste satisfecho. Parece que su mente había estado todas las horas del día con la idea de Kanghyuk llamándolo un idiota o mirándolo con ojos inyectados de decepción y furia, que es un cortocircuito para él asimilar que finalmente está sucediendo. Su mano izquierda tiembla y sus ojos caóticos persiguen las habilidades del Doctor Baek como un lunático que ha perdido el rumbo de la cordura. Pero a él le encanta esto. Y la adrenalina que sube por su sangre lo confirma.
"P—profesor..." él tartamudea, con la voz más suave que ha susurrado en su vida.
Como es de esperar, Kanghyuk apenas y reacciona. Ni siquiera lo mira a los ojos, a pesar de que Jaewon se escucha bastante tenso. El hombre sigue en su trabajo, imperturbable. Lo único que le importa es sacar al paciente del peligro. Y eso está bien, pero...
"Doctor Baek..." Jaewon murmura de nuevo, sintiendo esa presión en su nuca que le hace tropezar con sus palabras. "Y—yo..."
"Oye uno, concéntrate, ¿puedes?" la voz de Kanghyuk es tan dura como lo era siempre que Jaewon cometía cualquier mínimo descuido en medio de una cirugía. No brutal, pero si amenazante. "¿Tu momento de nerviosismo es más importante que la vida de un paciente?"
Jaewon traga saliva, mirando su propia mano vacilante, con un simple temblor. Su corazón está vuelto loco, su boca está seca. Está tan extasiado y nadie lo sabe. Nadie pudiera nunca saber que Jaewon está tan loco por esto.
"No, señor." apenas logra susurrar.
Kanghyuk ni siquiera lo ha mirado, pero Jaewon está soportando cualquier reacción física que lo pueda dejar en mal delante de todos, que lo descubran y entiendan que es un bicho raro. En su mente piensa una y otra vez: mierda. Traga saliva con pesadez. Cuando Kanghyuk termina su parte, alza la mirada.
"Correcto." él asiente con la cabeza y se echa hacia atrás, la misma expresión. "Ahora, ciérralo."
El proceso es igual. Jaewon cierra el cuerpo del paciente después de una cirugía medianamente abrumadora y que por su culpa casi termina mal, luego persigue al profesor Baek hacia el lavadero, cauteloso. Pero esta vez, el joven intenta no mirar directamente a su superior. Tampoco hablar, lo mejor es no hablar. En su cabeza es la única manera de que ambos puedan estar en paz. Kanghyuk no lo maldecirá por cada torpeza que Jaewon hizo, y el joven Doctor, por su parte, no tendría que encontrarse cada vez con los ojos inquietantes del hombre y pensar; merezco ser reprendido, por favor.
Claro está, que es la tarea más difícil de cumplir incluso si parecía sencilla de proceder. La presencia del hombre mayor es más imponente y clara que cualquier otra cosa en la vida de Jaewon. Y solo aumenta los niveles de su adicción cuando se gira hacia él y lo enfrenta. "¿Qué sucede contigo? ¿Tantas cirugías te han afectado la cabeza?" la voz de Kanghyuk es arbitraria, porque Jaewon no tarda en sobresaltarse y mirar al hombre con los ojos desorbitados y los latidos del corazón zumbando en su cabeza. "Sí, ya estás acabado, haz alcanzado tu límite."
En contra de su voluntad, Jaewon niega con la cabeza casi furiosamente. Porque solo quiere decir: Sí, estoy acabado. Y es tu culpa, profesor. No lo dice, pero el agua de sus brazos se escurre hacia el suelo y parte de su uniforme, porque está distraído en mantenerse como una persona normal. Él no puede creer que la maldición de su profesor esté por tocar su lengua, casi babeando porque Kanghyuk frunce el entrecejo para él.
Jaewon está tan enfermo.
"Dr.Baek, n—no es así." en su mente, Jaewon se ha golpeado la cabeza sobre el suelo ante tan humillante tono de voz. Es lo que merece. Así se siente.
Kanghyuk levanta una ceja en su dirección al verlo tan apresurado y agitado. Porque no fue solo esta vez sino varias. Es imposible de dejar pasar. "Dame una razón que te justifique. Sino, no serás permitido en las próximas cirugías."
Jaewon se atraganta y mueve sus manos en desespero, salpicando agua en varias direcciones. Kanghyuk frunce el ceño, algo molesto e impaciente cuando algunas gotas terminan en su uniforme.
"¡No, no puede echarme!" la voz de Jaewon es estridente, las puntas de sus orejas rojas y el nerviosismo recorriendo su cuerpo. "Profesor Baek...no me eche, por favor."
Kanghyuk lo mira, y sus ojos se endurecen un poco. Solo unos segundos antes de aspirar aire frío por la nariz.
"Estás actuando extraño. Rostro, palabras, ojos. Estás perdido últimamente." Kanghyuk enumera y Jaewon cree que es el momento justo de tragar saliva. Es una mala idea porque el Profesor persigue la acción y él quiere arrancarse la piel. "Estás fuera de control."
Oh, él lo está.
Jaewon traga saliva y baja las manos porque siente que está temblando. Kanghyuk no cambia su expresión en ningún momento y Jaewon se resiste lo más que puede, que no es mucho. Él tiene dos opciones. Uno, salir corriendo de ahí. Pero cuando la camilla con el paciente sale del quirófano junto a las últimas enfermeras, el joven residente las sigue con la mirada antes de volver a mirar a su profesor y sabe que eso es imposible. Y dos, bueno, sus ojos ceden al deseo y se tornan brillantes y necesitados. Se suavizan hasta convertirse en ese exacto aspecto entre sonrojado e intenso que anhela ser apreciado.
Y Kanghyuk parece darse cuenta porque se queda quieto y evalúa el rostro de Jaewon con detenimiento, incapaz de entender por completo qué hay de malo en él.
"¿Quieres tomarte un descanso?" Kanghyuk intenta burlarse, pero la mirada de Jaewon le hace difícil hacerlo completamente.
"No, Señor."
Kanghyuk entre cierra los ojos.
"¿Crees que eres el único que tiene problemas y solo por eso puedes descuidar tu trabajo?"
Jaewon se estremece un poco. El tono de Kanghyuk es casi mordaz, molesto. Hace que la respiración de él se acelere y su mente se nuble.
"No, Profesor."
"Entonces pon los pies en la tierra."
"Sí."
"Y explícame que sucede contigo porque no voy a tolerarlo." Advierte el hombre mayor, las cejas fruncidas. "¿Me escuchaste?"
Solo porque la consciencia de Jaewon todavía tiene compasión de él, al joven no se le escapa un sonido desde lo más profundo de su ser. Se le queda atorado en la garganta y sus puños se aprietan para contenerse. Odia que le griten cuando no es su culpa, cuando lo hace alguien que no tiene una buena razón. Pero ama que le exijan o le den órdenes sin derecho a replicar cuando él sí ha hecho algo mal. Es una tendencia que adquirió cuando estaba estudiando medicina y que en estos días, son las causa exacta de sus momentos de batalla.
¿Podría darse cuenta el Dr. Baek que Jaewon reacciona a su voz con una peculiaridad no profesional? ¿Podría entender que es él quien causa eso en el cuerpo del joven?
"Es algo personal," Jaewon dice, bajando la mirada y tragando saliva pesada. Las puntas de sus dedos hacen cosquillas. "Prometo que lo arreglaré. Lo juro...profesor."
Antes de responder, el hombre mayor da un paso al frente, observando al joven retroceder un paso con sorpresa. Lo hacen una vez, y luego otra vez mientras se miran, llevando lentamente a Jaewon hacia la pared cercana. Esa es otra de las cosas que Kanghyuk suele hacer. "Puedo encargarme de que nunca más toques un bisturí aquí, en mi centro o en otro. Así que habla."
Un destellos de algo se ilumina en los ojos de Jaewon. Siente presión pero anticipa más palabras como si no acabara de ser amenazado. La espalda de Jaewon se presiona contra la plana y fría superficie de la pared, y entre antes los labios para buscar aire. Y esto es algo que Kanghyuk sabe hacer muy bien. Sabe cómo intimidar a alguien con solo su mirada, sus movimientos corporales, su reacción despectiva. Nadie está preparado para sobrevivir a la franqueza de ese hombre. Los becarios le temen, los pasantes prefieren esquivarlo cuando lo miran por los pasillos y los residentes deben intentar seguir sus órdenes sin que sus piernas fallen. Nadie está preparado para Baek Kanghyuk.
Excepto Jaewon.
¿Por qué elegiría trauma de otra manera? Está aquí por una razon y el Dr. Baek siempre ha sido la principal causa del por qué. Jaewon solo es un pobre y lamentable hombre que persigue sus deseos antes de su moralidad.
"¿Y si no quiero?"
Se siente como si el mundo dejara de moverse por completo.
Los oídos de Jaewon zumban y además de los latidos de su corazón, el único ruido proviene de afuera. Aunque de una forma tan distorsionada que apenas es relevante. Ambos hombres se miran fijamente, sin pestañear. Los ojos de Jaewon están muy abiertos, fijos en Kanghyuk, como si esperara algo. El hombre mayor lo mira escrutador, con la mente nublada por las palabras.
El desafío está implícito. La cuestión es... ¿de qué manera será tomada?
Los ojos de Kanghyuk siempre están oscuros, inflexibles. En ese mismo instante, parecen arder con fiereza. "Te haré hacerlo."
Oh.
Sorprendentemente, las mejillas de Jaewon adquieren un tono brillante y rojizo apenas lo escucha. Sus orejas están iguales. Se siente demasiado acorralado en ese instante como para arriesgarse a decir algo inapropiado, le aterra dar el siguiente paso y que sea el equivocado. Si una persona pudiera explotar de la vergüenza y excitación, Jaewon lo sería. Un escalofrío recorre su espalda y él pestañea. Es placer. Un largo y esperado placer que sube hasta su nuca y le estremece el alma.
"Yo..."
Kanghyuk da otro paso cerca y Jaewon se encoge, como un cachorrito regañado, aunque él no es para nada un ángel. Y sí, Kanghyuk se le ha acercado antes, lo ha tocado antes, pero esta vez el peso de su mirada es distinto, su cabeza ladeada le muestra una cierta intensión. Jaewon ni siquiera puede saber cuál es.
"Ponte derecho," ordena Kanghyuk y Jaewon sigue la orden de inmediato, tomando distancia de la pared, como si quemara. El hombre se termina de acercar y le pone una mano pesada en el hombre a Jaewon, quizá notando como en respuesta el músculo se mueve en un tirón escalofriante. Kanghyuk lo ignora. Porque Jaewon sabe que él sabe qué está pasando aquí. Y dice: "Y no vuelvas a descuidar tu trabajo, ¿me entendiste?"
Lo siguiente que sabe Jaewon es que está siendo levemente empujado hacia la pared y la espalda del Dr. Baek es lo último que ve antes de que se recargue en un carrito de suministros cercano porque sus piernas flaquean como gelatina.
Él necesita deshacerse de esto.
