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Max había estado enamorado de Checo desde siempre. Cada oportunidad que tenia se acercaba a él a propósito, le sonreía, le conversaba y Checo le seguía la corriente, siempre dedicándole una sonrisa amable.
Para Checo, Max era solo un niño más que comenzaba su carrera en la formula 1. Lo había visto antes y podía decir con seguridad que era un niño con talento innato. Curiosamente siempre se apegaba a él. En cada oportunidad veía cómo Max se le acercaba para conversarle, de cualquier cosa, hasta le contaba chistes para hacerlo sonreír.
No entendía porqué los rumores y la prensa lo hacían ver como un niño problema si con él era el ser más simpático y amable del mundo. Claro que en el calor de las carreras puede que haya tenido algún que otro altercado, pero era entendible, la adrenalina estaba al cien, era obvio que hombres se iban a comportar así.
Además, Checo sentía que esa faceta de Max le asentaba muy bien. Los ojos azules del holandés se encendían cada vez que se enfurecía. Pero cuando sus ojos se posaban en Checo, ese fuego cambiaba radicalmente y comenzaban a brillar con suavidad, y esa sonrisa aparecía por arte de magia.
Pero Checo no era estúpido, ni ciego. Se había dado cuenta cómo lo miraba Max cuando se sacaba su traje y quedaba solo con la camiseta delgada del equipo, con la cual se le marcaban sus pectorales.
Cada vez que pasaba esto, sentía la mirada penetrante del rubio sobre sí. Y más aún cuando se le acercaba a conversar. Max no era precisamente disimulado en sus intenciones.
Los ojos del rubio viajaban por todo su pecho, sus brazos, sus labios, y finalmente cuando lo miraba a los ojos, le dedicaba una sonrisa tonta como si no hubiera estado escuchando todo lo que Checo le decía.
El moreno lo dejaba pasar, total, que más podría pasar, Max era solo un niño encaprichado con él. Grave error de parte de Checo subestimar la astucia del menor.
Max estaba decidido. Comenzaría a ser más directo con Checo. Primero comenzaron delicados toques, en la cintura del mayor, roces de manos, abrazos largos, sus manos sutilmente bajaban por la espalda del moreno y la mejor parte, es que Checo no parecía molestarle.
En la soledad del camarín, antes de la carrera, Max caminaba de un lado al otro pensando cuándo podría avanzar a primera o segunda base con Checo. Su imaginación viajaba al cuerpo del mayor. En cómo seria su pecho prominente desnudo, cómo seria besar sus labios y recorrer su boca, en cómo se escucharían sus gemidos en su habitación. Max pasó sus manos desesperado por su cara y trato de alejar esos pensamientos de su cabeza. Todo se decidiría en la carrera. Si ganaba, se había propuesto hacerlo.
La carrera comenzó y todo fue perfecto. Max terminó en P1 y la felicidad lo inundaba, y a todo el equipo también. Vinieron los abrazos y las felicitaciones, pero él buscaba a alguien en especial, Checo. Donde se había metido, Max giraba la cabeza de un lado al otro pero no lo veía. Siempre iba a abrazarlo cuando ganaba podio, pero en esta ocasión no había ido. Su frustración comenzó a crecer mientras daba la entrevista, mientras caminaba al camarín de los 3 lugares y mientras subía al podio.
Su cara expresaba su frustración, pero si de algo era de consuelo, la champaña estaba bastante buena. Cuando la celebración terminó, salió caminando rápidamente a su camarín para cambiarse. Nada estaba saliendo a lo planeado.
Cuando entró a su habitación exhaló fuerte, evidentemente frustrado. Hasta que escuchó una risa suave. Levantó la mirada sorprendido cuando vio a Checo apoyado en la camilla con sus brazos cruzados sonriéndole.
“Parece que viste un fantasma” se rio Checo al ver el estado de shock de Max.
“No…solo, pensé que no querías verme” respondió débilmente, mientras se sacaba su traje empapado en champaña. Checo no pudo evitar fijar la mirada en el cuerpo del rubio.
“Vamos, no te enojes Max, solo quería darte tu espacio para celebrar” Checo le dedicó una sonrisa. Max se deshizo de su camiseta, quedando solo con el traje desde su cintura hacia abajo. Se acercó lentamente a Checo y apoyó sus brazos en la camilla, alrededor del moreno. Aprisionándolo, quedando cara a cara.
“Quiero celebrar contigo…hoy, a la noche, en el club de la ciudad” Max quería a toda costa llevar a cabo su plan. A la noche se declararía al mayor.
“Esta bien…será divertido” Checo se fue dedicándole una sonrisa coqueta. El mayor ya estaba acostumbrado a los intentos descarados de coqueteo del holandés. Asique pensó que esta noche no sería diferente.
La noche cayó sobre la ciudad y la fiesta comenzaba a acalorarse en el club donde estaban celebrando el equipo de Max. Y el holandés, para variar, ya comenzaba a pasarse de copas.
Cuando Checo llegó, se vio perdido entre toda la multitud. Decidió hacerse camino al bar para tomar algo mientras trataba de ubicar a Max entre la gente bailando. Pero mientras avanzaba por el club, sintió una mano fuerte que lo agarró por la cintura.
“Checo! Viniste !” Max acercó su cuerpo al de Checo, abrazándolo por la cintura, pegando su pecho a la espalda del mayor.
“haha, Max…ya estas borracho ?” Checo se dio vuelta y agarró la cara de Max en su mano. Evidentemente el rostro del rubio estaba ruborizado y sus ojos expresaban el grado de alcohol en su sangre.
“haha…me gusta esta sensación…” Max agarró la mano de Checo y la pasó por sus labios, mientras cerraba los ojos. “Checo…” susurró. Quizás era el alcohol que le dio valentía cuando tomó al mayor por la cintura y lo acercó a él. Max escondió su rostro en el cuello del moreno y comenzó a moverse al ritmo de la música.
Checo se dejó llevar por Max y poco le importó si alguien los veía. Entre tanta gente sería difícil.
Durante horas ambos bailaron, tomaron y rieron. Pero la noche avanzaba y el cansancio llegó.
“Checo…ven a mi hotel a descansar, está más cerca” Max susurró al oído del mayor, provocándole una corriente eléctrica por la espalda.
“No lo sé Max…será buena idea?” respondió Checo mirando el rostro de Max que estaba a centímetros.
“Te prometo que lo pasarás bien” Sonrió Max comiéndose con la mirada los labios de Checo.
Quizás fue el alcohol en ambos, pero inmediatamente cuando llegaron a la habitación de Max, se desataron los deseos escondidos de los dos. Max tomaba a Checo por la espalda, recorriendo sus manos por la cintura del moreno. Mientras Checo enredaba sus brazos en el cuello de Max. Y el beso aumentaba en intensidad. Checo permitía que Max recorriera con su lengua todo su interior.
El rubio aprovechó el momento y lo besó apasionadamente. No soltaba el interior de la boca de Checo. Era suave, excitante. Sus lenguas jugaban y se acariciban. Los labios del mayor eran suaves y dulces.
La excitación del beso no tardó en manifestarse en su polla y en la de Checo.
Max no dudó en bajar su mano y acariciar el bulto del moreno. Checo soltó un gemido, sorprendido por el toque.
“Max…tranquilo” Checo agarró suavemente la mano de Max.
“No puedo Checo…quiero tocarte, besarte y follarte…toda la noche” Max miró suplicante a los ojos de Checo, aquellos hermosos ojos cafés que brillaban con detalles verdes.
Max volvió a besar esos labios que tanto deseaba, mientras tomaba sutilmente las piernas de Checo y lo levantaba para que se envolviera en él.
Tomando a Checo en sus brazos lo condujo a la cama. Quedando él encima del mayor. No tardó en deshacerse de su ropa y le quitó la suya al moreno.
Checo inconscientemente posó sus manos en le cuello del rubio y lo acercó a él. Abrió su labios suplicando por un beso de esos labios carnosos del menor. Max concediéndole el deseo, lo besó, acariciando el interior de Checo.
En tal posición sus cuerpos se rozaban. Y el movimiento de caderas de ambos hacía que sus pollas se tocaran suavemente. La sensación los estaba volviendo locos.
Checo emitía unos gemidos suaves y Max respondía con sonidos roncos mientras besaba y chupaba en cuello del mayor.
“Max…max…más rápido” Checo estaba al borde al orgasmo, pero necesitaba más, algo que lo ayudara a venirse.
Max agarró con su mano ambas pollas, masturbándolas rápidamente.
Checo comenzó a gemir fuertemente mientras sentía el orgasmo llegar. Max lo besa mordiendo el labio inferior del mayor.
“Aah! …Max!” Checo se retuerce de placer y el orgasmo del moreno deja rastro en la mano de Max y en el vientre del moreno.
La respiración de Checo se comienza a calmar cuando siente una mano acariciar su entrada trasera.
“Max!...dejame descansar, por favor” el mayor suplica mientras el mayor sostiene sus piernas abriéndolas mientras masajea su entrada.
“No aguanto más Checo…quiero entrar aquí” Max introduce un dedo en el mayor. El rubio vierte bastante lubricante en la entrada e introduce tres dedos.
Checo se cubre su boca con sus manos para evitar soltar gemidos y gritos. Jamás había sentido esta sensación. Jamás había sido follado por otro hombre. Pero ¿Por qué con Max se sentía tan bien?
La excitación aumentaba con cada embestida de los dedos de Max. Su erección crecía a tal punto de no poder más.
“Max! …por favor” Checo suplicaba con sus manos en su cara. El rubor y excitación estaban por todo su rostro.
Max deja de embestir y alinea su polla con la entrada de Checo.
“Mirame Checo…” susurró Max. Checo quitó sus manos de su cara y sostuvo el rostro de Max.
El pene de Max entró completamente y Checo se mordía el labio cerrando sus ojos. Max pasa su lengua por los labios de Checo y entra en su boca. Besándose apasionadamente comienza a embestir.
Los sonidos húmedos y eróticos inundaban la habitación. Así también los hacían los gemidos de Checo y las embestidas de Max.
Max sentía que estaba en el cielo. El interior de Checo era suave, caliente y apretado. Con cada embestida el mayor apretaba más. Max sentía que se vendría en cualquier momento. Pero aguantaba en cada embestida para que el momento durará más y más.
Checo ya no podía pensar en nada. Su interior estaba lleno con la polla de Max. En cada embestida sentía como golpeaba su interior y su punto sensible. Su polla goteaba en su vientre, amenazando en venirse en cualquier momento.
Ambos continuaron, alargando la sensación de placer hasta el punto inevitable del orgasmo.
Y como una liberación que no querían que llegara, el orgasmo golpeó a Checo primero. Max sintió como el orgasmo del mayor hacia que su interior se contrajera, lo que hizo venirse inmediatamente al rubio.
Ambos continuaron unidos hasta que sus respiraciones se regularon.
“Eso fue…increíble” dijo Max mientras dejaba un rastro de besos en el cuello y mandíbula del mayor.
“No pensé que lo haríamos…realmente te subestimé Maxi” respondió Checo acariciando suavemente la espalda del menor.
Max se incorporó de la cama. “Creo que me has subestimado otra vez Checo…” pasó sus manos por su cabello peinándolo hacia atrás. “Porque no hemos terminado …te dije que lo haríamos toda la noche” sonrió coquetamente. “Y por toda nuestra vida”
