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Satisfactorio.

Summary:

"¿Quieres ayudarme a poner el Ho en Holiday?"

Esa es la frase que un Lee Felix borracho pronuncia al Santa Claus más sexy que ha visto nunca. También es lo único que recuerda de la noche que lo llevó a despertarse semidesnudo con un revelador disfraz de elfo junto a un Santa igualmente semidesnudo.

Hwang Hyunjin es un solitario. Incluso con su familia de trabajo tan unida, tiende a mantenerse al margen del grupo. Por eso, cuando se despierta junto a un diminuto y furioso elfo semidesnudo, que lo acusa de haberle quitado la virginidad y de engañar a una esposa que no tiene, Hwang se siente embrujado y confundido.

Una tormenta de nieve, un matrimonio que ninguno de los dos recuerda y una atracción demasiado poderosa para resistirse, todo ello conduce a las veinticuatro horas más calientes y dulces de la vida de ambos. ¿Podrá un error de borrachera entre un virgen y un divorciado en dos ocasiones ser el "felices para siempre" que ninguno de los dos vio venir?

Notes:

I M P O R T A N T E: Leer atentamente las advertencias colocadas en el resumen que serán recordadas nuevamente al final de este texto.

Primero que todo esta historia NO ME PERTENECE, yo solo cumplo con el hecho de cambiar los nombres, modificar algunas apariencias física y localizaciones de la historias original.

Esta historia corresponde al libro 4,5 de la saga Servicio de Protección de Elite, así que los créditos correspondientes a su autora (Onley James)

Debido a que esta historia toca temas tales como todo tipo de abusos, violencia gráfica y contenido sexual explícitos se les recuerda que es para mayores de 18 años, están en advertencia de que el contenido del siguiente libro no es para todas las edades y se les pide tener criterio referente a lo leído.

De acuerdo a lo último, no se busca romantizar las relaciones toxicas, los actos de violencia, así como tampoco se busca menoscabar la imagen de los idols aquí mencionado. Es una adaptación de una fan para fans.

Temas a tocar en esta historia: Contenido homosexual, Contenido +18, Cambio de edades, Humor negro, Violencia gráfica, Mención de abuso físico y psicológico, Uso de lenguaje altisonante y/o vulgar, Uso de palabras soeces y/o peyorativas, Abordajes de tema sensibles tales como: Amores tóxicos, violencia, maltrato, muertes, intento de suicidio, mención de abuso psicológico y físico, etc.

Teniendo en cuenta que adaptare todos los libros de esta saga al hyunlix, los protagonistas, entornos y relación familiar irán cambiando constantemente.

-ADAPTACION.
-Contenido homosexual.
-Contenido +21
-Cambio de edades.
-Humor negro.
-Violencia gráfica.
-Mención de abuso físico y psicológico hacia menores.
-Uso de lenguaje altisonante y/o vulgar.
-Uso de palabras soeces y/o peyorativas.
-Abordajes de tema sensibles tales como: Amores tóxicos, violencia, maltrato, muertes, mención de abuso psicológico y físico, etc.
-Con esta historia no se busca asumir la sexualidad de los idols mencionados, así como tampoco se busca ofenderlos.

Chapter Text

 

Felix

Lee Felix abrió un ojo, lamentándolo inmediatamente cuando un rayo de sol chamuscó su retina, despertando todos sus sentidos a la vez. Su cabeza se sentía como un huevo roto y sus glóbulos oculares como papel de lija. Separó la lengua del paladar, temblando mientras escalofríos atravesaban su piel ante la brisa obvia a lo largo de su espalda. Estaba helando, donde sea que él estaba.

Alzando una mano con esperanza de bloquear el sol, trató de abrir sus ojos hinchados una vez más y arrugó el ceño al darse cuenta que estaba mirando hacia un pie embotado en negro y pantalones rojo velvet forrados con pelaje blanco. Pánico y confusión se acumuló en su estómago permitiendo que su mirada se arrastrara más arriba, abrió los ojos de par en par cuando vio la cinturilla del pantalón atrapada alrededor de unos muslos fuertes y un muy musculoso trasero.

El hombre inhaló profundamente, dejando salir un ronquido ruidoso antes de internarse aún más dentro de la almohada.

—Oh, por… mis estrellas —Felix susurró, mordiéndose el labio y sintiéndose como un pervertido por mirar fijamente a ese hombre sin su consentimiento. Él se inclinó sobre sus codos y bajó la mirada a sí mismo—. Oh… no.

¿Qué diablos estaba usando? Llevaba un short de lycra verde y una camiseta que exponía mucho más de lo que cubría y tenía un botón dorado pintado sobre ella. Suponía que podría haber sido un disfraz de elfo, si el disfraz en sí, estuviese hecho para niños pequeños. Todo su abdomen estaba expuesto directamente, hasta la roja y verde… ¿ropa interior? Excepto que no había parte de atrás en los calzones; su trasero estaba tan descubierto como el de Santa. Tenía medias rojas y verdes que terminaban justo encima de sus muslos, pero no tenía zapatos.

Diablos. Diablos. Diablos. ¿Qué se suponía que haría él con medias, media camiseta y ropa interior que solo le cubría el frente? Rodó fuera de la cama y cayó al suelo como si estuviera buscando refugio, pero más que todo, porque esperaba que el resto de su ropa estuviera en el suelo. Desafortunadamente, la única cosa que había era la chaqueta de Santa y su otra bota. Demonios. Recogió la enorme bota de cuero, recorriéndola con los dedos. Lucía como una bota de trabajo, definitivamente no con el propósito de ser un disfraz. La punta estaba rayada y la suela estaba cubierta de barro. Barro. Afuera. Tenía que irse a casa

Gateó hasta la ventana, incapaz de esconder un suspiro decepcionado. Había una tormenta. La nieve cubría las ventanas, y la camioneta pick-up roja estacionada al frente estaba enterrada por encima de las puertas. Lentamente, miró hacia el hombre enorme y medio desnudo durmiendo en lo que Felix solo podía solamente asumir que se trataba de la cama del tipo. ¿Se suponía que Felix debía despertarlo? ¿Era esta una situación de encuentro de una noche? ¿Habían tenido sexo? ¿Había perdido su virginidad con un… hombre vestido de Santa? ¿Felix se había vestido así para él? Tenía que admitir que había esperado que su primera vez fuera menos… kinky. Pero, a su edad, suponía que debía estar agradecido de que alguien finalmente hubiera “cometido la hazaña”.

Felix podía haber crecido en un culto, pero él sí sabía que había cierta “etiqueta” para encuentros de una noche. Lo había visto en las películas. Él nunca se imaginó que iba a vivir alguno, especialmente no uno que se sentía como el inicio de una película sucia para adultos, pero eso no cambiaba sus circunstancias. Necesitaba saber cómo había terminado allí, así, podía comenzar a resolver cómo irse. Colapsó contra la pared debajo de la ventana y miró la espalda del hombre subir y bajar en profundos ronquidos.

Él era sexy. Definitivamente mayor que Felix… por bastante. Pero no tan viejo como Santa. Su pelo era negro y estaba todo parado alrededor de su cabeza como el nido de un ave, y su nariz tenía un bache como si la hubiesen roto en repetidas ocasiones, pero eso no le quitaba lo atractivo a la apariencia del hombre. Tenía cejas negras y los labios llenos estaban entreabiertos por el sueño. ¿Quién era él?

Felix jaló sus rodillas hacia arriba y balanceó los codos, sujetándose su cabeza dolorida. ¿Cuál era la última cosa que recordaba? Una fiesta. La fiesta de Yongbok. No, La fiesta de navidad de Élite. Donde el esposo de Yongbok solía trabajar. Habían estado en un hotel en… Gangnam. Había champaña y muchas personas. Recordaba a Yongbok diciéndole que bajara el ritmo. Pero entonces, nada. Yongbok. Su hermano. Necesitaba a su hermano. Miró alrededor buscando algo que fuera parecido a un teléfono, pero no había nada.

Allí fue cuando lo notó. Tenía que ser el teléfono de Santa. No era el de Felix, y estaba conectado peligrosamente cerca a la cabeza del hombre, ni siquiera en la mesita, justo en las almidonadas sábanas blancas que hacían que la piel del individuo pareciera brillar. Felix tomó una respiración profunda y se deslizó camino a la cama tamaño King, haciendo una mueca cuando el suelo hizo un chirrido. La mano de Felix ya estaba alrededor del teléfono cuando Santa abrió sus ojos olivos y alzó una ceja.

—Hola.

—Um, hola —dijo Felix con el corazón latiendo tan rápido que estaba seguro estaba intentando salirse de su pecho, como a un personaje de caricatura—. No fue mi intención despertarte, pero no puedo encontrar mi teléfono o el resto de mi camisa o… la parte de atrás de mi ropa interior, de hecho, ni siquiera estoy seguro de qué fue lo que hicimos o no hicimos ayer en la noche, y honestamente no quiero saberlo. Quiero decir, pensé que perder mi virginidad sería especial o al menos recordaría algún signo de ello, pero, oye, es una cosa menos para tachar en mi lista, ¿verdad? Pero, de todas formas, necesito salir de aquí, ¿podrías llamar a un Uber o un taxi, o lo que sea que esté funcionando allí afuera? —Felix sabía que estaba balbuceando, pero no había forma de detener el vómito de palabras que salía de él sin detenerse, especialmente cuando su mirada aterrizó en la mano izquierda del hombre—, Oh, diablos. ¿Estás casado? Oh, Dios… mío —Cuando la diversión del hombre se transformó en confusión, y luego enojo, Felix realizó que probablemente había cometido un error—. Escucha. No te estoy juzgando. Estaba allí, también. ¿Creo? No importa realmente. Todos cometemos errores. ¿Verdad? Si pudieras indicarme en dónde está mi ropa y mi teléfono, me iré de aquí antes que tu esposo… o esposa, regrese a casa.

—No tengo esposo… o esposa. —dijo Santa, rodando a una posición sentada y enterrando la palma de su mano en su ojo derecho.

—Tienes un anillo. —dijo Felix con la boca apretada mientras fulminaba con la mirada al anillo en cuestión.

—Tú también. —replicó Santa, mirando directamente a la mano izquierda de Felix.

Las cejas de Felix se juntaron mientras su mirada se deslizaba a su propia mano izquierda y a la fina alianza plateada en su dedo anular. —Yo definitivamente no estoy casado.

—Bueno, yo tampoco. ¿Tienes un nombre? —preguntó el hombre, estirando sus brazos musculosos sobre la cabeza e inclinando el cuello hasta que traqueó. Felix apartó la vista de la polla blanda que reposaba entre sus muslos. Parecía que él era el único preocupado por esta situación.

—Felix… Lee Felix. —se esforzó en decir.

—Eres uno de los hermanos de Yongbok, ¿verdad? Déjame adivinar. El menor. No, no puede ser, él apenas tiene diecisiete. Oh, joder, chico. Eres legal, ¿no es así?

Felix resopló, cruzando los brazos sobre su pecho. —Soy su hermano mayor. Tengo veintiséis.

Una vez más, sus cejas se alzaron con una expresión dubitativa. — ¿Estás seguro de eso? Es un hecho que entrarías en mi bolsillo —Él miró hacia sus pantalones enrollados alrededor de sus muslos antes de levantarse y ajustarlos de nuevo en su lugar—. Si tuviera bolsillos.

— ¿Tienes nombre? —preguntó Felix, todavía molesto por el golpe a su estatura. Era cierto que él no era alto, apenas 1,72, pero este hombre era anormalmente grande, no era tan, tan alto, pero sí bastante más que él.

—Hwang —murmuró el hombre.

— ¿Ese es tu nombre o tu apellido?

—Solo Hwang.

— ¿Recuerdas lo que pasó anoche, “Solo Hwang”? Porque yo no recuerdo nada después de llegar a la fiesta de navidad.

Hwang no respondió, solo gruñó y vagó por el dormitorio, no pareciendo importarle si Felix lo seguía o se quedaba atrás. Felix marchó a la mecedora en la esquina, arrebatando una cobija marrón y abrigándose con ella antes de seguirlo.

La cabaña era pequeña; solo había un sofá y una chimenea, una mesa de madera con dos sillas, y una cocina diminuta donde Hwang estaba de pie haciendo café. Cuando Felix tiró de una de las sillas de la cocina y se sentó, la mirada de Hwang se enganchó en la cobija envuelta alrededor de los hombros de Felix. —Sé cuidadoso con eso —Gruñó—. Era de mi hija.

¿Era? Oh, Dios. —Lo lamento, la devolveré.

Felix iba a ponerse de pie, pero la mirada de Hwang lo mantuvo en su lugar. —No dije que no podías usarla, solo sé cuidadoso con ella.

Felix dio un asentimiento afectado, jalándola más cerca de él cómo para mostrarle a Hwang que entendía la responsabilidad. Ninguno de ellos habló mientras Hwang hacía el café, y cuando estuvo terminado, observó fijamente como el hombre sacaba un matraz de atrás de una caja de pan, y arrojaba lo que Felix solo podía asumir que era licor, tanto en la taza blanca como en la delicada taza de té cubierta en flores azules, antes de tenderla hacia Felix. —Yo no bebo café o licor.

El hombre resopló. —Bébelo. Te ayudará con la resaca.

— ¿Es tan obvio? —preguntó Felix, empujando sus dedos dentro de su cabello rubio.

— ¿Estás adolorido? —preguntó.

—Mi cabeza y mis ojos están matándome —dijo Felix, tomando un trago del líquido amargo y caliente.

La mirada del hombre cayó hasta el regazo de Felix. —No, me refiero a… adolorido. Dijiste algo sobre haber perdido la virginidad.

—Oh —El calor se precipitó hacia en el rostro de Felix hasta la punta de las orejas—. No. Me siento bien.

—Estoy seguro en un 99% que nosotros no hicimos nada anoche. Confía en mí, si era tu primera vez estarías sintiéndolo el día de hoy. Además, no vi ningún condón y yo siempre uso condones.

—Oh… eso… eso está bien. Supongo.

Felix no estaba seguro porque se sentía decepcionado sobre ser virgen todavía. No era como si hubiese querido perderla en un encuentro de una noche borracho con un chico al que no conocía y al que no podía recordar. Hwang sorbió su café negro y miró hacia las ventanas. —Odio decir esto, pero no creo que vayas a poder irte pronto a ninguna parte, niño. La tormenta apenas empieza. Recuerdo haberme abastecido ayer por la tormenta antes de dejar que Jisung me convenciera de ir a esa estúpida fiesta de navidad vestido de Santa Claus.

Han Jisung era un YouTuber y el esposo de Minho, quién era el anterior jefe del cuñado de Felix. Jisung era mucho menor que su esposo. Él y Felix tenían la misma edad. — ¿Jisung es la razón por la que estás vestido como un Santa sucio?

Hwang le dio una larga mirada al cuerpo de Felix, como si pudiera ver a través de la cobija. —Estaba usando el traje que Jisung me dio. No hay forma alguna que ese disfraz de elfo sea para toda la familia, y tus sobrinos y sobrinas estaban en esa fiesta. Así que, tú eres el sucio, pequeño elfo.

—Es imposible que me haya vestido así por mi propia cuenta —Felix aseguró, apretando con más fuerza la cobija—. Ni siquiera sé en donde alguien compraría ropa interior sin tela en el trasero. No entiendo como eso existe.

Hwang se inclinó contra la encimera y sonrió. — ¿No lo sabes?

—No. Cómo, ¿Cuál es el punto? Literalmente no hay nada cubierto.

—Exactamente, elfo. Acceso fácil.

—Acceso fácil a q… ¡OH! — ¿Era posible morir de humillación? ¿Por qué se sentía tan estúpido al lado de este extraño? —. Oh, entonces, estás diciendo que me vestí así… para que… pudiéramos… Oh, vaya.

Hwang soltó una carcajada. —“Oh, Vaya”, ciertamente.

—No tienes que burlarte de mí, ¿lo sabes? —dijo Felix, sonando como un mohín hasta en sus propios oídos.

Continuara…