Chapter Text
Todos están de acuerdo en que la pijamada debe de ser en la casa de Pato, todos están emocionados, tienen ganas de ver películas y comer porquerías durante la noche.
Además que hay muchos chismes sobre su vida estudiantil que necesitan dialogarlos todo en la privacidad del cuarto de uno de ellos.
La casa de Patricio es la mejor opción, pues además de que su cuarto es uno de los más grandes su papá, el señor Pérez, es el más relajado del grupo que son sus padres, sirve mucho que sea un papá soltero que siempre les da su espacio y nunca los esta acosando tratando de ver si hacen algo mal.
Pato platica con su padre mientras lo ayuda a subir la variedad de snacks a su habitación, Patricio esta muy animado y le da las gracias por siempre darles aquella confianza.
Sergio murmura en asentimiento y pregunta quienes irán.
-Ammm, vendra Oscar, Lando, Yuki, Franco, Charles…ah y Max al final su papá si lo dejo venir.-Sergio siente su polla incomoda cuando recuerda al niño bonito de cabello rubio.
Ese que siempre se lo esta comiendo con la mirada y que cada día parece usar ropa más provocativa para cuando va a su casa. No va a mentir y decir que no le gustan aquellas miradas sobre él y menos viniendo de un mocoso con un culo tan gordo.
-Entonces ¿Me prestas tu play?-Sergio asiente y decide que lo mejor será encerrarse en su habitación si no quiere hacer alguna estupidez.
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Para cuando Max llega, ya todos están comiendo su segunda rebanada de pizza y hay un montón de mantas y cobijas por el piso de su habitación.
Todos ríen y prestan atención a la partida de formula uno.
Charles esta jugando en contra de Patricio y ambos se empujan tratando de hacer perder al otro.
Lando y Franco están viendo algo en el teléfono de Pato mientras Yuki se come una de las rebanas de pizza de Charles.
Max les lanza una almohada y corre a refugiarse al baño para colocarse su pijama, abre su mochila y suspira cuando ve el sensual baby doll de encaje negro , quisiera poder ponérselo y pasear por aquella casa con el culo al aire para el que sensual señor Pérez lo vea.
Con un suspiro se quita su incomoda ropa, dejando a la vista la diminuta tanga de encaje que al menos si puede usar, le gusta como la áspera tela se restriega contra su coño lampiño.
Pasa sus manos por sus piernas recién depiladas y le fascina la suavidad de estas.
Suspira un poco derrotado por que el señor Pérez no podrá sentirlas pero se conformara con darle una vista descarada de ellas durante el desayuno.
Se pone su short y una playera de algodón blanca, al menos por ahora solo quiere pasársela bien con sus amigos.
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Son las tres de la mañana, todos han caído rendidos hace media hora y Max solo no puede dormir, no sabiendo que aquel hombre enorme esta durmiendo al final del pasillo.
Ese hombre con sus brazos gruesos y peludos, de hombros musculosos, con ese pecho tan grande y mierda con la pequeña barriga de papá que se carga.
Sus piernas son gruesas y fibrosas y tiene un culo que de tan solo pensar en el siente como se moja su coño. Además de su espalda ancha de músculos definidos.
Comienza a hacer demasiado calor en aquella habitación, todos están profundamente dormidos por lo que baja su short hasta sus rodillas y abre las piernas, sus dedos largos viajan hasta detenerse en su monte de venus, un palpitar doloroso hace llorar cremosos hilos de fluidos.
Nadie lo puede culpar, aquel hombre que de seguro duerme apaciblemente al final del pasillo, es estúpidamente guapo. Con su barba que seguramente rasparía sus muslos hasta dejarlos rojos.
O con esos labios finos que se podrían colar en medio de su coño, es tan perfecto que quisiera sentarse en su cara para que se lo coma hasta dejarlo seco.
Muerde sus labios con fuerza cuando hunde dos de sus dedos en su interior chorreante, siempre se siente bien masturbarse en la casa de su amigo, no es la primera y esta seguro que no será la última, voltea hacía los bultos que son y los ve dormir apaciblemente.
Sus dos dedos se curvan tratando de alcanzar su punto dulce, pero parece que no puede hacerlo, su otra mano presiona sus labios tratando que de ellos no salga ningún sonido.
…
Se levanta en medio de la noche, irá por un vaso de agua a la cocina y echara un vistazo al cuarto de su hijo para saber que los chicos estan bien.
Camina con pasos pesados y pronto se encuentra fuera de la puerta que esta entreabierta, con cuidado la empuja y sus ojos escanean la habitación, puede ver a pato acurrucado entre Charles y Yuki, Franco y Lando están agazapados en una de las esquinas y ve a Oscar profundamente dormido con un brazo colgando de la cama.
Pronto sus ojos llegan a Max quien esta en la esquina opuesta, y siente como su boca se seca cuando lo ve con los shorts a las rodillas y sus dedos enterrados en su interior.
Aquel mocoso tiene los ojos cerrados mientras que su mano tapa sus labios, y tal parece que lo hace excelente pues si solo se hubiera asomado por encima jamás lo habría descubierto masturbándose.
Con sigilo abre la puerta y se cuela en la habitación, quiere ver mas de cerca aquel morboso espectáculo y el pequeño no parece notarlo cuando ve como menea las caderas tratando de llegar a cierta liberación.
Max tiene un cuerpo preciosos, con unas piernas firmes y blancas como el algodón, su abdomen es plano y sus tetas han crecido desde el día en que lo conoció, ahora puede ver la silueta de una perforación en uno de sus pezones.
Sus manos tienen dedos largos y finos que esta seguro que rodearían perfecto su polla gorda y sus labios, puede recordar perfectamente sus gruesos labios, labios hechos para dar unas mamadas extraordinarias.
No hace nada más que observarlo arrodillado a su lado y cree que sería muy irresponsable de su parte si no ayuda al chico a encontrar su liberación.
Max abre los ojos sorprendido cuando una mano callosa y pesada se une a la suya masajeando su hinchado clítoris, esta seguro que un gemido muy alto habría escapado de sus labios si no fuera por su mano, que ahora muerde.
Debe de estar soñando, debe de tener uno de esos deliciosos sueños en donde imagina como el padre de uno de sus amigos lo empotra contra la pared y lo llena con su verga hasta el fondo.
Pero todo se siente tan real cuando un dedo gordo y pesado acompaña a los suyos en su interior, su vagina se contrae por la intromisión y cree que se podría venir simplemente con eso.
Sus ojos buscan los orbes marrones que parecen brillar en la oscuridad y muerde con más fuerza sus labios cuando lo ve llevarse un dedo en medio de sus labios y hacerle un mudo “Shh”
NO puede más que asentir y sus ojos analizan su alrededor, sus amigos siguen dormidos y el señor Pérez se recuesta entre sus piernas, llevándose con él la cobija que le dio pato para cubrirse del frío.
Sergio no puede ver el jugosos coño, pero si puede olerlo, su mano aparta la mano delicada de Max y pronto hunde su cara en aquel coño chorreante.
Puede saborear los labios gordos y resbaladizos y empuja su cara contra aquella bonita vulva.
Su lengua se pasea en medio de los labios y sintiendo la textura resbaladiza que le han conferido los tibios jugos que parecer escapar de la caliente hendidura que se contrae en espera de que algo llene aquel codicioso agujero.
Max puede sentir la barba de aquel hombre raspar el nacimiento de sus nalgas y su perineo, además de que lengua plana del hombre se pasea en su entrada, la cara del señor Pérez esta tan hundida en su coño que su nariz masajea su clítoris duro cada que la sube y baja lamiendo.
Aquello se siente mejor que restregarse contra la cabeza de uno de sus osos de peluche, la nariz del señor Pérez es muchísimo mejor que la del señor oso, aquel oso en donde se monta imaginando que es el papá de su amigo.
Sergio es enorme y se siente increíble.
Le gusta sentirse pequeño y delicado en comparación del hombre maduro y experimentado como él, los vellos de sus brazos se restriegan en sus muslos sensibles cuando los toman para levantarlo y acercarlo a un más a su cara si eso es posible.
Max menea las caderas buscando más fricción y tratando de que Sergio lo devore por completo, quiere que aquella lengua tan atrevida se memorice cada borde y textura de su coño.
Sergio hunde la punta de su legua y puede sentir la rugosidad de la vagina de Max que parece derretirse con aquella acción, sus jugos son espesos y chiclosos y es consiente de lo bien que sabe Max, con su coño virgen y joven.
Con sus muslos que aprietan su cabeza tratando de retenerlo en su lugar, quisiera tenerlo sentado sobre su cara, quiere que lo aplaste con aquel coño jugoso y que sus nalgas reboten en su barbilla, pero en aquella situación no puede nada más que chuparlo.
Con reticencia se aleja de su coño y pronto sus labios encuentran su camino en su abdomen plano, ningún ruido ha salido de los labios de Max y esta seguro que para mañana su garganta estará arruinada.
Muerde la piel blanca y aunque no puede ver nada, esta seguro que dejara marcas moradas, con impaciencia levanta la delgada playera y sus labios se cierran sobre uno de sus pezones, aun esta debajo de las cobijas y reza por que su hijo no se despierte y descubra a su padre comiéndose a uno de sus amigos.
Es completamente algo inmoral y quizá roza o no un delito pero nada le importa cuando chupa el delicado pezón.
Max se arquea tratando de obtener mas de aquella sensación, Sergio chupa su pezón tan bien que cree que podría sacar leche de sus tetas si quisiera.
Aquella mano pesada vuelve a acunar sus pequeño coño entre ella, dejando ligeros golpecitos contra su sensible botón, Max se siente convulsionar con cada ráfaga de placer que envían esos toques.
Dos dedos grandes se hunden de nuevo en su calor con un sonido acuoso que parece no despertar a nadie, quisiera poder masturbar a Max de una forma salvaje y primitiva, hacerlo correrse tan escandalosamente, quiere que se corra tanto que deje escurriendo sus manos de jugos deliciosos y dejarlo temblando entre ellas
Ahora solo tiene que conformarse con comerle las tetas mientras curva sus dedos masajeando aquel punto que se siente tan globoso, ya vera que hará con las sábanas empapadas.
Max tiembla cuando siente como aquellos dedos masajean un punto que lo hace querer gritar.
Poco le importaría que todos vieran como el señor Pérez chupa sus tetas y lo dedea hasta hacerlo correrse.
Mueve sus caderas buscando que aquellos dedos lleguen mas profundo y logra que la muñeca del hombre golpee contra su clítoris, todo es una mezcla tan abrumadora que un grito sordo sale de sus labios cuando alcanza un demoledor orgasmo.
Se arquea mientras siente como chorros abundantes escapan de su uretra.
Los dedos siguen aplastando su punto G y el se sigue corriendo en aquella pesada palma.
Sergio tira del maltratado pezón y pronto saca sus dedos empapados y presiona la palma contra el coño que aun palpita gracias a la sobre estimulación.
Sergio saca como puede su cabeza debajo de la pesada cobija y puede ver los ojos azules de Max nublados por el placer.
Su delicada mano ha abandonado sus labios maltratados y solo puede dejar un beso inocente sobre ellos.
“Sera nuestro secreto, Maxie…”
Sergio pronto se incorpora para ir a su habitación por algunas sabanas limpias.
Parece que todo quedara en un secreto entre ellos dos, ninguno se percata de los ojos avellana que los miran entre cerradamente.
Oscar lo ha visto todo y no puede sentir mas que envidia por Max que ha conseguido lo que él también desea.
Quizá saber aquel secreto seria de su beneficio.
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