Work Text:
Había logrado acabar con casi todos, había contado a todos en el comedor y mientras los mataba también, pero le faltaba uno, solo uno más y por fin podría encontrarse con su precioso Telemaco y su amada Penelope. No podía esperar para volver a verla y pedirle perdón por la tardanza y por haber compartido cama con otra mujer.
Fue entonces que sintió un fuerte golpe en la cabeza, cayendo al suelo inconsciente.
__________
Realmente estaba satisfecha al ver al pretendiente tendido en el suelo inmovil, había escuchado los gritos del castillo, saliendo de su habitación y caminando por los pasillos cubiertos de cadáveres y sangre, no sentía ni una pizca de pena por los hombres, se habían negado a irse por años y estaba segura de que si no se trataba de su esposo, probablemente hubiera sido ella quien acabará con ellos tarde o temprano.
Pero ver a su esposo en el suelo y apunto de ser asesino fue su propio límite, lanzándose sobre el pretendiente y ahorcandolo hasta que dejo de moverse, volviendo su mirada a su esposo tendido en el suelo, estaba delgado y claramente cansado. Preocupada lo tomó en brazos, aumentando sus preocupaciones al sentirlo más ligero de lo que recordaba, dirigiéndose a su habitación compartida mientras pensaba el como cuidar a su Odiseo.
__________
Cuando abrió los ojos estaba confundido, lo último que recordaba era que había viajado a Esparta para cortejar a la que decían era la mujer más hermosa, la oscuridad que lo rodeaba se desvaneció hasta que finalmente pudo ver con claridad, sobre el estaba la expresión preocupada pero feliz de una mujer, tenía el cabello negro, los ojos oscuros y la sonrisa más hermosa que había visto, no solo eso, la mujer era la más hermosa que nunca antes había visto. Se preguntó si se trataba de Helena, quería preguntarle pero no podía, estaba nervioso ante tal mujer y su boca se sentía pesada.
-Odiseo cariño, ¿Te sientes bien?, parece que tienes fiebre, iré por un té para que te mejores, ¿de acuerdo amor?
Cariño, amor. Por los dioses, la mujer hermosa que estaba sobre el estaba interesado en el, lo había llamado cariño y amor. Estaba nervioso, aun no podía hablar mientras veía a la mujer levantarse de la cama y salir de la habitación, le quería preguntar su nombre y como se conocieron. Probablemente se trataba de Helena, si seguro, le habían dicho que Helena era la mujer más hermosa, que la propia Afrodita la había bendecido y definitivamente esa era la mujer más hermosa, incluso si no se trataba de Helena admitia que aquella mujer era realmente hermoso.
Trato de despergar su mente, mirando alrededor de la habitación, había algunos telares realmente hermosos y un telar algo viejo, se veía desgastado por los años, era claro que le gustaba hacer telares, sonrió para si mismo, ya sabía que ofrecerle a ella para que aceptara casarse con el, un telar nuevo y cientos de hilos de diferentes colores.
- Necesito saber su nombre, su talento para tejer es increíble, ¿será tan inteligente como lo parece?, si es así, es la chica con la que siempre soñé, necesito que sea mía, necesito enamorarla.
-Odiseo cariño, ¿de quién estas hablando?
Fijo su mirada rápidamente en la mujer en la puerta, sostenía una bandeja con una taza humeando y diferentes alimentos, tenía que admitir que tenía hambre y la comida parecía realmente tentadora. Sacudió su cabeza rápidamente, alejando esos pensamientos de su mente, tenía que saber el nombre de esa mujer para poder proponerse correctamente.
-Tu nombre.
-¿Discúlpa?
-Tu nombre, por favor dímelo.
Penelope sintió su pecho doler, ¿tanto había cambiado para que Odiseo no pudiera reconocerla o su memoria se había dañado durante su viaje?
-Penelope, mi nombre es Penelope.
Un nombre hermoso. No pudo evitar pensar, realmente hermoso, incluso más hermoso que el nombre de Helena, eso significaba que había encontrado a alguien que era más hermosa que Helena, estaba seguro. Se levantó de la cama, sintiendo su cuerpo adolorido pero lo ignoró, al igual que los pedidos de Penelope para que volviera a la cama, camino hasta la mujer y se puso de rodillas.
-Penelope, yo Odiseo de Ithaca te pido por favor que me permitas cortejarte y pedir tu mano en matrimonio, te daré un telar nuevo e hilos de todos los colores que puedas imaginar, prometo hacerte feliz.
Penelope se quedo en shock mientras escuchaba las palabras de su esposo, sabía que había casos en los que los golpes fuertes hacían que algunas personas olvidarán algunas cosas, presenció algunos de esos incidentes, pero eran raros y no creyó que su esposo pasara por eso. No pudo contener la risa y soltó una pequeña risa mientras se agachaba y dejaba la bandeja en el suelo, apreciando la expresión de confusión y casi terror de su esposo.
-Creo que no me presente bien, soy Penelope de Ithaca, tu reina y esposa, te he estado esperando y encargada del reino mientras no estabas, por si no lo recuerdas cariño, tu eres solo mío.
-...¿Me case con una mujer hermosa e inteligente?, es más de lo que esperaba que merecía.
Penelope soltó una pequeña risa, intentando no estallar en carcajadas al ver la expresión de felicidad en la cara de su amado esposo, era casi adorable verlo actuar como lo había hecho por años desde que se habían conocido hasta que partió a la guerra.
-Exacto Ody, pero realmente te veo más delgado y cansado, volvamos al lecho que tu creaste para los dos para que descanses.
Odiseo asintió emocionado, levantándose del suelo y esperando que su bella y recién descubierta esposa se levantara y lo guiará a la cama, dejando que esta lo colmara de cariño y lo alimentara hasta que su estómago no pudo más, sonriendo como un tonto enamorado cada vez que escuchaba la voz de Penelope o la veía.
Ese trato no cambiaría incluso después de que recuperará la memoria al día siguiente, sintiendose avergonzado al recordar que le había pedido otra vez matrimonio a su mujer, aunque a Penelope no le importaba, el saber que su esposo siempre se enamoraría de ella era algo que realmente la alegraba.
