Chapter Text
I got tired of waiting
Wondering if you were ever coming around
Sonoko nunca fue alguien discreta cuando se trataba de guardar secretos. Hattori no pudo culpar a alguien más que a sí mismo por haberse permitido confiar en alguien con pésimos antecedentes referente a la intimidad.
Por alguna razón, todo su círculo social había permanecido expectante durante casi nueve años a sus interacciones con su amiga de la infancia, Kazuha; y este favor a Sonoko no hizo más que acrecentar la atención sobre ellos de manera realmente incomoda.
—Escúchame. Probablemente no te tomes esto de la mejor manera, pero he llegado a mi jodido límite.
Las cejas de Sonoko se arrugaron ante tan abrupto comienzo. A pocas horas de su ceremonia, tenía a al menos cinco personas trabajando arduamente en diversas partes de su cuerpo: su cabello, sus manos, sus pies, su cara y quién sabe para qué más. Hattori ya tenía contemplada la llegada temprana de Ran, así que se anticipó a ella por algunas horas, pero no esperaba hallar a la futura novia desde ya en bata de baño y en medio del preambulo de su preparación.
—Han sido años tratando de hacerlo, y simplemente no puedo más. Comprendo que es descortés, y si te niegas, por favor olvidemos que te pedí esto y actuemos como siempre lo hemos hecho.
Nunca fueron precisamente cercanos. Ambos eran para el otro "el amigo de mi amigo" y ninguno de sus encuentros pudieron hacer evolucionar ese nivel. Sin embargo, en ese momento Hattori estaba dispuesto a fingir que compartieron baberos alguna vez, si era necesario.
—¿Es dinero? —ella le habló por primera vez, sin siquiera querer disimular su semblante tedioso.
—Nah, ni de cerca.
Sólo así logró parecer más interesada.
—Planeo, no, necesito declararme a alguien hoy...
No se necesitó nada más para que los ojos antes desinteresados de Sonoko resplandecieran en emoción. Su manicura recién terminada se desfiguró completamente cuando sus dedos se cruzaron entre sí frente a su pecho. Ella también pareció olvidar su distancia durante esa brevedad y se acercó a su cara lo suficiente como para que su futuro esposo le arrancara los huesos si llegaba a mirarlos.
—¡Oh por Dios, finalmente! —exclamó con llorosa vigorosidad—. ¡Haz lo que quieras, por favor, te doy permiso de lo que sea!
—¿No deberías consultarlo primero con...?
—¡Olvídate de él! ¡Tu declaración a Kazuha será un evento histórico! ¿Sabes cuántos años han pasado ya?
—Aunque en realidad...
—¡Por supuesto que lo sabes más que nadie! Por favor, haz lo que quieras, solo avísame en qué momento será para prevenir a Makoto después.
—Después de tu ceremonia, obviamente. Pero, quería aclararte que...
—¡Perfecto! ¿Qué te parece en el brindis? Después de que todos finalmente hablen, te pondrás de pie y darás un discurso realmente conmovedor que terminará con un "Te amo, Kazuha, ¿quieres casarte conmigo?" —endureció su voz para darle un efecto más grave y dramático, finalizando con un alarido extasiado por su propia fantasía.
—De acuerdo, eso sería demasiado prematuro. Aunque tomo la idea, gracias, pero en realidad...
—¡Decidido, entonces!
Sonoko casi cae hacia atrás entre pataleos enérgicos y sumamente emocionados, seguramente creando en su cabeza miles de escenarios referentes al plan de su declaración.
—¡Pero, termina de escucharme al menos!
Heiji insistió. Estaba infinitamente agradecido con Sonoko por haber aceptado su plan de declaración con tanta facilidad aún si eso implicaba ser opacada temporalmente el día de su propia boda; y para alguien que se alimentaba de su propia vanidad diaria, era un gesto muy significativo.
Sin embargo, no sabía qué tanto cambiaría su tan positiva reacción ante la realidad, la que sus chillidos no le dejaban proferir.
Sonoko esta vez se irguió, obediente y atenta a Heiji como al inicio, aunque esta vez con una deslumbrante sonrisa surcando por su cara todavía limpia de maquillaje. Él inhaló aire con fuerza, porque la siguiente confesión requería aún más valor que solicitar el favor.
—Lo que sucede es que en realidad yo... a quién quiero declararm...
Una de sus cualidades de detective era ser especialmente observador, sin importar lo apremiante, desesperante o aterrador de la situación, no dejar escapar ni un solo detalle era vital para su oficio. Y estaba muy seguro que, antes de que una de las mucamas de Sonoko irrumpiera en la habitación anunciando la llegada de Ran, su expresión decayó durante una fracción de segundos.
Heiji pudo haberse convencido de que era una ilusión de su propia zozobra, pero su propio instinto le prohibía dudar de su aguda vista.
—Hattori, ¿qué haces aquí? —Ran preguntó antes de que cualquiera de los dos pudiera decir algo más.
Ella también estaba sin maquillar aún, apenas con un sutil gloss pintándole los labios de rosa. En su mano derecha se alzaba lo que probablemente era su vestido para la ceremonia protegido en plástico. Por supuesto que las mejores amigas de toda la vida habían planeado arreglarse juntas, pero Hattori no se esperaba que empezaran cuatro horas antes.
—Ah, nada en particular.
Ni siquiera se esforzó en excusarse porque tenía muy presente que Sonoko no mantendría la boca cerrada una vez que tuviera la oportunidad de estar a solas con Ran.
