Chapter Text
En la oscuridad de una fría y tormentosa noche, Simon Riley se despierta abruptamente, su corazón late con fuerza y su frente está cubierta con un sudor frío. Intenta calmar su respiración "solo es una maldita pesadilla" piensa para sí mismo.
Mira su alrededor, la familiaridad de la habitación le proporciona un pequeño consuelo, ya no estaba en ese infierno. A su lado, se encuentra su amada, durmiendo plácidamente y siendo ajena al tormento de Simon. No quiere que ella lo vea en ese estado, así que se levanta con cuidado de la cama.
En el fondo duda que pueda volver a dormir. No con sus demonios atormentándolo esta noche. Decide salir de la habitación y caminar por el oscuro pasillo. Escucha como cae un trueno que ilumina parte de la sala de estar. No es un espacio muy grande, pero es bastante acogedor.
—Sabes, estaba pensando en comprar un florero y algunas plantas— dice ella mientras termina de guardar los cubiertos—. Le falta algo de vida a este lugar.
—Lo que tú quieras cariño— responde Simon.
—Y también un pato
—No
—Un perro
—No
—Un gato
—No te rendirás, ¿verdad?
—Ya me conoces, yo nunca me rindo con lo que quiero.
Simon no puede evitar sonreír ante ese recuerdo—¿Por qué un pato?—susurra mientras niega con la cabeza. Cae otro relámpago e ilumina de nuevo la habitación, pero esta vez Simon puede ver su bolso de lona abierto. Se acerca y del interior extrae su máscara.
— ¿Llevas todo?
— Afirmativo
—Afirmativo–dijo ella imitándolo—. Te olvidas de algo— señala sus labios. Simon sonríe y se acerca a besar a su amada.
En la oscuridad de la habitación, Simon sostiene aquello que lo separa de sus demonios. Acaricia con el pulgar la tela de la máscara. "Ghost" piensa mientras se sienta en el sillón y deja la máscara en el centro de mesa. Cae otro relámpago que vuelve a iluminar la habitación.
Aunque que se siente vivo y respirando, Simon Riley está legalmente muerto para el mundo. Su vida había sido una serie de eventos desafortunados y traumáticos, algo que nadie merece vivir. Nunca pudo tener una niñez como otros niños, tener padres amorosos, una familia comprensiva. Nada de eso. A él le tocó vivir un completo infierno, sufrir de maltrato desde el día en que nació. Cada golpe y palabras hirientes que recibió de quienes debían protegerlo, dejaron cicatrices profundas no únicamente en su cuerpo, sino que también en su alma.
A medida que crecía, uno esperaría que fuera igual que su padre o incluso peor, pero no fue así. Él fue diferente. Cuando ya fue un adulto, ingresó al ejército después del atentado del 11 del septiembre. Escaló en los rangos hasta llegar al rango de teniente, regresó a su hogar y resolvió ciertos asuntos familiares. Cuando fue el momento, tuvo que regresar.
Simon puede sentir como la bilis sube por su garganta. Recordar aquella fatídica misión le produce repulsión.
Cuando fue entregado al enemigo por uno de sus compañeros. Lo torturaron, esperaba que lo mataran, pero ellos lo enterraron vivo junto con el cadáver de otro de sus compañeros, esperaban que esa fuera su tumba, pero lucho hasta poder salir. Cuando pudo regresar para ver a su familia, solo le espero la traición y junto con aquello, la muerte de su familia. Consumido por la venganza, fue cazando a quienes una vez consideró sus compañeros e incluso fue tras quien causo todo. Manuel Roba.
La traición, la tortura, la tumba, la muerte de su familia y la venganza terminaron por matar a Simon Riley quedando solo un fantasma. Tras aquellos eventos, él estuvo solo por mucho tiempo y evitó toda clase de contacto con otro ser humano fuera del ejército.
Hasta que ella apareció en su vida. Juro jamás olvidar aquella noche.
Fue una noche igual a esta. Él estaba de permiso y decidió ir a una cafetería, allí fue cuando te vio, sus caminos se cruzaron y su vida cambio para siempre.
Cuando ella entró en su vida, Simon volvió a vivir y a sanar. No obstante, las recientes tragedias hicieron que sus demonios vuelvan y que aquella parte de él que contiene su humanidad comenzara a volver a morir.
Mientras Simon se encuentra sumido en sus pensamientos, no escucha que unos pasos se acercan a él —¿Simon?— su amada le pregunta con cierta preocupación. Por su parte, Simon solo la dedica una mirada para luego volver a posar su mirada en la máscara.
Su amada, quien es su faro de luz en medio de la oscuridad, la única que podía calmar las tormentas en su mente. Pero él no quería que ella viera el tormento en sus ojos, no quiere compartir ese dolor con ella.
Sin embargo, ella lo conoce bien, sabe cuándo Simon necesita de su consuelo. Mira a Simon con ojos llenos de amor y comprensión, y se sienta a su lado—Cariño— comenzó a hablar con una voz suave—. sé que tu pasado te atormenta y ojalá yo pudiera hacer algo más para que no tuvieras que sufrir tanto. Sé que piensas que eres un mal hombre, que has hecho cosas horribles y que te han pasado cosas terribles, y que crees que no mereces que te pasen cosas buenas, pero eso no verdad, eres un buen hombre, Si.
Él niega con la cabeza —Sabes que no lo soy, ni siquiera pude...
—Su muerte no fue tu culpa.
—Si hubiera sido más rápido, lo hubiera podido salvar.
—Simon, mírame —él lo hace—. No puedes cargar con el peso del mundo en tus hombros. No puedes controlar todo lo que sucede a tu alrededor. Lo que le paso a Johnny fue una tragedia, pero no fue tu culpa.
Las palabras de Clara resonaron en Simon. Aunque una parte de él quiere rechazarlas, sabe en su corazón que ella tiene razón. No puede seguir culpándose por algo que estaba fuera de su control.
Con el consuelo de su amada, Simon comenzó a sentir un poco de alivio—No merezco tu amor.
—No digas tonterías, mereces el mundo Simon.
—Te amo.
—Lo sé, yo también te amo.
—Como quisiera que estuvieras aquí conmigo.
Cae otro relámpago y Simon solo puede apreciar el espacio vacío que dejo su amada.
