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Eran las 12 y media de la noche cuando Liu Kang finalmente caminó entre los pasillos de su amado templo, su humilde pero sagrada ubicación la cual hacía llamar hogar. Distinguió a algunos monjes antes de escabullirse con prisa a sus aposentos donde sabía alguien lo esperaba.
Distinguió a kilómetros el aroma limpio y refrescante de su omega, casi fue un deleite y una bienvenida a casa. La puerta entreabierta dejaba a la vista la curvilínea figura de Shang Tsung, mismo que hacía un esfuerzo por leer su libro y no perder la concentración.
El hechicero traía una bata ligera que apenas cubría su cuerpo, su cabello suelto y oscuro adornaba sus hombros pálidos, su cuello al descubierto sólo revelaba la terrible marca posesiva de su alfa, de cuando lo había reclamado. Algo que, sinceramente a Liu Kang le volvía loco. Era exquisito ver a su pertenencia, lucir su cicatriz con orgullo.
Rompió la distancia entre ambos, se adentró abriendo la puerta con tranquilidad y después cerrándola con paciencia. Shang Tsung apenas lo miró, pero inmediatamente una sonrisa apareció en su rostro. Liu Kang supuso que su omega estaba juguetón.
— ¿Me extrañaste, Shang Tsung? — La grave voz del dios del fuego hizo presencia y recorrió cada centímetro del omega, quien, aún así, no despegó la vista de su libro.
— Hmmj. — Hizo un sonido leve y hojeó con cuidado, respirando el aire fresco que entraba por aquella enorme ventana.
Liu Kang torció una mueca, subiéndose en la cama y gateando hacia su prometido. Era obvio que intentaba ignorarlo, pero no podía caer en su juego, no cuando las hormonas de su omega delataban su necesidad e impaciencia.
— ¿Intentas engañarme, omega? No funcionará conmigo. — Shang Tsung lo ignoró, en el fondo estaba temblando porque adoraba cuando su alfa le llamaba así. Pero seguiría en su papel, mientras más pudiera aguantar, más divertido sería.
Liu Kang respiró cerca de su cuello y sus brazos se resbalaron hacia la pequeña cintura de Shang Tsung, sosteniéndolo firme y con seguridad. Los labios suaves del dios buscaron la piel tersa y blanda del hechicero, formando un beso dulce y picarón en su delicado cuello. Shang Tsung suspiró, apretando su libro con fuerza.
— Hueles bien, omega. Pasaste tantos días sin mi presencia que creo, necesito recordarte quién es tu alfa. ¿No es así? — Sonrió, besándolo con habilidad, recorriendo su piel centímetro a centímetro hasta oírlo jadear.
— Liu Kang… Eres un alfa tan necio. — El hechicero cerró los ojos, su pareja soltó una risa y logró ponerse encima suyo, el libro salió volando y el Dios del fuego aprovechó para mirar fijamente los ojos de su hermoso y fuerte omega.
Un omega digno de un Dios.
Lo besó profundamente, usando su lengua para crear un vaivén húmedo y caliente. Shang Tsung gimió en su boca y el alfa usó sus manos para deslizarse por sus redondas caderas hasta llegar a los fornidos muslos. Lo tomó y abrió ligeramente sus piernas para ponerse entre ellas.
Liu Kang era tan posesivo y prácticamente nunca tenía suficiente. Necesitaba reclamar a su omega una y otra vez, por todas partes, en cualquier lugar. Jamás lo tendrías contento a menos que le dieras todo.
Su boca descendió por el cuello para dejar más moretones y mordidas, por cada una, el omega gritaba y se retorcía. Por su parte, Shang Tsung era orgulloso, pero amaba a su alfa y jamás se negaría a él, lo había extrañado y se había sentido desprotegido sin él. Estaba acostumbrado a pertenecerle y así sería siempre.
Sumiso, Shang Tsung mostraba su cuello para que el Alfa lo abusara como era debido. Lamía una y otra vez su marca de unión, mientras acariciaba con sus yemas las piernas del omega, buscando provocarlo y hacerlo sentir más ese deseo de ser tomado.
Liu Kang subió la bata del hechicero y descubrió que no tenía nada debajo, el lindo coño rosado de Shang Tsung estaba al descubierto y terriblemente mojado.. El alfa relamió sus labios y sintió una punzada en su dolorida polla, pero decidió ser paciente y atender a su omega antes que poder criarlo.
— Realmente estabas esperando mi regreso, omega. — Liu Kang le regaló otra sonrisita, antes de agacharse a la altura de la entrepierna del omega y posteriormente hundir su cabeza allí. Su lengua escarbó su agujero lubricado, subiendo para succionar sin piedad el clítoris. Shang Tsung se retorció mientras lloraba, apretaba las sábanas y abría las piernas gustoso. Entregado a su alfa, entregado a su poder y también al placer.
Siguió lamiendo su coño sin descanso, su lengua exploraba la zona y torturada el sensible capullo, hundiéndose entre los pliegues y buscando penetrarlo con lentitud. Sabía tan dulce que no podía parar. Sintió a Shang Tsung arquearse mientras se corria con fuerza, gimiendo y balbuceando sin parar.
Liu Kang liberó su polla dura y curveada, terriblemente grande y cubierta en preseminal. La agitó un poco antes de acercar su cabeza a al coño empapado de su omega, frotando con lentitud y moviendo las caderas. Shang Tsung jadeó impaciente.
— Eso es, Shang Tsung. Acepta mi polla y toma mi carga. —
Presionó con fuerza su polla y Shang Tsung gimió dulce mientras su alfa empujaba. Era grande y siempre era difícil acostumbrarse. Cerró los ojos y sollozó más fuerte, mientras Liu Kang se maravillaba con lo caliente y apretado que estaba.
Un hermoso beso los unió, Liu Kang buscó reconfortar el dolor de su omega y el tierno acto carnal entre ambas bocas se convirtió en algo duradero y especial. El Dios del fuego aceleró las embestidas de sus caderas buscando su liberación, sacó su polla y se volvió a enterrar profundamente en Shang Tsung, mientras lo sostenía con firmeza y protección.
Liu Kang se encargaría de que Shang Tsung siempre se sintiera seguro y amado entre sus brazos.
— T-te amo… Alfa. — Susurró contra sus labios su pequeño omega, Liu Kang lo calló con otro amable beso, levantando sus piernas y levantando sus caderas, llegando mucho más dentro del tembloroso hechicero.
Fue así que Shang Tsung fue el primero en llegar, corriéndose de nuevo con fuerza mientras apretaba la gruesa polla dentro suyo. Gimió y se deshizo por completo, arañando la espalda de su alfa, sintiendo su liberación hacer colapsar su sensible cuerpo. Liu Kang lo folló más fuerte, aunque no soportó demasiado , eyaculó con fuerza minutos después. Antes de gemir mordió la marca en el cuello de su omega abriéndola nuevamente, mientras se vaciaba en lo más profundo del útero de Shang Tsung.
Se quedó quieto mientras su nudo se formaba, listo para preñar a su omega. Todo su semen caliente fue ordeñado, ambos jadearon agotados mientras esperaban que el nudo del alfa se bajara. Al poco tiempo pasó, Liu salió de Shang y su semilla se filtró con lentitud del coño maltratado.
El Dios del fuego acurrucó a su omega contra su pecho, ambos se abrazaron y al poco tiempo Shang Tsung se quedó profundamente dormido.
Liu Kang sonrió antes de ser vencido por el cansancio, no podía esperar a ver a sus futuros cachorros, mismos que ahora descansaban en el vientre de su prometido. Fuertes guerreros, sanos e inteligentes. Su pecho se hinchó de orgullo y acarició a su omega, agradeciéndole en silencio el hecho de estar a su lado.
Finalmente cayó rendido, aspirando el aroma dulce del hombre a su lado, el hombre que le pertenecía.
