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En su habitación la iluminación sólo era enfocada por su lamparilla cálida, a sus costados tenía las llamas de sus velas consumidas y alguna tinta para sus dibujos.
Estaba exhausto.
Sus párpados se esforzaban por mantenerse abiertos y el mareo de su vista no estaba ayudando. Necesitaba enfocarse, a primera hora tenía una conferencia para exponer sus proyectos y lamentablemente Kaveh obtuvo la oportunidad días antes del evento. Pero no se quejó con nadie.
Mantuvo sus noches en desvelos y los días sin platos de comida con tal de tener todo acordado como se planeaba.
Su cuerpo le pedía estiramientos cada ciertas horas y los mareos se estaban volviendo frecuentes y odiaba la idea que en el preciso momento que necesitaba trazar su arte, este se ve reflejado con vacíos. Nunca se permitiría mostrarle estos cuadros al público.
La habitación yacía en silencio, estaba cálida y solitaria. El ambiente le jugaba en contra con tal comodidad.
Su escritorio estaba repleto de hojas en blanco, un desorden entre el suelo con los pedazos del material y algunas fruncidas.
Su cabellera rubia estaba sin atar y la pluma en mano pronto comenzó a gotear tinta.
Puede que, Kaveh no haya escrito nada desde que prendió las velas.
Apenas tenía certeza del horario, sabía por su ventanal que la luna estaba sobre él, pero entonces no quiso conocer cuántas horas llevaba sin dormir.
Suspiró, su estómago volvía a exigir pero reconoció que estaba en un mal momento para levantarse del escritorio.
“Kaveh..”
Se sobresaltó con la repentina voz, su corazón latió con fuerza y se alertó, pero sabía quién le llamaba, fuera del susto volteó a mirar a la figura detrás de él.
“Hayi..”
“Kaveh, ve a dormir. Mañana puedes continuar” Al Haitham traía consigo un vaso de agua, se lo extendió al rubio y este lo recibió tomando de él.
“Es exactamente para mañana” Le sonrió al chico demostrándole su gratitud por el gesto. Posó el objeto a un costado del escritorio, cerca de un borde, pero no lo suficiente para caer.
Kaveh pensó que probablemente le regañaría por la tardía, pero las palabras no llegaron. “No me demoraré mucho, ve a dormir.”
“Son las cuatro de la madrugada.”
Kaveh se sorprendió, tal vez pensaba que se había pasado de sus horas habituales, pero no tuvo en cuenta lo detonante que sería eso. Haitham le ayudó a reconocerlo.
“Perdón si te desperté, Hayi. Estoy bien, sólo- necesito un poco más de tiempo.” Volvió a su postura anterior con las hojas y su pluma a la vista, pero su pareja notó que intentaba evadir la conversación, después de todo no es primera vez que Haitham se interpone en el esfuerzo de Kaveh.
“¿Podemos hablar?” El rubio sintió su pecho apretarse.
“Claro, dime.”
Haitham tomó con delicadeza la diestra de Kaveh y con esta le alzó a levantarse de su trabajo.
Con el apoyo del escritorio abrazó al rubio por su cintura, acariciando entre sus palmas las curvas. Siempre le encantaba el hecho que la esbelta figura de Kaveh calzaba con sus antebrazos. Adoraba tomar con gran cariño a su pareja.
Kaveh con sincera tristeza abraza el cuerpo ajeno apretando las prendas y esconde su rostro entre el aroma y la piel del cuello contrario. En su pecho se desvaneció la preocupación y le invadió el dolor de la frustración.
Si Haitham le estaba abrazando, probablemente le preocupó.
Y el pensamiento le ardió la garganta.
“¿Necesitas ayuda?” Al Haitham musitó entre caricias y Kaveh apretó su agarre.
“No. Yo puedo hacerlo.” Mintió sin cortar cercanía.
“No digo que dejes de hacerlo, sólo déjame ayudar.” Las caricias de sus manos viajaron a la espalda del rubio y un escalofrío recorrió su nuca.
“P-Puedo hacerlo solo.”
“Está bien, no insistiré.”
En unos instantes las caricias regresaron a las caderas de Kaveh y Haitham posó un pequeño beso en la cabellera rubia cerca de él. “¿Quieres contarme por qué estás sin dormir..?”
“No es necesario, sólo es hasta hoy.” Kaveh alejó su rostro de la comodidad en la que estaba encontrándose de inmediato con las pupilas esmeralda que se fijaron en sus carmesís.
“Cuéntame.”
Con una pequeña espina de incertidumbre Kaveh dudó, pero confió: “Es complicado… Sangemah Bay me invitó a un evento que realizará al mediodía, me contó que el maestro de Tecnología encargado para presentar distintivas áreas le canceló a último minuto y de favor me pidió… Tomar el trabajo.”
Como se esperaba, Haitham suspiró pesado y desvió la conexión de sus ojos. El ceño fruncido de su pareja le hizo recordar porqué instaló espinas de incertidumbre.
“Habíamos hablado de esto.”
“Lo sé- Pero es una gran oportunidad, Dori me ayudó bastante proponiéndome el trabajo y evadir mi deuda con ella.” Los carmesís miraron abajo, la tenue luz apenas llegaba a los rincones y las velas ahogadas se apagaron sin continuación. “Lo tomé porque me creo capaz de lograrlo.”
“Lo entiendo, Kaveh. Pero antes de confiar en alguna promesa debes cuestionártela.”
Ante el tono de Al Haitham, Kaveh alejó sus brazos de la cercanía y luego dió un paso atrás. Su intuición le repetía que la situación iba escalar a más.
“¿Eh?”
“Tu ingenuidad a veces puede llevarte a situaciones complicadas..”
Haitham llevó su índice y pulgar a su ceño suspirando en el proceso. Su molestía era evidente y escaló en Kaveh una preocupación por decepción.
“¿Qué quieres decir?
“Sangemah ha estado persiguiendo tu trabajo desde que diseñaste su mansión ¿Crees que ella no vió potencial en ti?” Kaveh ladeó su cabeza sin entender el fondo de las palabras. “Hará esto cada vez que lo quiera ¿sabes? No aprecia tu trabajo si te pide ayuda en sólo días.”
“Pero fue mi decisión aceptar.” Sin que ninguno se dieron cuenta estaban bastante alejados del uno al otro, Kaveh con pasos atrás y Haitham sin perseguirlo.
“Ese es el problema, Kaveh.” Apoyó sus manos en el borde desgastado del escritorio, este rechinó por el peso. “No debes aceptar trabajos sólo porque te lo piden 'de favor’”
El rubio desearía decir que las palabras de Al Haitham no dolieron como pensaba pero estaría mintiendo.
“Entonces ¿Es mi culpa?” Cuestionó ofendido. Si realmente Al Haitham confiara en su trabajo, no diría nada al respecto, pero lo estaba hiriendo.
“Nunca dije eso, Kaveh.”
“Lo dijiste.”
“No.”
“Al Haitham- Deja de cuestionar lo que hago o no. No es asunto tuyo mis problemas con mi trabajo. Ni siquiera debería contarte al respecto.”
“Me involucro porque estás viviendo bajo mi techo.”
Oh.
Entonces es así.
Nunca se preocupó realmente de las heridas físicas que Kaveh tenía en su cuerpo luego de algún trabajo cansador, o de las lesiones en sus muñecas luego de esforzarse por un diseño.
Ahora que lo piensa, ni siquiera le escuchó mencionar un halago por su esfuerzo. Al Haitham estaba tan concentrado en los libros de paginas rotas que apenas se enfocada en la gema carmesí de Kaveh.
Sus lesiones, las heridas, la sonrisa luego de su trabajo siempre eran cuestionadas y discutidas, siempre era rebajado a su ingenuidad bajo el argumento 'Su trabajo no era un acto de caridad, y salvar a los otros no cambiaría el fin de las cosas.'
Kaveh invirtió tiempo y esfuerzo en ayudar a los demás en su trabajo, asumiendo él mismo una carga considerable, la opinión de Alhacén siempre era contraria a la de Kaveh, e insistía en que este era muy idealista.
Fue así como surgió una brecha entre los dos.
La realización hizo llenar de lágrimas la gema carmesí hiriéndole más su pecho.
Las espinas que había ideado no fueron útiles para evitarse la conversación, después de todo, salvar a otros no cambiaría el fin de las cosas.
“¿Crees que hago esto porque quiero, Al Haitham?” Alzó su tono enfrentándose al hombre.
“Si no hubiera estado solo, créeme que ni siquiera viviría aquí.”
“Kaveh.”
“No, Al Haitham. No quiero hablar.”
Dispuesto a irse caminó a la puerta de la habitación evadiendo cualquier contacto con el chico alto.
Escuchó un estruendo a sus espaldas que le asustó, al voltear su mirada vió al hombre alzando su brazo por Kaveh y vidrio esparcido por el suelo. Sus hojas blanquecinas mojadas en gris y un desastre que le costaría asear le fastidió aún más.
“¿Puedes por una vez dejar de ser orgulloso, Kaveh?” murmurró.
“¿Uh-?”
“Siempre estás buscando discutir por algo insignificante.”
“¿Insignificante? Al Haitham ¡Es mi trabajo!”
Finalmente expuso la incomprensión y fuera de sentirse aliviado, ni siquiera se sintió escuchado.
Sus pasos se acercaron el vidrio persiguiendo con enojo los ojos esmeraldas.
“Tu idealismo ingenuo sólo es una forma de escapar de tu propia culpa, Kaveh.”
“¿A dónde quieres llegar?”
La cercanía pronto fue peligrosa, sus miradas conectadas ardían en dolor, pero ninguno hablaba de la realidad.
“Llegará el día en el que tu inocencia absurda convertirá en un estorbo a tu propio trabajo.”
Después de decir esto, sintió una bofetada de quien hasta entonces había considerado su pareja.
El ardor de su mejilla fue acariciado por pequeños mechones propios y con la conciencia de sus propias palabras no volvió a retomarlas.
Kaveh con lágrimas bajando por sus mejillas rojizas odió la forma en que su brazo reaccionó, odió cómo él era el único llorando por la situación. Su pecho ardía y su palma temblaba, con temor y tristeza se alejó del hombre, apenas mirándole. El valor de antes se escapó y su cobardía le llamó.
“N-No volveré a casa, Al Haitham.” Su respiración irregular le delató en su voz y antes de girar la manecilla de la gran puerta barrió las lágrimas de sus mofletes con las yemas de sus dedos.
“No me busques. No me esperes.”
Y dejó solo a un alto hombre con una lágrima escapando de sus párpados.
