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—Oye, JiMin. —le llama desde aquella larga fila que hace para comprar las entradas de cine, llamando su atención.
—¿Sí? —sus ojos avellana dejan de observar el móvil para verlo a él, acomodándose a su lado—. ¿Qué pasa, Gguk?
—¿Cuál veremos, mh? —sus ojos grandes lo miran atento, jugando distraídamente con los anillos que decoran sus largos dedos; algo nervioso por la repentina cercanía que el pelirrojo tiene con él, su mano rodeó su cintura y apoyó el mentón en su hombro mientras miraba la lista de películas que se encuentran en la cartelera del día.
JiMin tararea con su lengua, pensando cuál podría ser una buena elección; la verdad no era como si alguna le llamara su atención. Había aceptado la invitación de JungKook para ir al cine con tal de pasar el sábado de forma entretenida, más que todo porque el menor hizo sus ojitos de cachorrito para convencerlo y él no pudo decir «no».
Desliza su mirada entre las películas de acción, luego por las de romance y por último las de terror.
—¿Cuál quieres ver tu? —gira su rostro para verlo, sonriendo con parsimonia.
Los ojos grandes de ciervo lo ven por un momento, detallando lo bonito que lucen sus ojos almendrados avellanas al igual que sus labios gruesos rojos y que huelen a su bálsamo de fresa. Él amaba cada detalle de JiMin; su personalidad, su ser, su cuerpo, todo. No había nada que no anhelara desde hace dos años.
No había nada que no anhelara más que ver al pelirrojo, y gritar a todo pulmón que era su novio, pero Jeon sabía que era imposible que se fijará en él cuando siempre lo vio tal y como su hermano menor, a pesar de eso nunca dejó de intentar de tirarle indirectas.
—Bueno, ¿qué tal una romántica…? —le pregunta con timidez, luciendo un bonito color carmín en sus mejillas, que al mayor le parece adorable y lindo. Le revuelve los cabellos castaños como a un infante, para tomar una distancia prudente.
—Está bien por mí. —levanta los hombros—. Mientras compras los boletos iré por las palomitas, ¿con extra queso? —el menor asintió, sonriendo de vuelta a JiMin antes de que esté se retirara al área de comida.
JungKook luego de comprar ambos boletos para la película que más llamó su atención, espero por su mayor en la zona de entrada a las salas de cine, mordiéndose los labios con ansias. Tenía la esperanza de que Park disfrutará del romance, por lo menos está vez, lo conocía y nunca fue un amante de esa categoría, siempre prefería la ficción, y podría está ser la excepción.
Luego de unos minutos el pelirrojo llegó al lugar, teniendo entre manos dos bandejas con popcorn, vasos llenos de Coca-Cola y en una nachos para él, y la otra para Jeon con un Hotdog. Él le entregó la suya con cuidado, y tomó su boleto. Juntos van hasta el hombre que revisaba los boletos de cine, quien hizo esto con los de ellos antes de dejarlos pasar.
Durante los primeros minutos de función JiMin mantuvo su atención lo mejor que pudo en la pantalla, bebiendo de su soda y comiendo nachos, pero se aburría con cada minuto que transcurría; no podía entender por qué el protagonista salía huyendo de la joven que le gustaba siempre, era patético y comenzaba a aburrirlo en gran medida.
Hasta que no pudo soportarlo más.
—Voy al baño. —avisa.
—¿Qué? ¿todo bien, JiMinnie? —sus ojos lo siguen hasta que se mueve a un lado, algo confundido.
—Sí, solo que ya sabes, la soda hizo efecto.
Riéndose por lo bajó –para no molestar al resto de gente– le da una última mirada, moviéndose fuera de la sala para ir a los baños del lugar. Había sido una excusa para ir a fumar un cigarro y pasar el rato hasta que la película finalizará, pues de verdad a pesar de intentarlo por él, no pudo seguir viéndola, aunque también tenía de verdad ganas de ir al baño.
Se mete en los baños masculinos, notando que no había nadie allí porque la mayoría estaba en las salas de cine viendo en serio las películas que daban, entonces luego de ver que no había cámaras por el lugar saca la caja de cigarrillos mentolados de fresa para tomar uno y encenderlo con el lindo encendedor en forma de garrita que Jeon le había regalado en su cumpleaños. Apoya la cadera contra el lavamanos, y el cigarro contra sus labios, calando humo a su boca para luego soltarlo con lentitud.
—Debí escoger una de ficción. —chasquea la lengua, calando de nuevo, frunciendo el entrecejo y cruzando los brazos contra su pecho, haciendo que su camiseta negra se ajuste a los músculos de su cuerpo.
Termina de fumar su cigarrillo, tirando la colilla en una de las basuras que están en los cubículos y hacer sus necesidades, pero su atención se desvía a un ruido extraño del baño continuo, deteniéndolo.
¿Había alguien más ahí? Hasta ahora nadie entró, ni dio señales de vida, era extraño, y le preocupaba si quizás alguien delataría su mal comportamiento público, y también si se trataba de alguien que necesitará ayuda.
Se mueve hasta la puerta del cubículo de al lado, de donde vino el ruido, curioso.
—Disculpa, ¿está todo bi- —sus dedos antes de poder tocar la superficie de metal nota como la puerta se abre, ampliando los ojos atónito ante la vista que se presenta frente a él.
¿Qué?
Le toma por sorpresa lo que sus ojos ven, y no pierde la oportunidad de recorrer toda la escena sin descaro, pasando por la piel morena de su cuerpo sin dejar escapar un solo centímetro de él; desde su rostro rojo, por sus labios hinchados y colorados, ojos húmedos, y sus tetas grandes, redondas y firmes que rebotan obscenamente sobre su propio pecho hasta sus piernas torneadas que están abiertas de par en par, en medio de ellas un brazo que usa para acariciar sus labios vaginales húmedos con sus propios dedos largos y delgados con tanto descaro, con la fina tanga corrida a un lado para que pueda follarse como desea.
Observa como el joven rubio –que tiene su edad, aproximadamente– comienza a salir y entrar en su coño más rápido y duro, sus dedos sacando hilos húmedos y pegajosos que se escurren por sus labios hasta tocar el suelo, y haciendo que el sonido húmedo de chapoteos viscosos que antes pasaba en secreto y desapercibidos en el lugar fueran más fuertes, escuchándose ya no solo en el reducido cubículo sino en todo el baño.
Era una escena que no se hubiera esperado presenciar, menos en un lugar como ese en el cual cualquiera podría descubrirlo, pero eso era lo excitante. Él se había puesto tan duro con solo verlo y su cordura se esfumó al oírlo comenzar a gemir obscenamente y sin descaro, dejando de morderse el labio inferior para que lo oiga y que las lágrimas acumuladas desborden por sus mejillas, ya lo había encontrado, no tenía porque parar ahora.
—Mierda, ¿qué tipo de perra me he topado, mmh? —su voz se torna ronca, elevando una de sus cejas mientras pasea su lengua sobre sus labios—. ¿Estabas aquí desde que llegué? Vaya, seguro estabas tan cachondo deseando que te encontrará así.
—Ah-Ahmgh sí. —responde sin vergüenza y sus dedos entusiasmados no se detienen—. Te tardaste tan-tanto, ngh- papi.
El destello de sus ojos cafés es lujurioso, es la prueba de que estuvo esperando tanto el momento; deseando con locura que vieran como jugaba tan necesitado con su coño.
—Bueno, ¿quién podría imaginarse que una perra se escondía detrás de esta puerta? Ni en sus sueños más húmedos. —ha cerrado la puerta tras de sí, colocándole el seguro y acomodándose frente al joven rubio.
—Pero la encontraste, mghh. —usa la mano libre para tomar una de sus tetas y llevarla hasta su boca, pasando la lengua sobre su erecto pezón—. Y está ansiosa porque se la coman y usen como un juguetito de carne.
TaeHyung abre con sus dedos su coño, y le deja ver la humedad que chorrea desde su agujero que se cierra y abre en el aire con las ganas de recibir no sólo sus delgados y largos dedos, pues ya no eran suficientes.
—Está perra está lista para que mee en ella. —JiMin abre la boca para preguntarle sobre eso, pero se apresura a contestarle—. ¿Para qué más vendría al baño, mh? Vamos, papi, chorree su orina en mi coño, y su semen si lo quiere, lo recibiré con gusto.
Park solo está de pie, viéndolo apoyado de la puerta mientras pasa la lengua sobre sus secos labios, y siente asfixiada su erección, con la vejiga llena.
Realmente no sabe por qué no se ha ido, su cuerpo no es capaz de reaccionar para irse de ahí, por el contrario cerró la puerta para que así nadie más lo viera y se quedó con él allí; se maldice por los largos meses con la abstinencia por esos días ocupados que no ha podido aprovechar para tener sexo con alguna de sus amigas, culpaba a eso.
Y debería irse, dejarlo ahí para volver con JungKook que seguía esperando por él en la sala de cine, pero cuando tuvo la fuerza de voluntad para intentarlo, unas manos en sus caderas lo detuvieron y se apresuraron en bajarle el zipper junto al pantalón y los bóxers, liberando su dura polla que rebotó orgullosa contra su abdomen duro.
—Mierda, no llevo esperando aquí una hora para que tu maldita polla no me folle como si fuera una maldita perra. —TaeHyung está desesperado, desea con fuerza ser llenado que no le importaba realmente quien fuera el tipo que estaba con él, aunque contó con la fortuna de que era un tipo sumamente caliente –de su tipo– y que por suerte tenía un manjar entre sus piernas; una polla de unos casi 20 cm con un grosor ideal que lo dejaría sin caminar por toda la semana, era todo mejor de lo que su fantasía era—. Mh, has de llenar tantos coños con el delicioso manjar que cargas. —relame sus labios, tomando entre sus dedos limpios el tronco para sostenerlo cerca de su rostro—. No me entraría ni la mitad en el coño…
—En ese coño de perra entraría perfecto. —murmura, agarrando entre tus dedos los cabellos ondulados del joven, jalándolos—. Y en esa boquita sucia, también.
Los labios delgados del moreno se curvan en una sonrisa ansiosa, arrodillándose en el frío suelo para acomodarse mejor, dejando sus labios suficiente cerca de la cabeza roja e hinchada que desprende un lujurioso olor que le incentiva a rodar y jalar su clítoris con los dedos que antes usaba para follarse a sí mismo, mojándose más.
—Compruébelo por usted mismo, papi.
—Abre la boca, perra. —ordena, enredando más firme los dedos para jalarle el cabello.
Obediente el rubio lo hizo, abriendo amplió sus labios y sacando la lengua, viéndole a los ojos fijamente.
JiMin tomó entre su propia mano su polla y la alineó contra su cavidad, empujándole la cabeza con la otra para que entrara toda su longitud en aquella abrasadora y húmeda entrada que lo recibió perfectamente.
Encajó tan bien que podría haberse corrido tan solo quedándose dentro de esta.
—Mhm. —gime el de cabellos rojos, tirando hacia atrás la cabeza con éxtasis—. Mierda, la tomas tan bien. Toda una boca de perra, entró perfectamente en ti.
Respirando profundo, para no demostrarle lo bien que se siente su boca, vuelve a verle el rostro, gimiendo ante la escena de forma ronca e inevitable; TaeHyung está llorando, las lágrimas le caen por las mejillas y no es capaz de verlo entre éstas, con sus labios estirados hasta el tope por su miembro y la misma enterrada tan profundo que no hay nada afuera.
—Mu-muévete, vamos. Hazlo. —ordena de nuevo, manteniendo la vista fija en su cara para no perderse de sus expresiones; no se perdería tremendo espectáculo.
El rubio comienza a respirar por la nariz de forma lenta, para no ahogarse, pues no fue capaz de asimilar que no podría hacerlo de manera correcta con ese gran trozo de carne entre la boca, se siente asfixiado, tan lleno y caliente; cumpliendo su sueño más sucio. Mueve despacio la cabeza para atrás, guardando sus dientes detrás de los labios para no lastimarlo, hasta que llega a la gran punta y succiona, paseando la lengua por la ranura en forma de círculos antes de volver a meterlo todo, repitiendo el proceso una vez más hasta que conseguir su ritmo.
Los suspiros pesados y algunos jadeos del pelirrojo empiezan a llenar el cubículo, con el sonido chasqueante de la saliva del otro que barniza toda el pene de JiMin, o como lo succiona desesperado mientras aumenta el ritmo de la mamada, excitado ante aquel dolor en su mandíbula por estar abierto sin dejar de tragar todo hasta su garganta a la vez que ahueca las mejillas.
—Ah sí, que boca más buena tienes. —sisea apretando los cabellos ajenos—. La usas tan bien, seguro has de complacer a miles, mh.
Kim sonríe como puede, buscando con sus dedos dentro su punto g, desesperado por ya sentirlo abriendo su coño como lo hace con su boca, aunque tampoco podía alejar su boca para rogarselo, pues JiMin aferraba tan duro los dedos en su cabello para que no sacará más allá de la punta de su pene, y sí lo intentaba a la fuerza esté lo empujaba con brutalidad, haciendo que lo ahogue –y no negaba que lo había hecho varias veces por la deliciosa sensación de sentir la falta de aire y la llenura en su garganta–.
El de baja estatura tira la cabeza contra la puerta del baño extasiado, gimiendo largo, en la punta de su pene siente la campana y la parte posterior de la garganta del joven, creando una sensación deliciosa que hace que recuerde sus ganas de mear, abriendo los ojos para ver como la saliva del rubio se escurre por su tronco y él se tira con ganas el clítoris, llorando.
—Mierda, já. —rié—. Te ves como toda una puta tocandote desesperado mientras me comes la polla.
Libera el agarre en sus cabellos, llevando la mano a los suyos para peinarlo hacia atrás, el morocho aprovechando a soltar el trozo de carne, dejando que los hilos de baba se escurran por todo su mentón, tomando el falo entre su mano para masturbarlo.
—Estoy desesperado. —admite, golpeando su propia bolita y gimiendo agudo—. Y soy una puta, una puta que necesita que se la folle ya, no puedo esperar más. Por favor.
—Pff, no se nota nada que lo necesitas. —se burla, restregando su pene húmedo contra las mejillas del morocho—. Siéntate sobre el inodoro, vamos, tengo ganas de mear y si tienes tu asqueroso depósito en el suelo no puedo.
El moreno se estremece, sintiendo como el centro de su entrepierna se contrae y deja salir más fluidos, caliente por la forma tan grotesca en que lo denigra; le encanta que lo trate así, el brillo en sus ojos lo delata.
Ansioso se coloca de pie, y siguiendo al pie de la letra su nombre, sentándose sobre el inodoro, abriendo sus largas piernas en el proceso, y luego apoyando los antebrazos por debajo de sus rodillas, con los dedos de sus manos tomando sus labios hinchados y rojos para abrirlos, enseñándole que todo su clítoris estaba igual.
—Que buena puta, gracias por abrir el baño para mí. —sonríe de lado, pasando la punta goteando sobre los labios delgados, antes de inclinarse y hacer lo mismo pero con su pezón derecho, oyéndolo gimotear por lo sensible que estaba.
—P-por favor… se rápido. Te lo rueg- ¡Mgh!
JiMin ha golpeado sus tetas con la mano, y sus anillos se han plasmado en su piel por la fuerza con la que lo ha hecho.
—Cállate la maldita boca, las putas como tu no tienen derecho a exigir nada. —toma su cabello rubio y lo jala hacía atrás—. Si tanto quieres que te llene lo haré a mi modo, no tengo planeado escuchar las súplicas de una asquerosa perra.
—TaeHyung.
—¿Qué?
—Mi nom- ¡Ahm!
—No te pregunté cuál era tu nombre, para mí sólo eres una perra, perra es tu nombre ahora. —rueda su pezón con dureza entre sus dedos, estirándolos—. ¿Entiendes?
—S- ¡Sí!
—¿Sí qué? —jala más fuerte su cabello, sus dejos pellizcando el pezón—. Respondeme bien, asquerosa perra.
—Nghh… —sus dedos abren más sus labios en una reacción inconsciente—. ¡Soy- soy una perra! ¡Soy tu perra, papi!
Park sonríe.
—Bien, así me gusta.
Sus manos gruesas atrapan entre cada una, una de sus tetas redondas y gordas, su piel morocha contrastando con la pálida de sus dedos; las aprieta, las junta y las golpea con una sonrisa en sus belfos gruesos.
—Tienes tetas de perra, grandes y gordas, apuesto que muchos te las tocan. —Tae no responde, mordiendo su labio cuando casi grita por un nuevo azote. Podía sentir en el muslo la dura polla del joven de Busan, y no podía evitar verla e imaginar tenerla dentro ya descargándolo todo—. ¿Estás oyendo o estás más concentrado pensando en cómo mi polla abrirá tu coño sucio?
—Y-yo…
—No tiene caso, las perras solo piensan en pollas y más pollas. —chasquea la lengua, su mirada mirando el coño del rubio; tiene los labios mojados, brillantes y sucios de todos sus propios jugos, ensuciando el suelo y la tapa del inodoro. Se nota jugoso, y su boca ansia por chupar todo lo que cae, pero no siente cómodo arrodillarse en el suelo para hacerlo, quizás podría conseguir llevar a la perra hasta tu departamento después.
Libera las tetas del rubio luego de golpear cada una cinco veces, dejándolas rojas por los anillos de metal, y empuja el cuerpo del morocho hacia atrás, inclinado mejor todo su cuerpo para que sea fácil acomodarse.
Toma con una mano su pene, rozando con el clítoris de TaeHyung la cabeza hinchada, bajando por en medio de sus labios –que él sigue manteniendo abiertos– ensuciándose de sus jugos rápidamente, cuando toma los suficientes comienza a moverlos con toda la palma de su mano por el tronco, para así lubricarlo y entrar más fácil, aunque desde arriba ya podía ver el agujero abierto por el abuso de sus propios dedos y como con los mismos se los abría para él, no sería ningún problema enterrarse hasta el fondo.
Se masturba un poco, gruñendo cuando su pulgar rozar la ranura sensible, sintiendo la necesidad de orinar, así que vuelve a poner la punta contra el botoncito de nervios del rubio y su mueve de arriba hacia abajo por el.
—Lo tienes tan duro, debiste jugar tan bien, ¿conseguiste correrte por ti mismo, perra? —TaeHyung negó—. ¿No fuiste capaz por tu cuenta llegar al orgasmo? Mierda, eso es tan patético, que inservible eres, ¿tu coño sucio si va a funcionar al menos?
—Mi-mierda… está muuuy sensible m-mi botoncito, no sigas haciendo eso, por favor. —súplica, comenzando a llorar más fuerte, sus ojos oscuros buscando la mirada ajena.
—Me importa una mierda, puta, te hice una pregunta. —golpea con su polla el coñito de la pequeña perra sucia, TaeHyung vuelve a gemir, retorciéndose en el baño cuando se siente tan cerca de correrse; ha aguantado tanto que muere por disparar todo contra el hombre frente suyo—. Responde.
—¡Será rico, papi! ¡mi coñito será muy rico! —murmuró alzando la voz, abriéndose más de nuevo—. ¡Me-métela, métela! ¡por favor! ¡Mi coñito sucio lo hará bien, por favor!
JiMin le toma su mentón firmemente entre sus dedos, le alza el rostro cuando lo baja y se inclina a su altura.
—Asegúrate de hacerlo, pequeña perra.
Lo suelta sin cuidado, apoyando una mano en la pierna del morocho para que no vaya a moverse y con la otra toma su pene para dirigirlo hasta la entrada, alineándolo antes de hundirse de una estocada dentro suyo.
Park gruñe, enterrando sus uñas en la piel ajena, deleitándose con el lascivo y viscoso chasquido que provoca el coño del rubio al hundirse abruptamente, es delicioso como TaeHyung grita extasiado, sintiéndose más abierto de lo que sus dedos lo hacían, tan repleto y abierto que lo hace estallar; todos sus fluidos caen sobre sí mismo por como está inclinado y casi doblado, sus paredes asfixiando el pene que tiene dentro, lo está succionando tan duro que el bajito termina orinando dentro suyo.
La calidez que TaeHyung siente dentro lo hace arquear su espalda y virar sus ojos, no puede estar más feliz de sentir que lo meo como un perro dentro.
—Mierda… ah, perra. —jadea con ronquera, sintiendo como su orina hace el interior de su coño más cálido y mojado—. ¿Quién dijo que podías correrte?
—Lo-lo necesitaba… tantoo. —sisea con los ojos cerrados, temblando por el orgasmo.
—Pues a mi me importa una mierda, yo no te lo autorice, perra desobediente. —golpea su coño, haciendo que abra los ojos llenos de lágrimas para verlo con pánico, diciendo en silencio que no lo haga porque es capaz de correrse de nuevo por la estimulación—. Tras de que te corres me pides que pare, si que necesitas una lección para que sepas el lugar de perra que tienes.
El de ojos avellanas azota su coño otra vez, tomándole las piernas y enterrándose en él en una estocada profunda que hace sonar su coño mojado por todo el baño.
—¡N-no! ¡Es- Ngh! Espera, espe- ¡por favor!
—Cállate. —cachetea su cara, tomando su mentón y obligándolo a que lo vea, follando con rudeza su coño, entrando y saliendo de forma rápida y profunda, haciendo que sus labios ardan porque ni siquiera pudo llegar a acostumbrarse a su tamaño—. Dijiste que eras una perra, y las perras toman todo sin quejarse. Así que se una buena perra; toma toda mi polla dentro de tu sucio coño.
Sus manos toman firmemente los muslos del morocho, impulsandose con su ayuda para entrar con brutalidad, queriendo destruir el coño de aquella perra obscena que se tocaba en el baño cuando la encontró; lo veía en sus ojos marrones, se lo pedía, le pedía que le destrozara su coño deliciosamente aunque sus peticiones pidieran piedad.
Los ojos avellanas del mayor brillaban con lujuria, disfrutando tan bien como su coño lo recibe, lo aprieta y lo ensucia, como sus tetas rojas rebotan como locas, como aquel sonido de sus bolas chocando contra todo su coño se combina con el chicloso sonido de su polla entrando y saliendo, como sus mejillas rojas están húmedas de lágrimas que caen como cascadas desde sus ojos sin punto fijo; es obsceno, obscenamente rico.
JiMin azota su coño, viendo como el rubio lleva sus manos hasta sus propias tetas con necesidad, apretándolas duramente con el deseo de aliviar como la polla maltrata sus paredes. TaeHyung se está volviendo loco, el ardor de sus labios por la fricción es rico, lo hace mojarse más y hacer más ruido con el coño que con la boca, como lo abre más que cualquier otra polla que haya tenido en su interior es delicioso, como su piel arde con cada golpe lo hace delirar.
El rubio abre sus ojos para verlo, notando el sonrojo en las pálidas mejillas del mayor, como muerde su labio de abajo, su cabello se pega a su frente por la capa de sudor, su respiración errática entre gruñidos que le erizan la piel, sus brazos fuertes marcados por debajo de esa camiseta oscura.
—Pa-papi… papiiii.
Los labios delgados del morocho no tienen la capacidad de estar cerrados por mucho tiempo, teniendo que abrirlos para gemir y sollozar extasiado, dejando caer la saliva en sus propias tetas.
El bajito no tarda en dar en aquel delicioso punto interno del morocho, lo nota cuando él lleva las manos hasta sus hombros para aferrarse de allí con fuerza antes de volver a estallar entre lloriqueos, temblando entre sus manos y apretándolo como la primera vez. Park sonríe, y no tarda en retomar un ritmo salvaje, golpeándole como una bestia despiadada su punto G, haciendo que no se pueda contener y comienza a gemir duro y gritar su nombre; papi.
—Tu coño es tan ruidoso, todos podrían oír lo mojado que lo tienes. —vuelve a golpear su coño, justo sobre su clítoris, el cual no tarda en tomar para magullarlo—. Perfecto para la perra gritona que eres, van a oírte hasta la otra sala si sigues haciendo ruido.
—¡Papi! ¡Mgh! ¡Sí, sí! —a TaeHyung no le importa para nada que lo escuchen, por el contrario quiere que lo hagan, que todos se den cuenta que un tipo que no conoce está follándoselo como si él quisiera pasar más allá de su cérvix—. ¡Rico! ¡muy rico! ¡Papi!
—Perra asquerosa, tú quieres que te oigan. —le afirma, sonriendo de lado—. Si eso es lo que quieres, te lo daré, así todos sabrán que acá en el baño hay un coño que quiere más pollas abriéndole.
JiMin le agarra una teta con una mano y se mete a la boca uno de sus pezones, viendo sus ojos a la vez que se lo muerde; es rudo, sus dientes maltratan sin miedo, jalando y arrastrando, su otra mano moviéndose de forma rápida sobre su clítoris, agitándolo de arriba hacia abajo, de a un lado al otro, haciéndolo empapar su polla y apresarla de manera golosa.
Lo traga tan bien entre más lo estimule, lo vuelve loco el ruido que hace su cuerpo de perra caliente.
—Mh sí, esto te encanta. —su lengua lame la aureola de su pezón—. Perra necesitada.
—¡Mgh! ¡Ah, sí! ¡sí, dámelo! ¡chorrea todo tu semen en esta perra! ¡Oh! —gime y grita, su voz desgarrándose cuando sobre–esfuerza su garganta—. ¡Por favoooor! —sisea.
Deja un chupetón en su teta derecha y se inclina sobre su boca, rozando sus labios.
—¡Preñame!
—¿Quieres los hijos de un desconocido?
—¡S-sí! Mierda, ¡lléname, lléname! —súplica desesperado, enredando los dedos entre el cabello oscuro del mayor, jalándoselo con desespero—. ¡Pa-papi! ¡Ngh!
JiMin atrapa sus labios entre sus dientes, lo muerde y jala su labio inferior, escuchando la puerta de los baños abrirse; él sonríe con maldad, maltratando rudo su clítoris.
—Haz silencio si no quieres que vean como estas tan destruida, asquerosa perra, ¿o lo quieres? —susurra, follándolo rápido y duro hasta tomar un ritmo que causa contra su abdomen un cosquilleo, avisándole que se encuentra cerca.
—N-no… ngh… —muerde su labio, mirando los ajenos—. B-bésame…
—¿Por qué debería besar a una sucia perra?
—Por favooor… no ¡Oh- no puedo callarme s-si lo ¡Ngh! haces tan ricooo.
JiMin decide hacerlo, besando sus labios de forma hambrienta, chupándolos, jalándolos y mordiéndolos, aunque una de sus manos va hasta el cuello del morocho, apretando su piel con la fuerza suficiente para que no sea tan ruido, porque aún si su boca hace que se amortiguen, siguen oyéndose si hay silencio en el baño.
El tipo está en el cubículo del lado, puede fácilmente oír los chasquidos del coñito de la perra, pero ambos quieren creer que no para no arruinar el momento.
—Paapiii… —sisea cuando muerde su labio.
—Vamos, perra, correte de nuevo para mí. —azota su clítoris, haciéndolo estallar una vez más, chorreando esta vez la ropa del de menor estatura, haciendo que su camiseta se humedezca de sus chorros calientes, no alcanza a hacer mucho ruido porque JiMin lo ahorca, pero cuando termina lo suelta para tomarlo de las caderas y buscar por su cuenta, su propio orgasmo, usándolo otra vez.
Había sido su tercer squirt, pero como Park no para de embestirlo volvió a correrse con fuerza, gritando obscenamente que era la perra sucia de papi con voz aguda y rota, sin importar que aún se oye alguien en el baño, y ante lo caliente que fue, el mayor termina por correrse en su interior, toda su carga de semen caliente y espeso cae en su coño, rellenándolo tan rico que ambos se terminan besando duro, realizando con la boca chasquidos sucios que se combinan con el pequeño sonido jugoso del coño del morocho cuando JiMin saca su polla.
TaeHyung no puede respirar bien, se siente ahogado aún entre todo el placer, tiembla y está lleno de espasmos, dejando las piernas en el suelo porque no tienen fuerza, con la cara roja y mojada, y el coño chorreando el semen caliente que le hace sonreír.
—Mmh… me dejaste tan llenito mi coñito, hyung. Tan rico. —mira al mayor, dejando a la vista su coño lleno.
—Justo como las perras en celo. —dice con una sonrisa burlesca, guardando su polla y acomodando su ropa—. Al menos tu sucio y rico coño es bueno, ¿por qué no volvemos a vernos? Tengo mucha energía para está perra tan necesitada.
El morocho solo asiente feliz, tan cansado que no quiere ni moverse, entonces solo le señala su bolso al mayor, diciendo que ahí tiene un bolígrafo para que él pueda anotar su número en algún papel, pero JiMin pone su número en una de sus tetas.
JiMin le da un corto beso, azotando lo más duro posible su coñito tres veces, riendo lo más dulce posible.
—Escríbeme y te rellenaré el coño tan rico como hoy, perra asquerosa.
El de ojos avellanas salió del baño, agitando la mano simplemente antes de perderse en los pasillos del cine para salir del lugar; se disculparia con JungKook después por no regresar, aunque omitiendo que no lo hizo porque cuando fue al baño se encontró a un morocho con un coño mojado y ansioso por una polla, y él fue amable en ayudarlo, claro.
Aunque, Kim TaeHyung tuvo que ofrecer su coñito al tipo que lo oyó gritar como perra para que no le contará a su jefe nada de su aventura cuando debía estar vendiendo las palomitas, aunque estaba seguro que para esa noche llamaría al chico que dejó sobre sus tetas su número y su nombre con un lindo corazoncito, para que se lo follara una vez más.
TaeHyung era una perra, una perra que no estaba saciada nunca.
