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Es la sexta vez desde hace una hora que Wriothesley ve a Neuvillette moverse inquieto en la cama, el joven duque se pregunta si su querido amante estará teniendo una pesadilla, pero es difícil saberlo con solo verlo de espaldas.
Cuando los cabellos platinados empiezan a hacer cosquillas a su rostro y siente como una cola traviesa atrapa su pierna derecha Wriothesley cree que es un buen momento para despertar al Gran Juez Supremo. Primero son unos besos en su nuca y luego estos descienden a través de su espalda por sobre su ropa.
—Wrio… —Susurra Neuvillette estirando su cuerpo, soltando el agarre a su pierna. —Vuelve a dormir…
—No puedo, alguien no me deja. —Los besos no se detienen y amenazan con desvestirlo.
Son pocas las veces en que tienen tiempo para ambos y Wriothesley no piensa desaprovecharlo, especialmente cuando él suele ser una persona madrugadora. Quizás ese era uno de los secretos del duque para tener tanto tiempo libre, tiempo que ahora quería pasar con el Juez supremo.
—¿Qué pasó? ¿Estabas teniendo una pesadilla? No me dejabas dormir.
—Es mi-
—Monsieur Neuvillette, joven duque el baño ya está listo.
La voz cantarina de una pequeña melusina tocando la puerta de la habitación interrumpió su pequeña conversación. Y sin darle tiempo de reaccionar observó como Neuvillette se levantaba dirigiéndose al baño con una prisa disimulada que podría engañar a cualquiera, pero no a él, no a Wriothesley quien trataba con toda clase de reclusos día a día.
Colocándose de pie perezosamente Wriothesley cruza la habitación para reunirse con su amante. Observa como delicadamente Neuvillette retira su camisa exponiendo las marcas de besos de ayer para que luego sus sedosos mechones blancos caigan sobre sus hombros ayudándole a ocultarlas. La vista es tentadora; sin embargo, el nerviosismo de Neuvillette es evidente, no puede ocultar sus emociones, especialmente en esa forma dracónica. Su cola se tambaleaba ligeramente y escamas azules brotan sobre su piel.
Una vista magnifica se alzaba frente al duque, de por si Neuvillette poseía una belleza mística junto a un porte elegante en su día a día, pero verlo así, tan vulnerable… una visión como esta era poco común entre ellos y por lo mismo especial y delicada.
—Mon amour, —Llama ligeramente siguiendo los pasos de Neuvillette entrando en la gran bañera. —Sabes que siempre estaré para ti.
Wriothesley se desliza hacia delante acercándose a Neuvillette quien lo mira atentamente con un inusual pero curioso brillo en sus ojos que resaltan sus escamas, las mejillas del gran juez están sonrojadas y un áspero gruñido escapa de su garganta. Wriothesley ya tiene una idea de lo que puede estar pasando y un suspiro de alivio escapa de sus labios, la paranoia se había apoderado de él por un momento.
Riendo entre dientes decide jugar un poco con su pareja. Pasa por encima del borde la bañera y se sienta con un suspiro de satisfacción abriendo sus piernas, es toda una invitación.
—Creí que ya habíamos pasado esta etapa Neuvillette.
—Es aún un poco incómodo. —Es la primera oración completa que Neuvillette le recita en el día y Wriothesley no puede evitar soltar otra risa más provocando que el rostro del dragón se coloree de un carmín más fuerte.
—Relájate, sabes que siempre te cuidaré.
—Debería ser yo quien diga esas palabras.
—Si, pero yo las dije primero...
Y esas son palabras suficientes para que sepan que es lo que está a punto de ocurrir.
— 🐺 —
Wriothesley se encuentra en el borde de la bañera con Neuvillette entre sus piernas. Sus dedos tiran de su cabello blanco y el dragón gruñe suavemente pero no se detiene, deslizándose hacia la base de la polla de Wriothesley envolviendo su longitud con su larga lengua.
—¿Te gusta hacer esto no? Neuvi, —Llamó cariñosamente a su amante. —Te miras tan bonito con mi polla en tu boca mon amour¸ ¿por eso estabas tan ansioso? ¿Tanto la querías en tu boca?
Neuvillette tararea alrededor de la polla de Wriothesley en una afirmación, inconscientemente agita sus piernas frotando sus dos erecciones. Gime a la par de Wriothesley llevándose su polla directamente a su garganta para chuparlo con avidez, su nariz pica al sentir el vello púbico y percibe esa sutil esencia característica que tanto le gusta entre el aroma de las sales del baño.
Wriothesley sujeta el borde la gran bañera con gran fuerza amenazando con romperla, es imposible resistirse a la lengua de Neuvillette, derritiéndose ante el contacto, arquea la espalda mientras sigue follando su boca. Al final él es quien parece un perro en celo.
—Al final… tú eres el más emocionado. —Declara el juez con dificultad separándose de la erección de su amante con un lindo y discreto “Pop”. —Y tengo evidencia que lo respalda…
Si alguien le hubiera dicho a Wriothesley que vería al mismo Juez supremo sacar la lengua delante de su persona para mostrarle cuanto presemen había acumulado cuando se la chupaba… Primero, se hubiera echado a reír por las incoherencias dichas y luego, como alcaide del Fuerte Merópide lo hubiera mandado a encerrar por lo mismo.
—Mierda, esa cara que hiciste… ¿Ya te he dicho cuanto te amo? —Murmura intentando recuperar el aire. El hecho de tan solo haber visto esa expresión había encendido una chispa en su persona y juró sentir como su polla palpitaba, especialmente al observar cómo Neuvillette tragó aquella pequeña carga.
—Me lo repites constantemente, —Su voz lo saca de su ensoñación. —además, tus envíos de té al Palacio Mermonia son una clara muestra de ello. —Asintió el dragón sonriendo mientras lamía la comisura de sus labios como si buscara algunos restos más de presemen.
—Si sigues así harás que me corra.
—Hmp… —Neuvillette parece un poco decepcionado ante lo dicho por el duque. No quiere que esto acabe tan rápido, pero también desea sentirse bien. —Entonces hazte cargo. —Sentencia levantándose, mostrándole sus erecciones a su amante un poco avergonzado.
Wriothesley sonríe incrédulo y acepta el ofrecimiento con gusto. Primero son unos pequeños besos sobre las marcas de anoche y las escamas que brotan sobre sus pómulos, nunca se cansaría de mimar a su novio y demostrarle cuanto lo ama.
—¿Se siente bien? —Wriothesley baja su mano acariciando ambas pollas, curva sus dedos, juega con las puntas e incluso rasca la base en su punto de unión.
La estimulación es tal que Neuvillette siente desvanecerse, su mente es un revoltijo de pensamientos y sus rodillas duelen. Apoyado contra el borde la bañera entrecierra sus piernas y agita su cola con emoción. El duque no puede evitar contentarse ante la vista, es hora de fastidiar otra parte tan sensible del pobre juez: Su cola.
Imitando los movimientos de su mano derecha, Wriothesley rasca las escamas subiendo poco a poco e incluso formando ochos imaginarios hasta llegar a la parte inferior de la espalda de Neuvillette donde nacen sus escamas. La respiración del pobre juez apenas comienza a estabilizarse hasta que Wriothesley muerde sin piedad su nuca ahogando un gemido. Del impulso el albino pega su espalda contra el pecho de Wriothesley sintiendo la erección contraria, pero no puede pensar en nada más que en el placer que siente con las hábiles manos del carcelero.
—Wrio, Wrio… —Llama Neuvillette repetidamente agitando sus caderas. —No puedo más… Por… Por favor…
—¿Por favor qué? —Pregunta el duque en un susurro contra su oído. —Nunca lo sabré si no me lo dices.
—Ah… —Neuvillette suelta otro gemido frustrado. La constante atención a sus pollas nubla su mente y criterio. —Necesito tu polla Wriothesley… La necesito ahora…
—¿Así? —Ríe el duque.
—¡Sí! —Insiste el dragón con un gruñido y las aguas se agitan a su alrededor. Ahora Wriothesley no puede evitar reír más fuerte para el desconsuelo de su pareja. Sus manos rodean la cintura del juez sentándolo sobre su polla frotando su pobre agujero.
Y aquel gruñido se vuelve un gemido ansioso, Neuvillette gimotea del placer al sentir como los dedos del duque tantean su entrada y como su diestra acaricia sus pollas entre ellas. Neuvillette agita sus caderas invitándolo a entrar más profundo, pero unos simples dedos no bastan… Necesita algo más grande y grueso dentro de él, pero las palabras no salen de su boca, solo gemidos desesperados.
—Estás tan suave y caliente, ¿esto es por lo de ayer? —Pregunta sonriendo Wriothesley hundiendo sus dos dedos, maravillado por como entraban con tanta facilidad. —Si quería seguir solo debías pedírmelo, sabes que nunca me opongo a otra ronda más…
—Esto no estaba en mis pl- ¡Mn-ah! —Neuvillette arquea su espalda contra Wriothesley, provocando que sus dedos entren más profundo. —Oh… Di justo en el punto, ¿te gusta ahí? Supongo que aquí es a donde debo de apuntar. —El silencio se hace presente y solo la agitada respiración del dragón se hace oír. —¿Qué pasó? Vamos cariño, déjame ver tu cara ¿Acaso te corriste? —Pregunta besando su oreja.
Neuvillette voltea su rostro mostrándole sus ojos llorosos al joven duque dándole la razón, la sobreestimulación fue demasiada y sus pobres pollas ya no pueden más. Ahora quiere correrse, quiere correrse con la polla de Wriothesley dentro de él.
Listo, Wriothesley ya no jugaría más con el pobre de Neuvillette, incluso su propio autocontrol tenía límites. Con un gemido bajo decide que es hora de cumplir con la petición de su amante. Echa la cara de Neuvillette hacia atrás y con entusiasmo lame su boca en una invitación a besarlo.
Un beso firme e intenso se hizo presente entre ellos, primero uno, luego otro y después nuevamente se besan, su lengua se desliza contra sus dientes y juguetea con el borde de sus colmillos. Ja… Wriothesley nunca se cansaría de esto.
Ah… Ya no es momento de jugar y Wriothesley empuja al gran juez contra el barandal, sostiene su polla goteante de presemen guiándola hacia el agujero de su amante. Un gruñido se desvanece en su garganta. Está caliente, está apretado… Es difícil resistirse a penetrarlo de una vez si no quiere acabar tan rápido. Desliza lentamente su polla hacia afuera gimiendo a la par que el dragón, y…
—Mn-ah… Wrio, por favor…
Listo, ya no puede más.
La voz de Neuvillette se quiebra al sentir nuevamente como la polla de Wriothesley se entierra en él, sus caderas se empujan en un ritmo profundo y en el que trata de seguir el ritmo de las sacudidas, pero le es difícil.
Sus gemidos van a la par y el duque no puede evitar emocionarse al observar como Neuvillette sujeta el barandal, sus garras se clavan en el mármol y juraría que escuchó entre los chapoteos como se abría una pequeña grieta en el mármol. Ja, luego se encargaría de arreglar eso.
—Neuvi… Que bien tomas mi polla cariño… Te ves tan bonito.
Y si que era cierto, observar al dragón agitando sus caderas con cada embestida suya, con los ojos semicerrados mirando los vitrales, llorando, gimoteando y con su gran lengua fuera, con el rostro completamente rojo y lleno de sudor...
Aquello solo lo incentivaba a follarlo más duro y rápido en aquel lugar que tanto le encantaba.
Parece que ambos están ya por terminar, Wriothesley aprieta la mandíbula frunciendo el ceño aumentando las embestidas y por su parte Wriothesley lo aprieta un poco más.
—¡Wrio...! —Gimió su nombre Neuvillette, nadie creería que un hombre tan impasible como él podría gritar un nombre así. El dragón se aprieta sobre él en un orgasmo inmediato cerrando sus ojos y mordiéndose el labio. Una expresión tan bonita…
El tan solo verlo hizo que Wriothesley se corriera dentro de él.
—Ah… Que precioso eres, déjame mirarte Neuvi. —Jadeando cansado levanta el rostro de su rostro de su amante para darle otro beso, nunca se cansarían de esto.
El juez supremo levanta el rostro con dificultad tratando de regular su respiración, el carmín aún adornaba sus mejillas, pero en menor cantidad. Corresponde el beso con delicadeza, ya casi sin energía.
—Gracias Wrio…
— 🦦 —
—¿Seguro que no necesitas nada más? —Preguntó Wriothesley secando su cabello con una toalla.
Neuvillette negó tranquilo y nuevamente se sumergió en la bañera. La hora del baño era algo sagrado para él por considerarlo relajante y que compartiera un momento tan preciado con Wriothesley lo volvía especial.
El duque no puede apartar la vista de su amado. El agua es el elemento de Neuvillette y verlo tal cual vino al mundo es la mayor bendición que pudo ocurrir en su vida, sí que podría pasar horas observándolo.
—Debería notificarle a la Arconte Hydro que el Juez supremo no podrá atender el tribunal hoy ¿No crees? —Exclamó el duque con una sonrisa engreída volviendo en sí mismo.
—Todo el palacio Mermonia lo ha de saber, no me ayudas a ser muy discreto.
—Me declaro culpable, pero bien que lo disfrutaste. —Comentó levantándose de hombros. —¿Quieres que te prepare un poco de té? —Preguntó acercándose a la puerta.
—Solo un vaso de agua será necesario.
—Entendido, te traeré un vaso de agua y le avisaré a Sedene sobre la bañera, tienen que echarle un ojo a eso, eh. —Comentó riendo.
Lo único que pudo hacer Neuvillette es sonreír ante lo comentado por el alcaide.
—Je t’aime, mon amor.
—Je t’aime.
Y la puerta se cerró.
