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Language:
Español
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Published:
2023-11-02
Words:
4,836
Chapters:
1/1
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6
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573

Lobo Alfa — Lewavi

Summary:

Gavi no tenía idea que saliendo de su trabajo se encontraría con alguien que cambiaría completamente cómo ve la vida, pero sabe que no se arrepentirá.

 

Este es un one—shot sobrenatural que transcurre dentro de máximo tres días así que quizás algunas cosas son apresuradas, so, no le den mucha bola a eso y espero lo disfruten!!!

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

— Adiós, ¡Hasta el miércoles!

Luego de haberse despedido de sus compañeros de trabajo por ese día, Gavi caminó por las calles poco transcurridas a esa hora de la noche.

Llevaba las manos metidas en los bolsillos de su chaqueta, pensando en lo mucho que quería llegar a casa para entrar en calor y poder disfrutar de su día libre mañana. Mientras más se acercaba a su pequeño departamento, mayor era el cansancio que se apoderaba de su cuerpo, pidiendo a gritos poder estar ya en su cama durmiendo durante horas hasta que nuevamente sea miércoles y deba ir a la cafetería.

Sin embargo, sus planes se verían interrumpidos por el sonido de algo o alguien cayendo con un sonido pesado. Se paró a media calle y vio hacia el callejón; estaba demasiado oscuro así que probablemente fue su imaginación, aunque también podría tratarse de alguien en apuros. Pensó en si debía entrometerse, mordiendose el labio inferior hasta que tomó su celular y prendió la linterna.

Avanzó un par de metros a penas alumbrando el callejón cuando vio un bulto, un hombre recargado contra la pared y podía escuchar con mayor claridad sus jadeos y gruñidos a la par. Se acercó un poco más para comprobar de qué se trataba, sin embargo lo que vio aceleró su corazón y un sentimiento de horror se apoderó de su cuerpo.

El desconocido yacía en el piso apenas consciente, la sangre cubría casi todo su pecho y en su rostro había una gran raya de sangre que iba desde su cien hasta la fuerte mandíbula. Se acercó apresuradamente, y aunque sabía que el hombre seguía vivo por los sonidos que hacía de dolor junto a su acelerada respiración, no pudo evitar tomarle el pulso, sintiéndolo lento pero con cierta fuerza que no debería estar ahí dado su estado.

— Hey, ¿Me escuchas? Tengo que llevarte a un hospital.

Maniobró su celular para poder llamar a emergencias, sin embargo el hombre dio un leve manotón en su mano que desequilibró su agarre evitando que llevara a cabo su acción.

— No. No iré.

Palabras cortas con un tono de voz grave y rasposo por el esfuerzo de intentar manternese respirando, sabía que podía ignorar su petición y llamar una ambulancia, aún así optó por hacerle caso y tragar saliva nervioso, ¿A dónde lo llevaba entonces? Lo vio entrecerrar los ojos y se asustó, así que tomó la que quizás sea una de las peores decisiones en su corta vida.

— Necesito que te mantengas despierto, te llevaré a mi departamento.

Junto con el desconocido hicieron el esfuerzo por levantarlo y caminar, era pesado, ¿Y cómo no? Si era mucho más alto y construído que él. Que si no fuera por las circunstancias no dudaría en echarle una muy evaluadora mirada.

Cuando finalmente llegaron sentía que moriría por el dolor de espalda que el esfuerzo le causó. Lo ayudó a acomodarse en el sofá y rápidamente tomó algunas cosas que podrían ayudarle a curar lo mejor posible al hombre.

— Hay metales incrustados.— tuvo que hacer un esfuerzo por entenderle, pues conforme avanzaba el tiempo también lo hacía el dolor dejando una poca resistencia en el herido.

— ¿Metales?— el murmurllo salió para sí mismo mientras rasgaba la camiseta y comprobaba que efectivamente habían metales grandes, que se atrevería a decir era la plata, incrustados en algunos lugares de su cuerpo haciéndolo sangrar como si tuviera un tipo de hemorragia. Tragó en seco una vez más sabiendo que debería ser quien los quitara de allí.

Se puso manos a la obra y tratando de ignorar los fuertes gruñidos salvajes que soltaba el hombre, fue sacando la plata una a una de su cuerpo, tomándose un largo tiempo en su trabajo. Desinfectó y vendó todo el torso, por supuesto que las heridas deberían ser cocidas pero él no era un médico, mucho había hecho intentando recordar las cosas de primeros auxilios que en algún momento le enseñó su madre.

El hombre lo miraba con los ojos entrecerrados, en realidad no había dejado de hacerlo desde el momento en que llegaron a su casa y ciertamente lo tenía nervioso, pues aquellos ojos azules lo miraban con tal intensidad que parecía leer su mente, por eso había optado por centrarse en lo que hacía en lugar de pensar en lo guapo que es y en su cuerpo divino.

— Puedes descansar aquí por hoy, pero esas heridas deberían ser tratadas.

El nerviosismo en su voz era palpable y se odió un poco por ello, pero se auto compadeció pensando en que cualquier otra persona en su lugar se pondría igual, más si sólo lo veían sin decir nada. Para evitar seguir teniendo aquella mirada encima decidió ir a la cocina, regresando con agua y un par de sánduches algunos minutos después que utilizó para intentar calmarse.

No funcionó.

Le pasó la comida en lo que acomodaba algunas cosas. Cuando se fijó que terminó le dio una almohada junto a un cobertor, estaba a punto de apagar las luces cuando lo escuchó en el silencio de la noche.

— Gracias.

Volteó a mirarlo brevemente para asentir en respuesta antes de seguir con su camino hasta su habitación. Estando allí no pudo dormir a pesar de lo cansado que se sentía, pues el pensamiento de tener a un desconocido herido acostado en el sofá de su departamento lo tenía desequilibrado, pues no se sentía en peligro y más bien quería ir hasta allí a verificar si todo estaba bien o necesitaba algo.

No pudiéndolo soportar algunas horas más tarde se levantó, verificó la hora y eran casi las cuatro de la mañana. Cuando se acercó al sofá lo pudo ver descansando, sus ojos cerrados con su respiración acompasada, de esa manera podía verlo con mayor detalle y supo que no se había equivocado cuando pensó que era muy guapo, aún asi para ser un pueblo pequeño nunca lo había visto, y alguien como él era para que sea conocido por todo el mundo allí.

— ¿Cuánto tiempo más necesitas para seguir viéndome?

El sonido de su voz lo hizo sobresaltar, asustándolo y penosamente tartamudeó en un chillido.

— ¡No lo hago!

— ¿No? ¿Entonces qué hacías?

— Sólo pensaba que no te conozco.— bueno, no era una mentira. Encendió las luces.

— Vivo a las afueras del pueblo, cerca del páramo.

— ¿La propiedad privada que tiene kilómetros y está cercada?— la sorpresa no pudo ocultarse en su voz y sus ojos tampoco cuando lo vio asentir.

— Allí mismo.

— ¿Y qué haces aquí herido? ¿Intentaron secuestrarte para pedir un rescate? ¿O te metiste en problemas con alguien realmente peligroso?

Lo vio sonreír burlonamente antes de cerrar los ojos, aún se notaba cansado pero se veía mucho mejor.

— Ninguna de las dos. Deberías ir a descansar, haré lo mismo y entonces estaré bien.

Lo miró dudoso pero por alguna razón le creía, y eso era algo que lo tenía demasiado confundido, esa confianza que sentía no era normal en él y comenzaba a irritarlo, pero antes de que terminara de perder los estribos recordó una cosa más.

— ¿Cuál es tu nombre?— el hombre abrió una vez más sus ojos y lo miró durante largos segundos que parecieron horas hasta que finalmente se decidió a responder.

— Robert Lewandowski. ¿Cuál es el tuyo?

— Pablo, pero me llaman Gavi.

— Ha sido un gran placer conocerte, Gavi.

No supo por qué, quizás su sonrisa, lo que dijo referente a conocerlo o el tono de su voz pronuncinando su nombre pero se sonrojó. Balbuceó alguna respuesta y volvió a apagar las luces para irse a dormir.

.
.
.

Horas después cuando despertó hizo su rutina con normalidad, sólo fue salir de la ducha para vestirse que escuchó sonidos que venían de su cocina, fue entonces cuando recordó que tenía un desconocido metido en su casa. Se vistió con rapidez y salió para encontrarse al hombre llamado Robert haciendo café.

— Buenos días.— dijo sin voltear a verlo, sintiendo su llegada aún cuando Pablo se aseguró de no hacer ni el más mínimo ruido al caminar.— Hice café, pero no sé si es como te gusta.

Se giró para pasarle una de las tazas y él agradeció mientras llevaba la mirada a su torso. Frunció el ceño extrañado, para ser que las heridas no habían sido cocidas debería tener un gran rastro de sangre en las vendas que le puso, pero apenas eran unas pequeñas manchas y se movía con facilidad, como si debajo de su improvisada curación no había nada.

— ¿Cómo están tus heridas?

— Mucho mejor.— entonces se quitó la venda y abrió su boca sorprendido, los lugares que deberían estar con profundas heridas de donde había sacado el metal la noche anterior se encontraban curados, con una piel lisa como si nada hubiese pasado.

Se sintió confundido y nervioso ante aquello, no debería ser posible, incluso si la herida era una pequeña cortada debería haber alguna cicatriz por ser tan reciente. Respiró con profundidad queriendo calmarse, sentía que su corazón se saldría de su pecho en cualquier momento.

No obstante, en lugar de alejarse se acercó con rapidez y alzó una de sus manos como si fuese a tocarlo.

— ¿Cómo?— el hombre lo veía con una expresión seria, sabía que no había apartado la mirada de él en ningún momento y estaba midiendo sus reacciones.— ¿Cómo es posible? Tenías graves heridas.

— ¿Realmente quieres saber?

Robert dio un paso más cerca dejándolos a sólo centímetros. Tragó saliva, esta vez por tener al hombre invadiendo su espacio personal y semi desnudo. Repasó su pecho, sus brazos y la forma en v que caía en sus caderas con la mirada, deleitándose con todos aquellos músculos que resaltaban por todos lados.

Joder, ¿Por qué carajos comenzaba a babear por el hombre cuando claramente aquí había algo extraño con él? No sabe y no puede evitarlo, es como si en lugar de repelerlo con todo lo que ha pasado lo atraiga mucho más a él, como una fuerza magnética.

— Creo que será difícil decirte si no me miras.

Alzó la mirada sintiéndose atrapado y el sonrojo cubrió su rostro en cuestión de segundos. Robert sonreía de forma altanera, sus ojos azules brillaban pareciendo orgullloso por la manera en que Pablo lo había estado observando.

— Quiero saber.

Robert asintió, y cuando parecía que iba a decirle algo muy importante por la manera en que su rostro se suavizó, un par de toques en su puerta lo hicieron detener.

Sopesó no tomar en cuenta a quien sea que estuviese del otro lado a esa hora de la mañana, sin embargo una vez más su puerta fue tocada, sólo que esta vez eran sonidos más fuertes, pero antes de que siquiera se atreva a dirigirse a la entrada de su departamento Robert lo estaba haciendo de una manera bastante cautelosa que fue relajando cuando estuvo a un par de metros.

Al abrir pudo visualizar por encima de su hombro a dos hombres más, igual de altos y fornidos que Robert, su sangre se congeló, ¿Qué hacían esos tipos allí? ¿Robert los había llamado para que entren a su casa a hacerle daño?

— Al– Digo, Robert. Es bueno encontrarte a salvo.— uno de los tipos dijo pero ambos se veían bastante aliviados de que así sea. El que habló tenía el cabello decolorado en plateado, y aunque es moreno se veía bastante bien.

Se mantuvo alejado pero no pudo evitar dar un par de pasos hacia atrás cuando Robert volteó a verlo y con ello se ganó la mirada de los dos desconocidos.

— Él es Pablo, fue quien me ayudó.

Los hombres alzaron las manos a modo de saludo o agradecimiento, no lo sabía, pero luego de eso se dispusieron a hablar entre susurros cosas que Gavi no podía entender, lo que a su vez lo hacía sentir incómodo porque más de una vez habían posado sus ojos en él. Se removió viendo alrededor de su departamento cuando los desconocidos le dieron a Robert ropa limpia y este se cambió frente a él sin ningún pudor.

— Gavi, es momento de que me vaya, agradezco tu ayuda.

Robert caminó directo a él erguido en toda su altura haciéndole sentir más pequeño de lo que realmente era. Sus ojos azules se clavaron en él y Pablo no podía siquiera moverse un poco para poner algo de distancia entre ellos, de hecho sentía cierta decepción de que se esté despidiendo de él.

— No me dijiste lo de tus heridas.

— Quizás en otro momento.— Pablo quiso refutar, pero entonces Robert se inclinó hacia él y besó la comisura de sus labios durante unos segundos y luego se fue, dejándolo aún confundido y con el corazón latiéndole a toda velocidad.

¿Qué demonios es ese hombre?

Definitivamente la pregunta no dejó de rondar por su cabeza.

.
.
.

Pablo salió de su trabajo tarde aquel viernes, era fin de semana y por lo general se quedaban una o dos horas más, por lo que casi era media noche.

Caminó junto a Pedri durante un par de cuadras, hasta donde su amigo se quedaba para agarrar el bus que lo llevaba a su casa y él siguió recto hacia la suya, sin embargo, aquel día estuvo tentado de pedirle a Pedri venir con él o que lo aloje por ese día, pues desde la noche anterior sentía como si lo estuviesen siguiendo.

No quería ser paranoico y no le prestó atención la primera vez, pero consideraba que con una segunda no tenía que ser confiado. Tomando las tiras de su bolso con fuerza aceleró el paso, él no se consideraba un cobarde, pero dado las últimas noticias que habían habido de su localidad no tenía de otra que resguardarse lo mejor que podía.

Manteniendo la sensación de que era perseguido llegó hasta su piso temblando, y justo cuando estaba por cerrar su puerta algo, o más bien alguien, lo detuvo.

Vio hacia arriba al hombre e inmediatamente supo que no era de la zona, además de que todo en él le gritaba que debía huir, que no era una persona en la que podía confiar. Intentó cerrar su puerta y no pudo mover ni un centímetro de la misma.

Empezó a retroceder cuando el desconocido le mostró una sonrisa malévola, relamiéndose los labios mientras observaba todo el lugar antes de ingresar e inhalar profundamente.

— ¿Dónde está?

Su voz le provocó escalofríos y el miedo se elevó por su cuerpo a una gran velocidad. Siguió retrocediendo hasta que ya no hubo más espacio a dónde escapar.

— Te he preguntado; ¿Dónde está?— parecía como si le estuviese hablando a un niño, pero Pablo sólo pudo negar cuando registró la pregunta.

— No sé de quién hablas.

— ¿No? ¿Estás seguro? Porque siento su aroma a pesar de que se empieza a desvanecer.

Aquello le confundió aún más y volvió a negar, este tipo probablemente era un loco y se había escapado de donde lo tenían alejado, necesitaba crear una distración para poder huir o llamar a emergencias. Estaba pensando en cómo hacerlo cuando el ruido de algo quebrándose lo sobresaltó.

— ¿No me dirás?— a diferencia de hace unos momentos, ahora el desconocido se veía realmente enojado, comenzando a dañar y tirar las pocas cosas que él tenía adornando su sala. Vio hacia la puerta y quiso correr, pero para eso debía pasar a su lado y había mayor posibilidad de ser atrapado.

Para esos momentos sintió tanto miedo que podría empezar a llorar.

Cuando pensó que aquello no podía empeorar, el hombre se deformó adquiriendo una forma totalmente diferente a la de un humano, ¿Era eso un lobo? Lo vio abrir sus fauses antes de tomar ventaja para lanzarse sobre él, cerró sus ojos con fuerza esperando el ataque pero lo único que llegó a sus oídos fueron fuertes gruñidos.

Abrió los ojos y pudo observar un segundo lobo, este peleaba con fiereza contra el otro, no sabía como sentirse pero su cerebro le envió alertas para que escape y eso hizo. Corrió hasta su cuarto ya que no podría pasar entre los grandes animales hacia la salida y se encerró.

Corrió a esconderse en su armario y tapó sus oídos para evitar escuchar la salvaje pelea que se llevaba acabo dentro de su departamento.

Cuando pareció que habían pasado horas escuchó la puerta de su habitación ser tocada. Tembló una vez más como en los últimos minutos y se rehusó a querer salir. Los toques siguieron en su puerta antes de escuchar aquella voz perteneciente al hombre que no veía desde hace casi tres días.

— Gavi, abre. Todo está bien ahora, estás a salvo.

Sus palabras le dieron un poco de alivio y aunque quería salir porque confiaba en lo que él le decía a pesar de lo que vio hace unos minutos, no pudo. Todo él temblaba y sabía que sus piernas fallarían en el primer instante en que intentara levantarse. Sollozó bajito y se abrazó así mismo fuertemente.

Escuchó la puerta de su habitación abrirse y se encongió automáticamente a pesar de saber de quién se trataba. Su armario fue abierto y allí esta Robert, igual de guapo a como lo recordaba, sus ojos azules recorriéndolo por todos lados antes de acuclillarse para estar a su altura y llevar una de sus manos a la mejilla de Pablo para limpiar las lágrimas que rodaban por sus mejillas.

— Está bien, ya pasó.—sus palabras eran un susurro, y moviéndose con lentitud, como si no quisiera asustarlo más de lo que ya estaba Robert lo tomó entre sus brazos como a una princesa antes de acurrucarlo contra su pecho.— Todo está bien ahora, bebé.

Pablo le creía, no importaba si en su mente se repetía la escena de dos lobos peleando y donde probablemente Robert sea el lobo que llegó en su auxilio. Se acurrucó aún más contra él y permitió que el hombre deje suaves caricias en su piel y murmure palabras cariñosas contra su cabello, no se sentía incómodo o incorrecto hacerlo, quería permanecer allí como si estuviese destinado a ser así.

Robert lo llevó hasta la cama y allí se acomodaron. El cansancio físico de haber estado casi todo el día en su trabajo, con el agotamiento mental que tenía por todo lo ocurrido lo hicieron dormir al instante entre los calurosos brazos de Robert, ya tendría tiempo al siguiente día para enloquecer.

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Cuando despertó a la mañana siguiente se fijó que estaba solo en su cama, pero el olor a café le dijo que aún tenía compañía dentro de su departamento. Se quedó observando el blanco techo, rememorando las cosas que habían pasado y cómo tener a Robert cerca siendo... lo que sea que sea, no lo estaba volviendo demente.

La puerta de su habitación se abrió y con prisa se sentó, no quería estar tan vulnerable por cualquier cosa, que si bien confiaba en Robert, no significaba que esté escondiendo malas intenciones detrás de aquellos claros y preciosos ojos.

— Buenos días, ¿Dormiste bien?

Gavi asintió, decirle si durmió bien o no era una de sus últimas preocupaciones, lo que él quería es que Robert deje de tenerlo en zozobra. Probablemente se dio cuenta de aquello porque mirándolo durante un momento más decidió dejar la taza sobre la mesita de noche y sentarse a su lado.

— Está bien, puedes preguntar lo que quieras.

Ante las palabras Pablo trató de organizar su mente, poniendo en lista todo lo que quisiera saber, tomándose su tiempo antes de hacerlo.

— ¿Quién era el hombre de ayer?

— Es un desertor de mi manada. Quería tomar el lugar como el alfa en una pelea a la que me desafío. Haber perdido no le sentó bien y fue quien me atacó esa noche en que nos conocimos junto a otros de sus seguidores.

Pablo escuchó todo y no podía terminar de registrar la información a pesar de que había tenido sus sospechas de la noche anterior, ¿Manada? Dios mío, en qué jodidos estaba metido.

— ¿Entonces tú...?

— Sí, soy un hombre lobo.

Tragó bajando la mirada a sus sábanas. Todo aquello parecía irreal, casi un sueño y así lo pensara si no fuera porque él mismo lo presenció. Un hombre transformándose y luego dos grandes lobos luchando con fiereza.

— ¿Por qué accediste a contarme? ¿No es más fácil para ti matarme?

La pregunta fue como una ofensa para Robert si es que su mirada decía algo.

— No puedo, ni quiero hacerlo. Nosotros no matamos humanos, menos cuando tú...

— ¿Qué?— lo alentó al verlo quedarse callado durante varios segundos.

— Eres mi destinado.

Eso lo confundió, ¿Destinado? ¿Acaso Robert en realidad es un loco y él lo estaba mucho más por todo lo que ha imaginado y escuchado en las últimas doce horas?

— Eres quien la Diosa luna ha escogido para mí, para que seas mi compañero hasta el último momento de nuestras vidas.

Si bien su corazón latió con fuerza por lo que estaba sabiendo, también lo hizo de emoción. Dios mío, verdaderamente se estaba volviendo un desquiciado y no encontró otra manera para drenar su incredulidad que reír al respecto, rió y Robert lo dejó sin intentar acercarse en ningún momento. Cuando se sintió más calmado se llevó las manos al rostro y se encongió sobre sí mismo.

— Todo lo que me dices es una locura.

— Sé que te cuesta procesarlo y creeme que tampoco es fácil para mí decirlo, después de todo eres un humano y nunca sabemos cómo van a reaccionar. Aún así confío en ti, porque de otro modo la luna no te habría destinado a mí.

Pablo lo observó, se veía tan humano como él y sin embargo estaba ahí hablándole de Diosas, destinados y hombres lobos. Sintiéndose de tantas maneras que no sabía explicar se armó de valor, tenía que verlo una vez más.

— Transfórmate.

— ¿Qué?

— Quiero verte. Transfórmate.

A pesar de que el hombre casi no demostraba nada a través de su rostro supo que seguía siendo cauteloso, incluso parecía dudar de lo que hacía. Sin embargo estaba ahí, complaciendo el pedido de Pablo.

Lo vio desnudarse, permitiéndole ver completamente todo ese cuerpo tonificado y el miembro semi duro que está entre sus piernas. Era grande, y aunque se sonrojó no pudo realmente apartar la mirada, de un momento a otro sintiéndose acalorado.

La tensión y el calor se elevó en su habitación, por lo que finalmente apartó la mirada, sabiendo que si seguía comiéndose a Robert con los ojos este quizás no tardaría en acorralarlo y olvidaría el tema de él siendo un hombre lobo.

Como si ambos estuvieran de acuerdo en que habían otras cosas más importante que atender primero, Robert en segundos se transformó al lobo que había visto la noche anterior llegar a su rescate.

Era enorme, quizás metro y medio en toda su altura, pelaje grisaceo y sus ojos azules claros estaban allí, delatando que realmente se trataba de él. El lobo se quedó a una distancia prudente permitiendo que Pablo lo analice todo el tiempo que quiera hasta que finalmente se acercó a pasos lentos.

Alzó su mano llevándola a la cabeza, sintiendo el pelaje suave deslizarse entre sus dedos. Con mayor confianza llevó sus dos manos y entonces Robert también se relajó, inclinándose en su toque y restregándose contra su mano juguetonamente.

— Eres hermoso.— Robert emitió un sonido ante el elogio. El asombro no se le iba pero tampoco estaba mintiendo. Mientras lo acariciaba recordó cómo desde el momento en que lo vio confió en él, sintiéndose atraído para gravitar a su alrededor sin temer a que pueda hacerle daño, la cuestión de los destinados tomando sentido en su cabeza y su corazón. ¿Realmente estaba dispuesto a vivir una larga vida con un hombre que se transformaba en lobo?

El lobo empujó su cabeza contra su pecho, acariciándose poco después contra su cuello y mejillas, haciéndole cosquillas que provocaron una pequeña risa. Envolvió sus manos a su alrededor y se permitió abrazarlo y mimarlo como se hace con un perro, rio pensando en que probablemente Robert se ofendería si supiera de la comparación que acababa de hacer.

En un momento estaba sintiendo el suave pelaje y al otro un gran cuerpo duro lleno de músculos contra el suyo, haciéndolo demasiado conciente de su desnudez y la dureza que presionaba contra su estómago. Robert lo abrazaba posesivamente.

— ¿Eso significa que aceptas ser mi compañero por lo que nos quede de vida?

Pablo lo observó, no podía evitar pensar en lo guapo que es, pero sus expresivos ojos azules con largas pestañas fue lo que más le gustó desde el inicio. Sintió sus brazos amorosos, todo en él le hacía saber que lo quería, entonces sí, tenía su respuesta.

Enganchando sus brazos alrededor del cuello del gran hombre se puso de puntitas y besó sus labios, siendo enseguida correspondido con una intensidad voraz que fue calentando su cuerpo en cuestión de segundos. La manera en que devoraba su boca, recorriéndola con su húmeda lengua y mordiendo de vez en cuando sus labios le hacía sentir como si Robert quisiera consumirlo por completo y él no se opondría a ello.

Fue fácil para Robert deshacerse de su ropa y acomodarlo sobre la cama, maniobrando con su cuerpo como más quería y eso le gustó, la diferencia muscular que había entre ellos le hizo hormiguear el cuerpo, ansioso por sentirlo en su piel; sus manos, su boca y su pene profundamente en él.

Robert aspiró con fuerza, encantado por cómo el olor de la exitación de su pareja aumentaba, dándole la confianza que necesitaba para reclamar a Pablo como suyo por el resto de su vida.

Gavi sintió los húmedos dedos de Robert presionando su entrada y tembló cuando fue ingresando uno a uno con delicadeza para aflojar su agujero lo más que podía para poder meter su miembro en él sin lastimarlo.

Los jadeos y gemidos llenaron su habitación, Robert embestía con certeza aquel punto dentro de él que lo volvía loco, sintiéndose casi llegar pero no queriendo que suceda.

— Estoy listo, te quiero a ti, no tus dedos.— habló entre suspiros entrecortados y abrió más sus piernas como una clara invitación a que se acomodara entre ellas y Robert sintió como si se estuviese endureciendo aún más por la entrega y confianza que le mostraba su pronta pareja.

Robert lo tomó de sus caderas y sintió la punta de su pene contra su entrada, y contrario a como ingresó sus dedos, esta vez arremetió contra él en una sola y dura estocada, llegando profundo en su interior y volviéndolo una masa de placer, arqueó su espalda y estiró sus dedos. El hombre no le estaba dando ningún tipo de tregua follándolo como si no hubiera un mañana, sintiéndolo en cada parte de sí e incluso en su vientre.

Miró hacia abajo, encantado por la manera en que Robert salía y entraba en él, marcando su pene en su vientre. Dios, Pablo amaba lo enorme que es su lobo en todos los sentidos, así que llevando una de sus manos a su cuello lo jaló contra él para que le de un beso; sus gemidos y gruñidos muriendo en la boca del otro.

Cuando fue demasiado tuvo que separar sus labios, dejando fluir los sonidos fuera de ellos y el temblor en sus piernas por el cosquilleo del placer formándose en su vientre y sintiéndolo en todo su cuerpo ardiente.

Lloriqueó y curvó los dedos de sus pies cuando llegó a su orgasmo con abruptos espasmos por todo el placer que le recorría por completo. La reacción de su cuerpo provocando en Robert el éxtasis por la fuerte prisión que sus paredes hacían sobre su miembro.

El hombre se inclinó sobre él y mordió la base de su cuello mientras se corría en su interior, y lejos de que sea únicamente doloroso la sensación lo dejó aún más aturdido, perdido en una neblina de absoluto placer.

Cuando Robert se deslizó fuera de su cuerpo se sintió deshuesado, satisfecho por la manera en que acababa de ser follado. Robert se recostó a su lado y lo atrajo contra su cuerpo con un brazo fuerte antes de mantenerse quietos intentando regular sus respiraciones.

Con el pasar de los minutos y menos atontado por lo sucedido llevó una de sus manos a su cuello, sintiendo una marca en la zona.

— Va a desaparecer, sólo debo lamerla un par de días más.

— ¿Me lamerás completo?— Robert se rió ante la picardía en su pregunta y aún así sus azules ojos se estaban oscureciendo una vez más por el placer, sintiéndolo él mismo en su cuerpo y se sorprendió, porque a pesar de que se sentía como suyo, había una pequeña arista que denotaba que le pertenecía a su hombre lobo.

— Creo que acabo de sentir... lo mismo que ¿Tú?

— Es normal, te he mordido y ahora puedes sentir lo que siento y viceversa. Ahora eres oficialmente mi pareja.

La confesión de que alguien más podía sentir sus emociones no le asustó, después de todo se trataba del hombre con el que ahora pasaría el resto de su vida e innegablemente no le tomará demasiado llegar a amar.

Notes:

Se supone que lo subiría para Halloween, pero por algunas cosas no pude, así como no pude terminar de escribir las del MarcFren y Fedri, porque sí, ellos también tendrán su parte sobrenatural. Así que espero poder terminarlos pronto.

Byeee