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La nieve se acumula en el estrecho alféizar de la ventana por la que John mira a través. Uno a uno van cayendo los copos, blanqueando la gris ciudad de Londres, haciéndola aún si cabe más fría.
El hombre suspira.
- Es Navidad.
- Bravo, John, me asombra tu capacidad de deducción.
Watson bufa y se da la vuelta de cara a su excéntrico amigo.
- Es Navidad y estoy aquí contigo.
- ¿Desearías estar en alguna otra parte... ? - responde con una pregunta Sherlock.
Es mordaz, sabe que lo ha sido y, es más, no le importa lo más mínimo.
- Desearía no estar aquí, para empezar - responde el ex-soldado, apartándose de la ventana y caminando hacia él.- No quiero tener que aguantar tus quejas también en Navidad. Eres un amargado.
Sherlock alza ambas cejas, realmente sorprendido esta vez.
- Caray, Watson, sólo es Navidad no tu cumpleaños.
- Oh sí, tal vez deba refrescarte la memoria de aquel día, ese 7 de agosto que pasamos juntos... ¡atrapando a un asesino!
El otro carraspea. No esperaba esa respuesta y por primera vez en su vida no sabe qué decir. Nunca le ha pasado algo así y se siente del todo confundido.
- Voy a ir a casa de Sarah a cenar, te pongas como te pongas. No voy a pasar un sólo minuto más en ésta casa oyéndote elucubrar sobre víctimas, asesinos y cabezas cortadas. Eres tú, tu trabajo, y después tú y tu trabajo. Nunca hay espacio para mí. ¡Estoy más que harto!
Se oyen, entonces, unas llaves en la cerradura y entra la señora Hudson.
- ¿Interrumpo algo? Oí voces desde fuera...
Sherlock se levanta enseguida a ayudarla. Va cargada con muchas bolsas.
- En absoluto. Sólo... hablábamos. Déjeme ayudarla.
Deja las bolsas sobre la mesa de la cocina y comienza a sacar cosas y más cosas. La señora Hudson también saca y ordena casi a la misma vez. Watson, por el contrario, se encuentra parado en medio del salón, observándoles con el ceño fruncido.
- ¿Qué es todo eso?
- Nuestra cena de Navidad - contesta Sherlock, sacando un enorme pavo de una de las bolsas.
Y es entonces cuando Watson entiende.
- Oh. Lo siento, yo...
- ¿Me ayudas a cocinarlo? No creo poder yo solo...
- Claro - se acerca presuroso y al ir a coger el pavo congelado roza su mano con los dedos. En realidad no ha sido un accidente.- Gracias...
Puede que la boca de su inteligente amigo no sonría, pero sí que lo hacen sus ojos.
Brillan con el espíritu navideño, y eso es suficiente para que John se sienta satisfecho y feliz.
Tendrá las navidades que siempre ha querido, rodeado de gente a la que ama.
+.+ FIN +.+

