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Tick Tick...Boom!

Summary:

"Porque vivir cuesta más si abrís los ojos y mirás lo que hiciste hasta acá, hacia donde vas y ves tus sueños romperse."

o

Pablo, recientemente separado y en crisis por la llegada de sus treinta años.

Lionel, aparece para traer claridad a su caos.

Chapter 1: desilusión en calle corrientes

Chapter Text

La misma melodía del piano se escuchaba una y otra vez.

 

 

 

 

Pablo lo estaba tocando.

 

 

 

Pablo estaba más que estresado.

 

 

 

 

Un simple y frustrado compositor teatral a punto de llegar a sus treinta años, soltero, con un trabajo esclavizante en una cafetería de la gran calle corrientes y un mini departamento compartido con su gato.

 

 

 

Se sentía patético.

 

 

 

Dejó Cordoba atrás hace 10 años para perseguir su sueño, triunfar en la gran ciudad.

 

 

 

Vivía cerca del pseudo Broadway porteño, aquella parte de la ciudad de Buenos Aires que se encontraba repleta de teatros de renombre.

Llena de luces, estrellas mediáticas, vestuarios excéntricos, lujos y música por doquier.

 

Cientas y cientas de personas transitando esas calles cada noche en busca de entretenimiento con una buena obra de teatro.

 

 

 

Soñaba con que su musical algún día se encontrara en esas grandes carteleras. 

 

 

Su nombre en todos los titulares, salas explotadas de gente que iba a ver su gran obra.

 

 

 

 

 

Sin embargo, se encontraba tomando mate (que era lo único que podía costear a esta altura del mes) en su pequeño departamento y escribiendo en su libreta llena de anotaciones en una letra desprolija, tocando una melodía en el piano que rondaba en su cabeza desde la mañana.

 

 

 

 

Tenía dos semanas para presentar la obra en un taller teatral al que iban a asistir importantes productores, pero había un pequeño e ínfimo problema… Faltaba un número musical del segundo acto y no avanzó ni un poco.

 

 

 

 

Más que unas simples anotaciones en su libreta.

 

 

 

 

Esas hojas guardaban todo sobre su gran obra, su gran creación… Obra con la que está estancado desde hace ocho años.

 

 

Ocho años de escribir y reescribir.

 

 

Escribir y reescribir constantemente.

 

 

Sin avanzar solo un poco.

 

 

 

¿Y si no lograba terminar en esos 14 días? Habría sido todo una pérdida de tiempo como decían todos.

 

 

 

 

A veces sentía que era un esfuerzo en vano, que jamás llegaría a estrenarla y mucha gente de su entorno se lo decía. La idea de abandonar el proyecto fue tentadora múltiples veces, más de las que le gustaría.

 

 

 

Y si no podía ser peor, la llegada de sus treinta años lo hacía replantear su completa existencia. Cayó en cuenta de que pasó toda su juventud escribiendo ese maldito musical, de reunión en reunión y siempre saliendo de la sala después de que rechacen su proyecto.

 

 

Abre los ojos y admira lo que hizo hasta acá, hacia donde va su vida y ve sus sueños romperse dramáticamente.

 

 

No logró ser nadie más que un simple mesero al que su alrededor no deja de demostrarle su evidente fracaso en la vida.

 

 

Lo podrán tildar de exagerado, pero el constante reloj en su cabeza le decía que el tiempo se acababa y su reciente separación no ayudaba mucho a su estabilidad emocional.

 

 

 

Martín se había ido del departamento hace un mes, gracias a una gran oferta laboral como profesor en una facultad de La Plata, su amada ciudad natal.

 

Su ex pareja abandonó sus mismos sueños de triunfar como actor en el teatro para aspirar al progreso monetario y profesional como docente, algo en que Pablo no lo siguió.

 

 

-No podés estar toda tu vida reescribiendo exactamente el mismo guión, ya vas a cumplir treinta años y seguís estancado en lo mismo de siempre, seguís en este departamento, sin progresar por estar encaprichado con esa obra- Decía harto el mayor luego de plantear la mudanza de la pareja por su nuevo trabajo. -¡Tenés que crecer en algún momento y dejar ese capricho de actor! ¡Conseguite un laburo serio!.-

 

-¡No pienso abandonar ahora! Irme de acá es alejarme de mi mayor inspiración y aspiración.- 

 

-Esa obra de mierda o yo.-

 

-Sabés que es mi mayor sueño, no podés hacerme esto y pedirme que lo deje todo.- Dijo exasperado agarrando la mano del mayor entre las suyas, dejando un beso en la comisura de sus labios. -Mucho menos tan cerca del taller, amor es mi oportunidad ¿Y si me dan la chance de presentarla ahí?-

 

 

Sus manos tan suaves y pequeñas a comparación de las de Martín, siempre se sintió diminuto e inmaduro a su lado. 

 

 

 

Sabía que en algún momento se iba a hartar, ese reloj en su cabeza solo anticipaba a la explosión.

 

 

 

 

Ese momento llegó, la explosión llegó.

 

 

 

 

-¡Todo es después del taller!- Gritaba estresado el rubio. -Te lo voy a preguntar solo una vez más Pablo César, la obra o yo.-

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Y bueno, creo que podrán adivinar cuál eligió. 

 

 

 

 

 

 

Porque ahora se encontraba haciendo malabares para lograr costear el alquiler solo, buscando un compañero de departamento y con medio armario vacío.

 

 

Sufriendo frío por las noches durmiendo solo en la cama matrimonial con Pincha. Sí, un estúpido nombre para un gato pero fue elegido por su ex pareja hincha de estudiantes, aunque ese suave y peludo ser era su mayor compañía en aquel duro invierno.

 

 

 

 

 

-

 

 

 

 

Se despertó como siempre a las 6 de la mañana para partir a su trabajo, bien abrigado y después de revisar que el gato tenga comida.

 

 

Fue hacia la cafetería donde trabaja en su bicicleta con la pintura gastada y su día transcurrió con normalidad, desayunando un café acompañado de un alfajor y atendiendo a múltiples extranjeros que iban a conocer aquella zona tan turística o locales que iban a pasear un rato.

 

 

Había sido un día totalmente tranquilo y monótono.

 

 

 

 

Pero cuando estaba por cerrar, siente unos golpes en la puerta.

 

 

-Disculpe señor, ya cerramos-

 

-Vengo cagado de frío y de hambre, solo quiero un café por favor y no jodo más- Dijo aquel hombre con una voz de súplica. -Por favor.-

 

 

 

Pablo suspiró cansado y abrió… Al verlo se volvió a sentir un adolescente hormonal viendo a Ryan Gosling en la tele de su casa por primera vez.

 

 

Era bastante más alto que él, tenía facciones masculinas, un oscuro pelo bastante corto pero que dejaba ver algunos rulos que contrastaban con esa piel tostada por el sol y para coronar ese sweater que ajustaba unos marcados brazos que se lucían perfectamente.

 

Pudo sentir la sangre subir a rostro y el calor en sus mejillas.

 

 

-Bueno… Puedo hacer una excepción-