Actions

Work Header

did you say i've got a lot to learn?

Summary:

Lionel es profesor. Vos su alumna. A Lionel lo vuelve loco la idea de que una alumna le tenga ganas. Y a vos te vuelve loca él.

Chapter 1: 1

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

Caminaste por los pasillos de la facultad en busca del aula dieciocho, ya sabías dónde estaba e incluso sabías que estabas llegando un poco (muy) temprano a la clase del profesor Lionel Scaloni: interpretación I. 

Por Dios, si empezabas a hablar de tu profesor de interpretación probablemente nunca termines. Todas las clases llegaba antes que sus alumnos y ordenaba sus cosas en el escritorio, lugar en el que se apoyaba y con sus brazos cruzados empezaba a dar la clase. Todas las clases llegaba con un traje impoluto, una camisa (que variaba en color) y corbatas que combinaban con lo que usaba, unos zapatos que parecían ser de cuero negro y un maletín que descansaba en la silla que ocasionalmente usaba. Desde tu lugar, casi en el medio del aula, tenías una vista bastante privilegiada de aquel hombre que hacía suspirar a más de una. Lo mejor de todo era cuando apoyaba sus manos en su cintura forzando a que la camisa que usaba, que le apretaba bastante su torso, lo hacía aún más dejando poco y nada a la imaginación.

Mentías si decías que ese hombre no te tenía a sus pies, si bien se había ganado cierta fama de “ profesor forro ” y bien merecido lo tenía, a vos te seguía volviendo loca. Lionel era un tipo duro o por lo menos eso aparentaba cuando daba su clase, cuando respondía preguntas y cuando se cruzaba a cualquier alumno por los pasillos del edificio. Eran incontables las veces que habías fantaseado con aquel hombre que te tenía despierta hasta altas horas de las madrugadas porque todos los trabajos que le entregabas tenían que sufrir modificaciones.

—Está bien pero le faltan algunas cosas que fueron marcadas en la corrección y tenes que rehacerlas —te había dicho después de la primera entrega. Y ciertamente le faltaban cosas pero eran puros detalles que sabías que ibas a ir puliendo con la práctica y no entendías porque te los había marcado e incluso te había bajado puntos en la nota final cuando casi todas tus amigas habían hecho lo mismo que vos y se habían sacado una nota más alta que la tuya.

—Sí profesor pero todas mis compañeras hicieron lo mismo que yo, con los mismos errores y no tienen la misma nota… —le reclamaste. Estaban solos en el aula, él ya había juntado casi todas sus cosas y vos te habías apurado para poder preguntarle por las correcciones que te había hecho.

—¿Quién es el profesor? ¿Yo o sus compañeras? —respondió Lionel. Estaba parado al lado tuyo, en el escritorio estaba el trabajo que habías hecho y la mirada del hombre alternaba entre las hojas y tus ojos. Se relamió sus labios (gesto que repetía una y otra vez en sus clases) y dejó sus ojos fijos sobre los tuyos, aquellos orbes oscuros mirándote fijamente y esperando una respuesta. 

—Pero…

—¿Yo o sus compañeras? ¿O tampoco vas a responder lo que te estoy preguntando? —repitió, subiendo sus cejas. Por favor, lo único que necesitabas era que se aleje y te deje de mirar así.

—Usted es el profesor —respondiste rendida. Una de las comisuras de los labios del mayor se levantó, como si quisiera dedicarte una sonrisa al escuchar que le habías respondido lo que quería escuchar: que él era la autoridad. 

—Y como yo soy el profesor, las correcciones marcadas son las que tenes que hacer, no me importa lo que digan tus compañeras. Nos vemos la próxima clase —agarró su maletín, te dedico una última mirada y salió del aula.

Y ahí estaba, cada vez que te mandaba algún tipo de corrección o cosa que implicaba que tenías que trabajar más y corregir cosas, más parecías caer a sus pies. Después de esa pequeña charla en la que le reclamaste por tu nota, en todas las clases que le siguieron a eso, la vista del profesor Scaloni parecía posarse, al menos por unos segundos, en vos. O quizás eso querías creer y simplemente era una mirada general a todos en el aula pero, había algo dentro tuyo que le gustaba creer que el profesor si te miraba a vos y no era simple fantaseo.

Entraste al aula y cómo era de esperarse, Lionel ya estaba ahí. Hiciste el menor ruido posible y caminaste hasta tu asiento predilecto y sin mucho más sacaste tu celular para revisar tus redes y hacer tiempo. Lionel estaba sentado en la silla y chequeaba cosas en su notebook y miraba algunas hojas que tenía alrededor suyo.

—¿No te enseñaron que hay que saludar cuando entras a un lugar? —la voz del pelinegro resonó en todo el aula y saliste del trance en el que estabas. Levantaste tu mirada del aparato y ahora Lionel tenía sus dos codos sobre el escritorio y sobre sus manos descansaba su cabeza. 

—Uh, profesor, perdón. Buenos días. Es que como estaba con la computadora, no quise interrumpirlo —le respondiste sin pensar mucho y esperando que vuelva a hacer lo que sea que estaba haciendo para volver a lo tuyo. 

—Llevamos ya casi, ¿cuánto?, dos meses de cursada y seguís tratándome de usted… Creo que sos la única de este curso que todavía no rompió ese límite de confianza —tus dedos tamborilean sobre la madera del banco y tu cabeza lo único que podía pensar era lo arrepentida que estabas de haber llegado unos cuantos minutos antes y estar ahora mismo charlando con tu profesor—, no te voy a comer porque me trates de vos, quedate tranquila —los ojos de tu profesor no se movían, seguía mirandote, se relamía los labios y ahora sus brazos se posaban cruzados en su pecho. 

—A todos los profesores los trato de usted, me parece que es una cuestión de respeto —atinaste a responder sin pensar mucho. Necesitabas que aquellos ojos negros dejen de mirarte, necesitabas que alguien entre e interrumpa lo que sea que estaba pasando ahí y aún más, necesitabas que Lionel vuelva a sentarse en su silla y abandone su nueva posición: apoyado sobre el escritorio, con sus brazos apoyados en la madera detrás de él, sus piernas cruzadas y aquel traje color azul que cada vez apretaba más cada parte del cuerpo del mayor. 

—¿Qué otras materias estás cursando? —preguntó, ignorando lo que sea que había pasado recién. Le contestaste sin entender muy bien a donde quería llegar con esa pregunta y a cambio obtuviste algunas recomendaciones de Lionel: que materias hacer el cuatrimestre que viene, cuales era mejor hacerlas juntas y porque. 

—Muchas gracias por tus… —Lionel entrecerró sus ojos al escuchar que lo estabas tratando de usted una vez más y volviste sobre tus palabras—. Muchas gracias por las recomendaciones, profe —no lo sabías pero al hombre frente a vos, aquel diminutivo le había erizado la piel y había ayudado a que el apretado pantalón que vestía, lo apreté un poco más. 

Lionel movió sus ojos a la puerta de entrada del aula, apartando su mirada de la tuya para ver como empezaban a llegar más alumnos al espacio. Te miró por última vez y volvió a sentarse en su silla para apagar su computadora, agarrar un marcador y escribir en el pizarrón blanco el título de la clase del día. 

(...) 

Tus amigas anotaban cosas en sus cuadernos al igual que vos aunque, te era imposible no pensar en la conversación que habías tenido con quien estaba dando la clase. Quien ahora caminaba con sus manos en la cintura de un lado al otro del aula, explicando cosas y respondiendo consultas que hacían algunos de tus compañeros. 

No era la primera vez que a pesar de estar físicamente en el aula, mentalmente no lo estabas. No parabas de pensar en Lionel, en el enigma que era aquel hombre que estaba dando clases, que se había presentado como Lionel Scaloni, que todos tenían como el profesor forro pero copado y con el que más de una vez habías fantaseado con que te cogiera en el escritorio que daba clases, así vestido con su traje y la camisa media abierta, dejando ver aquel torso de adonis que podía llegar a transparentarse. 

 —¿Podrías hacerlo? —un codazo por parte de tu amiga, sentada al lado tuyo, te sacó de tu trance, Lionel te estaba mirando y esperando que le respondieras algo. O eso creías por la última parte que si llegaste a escuchar—. Lo repito porque veo que no estabas escuchando —volvió a apoyarse contra el escritorio, de la misma manera que lo había hecho cuando los dos estaban solos en el aula. Levantó su mirada de sus zapatos y se relamió sus labios esperando tu respuesta. 

Repitió la pregunta, hacía referencia a un fragmento de un discurso que tenían que analizar e interpretar, fragmento que habías leído para la clase pero que no tenías mucha idea de cómo quería que lo analices e intérpretes porque no le estabas prestando atención. Lionel hizo un ademán con su mano, aguardando a que le respondas aquello que te había preguntado. 

—¿Escucharon lo que acaba de responder su compañera? —preguntó él cuando terminaste de responder lo que te había preguntado, levantando su mentón hacia donde estabas sentada y haciendo un puchero con sus labios—. Bueno, eso es justamente lo que no quiero que hagan. Gracias por el esfuerzo pero tu respuesta está mal —parpadeaste varias veces, asimilando lo que te había dicho y tratando de calmarte y no putear a algunos de tus compañeros que habían soltado una risa al escuchar la respuesta del profesor. Los ojos de Lionel seguían fijos con los tuyos y únicamente rompió su contacto visual cuando se dió vuelta y siguió hablando y anotando cosas en el pizarrón. 

No esperabas que te felicite por tu respuesta pero tampoco esperabas que hiciera lo que hizo. Tenías ganas de levantarte de tu asiento e irte de la clase pero tu orgullo pesaba un poco más y querías quedarte ahí. ¿Qué era lo peor de todo? Que a pesar de que lo que había hecho rozaba la humillación pública, a vos te seguía gustando y no podías parar de pensar en lo bueno que estaba tu profesor y que cada mínima cosa que hiciera, sea mala o buena, no iba a cambiar aquello que seguías pensando de aquel hombre. 

—Recuerden que para la clase que viene tienen que traer el trabajo práctico que hace unas semanas les pedí y que también está en el campus virtual. Tienen que entregarlo ahí también antes de la próxima clase —pidió Lionel un minuto antes de que termine su clase—. Buen fin de semana, nos vemos la próxima —dijo y un segundo después, el grupo de alumnos se levantó de su banco y empezó a salir del aula. Vos guardaste tus cosas en tu mochila, te levantaste de tu silla y viste como Lionel estaba parado al lado del escritorio, esperando que todos salgan del aula y mirándote. Apuraste a tus amigas a salir del aula cuanto antes y siguieron la conversación que estaban teniendo en el aula, afuera de ella. 

—Pero boluda, tenes que prestar atención, la próxima es capaz de clavarte el uno ahí mismo —acotó una de tus amigas y suspiraste antes de responderle. 

—Te juro que no lo entiendo, se quiere hacer el copado, buena onda y no se da cuenta que… —los gestos de tus amigas daban a entender que la habías cagado. Hacían con sus dedos gestos de que tenías que cortar lo que estabas diciendo. Odiabas hablar así de él pero se lo merecía y era la única manera de hacer catarsis de lo que había pasado minutos atrás en la clase. 

—Buen fin de semana, chicas. Espero sus trabajos prácticos —la gruesa voz de tu profesor resonó en tus oídos y quisiste desaparecer en ese momento. Que la tierra te trague y te escupa en cualquier otro lugar del mundo. Porque aquello que había escuchado Lionel claramente no lo iba a dejar pasar e iba a encargarse de que te tragues tus palabras.

Notes:

dos twits que me llevaron a la locura: https://twitter.com/juegosimple__/status/1670445283761692672?s=46&t=p_M65ibY24Dr-kUMOWHLdg y este que termino por darme la idea https://twitter.com/lafumoneta/status/1670448682502615040?s=46&t=JsTzqAxZrlU8s9pIgMWgSA y acá estamos.