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—... y la verdad es que creo que el técnico no tiene ni idea de lo que está haciendo en el equipo.
Julián presionó el botón del elevador mientras Enzo se detenía y ponía las bolsas en el suelo. Sus dedos ya se sentían un poco rígidos después de haber caminado durante más de media con las compras de su semana, pero supuso que podría haber sido peor si su amigo no estuviera con él.
Por lo general, usaba Uber para regresar a casa cuando hacía las compras, pero Enzo había insistido en que caminaran un poco para conocer la ciudad. Dos horas después, en las que habían almorzado en Nando's antes de hacer sus compras en Tesco, Julián estaba un poco arrepentido de haberle hecho caso a su amigo cuando le dijo que quería caminar.
Enzo tenía libre el siguiente día, pero Julián tenía entrenamiento a primera hora de la mañana. No podía permitirse bajar el nivel en los entrenamientos cuando apenas tenía tiempo para jugar. Por desgracia, Guardiola era de los que tomaba bastante en cuenta las estadísticas y el desarrollo de los suplentes a la hora de decidir cuánto tiempo darles.
—Pensé que era un buen técnico —contestó Julián con honestidad. El elevador apenas venía por el tercer piso de siete que habían. Julián tenía su acomodación en el último piso del flat.
Enzo suspiró, mientras él observaba con parsimonia la forma en que los números seguían descendiendo. Lo bueno era que al menos podía tomar un poco de aire y estirar los dedos antes de cargar las bolsas un poco más.
—Qué va. Ese boludo no sabe una mierda. —Enzo se calló cuando el elevador finalmente abrió las puertas, pero no se fijó que uno de los compañeros de Julián iba saliendo y chocaron.
—Uh, I'm sorry.
Julián no necesitó subir la mirada para saber que se trataba de Erling Haaland, su vecino del lado derecho. Ya le reconocía bastante bien la voz a pesar de que no habían hablado mucho.
—Don't worry. It's okay.. —Se apresuró a hablar cuando notó el semblante de molestia de Enzo. No quería empezar un quilombo con el noruego, más cuando el descuidado había sido Enzo.
Su mejor amigo suspiró y rodó los ojos cuando Erling le lanzó una mirada de disculpa a Julián y se marchó rápidamente, sin decir nada más. A él, con sinceridad, le divirtió la forma en que ambos se comportaban alrededor del otro, pero siempre se mordía los labios o la mejilla para no soltar una risa o un comentario que iba a hacer que Enzo se molestar.
Los encuentros que el noruego y su mejor amigo habían tenido en partidos no habían sido dóciles, así que cuando Enzo lo visitaba los dos se ignoraban lo mejor que podían.
Casi podría decirse que ignoraban la existencia del otro, si no se dieran el saludo de vez en cuando. Pero bueno, ese se lo daban cuando existía alguna clase de presión social.
—Casi vota tus cosas, Juli, ese boludo no puede fijarse por dónde va.
—No pasa nada —dijo, porque si le daba bola a Enzo con el asunto entonces iba a comenzar su diatriba usual hacia Erling—. Pero bueno, el técnico, ¿sabés si hay planes para cambiarlo?
La pregunta distrajo a Enzo, quien comenzó a hablar de cómo esperaba que solucionaran lo del técnico porque él no iba a quedarse en un equipo que no tenía ningún propósito real, menos después de haber ganado la Copa del Mundo.
Julián no pudo estar más de acuerdo en que su mejor amigo se merecía un mejor equipo.
*
—C'mon, baby boy. —Erling se dejó caer en la cama y lo miró con hambre y lujuria pintada en los iris claros mientras él se quitaba su pantalón y camisa de pijama, quedándose en ropa interior.
Julián se subió a la cama y se arrastró, de rodillas, hasta que llegó a su cintura. El cuerpo esbelto del rubio estaba desnudo a excepción de la ropa interior, pero incluso a través del pedazo de tela Julián podía ver su dureza prominente. Su boca se hizo agua cuando se imaginó chupándola, húmeda y palpitante entre sus labios.
Pero primero lo primero.
La excitación en su vientre burbujeó y su coño se humedeció cuando se sentó encima del regazo de Erling con las piernas abiertas a los costados del cuerpo del rubio, sintiendo la polla dura contra la tela de su tanga de encaje. Las manos del rubio se ciñeron a sus muslos con rapidez cuando él comenzó a balancearse para generar más roce. Suspiros y jadeos silenciosos salieron de su boca, pero apenas los escuchó por lo concentrado que estaba en el placer.
Se sentía tan bien, deseaba tanto tenerlo dentro de su coño y que Erling lo cogiera hasta que se viniera dentro de él.
—You're so pretty —dijo Erling. Sus dedos recorrieron un camino desde el abdomen de Julián hasta sus pezones. Con la punta de los dedos, tiró de los botones sensibles, haciendo que el argentino se retorciera en su regazo—. I wanted to kiss you when I saw you in the lift.
Julián llevó sus manos al abdomen marcado y terso del otro. Deslizó sus uñas contra la piel, disfrutando la forma en que Erling dejó escapar un siseo. Se inclinó hacia adelante y presionó un beso en el mentón del rubio; no dejó de moverse ni siquiera cuando sintió que su orgasmo estaba comenzando a construirse debido al roce y la estimulación.
—I wanted to do the same. Fuck, Erling, I have been thinking about you since then.
—Yeah?
—Uhum.
—What have you been thinking, baby?
No percibió el movimiento de la mano libre de Erling hasta que la sintió sobre su culo, deslizándose debajo de la ropa interior y tocando la humedad de su zona íntima. Los dedos del rubio se frotaron contra su piel, tentativo y juguetón. Julián exhaló cuando dos de los dedos finalmente ahondaron en la provocación y se hundieron en su coño, el deslizamiento facilitado debido a la humedad.
—Your mouth. —Susurró, mientras el rubio comenzaba a embestirlo con los dedos—. I started thinking about how your mouth would feel in my pussy. I touched myself with that thought.
Los dedos de Erling se abrieron bruscamente en tijeras en su interior, sacándole un gemido profundo que él trató de ahogar. Las paredes del flat no eran tan gruesas como le gustaría y no quería que Enzo escuchara algo al otro lado de la pared. Después de todo, la pared de la habitación de Erling y la suya era la misma.
Enzo se había dormido a medianoche, mientras se quejaba de cada cosa que se le viniera a la mente. Julián no había pensado mucho antes de dejarle su cama, sabiendo que quizás terminaría en una cama ajena y queriendo facilitar las cosas para sí mismo a la hora de salir sin que su amigo se diera cuenta.
En retrospectiva, tal vez debió haber dejado que Erling lo cogiera en el sofá, ya que había menos probabilidad de ser escuchado.
—Come here, then —dijo Erling, sacando los dedos de su coño con un chasquido húmedo—. I will eat you until you come on my tongue.
Julián se estremeció ante las palabras sucias y el pensamiento en su mente, pero se apresuró a moverse más arriba. Recordó que tenía la tanga puesta, y estaba a punto de levantarse para quitársela cuando Erling tiró del borde y la rompió. La tiró a un lado sin darle importancia. Quiso quejarse, pero estaba tan ansioso de montar el rostro del rubio que decidió no decir nada.
De todos modos, tenía más en su guardarropa.
Sus muslos se abrieron alrededor de los costados de la cabeza de Erling, tuvo que agarrarse del respaldo de la cama para estabilizar su cuerpo en esa posición. Los ojos del rubio eran pozos oscuros y llenos de deseo cuando lo miraron. Julián jamás había visto a alguien que lo mirara con tanto deseo y devoción con la que el noruego lo miraba. No iba a mentir, le gustaba bastante.
Mientras enredaba sus dedos en el cabello largo de Erling, que estaba extendido sobre las almohadas, Julián bajó su coño directo a la boca del rubio. Un gemido ruidoso se escapó de sus labios cuando la lengua del otro se deslizó sobre su clítoris de lleno, lamiendo con avidez.
El noruego no esperó por juegos previos o algo similar, sino que se dedicó a lamer toda su humedad. Sus manos tomaron el culo de Julián y lo empujaron hacia adelante, para presionarlo más contra su boca. El argentino se dio cuenta con rapidez que su orgasmo no iba a tardar en llegar, así que no perdió el tiempo en tratar de contenerlo. Cuando la lengua del otro se sumergió en su interior y comenzó a penetrarlo con rapidez y un poco de rudeza, él comenzó a balancear sus caderas al ritmo de las embestidas.
Estaba tan húmedo, se dio cuenta. La saliva de Erling y su propia humedad se derramó de la barbilla del rubio y manchó el interior de sus muslos. Pero lo mejor de la humedad fue el chapoteo que la boca de Erling produjo cada vez que su lengua salía de su agujero y volvía a penetrarlo.
—Fuck, Erling, you feel so good.
El pecho de Erling retumbó mientras gemía. A Julián le dolió la manera en que los dedos de este se apretaron en su carne de sus nalgas, pero no se quejó porque le gustaba. Al siguiente día, la huella de los dedos del otro iba a estar marcada en su piel y entonces podría montar una almohada mientras se acordaba de ese momento.
Un quejido salió de sus labios cuando Erling se alejó durante un momento, la mirada de Julián bajó para encontrar los labios del otro de color carmesí e hinchados.
Su cuerpo se sintió hecho fuego cuando pensó que estaban así porque habían estado comiendo su coño.
—I want you to fuck my face as if you were fucking my cock. Can you do that for me, baby?
Julián asintió rápidamente, encantado con la idea.
El rubio no esperó entonces, sus manos empujaron las caderas de Julián hacia adelante mientras su boca se sumergía en la humedad. Su lengua comenzó a simular embestidas contra su clítoris, así que Julián lo tomó como un incentivo y comenzó a montarlo. A Erling le gustaba cuando él tomaba lo que quería y como lo quería, así que no se molestó en preguntar o pedir permiso antes de comenzar a balancearse sobre la boca del otro como si se tratara de su polla. El golpeteo y la humedad sonó fantástica ante sus oídos, sus dedos tirando del cabello de Erling con fuerza.
Echó la cabeza hacia atrás, mordiéndose los labios para no gemir por lo bien que se sentía. Ya estaban produciendo suficientes sonidos mientras sus caderas se movían de adelante hacia atrás, estimulando su clítoris. Su coño se sentía vacío de una polla, pero se consoló a sí mismo que después de ese clímax podría montar la polla del otro hasta que se viniera de nuevo.
Sus caderas trastabillaron ante el pensamiento. Sus muslos estaban temblando por el placer contenido.
No pudo mantener el ritmo por mucho tiempo, el orgasmo comenzó a formarse en la parte baja de su estómago y se intensificó hasta que estalló. Para su satisfacción, logró montar la oleada de placer a la perfección y sacó un orgasmo maravilloso de su cuerpo.
Erling chupó y lamió ávidamente toda la humedad de su coño como si estuviera hambriento y sediento, no dejó de lamer hasta que la sobreestimulación hizo que Julián se retorciera sobre su boca, mientras su paredes se contraían, sintiéndose vacío por dentro. Su piel punzó cuando el rubio finalmente soltó su agarre.
Sus muslos seguían temblando cuando volvió a su antigua posición en el regazo de Erling. La polla de este estaba más dura ahora, así que Julián deslizó el borde del bóxer ajustado lo suficiente como para sacarla. El glande estaba rojo y húmedo con preseminal, Julián quiso tenerla en la boca pero supo que tendría que esperar a otro momento.
Masturbó a Erling solo para sentir el deslizamiento de la longitud contra el tacto de su mano, sacando suspiros suaves y placenteros de los labios pecaminosos del rubio.
—Julián —Erling murmuró, con voz ronca y llena de necesidad—. Stop playing with me. Just put my cock inside you.
Julián alzó una ceja, mirando al rubio con picardía.
—You want my pussy? You should ask kindly for it.
—C'mon, Juls. You know I want you. Please .
Él mentiría si dijera que no le gustaba ver la mirada de desesperación en el rostro de Erling o la forma en que se veía tan bonito cuando rogaba porque Julián lo cogiera. Si tuviera que elegir una parte favorita en las noches que pasaban juntos, sería esa, porque Erling era débil ante Julián. Le gustaba rogarle aún cuando no tenía que hacerlo. Le gustaba que Julián le diera su atención y lo cogiera bien.
Tuvo la intención de hacerlo esperar y rogar más, pero la verdad es que él también estaba ansioso de sentir el semen derramándose en su interior y la polla enorme abriéndolo y estirándolo. Se alzó sobre sus rodillas, y se movió hasta que estuvo colocado encima de la polla del otro.
No intentó acallar los gemidos que salieron de sus propios labios cuando comenzó a deslizarse hacia abajo. La polla de Erling abrió las paredes de su coño y lo estiró hasta que toda la longitud estuvo en su interior. Julián se contrajo alrededor del grosor, sintiendo un cosquilleo en su estómago ante la profundidad con la que podía sentirlo. La presión en sus paredes se seguía sintiendo extraña. Sin duda dolía bastante, pero había tenido semanas previas para acostumbrarse.
El dolor al inicio se había sentido mil veces peor.
Aún así, le tomó un momento acostumbrarse a la sensación y al estiramiento. Sus palmas se apoyaron en la cintura del rubio, mientras se mordía el labio en una especie de concentración del momento.
Erling lo tomó de los muslos con un agarre fuerte. Su propio labio estaba siendo presionado entre sus dientes.
—Your pussy looks so gorgeous around my cock, baby. —Sus palabras fueron una especie de aliento e incentivo para los oídos de Julián—. It's so tight and good for me.
La curva de su cuello se mostró cuando echó la cabeza hacia atrás, resistiendo el impulso de comenzar a cogerse a sí mismo en la polla del otro. Erling deslizó su mano hacia el interior de sus muslos, sus dedos tantearon el espacio en el ambos estaban conectados a través de la carne y el placer. Ambos suspiraron al mismo tiempo cuando la yema de los dedos rozó el coño de Julián estirado alrededor de la polla.
Su estómago ardió de excitación con el toque. Su cuerpo se sentía como si fuera a deshacerse en los brazos del rubio.
Después de un par de minutos más en los que Erling no dejó de rozar sus dedos entre sus pieles, comenzó a moverse con lentitud sobre su polla. El inicio siempre era el difícil, porque a veces le costaba establecer un ritmo adecuado para ambos. Esta vez, sin embargo, le tomó menos que en otras ocasiones encontrarlo.
Comenzó a subir y bajar sobre la polla, disfrutando de la manera en que su coño se sentía vacío durante un momento antes de empujarse de nuevo sobre la polla. Joder, le encantaba la sensación, y a juzgar por los gemidos de Erling, a él también le gustaban. Pronto, estuvo moviendo sus caderas y cogiéndose a sí mismo. El ambiente entre ellos se sentía caliente y olía a sexo, cuando Julián se inclinó para meter su lengua en la boca del rubio, inhaló el aroma a menta del champú de este también.
Erling gimió en su boca, empezando a empujar sus caderas hacia arriba para encontrar sus penetraciones y cogerlo con más fuerza, todo mientras se besaban de manera húmeda y desastrosa, pero placentera.
Julián se alejó de sus labios entonces, un hilo de saliva conectando sus bocas durante un par de segundos. Se acomodó mejor en la cama y sobre el regazo del rubio, sintiendo que sus muslos estaban comenzando a arder un poco por el esfuerzo. Llevó su propia mano a su coño y comenzó a masturbarse sobre la polla del otro, sin moverse. Su labio sangró en su boca por lo fuerte que se mordió, cuando el placer comenzó a construir un nuevo orgasmo en la parte baja de su vientre, reanudó sus movimientos.
Se cogió en la polla de Erling sin dejar de masturbarse con torpeza, disfrutando de la longitud en su interior, disfrutando de la profundidad y la intimidad entre ellos. De la manera tan carnal, posesiva y placentera en que estaban conectados.
Su cuerpo se arqueó cuando el orgasmo estalló en su cuerpo, estremeciendo cada rincón de su piel. Su coño se contrajo alrededor de la polla del rubio con réplicas del orgasmo. Las manos de Erling lo tomaron y empujaron hacia adelante sobre su cuerpo, su culo se alzó un poco mientras parte de la longitud en su interior se deslizaba fuera, aunque no por mucho tiempo. Erling comenzó a cogerlo con embestidas duras de esa manera, y Julián lo único que pudo hacer fue hundir su rostro en el cuello del otro y derramar sus lágrimas por la sobreestimulación mientras el rubio usaba su cuerpo para su placer.
Elogios suaves y llenos de cariño comenzaron a salir de los labios de Erling cuando las lágrimas mojaron sus mejillas. Susurró en el oído de Julián lo bueno que había sido para él y lo bien que se sentía, lo maravilloso que era, todo sin dejar de empujar su polla en las profundidades del coño del argentino. Julián se dejó endulzar por las palabras lindas, sintiendo que su cuerpo no iba a aguantar mucho antes de comenzar a desfallecer.
Ni siquiera sería la primera vez que se desmayaría mientras el rubio lo cogía salvajemente, pero él esta vez quería sentir el semen del otro llenando su coño hasta que ya no hubiera espacio vacío en su interior.
Debió haber dicho algo de eso en voz alta, porque las embestidas del rubio empezaron a perder su ritmo. Erling empujó profundo y duro una última vez dentro de su coño, justo un segundo antes de que su semen comenzara a derramarse en las entrañas de Julián. Mientras hipaba y exhalaba del placer desbordante, trató de concentrarse en la manera en que el líquido cálido comenzó a llenarlo hasta que se rebosó, deslizándose por los costados de sus paredes y de la polla de Erling.
Se derramó de su coño hasta que Erling llevó sus dedos y comenzó a empujar el semen en su interior en una tarea bastante difícil. Julián dejó caer sus caderas sobre el otro, sin prestarle atención a la incomodidad debido al cansancio.
Empezó a parpadear cuando Erling comenzó a acariciar su espalda.
*
—Te ves horrible, Juli, ¿acaso no dormiste?
Julián negó con la cabeza, bostezando mientras preparaba dos mates. Vio a Enzo a través del rabillo de sus ojos sentarse en los taburetes de la encimera. No eran ni las cinco de la mañana, pero el sol salía demasiado temprano durante el verano en Manchester. Tanto él como Enzo eran de los que estaban despiertos con la luz del sol.
Al Dibu, quien dormía como tronco aunque el mundo se derrumbara a su alrededor, le gustaba llamarlos florecitas, de esas que se despertaban cuando el sol salía.
—Bueno, con ese vikingo gil cogiendo toda la noche y haciendo ruido, apenas pude dormir también. ¿Siempre es así?
—Ujum —murmuró, sintiendo el calor arder en sus mejillas, pensando que ni sus mejores esfuerzos para ser silencioso habían surtido efecto.
—Yo ya me hubiera quejado, Juli. No puede estar arruinando el ciclo de sueño de los demás cada noche.
—No es cada noche —dijo Julián a la defensiva. Se dio cuenta de su error con rapidez, así que trató de corregirlo—. Es de vez en cuando, pero no me quejo porque capaz yo un día traigo a alguien también y soy ruidoso.
—Capaz. Pero, joder, Juli, fueron más ruidosos que las películas porno. Apenas puedo creer lo bien que sonó eso.
—¡Enzo! —Julián le lanzó una mirada irritada.
—¿Qué? Es cierto. Apuesto a que ni las prostitutas gimen como ese tipo con el que estaba anoche.
La vergüenza inundó a Julián, pero trató de actuar como si no fuera así porque no quería que Enzo se diera cuenta de algo.
—Ya dejá de hablar de eso. Asqueroso.
—¡Ey! Si no fui yo quien estuvo de ruidoso toda la noche. —Enzo tomó el mate mirándolo con agradecimiento. Pareció acordarse de algo, porque bajó la bebida cuando estaba a medio camino para darle un sorbo—. ¿Dónde estabas anoche, por cierto? Pasé a tomar agua y no estabas en el sofá.
Julián casi escupió el mate.
—Salí a caminar —dijo con una calma que no sentía, pues se sentía a punto de expulsar su corazón a través de la garganta—. Mucho ruido.
La alarma en su teléfono lo salvó de tener que decir algo más. Enzo se encogió de hombros al final y dijo que iba a hacer algo de comer mientras Julián se bañaba.
El cordobés aguantó la respiración hasta que cerró la puerta detrás de su espalda y le echó el seguro. Eso había estado cerca, pensó mientras se desvestía. De milagro Enzo no se había dado cuenta que no estaba usando la misma ropa que el día anterior y que la ropa, de hecho, era un poco más grande que la suya.
Dejó caer los pantalones de chándal al suelo y abrió la ducha para que la temperatura del agua comenzara a regularse. Se vio en el espejo mientras esperaba y, tal como lo había pensado, las manos de Erling estaban marcadas por todos sus muslos y nalgas. Eran tantas iba a tener que usar licra o pantalón en el entrenamiento, pero eso no fue algo que lo molestó de ninguna manera.
A pesar de que su cuerpo también estaba doliendo, no pudo evitar pensar que la cogida había valido la pena.
