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Abner estaba sentado frente al televisor en el muy pequeño apartamento que Digger y él compartían desde hace algunos meses. Abner jamás habría pensado en que estaría en una situación así, alguien que lo ama y que él también ama. Era un sentimiento nuevo todavía, pero desde que están juntos, Abner se había vuelto más confidente. Él tenía deseos, siempre fue Digger el que expresaba con facilidad los suyos y él quería hacerlo también, pero no sabía como respondería el Australiano.
—Oi, muñeco, ya vine —entró Digger a la habitación con una lata de cerveza en la mano; se tiró sobre el sofá justo al lado de Abner; éste no le respondió, así que preguntó un poco confundido —¿Todo bien?
—Digger... ¿Podríamos tener sexo esta noche?
—Oh, bueno —sonrió ampliamente, tomó un sorbo de cerveza con poco cuidado y respondió —, sabes que puedes tener sexo conmigo cuando quieras, me encanta tener sexo contigo, muñeco, realmente no debes preguntar sólo-
Abner lo calló con una mano sobre su boca, Digger simplemente sonrió en disculpa y lo miró.
—Es sólo que... quisiera estar arriba esta vez —murmuró, desviando un poco la mirada.
Los ojos de Digger se abrieron en sorpresa y con algo de nervios en su voz habló —¿E-eh? ¿Estar arriba?
—No arriba como tú, sólo... —jugueteaba con sus manos —Quisiera montar tu polla y esas cosas.
Digger suspiró en alivio —Oh, vaya, por un momento creí que querías meterme uno de esos penes de plástico en el culo —se rió un poco, rascandose la barba algo avergonzado —Pero ¿Montar mi polla? Mierda ¡Por supuesto, muñeco! Las veces que quieras, podrías sentarte en mi cara incluso, puedes hacerme lo que quieras. Excepto... bueno, ya sabes.
Abner sonrió un poco —Está bien, Digger, sé que no te gusta, y no me molesta, realmente me gusta que, uhm ¿Cómo lo dices?
—¿Te meta la polla hasta las entrañas? —sonrío con lujuria.
—Sí, eso —sonrió también, más tímidamente que osado, pero genuinamente feliz.
—Por eso te amo tanto, muñeco —tomó un sorbo a su cerveza y se levantó —Entonces, te espero en la habitación.
Digger le dio un ligero beso en la mejilla a Abner, mientras caminaba hacía la habitación acarició su entrepierna sobre la tela de su ropa interior en un intento de seducción.
Abner notó eso, sabe que Digger siempre es así; indecente, un intento de seducción que había fallado con tantas mujeres y hombres, pero con Abner había dado resultado. Y es que es la naturaleza agresiva y torpe lo que tanto ama del hombre Australiano, y habían surgido deseos en él de dominarlo, montar su polla hasta dejar a Digger gimiendo y suplicando por más.
Ante estos pensamientos, el placer en Abner crecía y podía sentir su clítoris palpitar con deseo, así que sin esperar más se levantó del sofá, apagó el televisor y entró a su habitación; Digger estaba sentado en la cama completamente desnudo, acariciando su polla.
—Ahí estás, guapo —sonrió —Tengo una pequeña sorpresa para ti.
—¿Qué sorpresa? —preguntó con suavidad.
—Revisa el último cajón, ya sabes, dónde está mi ropa interior.
Abner frunció un poco el ceño, estaba algo confundido, pero hizo lo que Digger le pidió; al abrir el cajón encontró un collar de cuero y una correa, era demasiado ancha para un perro.
—Pensaba en usarla contigo —murmuró, levantándose de la cama, se acercó a Abner y lo abrazó por detrás, después susurró en su oído —Pero ahora que quieres estar arriba creo que sería bueno que me lo pongas.
Abner tomó el collar y la correa, girandose un poco para mirar a Digger.
—Creo que eso me gustaría.
La sonrisa de Digger creció —¿Entonces qué esperas, muñeco? Vamos, házme tuyo.
Después de decir eso, le dió una ligera nalgada a Abner, aunque Digger no esperó que el otro retuviera su mano ahí; en su trasero.
—Estadísticamente, para la mayoría, los buenos modales son más atractivos en un hombre —murmuró Abner, presionandose contra el cuerpo de Digger, quedando frente a frente.
—¿Ah sí, chico listo? ¿Y tú que opinas? —sonrió con lujuria, frotando su entrepierna contra la de Abner aún cubierta por la tela de su ropa.
Abner lentamente colocó el collar alrededor del cuello ancho de Digger, aprovechando para descansar sus brazos en sus hombros.
—Me gusta lo indecente —murmuró besando los labios de Digger —Pero creo que hay que corregir de vez en cuando.
La sonrisa de Digger solo se hacía más grande —Mierda, sí, enséñame modales, muñeco.
Abner tiró de la correa, no lo suficiente para lastimar —De rodillas.
Digger sonrió, pasándose la lengua por delante de los dientes y mordiendola ligeramente, obedeció y cayó sobre sus rodillas en el suelo, mirando como Abner comenzaba a bajar sus pantalones junto a su ropa interior; su vulva ahora expuesta frente el rostro de Digger, casi podía saborearlo.
—Mierda, muñeco, que buen aperitivo tienes ahí para mí —su voz era profunda, llena de lujuria.
—Ven —su voz seguía siendo suave, aún cuando tiró de la correa mientras se dirigía a la cama. Se sentó y Digger gateó hasta quedar de rodillas frente a Abner —Hazme sentir bien.
Digger lo miró, aún sonriendo, se acercó y dió una suave lamida al clítoris de Abner haciéndolo temblar un poco de placer. Las manos delgadas del metahumano pronto se posaron sobre la cabeza de Digger, acercándolo y teniéndolo contra su vulva, sintiendo los labios y la lengua del Australiano saboreando y tocando tan hábilmente su clítoris; algunos gemidos comenzaron a escapar de los labios de Abner mientras presionaba a Digger contra él, sin darle oportunidad de tomar aire.
Después, finalmente lo alejó un poco; tiró de los rizos dorados para alzar su rostro, Digger se lamió los labios mientras miraba a Abner.
—Mierda, cariño, podría comerte durante horas —jadeó ligeramente.
—En otra ocasión, Digger —habló suavemente, acariciando el rostro de Digger, desde su cabello hasta su barba —Pero... Sigue hablando así, me gusta.
—Lo que ordenes, muñeco.
Entonces Abner se subió completamente a la cama, jalando de la correa para que Digger hiciera lo mismo; y una vez que lo hizo, lo empujó contra el colchón, sentandose sobre él.
—Bien, ¿Qué puedo hacer ahora por ti, amor? —murmuró Digger, tocando las piernas desnudas de Abner ligeramente.
—Me gustaría que... Suplicaras un poco —volvió a hablar con esa voz suave, pasando sus manos sobre el pecho peludo y bien definido de Digger.
El Australiano sonrió ampliamente ante eso, se hizo el tonto —¿Déjame follarte?
Abner tiró de la correa —Intenta otra vez —se frotó contra la erección de Digger haciéndolo temblar ligeramente.
—Por favor, déjame follarte —gruñó.
Abner volvió a tirar de la correa, frotándose ahora contra la pierna de Digger, dejando su erección totalmente descuidada.
—Otro intento —gimió un poco.
—Muñeco, por favor, déjame follarte, por favor, s-seré un buen chico, vamos —jadeó desesperado.
—Ultimo intento —gimió, abriendo un poco las piernas para que Digger observara su vulva, comenzó a acariciarse a si mismo, asegurándose que el Australiano mirara.
—M-mierda, por favor, por favor déjame sentirte alrededor de mi. Déjame llenarte, muñeco, por favor, seré un buen chico, por favor —jadeó completamente desesperado y hambriento, retorciéndose ligeramente.
—Eso es —sonrió ligeramente, inclinandose para besar a Digger, agarró las muñecas y apartó las manos del Australiano de sus piernas —Pero no me podrás tocar.
Los ojos de Digger se abrieron, casi decepcionado —¡¿Qué?! No, déjame tocarte, por favor, muñeco.
Abner puso un dedo sobre los labios de Digger, callandolo. Negó con la cabeza.
La repentina confianza y dominancia de Abner sorprendió un poco a Digger, no era la clase de actitud que el Australiano tenía al dominar, no; Abner era calmado, su simple mirada hacía sentir a Digger un cosquilleo recorrer su cuerpo.
—Me tocarás cuando lo diga —murmuró suavemente, su respiración era agitada pero mantenía su compostura.
Entonces Abner colocó el miembro de Digger justo en su entrada, frotándose ligeramente contra la erección. Digger jadeó desesperado, a pesar de que las manos del otro ya no sostenían sus muñecas él las mantuvo sobre su cabeza. Entonces Abner comenzó a descender, sintiendo la erección del Australiano entre sus paredes; abriéndolo. Ambos gimieron ante la sensación.
—D-Digger... —gimió casi destrozado, apoyando sus manos sobre el pecho del Australiano, cerrando los ojos con fuerza y mordiendo sus labios.
—Está bien, muñeco, sigue... Mierda, sigue, por favor —sintió la necesidad de sostener las caderas de Abner y follarlo duro, pero esta era la noche de Abner, el debía tomar las riendas —Lo haces bien, vamos, quiero sentirte, montame hasta que no pueda más.... Destrozame...
Abner levantó sus caderas ligeramente y volvió a bajar, está vez más rápido, ambos gimieron desesperados. Comenzó a marcar un ritmo y poco después estaba montando a Digger con un ritmo duro y rápido, apoyándose del pecho ajeno.
—¡Oh, joder! Se siente tan bien, mierda —los gruñidos de Digger solo despertaban más el deseo en Abner.
—¿Q-quieres que te destroce? ¿Quieres que te haga mio c-como tú me haces tuyo? —jadeó Abner, mirando a Digger mientras seguía follandose en su polla.
El Australiano asintió con entusiasmo, gimiendo y mordiendose el labio. Era un desastre; los rizos dorados pegados a su frente por el sudor, esos ojos azules casi oscuros por la lujuria —S-sí, joder, amor ¡Hazme tuyo!
Entonces una ligera sonrisa retorcida se dibujó en el rostro de Abner, comenzó a rodar sus caderas para generar más fricción, apoyándose con una mano sobre el pecho de Digger y con la otra acariciando su clítoris mientras seguía montandolo. Su cuerpo tembló un poco, casi derritiendose por el placer, sabe que no aguantaría mucho.
—¡D-Digger! —un grito lleno de placer salió de su boca cuando sintió su orgasmo llegar, presionando sus caderas con fuerza para enterrar el miembro de Digger lo más dentro que pudiera. Arqueó la espalda y echó la cabeza para atrás mientras jalaba de la correa con fuerza.
Después de uno segundos de componerse, se inclinó para besar desesperadamente a Digger, jaló de su correa y envolvió sus piernas en sus caderas; rodando sobre la cama para que Abner esta vez estuviera abajo.
—F-follame ahora —tiró te la correa para acercar a Digger, sus labios tan cerca pero sin tocarse —Pero no te corras hasta que lo diga...
Digger asintió con entusiasmo, su rostro aún lleno de placer; rodó sus caderas para comenzar a follarlo, sin embargo, Abner jaló fuertemente de la correa provocando que el torso de Digger casi colapsara.
—Repite lo que dije... —dijo suavemente, acariciando los fuertes brazos del Australiano para provocarlo.
—Y-yo... No me correré hasta que me lo pidas, amor... S-seré un buen chico —gimió, levantándose un poco para mirar el rostro de Abner —Mierda, ¿Puedo follarte ahora?
Abner sonrió, envolvió sus piernas al rededor de la cintura de Digger, enterrandolo más dentro de él con fuerza; el rostro del Australiano tenía una expresión llena de placer; al sentir a Abner apretando alrededor de su erección se sentía en el cielo, sus ojos se cerraron con fuerza y jadeó desesperado.
—Sí —suspiró Abner, jalando de la correa para que la brecha entre sus cuerpos se cerrara por completo —Follame, Digger.
No necesitó de nada más para comenzar a mover sus caderas, abrazó a Abner mientras lo follaba con un ritmo fuerte, rodando sus caderas para que Abner pudiera sentir cada centímetro de la erección de Digger dentro de él. El Australiano era un desastre, follando desesperadamente a Abner.
—N-necesito... M-mierda, amor, necesito correrme —jadeó contra el cuello de Abner.
—Está bien, p-puedes hacerlo... —gimió Abner, abrazando a Digger, sus manos en lo rizos del Australiano para mantener sus rostros cerca, entonces susurró en su oído —Lléname...
Los dedos de Digger se aferraron al cabello de Abner mientras presionaba profundamente dentro de él, corriendose dentro, la fricción hizo que Abner terminara por segunda vez, arqueando la espalda y jalando de la correa.
Finalmente, Digger colapsó sobre Abner, frotó su rostro contra el cuello ajeno y tarareó satisfecho. Los dedos de Abner acariciaron sus rizos con suavidad.
Abner dudó un poco, pero murmuró con suavidad —Buen chico.
Digger suspiró contento, acariciando la piel pálida de Abner mientras besaba su cuello —Mierda, muñeco, de verdad te amo.
—Yo también, Digger —murmuró, aún acariciando los rizos del Australiano.
—Hmm, jamás creí que fueras capaz de dominarme de esa forma. Pero, mierda, me encantó —se levantó lentamente para besar a Abner en la mejilla —Deberías hacerlo más seguido.
Abner sonrió suavemente —Eso me gustaría.
