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Vacío

Summary:

— Big Q. — Le llamó una voz rasposa por su apodo como de costumbre, posicionándose sobre los papeles y cartas que Quackity estaba manipulando, estaba seguro de que eran documentos importantes por la expresión que había soltado, aunque podría ser solo fastidio. — ¿Por qué tapa su ojo con un parche? — Y aunque soltó aquella pregunta sin malicia, dentro de lo que Wilbur podría ofrecerle, por la reacción que tuvo Quackity supo que había tocado un tema sensible.

 

Donde Quackity no tiene un ojo y Wilbur es un enfermo.

Notes:

hola ! quisiera aclarar que en este fanfic no se shippean ccs, solo cubitos. también que esto es un rotundo dead dove donde [SPOILER] wilbur penetra la cuenca ocular vacía de quackity así que si no te gustan los temas explícitos no lo leas. me inspiré en el juego slow damage para esto, y no soy doctor así que no sé si esto es anatomicamente posible.
si le mandan esto a los ccs, voy a borrarlo.

un saludo a mi compadre albert, que por él escribí este fanfic. no es nada serio y no lo edité así que no beta we die like wilbur.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Wilbur entró a la oficina de Big Q como si fuera su casa, su propiedad, notando una pesadez en el ambiente que lo hizo querer retroceder por un momento, Quackity estaba teniendo uno de esos momentos de nuevo.
La audacia de interrumpir ya era una costumbre para él, apestando el lugar a cigarro y jugando con los adornos de la habitación mientras le hacía preguntas tontas que terminaban siendo ignoradas por el receptor. "¿Puede darme la ciudadanía?", ¿cómo están sus esposos?", un interrogatorio que nunca llegaba a ningún lado, y que cuando se cansaba de ser tan molesto para Quackity o de ser ignorado, tomaba siestas en el sofá que quedaba justo frente a su escritorio, como si no estuviera amenazado por estar en un lugar del cual le prohibieron la entrada. Wilbur era como la mascota que nunca jamás quiso tener, o más bien un demonio del cual no quería saber nada, pues no le convenía hacer algo para deshacerse de él, iba a permanecer ahí, contra su voluntad.

— Big Q. — Le llamó una voz rasposa por su apodo como de costumbre, posicionándose sobre los papeles y cartas que Quackity estaba manipulando, estaba seguro de que eran documentos importantes por la expresión que había soltado, aunque podría ser solo fastidio. — ¿Por qué tapa su ojo con un parche? — Y aunque soltó aquella pregunta sin malicia, dentro de lo que Wilbur podría ofrecerle, por la reacción que tuvo Quackity supo que había tocado un tema sensible. Su silencio decía mucho y llenaba el vacío entre ambos, exponiendo su incomodidad en demasía, chasqueando su lengua y mostrando una mueca de dolor mientras se cristalizaba su mirada. Dolor emocional, no físico. Suspiró como si estuviera a nada de sollozar, como si la cuerda fuera a romperse. Un suspiro distinto a los sentimientos coléricos del pelinegro.

Oh.

¿Por qué se le revolvía el estómago al verlo así? Y al mismo tiempo, se encendía algo en él, era agridulce tenerle tanta lástima.

Wilbur conocía a Quackity más que a nadie. Aunque en realidad no lo conocía personalmente. Era tener todo y nada al mismo tiempo, había algo de ese vacío que lo llenaba. No podría decirte cuál es el pasatiempo favorito de Quackity, pero si la posición de cada uno de la infinidad de lunares que tenía en la espalda, o como le gustaba ser dominante y solo lograba tener una erección si maltrataba a Wilbur cada una de las veces que éste último lo lograba sacar de quicio cuando rozaba sus límites. La manera en la que podría azotar su espalda hasta sangrar, ser cruel mientras se preocupaba por el bienestar de Wilbur, obligándolo a usar palabras clave por que "no quería lastimarlo". Conocía su cuerpo desnudo tan bien como su mal carácter, sin embargo desconocía sus preocupaciones y su pasado, incapaz de siquiera consolarlo.

Sonrió para sí mismo, evidente para Quackity. Había encontrado otro punto débil, solo le faltaba tornar la situación a algo sexual, pues la única afinidad que tenían era meramente a través del sexo, si es que a la clase de cosas que hacían juntos podía llamarse así y los sentimientos del menor era terreno desconocido, aterrador para Wilbur.
Nunca, jamás, se permitía mostrar debilidad ante él, y hasta ahora le había funcionado perfecto, siempre preparado para esquivar con éxito cualquier comentario hiriente de Wilbur.

— Quackity. — Ahora, no era tan común que Wilbur lo llamara así, por que, según el pelinegro, odiaba la manera en la que sus labios pronunciaban su propio nombre y prefería ese tonto apodo que le había puesto, por lo menos mostraba dominancia sobre él con un título que quizás le sobraba, "Gran Q". Lo miró fijamente a los ojos, desafiando a su ira, jugando con sus límites al sonreírle tan descaradamente mientras que Quackity luchaba contra el peso de sus recuerdos. Una tensión de ambos partidos se percibía fuerte y claro, la incomodidad le respiraba en la nuca a los dos.

Un pico de diamante, el dolor y el adormecimiento que llegaba después acompañado de un sabor a hierro en la punta de su lengua, una oscuridad parcial tras la pérdida de la vista, una ola de cansancio en su cuerpo y las ganas de vomitar al probar su propio sabor. El odio que sembró en su ojo disfuncional que habría servido como su pago ante su adicción al juego. Si bien no había perdido el ojo completamente durante su pelea con Technoblade, se lo habían arrancado por completo tras un arranque de manía y desesperación durante un simple juego de Póker. Todo eso podía resumir la mirada cristalina de Quackity, apartando la mirada sin éxito, con miedo a contarle aquella leyenda a Wilbur a través de ella.

Lo que le hacía más divertido era que detrás de todo ese misterio, era un hombre muy fácil de descifrar, manipulándolo con distracciones como pasar sus dígitos por las manos ajenas, jugueteando con éstos hasta que dejasen de temblar.
Quackity cargaba con tanta sed de contacto que siempre caía en la misma trampa de Wilbur, como si el dominante fuera otro, como un engaño. Aprovechó la distracción que había generado para tomar el rostro de un Big Q a punto de sollozar. Sus expresiones cambiaron bajo las caricias proporcionadas por Wilbur, podría jurar que estuvo a punto de ronronear de no ser que los patos no pueden hacerlo, y por que parecía que quería romper en llanto. Romperse, en general. Desconocía que fuese tan fácil destrozarlo.
Plantó besos en sus lunares, haciéndolo caer casi como en un trance, supo que algo andaba mal con Big Q cuando existía una facilidad para manejarlo, incluso estando de mal humor. Quizás los cambios tan bruscos eran producto de un síndrome de abstinencia pues no era la primera vez que trataba de dejar los malos hábitos atrás, ¿qué tan malo era tomar ventaja de eso?
Quizás había algo mucho más serio detrás que hacía que todo supiera tan agridulce. No era su manera preferida de hacer las cosas.

— ¿Me permitiría verlo? — Suplicó, solo un poco bastaba para que Quackity le siguiera el juego en ese momento, aproximando la punta del pulgar lo suficiente para sentir el cuero del parche. Perfectamente calculando sus tiempos, asegurándose de que no sea demasiado tarde, o precipitado, aprovechando cada oportunidad que su debilidad le permitiese llenar el hoyo que la falta de cariño del pelinegro le dejase.

Quackity rezongó al tomar la muñeca ajena, parando cualquier acción de su parte y evitando que llegue más lejos, su silencio resguardaba su orgullo. — Perdí la vista en una pelea. — Rompió su propio silencio, pensando que tal vez Wilbur se callaría si le daba todos y cada uno de los detalles. Sabía que ese dato no era suficiente, si bien adoraba su privacidad, s pelea con Technoblade había sido de dominio público, Wilbur sabía por qué perdió la vista. Nunca diría nada que podría ser usado en su contra. — Luego aposté mi propio ojo, de todos modos esa mierda ya no servía.

— Quiero verlo. — Su curiosidad seguía ahí, para su desgracia y su poca paciencia. Asintió, con orgullo, pero cedió el paso. Desató el nudo que sostenía el parche en su lugar, revelando su otro ojo, aunque lo mantenía cerrado. Además de mareado, se sentía atrapado y sin opciones cuando su mente era invadida por recuerdos no deseados y la ansiedad, si le dejaba verlo, iba a callarse. Wilbur era fácil de callar, era simple brindarle satisfacción y solo debía soportarlo hasta que lo olvidara.

¿Eran fáciles de callar, o solo se conocían demasiado bien?

— ¿Me está guiñando el ojo? — Preguntó, bromista, acompañado de una risita, aunque a la única persona a la que le había parecido gracioso fuese a Wilbur, Big Q mantenía su orgullo inquebrantable ni por que estuviese a punto de desmoronarse. Aproximó su pulgar al ojo, paseándolo por encima de su párpado, sus labios declarando sorpresa al sentir algo diferente, estaba vacío.

Obviamente. Quackity no bromeaba ésta vez.

Y sin entenderlo, estaba conmovido, sus sentidos extrañamente adormecidos ante la adrenalina, sus acciones guiadas completamente por su curiosidad, finalmente presionando en la cuenca vacía del pelinegro. Optó por besar al contrario para ocupar sus labios de alguna manera, se había cansado de pasar su lengua por sus propios labios y de las ansias que tenía de tomarlo al notar su semblante afligido.

Incluso si iba demasiado lejos al jalar su parpado inferior en un intento de introducir su pulgar, su pensamiento permanecía siendo el mismo; solo debía aguantarlo y una vez que termine, dejará de preguntar, dejará de arrugar sus documentos, dejará de subirse a su escritorio para molestarlo, podría castigarlo después, podría desquitarse con la violencia que frecuentaban. Conforme su sensibilidad aumentaba, ese pensamiento desaparecía, dejándose llevar, olvidando la causa principal. Wilbur se encontraba sentado frente a Big Q, apoyando uno de sus pies en la silla donde el menor se posaba, posicionándolo justo al lado de su rodilla. La posición era incómoda para Wilbur debido a la diferencia de altura entew ambos, sin embargo, le resultó también ser accesible en el momento en el que su dedo pudo entrar por completo dentro de la cuenca vacía, robandose quejidos por parte del menor hasta que rompió el beso y creó una nueva distancia entre ellos para permitirle respirar, sin necesidad de que Wilbur moviera su pulgar de donde se encontraba. Con cada movimiento, le robaba sonidos de incomodidad y otros de placer, estaba tan confundido como él.

"Se sintió bien" , soltó al aire, cayendo sobre los labios ajenos casi como un beso debido a la distancia, dijo sin pensarlo pues su mente era ocupada por una sensación alivianante debido a la falta de oxígeno que le provocaba su respiración agitada, entre jadeos y un susurro, casi tan inaudible para Wilbur que creyó que lo había imaginado producto del éxtasis. Imaginó de todo, esperaba sensaciones que le generaran disgusto, excepto algo placentero.
Quackity tomó la iniciativa de profundizar el beso en un intento de silenciar los quejidos, pues Wilbur comenzaba a mover su pulgar dentro de la cuenca con más brusquedad, casi como una embestida.

Por diversión, el pie del mayor se encontraba presionando la entrepierna de Quackity, robándole sollozos que le generaban lástima, notando como su erección crecía, para el pelinegro ya era casi imposible mentir sobre cómo se sentía, solo había una respuesta correcta. Aunque Quackity usara colores, amarillo para ir despacio, verde para seguir y rojo para parar, tal vez no sería lo mismo por parte de Wilbur, ignorando cualquier súplica que soltara el menor entre jadeos, demasiado concentrado en la sensación glutinosa, a la par del menor que se enfocaba en no ser demasiado evidente. Su cabeza comenzaba a ser más pesada, casi como si perdiera el conocimiento aunque solo se dejaba ir, Wilbur tomando su nuca para sostenerlo con mayor facilidad a causa de eso.

La silla era lo suficientemente grande para que Wilbur se pudiera sentar en el regazo de Big Q, enfocándose en continuar lo que sea que hacía con la erección ajena, Quackity estremeciendose debajo de él, arqueando su espalda cuando una lengua ajena se daba paso en la cuenca sin previo aviso, clavando sus uñas en la espalda del mayor mientras deseaba que ésta última se encontrara desnuda para causarle aunque sea una pizca de dolor, algo que le resultaba placentero al castaño.

El aliento de Wilbur contra su semblante y los sonidos húmedos que causaba su lengua dentro del espacio vacío lo mantenía exaltado, jalando de su camisa, de su cabello, de sus hombros, de lo que tuviera más cercano, llegando lo más profundo que pudiese. Un sabor a hierro floreció en la boca de Quackity, había estado mordiendo sus labios para guardar silencio, añorando los besos de Wilbur y los mordisqueos que dejaba entre ellos.

El mayor finalmente sacó su lengua dejando un hilo de saliva cuando sintió los dígitos ajenos cerca de su entrepierna, desabrochando su cinturón, bajando la cremallera, paseándose por encima de su ropa interior y generando espasmos, un hormigueo en su espalda baja que evidenciaba lo hambriento que estaba por más contacto, específicamente, el de Big Q. Juraba que podría correrse con el roce de sus dedos sobre su glande, aunque estuviera una capa de tela de por medio impidiendo el paso.
Tomó su muñeca para pararlo, estaba cerca y no quería verse tan desesperado, especialmente cuando el que había estado recibiendo el juego previo, por más insalubre que fuese, había sido Big Q.
— ¿Quién te dio permiso de pararme? — Le gruñó el pelinegro como respuesta, Wilbur soltando el agarre al instante en el que le mostrara sus dientes.
— Regresa a el escritorio. — Le ordenó y él fue obediente, levantándose del regazo del pelinegro, confundido pues su dinámica era una pelea por dominancia constante. Se sentó sobre la orilla de madera, aunque no por completo, manos a ambos lados de su cadera y su cabeza hacia atrás, intentando relajarse al tomar grandes bocanadas de aire.

Quackity bufó al levantarse del asiento y ponerse de rodillas frente a Wilbur, como burlándose de la sensibilidad del mayor. "Lo disfruta más que yo. ", pensó.

Se atrevió a pasar la lengua sobre el bálano ajeno tan pronto como se deshizo de la tela que estorbaba, Wilbur teniendo pequeñas reacciones que le parecían tiernas a Quackity, como dar golpecitos contra la mesa con su dedo índice, o acariciar la cabeza del pelinegro sobre el gorro, decir toda clase de cosas inaudibles y sin sentido al mínimo tacto. Al área que bombeaba palpitando cuando el menor lo glorifibaca, recordandole que era un buen chico para luego amenazarlo con castigos si desobedecía, tentando a un Wilbur azorado, borracho ante tanto regodeo. Era tan fácil satisfacerle, castigo o premio eran sinónimos para él, quizás estaba siendo demasiado amable con alguien tan enfermizo como Wilbur.

Tomó el miembro con su boca, procurando respirar por la nariz lo más que pudiera en un intento de no ahogarse ni atragantarse tan pronto. Aunque no quisiese admitirlo, prefería dar a recibir una felación por parte del mayor. Era exclusivo para Wilbur, quién era extrañamente gentil al guiarlo y mover sus caderas, quizás por miedo a hacerlo enfadar y que Quackity lo dejara a mitad de camino. No era enorme, pero si un tamaño mayor al promedio, propio de un hombre que le sacaba unos 20 centímetros de altura. Le hacía el trabajo complicado, pero nada imposible, tosiendo al principio mientras lograba acostumbrarse, siempre dejándole un dolor en la mandíbula que le parecía placentero más que una molestia. No debía hacer mucho para sentir el glande entrando a su rozando la campanilla, sin embargo nunca había logrado que sus labios rozaran la base.

— Ahhh, Big Q. — gimió su sobrenombre al acariciar su rostro, aquellas mejillas tintadas con un rosa tenue, su estómago cosquilleando al notar que aún había rastros de saliva cerca de su ojo, sus pestañas se humedecían en la mezcla de sus lágrimas y el fluido ajeno, el sentimiento incrementaba cuando Quackity hacía contacto visual con él con una expresión entre su ira tan característica y una un poco más sumisa, con el seño fruncido cuando comenzaba a atragantarse con el miembro de Wilbur. Las caricias que le proporcionaba, junto con una respiración controlada, hicieron que entrara en un trance, ayudándolo a seguir el ritmo del vaivén, guiado por Wilbur quien ya se había deshecho del gorro de Quackity, enredado completamente sus dígitos entre los cabellos negros del menor, evitando que el cabello tapara aquella vista que le deleitaba. Si dijera que Quackity no le parecía atractivo, estaría mintiendo, por que estaba obsesionado con sus lunares y las pestañas largas, cuando terminaba con los labios hinchados después de comerle la boca y la manera en la que ponía los ojos en blanco cuando Wilbur iba demasiado profundo en su boca, indicador de que quería vomitar.

Le dejó el trabajo al mayor, quien estaba más parado que sentado sobre el escritorio, con manos ajenas sobre su cadera que buscaban seguridad. Siguió presionando sobre la erección desatendida de Quackity, evitando caer al apoyarse levemente contra el escritorio, robando uno que otro gemido por parte del chico, las vibraciones de su garganta se sentían bien en su pene.
La velocidad con la que embestía su boca anunciaba que estaba cerca, el pelinegro estaba acostumbrado a que éste eyaculara dentro sin avisar, habían ciertos gestos que indicaban lo obvio, como los gruñidos que emitía o cuando hacía a un lado los cabellos estorbando en la frente del pelinegro con los dedos temblorosos, su insistencia al contacto visual era la más evidente pues le gustaba ver la reacción de Quackity mientras lo hacía. Sin embargo, tuvo una mejor idea, un pensamiento que quizás solo le agradaría a él mismo.

Se separó de Quackity, éste último mencionado chasqueando la lengua ante el cambio tan repentino, sabía que se arriesgaba mucho al tomar el mínimo control sin su permiso.
— Déjeme hacerlo, por favor. — Suplicó al menor, aunque no entendía bien qué era exactamente lo que estaba pidiendo al principio, adoraba cuando estaba exasperado al punto de rogar por lo que sea. Sonrió mostrando sus dientes, mostrándole una mirada pícara que lo sacaba de quicio, pues significaba que pedir por favor las cosas no era suficiente.

— ¿Hacer qué? — Preguntó desafiante, aún con falta de aire, voz ronca posiblemente por la felación, había sido más rudo que se costumbre.

Miró a su alrededor en desespero, buscando una palabra en su mente, algo con qué nombrar la acción que quería cometer. Posicionó la punta de su pene encima de sus párpados, la falta globular de nuevo recordandole el vacío detrás de sus pestañas.
"Estoy siendo demasiado amable. " pensó de nuevo, era una frase que lo estuvo molestando desde el momento en el que le dejó entrar a la habitación, pero es que lo que Wilbur quería hacer.

No.

Ambos querían hacer, literalmente, no tenía nombre, no era algo que ellos supieran. No era común tampoco.

— ¿Quieres entrar? — Preguntó el pelinegro en un tono falsamente compasivo, jugando con los sentimientos del chico al abrir el párpado superior entre sus dedos, podía jurar que el corazón de Wilbur se le salía del pecho en ese instante.
— ¡Por favor! ¡si! ¡quiero entrar! — El castaño tragó saliva entre súplicas, asintiendo repetidas veces. — He sido un buen chico, he sido obediente ¡por favor! —
Acompañó.

Quackity le dió una palmada en la espalda baja, entre ellos sabían que esa era una señal permisiva que él poseía. Respiró hondo y profundo, no tenía idea de si la sensación iba a ser agradable para él pero estaba dispuesto a probarla, jalando de los pantalones del mayor debido al nerviosismo cuando Wilbur comenzó a empujar. Era obvio que no iba a caber todo dentro de la cavidad ocular, sin embargo estaba satisfecho con lo que lograba entrar; un poco menos de la punta del glande, su área más sensible.

No era igual que los dedos, era algo más complicado de digerir, soltando lágrimas a la par de quejidos silenciados por un Wilbur impaciente cuando sintió algo parecido a las ganas de vomitar. No era algo que exactamente estaba disfrutando, pero era un desperdicio parar.

Supo que todo había terminado y podría desquitarse con él después cuando Wilbur soltó un par de ruegos sin sentido, seguido de la sensación del líquido caliente dentro de la cuenca vacía, el castaño empujando un poco más profundo de lo normal debido a los espamos del orgasmo y retirándose ante las quejas de Quackity quién se había equivocado al creer que el mayor estaba satisfecho.
Lo tomó por su camisa, posicionándole sobre su asiento una vez más, inclinándose hacía él para plantarle besos cortos, pero con ternura, lamiendo los labios ajenos en el último beso, antes de dirigirse al vacío, metiendo su lengua de nuevo, ésta vez queriendo limpiar el desastre que había dejado.
Como si se tratara de un perro, Quackity lo había "entrenado" para que siempre limpiara los "desastres" que Wilbur causaba, cayendo tan bajo al punto de lamer la suela de un zapato si era necesario. Se había acostumbrado a su propio sabor en su boca, incluso llegando a compartir de éste sabor con el pelinegro, invitándolo siempre con un beso.

Ahora el desastre era Quackity, estaba siendo recompensado por no vomitar hacía unos momentos. Sin importancia, soltó un sin fin de maldiciones, algo característico de él cuando perdía la cabeza ante el placer. Wilbur atesoraba cada vez que podía arrebatarle esos sonidos, sintiendo lástima al crear una distancia entre ellos una vez que había terminado de "limpiar".

— Abre. — Le ordenaba, el castaño sabía a lo que se refería; le gustaba que abriera la boca para que le mostrara como se tomaba su propio semen.

— Buen chico. — Lo glorificó al ver exactamente lo que esperaba, pues sin importar la práctica que hicieran, había ciertas cosas que a Quackity le gustaba seguir, como un ritual. Juraba que si Wilbur fuese un híbrido de perro, no pararía de mover la cola ante los elogios.

Se puso de pie, con dificultad, había pasado bastante tiempo de rodillas y su pene aún seguía erecto. Si mimaba demasiado a su perro, se convertiría en un caprichoso y malcriado.
Lo empujó contra el escritorio, ya no le importaba lo que le pasaran a sus documentos, era su turno y casi como un reflejo, su rodilla impactó contra la ingle de Wilbur, poniéndose de rodillas mientras de lloriqueaba por el dolor y Quackity lo tomaba del cabello con brusquedad, obligándolo a hundir su rostro contra la erección del menor.

Sigo yo.

Notes:

me quiero vomitar ngl.