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AÑORANZAS EN LA OSCURIDAD
A veces camino por las calles de los lugares donde he vivido, siendo que en mi eternidad mi única y verdadera fiel compañía son los recuerdos.
Deambulo y también sueño.
Vuelvo así a otras épocas, a tiempos lejanos ya, a otros siglos, costumbres y compañeros… cuando Claudia estaba junto a mí.
Y empiezan así mis añoranzas… los remordimientos del pasado, mis pensamientos sobre lo que pude hacer mejor y de lo que no fui capaz.
Como el haber sido demasiado ingenuo al no darme cuenta de las malas intenciones de Lestat desde un principio, antes de arrastrarme al infierno con él… o el no poder salvarla después a ella…
A aquella niña de rizos dorados que se transformó en mi motivo para seguir en medio de esta inacabable oscuridad… Aquella que aun a pesar de no poder crecer se volvió en personalidad una mujer deslumbrante. Mi amiga y mi amada, quien me devolvió la luz del sol dentro de mi alma, quitándome la necesidad de volverlo a ver. La única razón por entonces de mi existir.
Cuanto me duele rememorar aquello sin importar cuánto pase el tiempo, así como la causa de su obligado deceso y quienes lo provocaron. Aquellos malditos a los que luego con mis propias manos me encargué de ajusticiar.
Siempre hervirá por esto la furia dentro de mis venas y existirá rencor en mi interior, pero sobre todo la llevaré a ella tatuada en mí y no me refiero a físicamente. Eso es y será mi mayor condena… incluso peor que ser relegado a vivir entre las sombras.
…Hay noches claras como ésta, que es cuando más la recuerdo…
La tersura de sus dorados rizos, su tierno cuerpo menudo, su sonrisa, sus frases, sus gustos… La pequeña que rescaté de una vieja pandemia para exponerla a otro destino aún más triste. Arrancándola de su inocencia y bondad para sumirla en un universo de tinieblas, al darle un beso mortal.
Supongo que mi capacidad de memoria es igual de afinada que mis sentidos vampíricos pues a veces me parece como si todo hubiese sido solo ayer. El tiempo también se percibe transcurrir diferente cuando eres un ser de la noche… y por ello procuro conservar con excepción de estas, principalmente las buenas memorias. Priorizarlas dentro de mi cabeza o de lo contrario me volvería loco.
En este caso, me quedo con las anécdotas de los años felices y tranquilos que vivimos juntos, viajando los dos solos, tratando de hallar nuestro lugar perfecto en el mundo. Llegando a creer inocentemente que tal vez éramos los únicos de nuestra especie que quedaban sobre la faz de la Tierra.
“Claudia, Claudia…” Se llamarla anhelante cuando su etérea imagen aparece en mis sueños durante mis descansos, esperando que así sus gritos de agonía, lo último que escuché de sus labios, puedan aplacarse dentro de mi mente, y entonces, espero que dónde quiera que esté, que de seguro debe ser lo más recóndito del infierno, pueda encontrarse no del todo mal y a salvo. A salvo de este mundo en el que no pude protegerla.
En noches como ésta (como mencioné), bañadas de luna llena, tal como le encantaban, es cuando más me hace falta. Porque descubrí que al igual que en la vida, en la eternidad perder a un ser amado jamás deja de doler.
Y de pronto me imagino como sería si todavía siguiese a mi lado en estos días. Como luciría. Quizá su cabello, con el que tanto batallaba por no poder cambiarlo, podría con la modernidad cosmética tornarse lacio. Me imagino así la longitud que éste tendría y lo brillante que se le vería bajo la luz artificial; además cómo se vestiría, habiendo actualizado sus gustos según la moda.
Lo que me lleva enseguida a preguntarme también el cómo hubiese sido de tan solo encontrarla siendo un poco más grande. Tal vez adolescente, porque tal vez así no hubiese sufrido tanto con el paso del tiempo debido a su congelada apariencia; y tal vez entonces hubiésemos podido convivir en algunos lugares como una pareja normal, sin tener que cuidarnos de despertar tantas especulaciones.
Sé que no me sirve de nada pensar en retrospectiva, pero si tan solo contase con el poder de retroceder el tiempo no dudaría en aplicarlo con tal de volver a estar junto a ella… aunque fuera por unos instantes.
De pronto, concentrándome con todo mi esfuerzo logro visualizarme al final de cuentas en Nueva Orleans, donde comenzó todo; para ser exactos en aquella banca de la plaza donde a ella le gustaba sentarse fingiendo ser una niña desamparada para atrapar a sus víctimas. Me parece que vuelvo atrás, a mis años siendo aún un joven vampiro, cuando el cargo de conciencia por mis actos, la reminiscencia de mi humanidad y el alma que todavía creía tener, todavía pesaban sobre mi ser.
Cierro los ojos disfrutando del viento, escuchando el sonido de los grillos loando a la noche, invadido de nostalgia y sintiendo mi corazón inerte sangrar; deseando cambiar toda esta inmortalidad que no busqué, que no pedí, tan solo por volver a verla… Pero estoy consciente de que ya no puedo recurrir ni siquiera a la fe de que eso suceda, al ser un condenado. Porque orar no está permitido para seres como yo, a quienes no nos queda ni la esperanza que tienen los vivos de reencontrarse con los suyos que partieron primero.
En medio de mis cavilaciones y resentimientos empiezo a notar entonces un ligero y extraño peso posarse sobre mi regazo, al igual que percibo un cambio en el ambiente debido a una repentina y obviamente paranormal presencia. Silencioso indicativo de que he dejado de estar solo en ese antiguo paraje al haber sido encontrado por otro demonio como yo.
Abro de tal forma mis ojos de golpe, preparado para lo que sea a lo que deba ahora enfrentarme, pero la impresión me gana de inmediato casi mandando al traste toda mi cordura. El momento me sobrecoge… Es ella… Ha regresado y además ha crecido.
Mi deseo de alguna manera se ha cumplido y puedo contemplarla en todo el esplendor de su juventud, transformada en una hermosa mujercita.
-Claudia…- exclamo por lo tanto su nombre con adoración, ternura y embeleso, sin poder dejar de admirarla. Intentando grabarme cada una de sus facciones semi adultas en la retina y también en la memoria. Tratando de convencerme de que lo que sea que está pasando es real… aun cuando estoy consciente de que no podrá durar mucho… Y por ello tengo que tocarla, apresurarme; acariciarle el cabello, las mejillas, constatando de que en realidad está allí para mí.
-Has vuelto a mí, mi amor- le digo mientras procedo a estrecharla fuertemente contra mi pecho, como si se me fuera la vida que ya no poseo en ello, temblando sin proponérmelo de lo alucinado que hallo y ella todo me lo permite. Tan solo observándome callada en tanto me sonríe y analiza, tal vez tratando de descifrar cuánto he cambiado durante el largo periodo en que hemos estado separados o quizá burlándose en el fondo de mí por verme agradecer como un vulnerable ser humano a la divina providencia o a la fuerza que sea que me hizo posible el milagro de mi deseo.
Me percato al tiempo que está vestida como las chicas actuales, con una camiseta básica rosada, unos ripped jeans azul hielo y unos convers negros. Mi fantasía hecha realidad.
Hay mil cosas que quiero decirle pero primero prefiero sentirla. Con lo que me reconozco en la completa gloria, tanto que las lágrimas, para mi sorpresa una vez más en mi eternidad, me invaden, aunque en esta ocasión de pura felicidad.
Y río, río como un poseso a la vez que lloro acariciándole su bonita faz. Sin importarme al fin y al cabo lo que pueda pensar en resumen de mí porque debe todavía tener en cuenta que siempre me ha vuelto loco y que es justo en ese estado como me tiene ahora.
Mas en cuestión de instantes le percibo cambiar de actitud. Ponerse seria y tensarse entre mis brazos para luego tomando la iniciativa por cuenta propia, inclinarse hacia mi cuello para succionarme con sus besos.
-Louis…- vuelvo entonces a escuchar su voz que ahora es como un eco embriagador que me provoca y me hace cerrar de nuevo los ojos. Y con ello, acomodándose a horcajadas sobre mí, comienza a moverse apretándose a mi cuerpo, jugando a restregar nuestros sexos.
-Louis, mi Louis, mi eterno amor…- me canta y debo apretar los párpados para no sucumbir a la tentación, porque sé lo que quiere. Lo que aún desea… Necesita saber si estoy preparado para complacerle en la petición que me hiciera un centenar de miles de noches atrás.
Aquello a lo que entonces no accedí por considerar abominable la situación, al no poder dejar de parecerme demasiado niña debido a su apariencia… aún cuando hacía décadas no lo era.
-¿Ahora sí vas a hacerme el amor Louis?- me demanda al oído mientras me mordisquea la oreja, y allí, al voltear mi rostro hacia ella poco a poco para volver a mirarla a los ojos, me doy cuenta que su estado de ánimo también ha cambiado, que su mirada curiosa y apacible de un principio se ha tornado perversa.
Se trata de la misma expresión que solía presentarles a sus víctimas antes de bebérselas y por lo tanto vuelvo a recordar de manera chocante en toda su magnitud su despiadada naturaleza. Una voraz asesina, un ser diabólico que no se mide ante nada con tal de conseguir lo que quiere. Pero a pesar de ello, no entiendo cómo no consigo dejar de amarla.
Permito por lo tanto que haga lo que quiere conmigo porque sé que esta vez no se va a detener. Le doy lo que desea en la medida que la oscuridad y lo solitario del lugar me lo permiten. Procurando como de costumbre no llamar la atención de nadie con mis actos pero tampoco queriendo que por decepción desaparezca.
Así, mientras le correspondo con caricias, permitiéndome a mí mismo ya sin recelo explorar su renovado y bonito cuerpo, cargada de lujuria se refriega contra mí susurrándome que me ama, tanto que cuando le siento llegar al clímax la tomo de los brazos y la muevo con rapidez contra mi entrepierna hasta que extasiada y suspirando le veo arquear la espalda en respuesta.
Aunque estoy consciente de que esto no puede ser, de que no es posible realmente, las sensaciones sí lo son. El placer que experimento es indescriptible. Un orgasmo tan intenso como no lo sintiera desde mis épocas de feliz matrimonio… Algo que casi había olvidado.
La vuelvo a enderezar entonces y de inmediato la aprisiono en un abrazo, no queriendo volver a dejarla ir, no queriendo que nuestro encuentro termine, temiendo que cuando las oleadas de éxtasis nos abandonen vuelva a desvanecerse de repente.
De algún modo esto es liberador y me permite aliviar mi espíritu al igual que expiar mi culpa.
-Lo siento, lo siento Claudia, nena. No sabes cuánto- sintiéndome de nuevo humano y débil, le ruego –No me va a alcanzar lo que quede de mi existencia para dejar de amarte y extrañarte y de arrepentirme por no haber podido detener lo que sucedió- se lo digo de corazón, lleno de emoción. Y es que podría en este momento aniquilarme yo mismo, clavándome una estaca en el pecho o exponiéndome al sol que mi instinto me indica no tardará en salir, con tal de conseguir su perdón… A estas alturas nada tengo en realidad que perder, pues todas mis viejas creencias religiosas las he violado ya, por lo que la inconcebible y prohibida posibilidad del suicidio, como de niño me inculcaran, no es un tema que me frene sabiendo que sería mi más rápida salida a esta maldición. Cerrando con broche de oro además, por todo el mal que he hecho o del que he sido cómplice, sé perfectamente adonde acabaré cuando esto termine y no habría mucha diferencia entre pasar el resto de la eternidad aquí como allá.
Sin embargo, esa pequeña brecha que distingue dicho lugar y éste, es la posibilidad de seguir viendo cambiar el mundo a través de las décadas, de seguir presenciando las novedades que traerá el mañana, y aquello despierta mi curiosidad convirtiéndose en lo único que me ata a este plano, que no me permite entregar lo último que queda de mi alma al averno, al menos no por ahora.
Tan solo lo pienso y con todo ella a través de telepatía me entiende, con lo que empiezo a sentir enseguida como su peso encima de mí comienza a extinguirse. La separo por consiguiente apresurado, necesitando verla pero lo único que consigo es terminar de presenciar su imagen esfumarse.
“Te estaré esperando Louis, cuando estés listo” se despide así mismo en medio de un eco acompañado de su risilla cantarina. Y es cuestión de medio minuto para que vuelva a sentirme frustrado y enfermo, vacío, acongojado y desamparado. Sin nada.
La desierta plaza de repente me parece demasiado grande y eleva mi desesperación, por lo que grito en la oscuridad, atronando en el silencio, necesitando desahogarme… ya que una vez más la he perdido.
Su desaparición me deja sumido en la más profunda tristeza, tanto que tengo que apoyar mis codos sobre las piernas y sujetarme la cabeza con las manos porque todo de repente empieza a darme vueltas.
Y escucho así con mis afinados oídos el despertar de la actividad industrial del día, las voces de la gente al levantarse y el tráfico comenzar a encenderse en la ciudad. Todo mientras los primeros colores del alba empiezan a aparecer, clareando el cielo a lo lejos.
No entiendo la razón pero en conjunto y de súbito aquello me parece insoportable. El sonido de las maquinarias, de las bocinas de los automóviles, de los motores, de las turbinas de los aviones, de la gente hablando y caminando en muchedumbre, el ruido de los aparatos tecnológicos; todo al tiempo que yo sigo sentado allí, en aquella misma banca que me trae tantos recuerdos. Que me hace sentir fuera del lugar, como un ente demasiado viejo que no pertenece a esta época. Es como si ella al irse hubiera planeado vengarse de mí, dejándome una pequeña adicional tortura… hasta me parece oír su risa malévola burlándose a mi costa… Tanto que resuelvo dejar de procrastinar y esperar de una vez los primeros rayos de sol del alba para que me maten...
No obstante, el insistente timbre de un teléfono, punzante como martillo dentro de mi cabeza, me hace despertar al final del todo, a la cruel realidad de mi existencia sin ella.
El sonido que escuchara en el mundo onírico es real, se trata de mi celular, por lo que luego de ver el número contesto. Agradeciendo en parte que la interrupción me devolviera al presente.
-Aló… ¿Louis?, ¡Hola!- la risilla que oigo me deja saber enseguida que la interlocutora está nerviosa –Disculpa que te moleste, sé que recién debes estar saliendo de tu trabajo, pero quería saber si puedes llevar hoy tus últimos apuntes de Farmacología. Es que como debes haber notado, ayer no alcancé a entrar a clases… la suave voz del otro lado de la bocina explica y es tan fácil advertir que se trata de tan solo una simple excusa para llamarme.
Es Sonia, una compañera de la universidad. Una chica libertina por naturaleza pero simpática, no puedo dejar de reconocerlo. ¿La carrera que cursamos?, Medicina. En mi caso por tercera vez puesto que necesito estar actualizado con el avance de la ciencia y también porque el amplio estudio del ser humano me ha ayudado a controlar un montón mis constantes deseos de sangre. Para esto, apellidos falsos y cambio a ciudades diferentes cada cierto tiempo, donde nadie me conozca o reconozca, me han servido de mucho… Una pena que uno no pueda escapar así mismo de su pasado.
Con todo, Sonia no representa ningún problema o amenaza, es tan solo una más de las personas con las que me he cruzado en el camino y de las que me toparé a lo largo de mi historia. Una chica más interesada en mí. Alguien aún algo inocente en el fondo que recién está aprendiendo a vivir y que cree que soy casi de su misma edad, aparte de algún prospecto de príncipe azul. Debería halagarme pero la verdad es que a estas alturas ya nada me sorprende o emociona, habiéndome prohibido “sentir” para evitar volver a terminar interiormente destrozado.
-Está bien, te lo llevaré, no hay problema- respondo y la escucho alegrarse, hasta la imagino sonreír. Es divertida y una buena compañía para pasar el rato, tanto que nuestra corta interacción me permite olvidarme con rapidez de mis traumáticos pesares.
-Muchas gracias. Bien, entonces te veo después en el salón- acuerda –Bye-
-Bye- contesto. Hace de todo para llamar mi atención y me doy cuenta. Me entretiene. No pienso hacerle daño, tampoco estoy buscando un reemplazo para Claudia puesto que nadie podría llenar su lugar, aunque admito que en algo llama mi atención, que tanto en apariencia como en su clásico y romántico nombre me recuerda un poco a ella, razón por la que quizá su silueta grabada en mi inconsciente me ha permitido materializar a mi amada eterna dentro de mi sueño, pero al final tan solo es una mujer más a la que tengo que mentirle sobre mi verdadera identidad, así como al casero del edificio y al portero donde arriendo, quienes creen que trabajo de noche y por eso duermo durante el día.
Tal vez acceda y la invite a salir, como no ha dejado de insinuarme que lo haga desde el primer día que nos vimos, dejando de reprimirme en el proceso porque también me lo merezco. Tan solo procuraré no permitir que se ilusione mucho porque luego que nos graduemos desapareceré como hago siempre. Como debo. Como me toca hacer como el ser de las sombras que soy.
FIN
