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My reputation's never been worse, so

Summary:

Paulo Dybala tuvo mala suerte en el amor, al menos eso es lo que quiere creer. Nadie lo tomaría en serio, pero él es más romántico de lo que aparenta.
Parece ser que su mala reputación lo precede hasta en su equipo favorito, y, aunque intenta que no lo afecte, es un poco malo en eso.
Tal vez alguien que tenga un historial limpio pueda ayudarlo.

Notes:

Esto es algo introductorio, pero espero que les guste <3

Chapter 1: Capítulo 1

Chapter Text

Sería una mentira decir que no sabía cómo había terminado así. Todo había comenzado como algo sin importancia, meramente para saciar su necesidad de atención abandonada desde hacía mucho. Pero como quien dice sabiamente “no se come donde se caga”, y sí que la había cagado.

Tampoco es como si lo hubiera hecho a propósito, era un hombre muy romántico. Cualquier muestra de afecto, por más mínima que sea, hacía que pensara todo el día. Varios detalles sumados, una que otra palabra bonita, una mínima caricia afectuosa bastaban para robar su corazón.

El problema era ese, él necesitaba una conexión con cada persona antes de llegar a nada -no es como si ellos no lo supieran-, eso hacía las cosas más difíciles. Entonces, en lugar de tener algo de una noche, se convertía en algo de unas dos semanas y, en lugar de ser algo pasajero, era algo que (al menos para él) perduraba bastante en el tiempo.

Su físico y esta atención solían hacerlo sentir un poco narcisista, pero todo se iba al caño cuando escuchaba algunas personas hablar descuidadamente de su persona. En especial cuando eran más recientes.

Claro que amaba obtener esa atención, pero no valía lo suficiente como para escuchar a sus compañeros referirse a él de formas tan despectivas que hacían que le diera vergüenza hasta intervenir.

¿Qué podría decirles al respecto? ¿Podía acaso desmentir la historia que su compañero contaba en los vestuarios? Si había sido verdad. Tal vez él tenía un recuerdo más romántico de cómo había sucedido, pero ese era él distorsionando la realidad. Tenía que ser, porque nadie que lo quisiera de verdad podría hablar de forma tan brusca con alguien cualquiera de cómo se habían unido la noche anterior.

Tres semanas, ese era el lapso de tiempo con el que había hablado con este desleal, no quería volver a caer como lo había hecho ya tantas veces. Le podían los apodos, las caricias… ¡En el fondo sabía que era mentira…! Pero era tan bello creer que, por una vez, alguien de verdad había “visto lo que él valía de verdad”. No sería la primera vez que se lo decían, además de varios cumplidos a su belleza física.
A Paulo siempre le habían gustado más los halagos a su personalidad -aunque eran casi nulos-. El halago más lindo era que era “buenito”, si se puede considerar como un elogio… Él pensaba que sí, aunque tal vez era para sentir que alguien alguna vez había visto un poco más que el resto. ¿Quién sabe?

Paulo se había terminado de bañar y, al momento de salir, fue que escuchó la conversación entre los dos. Le gustaba cuidar de su apariencia y se tomaba su tiempo, debería haber ido a su casa directamente.

No sabía si pasar e interrumpirlos o esperar a que se fueran, ¿Cómo se atrevía a hablar de él con ese tipo con tal impunidad y descaro? Se sentía un idiota, además de otras cosas, ¿por qué tenía que hacer siempre lo mismo? Desde hacía bastante que lo veían como la puta del grupo y no parecía que eso fuera a cambiar en mucho tiempo.

Lo peor de todo fue que, una vez iniciado el rumor, aparecieron muchos hombres que no conocía ni había visto, alegando que se habían acostado con él. Negarlo no hizo la diferencia en absoluto, pero no tenía otra opción. Para ese entonces, solamente había estado con dos futbolistas, pero ya tenía su aclamado título que solo iba en ascenso. No había nada que hacer contra eso, solo aceptarlo y seguir adelante como lo que era.

Incluso inventó un romance con una mujer para que lo dejasen en paz, pero nada de eso aminoró los mensajes privados, las insinuaciones de mal gusto, las charlas para nada disimuladas entre sus compañeros… Su vida amorosa se transformó en algo tan horrible que ya ni la mencionaba. Pero todavía le quedaba el fútbol, solo debía concentrarse en eso y no prestarle atención a ningún hombre más.

Su amiga le solía decir que no se rindiera al amor, que había muchos hombres que podrían amarlo, que no era culpa suya que esos futbolistas fueran unos imbéciles. Y no sabía qué pensar, siempre que salía por un tiempo con alguien, ellos se cansaban de él, se conseguían una hermosa mujer y les dedicaban canciones, subían fotos con ellas, las presumían como si fueran lo mejor del mundo. ¿Por qué nadie podía hacer algo similar con él? Ni siquiera pedía que fuera público, solo que lo quieran, aunque fuera en secreto, pero a ese nivel. ¿Era mucho pedir? ¿De verdad estaba arruinado como decían algunos? ¿No era digno de ese tipo de amor?

Y sabía que venía cuando ya se habían acostado, si no era a la primera vez, luego de un par ya se les pasaba el efecto “juguete nuevo” y lo descartaban como si fuera una cosa que ya no servía. Él solía mandarles mensajes, que eran ignorados o contestados de mala gana luego de mucho tiempo. En los entrenamientos lo evitarían o descubriría lo que estaba escuchando ahora.

—No lo hacía bien, pero no sabes lo que es tener esa carita chupándotela…

¿Por qué tenía que escuchar eso? Si no golpeaba algo sentía que iba a llorar y era lo último que quería hacer. Quería partirle la nariz a ese hijo de puta, pero no sentía que tenía el derecho. No era lo mismo asumir que hablaban de él, a escucharlo en primera persona.

Ni siquiera le gustaba hacer eso, lo hacía sentir inferior y deshumanizado, solo lo había hecho porque le había insistido bastante y ya estaba ahí… Se sentía un estúpido, pero había sido su elección hacerlo, nadie puso un arma en su cabeza y lo obligó a hacerlo. Si se sentía mal era su propia culpa, nadie más era responsable además de él.

Eso no evitó que se sintiera usado y descartado, además de humillado ahora. Las ganas de llorar eran cada vez más grandes, pero no quería rendirse ante ellas. Él era mejor que eso, no les mostraría que se sentía mal por ellos y sus depravaciones.

Tenía que irse, lo necesitaba, si no iba a partir en llanto y solo terminaría más avergonzado.

De pronto sintió su celular sonar con la característica canción “moscow mule” del cantante colombiano. El timbre fue tan alto que alertó a quienes conversaban amenamente sobre él, mientras tanto, Paulo revolvía su bolso en búsqueda del aparato. Al encontrarlo develó a su salvadora: Oriana.

—¿Hola?

—¡Paulito! Contestame los mensajes, la puta que te parió —se rio la mujer por el otro lado— ¿Ya terminaste de entrenar? ¿Sabes cuando vas a Catar ya?

—No estoy de humor ahora, Ori, perdón —pudo escuchar como sus compañeros se retiraban del lugar mientras susurraban entre ellos.

—¿Pasó algo? ¿Querés contarme?

Lo pensó, ¿debería contarle? Probablemente sí, pero se sentía muy avergonzado como para relatar siquiera algo muy a grandes rasgos. No tenía ganas de escuchar a su amiga hablarle de como no debería haber hecho esto o aquello, mucho menos de escuchar sus palabras cargadas de pena.

—Mejor no.

—Pau… —alejó su celular un segundo de su boca y pensó rápidamente que iba a decir—No es obligación tuya decírmelo, pero quiero que te sepas que esto no es culpa tuya.

—¿Cómo podés decir eso? Ni siquiera sabés qué pasó.

—No necesito saber, te conozco.

—¿Y qué conocés? Lo mismo que todos, que me encamé con otro.

—Pau, no es culpa tuya que—

—¡Pero sí es! —intentó susurrar eso en lugar de gritarlo —Yo los elijo, mal, como siempre, no es culpa de ellos ser unos hijos de puta si yo los elijo.

—¿Cómo no va a ser culpa de ellos ser unos hijos de puta, Paulo? ¿Me estás cargando?

—Ori, me doy cuenta de cómo son, soy un pelotudo, no sé por qué les sigo la corriente.

—No sos un pelotudo, no podés adivinar como va a ser todo el mundo, solo te queda intentar y ver cómo son. Solo no tuviste suerte, ¡no es culpa tuya!

—¿Y cuándo voy a tener suerte? Porque lo mejor que me pasó es que no cuenten nada y me ghosteen o vuelvan con sus mujeres.

—¡Eso porque los hombres son unos pelotudos!

—Oriana, soy un hombre— había levantado su bolso e inspeccionado el lugar en búsqueda de alguien merodeando. Afortunadamente se encontraba solo.

—Bueno, los futbolistas —se corrigió.

 

—Ahora me estás cargando— se estaba retirando del lugar mientras hablaba con su amiga, por lo menos se había despejado un poco con la afable voz de su amiga.

—Un poquito —se rio suavemente—, si te gustaran las mujeres amaría salir con vos, Paulito, no te menosprecies así por unos pelotudos.

—Sí, parece que solo me gustan cuando son pelotudos.

—A mi también, así que por ese lado no te puedo decir nada.

Se rieron juntos un rato, trató con toda su voluntad de reprimir lo que acababa de pasar antes de la llamada. Si lo negaba y suprimía lo suficiente, no tenía de qué preocuparse, nada realmente había pasado. Nunca había escuchado nada, nunca nadie había hablado nada, no había sentido las manos de ese hombre sobre su cuerpo y nunca había hecho eso que no quería hacer.

Todo estaba bien, porque nada había pasado, eso era mentira. Ayer se había quedado dormido y nunca había respondido ese mensaje. Tenía que borrar esos mensajes.

En el interior de su vehículo, puso el celular en altavoz y se apresuró lo más rápido que pudo a borrar toda la conversación y bloquear ese número de todas las redes de donde lo seguía. Mientras escuchaba como Oriana le comentaba que había conseguido pasajes, una estadía en un hermoso hotel y cómo pensaba pasar los días en Catar.

Lo había hecho, otro número bloqueado, otra negación, pero estaba en pie. Esta vez no se había dejado engañar tan fácil en su corazón. Siempre lo vio como si fuera una mentira parlante, había caído lo suficiente como para dejarlo entrar a su cama, pero, afortunadamente, a ningún otro lugar.

Podría vivir con ello. Solo tenía que fingir que nada había pasado.

Ahora tenía que concentrarse en otras cosas, como lo eran el preciado Mundial. Eso lo distraería lo suficiente, estaba seguro.

Al menos de algo estaba seguro.