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my name is whatever you decide

Summary:

Julian debe cumplir con el ritual de iniciación para completar su llegada al Manchester City.

Erling Haaland esta feliz de ser quien lo guíe.

Notes:

Escribí esto en un momento muy esquizo asi que solo Dios y Freud pueden juzgarme.
Esta sin corregir así que no se asusten si hay oraciones incoherentes o faltas de ortografía. En algún momento me ocuparé.
Disfruten y disculpas de ante mano.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Julian está a oscuras.

El pañuelo en sus ojos lo ha dejado ciego, tiene un nudo que le aprieta la parte trasera de su cabeza pero sabe que no puede quejarse.

Sea donde sea que se encuentre está en completo silencio. Han pasado demasiados minutos desde que fue dejado allí, arrastrado prácticamente. Lo último que había oído eran una mezcla de risas y palabras sueltas que fueron terminadas apenas el clic de la puerta sonó al cerrarse.

Julian sabía que pasaría. Eventualmente ellos vendrían por él, después de todo era una tradición de décadas que se mantenía vigente hasta el día y de la que estaba al tanto. Aún así no pudo evitar asustarse cuando en el medio de la noche, a mitad de su sueño, un par de manos lo levantaron a la fuerza y en cuestión de segundos lo redujeron a nada.

Julian ya había oído de estas "tradiciones", era muy común que cuando un nuevo jugador llegará al equipo sus propios compañeros se encargaran de darles la bienvenida y sellaran su llegada con lo que ellos llamaban la iniciación.

Era un secreto a voces realmente, si bien muchos clubes decían estar en contra de este tipos de actividades, jamás se dejaron de realizar y aquellos que las ejecutaban tampoco se veían alcanzados en alguna complicación. Julian entendía que eran un componente necesario para moldear la mentalidad y el comportamiento de los jugadores, si bien había algo retorcidamente jodido en doblegar el espíritu de una persona para volverlo alguien manejable, cosa que Julian reconocía, no podía evitar estar dispuesto a hacerlo que sea por pertenecer al club con el que sueña jugar desde pequeño.

Se preguntó cuál sería su rito de iniciación.
Julian, siempre tan ansioso e impaciente, había intentado averiguar cuáles eran los posibles escenarios. Si bien la iniciación era algo obvio, también sabía que todo lo que pasará en la misma moría junto a ella al momento de terminar, por lo que entendía que ninguno jugador veterano iba a responder a sus dudas. Así fue que Julian recurrió a su computador. Había navegado profundo por el internet, saltando de links en links hasta que se topó con un foro algo antiguo donde el tema se debatía.

Al principio Julian no había entendido nada, ninguno de los comentarios parecían tener sentido. Era como si estuvieran discutiendo algo en un idioma inventado. O eso fue hasta que Julian se dio cuenta de que estaban usando palabras claves que solo alguien que jugaba en el club azul podía entenderlas. Le llevó un momento y si bien no pudo deducir todas, Julian terminó hilando un par de comentarios que responden a sus preguntas, o algo así.

Era un blog dedicado al equipo y las entradas se remontaban años atrás. El posteo inicial que había desatado el debate era una pregunta crítica acerca de las experiencias vividas en el periodo de iniciación de novatos. Por lo que decía Julian había deducido que quien lo había escrito no era un novato, si no más bien uno de los jugadores que daban el inicio.

¿En escala del diez al cero, que tan buenos fueron sus neófitos?

Hasta allí la pregunta era entendible, fue claro para Alvarez que el autor quería saber que tan bien le había ido al resto de sus compañeros. Pero eran los comentarios los que lo desconcertaba, había respuestas vagas que sólo hablaban de sumisión y entrega, las cuales Julian suponía que se referían a la cantidad de caso que los novatos habían hecho.

Pero no fue hasta que leyó un comentario en particular que Julian pudo llegar a pensar que tal vez la iniciación tenía otro tinte. Era un comentario sencillo en realidad, ninguna de las palabras era extravagante pero aún así el significado de la oración escapaba de su entendimiento.

"Un novato muy bueno. Incluso hizo esto de cerrarse sobre mi, 10/10"

Julian no era muy bueno con el inglés. Su idioma natal era el español, por lo que no estaba muy seguro de haberlo entendido del todo, y la traducción al ser tan ambigua tampoco había sido de mucha ayuda. Según el cordobés, aquella frase tenía un significado, pero no podía pensar que el mismo encajará en este contexto.

Era obvio que las iniciaciones eran jodidas, una vez leyó algo sobre un jugador del Barça comiendo un pez vivo como parte de su reto, el chico había terminado en urgencias, por intoxicación. Julian pensaba que algo peor que eso no podía haber, pero si aquel comentario se refería a lo que él pensaba, bueno, esa ya era una capa de profundidad que Julian no estaba seguro de querer pelar.

Así que lo olvida, cierra el portátil y se obliga a dejar de darle vueltas. Se dice así mismo que sucederá cuando tenga que suceder, y se hará lo que se tenga que hacer. Aun cuando el nudo en su estómago lo haga retorcerse de ansiedad.

Hay otro sonido de un clic y Julian ahora sabe que la puerta ha vuelto a abrirse.

Hay una serie de sonidos que dejan a Julian adivinar que alguien ha entrado, y se trata de una sola persona. Julian espera paciente por unos segundos, hay un eco de pasos que se escuchan a su izquierda.

Julian aun no sabe dónde está, realmente había intentado seguir el camino cuando había sacado de su cama esa madrugada, pero el estar siendo arrastrado por desconocidos en una residencia casi vacía, le había quitado la concentración. Tan solo había logrado distinguir unos cuantos giros que habían dado en los corredores y luego se había olvidado de todo. También era difícil mantenerse enfocado cuando los chicos que lo sujetaban no dejaban de reírse entre ellos y murmurar cosas que escapaban de su campo auditivo.

Lo que sí podía afirmar Julian es que seguían dentro del predio del City, esa afirmación era solo posible gracias a que Julian en ningún momento sintió el frío de la noche, por lo que era bastante acertado decir que estaba retenido en algún salón de la residencia, probablemente en el área que el personal no transita a menudo, o por lo menos no el horario fuera de lo común. Como ahora.

Lo que le decía a Julian una sola cosa: Está solo. A merced de este grupo de chicos, rendido a lo que ellos decidan hacer.

"¿Sabes por qué estás aquí?" La persona que está delante suyo habla por primera vez.

Julian no sabe decir quien es, si bien los mejores jugadores del equipo están dentro de las posibilidades, no puede distinguir de cual de todos ellos se trata. Julian no ha estado demasiado tiempo con ellos como para reconocer el tono de su voz.

Hay un primer intento de responder pero a Julian se le corta la voz, el nerviosismo le ha ganado por un segundo y su cuerpo se ha doblegado ante la timidez. Julian encuentra que hay algo realmente íntimo en entregarse tan ciegamente (valga la redundancia) a un desconocido, pero así también debe admitir que despierta en él una curiosidad desconocida ante al momento.

Julian no sabe por qué pero se siente emocionado con toda la situación.

"Porque soy un novato y tengo que tomar la iniciación para ser aceptado."

Hay un soplo ahogado que Julian reconoce como una risa aplastada. El jugador delante suyo hace un sonido, Julian puede sentir la presencia de su persona moverse más cerca, probablemente a centímetros de su cuerpo.

"Que buen chico, has hecho tu tarea." El tono es burlón, casi condescendiente.

Julian no sabe qué responder pero tampoco sabe si debería, así que solo se calla y espera a que el jugador haga su siguiente movimiento. El cual resulta enseguida.

Julian siente dos dedos acariciar su barbilla, es un toque suave y lento. Los dedos le acariciaron el mentón, hasta subir a los labios. Julian se estremece cuando siente como sus belfos son delineados por una uña desafilada, por reflejo los separa superficialmente y su aliento caliente choca contra las yemas ajenas.

Pero el toque como llega, se va. El jugador retira su mano y Julian queda allí, con su rostro hormigueando con un rubor escarlata.

A Julian le gustaría poder ver quien está delante suyo. Pero como no puede se apega a los hechos que sus sentidos sensoriales le proporcionan. Lo primero que puede decir sobre el desconocido es que es más grande que él. Aquí Julian se arriesga a decir que no solo físicamente, porque aún cuando sus ojos están vendados Julian puede sentir la presencia oponente cernirse sobre él, pero también por la forma en que su voz tiene un deje de gravedad, Julian adivina que el desconocido es alguien mayor a él.

El salón sigue en silencio, el cuerpo del novato aun vibra en expectativa. El desconocido se mueve unos pasos más, Julian puede sentirlo caminar alrededor suyo, dando vueltas como si estuviera inspeccionando su cuerpo.

Julian se queda quieto, y no puede evitar respingarse cuando dos manos sujetan su cintura por detrás. Es un agarre fuerte que lo mantiene en su lugar, una vez más los dedos largos se cierran sobre su piel, Julian se siente pequeño cuando se da cuenta que las manos abarcan completamente la circunferencia de su cintura.

El desconocido se acerca a él, pero sin pegar su cuerpo. Julian puede sentir su respiración pesada y se estremece cuando este le susurra en el oído.

"Tuve que pelear mucho por ti. ¿Sabes por qué?"

Un cosquilleo le recorrió la espalda, la voz gruesa del desconocido le eriza los vellos del cuello.

El delantero se hace una idea de lo que él dice. Julian tenía entendido que para la iniciación los jugadores elegían a un novato o a varios y se encargaban de bautizar su entrada al equipo. Pero no se imaginaba por qué el desconocido podría haber peleado con el resto de su equipo para ser quien gane el honor de iniciarlo, y más a él solo. Porque hasta donde Julian ha notado, ningún otro novato se hallaba en la habitación.

"No." Su voz es un hilo cuando vuelve a hablar.

El jugador desconocido mueve sus dedos en su cintura, el agarre ha movido un poco la tela de su remera y ahora las yemas de sus dedos están en contacto con su piel desnuda. Es un toque tibio pero tenaz, que envía un calor abrumador desde su cuello hasta sus mejillas, Julian puede escuchar al otro partir sus labios en una sonrisa, los dedos en su cintura ahora se mueven a su vientre y lo empujan hacia atrás.

Julian tambalea en sus pies cuando se echa obligadamente hacia atrás y su espalda se encuentra con el pecho del jugador. No está seguro de que pensar, hasta ahora todos estos toques solo habían conseguido confundirlo. El jugador desconocido no parecía tener intención alguna de forzarlo a jugar juegos humillantes, como beber hasta el cansancio, o comer un pez vivo.

En cambio, Julian creía que toda la situación estaba tomando un tinte íntimo que le ponía los pelos de punta, pero que al mismo tiempo hacía cosquillas sus partes íntimas. Cuando el desconocido inspira una línea a lo largo de su cuello, Julian tiene que apretar sus puños para intentar controlar su respiración.

"Todos querían contigo, Julian." Dice, y por primera vez el nombrado puede darse cuenta del acento que acompaña sus palabras. "Hemos tenido un ojo sobre ti."

Julian había llegado al predio hacía apenas cinco días, y no había hecho más que intentar adaptarse a todo, no había estado en un estado muy interactivo.

La sola idea de que esté desconocido haya prestado atención a él, mientras iba en su día a día, totalmente ignaro de su admirador, lo volvía tímido.

"No entiendo."

Una vez más el desconocido ríe jocoso. Como si fuera incrédulo de la inocencia de Julian.

"Todos querían un pedazo de esto." Y para acentuar sus palabras, las palmas frías del extraño se aprietan contra sus costillas. Julian no puede evitar arquearse contra el cuerpo del otro, y a este le gusta, porque apenas Julian deja que sus caderas se echen hacia atrás, el extraño recepta el roce y lo maximiza empujando su pelvis contra la espalda baja del delantero. "Pero esto solo le pertenece al mejor."

Las fosas nasales de Julian se dilatan y su respiración se atasca en su garganta cuando la entrepierna del desconocido choca contra su trasero. Julian ahora sabe que nada de lo que está pasando es inocente.

"Así que, debes estar agradecido." Las palmas del otro siguen bajando y subiendo en los costados del torso, Julian tiembla en su lugar e intenta no moverse, consciente del pedazo duro que se pega contra su espalda baja.

"¿Por qué?" Julian debe preguntar.

Cuando una de las manos ajenas se desvía a su pezón con apenas un roce, Julian se vuelve a tirar hacia atrás, clavando la entrepierna del extraño entre sus nalgas.

Parece ser el último estribo del extraño, que gruñe y deja su torso para sujetar a Julian por el cuello, con esta posición, el extraño detrás de él se pega completamente a su cuerpo y con malicia en su tono, vuelve a hablarle al oído.

"Porque el mejor jugador del equipo va a follarte."

Allí está. Esa es su iniciación, y el extraño está completamente entusiasmado por llevarla a cabo.

"¿Qué?" Julian apenas puede respirar, y no es por la mano que aún se cierra sobre su cuello, si no por las palabras recién dichas.

"Esta es tu iniciación Julian, este es el precio que debes pagar para ser aceptado en el club." El más alto se lo repite en el oído y haciendo énfasis a sus palabras al apretar el cuello del otro. Julian chilla ante la acción, pero el sonido muere asfixiado en su garganta.

No puede pensar con claridad. No cuando puede sentir lo duro que el extraño está y como se refriega contra su trasero, prácticamente embistiéndolo por encima de la ropa, aún de pies.
Julian no responde por unos minutos, la mano en su cuello se afloja y termina de soltarse para viajar hasta su pecho, pero no tarda en ser reemplazada por la lengua caliente del extraño, que delinea hasta llegar a su oído, la respiración caliente junto a él, lo hace temblar.

"O puedes irte, y abandonar el equipo."

El extraño se lo dice pausadamente, aún jadeante contra su oído. Julian sabe que le está dando una oportunidad de irse, pero no está tan seguro de cuán real es esta opción. Si él camina ahora mismo hacia la puerta, nunca podrá jugar en el equipo. Pero si se queda, se verá siendo follado por un completo desconocido, que de alguna forma terminará de conocer, porque es su compañero de equipo, aún sin saber cuál.

Julian quiere seguir analizando que hacer ahora que sabe cual es la verdadera naturaleza de la iniciación pero su propio cuerpo lo traiciona cuando siente al extraño tocar su pezón y retorcerlo entre sus dedos.
No puede evitar gemir, Julian está disfrutando de ser tocado así y negarlo sería inútil.

"Lo haré." El delantero se decide y lo expresa en voz alta.

"Que buen chico." La voz lo elogia con satisfacción y a Julian el estómago se le da vuelta. Una mano lo toma por el hombro y con fuerza lo empuja hacia abajo. "Ahora ponte de rodillas y abre la boca."

Julian trastabilla por el empuje y termina sobre sus dos rodillas. La venda en sus ojos no le permiten ver lo que tiene enfrente, pero no necesita usar sus manos para buscar al otro porque apenas queda en posición de rezo, Julian escucha un cinturón desatarse y lo siguiente que sabe es que algo duro y húmedo está tocando la comisura de sus labios.

Una mano lo sujeta por la nuca mientras la cabeza de la polla se pasa por sus labios, tentado. Julian ha hecho esto antes, está familiarizado con la carne suave y caliente que irrumpe entre sus labios, los chicos solían alabarlo por su habilidad, siempre susurrando entre jadeos lo bueno que era.

"Si, así. Ponlo mojado y agradable"

Planea que esta vez sea igual, así que Julian hace su mejor esfuerzo para complacer a su compañero, afloja la mandíbula y cubre sus dientes, sube y baja por el falo grueso intentando llegar hasta lo más profundo que puede. No es fácil, quien sea que está parado frente a él, está bien equipado. Es probablemente la polla más gruesa y larga que Julian haya tenido, aunque también venosa. Puede sentirla palpitar contra sus mejillas y Julian intenta delinear aquellos raíces venosas que texturizan contra su lengua.

"Dios, eres una puta. Seguro ya has hecho esto antes." El insulto llega junto a fuerte tiro de pelo y embestida, Julian queda con la polla enterrada hasta en el fondo de garganta. "Constantemente cambias de club así puedes tener una excusa para chupar las pollas de los chicos."

Julian debería sentirse ofendido o humillado ante la sugerencia pero no le importa. El cordobés sabe que a muchos chicos les gusta eso, lo de hablar sucio en el medio del acto. También lo había escuchado en videos porno, pero Julian no estaba seguro de que le interesara mucho, hasta ahora, que el extraño empuja dentro de su boca y él intenta no ahogarse, húmedo entre sus piernas mientras es insultado hasta la degradación.

Su nariz roza contra el escaso vello púbico de su compañero, el jugador sigue deslizándose contra su lengua, Julian ya está atragantado y la saliva comienza a escurrirse por los costados de su boca cuando de repente, la mano en su pelo lo aparta de su trabajo.

"Detente." La voz se lo pide. "Ponte de pie que voy a follarte, quiero venir dentro tuyo"

El jugador no pierde tiempo y comienza a desnudarlo. Primero va por la camiseta, el algodón blanco se desliza por su torso hasta que sale por su cabeza, el frío enseguida golpeó contra sus sobreestimulados pezones, y Julian no puede evitar jadear ante ello, quiere poner sus manos en ellos, jugar un poco y alivianar la tensión que los endurece. Pero sabe que el jugador no lo permitirá, Julian está allí con un solo objetivo, ser estrenado por el.

Así que se queda quieto mientras el desconocido sigue con su pantalón de pijama. Lo hace rápido, y el elástico de la cintura quema sus muslos cuando se cae abajo, el jugador le hace elevar la pierna una por una hasta que ha abandonado la prenda. Entonces Julian queda ahí, en ropa interior, y con los ojos vendados ante un desconocido que tiene intenciones de follarlo.

Por un momento, el toque se desvanece. Las manos que lo desvisten desaparecen y dejan a su cuerpo temblando de frío y anticipación. El silencio se extiende por unos segundos y Julian piensa en decir algo, en llamar al desconocido, pero se abstiene hasta que finalmente siente al desconocido moverse.

Hay dos golpes secos que Julian solo puede identificar cuando el otro pone ambas manos en su cintura. El jugador está frente a él, pero en sus rodillas y Julian puede sentir su aliento golpearse contra la tela de su ropa interior.

Entonces Julian recuerda y se cohíbe.

Esta noche, antes de irse a dormir, Julian había decidido pasar de descansar en sus habituales boxers de algodón y había sacado del fondo de su cajón, aquella prenda delicada y pequeña hecha de encaje que no usaba más que ocasiones especiales, como salir a bailar o cuando tenía una cita con algún chico.

Julian no estaba usando otra cosa más que una tanga de encaje negro.

Debería haber recordado que cualquiera de estos días de la semana podía sufrir la entradera de sus compañeros y ser sometido a la iniciación, pero realmente no creía que de todos los días, justo fuera ese. Más aún sabiendo que aún quedaba sábado y domingo, días en que la habitación se descomprime un poco y la mayoría elegía salir. Pero esa noche Julian estaba demasiado cansado y solo se puso la primera cosa que encontró.

El jugador, aún arrodillado sopla aire sobre su ombligo y hace estremecer a Julian. Dedos bordean la tira que regula la prenda, el jugador extiende una hasta que está a centímetros y luego la deja caer, el elástico azota la cadera de Julian y este gime de dolor.

Pero le gusta. Cuando el picor toma toda la zona, el coño de Julian se humedece y late en interés. El jugador que lo nota, vuelve a repetir la acción y ahora Julian gime agudo. Lo repite un par de veces, hasta que la tela se empapa de fluidos y a Julian le sudan las palmas.

Cuando tuvo suficiente, el desconocido toma delicadamente la tela y la pone a un lado, dejando a la vista el coño regordete y rosado de Julian. El desconocido no lo toca, y al otro le gustaría sacar las vendas de sus ojos, poder ver qué expresión tiene en su cara. Pero Julian tiembla, la anticipación hace que su piel se enchine.

"Tienes un coño tan lindo."Julian gime ante el elogio y tira sus caderas hacia adelante, buscando un toque que no recibe, aún siendo ignorada por el extraño. "Dime, ¿ya has tenido a alguien entre tus piernas?"

El cordobés titubea por un segundo. Piensa en sí debería decir la verdad o no, siente si le dice cómo son las cosas tal vez el otro se ría de él. Pero tampoco quiere ocultarlas y hacer del todo una experiencia engorrosa. En medio de su debate interno, Julian siente al extraño impacientarse con su falta de respuesta, así que entre titubeos nerviosos, confiesa la verdad.

"No te creo, un coño así de bueno ya debe haber sido usado."

"Nunca lo hice, nunca dejen que lleguen tan lejos."

"¿Entonces qué has hecho?"

Julian se toma un minuto para pensar. Recuerda a un par de chicos con los que estuvo, no eran muchos. Tal vez cuatro o cinco. Todos pacientes y gentiles, cercanos a su edad y respetuosos con su decisión de nunca llegar tan lejos. Pero eso no los había privado de recibir ciertos toques, Julian siempre dejaba que bajaran en él, o que usarán sus muslos para venirse, siempre diciéndose a sí mismo que mientras no haya una penetración real, su virginidad seguiría intacta.

"Yo-yo solo he dejado que me coman, y tal vez algunos dedos, pero nunca he tenido un pene dentro mío."

"Entonces virgen." El jugador delante suyo tararea de gusto y vuelve a delinear con su dedo el hueso de la cadera de Julian. "Siempre quise follar un coño virgen."

El jugador empuja a Julian hacia atrás hasta que una superficie golpea su espalda baja, lo siguiente son unas manos que rodean la parte trasera de sus muslos y lo dejan sobre aquella superficie, que ahora Julian reconoce como una mesa. Una de las mesas de la sala común, si tiene que adivinar.

Julian queda recostado allí, con sus talones sobre el borde de la mesa y las piernas separadas. El extraño está entre ellas y las recorre con sus manos hasta llegar a sus caderas blanquecinas y suaves. El argentino no puede evitar sentirse impaciente cuando siente los dedos delinear el borde de la tanga hasta que finalmente está es deslizada a un lado, dejando su intimidad expuesta otra vez.

"¿Quieres mi lengua aquí?" Le pregunta burlonamente mientras acaricia con sus dedos los labios de su coño.

Julian ni siquiera puede hablar, solo tiembla de anticipación y traga saliva. Los dedos sobre él se siguen moviendo, ahora separando sus labios y tocando su humedad. Es un toque lento y torturador, que hace latir sus paredes, pidiendo por algo que las abra.

"Te hice una pregunta y estoy esperando por la respuesta."

"S-si, yo quiero tu lengua en mi coño."

Julian oye una risa baja y luego la lengua tibia y mojada del extraño lame sus pliegues hasta llegar al clítoris. Se concentra allí, por un momento, el extraño deja besos y lamidas encima de la pequeña bola de nervios, Julian se arquea de placer cada vez que la lengua hace un movimiento nuevo.

El desconocido parece disfrutar lo que está haciendo, su saliva moja el coño de Julian y se mezcla con sus propios jugos, haciendo que la habitación se llene de sonidos obscenos cuando el extraño hunde aún más su cara y mama con fuerza.

Julian empuja contra su boca y grita cuando la lengua se termina de hundir dentro de su cavidad, su coño palpita ante la sensación, la idea de que esto solo era el juego previo antes de que Julian sea llenado propiamente lo hacía delirar. El desconocido aumenta el ritmo de su lengua y folla dentro y fuera de él, sujetando a Julian por sus muslos.

Todo se vuelve más abrumador y Julian no sabe de donde sujetarse cuando sus piernas comienzan a temblar, su compañero de equipo está follandolo con su lengua y Julian jamás se sintió tan caliente en su vida.

"¿Sabes qué?" El desconocido se separa antes de que Julian pudiera acabar.

"¿Qué?" Julian pregunta sin aliento, ahora que el otro lo ha soltado yace acostado, con su tanga empapada por su coño estimulado.

El otro se ha detenido y Julian imagina que es porque finalmente se lo follara, así que evita estremecerse tanto cuando siente al desconocido tirar de él hacia el borde y acomodarse entre sus piernas. Hay un murmullo de ropa que cae al suelo y Julian se da cuenta de que probablemente él era el único de los dos completamente vestido.

"No voy a usar condón," lo dice sin emoción alguna. "Quiero que sientas lo que es una buena polla."

"No, no puedes, yo no estoy tomando la píldora, ¡ah!" Julian intenta retorcerse pero el agarre del extraño se fuerza sobre sus rodillas y hace que estas queden pegadas al pecho del cordobés.

"No me importa, abre más las piernas" Julian quiere volver a protestar pero toda protesta que tenga en su boca se transforma en un gemido agudo que escala desde el fondo de su garganta al sentir los dedos de su compañero bordear su agujero.

Los dedos se hunden sin permiso, hasta que los nudillos están enterrados entre la carne roja y goteante de Julian, son dos pero son lo suficientemente gruesos como para sentirse como tres. Tienen un ritmo agonizante y acarician el interior de su carne hasta que está lo suficientemente dilatada para la polla del otro.

El jugador está en todos lados sobre Julian, le besa los muslos, acaricia su estómago, golpea su trasero, todo mientras empuja sus dedos dentro y fuera de su coño. Diciéndole a Julian lo buena zorra que es, que tan bien toma sus dedos, como su coño aprieta delicioso y no puede esperar a llenarlo con su polla, follarlo a pelo y romperlo.

Julian es un desastre, es un cuerpo sudado que se mueve errático ante las palabras del desconocido. Le gusta, que esa voz gruesa le diga que tan bueno está siendo, que tan bueno puede llegar a ser. Esto hace a Julian arquear su espalda y separar más sus piernas.

En un momento, el desconocido vuelve a hundir su lengua entre sus pliegues, combinando los movimientos de su boca con el de sus dedos. Entonces todo lo que Julian puede hacer es escuchar sus propios gemidos rotos, sonidos involuntarios que delatan lo rendido que está ante la situación.

Julian se estremece cuando el ritmo aumenta, esta cerca de su orgasmo, siente que ha remontado en su ola por demasiado tiempo. Sus paredes se tensan, el extraño tijeretea dentro de su coño mientras ataca a su clítoris, lamiendo de izquierda a derecha, sin descanso.

El cordobés arde en calor, la fiebre le impide formar dos oraciones coherentes, tan solo puede pedir por más y por favor mientras sus muslos tiemblan, siente que su orgasmo va creciendo. El nudo en su estómago se va tensando hasta que explota y Julian se viene.

Su coño se contrae y descontrae alrededor de los dedos del extraño. Su orgasmo lo arrastra hasta que no reconoce su propio cuerpo, solo es un manojo de respiraciones irregulares y espasmos de músculo. El extraño lo acompaña en su clímax, lo sostiene por las caderas y continúa dedeando su coño hasta que Julian se queda quieto y él retira sus dedos mojados.

Siente al extraño quitarse de encima suyo, Julian se queda allí, extendido sobre la mesa como un cuerpo apenas vivo. Aún tiene las piernas abiertas de par en par cuando escucha murmullos de movimientos a sus pies, pero está tan cansado que no intenta descifrar qué son.

La venda sobre sus ojos aún aprieta y Julian desearía sacársela pero sabe que no puede. El jugador se vuelve a acercar, Julian aún lucha con su propia fatiga cuando lo escuchaba jadear, ahora hay más sonidos y se da cuenta que el extraño se está masturbando, probablemente con la imagen delante de él.

El cordobés es consciente de su estado, tendido allí sobre la mesa de la sala común del club. Con la mitad de sus piernas colgando del borde y abiertas para que el extraño pueda observar su coño usado. Julian se da cuenta de que no se ha tocado así mismo en toda la noche, y está seguro de que tampoco ha tocado al extraño, porque aún cuando nada se había dicho sobre aquello, Julian sentía que por alguna razón no estaba permitido.

Pero no le importo mucho, así que con calma llevó sus dedos hacia su abdomen y fue bajando hasta que sus dedos rozaron su propios labios, robándose así mismo un gemido lastimero. Aún lleva puesta su ropa interior, aunque esta no esté ni siquiera bien posicionada y solo se haya hecho un pedazo de tela húmeda de fluidos. Pero Julian no le da mucha importancia, tan solo la acomoda más al centro y sigue jugando con su coño.

El otro jugador no parece ajeno a la situación, que se acerca más hasta que sus piernas están entre las de Julian. Piel contra piel.

"Podría llenarte, ¿quieres eso, mmh?" La voz otra vez le vuelve a hablar a Julian, quien perezosamente pasa la punta de sus dedos por su carne. "Puedo venir dentro de ti y llenarte con mi corrida hasta que tu coño gotee."

La idea le suena placentera al cordobés, quien comienza a acelerar el ritmo de sus dedos sobre su clítoris. La tela de su ropa interior raspa contra su coño y la sobreestimulación lo hace sentir que camina delgada línea que divide el dolor del placer. Cuando piensa que tal vez podría arrancarse otro orgasmo, una mano alcanza la suya y la aparta bruscamente.

Su compañero de equipo le vuelve a subir las piernas en la mesa, y tira hasta de ellas hasta que el trasero de Julian está rozando el borde.

"Ojalá pudieras ver cuan mojado estas, tu coño se abre para mi polla como si estuviera diseñada para ella." La voz instiga a Julian, que se arquea ante las provocaciones tan grotescas. Sabe lo que está por venir cuando puede distinguir algo deslizándose contra la tela de su tanga. "Ha probado mi lengua y dedos y ahora está hambrienta por tragar mi polla. Estas tan desesperado por ella."

Lo está tentando, jugando a rozar la cabeza de su polla contra su coño, Julian solo puede empujar hacia adelante, intentando profundizar el contacto. Sus dedos rascando la superficie de madera bajo el, buscando algo a que sujetarse.

El desconocido una vez más hace a un costado la tela y tomando el borde de la tanga empuja hacia adelante hasta que se inclina y la cabeza de su miembro empieza a perderse dentro de él.
Julian no puede hablar, su boca está abierta en un eterno gemido inaudible. La polla del desconocido es grande, demasiado grande. Más que cualquier cosa que Julian haya tenido dentro suyo, dedos, lengua o juguetes, ninguno se compara. Se siente tan crudo, el pedazo de carne es caliente y venoso, y se abre paso entre las paredes de su coño hasta que toca fondo, enterrado completamente.

Se queda así por un segundo: con las piernas abiertas, la espalda arquea y el largo miembro del extraño enterrado hasta lo profundo de su cavidad. Su compañero intenta hacerla su intromisión lo más agradable posible y mueve sus caderas lento, empujando dentro y fuera de manera superficial, esperando que Julian termine de acostumbrarse a su tamaño.

Después de unos minutos, Julian borra la mueca de dolor en su rostro y su boca comienza a jadear por las sensaciones. El desconocido va aumentando gradualmente el ritmo. Lo que antes era un ir y venir pausado, ahora era una embestida tras otra, hasta que la mesa debajo de Julian traquetea por los movimientos.

Julian se olvida del escozor principal, y ahora se pierde en el placer de sentir, cada vez que golpea su coño, el chocar de las bolas del desconocido contra él. Es una sensación buena, la de tener algo dentro suyo, que lo llena hasta que sus paredes se van abriendo y pidiendo por más. Es su primera vez y le gusta.

Entonces Julian, por alguna razón, recuerda uno de los comentarios del blog en el que había investigado, y piensa en ese que calificaba a su "neófito" como el mejor, solo por una particular acción que sólo ahora logra entender. Y decide imitarla.

Julian se acomoda en sus codos y trata de apretar las paredes de su coño alrededor de la polla que golpea dentro de él, la estrechez lo sujeta fuerte y sabe que su hazaña ha sido un éxito cuando las embestidas paran por un segundo y el tartamudeo de las caderas del extraño se produce para dejar escapar un gruñido gutural.

El cordobés es tomado y bajado al suelo, de repente está en sus dos piernas y el desconocido detrás de él lo sujeta por las caderas hasta que su pecho se pega contra la mesa. Son movimientos erráticos hasta que finalmente se acomodan y el desconocido en la desesperación de su excitación toma la tanga de Julian y la rompe hasta que se cae de su cuerpo.

Julian no llega a quejarse, no le da tiempo, el extraño se hunde de una sola estocada y vuelve a abarrotar su coño con su polla.

"Una puta tan buena." El desconocido lo elogió y el interior de Julian se regocijó con el insulto.

Cada palabra grotesca que abandona los labios del otro hace que Julian se estremezca aún más. El extraño es vicioso con su empujar, la polla golpea en los lugares correctos dentro de su coño y Julian ya no es coherente. Solo quiere acostarse allí, y dejar que el jugador lo use hasta que no sea otra cosa más que un contenedor de semen.

Julian se estremece con su propio pensamiento y gime un lastimero por favor, que llega a los oídos del otro.

"Tocate hasta que te vengas." Julian le hace caso a lo que ordena y posiciona una de sus manos entre sus propias piernas hasta que logra alcanzar su clítoris y comienza a masajear.

El extraño continúa embistiendolo, mientras lo insulta y halaga al mismo tiempo. Julian es una puta estúpida según él, pero también tiene el mejor coño que ha follado. Julian es una zorra que se ha dejado tener por un extraño pero sus paredes aprietan solo como un coño virgen puede hacerlo. Julian es todo y nada, al mismo tiempo. Y el cordobés, quien bordea otra vez el orgasmo, solo recepta cada palabra mientras arquea su espalda y lleva al encuentro su trasero contra las caderas del desconocido.

El chapoteo y el golpe de piel piel acompañan el sonido de las palabras. El ritmo de ambos toques se igualan, Julian jugando consigo mismo y el otro embistiéndolo, y Julian no puede con más. Hace un último esfuerzo con sus dedos acalambrados y luego su coño se está tensando, llegando al orgasmo por segunda vez.

Vuelve a caer rendido, con su cabeza ladeada. Su compañero sigue golpeando detrás de él, con movimientos bruscos que provocan fricción entre su mejilla y el material de la mesa. El dolor es ahora más que el placer, porque la sobreestimulación le está ganando pero el extraño detrás suyo parece demasiado concentrado en follarlo para siquiera darse cuenta, así que Julian se muerde los labios mientras es empujado una y otra vez sobre la superficie dura. Araña la misma, buscando sujetarse. Su coño aún sigue replicando las olas de su orgasmo, apretando las paredes alrededor de la polla que resguarda.

Julian solo se deja hacer, se extiende sobre la mesa mientras gime repetidamente, cada tanto mordiendo sus labios para aguantar los gritos. Hasta que el ritmo implacable se detiene y las caderas ajenas tartamudean contra su pelvis, y entonces Julian está siendo llenado de corrida, el semen se dispara dentro de sus paredes hasta que su coño está rebozado del líquido blanquecino y espeso.

Pasa una eternidad antes de que su compañero se retire dentro suyo, el hijo de puta había continuado golpeándolo hasta que Julian temblaba por la hipersensibilidad y pedía entre gemidos por piedad. Ahora Julian era un títere sin cabeza, manejado por el más despiadado titiritero, quien lo mueve a su antojo. Pero Julian se deja, después de todo se siente sin fuerzas como para poder hacer otra cosa que no sea gemir.

El desconocido lo toma por los muslos y lo levanta, Julian apenas tiene las fuerzas necesarias para sujetarse y las mismas se consumen del todo cuando es apoyado en una superficie suave y cómoda. Julian la tantea y el cuero le devuelve el toque. El material termina confirmando lo que ya sospechaba.

Julian ahora se encuentra en el sillón de la sala común y está acostado sobre él, boca arriba y tratando de recuperarse de su avasallador orgasmo.

El jugador solo por un segundo, Julian escucha golpear sus talones por el piso y moverse hasta que está nuevamente sobre él y acerca algo a sus labios.

"Bebe." El vidrio del vaso estaba frío contra su boca y el jugador lo presionó con insistencia.

Julian abre la boca y deja que el líquido caiga por su garganta hasta que el desconocido deja de insistir y se aparta. Álvarez murmura un pequeño gracias y comienza a relajarse, su cuerpo desganado es ahora adorado por el otro, que acaricia toda su extensión de piel desnuda.

Se quedan varios minutos así, Julian recostado en el sofá, con los ojos cerrados aún bajo el pañuelo y tratando de regular su respiración, mientras su compañero, sentado con las piernas de Julian a cada lado de su regazo, navega la piel de sus muslos con sus manos.

"Dios, podría venir solo con esta vista. Tu coño está tan rojo e hinchado. Pero aún sigue abierto, pide por más, tan necesitado de otra cogida."

"Por favor, no, no puedo más." El número diecinueve comienza a sollozar por la sobreestimulación, intenta apartarse del toque pero el otro lo ancla en su posición con una fuerza que lo lastima.

"¿Te duele?" Le pregunta la voz y Julian asiente rápidamente, creyendo que podría encontrar un poco de compasión. Sabe que se equivoca cuando el otro se ríe. "Bien, quiero escucharte llorar."

No puede protestar, una mano le tapa la boca y lo siguiente que sabe es que la otra mano áspera y dura abre sus muslos y está siendo llenado.

La polla del extraño otra vez se hunde dentro suyo y Julian simplemente no puede. Las sensaciones son demasiado para él, todo se quema y su respiración se atasca contra la mano que le cubre la boca.

No puede hacer mucho, ni forcejear. Así que solo descansa su espalda contra el sillón y deja que el extraño lleve sus caderas al encuentro, mientras gime abrumado por cada embestida. El cuero se pega a su piel por el sudor y cada empuje crea una dolorosa fricción de su espalda y el material áspero.

Ya hay lágrimas en sus ojos, Julian deja salir maullidos lastimeros, una letanía de gemidos ahogados que denotan su falta de respiración. Algo dentro de su pecho quema y le impide hablar, demasiado sofocado para pensar correctamente.

El extraño se le echa encima, sus golpes ya no son certeros y parece desesperado cuando sus jadeos se aglomeran uno detrás del otro, constantes contra el hueco entre el cuello y hombro de Julian.

Julian siente que va a ahogarse, el peso encima de él es mucho. Por un momento cree que va a morir así, con una polla dentro de su coño y al mejor jugador del Manchester City entre sus piernas.

Las sensaciones van escalando y escalando hasta que Julian no puede respirar, tiene las uñas clavadas contra la espalda del otro cuando su cuerpo se tensa completo e intenta gritar, pero su boca se abre sin emitir ningún sonido.

De repente, todo se vuelve negro.

(...)

Julian vuelve a despertar en su recámara. Cuando abre los ojos se sorprende así mismo al ver, su vista ya no está cegada por un pañuelo y tampoco está en una habitación desconocida.

Ahora, las sábanas blancas convierten su cama en un lecho suave en el que va despertando lento. Julian ni siquiera sabía como había llegado a ahí, pero se imagina que todo se debe a él, porque lo último que recuerda es haberse desmayado cuando el desconocido aún estaba enterrado dentro suyo.

Los recuerdos vuelven a él como una avalancha, habían pasado ¿horas? desde que Julian había sido sometido en todas las formas posibles. Lo más probable era que aquel jugador se había tomado el trabajo de llevarlo hasta su habitación.

En un intento para confirmar su teoría intenta acercarse a su mesita de luz, donde su teléfono reposaba antes de que Julian había sido arrastrado hasta su iniciación.

El celular sigue aún conectado al cargador cuando Julian intenta alcanzarlo, un dolor en su espalda baja lo detiene a mitad de camino. Claro, follar como loco tenía sus consecuencias.

Reposa del dolor por unos segundos y vuelve a estirarse hasta tomar el celular, casi las seis de la mañana marcan el reloj cuando Julian enciende la pantalla. Tal como pensaba, Julian había estado follando casi toda la madrugada con un desconocido. Con un suspiro vuelve a dejar el celular y se tira en la cama.

Vuelve a intentar reconciliar el sueño, cuando se percata de sí mismo, las sábanas de su cama están en contacto con su piel, porque cuando Julian desliza su mano bajo estas, se da cuenta que no lleva nada puesto.

Se ruboriza ante la idea de que aquel desconocido lo había llevado hasta su habitación en estas condiciones. Inconsciente y desnudo, probablemente visto por los demás residentes. Todos sus compañeros de equipos testigos de su aventura nocturna.

Un pensamiento cruza su mente y Julian se muerde el labio, intentando controlarse. Pero el impulso le gana y la mano que ya se hallaba debajo de la sabana termina entre sus piernas.

Cuando Julian pega sus dedos sobre su intimidad puede decir que está aún sigue hinchada. La sensación es extraña, el delantero desliza sus dedos a lo largo de su coño y gime por la sobreestimulación al rozar su clítoris. No puede evitar pensar en todo lo vivido, en cada cosa que le había dicho y hecho aquel compañero de equipo.

Perdido en sus pensamientos, Julian desliza un dedo dentro de él, las paredes en carne viva de su coño lo reciben, y no puede evitar jadear en sorpresa cuando siente una mezcla viscosa dentro suyo. Claro, Julian recuerda que el desconocido lo había jodido sin condón, y había venido dentro de él tantas veces que ahora su coño aún almacenaba su corrida. Alentado por los recuerdos, Julian comienza a meter y sacar sus dedos dentro de él, lento y pausado, como si fuera un experimento.

Aumenta y acelera el ritmo a medida que sus recuerdos llegan y lo inundan, cuando piensa en el extraño rompiendo su tanga y follando por detrás, Julian se viene sobre sus dedos.

Se limpia como puede, con una remera vieja que luego empuja debajo de su cama. Cuando vuelve a mirar a la mesita de luz, Julian nota una pastilla junto a un vaso de agua, la pastilla del día después.

Julian la toma sin pensarlo.

Notes:

No me arrepiento de nada.