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Al despertarse, Kuina se encontró con la cama de Chishiya vacía. Desde su colchón en el piso, veía como entraba la luz de la mañana, cercana al mediodía, iluminando la habitación y destacando la cama vacía.
En su interior una serie de emociones se desataron y tuvo que calmarse un poco, ignorando sus sentimientos por Chishiya.
En sí, el hecho de que Chishiya se levantara primero no era algo raro, pensó Kuina. Él solía tener unos hábitos de sueño bastante flexibles y raros, que probablemente eran una simple adaptación a sus turnos en el hospital y sus horarios en la universidad. Algo que Kuina si encontraba raro era el comportamiento del rubio hacia ella luego de la noche anterior, luego de sus besos. Eso consiguió desanimarla.
Si ella algo había aprendido paso por paso, en un modo que había sacado de su ¿mejor amigo? Era analizar las situaciones, analizar a las personas y a hacer suposiciones. No siempre acertaba, pero a Chishiya lo conocía demasiado: cuándo él estaba cómodo o no, los gestos apenas perceptibles que hacía para cada emoción, sus mañas, lo perfeccionista que era, su modo de ver el mundo y su pasado. A su parecer, también conocía el motivo por el que Chishiya era como era, una infancia donde solo fue dejado de lado y usado para aparentar y, aunque el rubio dijera que en si estaba bien, Kuina no dejaba de pensar que en el fondo era algo que lo afectaba.
Sentándose en la cama, Kuina empezó a recordar la manera de actuar de Chishiya desde la noche anterior. Algo obvio, es que el cambio en su comportamiento fue después del beso. Otra cosa, es que Chishiya no rechazó el contacto físico con ella luego del beso, simplemente no reaccionaba como venía reaccionando en los últimos tiempos. Ese era el pequeño cambio que Kuina sentía enorme.
Cuando comenzaron su amistad, Chishiya era una persona muy cerrada. Era algo gracioso para Kuina ver como él creaba sus muros hacia el resto del mundo para que no pudieran conocerlo y ver como observaba a la gente, sacando conclusiones acertadas. También era un desafío para Kuina.
El motivo por el que ambos congeniaron tan bien en un principio es que ambos tenían algo distinto para el otro: Kuina era totalmente abierta y transparente, cualquier cosa -exceptuando su transición y genero- que el rubio pudiese haber querido adivinar ella se lo decía desde cero, mientras que éste, en donde ella esperaba una respuesta igual de honesta, solo le daba una pequeña migaja de verdad.
De tanto juntarse, Kuina fue aprendiendo a sacar a Chishiya de su caparazón. De a poco, fue aprendiendo a leerlo también. Logrando que el otro confiara en ella y empezara a contarle cosas por sí sólo, aunque nunca a gran medida. Kuina era la conocedora número uno de Chishiya.
De tanto juntarse, formaron una amistad.
Para Kuina, una amistad incluía muchas cosas: cuidar al otro, preocuparse de que estén bien, contacto físico en buenas medidas, tiempo de calidad juntos. Responsabilidad. Incluso, responsabilidad afectiva.
Lo irónico de todo esto para Kuina, es que cuando Chishiya -de a poco- fue consiguiendo dar con su marca de una buena amistad ella se encontró con el hecho de que su mejor amigo le gustaba.
Sí, desde un principio Kuina había aceptado que Chishiya era un joven apuesto. Pero toda la parte sentimental era algo que se había dado de a poco y de lo que ella se había dado cuenta muy de repente. La suma de cosas que le habían llevado a ese lugar partía desde el saber que Chishiya la aceptaba a ella como era y defendía su identidad, el modo en que cuidaba de ella muy sutilmente, y en como se sentía el tiempo cuando lo pasaban juntos. Él no era alguien inmaduro y superficial, era agradable estar con él, era dedicado y cuidadoso y de a poco se iba convertido en alguien más sensible. Era una suma que ella no podía ignorar.
El cómo se sentía con Chishiya no había cambiado mucho, solo se intensificaba de una manera lenta y constante. Por eso se había sentido aliviada la noche anterior cuando se besaron. Pero con lo de después… ya no sabía muy bien que pensar.
“Preparé el desayuno” Kuina se sobresaltó ante la voz de su amigo. Estaba tan metida en su cabeza, analizando todo y sintiendo el torbellino de emociones que era que no había escuchado la puerta.
“Buenos días, primero que nada, señor madrugador.”
“Me levanté a las nueve y media, no es temprano.”
“Nos acostamos cerca de las cuatro de la madrugada Chishiya” le contestó Kuina con la cara más neutro que podía poner.
“¿Qué tiene?” luego de una pausa el rubio agregó “prepare el desayuno, vení y desayunamos juntos. Sería un desperdicio que lo comieras frío.”
“Ugh, ahí voy,” saliendo de la cama la chica agregó “¿tanto te tomó hacer el desayuno? ¿O estuviste medio año en el baño haciendo quién sabe qué?
Chishiya soltó una risita por lo bajo. “Por si no sabías, todos los productos que me obligaste a comprar los uso en algún momento. Por ejemplo, hoy. Sería un desperdicio si no lo hiciera”
Era algo cierto, el típico aroma de las mascarillas para cabello y de la crema facial que Kuina le había insistido al rubio que comprara estaban en el ambiente.
“¡Me hubieses levantado antes y hacíamos la parte del skincare y la mascarilla juntos Cheshire!” luego de decir esto con un puchero, Kuina notó que la incomodidad de Chishiya se hacía presente. Sólo que había algo distinto, no era su típica incomodidad.
Para dejar de lado el ambiente medio pesado, Kuina se dirigió al baño y se lavó. Al volver a la cocina simplemente se sentó y no dijo mucho más que alguna que otra bobada.
El desayuno transcurrió como siempre. A esas alturas de su amistad, tenían mini rutinas en distintos momentos cotidianos. En el caso del desayuno, comían prácticamente en silencio. Chishiya leyendo -el diario, libros de la universidad o algo que él quisiera leer por leer- y Kuina mirando a la nada, recién despierta o pensando.
En esta ocasión Kuina pensaba. En el beso y en sus sentimientos. En Chishiya y su reaccionar. En los sentimientos de Chishiya.
Kuina era buena para los sentimientos. Suyos y ajenos, era buena. La inteligencia emocional y en las relaciones era en donde ella le ganaba a Chishiya. No era común que se equivocara. Aún así, estaba en esta situación: donde creía que sus sentimientos eran correspondidos no había nada. O eso aparentaba Chishiya.
La única forma de descubrirlo era hablándolo y preguntando.
“Shiya…” con nervios y ante la falta de una respuesta volvió a llamarlo “Chishiya”
El mencionado solo levantó su vista del libro que estaba leyendo y levantando una ceja, como diciendo “¿Qué paso ahora Kuina?”.
“¿Podemos hablar de lo de anoche? Necesito saber qué te pasa Shiya.”
“¿Qué hay con lo de anoche Kuina?”
La respuesta, mas que sonar desalentadora solo le hizo recordar a Kuina del Chishiya del principio. Esquivando las preguntas con preguntas, poniendo esa barrera entre sí y la gente que en muchas ocasiones usaba para protegerse y que en otras usaba porque no sabía qué hacer ni cómo hacerlo.
“Es sobre el beso.” Kuina soltó un suspiro. El tema importante estaba sobre la mesa para hablarlo. Seguía siendo una bola de nervios y por lo que parecía Chishiya también estaba nervioso, aunque sea un poco era algo viniendo de él. “Después de eso te noto más incómodo. Quiero saber si es que en sí el beso te incomodó o que es lo que pasa…”
Kuina vio como Chishiya sopesaba su respuesta, como le daba vueltas a lo que iba a decir. Un proceso que ella conocía bastante bien “Pues, ¿a vos te incomodó, Kuina?”
De nuevo estaba esquivando las preguntas.
“Si vamos por partes, yo fui la que se acercó y te canté la canción Cheshire. Así que es obvio que no me incomodó” Kuina hizo una pausa, jugueteando con un escarbadientes que estaba sobre la mesa.
“Pero el que dio el beso primero fui yo” esto también era algo cierto recordó la nombrada. “No puedo seguir con la misma comodidad de siempre si no se si vos estás bien con lo que pasó anoche, si no se que significado le das. No se como actuar si no se que es lo que esperás Kuina.”
Bien, ya había llegado al problema en sí. Tendría que haberlo sabido: conociendo a su amigo y a su falta de relaciones de todo tipo, el problema obviamente iba a estar en las expectativas, en el qué hacer y cómo. Lo único, es que había algo que faltaba de parte de Chishiya, algo que no estaba diciendo.
“Con la canción me estaba declarando. Era una declaración indirecta” Kuina soltó lo más lento que podía en su actual estado de nervios y ansias.
“¿Declaración? ¿En serio?” en la cara del rubio se podía ver la confusión junto con un poco de esperanzas. Eso era seguro, pensó Kuina. “¿Por qué Kuina?”
“Es porque me gustas.” Kuina no paró ahí, porque esa no era la verdad. “Mierda, es más que eso. Estoy enamorada de vos Chishiya Shuntarou.”
“Kuina…”
“No hace falta que me correspondas” la aclaración nunca iba a estar de más. “No hace falta que tengamos algo serio, ni nada en específico. Podemos seguir con nuestra amistad incluso o con lo que vos estas más cómodo Shiya. Pero necesito que me digas que te pasa conmigo para eso.”
“Yo también estoy enamorado de vos Kuina” fue la respuesta que obtuvo Kuina, en un susurro. “Me gustaría ver a qué podríamos llegar. Sé que necesitaría mucha paciencia de tu parte. Pero intentaría hacer todo de la mejor manera posible y seguir mejorando. Me gustaría probar.”
De la única manera que Kuina pudo responder a la propuesta de Chishiya fue levantándose un poco de su asiento e inclinándose hacia delante para besar a su amigo. No tenía palabras para expresar lo que quería decirle, para aceptar su propuesta. Así que lo dejó en claro con ese beso.
“Gracias Cheshire.”
