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Habían pasado dos meses desde que Alejandro cortó con su -ahora- ex novia porque se filtró un video donde Eva lo engañaba en una fiesta en Madrid mientras él atravesaba una mala racha con el Manchester United.
Probablemente fueron los peores días de la vida del joven futbolista, perdía minutos en el equipo de Ten Hag y su novia de la infancia, una parte fundamental de su vida, lo había traicionado. Realmente se sentía abrumado, sentía que el mundo se acababa y pensó en tirar la toalla muchas veces, quizás irse a un club más pequeño para convertirse en estrella y reconstruir su autoestima.
Aunque al principio no le gustara admitirlo, lo único que impidió que tome decisiones poco racionales fue su hermanito mayor.
Desde que se enteró, Licha no dejó de tratar de ayudar a Alejando. Sentía que era su responsabilidad por ser los únicos argentinos en el club (aunque Garnacho haya nacido en España, él siempre le decía que los argentinos nacían donde querían). Los primeros días le dió su espacio, pero cuando el club y los entrenamientos comenzaron a reclamar su presencia, lo fué a buscar a su casa y prácticamente lo sacó arrastrado. Sabía que era por su bien, algún día se lo agradecería.
Pero los desamores no son procesos lineales, y mucho menos la primera vez que te rompen el corazón. Los días que Alejandro se sentía un poco mejor, se quedaban conversando en las instalaciones del club, salían a almorzar, caminar o cualquier plan que involucre sacarlo de su departamento. Sin embargo, los peores días eran los que el menor no quería salir de su casa, se incomunicaba y preocupaba a todos. Esos días Lisandro iba a su departamento y lo consolaba durante horas mientras el menor lloraba como un bebé, generalmente se dormía así, con el mayor envolviendolo hasta que el único ruido que había en la habitación era el de la televisión de fondo. Cuando todo se calmaba, Licha iba a dormir al sillon y le preparaba el desayuno a la mañana siguiente antes de ir juntos a entrenar.
26 de febrero de 2023, final de la copa de la liga de Inglaterra en Wembley, el United gana 2 a 0 con Garnacho de titular desde el minuto 0 y anota el gol que, a los 73 minutos, líquida el partido.
Alejandro no lo puede creer, siente que está tocando el cielo con las manos porque jugar y salir campeón en un equipo como el United es un sueño hecho realidad ¡Y encima hizo un gol!
Mientras celebra su anotación, la única persona en la que podía pensar en ese momento se sube a su espalda y le dice al oído
- Yo te dije que eras crack, hermanito ¡Sos gigante!
Y siente que su corazón vuelve a latir.
Después de la premiación, los festejos en los vestuarios y la llegada a Old Trafford, Lisandro se acerca y le propone salir de joda con otros compañeros de equipo. El menor está cansado, jugó casi 100 minutos más muchos otros de gritos y celebraciones pero accede, porque siente que se lo debe a su hermanito.
A los dos les gusta la joda, no lo pueden negar, pero Alejandro no salió mucho de su casa desde la ruptura con Eva y si salía era para entrenar o hacer algo con Licha, no estaba de humor para salir a bailar. Pero, citando a su hermanito en su cabeza, el que es campeón (de la Carabao Cup) hace lo que quiere,
Cuando baja de su departamento y ve el característico mercedes negro del mayor se sube y lo saluda con un beso en el cachete. En el parlante suena cumbia argentina y RKT, alejandro le había agarrado el gusto primero mientras concentraba con la sub-20 y después al pasar tanto tiempo con Lisandro.
- ¿Qué onda campeón de la liga? - pregunta animado el mayor mientras mantenía una mano en el volante.
- Tío, no me acuerdo cuando fue la última vez que salí de fiesta, siento que estoy oxidado.
- Tranca que seguro no te olvidaste los pasos prohibidos - bromeó.
Las calles pasaban y mientras en el auto sonaba “MERCHO” llegaron a destino. Cruzando una puerta roja imponente se encontraron con el resto de sus compañeros en el VIP, y la noche pasó mientras los vasos le llovían al menor. Todos querían felicitarlo y festejar con él por ser la figura de la final siendo tan jóven.
Todo se desarrollaba con normalidad, Alejandro bailaba en la pista pensando en que quizás las fiestas no le gustaban tanto como antes pero que para festejar el campeonato estaba bien. En un momento vé por el rabillo del ojo como una cabecera teñida de rubio que reconocía muy bien hablaba muy cerca del oído de otra mujer, y a Alejandro se le revolvió el estómago, sintió que quería vomitar pero no por el alcohol sino por la incomodidad repentina que sentía.
No tenía sentido, Lisandro era su mejor amigo y casi que su salvador ¿por qué le afecta tanto verlo con una chica que no conoce? Alejandro no era gay, pero su amigo tenía esa labia que junto con la pinta de chamuyero hacía caer a cualquiera a sus pies, y parece que él no fue la excepción.
“¿Estoy celoso? ¿Me gusta Lisandro? ¿Me gustan los hombres? ¿Me estuve enamorando todo este tiempo que pasamos juntos? ¿No se supone que debo seguir triste por lo de Eva?” Las preguntas abrumaban su cabeza pero no podía responder ninguna. Palideció y sintió como todo a su alrededor, la música de fondo, la multitud y las conversaciones circundantes transcurrían en cámara lenta. Hubiera jurado que se estaba por desmayar hasta que una voz lo sacó del trance.
- ¿Qué pasó hermanito? Parece que viste un fantasma - dijo el causante de su malestar.
- Me siento mal de repente - dijo juntando fuerzas para no vomitar- me parece que voy a pedir un Uber.
- Ni en pedo, vamos que te llevo. - dijo el mayor mientras lo llevaba de la muñeca hacia la entrada del boliche.
Cuando llegaron a su departamento, Alejandro comenzó a excusarse en el alcohol para darle rienda suelta a sus pensamientos con Lisandro. Apenas el mayor cerró la puerta, Garnacho se abalanzó sobre él en un abrazo, colgándose de sus hombros.
- Que manera de tomar, pendejo. - dijo Licha con una sonrisa burlona, mientras trataba de sostener el cuerpo de su hermanito.
- No es el Gin Tonic lo que me hizo mal - susurró el menor en su oído con una voz ebria y llena de deseo - Sino ver que andabas con cualquier zorra de por ahí y no conmigo.
Lisandro no pudo evitar reírse ante los reclamos del español, y su acento madrileño tampoco ayudaba.
- Que pendejo atrevido - dijo acercando al más alto por la cintura y susurrando en su oído - Todavía no me diste ni un beso y ya empezaste con planteos pelotudos.
Alejandro sentía que se derretía, se separó del oído del contrario y lo miró a los ojos. Esas orbes marrones lo tenían hipnotizado hasta que el mayor rompió la distancia entre ellos y suavemente, juntó sus bocas en un suave beso.
Los labios de Alejandro sabían exactamente como había imaginado el argentino, eran suaves y carnosos. El tampoco estaba seguro cuando empezó su atracción por su hermanito, pero agradece a Dios por ser correspondido.
Necesitaba comprobar otra de las cosas que había imaginado en esas noches durmiendo en el sofá, así que en medio del beso mordió de sorpresa el labio del español y este dejó escapar un pequeño gemido, casi inaudible, pero que para Licha era la confirmación de todas sus fantasías.
Lisandro aseguró su agarre en la cintura del menor mientras el beso seguía apasionadamente, cuando se quedaron sin aire simplemente se veían y se perdían en los ojos del contrario, el silencio era únicamente interrumpido por los jadeos en busca de oxígeno y cualquier palabra sobraba.
A pesar de ser más enano que el, Licha alzó al menor para llevarlo a la habitación mientras el otro enroscaba sus piernas en su cintura y ocultaba su cara en el cuello contrario, tratando de sentir lo más que pueda el perfume de su amante para guardarlo en su memoria.
Cuando se sentaron en la cama, las remeras de ambos volaron con poca importancia hacia algún lugar de la habitación y el beso se intensificó. Alejandro sentía que se derretía con el contacto de su piel mientras seguía sentado en el regazo de Lisandro. En uno de los tantos manoteos, sintió el bulto apretado del otro y decidió que era momento de hacerse cargo de su hermanito mayor.
Se separó del beso y se arrodilló entre las piernas contrarias, comenzando a tocar por encima de la tela mientras miraba a los ojos de Licha, como pidiendo permiso.
La primera vez que descubrió el miembro contrario Alejandro se quedó tieso, conmocionado por su falta de experiencia pero impulsado por sus deseos. Se acerca para besar la punta que estaba brillando, saboreando el preseminal mientras piensa que es casi desabrido mientras mantiene una mano en los testículos.
- ¿Estás seguro de que querés hacer esto? - le dijo al español mientras lo agarraba del mentón para guiar su mirada
- Nunca estuve más seguro, hermanito . - Contestó el menor cargado de confianza y lujuria, y una corriente eléctrica recorrió a Lisandro por todo su cuerpo, la voz del menor era fulminante para él.
Sus movimientos al principio eran tímidos, tratando de descifrar que tenía que hacer. Lisandro no pudo evitar apoyar su mano en la cabeza del menor, enredando sus dedos en su cabello, mientras tenía la otra apoyada en el colchón.
Comenzó a guiar al otro para que de a poco fuera lamiendo toda su extensión mientras lo obligaba que lo mire a los ojos para grabar ese paisaje en su memoria para siempre.
Una vez que el menor agarró confianza en sus movimientos, Licha sentía que estaba tocando el cielo con las manos, los movimientos de la lengua sobre su cabeza lo volvían loco, tanto que pasado un tiempo sentía que un calor en la base de su estómago comenzaba a subir y trató de advertir a Alejandro de lo que iba a pasar.
- Ale…- gimió- Voy… voy a acabar…- y amagó de salir de la boca del contrario pero no pudo, así que lo tomó como señal para venirse en su garganta.
Cuando retomó un poco de conciencia, alzó al otro sobre su regazo y comenzó a masturbarlo mientras en un beso podía sentir su propio sabor en la boca del contrario.
Estaban en el paraíso, y cuando Lisandro sintió que Alejandro comenzaba a gemir más, aumentó los movimientos de su mano mientras con el pulgar estimulaba el glande, forzando al otro a correrse en su mano.
Los dos se miraron y sonrieron antes de unirse de vuelta en un beso, pero este era lento y dulce, habían saciado sus necesidades (aunque no todas, pero ya tendrían tiempo para eso).
Después de limpiarse, Ale le prestó una remera para que duerma a Lisandro y se acostaron en la cama del menor.
Por primera vez en mucho tiempo Alejandro durmió en paz, al parecer lo que le faltaba para conciliar el sueño era estar acostado sobre el pecho de Lisandro mientras el otro lo abrazaba y sus respiraciones poco a poco iban disminuyendo hasta quedar dormidos.
Al día siguiente Lisandro al fín se despertará en la cama de Garnacho después de tantas noches durmiendo en el sofá, seguramente desayunarían tranquilos ya que tenían el día libre. Había mucho para hablar, pero pocas cosas realmente cruciales. Lo importante era que ahora había sentimientos que no eran propios de hermanitos .
