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Fiesta de fin de año

Summary:

Es la fiesta de fin de año y Lily Evans no puede creer que Severus Snape esté allí.

Notes:

Esta es solo una idea que no me podía sacar de la cabeza, lo hice con el fin de entretener, no es perfecto, pero solo esperaba y lo disfrutarán.

Chapter Text

El final de su sexto año en Hogwarts había llegado, y la gran sala se había transformado en un elegante salón de celebración. Lily Evans, con su cabello recogido en una alta cola de caballo y un vestido blanco que resaltaba la calidez de su piel, se encontraba en su mesa de siempre, radiante, con los labios pintados de un rosa sutil y una sonrisa encantadora mientras charlaba con sus amigos.

Se sentía maravillada. Lo que antes era el comedor se había convertido en una sala deslumbrante con mesas circulares cubiertas de manteles blancos, gracias a la impecable magia de la profesora McGonagall. Pero lo que realmente le había llamado la atención aquella noche no era la decoración.

Era él.

Severus Snape.

El chico que conocía desde la infancia, su amigo, su compañero de confidencias y peleas. Él estaba allí. Y lo más increíble era que se veía… atractivo.

Lily parpadeó, desconcertada por su propia reacción. Severus solía despreciar estas fiestas, considerándolas una pérdida de tiempo, y sin embargo, allí estaba, sentado en una de las mesas más apartadas, junto a Rosier. No parecía interesado en el bullicio a su alrededor, ni en las risas, ni en la música que llenaba el aire.

Pero lo que más le desconcertó fue su aspecto.

Su piel, normalmente pálida y marcada por el cansancio, parecía más limpia, con un brillo sutil bajo la tenue iluminación del lugar. Su cabello negro, siempre objeto de burlas, lucía pulcro, con un brillo que reflejaba la luz de las velas flotantes. Su camisa blanca estaba impecable, el chaleco negro resaltaba su delgada figura con elegancia, y sus pantalones oscuros caían con una perfección que dejaba claro que había puesto especial cuidado en su vestimenta. Incluso sus zapatos estaban pulidos.

Severus Snape se veía encantador.

"Wow, Lily, ¿viste a tu amigo la serpiente?" murmuró Marlene McKinnon, con un tono que denotaba la misma sorpresa que sentía Lily.

"No lo llames así, Marlene " respondió con un dejo de irritación, sin apartar la mirada de Severus.

Marlene se encogió de hombros, un poco avergonzada.

"Lo siento, es que Sirius lo llama así todo el tiempo…

"Eso no significa que tú también tengas que hacerlo " suspiró Lily, cruzándose de brazos. Estaba a punto de reprenderla aún más cuando su amiga añadió algo que la dejó sin palabras.

—Pero Snape se ve genial.

Lily tragó en seco.

¿Ella también lo notaba?

"¿Snape? "intervino otra de sus amigas, con un deje de incredulidad. "Se ve bien, pero eso no cambia nada, sigue siendo un Slytherin"

Marlene asintió en acuerdo, pero Lily sintió un leve fastidio.

"Ser un Slytherin no lo convierte en mala persona " replicó, con firmeza. "Severus es un buen amigo… y se ve muy lindo.

Hubo un silencio breve antes de que Marlene la mirara con malicia.

"¿Te gusta, Lily? Pensé que estabas interesada en Potter…"

Lily no respondió. No porque no quisiera, sino porque sus pensamientos estaban demasiado enredados.

Severus no parecía haberla visto. Seguía en su rincón apartado, con la barbilla apoyada en las palmas de sus manos, el ceño ligeramente fruncido. De vez en cuando, miraba alrededor de la sala con una expresión tensa, como si esperara ver a alguien en particular.

Lily se mordió el labio inferior.

¿Por qué estaba tan nervioso?

"Snape se ve ansioso "comentó alguien en la mesa "¿Crees que está esperando a una chica?"

Lily se giró con rapidez, sintiendo cómo su corazón daba un pequeño vuelco.

¿Una chica?

La posibilidad no se le había pasado por la cabeza hasta ese momento. ¿Era por eso que Severus había estado distante últimamente? ¿Había alguien más que le importara lo suficiente como para hacerlo asistir a una fiesta?

Sus ojos recorrieron la sala de manera inconsciente, buscando algún indicio, alguna mirada furtiva, alguna chica que pudiera ser el motivo de su nerviosismo.

¿Quién era ella?

¿Qué tenía esa persona que lo había hecho salir de su aislamiento habitual?

Pero su ensimismamiento se vio interrumpido por una carcajada burlona.

"¿Estás loca? ¿Quién querría salir con Snivellus?"

Sirius Black.

Lily sintió cómo su paciencia se evaporaba al instante.

El Gryffindor estaba parado justo detrás de Alice, con su usual sonrisa socarrona y la actitud despreocupada que siempre usaba cuando tenía la intención de molestar. Algunas chicas rieron a su alrededor, pero Lily no.

No.

Se giró lentamente, mirándolo con el ceño fruncido.

"Cállate, Black. Nadie pidió tu opinión"

Sirius levantó las manos en gesto de inocencia, sin dejar de sonreír.

—Vamos, Evans, ni siquiera tú te has enamorado de él. Y eso que lleva años mirándote con esos ojitos de cachorro triste. Solo míralo… Es patético. ¿Quién podría estar interesado en alguien como él?

Lily sintió su rostro arder, pero no de vergüenza.

De ira.

Las palabras de Black la atravesaron como cuchillas, frías y despectivas. Sus manos temblaron sobre la mesa, sus labios se torcieron en una mueca de rabia contenida.

¿Qué sabía Black sobre Severus?

Nada.

No sabía de las conversaciones nocturnas en el callejón de Spinner’s End. No sabía de las risas compartidas, de los secretos susurrados entre clases, de las veces que Severus había estado allí cuando ella lo necesitaba. No sabía de su inteligencia, de su ingenio, de la dulzura oculta detrás de su sarcasmo.

Pero aún así, tenía el descaro de hablar de él como si fuera basura. Como si no tuviera derecho a ser querido.

Sirius se estaba riendo, convencido de que su comentario había sido ingenioso.

Y Lily…

Lily sintió que la sangre le hervía.

Abrió la boca, lista para responder, para defender a su amigo, para hacer callar a Black de una vez por todas.

Pero entonces, antes de que pudiera decir una sola palabra, algo la interrumpió.

Y la tensión en el aire se volvió aún más densa.

"Basta, Sirius. Ya dijiste suficiente."

La voz de James Potter resonó con dureza, cortando el bullicio de la fiesta. Lily sintió un leve estremecimiento al escuchar el peso en su tono. Él no estaba bromeando. Su mano se posó con firmeza en el hombro de su amigo, y su mirada, que solía brillar con diversión, ahora destilaba desagrado.

"Te dije que dejaras de meterte con Snape."

Sirius parpadeó, desconcertado por el tono de James, pero antes de poder replicar, Potter continuó, su ceño fruncido con una gravedad que rara vez mostraba.

"Sigues actuando como un niño. ¿Qué diablos te importa lo que haga?"

Lily se quedó helada. Algo en la escena no encajaba. Había presenciado cómo los Merodeadores —excepto Sirius— habían dejado de molestar a Severus en los últimos meses, pero jamás imaginó que James intervendría con tanta vehemencia.

El aire a su alrededor pareció cambiar. James tenía un porte distinto, una madurez en su expresión que antes no estaba allí.

Lily había pensado al principio que todo era parte de una estrategia para impresionarla, otra jugada para ganar su atención. Pero ahora, al verlo con el rostro tenso, su mandíbula marcada y el fulgor contenido en sus ojos... No, esto no tenía nada que ver con ella.

James Potter había cambiado.

"Por Merlín, James," bufó Sirius, aún incrédulo. "No sé qué te ha pasado estos meses, pero es Snivellus. ¿No lo recuerdas?"

El error fue evidente en cuanto las palabras salieron de su boca.

"¡Te dije que dejaras de llamarlo así!"

El rugido de Potter hizo que la música y las risas se desvanecieran por un instante. Varias cabezas se giraron hacia ellos, y Lily sintió cómo la atención de la sala pesaba sobre su mesa.

Incluso Severus, que hasta entonces había estado conversando con Rosier, levantó la mirada.

Sirius retrocedió levemente, pero se negó a ceder.

"¿Por qué te molesta ahora? Antes te encantaba."

James soltó un resoplido exasperado.

"James tiene razón, Padfoot. Déjalo." Remus habló con su tono mesurado, pero su postura era firme.

Sirius frunció el ceño, su mirada saltando entre sus amigos como si estuviera viendo a extraños.

"¿Tú también, Remus?" Su voz sonaba más desconcertada que molesta. "Al menos tú estás de mi lado, ¿no, Colagusano?"

Peter, con la boca llena de galletas, solo desvió la mirada.

Nadie lo apoyaba.

Sirius Black, el alma de los Merodeadores, estaba solo en su causa.

El silencio entre ellos se volvió denso. Sirius lo rompió con una risa hueca.

"¿Qué les pasó? Pensé que esto era lo nuestro, chicos. Somos los Merodeadores, ¿recuerdan? Hacemos que la vida de Snivellus sea un infierno. Primero, por ser un Slytherin. Y segundo..." Giró la cabeza hacia James con una sonrisa burlona. "Porque él era el único obstáculo entre tú y Evans."

Lily sintió un vacío helado en el estómago.

Toda su vida, había sabido que Sirius detestaba a Severus, pero escuchar esa razón dicha con tanta frialdad... La dejó sin aire.

Se puso de pie de golpe.

"¿Es esa la razón?" preguntó, su voz apenas un susurro cargado de incredulidad y rabia.

James bajó la cabeza, avergonzado.

Lily sintió una punzada inesperada al verlo así. No era el mismo chico arrogante de quinto año. Había una sombra en su mirada, un peso sobre sus hombros.

Finalmente, James levantó la vista y habló con voz firme.

"Ya no me interesa Evans, Sirius."

El Gryffindor de cabello oscuro parpadeó.

"¿Qué?"

"Desde el final del quinto año." James se ajustó las gafas. "Te lo he dicho mil veces, pero tú sigues creyendo que es parte de un plan."

Lily sintió su corazón latir con fuerza en su pecho.

¿Había sido cierto todo este tiempo? ¿James realmente había dejado de intentar conquistarla?

¿Y por qué esa revelación le provocaba un extraño nudo en el pecho?

Sirius, por su parte, parecía completamente desconcertado.

"¿Es de verdad?" murmuró, como si aún esperara que fuera una broma.

"Es de verdad, Sirius."

Remus suspiró, dándole un leve empujón en el hombro como si quisiera sacarlo de su estupor.

"Deja a Snape en paz."

La mandíbula de Sirius se tensó. Miró a sus amigos, esperando encontrar alguna señal de apoyo. No encontró nada.

Finalmente, dejó escapar un bufido derrotado y se dejó caer en la silla que Lily había dejado vacía.

Lily sintió cómo su pecho subía y bajaba con la respiración entrecortada. Un torbellino de emociones la invadía.

Ira. Frustración. Decepción.

Vergüenza.

Vergüenza de compartir una casa con un grupo de idiotas que habían justificado años de crueldad con un pretexto tan ridículo.

Y entonces, sus ojos viajaron hacia el otro extremo del salón.

Severus.

Seguía sentado, con la barbilla apoyada en una mano y el ceño fruncido, como si algo le preocupara. Pero no la estaba mirando a ella.

Su mirada estaba fija en algún punto entre la multitud, su expresión distante, casi... expectante.

Lily sintió una punzada extraña en el pecho.

Algo había cambiado esa noche.

No solo en James, que ahora la desconcertaba con su madurez repentina, su enojo genuino contra Sirius, su indiferencia hacia ella…

Sino también en Severus.

Porque, entre toda la gente en la sala, en algún lugar de esa multitud, Severus había encontrado lo que estaba buscando.

Y Lily no pudo evitar preguntarse, con una ansiedad que la carcomía por dentro:

¿Quién era ella?

En el momento en que sus ojos siguieron la oscura y profunda mirada de Snape, Lily se encontró con la figura inconfundible de James Potter, con sus anteojos ligeramente caídos y esa sonrisa que, por primera vez, no le pareció ni altanera ni arrogante.

Era una sonrisa distinta.

Dulce.

No era la sonrisa de un bromista satisfecho con su última travesura, ni la de un Gryffindor presumiendo una victoria en el campo de Quidditch. Era... algo más.

Lo mismo podía decirse de la expresión de Snape. No había desdén, ni desprecio, ni la furia contenida que normalmente coloreaba su rostro cuando se encontraba con James. Había algo más profundo, un matiz de emoción que Lily no supo descifrar.

Y lo inquietante era que no era la primera vez que lo notaba.

A lo largo de los últimos dos años, había presenciado momentos similares entre ellos, pero los había descartado como producto de su imaginación. Miradas fugaces en los pasillos, en las clases, en el comedor. Instantes donde el bullicio a su alrededor se desvanecía y solo quedaban ellos dos, mirándose de una manera que Lily no comprendía.

Hubo ocasiones en las que ambos faltaron al desayuno, y aunque nadie más parecía notarlo, a Lily le resultaba extraño. ¿Dónde estaban? ¿Por qué, a veces, al regresar, tenían esa expresión distante, como si compartieran un secreto que nadie más debía conocer?

Lo pensó cuando los vio juntos en Aritmancia, cuando un comentario casual de James había hecho que Severus le sostuviera la mirada por demasiado tiempo, cuando en Pociones Potter se había distraído viéndolo trabajar con tal intensidad que Sirius tuvo que llamarlo dos veces.

Y ahora estaban ahí otra vez.

Esa mirada... era como un susurro entre ellos, un secreto compartido en el silencio.

Lily sintió un escalofrío recorrer su espalda.

James y Severus se miraban como dos personas que se conocían más allá de lo evidente, como si entre ellos hubiera algo no dicho, algo que los conectaba en un nivel que ella nunca había sospechado.

Entonces, como siempre, Sirius rompió la tensión con un comentario fuera de lugar. James chasqueó la lengua, irritado, y Severus apartó la mirada con las mejillas encendidas.

Se giró hacia Rosier por primera vez en la noche, le dijo algo en voz baja y se levantó de la mesa.

Lily lo siguió con la mirada mientras abandonaba el Gran Comedor sin siquiera dirigirle una palabra.

Un rato después, James hizo lo mismo. Se acercó a Remus y Peter, les susurró algo que hizo rodar los ojos al primero y sonrojarse al segundo. Luego, con un ademán despreocupado, acomodó su cabello, se ajustó los anteojos y salió, sin siquiera mirar atrás.

Lily sintió un nudo en el estómago.

No podía ignorarlo más.

¿Qué había en esa mirada entre James Potter y Severus Snape?