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A los 16 años jamás pensó que su vida cambiaría por completo, él estaba enfocado únicamente en ser un ninja impecable y grandioso, pero su amigo Knuckles lo convenció de unirse a un grupo de detectives que estaba formando, y luego de insistir tanto y tanto, finalmente logró convencerlo.
Fue ahí donde lo conoció, y una vida completamente nueva para él comenzó.
Tan grande y fornido, con escamas tan verdes como el césped y colmillos tan filosos como feroces.
"Bastante atractivo" pensó el camaleón. Pero no se interesó mucho, solo lo veía como el molesto cocodrilo ruidoso que también era parte de su equipo.
O al menos eso pensaba en aquel entonces.
Los años pasaron, Knuckles se había ido completamente con Sonic y Mighty desapareció junto a Ray sin dejar ni un rastro. Solo quedaban los tres oviparos más divertidos y únicos que la ciudad podía conocer.
Subsistiendo como podían, con los pocos trabajos de detective que les pedían, hasta el cuello de deudas, pero aún así eran felices.
—¡Ahí va! —gritaba la tierna abeja mientras jugaba con una bola de periódico viejo y unas latas desgastadas.
El camaleón se encontraba en un rincón de la agencia meditando como acostumbraba, pero se desconcentraba un poco cuando las latas caían al suelo y hacían aquel ruido molesto.
—Bah, solo otro día como cualquier otro —suspiró Vector mientras se recargaba completamente sobre su silla y subía el volumen en sus audífonos.
Espio salió un poco de sus pensamientos y ahora su concentración se dirigía completamente a su jefe. Le encantaba verlo desde ese ángulo, se veía tan imponente que pensaba: "si algún día estoy en problemas, si mi vida esta en peligro, ojalá él llegue a rescatarme" y su rostro se sonrojó suavemente.
Esbozó una pequeña sonrisa, se sentía feliz de tenerlo a su lado, esos sentimientos románticos que estaba reprimiendo hace un tiempo, había comenzado a aceptarlos poco a poco y se sentía feliz por eso, le gustaba mucho esa cálida sensación de enamorarse.
La puerta de la agencia comenzó a ser tocada, por lo que los tres detectives se pusieron atentos, Charmy voló para abrir la puerta.
—¡Cream! —Saludó a su amiga y la recibió con un fuerte abrazo.
—¡Buenos días Charmy! Iba hacia al parque, pero venia a preguntarte si también quieres ir —entró a la casa y su madre entró detrás de ella.
—Buenos días muchachos —saludó con amabilidad la coneja de mayor altura.
El corazón de Vector comenzó a latir más fuerte y su rostro se sonrojaba intensamente.
—Señorita Vanilla... —se levantó de su asiento y corrió torpemente a saludarla, sentía las piernas de gelatina y no dejaba de tartamudear. —Es todo un placer tenerla en nuestro humilde hogar —tomó su mano suavemente y besó su dorso.
—Oh Vector... Eres un completo encanto —rió con dulzura y su rostro también se sonrojaba.
Fue entonces donde se dio cuenta.
Sus sentimientos jamás serían correspondidos.
Y no es que Vector fuese precisamente heterosexual, era porque alguna vez tuvieron una calida conversación donde Vector le confesó que veía a Charmy como un hermano pequeño, casi su hijo, mientras que a él lo veía como un hermano de casi su misma edad, era su mejor amigo, la persona con la que siempre podria contar, su mayor confidente. Ahora las palabras se repetían una y otra vez dentro de su mente y lo estaban torturando.
Su mente comenzó a dar vueltas, su respiración se agitaba, sentía como sus manos estaban temblando, un escalofrío recorrió su cuerpo y su pecho empezaba a sentirse invadido de... Algo.
Salió corriendo tratando de subir las escaleras, pero en el camino comenzó a toser y soltó algunos pétalos de color amarillo brillante, se asustó pero continúo corriendo.
—¡Espio! —Charmy y Cream volaron para seguirlo, pero se había encerrado a la habitación.
—No se preocupen chicos... Ustedes vayan al parque, diviértanse mucho —dijo con algo de dificultad, pues su respiración continuaba agitada y su garganta le pedía seguir tosiendo.
Los pequeños se miraron mutuamente, lo escucharon tan mal que prefirieron dejarlo solo, tal vez era lo que necesitaba.
Bajaron e inmediatamente los dos adultos preguntaron por el camaleón.
—No lo se, tal vez se va a enfermar de algo... —dijo Charmy preocupado mientras rascaba su nuca.
—Bueno, de cualquier manera el sabe que cualquier remedio que necesite lo tenemos en las cajas de arriba, además de que no dudaría de ir con un médico, estará bien. —el cocodrilo sonrió para que Vanilla no se preocupara más —Además, creo que debo acompañarles, nunca se sabe que cosas causará este diablillo —cargó a la abeja y talló juguetonamente su cabeza mientras ambos reían, luego salieron de la casa.
Al escuchar la puerta cerrándose, Espio abrió lentamente la puerta del cuarto, observó a todos lados asegurandose de que de verdad se hayan ido. Sentía el cuerpo débil y escalofríos que constantemente recorrian su cuerpo.
Ahora si comenzó a preocuparse de verdad cuando en las escaleras vio los pétalos que había tosido, se agachó para tomar uno y comenzó a pensar detenidamente.
¿A quien podía consultar para saber que estaba ocurriendo?
—¿Sonic? —habló al teléfono, tratando de que su respiración se mantuviera tranquila.
—La criatura más veloz te a contestado, ¿que se te ofrece, mi buen amigo? —escuchaba al otro lado de la bocina.
—¿Tails esta contigo? Se que no es medico pero también se que es muy inteligente y desearía consultarle algo... —dijo mientras miraba perturbado el pétalo que había recogido.
—Ah por supuesto, íbamos a jugar algunos videojuegos, así que apresurate que esto no lo interrumpimos por nadie —soltó una risita y colgó el teléfono.
Hizo su mayor esfuerzo por ir a un ritmo veloz y constante, aun sentía las piernas débiles y la respiración pesada, comenzaba a sentir sus pulmones un poco apretados, pero tenia fé en que el zorro lograría encontrar una solución.
Llegó a la casa de los mejores amigos y el erizo lo dejó pasar.
—¡Hola Espio! —saludó alegremente el zorro mientras cargaba algunas cosas —Justo traía mis pocos libros de medicina para saber que ocurre, toma asiento.
—Ah, muchas gracias —haciendo un gran esfuerzo, tomó asiento en una silla del comedor y se recargó con pesadez sobre la mesa.
—Veo que estas algo débil... —le ofreció un vaso con agua y también tomó asiento —Cuéntame, ¿que sucede?
—Bueno, estaba en casa con Charmy y Vector, no estábamos haciendo nada importante hasta que llegaron Cream y su madre, fue cuando comencé a sentirme mal y salí corriendo para no arruinarle su felicidad a los niños. Cuando subía las escaleras comencé a toser y expulse esto —sacó el pétalo y se lo mostró —desde ese momento me siento algo débil, fatigado y tengo una extraña sensación en el pecho.
Cuando el camaleón terminó de contarle, Tails miró rápidamente a Sonic, ambos se veían bastante preocupados y parecían buscar la forma de decir algo.
Algo que era bastante alarmante.
—Oh Espio... —buscaba las palabras adecuadas para explicarle —Verás, alguna vez Knuckles nos contó un antiguo mito, decía que cuando te enamorabas profundamente de alguien y esta persona no correspondía a tus sentimientos, unas flores comenzaría a crecer en tu interior. —dijo el zorro aguantando las lágrimas mientras miraba el pétalo —La única cura es que seas correspondido de manera sincera, que los sentimientos de ambos extremos sean mutuos y verdaderos, de lo contrario, las flores continuarán creciendo en tu interior hasta invadir por completo tus pulmones con flores, tallos y pétalos...
El erizo miró a ambos con tristeza, se acercó al camaleón y puso una mano sobre su hombro.
—¿Quien es? —preguntó directamente, quería saber si existía forma alguna de ayudarlo.
—Olvidalo, no tiene sentido mencionarlo, jamás me va a corresponder —volvió a toser y continuaban saliendo pétalos amarillos.
—Él está enamorado de otra persona y lo sabes, ¿cierto? —insistió el de púas azules, ya sospechaba que Espio estaba enamorado de Vector, pero quería estar seguro.
—No solo eso, hubo una vez donde admitió lo mucho que me quería pero no de manera romántica... Incluso comparó nuestra amistad con la de ustedes, dándome a entender que ese amor nunca se transformara en algo más —agachó la mirada y sus lágrimas comenzaron a brotar.
—Sabes que te apreciamos mucho, ¿cierto? —dijo Tails, no le gustaba para nada ver a un amigo suyo de esa forma —Si necesitas algo, estaremos aquí para apoyarte hasta el final —le regaló una calida pero triste sonrisa.
Espio agradeció, se despidió y salió de la casa.
Caminaba de vuelta a su hogar, usando sus habilidades de ninja para hacerse invisible y caminar tranquilo, pero iba pasando por los lugares en los que estuvo alguna vez con su amor no correspondido.
La vez que se sentaron en aquella banca porque Charmy picó por accidente a Vector, aquel callejón donde se detuvieron porque Charmy había comido algo muy picante mientras Vector y él no dejaban de reír, aquel banco que visitaron porque los contrataron para investigar el caso de un robo y al final confundieron a Vector con uno de los ladrones.
Las lágrimas no dejaban de rodar por sus mejillas, no solo se sentía triste por no ser correspondido, sabía que pronto todos esos días de felicidad con sus dos amigos desaparecerian por siempre.
Tenían aún tanto por experimentar y vivir. No quería morir aún.
Queria ver a Charmy llegando a la adolescencia y ser un completo rebelde, quería ver como Vector lo regañaria por ponerse un piercing o hacerse un tatuaje sin antes consultarlo con sus tutores, y él mismo tendría que regañarlo también, para luego comprenderlo y abrazarlo calidamente.
Deseaba pasar todo esto a lado de su gran amor, comportándose como si fueran padres de una abeja sin control, hiperactiva y molesta. Soñaba con bailar una canción cursi en el centro de la sala, para luego parar a media canción, reír juntos y abrazarse.
Llevarle el desayuno a la cama y llenar su rostro de besos mientras se abrazaban y acariciaba sus escamas verdes.
En serio era lo que más quería. Así imaginaba que sería su vida perfecta.
Se encontraba frente a la puerta de su casa, estaba por tomar el picaporte pero la tos volvió y esta vez sacó más pétalos.
Abrió rápidamente cuando a la lejanía escuchó los gritos de Charmy, fue por un vaso de agua y se aseguró que dentro de la casa no hubiera ningún pétalo, fingió normalidad y calma cuando se abrió la puerta.
—¡Espio! —dijo Charmy muy alegre y voló para abrazarlo —¡Que alegría verte bien!
El de piel fucsia acariciaba las mejillas de la abeja, pero de reojo miraba como Vector y Vanilla se despedían de una manera bastante melosa, su pecho dolió un poco y correspondió el abrazo de Charmy, apretandolo un poco como si fuese un oso de peluche en el que buscas consuelo.
Eran raras las veces donde Espio lo abrazaba de vuelta y con tal intensidad, se quedó pensativo y preocupado entre sus brazos, le preguntaría más tarde que es lo que ocurría.
Madre e hija acabaron de despedirse y fueron a casa.
Espio volvió a su rincón de siempre y se puso a meditar como si nada hubiera pasado, pero realmente solo lo hizo para ocultar su corazón roto y las lágrimas que en cualquier momento podrían salir.
—¡Hey Espio! —finalmente el cocodrilo volvió a su personalidad normal —¿Que te ocurrió en la mañana, amigo?
—Oh nada, fui con un médico y parece que solo es una infección, nada fuera de lo común —dijo con aquella tranquilidad y seriedad que tanto lo caracterizaba, mantenía los ojos cerrados para que su semblante triste no pudiera ser visto.
—Bueno, eso puede ser una señal para que no vuelvas a probar los extraños platillos de Charmy —susurró procurando no ser oído por la abeja mientras soltaba un pequeña risa.
—Si, eso creo. —se levantó del suelo sin abrir lo ojos —Estoy algo cansado, iré a dormir.
—¡Descansa compañero! Yo me quedaré escuchando canciones románticas mientras fantaseo un poco, ¡tuve una tarde increíble! —el de escamas verdes soltó una gran risa y se sonrojó un poco.
Pero el más pequeño de la casa aun seguía intrigado por su amigo, así que cuando vio a Vector distraído, fue a la habitación y, al darse cuenta de que la puerta no estaba totalmente cerrada, la abrió y se asomó un poco. La escena que vio lo hizo temblar, más que una escena de terror de cualquier película barata que Vector lo obligaba a ver, era una escena bastante desgarradora, sus ojos se llenaron de lágrimas y entró rápidamente.
Espio estaba en el suelo, llorando sin parar y sacando bastantes pétalos amarillos por la boca, sollozaba demasiado, no dejaba de temblar y el contorno de su rostro estaba lleno de pétalos.
—¡Espio! —dijo Charmy muy alarmado —¡Debo ir a decirle a Vector! —pero con la gran longitud de su cola, el camaleón logró cerrar la puerta antes de que la abeja saliera volando a toda velocidad.
—No... Por favor Charmy... No le digas nada —decía con dificultad y con la voz entre cortada —... No puede saber nada de esto.
El de chaleco anaranjado voló hacía su amigo e hizo a un lado los pétalos que habían, tomó un puñado de ellos y los miró con tristeza. Normalmente se alegraba por ver flores y aun más si eran de color amarillo, pero claramente no se alegría si estos salen de la boca de su mejor amigo.
Comenzó a acariciar la mejilla del camaleón y secaba sus lágrimas a la vez.
—¿Que es lo que ocurre? —las veces en que Charmy hablaba en tono bajo y serio eran demasiado extrañas.
—Estoy enfermo... No creo que me quede mucho tiempo para estar con ustedes.
—¡Con más razón debemos decirle a Vector! ¿Que es lo que te lo impide? —el camaleón soltó un suspiro y unas últimas lágrimas salieron de sus ojos.
—Es una enfermedad donde si la otra persona no corresponde tu amor, unas flores comenzarán a brotar en tu interior hasta llenarte por completo —intentaba suavizar la descripción lo mayor posible para que no fuese tan impactante para el infante.
—Entonces... Ohh... Ya veo — era pequeño, pero no era un idiota y lo comprendió todo. Su rostro de niño, que normalmente se veía tan brillante por toda la alegría y energia que tenía siempre, ahora estaba oscurecido y lleno de tristeza.
Él también sabía que Vector nunca sentiría lo mismo por Espio, al pasar la tarde en el parque, se dio cuenta de lo enamorados que estaban Vector y Vanilla, incluso Cream bromeaba con que ahora serían hermanos y se reían juntos.
Unas lágrimas salieron de sus grandes ojos, se acostó sobre el suelo y se acurrucó con el camaleón, comenzó a sollozar y Espio lo abrazó para luego acercarlo a su pecho y poder consolarlo.
—Oye, no es tiempo de tristeza, ¿sabes? Creo que es mejor aprovechar el tiempo y hacer juntos todo lo que tu quieras, ¿de acuerdo? —el de piel fucsia trataba de animarlo de alguna forma.
—¡No! —dijo mientras seguía derramando lágrimas —¡Lo único que quiero es que te quedes con nosotros! Cuando Vector me sacó de ese orfanato fue para tener una familia, ¡y tu también eres mi familia!
Al escuchar esas palabras, Espio jadeó un poco.
A la cabeza le llegaron los recuerdos de cuando vio a Charmy por primera vez, tenia apenas dos años y era mucho más pequeño, se quedaba dormido en todos lados, normalmente Vector lo cargaba cuando se dormía y le parecía algo sumamente adorable. Era el miembro del equipo que siempre los hacia reír y estar de buen humor.
Quitó con cuidado el casco que la abeja siempre usaba, comenzó a acariciar su cabeza lentamente, besó su frente con cuidado y soltó un suspiro.
—No te preocupes, estaré bien, disfrutaré todo el tiempo posible junto a ustedes dos. Pase lo que pase, siempre te estaré cuidando, ¿de acuerdo?
Asintió con la cabeza pero continuaba llorando, Espio lo tomó entre sus brazos y lo cargó hasta el viejo y descuidado colchón donde dormían los tres.
—Esperame un momento, debo limpiar ese desastre —dijo mientras tomaba una bolsa de plástico y se acercaba hacía el montón de pétalos.
—¿Existe alguna forma de que a Vector le deje de gustar la señorita Vanilla? —dijo el menor mientras abrazaba una gran almohada que solían poner a su lado para que no cayera al suelo mientras dormía.
—No creo, uno no puede controlar sus sentimientos... Aparecen por si solos y reprimirlos solo te causa mucho dolor, probablemente lo entiendas cuando seas mayor —hizo un nudo a la bolsa llena de pétalos y la tiró en el sesto de basura.
Caminó de nuevo hacia el colchón y se recostó junto a la abeja, lo abrazó para que se acurrucara y acariciaba su cabeza lentamente mientras musitaba una canción de cuna que Vector le solía cantar cuando Charmy era más pequeño.
—¿Que te gustaría hacer mañana? —se interrumpió a si mismo la canción que susurraba.
—¿Me prepararías un sandwich? Me gusta mucho como los haces —el camaleón apretó más el abrazo y sonrió.
—Te haré todos los sandwiches que quieras, también podemos ir a cualquier lugar que gustes. —la abeja soltó un suspiro y finalmente sonrió de nuevo.
Y así, Espio continúo con su vida unas semanas, seguía tosiendo pétalos que ocultaba de Vector con ayuda de Charmy, su pecho se sentía cada vez más comprimido.
Hablando del cocodrilo, las citas con Vanilla comenzaban a ser frecuentes, al igual que sus muestras de afecto. La coneja solía dejar a Cream al cuidado de Espio, y como no era una niña que causará problemas, no era una tarea complicada.
Pero llegó el día donde no solo tosio pétalos, si no también sangre.
Aquel día, Charmy estaba tan alarmado que comenzó a llorar y gritar del miedo, esta vez Espio no logró detenerlo a tiempo y corrió para decirle al jefe de la agencia. El cocodrilo llegó rápidamente.
—¡Espio! ¿Que ocurre amigo? —dijo tomando papel de baño para limpiar la sangre que salía de la boca del camaleón.
—Nada... Estoy bien —dijo con dificultad, el oxígeno no llegaba completamente a sus pulmones y sentía demasiadas arcadas.
—¡No estas bien! ¡Debemos llevarte a un hospital!
Pero antes de que el cocodrilo pudiera hacer otro movimiento, las arcadas del camaleón comenzaron a ser más sonoras y vomitó algo.
Un pequeño brote de gladiola amarilla con algunos pétalos manchados de sangre. Los tres quedaron horrorizados.
Charmy se quedó en silencio, solo miraba al otro par deseando que el problema no se agraviara.
Espio miraba fijamente la pequeña flor y no dejaba de temblar, el secreto se había revelado y era lo que menos quería.
El semblante de Vector se oscureció, solo miraba fijamente el suelo, viendo como era un desastre de pétalos y sangre.
—¿Que es lo que esta pasando aquí? —finalmente habló el jefe luego de eternos segundos de un silencio desgarrador e incomodo.
—Ya te lo había dicho, tengo una infección.
—Me dijiste eso hace casi un mes, además de que las infecciones no te hacen vomitar flores. Ya deja de mentir —nunca habían visto a Vector tan serio, era realmente temible y daba algo de miedo.
—Es una extraña enfermedad, ¿de acuerdo? No tiene cura... Pero no es mortal —si, debía mentir de nuevo.
El cocodrilo refunfuño un poco, tomó del brazo al contrario y lo miró directamente a los ojos. Espio se sorprendió ante esta acción y la verdad es que se sonrojó levemente, no era normal que estuvieran tan cerca uno del otro.
—Solo no vuelvas a mentirme, por favor —de nuevo hablaba con esa voz sería y grave. El camaleón tragó saliva y asintió sin dejar de mirar sus ojos.
Vector confiaba plenamente en su mejor amigo, conocía muy bien la clase de ninja honorable que era, y desde que se conocieron jamás le había fallado, fue por eso que se sorprendió demasiado al ver que le mintió por primera vez.
Se acercó al de piel fucsia y acarició su cabeza gentilmente, provocandole un enorme sonrojo al contrario.
—¿Podría estar un momento a solas? Por favor... —dijo el camaleón, no quería seguir sintiendo esas muestras de afecto e ilusionarse en vano. Los otros dos se miraron confundidos, pero entendieron la situación de su amigo.
—De acuerdo, pero si necesitas algo solo dilo, ¡no lo olvides! —dijo el cocodrilo antes de salir y cerrar la puerta.
Espio volvió a derrumbarse en el suelo, sus lágrimas llenas de tristeza comenzaron a brotar de sus ojos. Su estado empeoraba cada vez más y los caricias que Vector acababa de regalarle no ayudaron en absoluto.
De nuevo sintió su garganta invadida y comenzó a dar arcadas, sus lágrimas no se detenían mientras se preguntaba "¿Porque no puedes mirarme de la misma forma?", recordaba esas lindas miradas que se daba con Vanilla y su corazón se sentía más roto.
No lo resistió más y vomitó otra flor pequeña, jadeaba tratando de recuperar el aliento y limpiaba las amargas lágrimas de su rostro.
Los días seguían pasando y Espio cada vez se volvía más débil. Charmy y Vector lo cuidaban la mayor parte del tiempo, pero habían noches donde Espio y Charmy se quedaban hablando hasta tarde, pues él camaleón iba a desahogarse con la abeja y el pequeño lo escuchaba con calma a la par que trataba de animarlo de alguna forma.
Pero entonces, llegó el día de su sentencia.
Vector abrió la puerta de un golpe, se encontraba demasiado emocionado y daba muchos saltos mientras reía.
—¡Muchachos, adivinen quien se va a casar! —continuaba celebrando muy feliz por toda la agencia.
El rostro de Espio se llenó de tristeza y desconcierto, mientras que Charmy no sabía como reaccionar ante la noticia.
El camaleón levantó un pulgar en señal de aprobación pero salió corriendo a su habitación mientras tapaba su boca.
Charmy entendía lo que su amigo estaba pasando y sabía que necesitaba estar solo un largo rato, por lo que se unió a Vector para celebrar.
—¿Quieres decir que ahora Cream y yo seremos hermanos? —decía entusiasmado.
—¡Eso parece, pequeño! —tomó a la abeja en un gran abrazo mientras continuaban celebrando llenos de alegría.
Por otro lado, el camaleón no podía parar de llorar fuertemente, los gritos de felicidad del otro par eran lo suficientemente ruidosos como para que los llantos del camaleón no se escucharan.
Sentía arcada tras arcada y vomitaba flores cada vez más grandes en comparación de las dos primeras. También escupia aun más sangre y pétalos, su cuerpo no dejaba de temblar.
No podía creerlo.
No podía creer que el amor de su vida iba a casarse y no sería con él.
Y no, no odiaba a Vanilla, no sentía rencor alguno hacia ella.
Odiaba haberse enamorado tan perdida y profundamente.
Odiaba que su corazón anhelara un amor imposible.
Siempre fue imposible pero él nunca lo quizo ver de ese modo, él quería luchar por ese amor y eso lo estaba llevando a su tumba.
Pasaron unas pocas horas, el de piel fucsia no se había movido de su lugar, por lo que su al rededor estaba cubierto de pétalos, flores, sangre y lágrimas.
Finalmente había controlado su llanto, pero vomitar flores ahora era algo más frecuente.
Tomó toda la fuerza que pudo y limpió su desastre, el cual solo reflejaba desamor, dolor y una profunda tristeza.
Decidió tomar valor y afrontar la nueva realidad, así que bajó las escaleras, vio a Charmy y Vector en la cocina, parecían muy felices preparando la cena.
—¡Espio, finalmente llegas! —dijo el de escamas verdes —¡Ahora si estamos todos listos para celebrar!
—Hurra... —dijo el camaleón sin mucha emoción mientras se acercaba a la barra de la cocina.
La abeja lo miraba de reojo y notaba lo triste que estaba pese a que intentaba mostrarse feliz. Su pequeño corazón dolió un poco, jamás le a gustado ver tristes a personas cercanas, mucho menos a su mejor amigo.
Acomodaron los platos en la mesa y Vector sirvió tres copas; dos de vino y una con jugo de arándano.
—Chicos, los preparativos ya están iniciados y me siento muy emocionado. Llevaré una camisa negra con un saco blanco, ¿que les parece? Yo opino que deberían vestir igual ya que son mi familia más cercana —dijo para luego soltar una risa de orgullo y beber su vino.
—Solo hay que vigilar que Charmy no ensucie su saco sin siquiera haber llegado a la fiesta —dijo el camaleón antes de dar un bocado a su comida.
—¡Oye, yo no me ensucio con tanta facilidad! —movió bruscamente las manos y un poco de jugo de arándano se derramó en su chaleco anaranjado. Los otros dos soltaron una risa.
Continuaron platicando sobre la futura boda, y a pesar de que sonreía y reía ocasionalmente, el corazón de Espio no dejaba de doler.
—Vanilla decidió que Cream, Marine, Tails, Ray y tu sean los pajes de la boda... Si es que encontramos a Mighty y Ray a tiempo —le contaba Vector a Charmy. Los ojos de la abeja brillaban con emoción.
—¿¡Y que es lo que debemos de hacer!? —dijo mientras inconscientemente comenzaba a volar con sus pequeñas alas debido a la emoción y felicidad que sentía.
—Cream y Marine esparciran pétalos por el pasillo, Tails llevará los anillos, Ray sostendrá la cola del vestido y tu estarás custodiando el ramo —acarició suavemente la cabeza de la abeja, era un día especial así que decidió quitarse el casco por un rato.
—¡Suena increíble! —comenzó a volar por el lugar mientras reía con alegría.
—Y tu, mi queridisimo amigo. —dijo Vector mientras tomaba del hombro a Espio —Serás el padrino. Vanilla eligió por su parte a Shadow y la mayor parte de la boda ya la organizamos nosotros dos, así que ustedes se encargarán de dar los últimos detalles. —Continuaba abrazandolo con mucha felicidad.
—Vaya, que genial —trató de mostrarse feliz, pero un nudo en su garganta se lo impedía. Vector no se dio cuenta de esto.
—Eres el mejor amigo que he tenido en toda mi vida, así que estoy más que feliz de brindarte este papel tan importante. —tal vez era por el efecto de cinco copas de vino, pero el cocodrilo lo abrazó aun más fuerte mientras lo acercaba más, incluso besó su mejilla, estaba tan feliz y ebrio que no era consiente de lo que estaba haciendo.
Una silenciosa lagrima de tristeza recorría el rostro de Espio mientras soltaba un suspiro.
—Y yo estoy muy agradecido... Muchas gracias por mostrarme lo importate que soy para ti, estoy muy feliz por tu futura boda —aprovechó que el cocodrilo ya estaba ebrio y tomó sus manos para entrelazar sus dedos. Su corazón latía con rapidez pero también dolía. —Te apoyaré en lo todo lo que necesites.
Los días pasaban, las flores dentro del cuerpo del camaleón crecían sin detenerse, por lo que cuando estaba con Shadow hablando de los preparativos para la boda, acostumbraba a toser muchos pétalos y algunas flores.
Eso preocupaba mucho a Shadow, recordó que alguna vez María le contó una historia muy triste donde a una chica no le dejaban de crecer flores en los pulmones por un amor no correspondido, supuso que la situación con Espio era la misma.
Trataba de animarlo contándole algunas de sus vivencias y confesandole que él también deseaba casarse algún día, y aunque Espio apreciaba el gesto y el esfuerzo, realmente no lo hacía sentir mejor.
Sentir sus pulmones y costillas invadidos era una completa tortura, una sensación desagradable y horrible. Eso sumado a la enorme debilidad que ahora sentía, donde algunas veces debía apoyarse de las paredes para no caer mientras caminaba.
La boda estaba cada vez más cerca, y su salud empeoraba cada día más.
Charmy era el único en la agencia que lo notaba, pues Vector estaba tan emocionado y ocupado por su gran día que el tiempo de atención hacía sus amigos ya era casi inexistente.
La abeja incluso lo acompañaba los días en que se reunía con Shadow, para ayudarlo en lo que necesitara.
Y finalmente el día de la boda llegó.
Charmy y Vector se despertaron muy temprano para estar listos a tiempo, esperaban que su compañero también bajara, pero luego de unas horas no sucedió.
La abeja subió volando, cuando entró al cuarto lo vio apenas despierto y notaba que respiraba con dificultad mientras que su cuerpo temblaba un poco.
—¿Te sientes bien? Deberíamos estar listos antes de medio día —dijo el pequeño mientras acariciaba su cabeza.
—La verdad... No me siento nada bien... En lo absoluto —tosia violentamente y las flores que sacaba eran más grandes.
Charmy estaba muy preocupado de verlo tan mal, se acercó para abrazarlo con cuidado y no pudo evitar derramar algunas lágrimas.
—Si quieres puedo quedarme un rato más luego de que Vector se vaya, iríamos volando y así llegaríamos más rápido —susurro con voz entrecortada.
—No... No te preocupes, tu debes de estar ahí en tiempo y forma. Yo puedo llegar corriendo, recuerda que no soy tan lento como crees —rió un poco tratando de animar al contrario.
Alzó la mirada y logró ver dos hermosas flores de las que había expulsado, las tomó y se apartó lentamente del abrazo.
—Mira, en caso de que no pueda ir, una será para Vector y otra para ti, ¿de acuerdo? Aunque son una tortura, no dejan de ser flores hermosas —le entregó ambas flores.
La verdad es que él ya tenía el presentimiento de que no lograría pasar el día, claramente no le diría nada al pequeño, así que volvió a abrazarlo fuertemente.
—Dile a Vector que le deseo lo mejor, y que ojalá algún día me perdone por no poder asistir. —susurró conteniendo sus lágrimas de tristeza pura —Charmy... Te amo muchísimo, disfruta mucho de todo lo que vivas, recuerda que jamás estará mal equivocarte y cometer errores, es totalmente normal. —se separó para besar su frente cuidadosamente y luego acariciar su mejilla —Corre, Vector te esta esperando y tienes un trabajo muy importante por hacer.
La abeja limpió sus lágrimas y asintió mientras le sonreía al camaleón, salió volando de la habitación y Espio comenzó a llorar bastante.
—Tendrán una excelente vida, estoy seguro... —susurró entre lágrimas.
Llegaron al jardín donde se llevaría acabo la ceremonia y el festejo. El cocodrilo se notaba algo nervioso y aturdido, Charmy sacó ambas flores y puso una sobre el bolsillo de su saco y la otra se la entregó a su tutor.
—Espio me dijo que tuvieras esto.
—Se sentía muy mal, ¿cierto? —suspiró —Al menos espero que llegue a la celebración —tomó la flor y también la puso en el bolsillo de su saco.
La ceremonia estaba por comenzar y los pequeños pajes estaban reunidos cerca del altar.
—¡Estoy muy nerviosa! —dijo Cream mientras sostenía una canasta con pétalos y sus piernas temblaban. Cheese y Chocola trataban de calmarla recargandose sobre su cabeza.
—¡Lo harás excelente! Recuerda que yo iré a tu lado y todo estará muy bien —Marine trataba de animarla dándole unas palmaditas en su espalda.
—¡Exacto! Todos lo haremos muy bien, no se preocupen. —Tails sostenía fuertemente la almohadilla donde iban los anillos, vio a Sonic a lo lejos y lo saludó muy alegre, mientras que el erizo alzaba su pulgar para darle ánimos.
—¿Y tu? ¡Llevabas desaparecido desde hace mucho tiempo! —bromeaba Marine mientras se acercaba a Ray.
—Lo se, lo se, pero Mighty se encontraba investigando sobre algunas cosas —la ardilla se sentía algo incómodo al sentir sus alas apretadas debido al traje, pero intentaba acostumbrarse.
—¿Donde habían estado todo este tiempo? —finalmente habló la abeja, quien se encontraba muy cabizbajo y bastante callado, cosa que no era normal, pues de los cinco era el más ruidoso.
—Pasando esa gran montaña del sur, ¡había un campo lleno de cosechas y un río muy hermoso!
Los pequeños iban a seguir conversando, hasta que Shadow se les acercó un poco y les hizo una señal con la mano para que fuesen a la entrada y se pusieran en sus lugares.
Primero iban Marine y Cream caminando por el pasillo, lanzando pétalos con suavidad y delicadeza.
Seguidamente, iba Tails sosteniendo la almohadilla con los anillos y justo detrás de él iba la novia.
Vanilla caminaba muy feliz y algo nerviosa, iba del brazo de Shadow pues la entregaría en el altar, lucía tan preciosa que Vector no pudo evitar derramar algunas lagrimas al verla, Ray estaba algo nervioso, pero sostenía con cuidado la larga cola del gran vestido.
Y por último estaba la abeja, quería parecer feliz en el momento, pero con solo imaginar lo mal que debía estarla pasando Espio se sentía bastante triste, miró el ramo que sostenía, lleno de rosas blancas.
Tuvo una idea, tomó la flor que llevaba en su saco y la puso en el centro del ramo, así Espio también estaría presente hasta este momento.
La ceremonia y la celebración pasaron de manera muy alegre y armoniosa, todos se sentían muy felices por ver a la hermosa pareja y todos les daban sus mejores deseos y también a sus hijos, todo sabían que serían una familia muy feliz.
Mientras que en la agencia, Espio cerraba sus ojos lentamente, la falta de oxígeno lo estaba haciendo alusinar, así que sonreía al ver a Vector y Charmy a lo lejos, corría para abrazarlos fuertemente y luego besaba al cocodrilo en su mejilla. Se tomaban de la mano y comenzaban a caminar los tres juntos hacia un futuro esperanzador y lleno de amor.
Su sueño finalmente se había cumplido.
Su respiración cesó, finalmente las flores, tallos y pétalos habían invadido por completo sus pulmones, pero una sonrisa de alegría y tranquilidad se quedó marcada en su rostro.
