Actions

Work Header

Rating:
Archive Warning:
Category:
Fandom:
Relationship:
Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Stats:
Published:
2023-01-16
Words:
1,583
Chapters:
1/1
Comments:
2
Kudos:
148
Bookmarks:
3
Hits:
2,120

Nuestra oscuridad

Summary:

Una noche de lluvia, como tantas otras, Kazuki se hunde en la tristeza. Rei irá a su rescate, entregará todo de si mismo para traerlo de regreso, aunque eso implique sufrir un poco...

One shot/Yaoi/KazuRei/R18/Relato corto

Notes:

Hola, hola, Luna de Acero reportándose.

¿Quién carajos es Luna de Acero? Bueno, básicamente yo, una escritora aficionada a los fanfics que escribe sobre animes, tales como Shingeki No kyojin y Boku No Hero Academia, por si alguien quería saber. Ahora me urge escribir sobre Buddy Daddies, de manera que aprovechen que la oferta es por tiempo limitado, ja, ja, ja.

No hay manga, solos dos capítulos que salieron hasta el momento, pero es más que suficiente para inspirarme.

PD: Para los que tienen poca memoria como yo, va un recordatorio: Rei es el tipo oscuro, que se parece al capitán Levi pero alto, y Kazuki es el tipo rubio de ojos rojos, Miri es la niña. Para aquellos que no vieron el animé, va un resumen: Argumento. Un equipo de asesinos (Rei y Kazuki) que jamás dejan escapar a su presa acaban cuidando de una niña de cinco años. Así da inicio la vida familiar de un equipo de mortales asesinos a sueldo compuesto por un hombre muy serio y frío y otro muy abierto e impulsivo, y de una pequeña niña inocente.

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, pertenecen a las brillantes mentes de quienes trabajan en Aniplex Nitroplus P.A. Works, la historia, esa sí es de mi completa invención.

Advertencias: Como aún no estoy muy familiarizada con los personajes y sus personalidades, puede que peque de no ser fiel a las personalidades canon (esto se llama OoC, out of character), así que esto va a ser basado en los dos capítulos que han lanzado por el momento. Pero justamente para esto existen los fics, para llenar aquellos espacios vacíos que el canon no puede. Aquí habrá smut, lemon, slash, R18 como quieran llamarlo, están advertidos. Por cierto, gracias por elegir esta historia, disfruten!

Work Text:

.

.

"Las heridas que no se ven son las más profundas".

William Shakespeare

.

.

(Una de las tantas noches de lluvia antes de que Miri se una a sus vidas)

No sé cocinar, no se limpiar una casa o lavar una camisa, ni siquiera me interesa como se usa un plumero o con qué frecuencia se debería barrer. Cosas como la basura que se acumula sobre los muebles, el aire viciado por los contantes cigarros prendidos o a qué hora se debe desayunar, no pueden importarme menos.

Muchas veces me hundo en los videojuegos solo para apagar los pensamientos de mi cabeza, esos que me recuerdan de dónde vengo, que mis manos están manchadas de sangre, que mi existencia es una mierda. Las horas pasan y pasan, nada cambiará mi rumbo.

Hay otras cosas que conozco más que bien. Sé cómo manejar una bazooka, una Colt, un cuchillo, un arco y una flecha. Diría que lo que sea que nos mantiene vivos y que decide para qué mierda hemos nacido, me ha dado el don de la destrucción, soy perfecto para el caos. Se me da más que bien hacer daño, no le tengo miedo a la muerte, no creo que mi destino sea peor que el actual.

Y específicamente, hay una cosa que conozco mejor que las líneas de mi mano, y es cuando Kazuki se pierde. Se queda de pie, mirando por el ventanal, mirando es una manera de decir porque en realidad no está enfocado en nada. La diosa de la tristeza lo atraviesa con un arpón que lo deja pegado al suelo, e inmóvil como un ratón frente a una serpiente. Esa sonrisa que le muestra a los demás, acartonada y fácil, no es más que una máscara, una que se quita cuando todo está en silencio en el departamento, cuando el cielo está oscuro y las pesadas gotas de lluvia caen sin cesar. En esos momentos es cuando aprendí a conocerlo de verdad.

Yo con mis videojuegos y él con la limpieza y las misiones, ambos buscamos una manera de escapar de aquellos recuerdos que buscan devorarnos. Siempre intentamos estar un paso adelante.

Jugamos a ser justicieros de la noche, eliminando aquellos monstruos con rostros de personas que hacen cosas horribles, aunque al final del día nos terminamos convirtiendo en demonios. Ese es el precio.

De alguna manera hemos logrado equilibrarnos, lo que a él le falta y lo que a mí me sobra, como los dos polos de una batería, probablemente no podemos existir el uno sin el otro, gracias a nuestras diferencias podemos ser este combo fatal.

Él tiene lo que yo necesito, y yo tengo lo que él precisa.

Me acerco despacio, estoy acostumbrado a pasar desapercibido, a esconderme, a espiar desde la oscuridad, pero en este momento... puedo mostrarme.

Puedo sentir el aroma del arrepentimiento, Kazuki lo desprende de forma persistente, como una flor que está empezando a pudrirse. Tal como él me ha sacado del pozo tantas veces, ahora puedo devolverle el favor.

—Kazu...

De alguna manera mi voz logra que se mueva unos centímetros, vuelve a respirar, sus ojos apagados y opacos comienzan a encenderse, muy lento. No importa cuánto tiempo lleve, es necesario realizar este ritual. Apoyó mi mentón en uno de sus hombros y vuelvo a invocar su nombre con un susurro, el conjuro que se necesita para que el embrujo se quiebre.

—Kazuki...

Una breve caída de hombros, y su cuerpo se apoya contra el mío, como si volviera de una caminata agotadora bajo el sol. Él, que siempre es tan hablador y brusco, ahora está ensimismado y vulnerable.

Aspiro el perfume sobre su cuello, apenas hay un destello de alguna de esas colonias costosas que usa con las mujeres con las que se involucra ocasionalmente, pero allá al fondo está su verdadero aroma, intacto, el que nadie puede apreciar como yo lo hago.

Las personas suelen llamar a esto amor unilateral, para mi es una forma de sanarnos, dos pájaros heridos que buscan refugio, sobrevivir al colapso.

—Vamos...

No necesito demasiadas palabras, nuestro camino está marcado por el contacto. Lo tomo de la muñeca y solo basta un leve tirón para que me siga. La casa está en penumbras, pero conozco a la perfección como llegar a su cuarto, podría hacerlo con los ojos vendados. Se deja guiar, dócil y tranquilo, a través de su delgada piel puedo sentir el pulso que marcan sus venas, como el golpeteo se va incrementando a medida que nos acercamos a la alcoba.

La diosa se ha retirado y nos allana el camino. En cambio, ahora un persistente calor va trepando desde nuestras piernas hasta el vientre, me pregunto si esta es una sensación similar a pisar el infierno, nuestro infierno.

Una vez que llegamos, cierro la puerta, como si alguien pudiera llegar de improviso a interrumpirnos. Kazuki me espera de pie cerca de la cama, ahora sus ojos brillan, como un depredador que observa a su siguiente bocadillo. Me acerco y comienzo a desprender su camisa roja, acepto que los colores chillones que elige para cubrirse combinan con su personalidad, pero nada puede compararse a lo bello que se ve sin una sola tela encima.

Él espera, la ropa cae como las gotas que golpean con insistencia el vidrio de la ventana, como cae su máscara y la mía. Y hay una acción que me estremece, es como una ola de electricidad que me recorre la piel. Kazuki levanta su brazo y me quita la liga que sostiene mi cabello. Las hebras acarician el borde de mi rostro y siento sus dedos escarbando en mi nuca para acercarme a sus labios.

¿Soy especial? No quiero albergar esperanzas, aunque me gusta pensar que es diferente conmigo, porque pase lo que pase, siempre vuelve a mí y yo siempre lo espero.

Su lengua se mete entre mis labios, siempre es demandante, dispuesto a conquistar otra vez lo que ya es suyo. Nuestra piel choca, mis manos recorren su espalda y las suyas sujetan mi cabello con fuerza, casi con dolor. Me empuja contra la cama y mi trasero rebota en el colchón, en segundos está trepado encima. Su expresión asusta, se vuelve tenebroso, una entidad oscura de ojos rojos y chispeantes que busca saciar su hambre, como una bestia.

Su forma de tratarme no es suave, es como un ataque. Lame, gruñe, muerde, es una tortura fascinante. Muerdo mi labio inferior, es inútil resistirse, dejará sus marcas en todas partes, especialmente en mi alma. Me ahogo, me falta el aire, es como tener una columna de brasas calcinantes sobre el cuerpo. Pero tampoco me imagino que exista otra manera de hacer esto, ambos necesitamos lastimarnos un poco, nos alimentamos de la aflicción.

Acomoda sus muslos a cada lado de mi rostro y tira de mi flequillo, automáticamente abro mi boca y dejo que vuelva a llenarla con su polla. Es como una máquina que no se detiene, dentro, fuera, me atraganta cada vez. Lágrimas, saliva, mucosa, todo es un desastre en mi rostro, todo desborda de forma inevitable, y me encanta. Es como un castigo que recibo con alegría, el único que puede sancionarme, contra el cual jamás levantaría mi arma.

Cuando tuvo suficiente se levanta y yo me giro. Estamos sincronizados, como cuando ejecutamos una misión, confiamos en el otro, sabemos que cuidaremos nuestras espaldas, no importa qué. levanto mis caderas y mojo mis dedos con la espesa y burbujeante saliva que tengo en la boca, para empezar a prepararme. Apoyo mi frente sobre la sábana fresca y cierro mis ojos, a él no le oculto nada, mi honestidad brutal es lo máximo que puedo ofrecerle.

Se coloca detrás de mí, esperando pacientemente que todo esté a su gusto, y cuando ya ha esperado demasiado quita mi mano con un movimiento gentil, el último resquicio de tranquilidad antes de que la tormenta se desate.

—¡Ugh!

Se hunde en mi interior con urgencia, tanta que a veces me genera escalofríos. Centímetro a centímetro hasta el final. Su voz contaminada por el placer endulza mis oídos, hace más soportable su agresividad. Hunde sus dedos en mis caderas de tal manera que siento que es capaz de tocar mis huesos, perfectos cardenales negros quedarán como recuerdo.

—¡Kazu, ugh!

Ni siquiera soy capaz de pronunciar su nombre correctamente, mi mente se apaga, estoy tan aturdido y hechizado, que solo puedo concentrarme en sentir.

Más. Aunque hiera, aunque me rompa, soy...

—Mío —ruge con sus labios pegados a mi columna.

Sí, suyo.

Mis piernas tiemblan, mis dedos se enredan en la sábana como buscara arrancarla. Tira de mi cabello y me obliga a levantar mi torso, ese ángulo logra que se entierre en lo más profundo de mi cuerpo. Muerde mi hombro, mientras acaricia mi erección, lascivia y salvajismo, todo al mismo tiempo.

Conmigo no necesita ninguna máscara, ninguna sonrisa complaciente, nuestras tinieblas se hacen una sola. Resopla, se agita, sigue exigiendo, pero ya no tengo más para darle, no puedo aguantar ni un segundo más.

—Kazu...ki... mmm...

Entre sus dedos se filtra la cremosidad de mi éxtasis, cierro mis ojos y me dejo arrastrar, mientras él se derrama en mi interior, sin soltar mi cabello, tal como uno sujetaría las crines de un potro que ha sido domado.

Apoya su frente en mi espalda, su aliento cálido y húmedo se desliza erizándome la piel y entonces sonríe, aunque no lo vea, sé que lo hace, una sonrisa siniestra y tenebrosa, solo para mí.

.

By Luna de Acero.-