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Un naranjo florece en medio del invierno

Summary:

Estaban allí, solo los dos, acurrucados para darse calor en una fría habitación a finales de diciembre. Inconscientemente las feromonas de naranjas recién cortadas inundaron la habitación, parecía que alguien hubiera plantado un árbol de naranjas en medio de la dichosa habitación y por una extraña razón este perpetuara dentro, floreciendo en pleno invierno.

Notes:

Holiii, este es mi primer fanfic, fue hecho para un intercambio de regalos, me encanta este ship, si no te gusta, puedes retirarte. Pero si te agrada, como a mí, tómame de la mano y empecemos este corto viaje con naranjos, nieve y dos esposos cariñosos.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Las luces se adentraban tímidamente en la habitación y reposaban en la cama central. Todo estaba quieto, callado. La atmósfera parecía lúgubre, pero en realidad tenía más tintes de una nostalgia lejana, como esas mañanas de invierno en las que todo parece estar congelado y pintado de un azul tenue, el aire era pesado, pero no otorgando incomodidad, al contrario, brindaba una sensación reconfortante que invitaba al desprevenido a tomarse una taza de chocolate caliente y acurrucarse en las tibias sábanas con el fin de obtener un calor reconfortante opositorio al exterior que se lo arrebata.

Pero la quietud fue interrumpida con un cuerpo que se estremecía en la cama, hasta que encontró una posición en la que pudo acurrucarse mejor contra el otro ser que también se encontraba víctima de un sueño profundo. Ahora Dream estaba acostado de lado contra Technoblade, apoyando su cabeza tímidamente en el pecho de su esposo, aspirando su olor, hoguera, lo único que necesitaba para reconfortarse, era ese chocolate caliente que necesitaba para estar tranquilo entre las sábanas. Llevó ambas manos también al pecho del alfa para que sus dedos se entibiaran y lentamente llevó sus rodillas contra a su propio pecho, permitiendo de una de ellas se apoye débilmente sobre el muslo del piglin, así mismo juntó aún más su nariz contra la piel del otro, estaba caliente, un calor reconfortante. Sentía el bajar y subir del pecho de su novio, también, si se concentraba, podía percibir el sonido del latido del corazón de su amante. Estaban allí, solo los dos, acurrucados para darse calor en una fría habitación a finales de diciembre. Inconscientemente las feromonas de naranjas recién cortadas inundaron la habitación, parecía que alguien hubiera plantado un árbol de naranjas en medio de la dichosa habitación y por una extraña razón este perpetuara dentro, floreciendo en pleno invierno.

Una gran mano curiosa se posó en el cabello de Dream, alborotándolo un poco, luego un pulgar acarició tiernamente su mejilla, la acción repentina dejó sin aliento al rubio, hasta que se dio cuenta de a quién pertenecía ese sutil gesto, percibía la mirada indiscreta de su esposo, y no pudo más que dejar asomar una pequeña sonrisa seguida de un resoplido. Acto seguido, sintió la proximidad de algo, era la barbilla de Technoblade, que se mecía contra la frente de Dream. El piglin sabía cuando le gustaba que hiciera eso, la casi inexistente barba del alfa en su barbilla le causaba masajes y cosquillas al omega. No pudo aguantar más y se apartó levantando su cabeza y abriendo al fin sus ojos para encontrarse con los de su alfa. El tiempo casi se detuvo por un segundo, casi se olvidan de todo, solo eran ellos perdidos ante la mirada del otro. Technoblade se resigno a romper ese estado casi celestial para acercarse a su novio y darle un casto beso en los labios, el otro correspondió sonriendo al contacto, el alfa enredó sus dedos en el cabello de Dream como tratando de exigir que aquello continuara, pero fue separado, no por la falta de aire, sino por el omega que abrió sus ojos de par en par.

Amor. – Expresó Dream casi como un grito ahogado mirando fijamente a su pareja - ¿No te acuerdas?

El rostro del piglin se talló lentamente a desconcierto, no estaba seguro de a qué se refería su pareja así que se resignó a inclinar su cabeza.

Cariño. – susurró el omega dejando que una divertida sonrisa se dibuje en su rostro por la memoria frágil de su esposo – Hoy es 24, hemos acordado con los chicos que para la fiesta de este año nosotros nos encargaríamos de las galletas.

Un clic se hizo en la cabeza del alfa, demostró de inmediato su fastidio, soldando un gran resoplido y permitiendo que su cuerpo descanse boca arriba estirando sus brazos de par en par, miró al techo como si este tuviera la culpa de todo. Dream no tenía que ser experto para saber la razón de su incomodidad, la verdad es que a él también le daba flojera levantarse, afuera de la cama había un frio sobrecogedor y las sábanas estaban calientes, pero más que ello, anhelaban el calor del otro, eran los dos, juntos ahí, acurrucados.

Vamos. - Dijo el omega en puchero, pero el otro solo cerró sus ojos apretando sus párpados.

Dream decidió no dejarse esperar, así que usó el don que solo Dios le dio, se movió con una total parsimonia entre las sábanas y se posicionó sobre su novio, puso sus rodillas a los extremos de la cintura del piglin, posicionando sus brazos sobre los hombros del otro incorporándose y dejando caer levemente su peso sobre el otro.

Alfa. - Esas simples sílabas que se asomaron casi como un susurro de la boca del omega sirvieron para que piglin sintiera un estremecimiento en cada célula de su cuerpo, haciendo que todos sus sentidos se enfocaran solo en la persona sobre él, pero más que nada, centró su mirada en el hombro de su omega, el cual poseía una marca que discretamente era cubierta por polera del humano y dictaminaba el estrecho lazo que tenían. Dream se percató de ello, así que con una sonrisa coqueta acercó su rostro al otro – Tenemos que hacer esas galletas, hagámoslas juntos, nada me encantaría más que tener un lindo momento navideño con mi alfa. – Al finalizar depositó un beso en la comisura de los labios del otro.

El piglin dejó caer su cabeza hacia atrás y tomó una gran bocanada de aire para dejarla ir como un suspiro lento pero tortuoso. – Está bien, tú ganas, pero tu jugada fue muy sucia… Aunque no podía esperar menos del mejor jugador del servidor. – Expresó con una sonrisa pícara levantando la mirada con la esperanza de ver la reacción del otro.

Dream rodó los ojos seguida de una pequeña risa, devolvió la mirada a su pareja con atrevimiento.

El segundo mejor jugador, dirás – Dijo levantando una ceja sonriendo con complicidad, sabía que al alfa le encantaba ser engalanado.

Esta bien, es suficiente – Dijo el alfa mientras se incorporaba haciendo que Dream se baje de él – Si tenemos que hacer esas galletas que sea ya – Se desprendió de las sábanas y se levantó de la cama tan precipitadamente que no pudo hacer nada cuando el tosco frío impactó contra él, le dejó un pequeño escalofrío pero se incorporó.

Miró a su novio aún acostado que lo miraba expectante, al parecer todavía no procesaba el hecho de tener que salir de la cama. Technoblade sonrió antes de dejar salir una risa ronca, Dream no supo el porqué de ello hasta que el piglin se acercó a él y de un segundo a otro lo sacó de la cama levantándolo y cargándolo posando un brazo sobre su espalda y el otro entre sus piernas.

¡Technoblade! - Espetó el humano en un grito ahogado, intentando librarse - ¡Bájame! – Dijo lo último más como un lamento que un reclamo. No se lo estaba tomando en serio en realidad, de hecho, pequeñas risas se colaban entre sus palabras.

No - Sentenció el otro de forma juguetona- Así llegaremos a la cocina y también no tendrás frío. – Al terminar de decir eso, dejó ir sus feromonas reconfortantes y en un instante el entorno olía a hoguera.

Dream se relajó y se dejó llevar por el alfa. Al llegar a la cocina, el omega se lamentó por tener que bajar de su novio, pero no había de otra. Technoblade lo bajó lentamente como si del objeto más valioso se tratara. El omega se incorporó, en el transcurso hasta la cocina ya se había acostumbrado a la temperatura así que no lo afectó mucho.

La cocina era mediana y colindaba casi con la sala teniendo solo una pequeña isla que los separaba, cumplía con los estándares para una cabaña como la de Technoblade. Tenía alacenas de roble que cubrían casi todo el entorno menos el horno, obviamente.

El omega se acercó a una de las alacenas y husmeó en un cajón mediano buscando el libro con las recetas de postres hasta que lo encontró, lo sacó, cerró el cajón, buscó entre las páginas y extendió el libro hacia alfa que se encontraba apoyando su peso en el cerco de la puerta.

Bueno – Dijo el piglin incorporándose para ver mejor la receta, era una receta sencilla, galletas de mantequilla decoradas con glaseado rojo, verde y blanco. - ¿Tenemos todos los ingredientes? - Interrogó el piglin.

Por supuesto – Respondió confiado el rubio, de hecho, ayer mientras el alfa se concentraba en una expedición decidió aprovechar el tiempo recolectar todo lo que necesitaría.

Excelente, siempre preparado - Sonrío el otro atrevidamente acercándose a su esposo depositando un beso en su frente.

¡Ya! - Expresó Dream apartando a su meloso esposo – Tenemos que terminar estas galletas literalmente tenemos que hacer cientos de estas, lo bueno es que ya pedí a Philza que me ayude instalando más hornos en el sótano para hacer más en menos tiempo, si empezamos ya tendremos tiempo para hacer cositas después. – Expresó lo último de forma provocativa, el alfa ya sabía el trasfondo de ello así que se dejó llevar.

Está bien mi pequeño dictador – Dijo el piglin de forma juguetona y dando otro beso en su frente, pero se alejó lo suficientemente rápido como para que Dream no tuviera tiempo de exigir nada.

Eres incorregible – Suspiró el omega de forma divertida – Bueno – Aplaudió sonoramente, como anunciando el inicio de una actividad que prometía ser exhaustiva, y vaya que lo sería - Saca los materiales amor.

Cuando ya hubieron sacaron todos los materiales a usar, los cuales en realidad eran pocos, pero albergan gran cantidad, como la inmensa bolsa de harina y azúcar o la canasta llena de muchos huevos. Dream felicitó a su esposo dándole un pequeño beso en los labios.

Bien podemos empezar, primero debemos tamizar la harina – Dijo el humano agarrando la harina, el piglin cooperó acercando un gran recipiente y usando un colador de similares proporciones.

Technoblade movía lentamente el colador sobre el recipiente mientras Dream dejaba caer lentamente la harina para ser tamizada, el proceso era lento pero efectivo. El piglin al ver que la harina al caer por el colador; siento tamizada en el acto, tenía cierta similitud a la nieve cayendo en una tormenta caótica; le trajo a su mente un recuerdo lejano, de aproximadamente 7 años en un invierno similar al de aquel 24 de diciembre. Cuando Dream y él salieron en una expedición y los agarró desprevenidos una tormenta invernal.

La nieve caía con furia, impactando contra el suelo como si de blancas balas veloces se tratara, se escuchaba tenuemente el crujir de ramas de árboles a lo lejos como también el seco golpe de la nieve cuando caía en superficies rígidas como rocas. El viento les aullaba en los oídos y levanta la nieve del suelo creando una especie de neblina movediza que huía en dirección al viento arrastrándose todo lo que esté en su paso o en su defecto, dejándolo cubierto de nieve, así mismo impedía ver nada a lo lejos. Todo estaba pintado de un blanco algo azulado.

Tanto Dream como Technoblade se habían quedado sin reservas de alimento, todo animal que le pudiera proporcionar alimento ya se había adelantado a ellos y estaba oculto protegiéndose de la tormenta. Así mismo, sus armas estaban a punto de romperse, sus almacenes solo estaban llenos de minerales, pero no tenían madera para fabricar armamento. Tal vez podrían ir hacia el bosque, pero estaba casi igual de lejano que la casa del piglin. Se habían confiado demasiado. Pensaban que como no era una expedición tan lejana y que, de todas formas, al volver podrían comer de lo que hubiera en la casa Technoblade no había porqué preocuparse. Pero no contaron con la infame tormenta.

Tuvieron que refugiarse en una cueva cercana, el rubio aceptó a regañadientes. Technoblade, como todos los demás, pensaba que Dream era un alfa, pero en medio de aquella cueva donde el único calor era una pequeña fogata provocada con hojas secas, el humano se abrió.

Sabes, necesito llegar a casa, de verdad… - Dijo lo último casi como como una súplica mirando con enojo a la nieve caer frenéticamente en el exterior.

¿Por qué el apuro? Si tu quisiste que fuéramos de expedición ¿Acaso te fastidia tanto estar conmigo en esta cueva? – Espetó el piglin con atrevimiento. El otro respondió rodando los ojos y riéndose a su pregunta, pero inmediatamente su rostro se entristeció.
Aquello levantó las alarmas en el alfa, se llevaban muy bien y se conocían perfectamente, desde que ayudó a Dream escapar de la prisión y como habían logrado establecer una nueva era de paz en el servidor. Aunque su relación solo era de amigos, lo conocía demasiado bien, incluso algunas veces se burlaba de George o Sapnap haciéndoles ver que sabía más del rubio que sus supuestos amigos de infancia.

. En un inicio, todos en el servidor le temían y respetaban por ser el dios de la sangre y la mayoría se asustaba cuando les hablaba de las voces dentro de su cabeza que le exigían muerte y destrucción. Solo su padre fue capaz de entenderlo, nadie más. Tenía miedo de quedarse solo, lo único que podría llevar era destrucción a su paso y todos creían eso de él. Al final se lo creyó, creyó que debía ser temido, insensible y despiadado, que sus más profundos y vulnerables sentimientos debían ser reprimidos… Hasta que llegó Dream, ese alfa testarudo pero inteligente y habilidoso en estrategias de batalla, no dudaba en hacerse ver frente a otros, mucho menos frente a otros alfas. Sus personalidades chocaron mucho al inicio, pero luego se calmaron y se llevaron extrañamente bien.

Cuando fueron encerrados en la prisión tuvieron suficiente tiempo para hablar. En esa oscura celda de obsidiana sus más profundos sentimientos florecieron. Permitió que Dream viera todas sus facetas. Cuando le contó de sus voces y sus ideas respecto a sí mismo, Dream lo escuchó atentamente, no se quedó paralizado, no se incomodó, no lo odió ni temió. Asintió con la cabeza hasta que contó todo lo que debía y el rubio se dirigió hacia él.

No debes verte amenazante o sentir que necesitar serlo para ser fuerte, solo debes ser tú. No creo que ser tú sea fingir ser alguien que todos esperan que seas. – El humano despegó su mirada el piglin y miró a la pared de obsidiana a su al frente, con un total detenimiento, como si la examinara a detalle. - Mírame. – De la nada, se volteó bruscamente hacia el alfa, este obedeció. - Vez esta máscara… - Dijo mientras levantaba su mano y las yemas de sus dedos descansaban sutilmente sobre aquella máscara sonriente. - Tú acabas de abrirte ante mí… siento que también puedo hacerlo – El clic que se oyó lo estremeció y lentamente, ante la expectante mirada del piglin, se deshizo de la máscara. Cuando vio esos ojos esmeraldas, lo supo, había quedado terriblemente enamorado del otro alfa. – Me inspiras sabes, es hipócrita de mi parte decirte que sea auténtico si yo no lo soy así que intentémoslo juntos, intentemos ser nosotros… sin máscaras.

Desde ese día se sintió más libre que nunca, no le importó lo que los otros pensaran, solo deseaba sentirse bien consigo mismo, y mejor aún, sentirse pleno consigo al lado de Dream. Para el piglin, Dream era literalmente eso, un sueño. Pero todo sueño es una fantasía, una ilusión, Technoblade solo podía soñar en ser pareja del humano. Deseaba confesarse al rubio, pero sentía que el otro lo rechazaría. Ambos eran alfas. Pero deseaba decírselo, deseaba en serio estar con ese chico astuto y atrevido, con esa risa de tetera que le parecía la más sexy de todas. Pero era cobarde. No deseaba perder esa amistad, no deseaba perder a Dream. No deseaba que todo lo bueno que habían destruido se torne en una vil pesadilla.

Dream ¿Qué pasa? - preguntó el piglin al ver como el otro observaba con preocupación el caer de la nieve.

Nunca le he dicho esto a nadie… ni a George o Sapnap… pero si no te lo cuento entonces creo que las cosas se pondrán raras y ya no puedo contener esto. – Sus últimas palabras parecían querer romperse y una de sus manos se apretó contra su pecho.

Technoblade no entendía el repentino actuar del rubio hasta que las dulces feromonas de naranjas se apoderaron de la pequeña cueva en la que se encontraban. Dream no dijo nada y el alfa entendió que no tenía sentido preguntar lo obvio, parecía avergonzado y su mirada se tornaba brillosa, lágrimas amenazaban con salir.

Dream… - Liberó feromonas de tranquilidad, su aroma de por si era nieve y fogata, olores que ya estaban en su entorno, pero el alfa las acentuó y danzaron en el aire de forma armoniosa descansando sobre el omega reconfortándolo de inmediato. Sintió la capa del alfa caer sobre él intensificando aún más el aroma relajante – Está bien, no te haré nada, te respeto y aprecio. Además, solo los omegas se comportan de forma provocativa en los días finales de su celo o hay casos en los que incluso no pasa eso. Pero por precaución me iré al otro extremo de la cueva y tomaré una poción para dormir, también ten esta otra. - Dijo ofreciéndole un frasco brillante al omega. - Así lograremos despertarnos cuando esta tormenta termine. – El piglin se alejó con intenciones de recostarse lejos pero su brazo derecho fue detenido por una mano persistente.

No… no estoy en celo, la verdad es que quería decirte esto hace mucho, porque… porque… – El omega trataba de buscar las palabras, la razón por la que Dream pidió al Alfa esa expedición en primer lugar fue para hacer esa confesión, por ello no fue tan precavido, estaba distraído con la idea de cómo confesarse ante el piglin, pero siempre se acobardaba. Y cuando estaba ya derrotado, la estúpida tormenta los atrapó.

Deseaba estar con Technoblade, amaba como era, su fuerza y su inteligencia. Pero sabía que no podía estar con él a menos que le revelara la verdad. Era su secreto más íntimo. Aun cuando dejó de usar su máscara y todos pensaban que ese era su verdadero rostro seguía ocultándose a sí mismo, seguía fingiendo, pero con Technoblade se sentía auténtico, sentía que podía ser él mismo sin tener la presión de hacer todo movimiento calculado y con miedo a ser descubierto, porque nadie lo respetaría o temería al ser un omega, o eso pensaba. Pero recordó aquella celda, Technoblade se abrió con él, entonces él también podría hacerlo. Una parte de él no quería confesarse, el alfa lo odiaría por no decirle la verdad antes en el momento que el piglin se abrió con él en primer lugar. Solo quería llegar a casa y llorar por fallar estrepitosamente, pero al final, decidió arriesgarse.

Ahora estaba ahí, sosteniendo el brazo del ser al que amaba y haciendo que sus miradas se encontraran. Las feromonas de la capa que lo cubrían le dieron la suficiente determinación para expresarse.

Technoblade, contigo puedo ser yo mismo, siento que todo estará bien, eres de las personas que más respeto y admiro… Solo quiero decir. - Su voz se entrecortó, pero decidió seguir apretando su agarre como pidiendo ser escuchado, o aún más, entendido - Lo siento por no decírtelo antes, cuando tú me contaste lo que sentías en la celda yo también debí hacerlo. – Esas palabras salieron atropelladas casi quedándose sin aliento, pero luego retomó una bocanada de aire y continuó con más calma - No sé qué vendrá en el futuro, pero me encantaría que formaras parte de él ¿Quieres ser mi pareja? – por alguna razón al terminar esa frase, su mano dejó de tensarse contra el brazo del alfa y su mirada se suavizó, el olor de naranjas recién cortadas se intensificó.

La nieve rugía en el exterior, pero para los dos seres en esa cueva aquello era solo música de fondo para la cálida escena que se desenvolvía entre ellos. El alfa aproximó al otro, el brazo que antes Dream apretaba con vigor se acercó lentamente y llevó su propia mano a un lado del rostro del omega, su pulgar masajeó con cuidado la mejilla del rubio mientras que sus otros dedos se enredaban con su pelo.

Dream miraba con súplica al alfa, expectante ante la respuesta, y la obtuvo.

Demonios, tú siempre debes ser el más valiente entre los dos ¿Verdad? - Dejó escapar un suspiro de alivio y una sonrisita le prosiguió.

El omega nos sabía qué pensar, pero el alfa no se hizo esperar.

Te amo, enloquecidamente, pero no fui capaz de decírtelo porque tenía miedo de que me rechazaras porque los dos éramos alfas y también porque no quería arruinar nuestra amistad. O aún más, no quería perder a una de las personas que me hace vivir como si estuviera en un sueño, porque a tu lado todo parece posible, incluso el llegar a ser yo mismo.

Dream acercó su rostro al alfa, pero se detuvo, sus ojos preguntaban anhelosamente si podía proseguir y el otro accedió cortando la distancia. El beso fue casto, puro, delicado, al separarse se escuchó tímidamente el sonido de dos carnes húmedas distanciadas.

¡Techno! – El alfa se sobresaltó un poco al ser desconectado de sus cálidos recuerdos. El omega lo miraba curioso. – ¿Me puedes decir que te entretiene? Pareces muy distraído, llevas esa sonrisa de bobito hace buen rato. No es que me desagrade, en realidad luces tan tierno, pero necesitamos concentración en esto. – Dijo mientras sostenía mejor la bolsa de harina.

El piglin no hizo más que avergonzarse y una risa nerviosa se coló para delatarlo. Observó a su pareja y no pudo evitar morirse interiormente de amor al ver cómo sin querer un poco de harina había dejado una notable marca en el lado derecho del rostro del rubio haciendo que todo su discurso diera ternura.

No lo pudo evitar, dejó lo que estaba haciendo y se aproximó al otro, su mano izquierda lo tomó de la cintura y con la otra tomó con su mano el rostro de su omega usando su pulgar para limpiar un poco de la traviesa harina al mismo tiempo que lo acariciaba con ternura. El omega fue sorprendido por la repentina acción, pero se dejó llevar dejando reposar la harina, y llevando ambas manos para que sostuvieran ligeramente el ya extendido brazo del alfa.

Eres todo un sueño, ¿Lo sabes, Dream? – Dijo casi como un susurro o más como una voz pedida del pasado que renacía.

Tu también lo eres para mí amor – Respondió el omega acentuando el agarre de sus manos y aproximándose al otro.

Sus frentes se unieron, la respiración ajena se sentía en el rostro propio, y el calor también. Sus aromas reclamaron todo alrededor en instantes, un pequeño árbol de naranjas en pleno invierno, frente a una fogata que calentaba sus frutos y que le permitía florecer como dejar fluir su aroma. Eran libres, auténticos a su forma.

Sus labios se unieron, castos, limpios, puros. Como sus corazones.

FIN

Notes:

Eso es todo bye ( ◜‿◝ )♡

Mil disculpas a mi lector beta por esto, EN SERIO LO SIENTO NO PENSABA ESCRIBIR TANTO, SOLO SALIÓ Y NO PUDE CONTENERME (っ˘̩╭╮˘̩)っ