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Cuestión de segundos

Summary:

“Lo siento Quackity,” le sostuvo la mirada, ojos rubí rebuscando en oscuros alguna pizca de entendimiento, suplicándo en silencio por un perdón que sabe que nunca obtendrá ni merecerá.

Y Quackity, por un mísero momento, realmente pensó que lo sentía.

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Quackity dio por asegurada su amistad y las elecciones, pero Luzu tenía otros planes.

Notes:

Muy buenas, les vengo a dejar otra historia triste porque me gusta sufrir y hacer sufrir ♥

Cabe recalcar que no odio a Luzu ni nada si no que esto esta escrito desde el pov de Quackity y por eso suena tan hateful, es que me gusta el dramita perdón.

Disfruten :D

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

“Lo siento Quackity,” le sostuvo la mirada, ojos rubí rebuscando en oscuros alguna pizca de entendimiento, suplicándo en silencio por un perdón que sabe que nunca obtendrá ni merecerá.

Y Quackity, por un mísero momento, realmente pensó que lo sentía.

Aun cuando Luzu anunció su imprevista candidatura y encaró a la audiencia para dar su discurso, abandonando cualquier conversación implícita que sus ojos hayan compartido segundos antes, Quackity mantuvo la mirada clavada en la cara del mayor. No porque le despertara algún tipo de interés en particular en esos momentos, mucho menos por gusto propio. No, simplemente se encontraba congelado en aquel lugar, incapaz de reaccionar, sin saber exactamente a qué - o a quién - mirar.

Mírame a la cara cabrón, pensó. Mírame a la puta cara y dime que no es cierto.

Luzu no lo hizo.

¿Qué debía hacer ahora? ¿Qué debía sentir ahora? Su amigo, el primero en el que depositó su confianza y cariño, la última persona de la que sospecharía, lo había traicionado de un minuto a otro en el momento más importante de su vida. Luzu estuvo ahí, fue testigo de todo el trabajo y empeño que depositó en su campaña política, en cada video promocional, en cada entrevista, en cada cartel, en cada charla con posibles votantes. Sabía de la verdadera razón por la cual se presentó en primer lugar al puesto de alcalde, sabía de su hijo y de aquella promesa que lanzó al aire en su lecho de muerte, aquel juramento por mejorar la vida de aquellos en honor a la vida que él no pudo tener. Luzu lo sabía, lo sabía todo. Y era en estos momentos en los que el híbrido se preguntaba, ¿realmente había algo que no le haya contado a Luzu? Lo sabía todo, siempre lo supo, y aun así estaba dispuesto a arrebatarle todo por lo que había estado trabajando estos últimos meses, teniendo el descaro de pedirle perdón con esos ojos, con esa mirada, con esa sonrisa.

Pestañeo un par de veces y volteó su vista al frente, incapaz de mirar por un segundo más a quien a pesar de encontrarse a su lado, jamás se sintió tan distante.

Si quería quitarle su alcaldía, tendría que arrebatarsela de sus frías y muertas manos.


En cuanto se hizo el conteo de votos y Sapo Peta anunció al ganador, Quackity estaba tan seguro de su victoria, tan listo para restregarle en la cara a su antiguo compañero de campaña que había tirado su amistad por la borda y traicionado su confianza por nada, que al escuchar cómo la gente coreaba a vítores el nombre de Luzu y lo proclamaban como nuevo alcalde de Karmaland por poco se olvida de como respirar.

Ha habido un error, fue lo primero que pensó.

Sus mismos amigos le habían dicho el como ellos votaron doblemente por él o cambiaron de lugar ciertas papeletas para que estén a su favor sin que Quackity se los pidiera, maquinando todo entre las sombras para que todo estuviese a su favor, y aun sin hacer trampa estaba más que seguro de que contaba con la mayoría de votos entre todos los participantes del lugar. Su trabajo no podía haber sido en vano.

¿Entonces por qué habían llamado a Luzu?

Sus miedos se manifestaron una vez se realizó el recuento de votos a petición suya y la respuesta no hizo más que disparar su ansiedad y confundirlo aún más de lo que ya estaba.

1 voto para Cerdus.

El de rosa guardó silencio en su podio, aceptando su derrota.

4 votos para Quackity.

El hibrido no podía creer lo que el otro afirmaba, sus protestas no se hicieron esperar.

8 votos para Luzu.

El ahora alcalde celebró su aplastante victoria.

¿Cómo era esto posible? Ya ni siquiera le molestaba el hecho de haber perdido las elecciones, esto era simplemente imposible, los números no cuadraban. ¿Que había ocurrido dentro de aquellas urnas? Todos los presentes tenían derecho a voto por lo que esos números restantes no pudieron provenir de Lolito o de IlloJuan quienes se encontraban fuera del pueblo en esas fechas. ¿Se habrían confundido con los nombres? Era poco probable, cuando fue su turno de votar se aseguró de mirar su urna que ya contenía varios votos en comparación con el resto y claramente eran más de cuatro. ¿Quién se había equivocado? O la pregunta que más temía hacerse: ¿Quién estaba mintiendo?

Una pesadez fantasmal se instaló en el centro de su pecho mientras un nombre, el que tantas veces sus labios habían llamado, hacía eco en su cabeza.

Quackity no había notado lo absorto que estaba en sus pensamientos hasta que algunos de sus amigos - verdaderos amigos, no como la víbora que alguna vez llamó así - se acercaron a consolarlo y a asegurarle que ellos habían votado por él sin falta, que esto tampoco les hacía sentido a ellos.

Pero ya era demasiado tarde.

Las cartas fueron dispuestas sobre la mesa, se hicieron las apuestas y perdió. El traje presidencial ya se encontraba en posesión del castaño, quien lo lucía con orgullo mientras saludaba a sus habitantes y daba un par de palabras en agradecimiento.

¿Agradecimiento por qué?, se lo guardó para él. ¿Por mentirme? ¿Por usarme? ¿Hace cuanto que vienes planeando tu pequeño acto, Luzu? ¿Por cuánto tiempo estuviste riendote en mi cara sin que yo lo supiera? ¿Te divertiste?

…¿Te arrepientes?

Cuánto le hubiese gustado escupir esas palabras en su cara para obtener una respuesta, cualquier respuesta que lo justificara, pero era consciente de que el minuto en que le tuviera en frente perdería lo último de autocontrol que le quedaba.

No hagas una escena, se repetía. No les des el gusto, no les pruebes que están en lo correcto. No eres solo un niño.

Se aproximó a la salida. No podía soportar el ver como algo que debio ser suyo por derecho era entregado a alguien más. A él. Para eso prefería estar solo.

Al caminar por el sendero ámbar que formaban las hojas caídas de los árboles cercanos, pudo escuchar como un par de pasos se aproximaban detrás suyo con rapidez, intentando alcanzarlo.

Y Quackity, por un mísero momento y con el corazón hecho añicos, realmente pensó que era Luzu.

Aquella chispa de esperanza de que su antiguo amigo viniera corriendo detrás suyo como normalmente lo hacía cuando salían de excursión, de que lo llamara por ese apodo tan característico, su apodo, de poder discutir sobre cosas triviales sabiendo que los enfados no duraban mucho entre ellos, de que le suplicara para que no se fuera y así aprovechar al máximo el tiempo juntos, se vio ferozmente apagada al reconocer la voz de aquellos pasos como la de Rubius y no la de alguien que claramente nunca vendría.


La única razón por la que se encontraba camino a la cueva de Sapo Peta y no camino a su casa era porque realmente no quería quedarse a solas con sus pensamientos en su pirámide de piedra y la noticia que el druida les tenía respecto a Titi le sirvió como la excusa perfecta.

Lamentablemente, el no querer pensar en algo solo hace que lo pienses con más fuerza.

Con cada pie que colocaba, con cada cuerda que sostenía y con cada escalera que subía, el mar de pensamientos y preguntas que abrumaban su mente no hacían más que nublarle la vista y sumergirlo en su mundo interno una vez más, aun con el ruido y las conversaciones de sus demás amigos zumbando a su alrededor.

Votos. Urna. Preguntas. Alcaldía. Números. Fraude. Luzu. Votos. Urna. Preguntas. Alcaldía. Números. Fraude. Luzu. Votos. Urna. Preguntas. Alcaldía. Números. Fraude. Luzu. Votos. Urna. Preguntas. Alcaldía. Números. Fraude. Luzu. Votos. Urna. Preguntas. Alcaldía. Números. Fraude. Luzu. Votos. Urna. Preguntas. Alcaldía. Números. Fraude. Luzu. Votos. Urna. Preguntas. Alcaldía. Números. Fraude. Luzu. Votos. Urna. Preguntas. Alcaldía. Números. Fraude. Luzu. Votos. Urna. Preguntas. Alcaldía. Números. Fraude. Luzu. Votos. Urna. Preguntas. Alcaldía. Números. Fraude. Luzu. Votos. Urna. Preguntas. Alcaldía. Números. Fraude. Luzu. Votos. Urna. Preguntas. Alcaldía. Números. Fraude. Luzu. Votos. Urna. Preguntas. Alcaldía. Números. Fraude. Luzu. Votos. Urna. Preguntas. Alcaldía. Números. Fraude. Luzu. Votos. Urna. Preguntas. Alcaldía. Números. Fraude. Luzu. Votos. Urna. Preguntas. Alcaldía. Números. Fraude. Luzu. Luzu. Luzu. Luzu. Luzu. Luzu. Lu-

En un descuido, su mano no logró sujetarse de la cuerda a tiempo.

Tuvo suerte de no estar tan lejos del suelo y poder aterrizar contra la persona que venía subiendo después de él, quien logró atraparlo y estabilizarlo agarrándolo por los hombros antes de que este volviera a caer por falta de equilibrio. Insultando su falta de concentración y listo para presentarle una queja a Sapo Peta por lo peligrosa que era la entrada a su dominio, la sangre de Quackity comenzó a hervir en cuanto escuchó la voz de su salvador, quien una vez que se aseguró de que el pato no volvería a caerse, lo esquivo con rapidez y siguió su camino, dejándolo nuevamente solo.

“Cuidado que te caes,” le escuchó decir apenas, “Como de las votaciones.”

En ese momento, algo en su cabeza finalmente se rompió, un pequeño y delicado hilo que intentó desesperadamente mantener intacto, y antes de que lo supiera su boca ya se encontraba llamando el nombre del castaño, haciéndolo parar.

“Luzu, ven un momento.”

“Quackity…”

“Baja conmigo.”

Y el nombrado obedeció.

Odiaba con todo su ser tener que ser él el que diera el primer paso, como si Luzu no tuviera que estar a sus pies implorando disculpas y rogando por su perdón en esos momentos. Pero la realidad era muy distinta, el otro se notaba tan tranquilo y compuesto que si alguien no hubiera presenciado los acontecimientos de hace unas horas este pensaría que nada había pasado, que todo estaba bien, que todo seguía igual.

Pero nada seguía igual, nunca volvería a serlo, y ambos lo sabían.

A solas y apartados del resto, ya no había necesidad de aparentar. Los ojos hinchados y el rostro apagado del pelinegro rápidamente se transformaron en dagas dispuestas a herir a quien sea que estuviera frente suyo y en una mueca de desprecio total que Quackity esperaba que pudiera transmitir mejor sus emociones que cualquier palabra que pudiera salir de su boca. Por un momento le pareció ver cómo los hombros del español se tensaban ligeramente y cómo sus ojos se ablandaban al sostenerle la mirada, pero de un segundo a otro volvió a retomar su semblante frío de estatua imperturbable.

“Escúchame muy bien Luzu,” comenzó el menor, listo para descargar cada maldita emoción reprimida contra la persona en la que alguna vez confió.

“Quackity, no puedo…” intentó acortar la distancia entre ambos con sumo cuidado, como si él fuera algún animal salvaje dispuesto a saltarle encima en cualquier momento, pero pareció notar lo tenso y a la defensiva que se encontraba y comprendió que ya no era bienvenido en su espacio personal.

Mientras Luzu optó por quedarse en su lugar, él optó por ignorar la aplastante sensación en su pecho que venía sintiendo hace rato cada vez que escuchaba su nombre en lugar de un Quacks.

“No, no quiero que hables, ya tuviste tu momento para disculparte, así que solo escuchame.”

“No puedo discutir el tema de las elecciones contigo…”

“¡Cierra el puto osico y escúchame!” gritó con la voz quebradiza y en un abrir y cerrar de ojos ya se encontraba sujetando al de negro por el cuello de su traje con ambas manos, los puños firmemente apretados y luchando por retener las lágrimas que le hacían escocer los ojos. “No quiero escuchar una puta palabra más de ti, ¿me escuchaste? Solamente cállate y escucha.”

Y a pesar de mantener su boca cerrada, Luzu seguía reflejando una neutralidad que lo irritaba, recibiendo insulto tras insulto como si de balas se tratasen, tomándolas sin protestar, casi con gusto. Mala elección, pues esto no hizo más que alimentar su ira.

“No se que mierda hiciste allá pero no me la trago ni por un segundo. No se que hayas tramado detras de camaras pero yo soy un acreedor firme de la justicia y de la democracia en esta tierra y no pienso dejar que te salgas con la tuya, ¿eh? Te recuerdo Luzu, que no solo se está poniendo en juego la vida de los ciudadanos, si no también la integridad de nuestro pueblo y su bienestar.” Concentró toda su ira restante en las siguientes palabras, cargándolas de veneno para que estas quedasen grabadas a fuego en su piel. “Y si yo me llego a enterar de que cometiste fraude Luzu, no queda de otra,” liberó el agarre que tenía en su cuello como si le asqueada tocarlo, solo para tirar de su corbata y hacer que el oído del mayor estuviera a la altura de sus labios, susurrando una promesa que hace unos meses ni siquiera hubiera cruzado su mente, “Te voy a matar.”

Quackity soltó su agarre con tal brusquedad que hizo retroceder a Luzu en sorpresa, quien tras aflojarse la corbata en busca de aire, divisó algo en él que esperaba que por muchas noches se convertiría en su peor pesadilla.

Y es que algo transparente descendió con rapidez por la mejilla del ahora tranquilo pelinegro y que encontró su lugar en la tierra bajo sus pies, y a pesar de que Luzu no era alguien religioso, agradeció a todos los Dioses que conocía por la oscuridad que la noche brindaba y que le impedía ver con claridad el rostro de Quackity a esa distancia. Conocía sus debilidades mejor que nadie y sabía perfectamente que estaba a una lágrima más de correr a los brazos del otro y decirle a la cara lo que desde un principio anhelaba tanto decirle.

En cambio, le dio la espalda. “Dejalo ir Quackity.”

El español suspiro con pesadez y se encaminó a las escaleras una vez más, dejando atrás al de alas, quien se posicionó a los pies de estas y observó en silencio cómo es que el otro subía por las sogas para unirse a sus demás compañeros que debían de estar esperando a su nuevo alcalde ya en la cima.

“Voy a hacer una investigación ardua, y de lo que me entere, te juro que destruiré todo aquello que amas con mis propias manos antes de acabarte a tí,” prometió una voz gruesa que ninguno de los dos supo reconocer como la de Quackity. “Aun si eso me cuesta la vida.”

Luzu no respondió, no porque no quisiera, sino porque el nudo en su garganta y la vista nublada que tenía desde hace unos minutos eran recordatorio suficiente de que no merecía responderle.

“Quedas advertido.”

Notes:

Espero hayan llorado tanto como yo llore escribiendolo. Anyways, tengan lindo día/tarde/noche ♥