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Reforcing Brotherhood

Summary:

Dazai vuelve a trabajar como niñero después de mucho tiempo inactivo, teniendo que cuidar a 2 hermanos los cuales sus padres advierten, no se llevan muy bien.
Luego de un desastre provocado por ambos, el castaño decide incentivar a los hermanos a "mejorar su lazo de hermandad".

Work Text:

No lo habían llamado para trabajar de niñero en un buen tiempo.
Pero allí estaba, Dazai Osamu, tocando la puerta de una casa para trabajar cuidando mocosos hasta mañana en la mañana.
Era de noche ya, así que no iba a ser algo tan tardío.

Escuchó pisadas detrás de la puerta, acercándose poco a poco, para que ya a los pocos segundos una señora mayor abriera la puerta.
— Oh. — Luego de decir eso, le sonrió al castaño. — Gracias por venir, Dazai-san. —

— Es un placer. — Sonrió correspondiendo al gesto de calidez.
Luego de saludarse mutuamente, la mujer lo dejó entrar a su casa. Tuvo una charla con ambos padres sobre los niños que iba a cuidar esa vez.
Por lo que le dijeron, lo contrataron ya que no confiaban en dejarlos solos por sus constantes peleas y discusiones, dudaban mucho de que algo malo no fuera a pasar si los dejaban solos.

El mayor, llamado Ryuunosuke, tenía 16, y el menor, llamado Atsushi, 7 años.
Era algo ridículo pensar que alguien tan mayor pelease con su hermano de 7 años, pero así son los adolescentes supone, igual, lo más tonto era que tiene que cuidar a un chico de 16 solamente porque no deja de pelear con su hermano menor, siente que debe ser hasta vergonzoso para el chico.

El punto es que aceptó cuidarlos, recibió su paga y luego de que le explicaran algunas cosas y le dejasen copias de llaves, los padres se fueron a una reunión de negocios.

— Muy bien, veamos… — Se dirigió a la sala de estar, donde estaba el mayor de los hermanos sentado en el sofá, presumiblemente jugando con su celular.
— Hola, Ryuunosuke-kun. — Lo saludó cantando, el de cabellos azabaches lo vio un segundo antes de devolver su vista a su celular.
Un adolescente rebelde, ¿huh? Nada sorprendente.

Decidió ignorar que pasó por alto su saludo y vio a su alrededor, notando que no estaba el otro mocoso por allí. Volviendo su atención al pelinegro, le preguntó:
— ¿Dónde está tu hermano? —
El pelinegro bufó, probablemente por tener que hablar del pequeño Atsushi. — No lo sé. — Respondió a secas, sin ver al castaño.

Dazai suspiró, y decidió buscar al menor por su cuenta.
Aunque en realidad no fue muy difícil. Después de caminar unos pocos segundos pudo verlo en el piso de arriba, semi-oculto detrás de una pared.
— Ah. — Tarareó cuando por fin lo encontró. — Allí estás, Atsushi-kun. —
Subió las escaleras, acercándose al niño. Sus padres le contaron que él era un poco tímido, por lo que no le asombraba que se escondiera de el.
Al llegar al último escalón y por ende a detrás del muro, miró al pequeño niño, quien estaba un poco asustado, probablemente intimidado por el hecho de ser un extraño.

— Hola, Atsushi-kun. — Sonrió agachándose para estar a su tamaño. Pudo ver cómo este se abrazaba a sí mismo, desconfiado.
— Hola. — Soltó casi en un susurro, mientras veía a otro lado.
El castaño sintió como su corazón se estrujó un poco.
— Eres un niño demasiado tierno, Atsushi-kun.  — No dudó en acariciar su cabello, el cual era bastante suave. El menor cerró sus ojos por el contacto, provocando que casi le diera un paro cardíaco al mayor por la ternura.

— Uhm… — Titubeó, pensando en que contestar. — Gracias, Dazai-san… —
“Realmente un niño encantador” pensó Dazai. Lo adoptaría si ya no tuviera padres amorosos que lo cuidan.
Bajó con el niño luego de presentarse con él, viendo a Ryuunosuke donde antes, sentado en el sofá.
Podía notar a leguas que iba a ser más fácil llevarse bien con el pequeño albino que con el refunfuñón sentado en el mueble.

Ambos se sentaron en el sofá, dándole un poco de espacio al de ojos grises. Le había pedido a Atsushi que trajera dos de sus juguetes, así que se puso a hablar y a jugar con el pequeñín mientras intentaba ganarse su confianza, poco a poco viendo cómo parecía dejar al lado su timidez.
Era conocido por ser bastante bueno ganando la confianza de los niños, parece que todavía no ha perdido su habilidad.

De vez en cuando notaba cómo Ryuunosuke desviaba la mirada de su teléfono para verlos a ambos por pequeñas fracciones de segundo. Se preguntaba qué pensaría el azabache por verlos jugar.
Duda que sean celos, pero quizá eso provocaba algo negativo en él.

Llegó un momento donde el mayor se cansó de escucharlos y decidió encender la televisión frente ellos, probablemente buscando distraerse de la presencia de su hermanito y del castaño, impresionando internamente a Dazai por verlo soltar su teléfono por primera vez desde que llegó.

Osamu vio el reloj pegado a la pared, ya iba a ser la hora de cenar.
Debería ir cocinándoles para no tener que estresarse en escucharlos chillar por tener hambre.

— Atsushi-kun, quédate un momento con tu hermano, ¿está bien? — El menor asintió con una pequeña sonrisa. El pelimarrón se levantó de su asiento y le entregó el juguete que tenía. — Ya vuelvo. — Y se dirigió a la cocina.

El menor decidió seguir el juego que tenía con el más alto, haciendo batallar a un tigre y un conejo gigante que tenía.
Terminó aburriéndose de jugar consigo mismo, no era lo mismo a tener un compañero de juegos.
Dudó un poco al principio, pero dirigió su mirada a su hermano, quien estaba casi a su lado.
— Ryuu, ¿quieres jugar conmigo? — Llamó con poca esperanza al mayor.

— No. — Dijo rotundamente. El albino ya se esperaba esa respuesta, pero aun así hizo un puchero.
— ¿Por qué no? — Se quejó. El azabache no hizo más que resoplar por su insistencia.
Llevaba poco tiempo hablándole y ya le empezaba a fastidiar.

— Porque no y ya, déjame ver la televisión. — Gruñó viéndolo de reojo.
Atsushi no hizo más que resoplar, y sin rendirse, se puso frente a la televisión, irritando más a su hermano.
— Quítate, no me dejas ver, maldita sea. —

— ¡No! — Alzó un poco la voz, pisando el piso con fuerza por su enojo. — ¡Nunca quieres jugar conmigo! ¿Porque no? ¡Es injusto! —
Empezaba a colmar la paciencia de Akutagawa, ¿Por qué tenía que ser tan insistente? No iba a jugar con un mocoso al que odia desde que nació.
Por culpa del matrimonio de su padrastro y su madre, era ya obvio que su padre nunca iba a volver, y menos desde que nació la escoria de Atsushi.
Les tenía rencor a ambos, desearía que los 2 se fueran de su vida.

Al final, el pelinegro se levantó de su asiento, empujando al albino intentando apartarlo de su vista.
— Te dije que te quites, eres un fastidio. — Dijo un poco algo por el enojo.

— ¿Por qué? ¡¿Por qué tú nunca me has querido!? ¡Yo nunca te hice nada! — Ahora sí el menor empezaba a gritar con una voz un poco quebradiza.
Frunció el ceño con fuerza, ya lo tenía completamente harto.

— ¡Te dije que dejes de molestar! — Lo empujó otra vez, con más fuerza. Sin poder mantener el equilibrio, el pequeño Nakajima cayó de espaldas contra /algo/
Y ese algo era una estatua de porcelana sobre un demonio de nieve.

— ¡! — Ambos se exaltaron, viendo ahora la figura vuelta pedazos en el suelo. El menor estaba asustado, mientras que Ryuunosuke empezaba a entrar en pánico.
Ambos sabían lo importante que era esa figura para sus padres, más que nada para la madre de ambos, era definitivamente algo con mucho valor monetario y sentimental.

— ¿Qué está pasando? — Llegó de pronto el castaño por la conmoción, preocupando aún más a los dos hermanos.
Sólo los había dejado solos 5 minutos, ¿cómo llegaron a discutir tan rápido y a romper algo?
Se acercó al más pequeño, temeroso si había sido cortado por alguna de las piezas filosas de la que era anteriormente una estatua.

— ¿Están bien? — Dijo, examinando primero al menor de que no tuviera ninguna herida. El azabache gruñó y alzando la voz, dijo:
— ¡Todo esto es tú culpa! — señaló a Atsushi, quien frunció el ceño por ser inculpado.

— ¿¡Mi culpa!? ¡Tú fuiste quien me empujó! — Gritó, desafiando a su hermano mayor.
Estaban listos para empezar a pelear otra vez, por lo que Dazai tuvo que intervenir poniéndose entre ambos, para que no terminasen rompiendo otra cosa.

— Ya, ya, cálmense. — Suspiró, y continuó diciendo: — Ustedes dos son hermanos, ¿no? ¿Por qué tienen que pelear? Ambos son Nakajimas. —

— Yo no comparto apellido con esa escoria. — Bufó Ryuunosuke, cruzándose de brazos. El albino lo único que hizo en respuesta fue gruñirle.

— Oh, oooh, es verdad, Ryuunosuke-kun tiene otro padre biológico, ¿no? — Soltó un poco burlón, haciendo que la llama dentro del azabache se encendiera un poco más.
No lo recordaba, pero es verdad que su madre había mencionado que eran “medio hermanos”.
— Bueno, pero eso no importa, ¿no? Ambos son hermanos, no deberían de pelearse de esta forma. — Dijo mientras levantaba al pequeño peliblanco del suelo, miró la estatua de porcelana en el suelo, completamente destruida.

— Deben de empezar a llevarse bien, sheesh.  — Se quejó Osamu, negando con la cabeza por ver el desastre.

…Oh.
Una idea le vino a la cabeza después de que dijo aquella frase. Probablemente hubiera sonreído si no fuera por no querer que sospecharan sus planes.

— Muy bien, ambos vayan a su habitación. — Pudo escuchar cómo ambos chicos se quejaron casi al unísono. — En un rato iré con ustedes. —
— Tsk. — Se quejó Ryuunosuke, siendo el primero en retirarse, yendo luego el pequeño Atsushi con la cabeza cabizbaja, quizá esperando un regaño cuando fuera para allá.

Primero el castaño recogió pedacito por pedacito, para luego botar los restos de la figura de porcelana a la basura. Sacudió sus manos, y luego de tomar aire, se dirigió finalmente a la habitación de ambos niños.
Abrió la puerta, viendo cómo ambos estaban sentados en la cama de abajo de la litera, probablemente siendo esa la cama de Atsushi.
Cerró la puerta detrás de él luego de pasar, examinó el cuarto por unos segundos.
Una litera de dos camas que obvio compartían ambos hermanos, un escritorio con un computador encima, una caja de juguetes y un armario doble, no había mucho que llamara la atención en realidad.

Ambos hermanos estaban en silencio, cada uno en una esquina de la cama. El castaño tomó la silla del ordenador que vio antes, la arrastró frente de la cama y se sentó en ella.
— Muy bien. — Aplaudió para llamar la atención de los dos. Ambos voltearon a verle. — Debemos empezar a mejorar la relación de ambos, ¿no creen? Si no, seguramente ambos van a acabar destruyendo toda la casa. — Dijo bromeando, aunque ninguno de los dos parecía estar de humor para reír.

— Y cómo haremos eso, ¿se preguntarán? Bueno, vamos a… “Reforzar sus lazos”. — Soltó lo último casi murmurando, haciendo que ambos lo mirasen confusos.
— Bien, Ryuunosuke-kun, ¿por qué no le das un beso a tu hermano? Para decirle cuanto lo quieres. — Sonrió ante lo dicho.

El azabache refunfuñó, queriendo que esto ya acabase se acercó a su hermano menor, y le dio un beso rápido en la mejilla.
— No, no no, me malinterpretaste. — Negó con la cabeza un par de veces, alzó una mano y se señaló a sí mismo la boca mientras embozaba una sonrisa perversa . — Un beso en los labios. —

— ¿¡Qué!? — Gritó el azabache, el más pequeño solo soltó un confundido “¿Eeeh?” al unísono de la queja de su hermano.
Digo, ambos son hermanos, ¿no? ¡¿Qué le pasaba a este tipo!?

— ¿Qué pasa? — Dijo burlesco, obviamente sabiendo el porqué de sus reacciones.

— ¡Me niego! — Soltó rotundamente el mayor. Frunciendo el ceño mientras sus mejillas se coloreaban un poco.
— Yo… Uhm… Mamá dicen que sólo los adultos se dan besos ahí. — Con voz pasiva y ligeramente baja, Atsushi se negó igual.

Se esperaba que ambos no aceptarían tan fácil, es por eso que tenía algo muy pesado bajo su manga.
— Entonces, supongo que tendré que decirle a sus padres lo que hicieron ambos allá abajo. — Su tono de voz y expresión parecía tornarse cada vez más perversa.
Pudo observar como ambos se pusieron pálidos, realmente nerviosos, ¿tan importante era esa figura de porcelana? Osamu agradecía que lo fuera.

En realidad, Dazai al cuidar niños a veces se aprovechaba de ellos, manipulándolos para que hicieran esta clase de cosas, quizá solo para alimentar su morbo.
Así que, ¿por qué no hacerlo con este par de mocosos? Llevaba un buen rato sin interactuar de esta forma con infantes.

— ¿Y bien? ¿Qué dicen ahora? —

Ryuunosuke, quien era el mayor, era quien más dudoso se le podía notar.
No estaba seguro de si aceptar o no, a parte del odio profundo que tenía por el peliblanco, era su… Hermano, y era mucho más pequeño que él, ¿cómo podría darle un beso como si nada en la boca?
Por otro lado, sabe que su madre se enojará mucho con él si se entera que por haber empujado al menor rompieron su estatua favorita, probablemente se ganase un castigo mucho peor que el albino.


Tomó aire y finalmente respondió a la pregunta del castaño.
—  …Está bien. — Dijo. Atsushi volteó anonadado por su respuesta, mientras se podía ver la felicidad deslumbrando en el rostro del más mayor en el cuarto.
El azabache volteó a ver al menor, viendo cómo este seguía con una expresión dudosa sobre si esto realmente estaba bien.
Atsushi era obvio que no debe de saber el verdadero significado de lo que es un beso en los labios, así que lo más probable era que solo le preocupase ignorar los consejos de su madre.

Pero... Debían hacerlo, al menos él tenía qué.
Lo habían acorralado, ingeniosamente atrapado por los planes del pelimarrón, se podía notar a leguas cómo todo esto estaba saliendo como él quería.
Tomó valor para poder acabar con esto. Agarró tembloroso los hombros de su hermano menor, soltando un suspiro profundo.

Se fue acercando lentamente al rostro del albino, para luego juntar sus labios en un beso rápido, el peliblanco cerró sus ojos un poco por el contacto.
— ¿Ves? No fue tan difícil. — Tarareó feliz el  — Ahora, ¿por qué no le das otro? —

— Ni hablar. — Se alejó del rostro de Atsushi. Con vergüenza e incómodo por lo que acababa de hacer.
— Vaamos Ryuunosuke-kun, es sólo otro beso. — Su tono de voz era uno juguetón. Ryuunosuke volteó a ver a su hermano, viendo cómo lucía un poco aterrado.
Volvió a inhalar y exhalar aire. Sujetó el pequeño mentón del contrario, volviendo a plantarle un beso corto.

— Bien, dale otro beso. —
Tragó saliva y obedeció nuevamente. Dándole beso tras otro cada que Dazai decía “Otro más.” El más pequeño, sin poder reprochar, sólo cerraba sus ojos mientras dejaba que sus labios fueran chocados por los del mayor.
Poco a poco, empezaron a volverse mojados, presionando más sus labios contra los del más bajo.
En algún momento parecía ya no haber escuchado más la voz del castaño, pero aun así seguía besando a su hermanito, devorando sus pequeños labios.

Succionaba de forma torpe su boca, causando pequeños ruidos en el menor. Atsushi cerró sus puños con algo de fuerza cuando Akutagawa se dejó llevar por el momento.
Algo que fue completamente esperado por Dazai, sabiendo que Ryuunosuke seguía siendo un adolescente que quizá estaba sexualmente reprimido.
El azabache parecía querer explorar más, lamiendo un poco la comisura de los labios del contrario.
— Atsushi-kun, ¿podrías abrir un poco tu boca? — Sugirió, guiando al más inexperto en la habitación. Un poco aturdido, obedeció abriendo su boca lentamente en medio del beso.

Chilló ahogado al sentir la lengua del mayor entrando. El pelinegro se detuvo momentáneamente separándose del menor, quizá procesando la nueva sensación.
Pocos segundos después volvió a introducir su lengua dentro de la boca del más pequeño, explorando sus interiores. Atsushi no hacía más que soltar gemidos ahogados

El azabache jugueteaba de vez en cuando con la lengua del albino, generando pequeños sonidos mojados en la habitación, acompañando a los suspiros y ligeros quejidos de ambos.

Llegó un punto en donde Ryuunosuke se apartó del menor por la falta de aire. Los dos jadearon desesperados por aire, suspirando en la boca del otro, siendo un hilo de saliva lo único que los unía.
Recobrando sus sentidos, el pelinegro se alejó completamente de Atsushi, dándole su espacio.

— Vaya Ryuunosuke-kun, realmente que te metiste en el papel. — Mencionó riendo suavemente. — Tanto así. — Continuó. Señalando la zona íntima del chico. — Que parece que te pusiste erecto. —

Mierda.
— Tsk. — Gruñó, ocultando su notable erección de ambos.
No lo podía negar, aunque sonara asqueroso, se había excitado besando a su hermano menor.
…No, la verdad suena peor de lo que piensa.

— Atsushi-kun, ¿por qué no ayudas a tu hermano? —

— Qué- — Pudo escuchar al menor decir un “¿Eeh?” al mismo tiempo que él.
No debe estar diciéndolo en serio, ¿verdad?

— ¿Yo? Pero… — Dijo Nakajima, dudoso. — Esa es su… Su parte “no-no”. —
Dazai no pudo evitar reír por tal frase tan adorable que dijo el peliblanco. Era realmente un niño demasiado tierno.

— Tu hermano siente mucho dolor allí abajo, no quieres que tu hermano mayor sufra, ¿verdad? —
El albino se quedó pensando, viendo al suelo, sin saber qué hacer o responder.
No sabía muy bien qué estaba pasando o por qué parecía como si la parte privada de Ryuu se había vuelto aparentemente más grande.

— No te preocupes, Atsushi-kun, tu amable servidor Dazai-san te guiará. — Sonrió dulcemente al más bajo. — Sólo tienes que hacer magia con esa pequeña boquita tuya, ¿de acuerdo? —

Parecía aún estar dudoso, pero al final terminó asintiendo con la cabeza.
Dazai guio al pequeño Atsushi entre las piernas del azabache, diciéndole que se arrodillase. Obedeció de una forma lenta y tímida.
Akutagawa no estaba seguro si detenerlo o no, ¡era su hermano pequeño quien le iba a dar una mamada! pero se sentía motivado por la excitación de… Bueno, haberlo besuqueado antes. Así que ambos sentimientos lo tenían paralizado, sin saber qué cosa debería de realizar o seguir.

— Desabrocha los pantalones de tu hermano, y luego baja su ropa interior. — Dijo suave, intentando darle confianza al nervioso Nakajima.
Bajó el cierre de su pantalón luego de desabrochar los botones, apartando lento sus bóxers. Rápidamente vio cómo el miembro duro de Akutagawa salía.

El albino se puso como un tomate al verlo, dirigiendo su mirada hacia abajo para no mirarlo.
Osamu se acercó moviendo la silla con ruedas un poco más cerca de ambos, acariciando el blanco cabello del menor.
— Tienes que lamerlo, Atsushi-kun. Igual que como harías con un helado, ¿sabes a lo que me refiero? —

— Yo… No se… —
Esto era demasiado para él, era un momento incómodo, y sentía en cierto modo que estaba defraudando a su madre.
Pero, por lo poco que jugó con Dazai, tenía algo de confianza en él. ¿De verdad estaba… Ayudando a su hermano?

— Tu puedes, Atsu-kun. — Lo motivó, siguiendo con sus pequeñas caricias en su cabeza.
El menor decidió hacerle caso al castaño. Vio la punta del pene de Akutagawa, con un poco de presemen en la punta.
Tragó saliva, procediendo a lamer su miembro.

— Ngh… — Se quejó Ryuunosuke, saltando de sus pensamientos por el toque de la lengua de Atsushi, lamiendo su glande de arriba abajo. No pudo evitar soltar suspiros pesados por la estimulación.
El castaño le dijo “Muy bien” mientras alejaba su mano de la cabeza del pequeño.
No muy después, abrió su boca y metió la punta en ella, succionando, siguiendo las órdenes de Dazai.

Akutagawa cerró sus puños, aferrándose sin mucha fuerza a las sábanas.
Se sentía asquerosamente bien. Quizá había sido el hecho de que nunca había sido estimulado antes de esa forma, pero la boca de su hermanito se sentía… Tan placentera.

No pudo evitar respirar de forma frenética, mientras veía a otro lado intentando dejar atrás la idea de que sea su hermano menor quien le estaba chupando el pene.
Intentaba imaginarse a una chica de su edad, alguna linda. Intentaba pensar en la rubia que siempre lo seguía en clases.

Pero era difícil por escuchar los ruidos que hacía el menor por succionar. Atsushi se quejaba bajo, entre sonidos húmedos.
— ¿Cómo se siente que tu hermano menor te esté consolando, Ryuunosuke-kun? — Dazai decidió avivar más la llama de la lucha interna que tenía el chico. Pudo ver cómo fruncía el ceño por escuchar su voz.

— C-Cállate… Aah. — Suspiró.

Para él esta situación alimentaba completamente su morbo, una situación realmente perfecta.
Ver cómo el hermano mayor entraba en crisis moral, mientras que el menor, tímido, seguía sus indicaciones.
De verdad era un buen momento.

Atsushi había cerrado sus ojos desde hace un rato, quejándose por tentar el glande a la entrada de su garganta. Sacándolo de vez en cuando para respirar un poco.
Pero aún si el menor intentaba ir lo más profundo que podía, aún no entraba todo su pene a su boca.

Eso desesperaba un poco al pelinegro, acompañándolo la velocidad lenta con la que mantenía su vaivén.
Empezaba a querer y más profundo, más rápido…
Maldita sea.

Separó al pequeño Nakajima de su pene, quien dirigió su mirada hacia arriba confuso mientras el mayor se ponía de pie.
Tomó la cabeza del más bajo, y metió su pene otra vez a su boca. Solo que esta vez, penetrándolo él mismo.
Era rudo, iba lo más profundo que podía en la garganta del menor, mientras se movía rápidamente. Atsushi intentaba apartarlo, pero la fuerza con la que tomaba su cabeza era mucho mayor.
Sonidos lascivos de ahogo eran apaciguados por el miembro del azabache, el albino intentaba luchar contra su ritmo frenético.

— Ryuunosuke-kun, sería mejor que fueras más delicado con él. —
Después de todo, era obvio que un niño de 7 no sería experto en dar mamadas profundas.
Pero el chico lo ignoró, buscando su propia liberación. Algo que de todas formas entretenía a Osamu, ya que a pesar de recomendarle ir más lento por su inexperiencia, los sonidos que hacía el pequeñín eran agradables para sus oídos.

En unos momentos de compasión, sacó su pene de la boca del pequeño, empezando este a toser desesperadamente y a tomar aire. Luego, volvió a meterlo con el mismo ritmo anterior.
Pequeñas lágrimas empezaban a salir de sus ojos, se aferraba fuerte al pantalón negro de su hermano.

Después de un par de estocadas más, el mayor llegó al clímax. Sacó su miembro llenando el rostro del pequeño Atsushi de aquel líquido blanco y viscoso, cayendo parte en su boca.
Empezó a toser otra vez por la irritación en su garganta, intentando también recuperar el aire.

La vista de ver al menor manchado con su semen le provocó un extraño sentimiento en el estómago. Se le quedó viendo examinando cómo jadeaba desesperado.
— Bien hecho Atsushi-kun, ¿puedes tragar lo que cayó en tu boca? —
El albino no dijo nada, sólo se dedicó a tragar la poca liberación que había ido al interior, suspirando.

Podía sentir cómo se volvía a poner erecto, esa faceta del más pequeño era demasiado para él.

— ¿Hm? — Tarareó burlón viendo la escena. — Ryuunosuke-kun, ¿estas erecto otra vez por ver a Atsushi-kun lleno de ti? Eres más perverso de lo que pensé. —

Akutagawa sólo frunció el ceño, sin responderle.
Era vergonzoso y humillante, porque lo que decía era verdad.
Él era un pervertido, ni siquiera sabía de esa faceta de él mismo.
Esto… No debería de prenderle tanto.
Se terminó sentando otra vez en la cama, reflexionando un momento.

Pudo ver cómo aún sentado en la silla Dazai se puso detrás del menor, desplazándose con las rueditas que tenía la silla.
Lo cargó agarrándolo desde las axilas, para así sentarlo en sus piernas.

Dazai fue retirando los pequeños shorts que tenía junto a la ropa interior, quitándole también las sandalias cerradas que traía.
— ¿¡Aah!? —  Dio un pequeño grito, asustado y avergonzado por estar desnudo desde la cadera hacia abajo en presencia de un extraño y de su hermano.

— ¿Qué le estás- ¿Qué planeas hacer? — Se preocupó Akutagawa, intentando no ver fijamente al desnudo albino.

— Bueeno, lo voy a preparar para ti, ya que obviamente estás demasiado excitado como para no lastimarlo, ya sabes, igual como te pusiste ahora. — Señaló su palpitante polla, impaciente por obtener atención otra vez, seguro queriendo ir al mismo ritmo que antes.
Seguramente lo haría sangrar y gritar, y Dazai, aunque fuera un sucio, no le gustaba la idea de hacer sufrir a un chiquillo tan lindo como lo era el peliblanco.

Se llevó tres de sus dedos a la boca, mojándolos bien con su saliva.
— ¿Vamos a seguir? E-Estoy cansado … — Dijo con una voz rasposa, aún afectado por el trato anterior.

— Apenas empezamos Atsushi-kun, vamos, se sentirá raro al principio, pero luego empezará a gustarte, ¿sí? —

Y antes de que pudiera responderle, pudo sentir uno de los dedos húmedos del castaño rozando su entrada. Chilló un poco por el contacto.
— Eeh, ahí es sucio, no lo- ¡Ah! —
Sintió como su dedo se deslizaba dentro de él, generándole una extraña sensación.
Se sentía incómodo, era raro tener algo allí.
Podía sentir cómo movía su dedo con cuidado de lo lastimarlo. Ese ritmo lo hacía jadear, y no estaba seguro de por qué.

Dazai sostuvo una de sus piernas con su mano libre, mostrándole bien a Akutagawa cómo dilataba a su hermano.
El azabache podía notar su rostro burlón viéndolo directamente.
Sentía como si no debería de verlos, pero al mismo tiempo algún sentimiento de morbo y excitación le hacían imposible apartar la mirada.
Atsushi aún no estaba erecto, a diferencia de él, quien había tenido dos seguidas.

En cierto modo le hacía sentir culpable saber que estaba colaborando en abusar de alguien inocente como él.

Pronto, Dazai metió el segundo dedo, causando que el menor chillara.
Intentaba ir lo más profundo con sus largos dedos, explorando sus entrañas. De vez en cuando haciendo tijeras con sus dedos para estirarlo bien.

Atsushi soltaba sonidos lascivos, viendo los movimientos del mayor en su ano.
— ¿Cómo te sientes, Atsushi? ¿Puedes decírselo a tu hermano? — Sonrió perverso.

— Aaah… S-Se siente raro… D-Dazai-san… —

El azabache se aferraba a la cama, sintiendo cómo se impacientaba cada vez más.
Se sentía cómo una clase de tortura, una tanto moral como carnal.

Finalmente, el mayor al sentirlo preparado, decidió meter el tercer dedo, ocasionando un gemido agudo en el más pequeño.
Empezó a mover sus dedos más rápido, ocasionando gemidos más altos. Sintió cómo sus manos se aferraban a sus brazos por la excitación.

El pequeño miembro de Nakajima ya se había vuelto erecto hace unos minutos, pero ahora empezaba a gotear pequeñas cantidades de líquido transparente.
Tenía sus ojos cerrados con fuerza, siendo abusado por el castaño, mientras a veces se retorcía por el extraño sentimiento que le provocaban sus estocadas.

— Ugh… — Se quejó Ryuunosuke.
Era demasiado lascivo, no iba a poder más.

Y menos mal se apiadaron de él.

— Bueno, Ryuunosuke-kun. — Detuvo la estimulación que le había estado dando al pequeño Atsushi, dejando sus piernas temblando un poco mientras abría sus ojos un poco, confuso.
Sacó sus dedos causando un pequeño quejido del más bajo, sostuvo su otro muslo y abrió sus pequeñas piernas para el mayor.
— Ya está listo para ti. —

Otra vez sintió la misma sensación extraña en el estómago, verlo así le provocaba demasiadas sensaciones ahora mismo.
Tan vulnerable, jadeando y viéndolo con los ojos entrecerrados.
Mierda, cree que empieza a concordar con el castaño, se veía muy lindo.

Tembloroso, se levantó de su asiento, y se dirigió a donde estaban ellos.
Tomó los muslos del pequeño albino, rozando su palpitante miembro en su entrada.

— R-Ryuu… — Soltó en un suspiro por el contacto. Osamu sostuvo sus pequeños brazos con delicadeza por si intentaba hacer algo.
No pudo contenerse más.
Presionó su pene contra él, empezando a meter la punta.

— ¡Gaugh! — Se quejó, empezando a temblar mientras más metía su pene dentro de él.
Chilló cuando estuvo todo adentro, dejando al azabache jadeando un poco.
Estaba apretado.

— Vaya. — Soltó uno de los brazos del menor y acarició suavemente su vientre, justo donde estaba el pequeño bulto que se asomaba, causando que Atsushi se retorciera un poco. — Realmente que tienes “buenas cualidades” ¿no crees? —

Bufó por la burla del mayor. Dirigió su mirada al más pequeño, quien mantenía sus ojos cerrados mientras jadeaba al igual que él.
Decidió empezar a moverse. Dio una estocada profunda, causando un gemido alto de su hermano. Golpeaba lento, pero un poco duro. Le era divertido ver cómo se retorcía cada que volvía a ver el pequeño bulto en su vientre.

El menor cerró sus puños con fuerza, mientras gimoteaba cada vez que sentía a Akutagawa llenarlo.
Era una sensación mucho más extraña que la que le daban los dedos de Dazai, supone que era porque era algo más grande, ¿no?
— R-Ryuu.. Aaaah… R-Ryu- Mhaah. —

Con cada estocada se sentía mareado, una extraña sensación de cosquilleo lo inundaba.

El azabache se aferraba a sus muslos, dejando marcas de sus dedos en la piel del menor. Gruñía con el placer que le provocaba estarse follando al más pequeño.
Parece que su moral se había ido desde hace un buen rato.

— ¿Qué tal se siente penetrar a tu hermano? ¿Hm? — Tarareó, sacando al pelinegro de su concentración.

— Cállate ya… Mierda… — Gruñó.
Ciertamente era obvio que se sentía bien, ¿para qué tenía que hacerle tal pregunta estúpida?
No sabe qué mosca le picó, pero… Ya no le gustaba que el mayor estuviera tomando a Atsushi también.
Sacó su falo momentáneamente.
— ¿Oh? — Dijo Dazai, curioso.

Tomó al menor en brazos y lo llevó a la cama, arrojándolo en esta, causando que rebotase y se quejara por el golpe, luego, Ryuunosuke lo puso boca abajo.

Volvió a tomarlo de sus caderas, introduciendo brusco su miembro dentro del menor otra vez. Atsushi gimió de golpe mientras se aferraba a las sábanas.
El mayor cambió su ritmo, penetrándolo un poco más rápido. Los gimoteos del albino se intensificaron por la velocidad, arqueándose mientras intensificaba su agarre.

— M-Me siento raro, R-Ryuu… ¡Aaauugh! ¡D-Detente! —
Sus gemidos eran más dulces, ligeramente más escandalosos.
Estaba golpeando en una zona que lo estaba dejando bobo, se sentía extravagante para el pequeño Nakajima.
Pero su hermano no obedeció, siguiendo con su mismo vaivén.

— Vaya, parece que encontraste la “zona dulce” de tu hermanito, felicidades Ryuunosuke-kun. —
Probablemente le hubiera aplaudido si no fuera porque seguro que eso arruinaría el momento.
El albino empezaba a llorar del placer, cerrando sus ojos con fuerza sin poder contener su voz.

¿”Zona dulce”? ¿Era por eso que se sentía extraño?
No estaba seguro de si le gustaba o no, pero dentro de él parecía como si no quisiera que la manipulación del mayor parase.

— ¡Mgh! — Gimió de sorpresa, abriendo sus ojos como platos al sentir cómo la mano del azabache empezaba a acariciar su pequeño pene. — E-Espera ¡R-Ryuu! ¡N-No toques ahí! ¡Aaghhh! —
Se estaba volviendo loco, era demasiado para su pequeño e inexperto cuerpo.

Realmente que se estaba dejando llevar por la excitación, ¿no? Pero escuchar los quejidos desesperados de su hermanito lo motivaban a llegar más lejos.
— R-Ryuu-oni-saaan. ¡Aahn! —

Akutagawa abrió sus ojos, asombrado por lo que dijo.
Tenía… Tenía tanto tiempo sin que se dirigiera a él así.
Eso había encendido más la llama dentro de él, como si hubiera sido un chorro de gasolina.

Paró sus movimientos, saliendo de dentro del menor nuevamente, sólo para cambiar de posición, colocándolo boca arriba, viendo su expresión sorprendida por la tan repentina acción.
Otra vez volvió a meter su miembro con rudeza, continuando sus movimientos. Pero esta vez, acercó su rostro a la del más pequeño, apoyando sus manos a los lados de su cabeza mientras seguía empujando con su cadera, viendo su tan adorable expresión con ojos llorosos, entrecerrados del placer.

— Dilo otra vez. — Dijo entre jadeos.
Quería escucharlo, quería ver que de verdad había salido de su boca.

— R-Ryuunosuke-oni-saan. — Soltó entre gemidos.
Gruñó, empezando a empujar su cadera más fuerte, causando un duro sonido de chapoteo entre los tan escandalosos gritos del más pequeño.
Atsushi no dejaba de decir su nombre, quizá nublado por el placer.

A Dazai le parecía un poco gracioso que Ryuunosuke tuviera un fetiche por ser llamado así. Aunque tuviese sentido que el menor le dijera de esa forma por ser ambos hermanos, ¿tanto le prendía ser llamado así por el pequeño peliblanco?

Podía observar cómo saliva empezaba a salir de su boca, mientras gemía alto.
No pensó nunca que podría ver a su hermano con otros ojos más que con los de resentimiento, se sentía hipnotizado, ¿era el placer? ¿Era sus lindas expresiones? Ver cómo se aferraba a las sábanas por la intensidad era adorable, o, ¿algo así? No estaba seguro de qué sentía ahora por el menor, ¿de verdad esta… “Extraña actividad” que los obligó a hacer Dazai había cambiado algo?
Pero al mismo tiempo se sentía… Tan culpable, en cierto como estaba abusando de él, ¿no? ¿Esto estaba bien si quiera?
Se sentía confundido, en el mismo limbo de emociones que tenía cuando empezaron esto

Pero daba igual de todas formas, porque lo único que quería hacer en este momento era follarlo, aún si iba contra su moral, aún si se sentía culpable o extraño.
Quería cogerlo hasta el cansancio.

— Aaah… A-Atsushi… — No resistió la tentación. Besó sus pequeños labios, introduciendo su lengua como antes, ahogando los gimoteos de Atsushi. Juntó sus cuerpos un poco más, sintiendo el pequeño cuerpo arqueado del albino.
Jugueteaba con su lengua, la cual ni siquiera podía seguirle el ritmo. El peliblanco tenía sus ojos cerrados mientras recibía el beso perverso de Akutagawa.

Se separó después por falta de aire, jadeando directo en sus labios temblorosos.
Empezó a dar estocadas más rápidas, hasta que después de un par, finalmente acabó dentro del pequeño.

Las entrañas del menor se llenaron de aquel líquido blanco y viscoso, causando un chillido extraño en este.
Y como si fuera un efecto dominó, se corrió igualmente.
Ambos respiraban agitados, intentando regular sus respiraciones. El mayor sacó su pene del interior del contrario, y se quedó observando cómo su semen salía de su ano.
— … — Se quedó en silencio, viendo el desastre en el que había transformado al menor.

— ¡Muy bien, Ryuunosuke-kun! — Aplaudió una vez el castaño, cortando el silencio con sus palabras. Se levantó de la silla, sonriendo un poco. — Realmente que te esforzaste, ¿no es así? — Se burló por última vez.
 — M-Maldito… — Gruñó sin verlo, pero aun así, frunciendo el ceño.

— Oye, ¿por qué me insultas? Yo no fui quien violó a su hermanito. — Dirigió su mano a la blanca cabellera del más bajo. — Hiciste un buen trabajo, Atsushi-kun. — Susurró.
No se había dado cuenta, pero por el cansancio, el menor había caído dormido.

Qué es lo que… Había hecho.


No había podido dormir bien la noche anterior. Dazai se había ofrecido a limpiar a Atsushi, lo cual probablemente fue lo mejor.
Él había ido directamente a la cama de arriba, acostándose, intentando ignorar lo que había sucedido.
No sabía cómo sentirse al respecto, y por tanto divagar en sus acciones, probablemente lo que logró dormir fue una o dos horas.

Ya cuando era de día y no podría seguir durmiendo, se levantó, y antes de salir, pudo ver una nota en el suelo.
“He comprado uno igual, así nadie sabrá sobre lo que sucedió ayer. ;)” era lo que había escrito en ella. Aturdido, se dignó a ir fuera de su habitación.
En la sala de estar, pudo ver a la figura de porcelana otra vez.
— ¿Huh?... — Se preguntó.
Había quedado completamente rota por la pelea que habían tenido ambos, ¿cómo es que estaba intacta?...
Hasta que recordó la nota que leyó en el suelo.
Así que todo lo planeó, ni siquiera está seguro de cómo compró uno igual, ni cómo la metió tan rápido a la casa.

Pero el punto es que ahora estaba allí, recordándole esa noche.
Desde esa vez, le costaba tanto ver a su hermano a los ojos.
Lo positivo era que ya no peleaban, supone.

Aunque…
— Haah… Atsushi… Atsushi… — Jadeó en susurros.
Sabía que era un hipócrita, pero no pudo dejar de hacerle lo mismo a Atsushi.
Como en ese momento. Eran las 12 am aproximadamente, tenía la boca del menor apaciguada con su mano, mientras lo embestía profundo, disfrutando de sus gemidos ahogados.
Cada que tenía una oportunidad, siempre que se quedaban solos, él abusaba de él.

Había una pizca de culpa en sus acciones, pero se había vuelto una extraña adicción en él.
Ver sus reacciones, escuchar sus gemidos, ser llamado “Onii-san” por él, eran las cosas que le motivaban su morbo, su deseo por hacerlo suyo una y otra y otra vez.

Realmente que era el peor hermano, ¿no?