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Su sonrisa

Summary:

En la época antigua, cuando lo veía sonreír y divertirse junto a Guizhong no le había molestado para nada, ni siquiera se había sentido incómodo, incluso habría hecho cualquier cosa para poder mantenerlo sonriendo como lo hacía, pero esta ocasión se sentía diferente.

Notes:

Al fin pude terminar este One-shot que empecé hace un tiempo, salió diferente a lo que pensaba pero bueno, el objetivo es que el ZhongVen sea feliz. (ノ◕ヮ◕)ノ*.✧

Work Text:

Una de las razones por las que Barbatos se había enamorado de la persona que menos imaginó, había sido su sonrisa. Esa sonrisa tan auténtica, tan natural y enamorada que ponía cada vez que estaba con Guizhong. No podía clasificarlo como «amor a primera vista» porque incluso desde el primer momento que lo vio sonreír de esa manera, se preguntó qué clase de ser había poseído al arconte geo y qué había hecho con el verdadero dios de la guerra y los contratos, incluso se había burlado un poco de él después de eso, pero conforme pasaba el tiempo, se descubrió a sí mismo buscándolo con la mirada, queriendo pasar más tiempo con él y Guizhong, porque solo estando con ella, Morax podía poner esa sonrisa libre de preocupaciones… había quedado cautivado del Morax enamorado; por eso, cuando la guerra estalló y Guizhong los dejó, Barbatos asumió que jamás podría volver a ver esa cautivadora sonrisa, mucho menos cuando él sabía de primera mano, lo que era perder a una de las personas más importantes en la vida. 

 

Pero se había equivocado, y ojalá nunca lo hubiera hecho, no porque no quisiera volver a verlo sonreír, sino porque ahora que era totalmente consciente de sus sentimientos, resultaba doloroso ver de nuevo esa sonrisa enamorada.

 

«¿Por qué?» Había pensado Venti de manera egoísta cuando se dio cuenta de que, nuevamente, ahí estaba esa curvatura en los labios de un hombre de apariencia estoica que lo hacía ver más atractivo de lo normal. 

 

Es decir, de por sí Morax había elegido una apariencia bastante atractiva, pero para Venti, era un completo delito que además de eso, se volviera a mostrar alegre.

 

«¿Quién es?» Sin poder evitarlo, un remolino de sentimientos lo hizo sentir incómodo. Era la primera vez que se sentía así, y aunque le gustaba experimentar todo tipo de sensaciones para sentirse más… humano, en esta ocasión quiso deshacerse cuanto antes de lo que se le arremolinaba en el pecho.

 

Había sido un pequeño error haber ido de visita en ese momento a Liyue, ojalá nunca hubiera llegado en el momento en el que se daba cuenta, de que jamás podría hacer sonreír a alguien de esa manera, mucho menos a ese hombre. Giró sobre sus talones y estuvo a punto de marcharse antes de que alguien se diera cuenta de su presencia, pero como si todo estuviera en su contra, a lo lejos pudo escuchar cómo alguien lo llamaba. Podía fingir que no lo había oído, pero tampoco se atrevía a ignorar al único que quizá podría entenderlo en ese momento.

 

—¡Barba…! No… ¡Venti-sama! —la voz de Xiao se fue acercando y no le quedó más remedio que voltearse.

 

—¡Xiao! —lo saludó tratando de sonar lo suficientemente alegre para no preocuparlo, aunque igual era duro fingir algo que no sentía en ese momento, y eso que en muchas ocasiones se había visto obligado a fingir felicidad.

 

—¿Está aquí para algún asunto oficial? ¿Quizá tenía alguna reunión con Zhongli-sama?

 

—Ah, no… solo estaba de paso, je, je… de hecho, estaba a punto de irme puesto que terminé los asuntos que tenía aquí.

 

—¿De verdad? Pero casi siempre se asegura de visitar a Zhongli-sama… ¿Será que sigue ocupado con la señorita Ninguang y por eso no quiere molestarlos?

 

«Ninguang… ¿es ella? Seguramente.» Pensó Venti de inmediato.

 

—Estoy seguro de que no se molestará, ¿deberíamos alcanzarlos?

 

—¡Ah, no! Así está bien, Xiao, no te preocupes. Vendré en otra ocasión —le dijo con una sonrisa, pero su tono desesperado puso en guardia al yaksha.

 

—¿Está seguro?

 

—Sí… Mejor hazme compañía hasta la salida de Liyue, ¿sí? ¡Por favor! —le suplicó con aquella tierna mirada que era imposible de ignorar. Tenían que salir lo antes posible de ahí.

 

—Está bien —respondió Xiao para después seguirlo tal y como le había pedido, pero para mala suerte del bardo, se encontró de frente con quién menos deseaba. ¿Cómo es que no logró percibirlo? A pesar de que ya ninguno de los dos tenía su respectiva gnosis, aún podían sentir la presencia del otro mediante sus visiones elementales. Quizá la urgencia de querer salir cuanto antes de Liyue hizo que los nervios y ansiedad de Venti nublaran su percepción.

 

—Bar… Venti, ¿qué haces aquí? ¿Por qué no me avisaste que vendrías? Habría preparado…

 

—Ah, Zhongli… qué gusto de verte, lamentablemente estaba a punto de retirarme. Disculpa las molestias causadas, Xiao, ya no es necesario que me acompañes. Mis disculpas, bella dama— le dijo a Ninguang mientras la observaba detenidamente—, me encantaría que nos presentaran formalmente, pero llevo algo de prisa —le sonrió antes de alejarse lo suficiente del grupo que se quedó atónito con aquel comportamiento tan repentino.

 

—¡Venti! —el llamado de Zhongli fue en vano, pues el susodicho no pensaba detenerse. No estaba preparado para la sinceridad de aquel hombre, al menos no por ahora, quizá si le diera algo de tiempo para procesar el recién descubrimiento, podría aceptarlo sin remordimientos.

 

En la época antigua, cuando lo veía sonreír y divertirse junto a Guizhong no le había molestado para nada, ni siquiera se había sentido incómodo, incluso habría hecho cualquier cosa para poder mantenerlo sonriendo como lo hacía, pero esta ocasión se sentía diferente. Era como si constantemente se hiciera una sola pregunta.

 

«¿Por qué no puedo hacerte sonreír así?»

 

🍃🍃🍃

 

Diluc soltó un pesado suspiro antes de atreverse a retirarle el vaso a medio acabar de vino a Venti.

 

—¡Oye! ¡Eso es… mío! —le reclamó mientras trataba de recuperar su amada bebida. Después de una buena cantidad de vino, la mirada vidriosa del bardo apenas y logró mantenerse fija.

 

—Es suficiente ya has bebido demasiado —le dijo Diluc con tono tranquilo. Aunque siempre veía beber a Venti, este día en particular se había mostrado mucho más ansioso, ni siquiera le importaba la gente a su alrededor. Kaeya había sido el primero en querer detenerlo sin éxito alguno y se rindió después de que Venti comenzó a susurrar amenazas en un idioma demasiado antiguo como para que alguien pudiera descifrar lo que decía—. ¿Qué te sucede el día de hoy? —Aunque Diluc sabía que no obtendría respuesta alguna, tenía la sensación de que esa noche no podía desentenderse de aquella situación.

—¡Eres… tan injusto! —dijo Venti de repente mientras algunas lágrimas comenzaban a resbalar por sus mejillas, Diluc lo observó sorprendido, era la primera vez que lo veía tan indefenso y sensible, ni siquiera en ocasiones anteriores en las que llegaba a excederse con la bebida perdía tanto el sentido—. ¿Por qué… no… soy yo?

—Bueno, eso sí que es una sorpresa —dijo Kaeya mientras se acercaba lentamente hacia Venti—, quién diría que podría ponerse tan mal, ¿debería llevármelo para que deje de causar problemas? —Le preguntó a Diluc mientras se giraba a verlo, el mencionado simplemente suspiró antes de cruzarse de brazos como si estuviera pensando en la respuesta más adecuada para casi enseguida llegar a una resolución.

—Charles, te dejo a cargo del resto, regresaré a casa.

—¡Claro que sí, señor Diluc!

—Yo lo llevaré a casa, no me gustaría que ambos despertaran en medio de la nada —le respondió finalmente Diluc a Kaeya.

—¿Te preocupas por él pero no por mí? 

—Tú estás más consciente de lo que haces, puedes llegar sano y salvo —Kaeya disimuló una risa antes ofrecer también ayuda, pero Diluc se negó de inmediato antes de acercarse a Venti para levantarlo en brazos. Le sorprendió la ligereza de su cuerpo y lo pequeño que resultaba ser en comparación a él además de su piel nívea que exponía sus sonrojadas mejillas y un ligero color rojizo debajo de sus ojos por las lágrimas que había derramado, pero se vio incluso más sorprendido cuando Venti se abrazó a él de inmediato, como si necesitara ser protegido.

—Es como un niño, ¿no? —dijo Kaeya mientras levantaba el gorro verde adornado con una cecilia y se lo entregaba a Diluc—. Cuídalo bien —le dijo dedicándole una sonrisa antes de emprender él también su camino. Diluc observó nuevamente a la persona entre sus brazos y se preguntó si en verdad era posible que algo o alguien pudiera hacer perder la razón del arconte anemo de esa manera, le causaba cierta curiosidad saber lo que le había sucedido, pero al mismo tiempo tenía la sensación de que no debía involucrarse más de lo debido.

Aunque el llevarlo a su casa, ya lo estaba involucrando más de lo normal.

🍃🍃🍃

La brillante luz del sol naciente que se coló a través de las cortinas de un rojo pálido, comenzó a iluminar la habitación poco a poco; un delicioso aroma a café se combinó con el olor del viñedo y el desayuno recién preparado que habían llevado a la habitación. Diluc dio un sorbo a su taza antes de dirigir la mirada hacia el bardo que comenzaba a dar señales de vida. 

Venti se removió entre las sábanas de seda y la suavidad de la tela de algodón le acarició la piel, pero lo que hizo que se levantara de una manera algo abrupta, fue el terrible dolor punzante de la cabeza.

—Oow… —se quejó por lo bajo y enseguida comenzó a masajearse las sienes, sentía que la cabeza le explotaría en cualquier momento, era la primera vez que se sentía de esa manera. ¿Cuánto había bebido el día anterior?

—Al fin despiertas, ¿tienes hambre? Según recuerdo no comiste absolutamente nada el día de ayer, ¿o prefieres dar solución a la resaca? —Aunque Diluc había hablado en voz baja, de todas maneras Venti dejó ver que el más mínimo ruido le molestaba.

—Prefiero lo de la resaca —fue lo único que dijo antes de intentar abrir los ojos que volvió a cerrar debido a la cantidad de luz en la habitación. Escuchó como Diluc suspiraba y enseguida la habitación quedó un poco más oscura—. Gracias —murmuró y nuevamente trató de abrir los ojos, esta vez logró mantenerlos abiertos y aceptó el vaso que le ofreció Diluc en ese momento.

—La señorita Lisa me hizo el favor de prepararlo, dijo que funcionaría de inmediato, aunque no se hace responsable del mal sabor —Venti observó el contenido con detenimiento antes de decidirse a tomarlo. Definitivamente no se podía hacer nada con el sabor que incluso le causó escalofríos, pero confiaba en que solo llevaría algunos minutos recuperarse.

—Muchas gracias —volvió a decir Venti mientras se familiarizaba con su alrededor.

—No tienes nada que agradecer, pero sería de bastante ayuda que algo como esto no se volviera a repetir —aunque quería sonar molesto por la situación, la realidad es que seguía preocupado por él.

—Lo lamento, joven Diluc… la próxima vez puedes dejarme.

—¿Cómo podría? No puedo ser tan indiferente, menos con alguien que está sufriendo. Aunque debo admitir que me sorprendió un poco ver llorar a Barbatos. 

Venti se avergonzó de inmediato ante las palabras de Diluc, pero sin duda siempre le estaría agradecido por todo lo que había hecho por él, más porque no recordaba absolutamente nada de lo que había sucedido el día anterior, pero sabía que de alguna manera sus prendas habían sido reemplazadas por un camisón azul pálido de algodón.

—Eres demasiado bueno, joven Diluc —le dijo mientras esbozaba una sonrisa que dejaba ver la culpabilidad que sentía en ese instante.

—Vamos, debes comer algo —con una simple señal lo invitó a desayunar con él, Venti se levantó poco a poco y se acercó de manera sigilosa hacia la mesita donde el desayuno estaba dispuesto para dos personas. Diluc no pudo evitar reír ante el comportamiento tan cauto de Venti, era una experiencia completamente nueva no verlo con su habitual comportamiento juguetón, pero por supuesto que tampoco se quejaba; sin embargo, la duda seguía existiendo—. ¿Quieres hablar de lo que pasó? No es común que incluso pierdas el conocimiento, ni que quieras volar por todas partes con el riesgo de caerte en diversas ocasiones, o que te atrevas a vomitar sobre los demás.

Venti casi se atraganta con el sorbo de café que acababa de tomar al escuchar las palabras de Diluc, enseguida tomó una servilleta y limpió el desastre que acababa de hacer.

—Ja ja, lamento que hayas tenido que pasar por eso —le dijo tratando de no dejar ver su vergüenza.

—No deben tardar en traer tu ropa, pedí que la lavaran bien —Venti le agradeció nuevamente antes sumirse en un efímero silencio. Observó sus pies desnudos por un momento y finalmente dio un largo y pesado suspiro.

—Siempre admiré a los humanos por su valentía, su perseverancia y su bondad, pero lo que más me gusta de ellos, es todo el amor que pueden llegar a sentir por alguien —Diluc escuchó atentamente lo que Venti le decía y más o menos comenzó a darse una idea de lo que sucedía—. Cuando tomé esta forma, deseaba poder amar tanto como ustedes… amar a alguien especial —nuevamente se quedó en silencio por unos segundos—, creo que el amor es uno de los sentimientos más hermosos que uno pueda sentir, pero también uno de los más dolorosos. ¿No lo crees, joven Diluc? 

La mirada triste que le dedicó Venti en ese instante le dejó clara la razón por la que se había comportado como lo hizo el día anterior; Diluc apenas y había logrado dormir unas cuantas horas, pues Venti lo había mantenido despierto por bastante rato. 

En cuanto llegaron a la mansión de Diluc y quiso despertar a Venti para que pudieran entrar, el bardo comenzó a reír de un momento a otro y también comenzó a cantar, luego se dio cuenta de que no llevaba su lira, así que la estuvo « buscando » sin éxito alguno para al final culpar a Diluc de habérsela robado, de repente se quedó callado y comenzó a dar vueltas hasta que estuvo a punto de caer y golpearse, afortunadamente el joven pelirrojo pudo sostenerlo para evitar un accidente, pero después de eso Venti comenzó a tener náuseas y terminó ensuciando a ambos; la lágrimas que vinieron después del incidente alertaron a Diluc y le repitió que había sido un accidente y que dejara de preocuparse.

La noche se tornó larga después de que Venti logró conciliar el sueño, pues de repente comenzaba a sollozar y a murmurar un nombre que a Diluc se le hacía conocido pero que no lograba recordar dónde lo había escuchado; tener el sueño ligero no era la mejor ventaja de todas y sobre todo porque no estaba acostumbrado a dormir con alguien más en la misma habitación, con cada movimiento que lograba escuchar se ponía alerta y de vez en cuando le echaba un vistazo al bardo que dormía profundamente llamando a alguien en sueños. Probablemente esa persona era la que lo había llevado a ponerse en ese estado, pero tampoco se atrevía a sacar una conclusión certera.

—Resulta un poco doloroso, sí —dijo Diluc en voz baja—, más cuando se trata de uno no correspondido —Venti simplemente asintió y nuevamente el silencio los envolvió hasta que se vio interrumpido por la voz de una de las empleadas del joven pelirrojo.

—Señor Diluc, la bañera está lista y las prendas de su amigo también están listas.

—Gracias —le dijo a través de la puerta antes de disponerse a terminar su café—. Iré por tus prendas, puedes entrar a asearte cuando quieras —Venti le sonrió al instante.

—Estoy muy agradecido por toda tu atención, joven Diluc, me aseguraré de que no tengas que volver a cuidarme.

—Si tuviera que volver a hacerlo, no tendría problema, aunque definitivamente prefiero que no vuelva a suceder —Venti le volvió a sonreír.

🍃🍃🍃

—Escuché que anoche vieron al joven Diluc llevar a una persona en brazos hasta su mansión.

—Yo lo vi cargando a esa persona, al parecer se trata de aquel bardo que canta frente a la estatua del arconte anemo.

—¿Por qué lo llevaría hasta su mansión?

—Por un momento pensé que trataba de una damisela en problemas…

Los rumores de Diluc llevando a Venti a su mansión se extendieron rápidamente en la ciudad de Mondstadt y todos hablaban de ello, pero más importante aún, llegaron a oídos de un visitante inusual. Lo primero que escuchó entre los guardias que cuidaban las afueras de la ciudad en cuanto llegó, fue que alguien llamado Diluc había llevado a alguien a su mansión, y al parecer ese acto resultaba ser un tanto extraño por alguna razón pero no le dio importancia y continuó su camino hacia el lugar que supuso, podría ser donde pudiera encontrar a la persona que buscaba.

Lo siguiente que escuchó entre las personas que se encontraban reunidas cerca de la estatua del arconte anemo, fue que aquel hombre llamado Diluc había llevado en brazos la noche anterior al bardo que cantaba cerca de esa estatua hasta su mansión, esas palabras lograron captar su atención de inmediato y de una manera disimulada comenzó a investigar quién era aquel hombre, aunque no muchos ciudadanos le brindaron la información que necesitaba.

—¡¿Zhongli?! —el mencionado giró inmediatamente hacia aquellas voces tan conocidas y trató de disimular una sonrisa, la ayuda había llegado más rápido de lo que hubiera esperado.

—Viajera, Paimon.

—¿Qué haces por aquí? Es muy extraño verte en Mondstadt, ¿quizás vienes a ver a Jean para lo del próximo festival en Mondstadt? —dijo Paimon de inmediato antes de que Lumine pudiera siquiera saludar debidamente.

—Hmm… no realmente, aunque quizá podría aprovechar la visita, pero antes de eso, viajera, ¿sabes dónde puedo encontrar al joven Diluc? —Lumine se mostró un poco dubitativa ante la pregunta, pues supuso que su real objetivo tenía que ver con Venti, además no quería meter en problemas a Diluc, pero el brillo que pudo distinguir en la mirada de Zhongli en ese momento fue más que suficiente para darle la respuesta que quería.

🍃🍃🍃

—Lo siento, el señor Diluc no está recibiendo visitas en este momento, si pudiera regresar más tarde.

—Me gustaría tratar con él un asunto con motivo de urgencia, por favor dígale que necesito hablar con él.

—D-de verdad lo lamento, justo ahora tiene una visita, no puede atenderlo —la joven empleada comenzó a ponerse nerviosa ante la escrutadora mirada de Zhongli, sin embargo, se mantuvo firme en su decisión de no dejar pasar al hombre frente a ella, pero casi como si todo comenzara a ocupar su lugar, Diluc, que pasaba cerca de la entrada para llevarle la ropa a Venti, se percató de la situación.

—¿Qué sucede? —preguntó de manera tranquila como acostumbraba.

—Ah, señor Diluc, lo lamento mucho, llegó una visita y solicita una reunión con usted, le mencioné que se encontraba ocupado pero… 

Mientras la joven explicaba la situación, Zhongli no pudo evitar bajar la mirada hacia las prendas que el hombre llamado Diluc llevaba cargando; por supuesto que reconocería al instante aquella ropa, solo existía una persona que podía utilizarla, ¿pero por qué la tenía alguien más? ¿Le había pasado algo a Venti?

—¿Dónde está? —dijo Zhongli mientras se adentraba en la mansión Ragnvindr sin preocuparse en absoluto que no le estuviera permitido. Sus pasos fueron rápidos y seguros, como si ya supiera el paradero de Venti, y es que, aunque ya ninguno tenía la gnosis que ayudaba a los arcontes a sentir la presencia entre ellos, Zhongli y Venti tenían una conexión especial que se había ido formando a lo largo de los siglos, y aunque no eran plenamente conscientes, eran sus mismos sentimientos y emociones los que los guiaban el uno al otro.

La puerta de cedro rechinó un poco debido a la fuerza con la que había sido abierta, pero Venti no le prestó mayor atención, supuso que se trataba de Diluc pues le había prometido regresar. 

Acababa de terminar de ducharse, su piel nívea -a excepción de esas características marcas color celeste que rodeaban su muslo izquierdo y delineaban su pecho-  y su delgada figura completamente expuestas, sin inhibiciones, dejaron perplejo al recién llegado. Algunas gotas de agua cayeron de su pelo recién lavado recorriendo la piel desnuda.

—Joven Diluc, gracias por el baño, pero me gustaría que me avisaras antes de entrar, no creo que te agrade verme… —la voz de Venti se detuvo en cuanto sus ojos verdes se encontraron los de color dorado del hombre que menos deseaba ver. 

Fueron escasos minutos de silencio los que llenaron la habitación antes de que Venti recordara que no se encontraba completamente presentable ; inmediatamente, sus mejillas se iluminaron de un tenue color rojo y el borde de sus orejas también comenzaron a colorearse. Su primera reacción fue darle la espalda a Zhongli que no le despegó la mirada en ningún momento, de hecho se dedicó a examinar cada parte de su cuerpo hasta darse cuenta de una marca nada agradable en la cintura de Venti.

—Lo siento, yo… —Zhongli no dejó terminar de hablar a Diluc que se había acercado para poder intervenir en cualquier momento que se requiriera, pero ni siquiera dejó que cruzara la puerta, Zhongli se interpuso de inmediato en el campo visual del joven, tomó las prendas que llevaba cargando y enseguida cerró la puerta; en esos escasos segundos, Venti alcanzó a cubrirse con una manta, se sentía tan avergonzado en ese momento que ni siquiera se le ocurría algo para decir o bromear.

Aunque los pasos de Zhongli fueron más que silenciosos cuando se fue acercando a él, Venti pudo percibirlo perfectamente, quizá fue el ligero susurro del viento que se formó con los movimientos de aquel hombre, o quizá estaba más perceptivo de lo normal por lo ansioso que se sentía, pero con cada movimiento su corazón únicamente podía aumentar sus latidos, y todo empeoró en cuanto sintió el suave toque de Zhongli en su cadera. Su cuerpo se estremeció al instante y una sensación parecida a la electricidad lo recorrió de la cabeza a los pies.

—¿Quién se atrevió a tocarte? —La voz de Zhongli le acarició el oído, sus hombros temblaron un poco y encogió los dedos de los pies, aunque debía admitir que no sabía cómo responder a esa pregunta. No sabía a qué se refería, pero casi como si Zhongli le leyera la mente le fue quitando nuevamente la manta para mostrarle lo que había visto en cuanto Venti le dio la espalda.

«—Varias veces estuviste a punto de caer y tuve que sostenerte con fuerza.»

Venti recordó las palabras de Diluc en cuanto se percató de los apenas perceptibles dedos que se le habían quedado marcados en la piel… definitivamente eso podría llevar a tener malos entendidos.

—Ayer saliste corriendo, no me diste la oportunidad de saludarte debidamente o de invitarte a beber un poco de té.

—L-lo siento, je je… Solo iba de paso y ya había terminado mis asuntos.

—¿Cuántos años llevamos conociéndonos, Barbatos? —Zhongli se acomodó frente a él para verlo directamente a los ojos, Venti tragó saliva, seguía estando completamente desnudo ante aquella dorada mirada que parecía ver a través de él—. No me mientas —fue la sentencia de Zhongli.

—Al menos deja que me vista —le pidió mientras desviaba la mirada, no creía lograr soportar más tiempo de esa manera, sentía que en cualquier momento podría contarle toda la verdad, pero no estaba para nada preparado, mucho menos para un rechazo.

—Yo te ayudaré —Venti se quedó perplejo antes las palabras de Zhongli, pero tal parecía que no tenía oportunidad alguna de negarse, conocía aquella mirada que le dedicó en ese momento, no lograría ganar aquella batalla que ya estaba decidida.

—N-no tienes que hacerlo —aún así lo intentó, sin embargo, sin decir ni una sola palabra Zhongli lo sostuvo entre sus brazos y lo acomodó con delicadeza en la cama, enseguida acercó la ropa de Venti y por unos segundos se quedó pensando por dónde comenzar. Se decidió primero por las medias. 

—¿Por qué saliste corriendo ayer? ¿Te hicieron algo? ¿Cómo fue que terminaste aquí con aquel joven? ¿Por qué te lastimó de esa manera?

—Esas son demasiadas preguntas, Morax.

—Pues espero que respondas a cada una de ellas —nuevamente sus ojos se encontraron por varios segundos antes de que Zhongli tomara con delicadeza el pie derecho de Venti entre sus manos para comenzar a ponerle la media. El bardo se avergonzó de inmediato y enseguida llevó las manos entre sus piernas para que al menos no estuviera tan expuesto. Las manos de Zhongli subieron lentamente, acariciando su piel mientras le acomodaba la media hasta el muslo, Venti se estremeció, definitivamente no podría soportar aquella situación pero, ¿cómo le explicaba que se había sentido celoso de verlo tan sonriente con alguien que no era él? ¿Cómo le explicaba todo ese mar de sentimientos que sentía por él?

Empezaría por lo más sencillo.

—En primer lugar, nadie me lastimó. Las marcas que tengo son debido a que estuve a punto de caerme varias veces anoche, el joven Diluc me hizo el gran favor de cuidar de mi… ya sabes que suelo pasarme un poco de copas —admitió Venti avergonzado, aunque eso no era para nada secreto—, parece ser que anoche me dejé llevar más de lo normal —Zhongli lo escrutó con la mirada antes de terminar de ponerle la segunda media, pero no soltó en ningún momento el pie de Venti, lo mantuvo entre sus manos antes comenzar a hacer suaves caricias.

—¿Por qué bebiste más de lo que ya estás acostumbrado? ¿Hay algo que te moleste? —Venti desvió la mirada antes de sentir las manos de Zhongli sobre las suyas y acomodarlas a sus costados para después sobreponerle la camisola. Pareciera ser que Zhongli no tenía intenciones de seguir vistiéndolo hasta que le respondiera, pero Venti sentía que estaba a punto de no solo dejar su cuerpo al descubierto sino también su alma.

—¿Alguna vez te has enamorado? —aunque la pregunta lo dejó un poco desconcertado, Zhongli comenzó a hacerse una idea del por qué del comportamiento de Venti.

«¿Estás enamorado? ¿De quién? ¿Es ese joven Diluc? No, seguramente solo estás confundido, no puede ser eso.» Pensó Zhongli mientras trataba de calmarse al mismo tiempo y también pensaba en qué respuesta dar.

—Sí me he enamorado, de hecho sigo estándolo desde hace siglos —Venti lo observó por un momento, como si no pudiera creer lo que escuchaba; es decir, sabía que lo de Guizhong había sido verdadero –al menos esa era la idea que tenía–, pero si Zhongli decía que desde hace tiempo que había estado enamorado entonces ¿quién era la verdadera razón de su hermosa sonrisa? Porque Venti estaba seguro de que la señorita Ninguang no llevaba viviendo siglos, apenas un puñado de años.

—¿Quién es? —las palabras salieron por si solas, Venti de inmediato se cubrió la boca—. O-olvida lo que dije, realmente no quiero saberlo… al contrario, me alegro mucho por ti, jamás imaginé que un vejete como tú en realidad podría llegar a enamorarse ja, ja… —no había ni pizca de gracia en lo que le había dicho, pero aún así Zhongli sonrió. A veces el antiguo arconte anemo podía llegar a ser muy transparente con sus emociones, pero claro, únicamente alguien tan cercano a él como lo era el antiguo arconte geo, podía darse cuenta de ello.

—Si te dijera quién es no me lo creerías, pensarías que estoy bromeando —le dijo Zhongli sinceramente—, prefiero demostrarlo —susurró antes de dedicarle esa sonrisa. Esa sonrisa que Venti tanto amaba, de la que se había enamorado y que solo podía ver cuando… 

—¿Zhongli? —las manos del mencionado sostuvieron suavemente el rostro de Venti, una suave caricia en las mejillas y una sonrisa enamorada más se mostró ante los ojos color verde antes de que una cálida y electrizante sensación les recorriera todo el cuerpo. Sus labios apenas y se habían rozado, pero las sensaciones habían sido tan intensas y placenteras al mismo tiempo que ambos se buscaron de nuevo. 

—Te quiero —se susurraron al mismo tiempo.

Tal pareciera que entre miradas, besos y caricias se comunicaron lo que por siglos se habían estado ocultando, no precisamente porque así lo hubieran querido, sino porque las circunstancias no se los había permitido en todos esos años. Zhongli sonreía cuando estaba con Guizhong, es cierto, pero eso se debía a que le contaba todo lo que hacía Venti cuando iba a visitarlo y le era inevitable no esbozar una sonrisa cada vez que pensaba en él; claro que debía guardar la compostura cuando se encontraban cerca, porque siendo arcontes sabían el gran riesgo que conllevaba si alguno de los dos decidía sincerarse y confesar sus sentimientos, pues cuando llegara el momento de despedirse resultaría más difícil; sin embargo, después de la guerra, las pérdidas y el hecho de que Venti se viera corrompido por el abismo, llevó a Zhongli a tomar lo que estaba seguro que era la mejor decisión de su vida.

Vivir como mortal, sentir como mortal, enamorarse y arriesgarse a darlo todo por el sincero amor que sentía hacia quien una vez creyó perdido, pero que ahora que sus existencias se volvieron a cruzar, se negaba a volver a perder. No lo dejaría escapar de nuevo, no dejaría que algún malentendido lo alejara de él.

No podían desperdiciar ni un solo segundo del tiempo que ahora les regalaba el destino, ya los había juntado y dejado aclarar sus sentimientos, sería muy cruel de su parte que intentara separarlos de nuevo, y aunque ese fuera su objetivo, ambos tenían la certeza de que ni el destino podría romper el lazo que con los siglos habían construído.