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Celos con sabor a vino dulce.

Summary:

Kaeya no ha podido evitar fijarse en cómo Donna siempre trata de estar cerca de Diluc en la taberna, si Diluc le da la espalda a la mujer ella sin falta hará un puchero y tratará de atraer nuevamente su atención pidiéndole que rellene su vaso.

Diluc la ignora pero no es grosero, es un caballero con modales.

A diferencia de Kaeya que tiene una lengua más afilada y no duda en lanzar palabras crueles a la mujer.

“Espero que entiendas que no me gusta la competencia” su bonita sonrisa irritó a la mujer quien terminó marchandose y dejando solos a Diluc y Kaeya, este último aún sintiendo una leve punzada de celos.

Aunque sabe que Diluc sólo lo ama a el, necesita una reafirmación.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

Kaeya acorraló a Diluc contra la barra de la taberna, acercando su rostro al del pelirrojo mientras sonreía. Diluc le sostenía la mirada algo confundido.

—Sir Kaeya, ¿Está todo bien?—. Diluc se removió un poco incómodo entre la barra y el cuerpo del peliazul—. Ya cerramos la taberna, haga el favor de retirarse.

La sonrisa de Kaeya se ensanchó al escucharlo.

—La taberna está vacía, todos ya se fueron—. Kaeya apegó su cuerpo al de Diluc, dejando sus caderas unidas—. Incluida esa insoportable mujer.

—No es propio de ti estar celoso—. Diluc arqueó una ceja y una de sus manos descansó en la cadera de Kaeya mientras que con la otra se sostenía sobre la barra.

—Esa mujer siempre quiere quedarse en la taberna hasta el final, tuve que ahuyentarla—. Hubo un encogimiento de hombros de parte del moreno—. No me gusta que piense que tiene una oportunidad de que le des la atención y el sexo que tanto anhela.

—¿Donna?—. Diluc intentó ocultar su sonrisa pero se le escapó, incluso en su voz dennotaba un poco de orgullo—. ¿Qué le dijiste?

—Tu eres un caballero, tu nunca dirías nada que pudiera afectar a una dama—. Kaeya rozó sus labios en el cuello del pelirrojo, mordisqueando ligeramente para agitar la respiración de Diluc—. Pero yo solo le dije la verdad, por más que te desee, solo yo puedo tenerte.

—¿En serio? No creo que hayas sido tan refinado—. La mano que descansaba en la cadera de Kaeya bajó un poco más, ahora apretando un poco el trasero del capitán, robandose un jadeo entrecortado.

—Talvez fui más grosero que eso—. Kaeya movió sus caderas contra las de Diluc, provocando que ambos jadearan por la expectativa que sólo alimentaba más el hambre que sentían por el otro—. Le dije que no me gustaba la competencia y le confirmé que nunca te interesarías en ella, pero si estas preocupado entonces significa que estoy equivocado.

La expresión de Diluc se volvió divertida, como si los celos de su querido Kaeya fueran algo hilarante.

—Sabes que eres el único que me interesa—. Diluc empujó un poco a Kaeya, acercando sus labios a su oreja, dejando que su aliento estremeciera el cuerpo de su amante—. El único que puede tener todo de mí.

Kaeya se sonrojó, no era propio de Diluc ser tan directo y eso solo logró acelerar su corazón. El sonrojo no pasó desapercibido por Diluc quien depositó un beso en sus labios.

Se besaron por un rato largo, ambos degustando el sabor de la boca del otro. Kaeya tenía la amargura del vino en su boca y Diluc tenía un dulce sabor a jugo de uva.

Parados detrás de la barra ambos se abrazaron, manteniendo sus caderas unidas, frotandolas ligeramente entre sí hasta que un corto gemido escapó de los labios de Kaeya lo que provocó que se separaran del beso.

—Siempre tan sensible—. Diluc mantenía su semblante serio pero la burla era evidente en su voz.

—El maestro Diluc siempre logra sacar lo peor de mí persona—. Kaeya estaba jadeando ligeramente.

En un movimiento rápido, Diluc puso a Kaeya de espaldas a él, dejando que se recargara en la barra de la taberna.

—Creo que esa mujer necesita pruebas visuales para poder aceptar que el maestro Diluc me pertenece—. Kaeya se rió pero su risa se interrumpió por un jadeo de sorpresa cuando Diluc bajó sus pantalones hasta sus rodillas—. Que raro de ti ser tan impaciente.

—Mira quién lo dice, no soy yo quien está retorciendose—. El pelirrojo se retiró los guantes de ambas manos y sacó del bolsillo del delantal que usaba cuando atendía la taberna, un pequeño frasquito, abriéndolo para verter el contenido sobre sus dedos—. Es un concentrado de megaflora y slime que te ayudará a relajarte, no me gusta hacerte daño.

“¿Cómo puede ser tan dulce?” Kaeya agradecía estar de espaldas a Diluc ya que su rostro se sonrojó furiosamente, sentía que el sonrojo había llegado hasta sus hombros por la vergüenza.

Diluc introdujo un dedo en la entrada de su amante, sintiéndole jadear y gruñir por la intromisión, después de todo había pasado un tiempo desde que lo habían hecho.

—¿Se siente incómodo?—. Removió el dedo en círculos, buscando ese punto especial que siempre lo enloquecía.

—N-no soy tan delicado, solo continúa—. Pesé a todo lo que pudiera parecer, Diluc era muy cuidadoso siempre con él—. A menos de que desees cogerte a esa vulgar mujer.

Kaeya picó en la conciencia de su amante y cuando pensó que talvez no le había hecho caso, sintió como otros dos dedos se abrían paso en su interior, robándole un gemido de puro placer cuando rozó ese punto especial en su interior.

—¿Es lo que Sir Kaeya desea? ¿Qué me acueste con una mujer cualquiera?—. Empezó a simular embestidas con su mano, deleitandose con los gemidos lastimeros del moreno—. Lo siento por tus extraños fetiches pero yo solamente te deseo a ti.

Kaeya movió sus caderas, buscando más por parte de Diluc.

—Diluc, porfavor—. Rogó empujando las caderas contra la mano del pelirrojo—. Sabes que esto no es suficiente.

Diluc gruñó, sacó sus dedos del interior de Kaeya, provocándole un gemido y dejándolo con un puchero ya que se sentía vacío. El pelirrojo se quitó el delantal, dejándolo en el suelo. A su vez empezó a desabrochar su cinturón para después bajar sus pantalones junto a su ropa interior, suspirando de alivio al liberar su erección.

—Maestro Diluc—. Kaeya empujó su cadera para frotarse un poco contra Diluc, haciendo que ambos jadearan—. Vamos metelo ya.

—No seas impaciente, te lo daré ahora—. Posó la punta caliente sobre la entrada de Kaeya, ambos gimieron ligeramente—. Si te duele, dime y parare.

Kaeya no respondió y en cambió presionó sus caderas, provocando que una parte de la longitud entrará en el. Diluc gruñó y empujó sus caderas hasta que estuvo completamente dentro del hombre. Se quedó quieto, admirando como la espalda de Kaeya estaba curvada.

—Amo... Lo grande que eres—. Kaeya meneó un poco las caderas, jadeando ya que la intrusión en su interior era incomoda y placentera a partes iguales.

Diluc no respondió y colocó sus manos en la cadera de Kaeya para sostenerlo. Alejó sus caderas y se introdujo de nuevo, empezando a tomar un ritmo que volvía loco a Kaeya.

Sus gemidos no se hicieron esperar, el nombre de Diluc se adhirió a sus labios ya que era lo único que podía pronunciar. El ritmo era lento pero en cada embestida llegaba tan profundo que golpeaba su punto dulce provocando que Kaeya clavara las uñas en la madera de la barra.

Kaeya sintió el instinto de mirar a la puerta y terminó encontrándose con unos curiosos y horrorizados ojos azules observando por la puerta entreabierta.

Se preguntaba que tanto había visto y escuchado. Merecía un castigo por ver y escuchar a escondidas.

“Oh, parece que tenemos público” pensó, su primer impulso debió haber sido advertir a Diluc y que ambos pararán pero pensó en lo que le había comentado antes a su amante, “Una prueba visual que la haga perder toda esperanza” sus ojos se encontraron y sólo pudo sonreír en respuesta. “Así son las cosas cariño, el me pertenece”

—Ah, ¡Diluc más rápido!—. Gimió lo más alto que sus cuerdas vocales le permitieron, con cada movimiento de Diluc gemia y ronroneaba su nombre, demostrando a la chica en la puerta que solo a él le correspondía recibir la lujuria del pelirrojo.

—Kaeya... No aprietes tanto—. Diluc gruñó y apartó una de sus manos de su cadera para tomar a Kaeya del cabello, robándole un grito, mientras embestía con más fuerza, tiró del cabello ajeno.

—¡Ah, Diluc más!—. Kaeya cerró los ojos cuando escuchó como la puerta de la taberna era cerrada con fuerza pero el sonido pasó desapercibido para Diluc quien estaba mordisqueando su cuello para dejar pequeñas marcas rojizas.

—Sir Kaeya me pertenece solo a mi—. Una pausa—. Me alegro de que se haya ido—. O talvez si se dió cuenta.

Kaeya no contestó, su punto dulce estaba siendo molido por las duras y profundas embestidas de Diluc. El pelirrojo aflojó su agarre en el cabello ajeno pero Kaeya arqueó la espalda para estar más cerca, estaba buscando un beso.

Diluc besó sus labios despacio, contrario al ritmo en sus caderas pero se alejó para que las embestidas fueran consistentes, sabía que Kaeya estaba cerca de alcanzar su tan anhelado orgasmo.

Kaeya se recargó sobre sus codos mientras gemia ruidosamente y decía obscenidades que sólo sonrojaban a Diluc.

—Apuesto a que esa zorra está deseando esto, que lastima solo yo puedo disfrutar del pene del maestro Diluc—. Su voz sonó como un ronroneo pero el gemido que soltó antes de alcanzar el orgasmo fue lo que contrastó sus palabras.

Diluc continuó embiestiendo el cuerpo de Kaeya, usándolo como si de una manga se tratase, empujando el cuerpo del moreno hasta la hipersensibilidad, logrando que empezará a lloriquear por el placer. Diluc alcanzó su propio orgasmo unos cuantos minutos después, solo entonces vio el desastre que había hecho con Kaeya y su rostro se coloreo entero de color carmesí.

Kaeya tenía zurcos de lágrimas en las mejillas y sus ojos estaba completamente cristalizados por nuevas lágrimas que amenazaban con continuar su camino, la parte superior de su ropa estaba desordenada y manchada con semen en la zona de su abdomen, la manera en que su cuerpo se agitaba y estremecía aún por su sensibilidad sólo provocó que tragara saliva.

 

Diluc salió lentamente del cuerpo del moreno y ambos jadearon, un cómodo silencio reino en la taberna mientras ambos se recomponían, recuperando el aliento y relajando sus cuerpos para ajustarse a la tranquilidad de la noche.

—El maestro Diluc realmente no tiene piedad—. Kaeya se limpió las mejillas y se giró para mirar al pelirrojo que estaba arreglandose la ropa—. Tan rudo y frío como siempre después del sexo.

—Estoy vistiendome porque iremos a la mansión, no creas que vas a librarte esta noche—. Diluc tomó la mano de Kaeya y tiró de él para acercarlo a su cuerpo en un cariñoso abrazo, aún a pesar de que Kaeya tenía los pantalones a la altura de las rodillas—. Quiero pasar esta noche contigo.

—Eeeh realmente eres codicioso... Luc—. El cariñoso apodo resbaló de sus labios antes de que pudiera detenerlo—. Pero no me molesta.

—No quiero que alguien vuelva a verte mientras te hago mío—. Algo muy parecido a un gruñido gutural emergió desde la garganta de Diluc y Kaeya no pudo evitar reírse.

—No creo que estuviera viéndome a mi, en todo caso estaba observandote a ti, deseando estar en mi lugar con todas sus fuerzas–. Kaeya acerco sus labios al cuello de Diluc y mordió con fuerza, robandose un “hey” de su parte y varios quejidos mientras lamia la nueva herida—. Así como yo pertenezco a ti, tu me perteneces.

Diluc se sintió un poco desarmado al ver que su posesividad era correspondida de esa manera y sólo se limitó a besar a Kaeya. El moreno lo empujó al sentir como algo tibio se deslizaba entre sus piernas.

—Dios, eso se ve muy bien—. Dijo Diluc observando cómo el pequeño camino blanquecino perdía su rumbo en el pantalón a las rodillas de Kaeya.

—Deberíamos apresurarnos para ir a la mansión—. Kaeya subió su pantalón junto su ropa interior, una sonrisa coqueta se pintó en sus labios y saltó por encima de la barra.

 

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Ambos salieron de la taberna, aprovechando que la ciudad estaba desierta ya que eran altas horas de la noche, sólo había unos cuantos guardias patrullando los cuales saludaban cortésmente a Kaeya.

—Es extraño que el maestro Diluc quiera continuar por más tiempo—. Kaeya estaba caminando detrás de Diluc cuando pasaron frente a ese lugar donde Donna estaba casi todo el tiempo.

—¿Puedes callarte? Solo quiero hacerlo y ya—. Kaeya podía jurar que el rostro de Diluc estaba casi tan rojo como su cabello. Eso lo puso un poco nervioso.

Kaeya sonrió mientras un ligero sonrojo se dibujaba en sus mejillas. Se giró en dirección a donde siempre veía a Donna esperando a Diluc y vigilando las flores de la pequeña Flora, se dió cuenta de que los estaba mirando por la ventana de su habitación.

Kaeya le hizo una seña con la mano a manera de saludo y ella cerró las cortinas de manera brusca.

—Date prisa o te dejaré aqui—. Diluc carraspeó y empezó a caminar más rápido, Kaeya se limitó a seguirle el paso mientras susurraba un débil “ya voy”.

Notes:

La verdad es que esto tenía mucho tiempo dando vueltas en mi cabeza solo que no encontraba la manera de darle forma, pero esta es una temática que me gusta.

Uno de los dos ardiendo en celos y el otro completamente desinteresado porque sólo tiene ojos para su pareja.

Soy mala para escribir pero me gusta hacerlo, es la 1AM y recién termino de escribir, así que si encuentran errores sean amables de decirme porfavor.

Blackwell fuera.