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Language:
Español
Stats:
Published:
2021-11-19
Updated:
2023-04-12
Words:
7,357
Chapters:
2/?
Comments:
7
Kudos:
19
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4
Hits:
164

Desolación

Summary:

Las tierras de Desolación son gobernadas por el Imperio de Midgand a través de la influencia de La Abadía, entidad que protege a la humanidad de la plaga demoníaca. Los exorcistas combaten a los demonios utilizando como herramientas una antigua raza creada de maná, los malakhim, a quienes se les ha suprimido su voluntad para obedecer cualquier orden de sus amos.

Sorey, un joven talentoso con una alta resonancia, es recientemente ordenado como pretor, pero sus ideales en relación a los malakhim entran en conflicto con las creencias impuestas por La Abadía.

Notes:

Hola. Soy Nash. Es el primer fanfic que escribo desde hace 15 años aproximadamente. Nunca pensé que haría algo así pero después de algunos dibujos y apuntes me dije "¿por qué no?".

No suelo escribir así que lo más probable es que tenga errores. No le pedí a nadie revisarlo, pero si intenté que quedara lo más presentable.

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: Regalo

Chapter Text

La ceremonia de investidura había terminado y el salón se desocupó lentamente entre murmullos y deseos de engullir el banquete que esperaba en el comedor. Alisha buscó a su amigo entre la multitud de uniformes blancos hasta que se topó con un grupo de exorcistas que rodeaban al nuevo pretor para felicitarlo. Se acercó haciéndose un hueco entre ellos con una elegancia y sutileza características de una hija de la nobleza.

—¡Alisha! ¡Me alegro de verte!

Sorey se entusiasmó al ver a su mejor amiga de la Abadía en un día tan importante como ese, había estado tan ocupado con su patrullaje y luego con los protocolos y reuniones que en las últimas semanas apenas se habían visto para cenar. Si bien se llevaba bien con gran parte de sus compañeros, ya que tenía una facilidad innata para caer bien, Alisha era a quién le depositaba toda su confianza y la única con quién compartía una fascinación por los libros, en especial los de historia y ruinas.

—Felicidades, Sorey. Tengo algo para tí. —En sus manos llevaba un paquete envuelto en papel café que entregó a Sorey cordialmente.

—No debías molestarte... —Recibió el regalo mirándolo con ojos muy abiertos y brillantes por la emoción. Por la forma del paquete era obviamente un libro pero desconocía cuál podría ser. Pensó en que sea lo que sea, le gustará si viene de parte de Alisha.



—Jamás será una molestia darte un obsequio y más en un día como hoy. De seguro te gustará. —contestó con una sonrisa suave pero genuina.

—Vayamos a un sitio más desocupado, aún nos queda algo de tiempo para el banquete. Tengo hambre pero la curiosidad me mata.

Se despidió de sus camaradas agradeciéndoles por las felicitaciones y, como si fuera un niño con un juguete nuevo, se dirigió junto a Alisha a una escalera que llevaba al ala de las habitaciones, un poco alejada del salón y del pasillo principal. Se sentó pesadamente en uno de los escalones mientras que Alisha se quedó de pie unos escalones más abajo.

—Fueron demasiadas horas de pie, muero… —Emitió un fuerte suspiro y quedó en silencio por unos segundos con los ojos cerrados, eso le basta para recuperar energías y continuar con lo que queda de día—. ¡Bien! ahora si puedo abrir tu regalo.

Sorey rasgó el papel café y dejó visible un libro con cubierta de cuero marrón, algo gastado pero en buenas condiciones generales y detalles en pan de oro, era el Registro Celestial. Lo alzó a la altura de sus ojos, lo examinó sin pestañear, revisando cada recoveco. Estaba maravillado con el tesoro que tenía en sus manos.

—¡Alisha, eres genial! Esto debió costar una fortuna, es muy difícil de encontrar. No creo que pueda aceptar algo así... —Dirigió una mirada tímida a Alisha, sintiéndose poco digno de ese presente.

—No digas eso, es tuyo ahora. Fue algo difícil de encontrar pero dejé el recado en casa y uno de los sirvientes lo encontró en un baratillo por suerte. Me hacía ilusión que tuvieras una copia propia, así no te tentarás de hacer anotaciones en el mio. 

Alisha se tapó la boca para reírse sin que resonara por la Abadía. Recordó la primera vez que le prestó su copia, apenas se habían conocido siendo muy jóvenes pero se hicieron buenos amigos y no tuvo problemas con prestárselo en aquella ocasión. Fue a las horas cuando volvió a ver a Sorey en el comedor con su libro, con una pluma con tinta en la mano a punto de escribir en él. Tuvo un soponcio al ver esa escena. Sorey alcanzó a escribir un par de palabras antes de ver la cara de Alisha, había estado tan absorto en su lectura y estudio que había olvidado que el libro no era suyo. Se disculpó por meses, le regaló dulces, hizo algunos de sus deberes, no debía hacerlo realmente, ella le perdonó casi al instante y volvió a prestarle algunos de sus libros, aún así Sorey estaba muy arrepentido y le prometió jamás volver a rayar un libro suyo.

 

—Eso pasó hace mucho, después de eso siempre entregué tus libros en buen estado. —Un leve sonrojo apareció en sus mejillas.

—Y llenos de plumas, marcapáginas, trozos de papel con apuntes, envoltorios de dulces y folletos —acotó Alisha en tono jocoso.

—Detalles, detalles…pero no habían páginas rayadas o dobladas. —Sorey se rascó la nuca bastante avergonzado recordando aquella vez—. Hablando en serio, ¡muchas gracias!, es un gran regalo. No sabría cómo superar esto.

—No tienes que superar nada, ya me has ayudado bastante en el pasado, solo disfrútalo —respondió con una sonrisa.

—Alisha, ¡eres genial! —Abre el libro en una página aleatoria y aparece una hermosa ilustración del templo de Palamides, una espectacular edificación que solo podría haber sido creada por artes malakianas—. Me gustaría que me trasladaran a Yseult, así podría verlo en persona, siempre puede haber una misión de reconocimiento o para eliminar demonios en ese templo o podría escaparme para cuando tenga un tiempo libre, aunque probablemente como pretor no tenga días libres pero prefiero no pensar en eso... Me gustaría que Mason pudiera acompañarme también...es una pena no tenerlo a mi lado. 

Con un suspiro melancólico cierra el libro y se levanta del escalón sacudiendo el polvo que se le había pegado a su nuevo uniforme blanco.

—¿Le pasó algo a tu malak? Ahora recuerdo que no lo vi en toda la ceremonia, pensé que el que estaba cerca tuyo también era del Pastor.

—Algo así… realmente no entiendo la decisión del Pastor, me dijo antes de la ceremonia que tenía una misión especial para Mason y me asignó a un nuevo compañero, eso fue raro ¿era necesario que se llevara a Mason? llevábamos muchos años juntos y pienso que perfectamente podría trabajar con dos malakhim pero bueno… supongo que el Pastor sabe lo que hace. Aún así, creo que podré llevarme muy bien con… —Sorey se queda mirando el techo pensativo por unos segundos—. Bueno, aún no pienso en un buen nombre para él, pero aún así me gustaría que lo conocieras de cerca.

Desde el pecho de Sorey surge una pequeña bola de luz que se transforma en un chico de una edad similar a él pero con una piel muy pálida, cabello plateado con puntas celestes que le llegaba hasta los hombros y ojos de color amatista opaco que miran a la nada, inexpresivo como el resto de malakhim de la Abadía.

—Sorey, creo que deberías dejar de ser tan… cómo decirlo… cercano con los malakhim. Podrías meterte en problemas, además son herramienta para…

—¡No son herramientas! —gritó. 

Sorey vio el rostro desconcertado de Alisha lo que le hizo reaccionar ante el error que cometió. 

—Lo siento. —Su voz bajó el tono y se encogió de hombros—. Jamás debí gritarte, es solo que no veo a los malakhim como herramientas, ya lo sabes… Son igual a nosotros e incluso más poderosos ¿te imaginas si no existieran? la plaga demoníaca ya habría consumido este mundo. Si les pidiéramos su ayuda en vez de que su voluntad sea...

—Sorey, sabes que no puedes hablar de eso. —Alisha lo interrumpió rápidamente con voz firme—. Eres una de las personas que más aprecio en la Abadía y no me gustaría que te vieras en problema por esto. Tienes un gran corazón y habilidades que superan a muchos de los que estamos acá. No trunques todos tus avances.

Ella posó su mano sobre su hombro con una suave sonrisa. Sorey solo pudo respirar hondo y suspirar.

—Supongo que tienes razón pero… —Prefirió callar, era inútil seguir discutiendo. Volvió a ingresar a su cuerpo al malak que desapareció en un destello azulado y le devolvió la sonrisa a Alisha con incomodidad creando un enrarecido aire a su alrededor. 

En ese momento llegó corriendo un hombre alto, macizo y bronceado interrumpiendo el incómodo silencio con su vivaz y estruendosa voz.

—¡Hey!, el parcito, los están esperando y no van a comenzar el banquete si el festejado no va ¡y tenemos hambre! Además, Sergei no debe estar muy contento de que ustedes dos en específico estén solos en un lugar así. —Rio a carcajadas sin que Alisha y Sorey entendieran lo gracioso de eso último, sabía que podía lanzar indirectas sobre el secreto de Sergei y esos dos jamás lo entenderían.

Boris era el hermano gemelo de Sergei, iguales en cada centímetro, pero su temperamento y postura eran totalmente opuestos. Mientras que Sergei era serio, formal y apegado a las reglas de la Abadía, Boris era apasionado, risueño y muy informal, incluso metiéndose en problemas por sus salidas nocturnas. Tal vez habría podido ser pretor como su hermano, era un luchador ejemplar, pero tanta responsabilidad no iba para nada con él y estaba bien con eso.

—Está bien, ya terminamos. —Sorey le hizo una seña con la mano y luego se dirigió a Alisha con voz baja—. Disculpa por lo que pasó, prometo que ya no traeré de vuelta el tema.

—Siempre te disculpas tanto. Ya pasó, mejor vamos a comer. —Alisha le da un golpecito con el dedo en el hombro de Sorey. 

Ambos se juntaron con Boris y se dirigieron a paso rápido al gran banquete.

 



La oscuridad de la noche puso fin a la larga jornada. Sorey entró a su habitación, dejó la lámpara en el escritorio que también usaba de mesa de noche y abrió el Registro Celestial. Le alegraba mucho tener su propia copia para leerla y trabajarla como le diera la gana. Hojeaba las primeras páginas y estaban impecables, solo era la portada la que estaba algo desgastada.

Había estado tan embobado con el libro por unos minutos que olvidó a su nuevo compañero. Quería que conociera su habitación y sus cosas antes que cualquier cosa así que lo trajo de vuelta con el habitual destello azulado. 

—Disculpa que te traiga de nuevo pero quería que conocieras mi habitación. —A pesar del cansancio, se mostraba entusiasmado mostrando su pequeño metro cuadrado—. Realmente no paso mucho aquí porque siempre hay demasiado que hacer, la plaga demoníaca está desatada últimamente, pero tengo cosas que tal vez te interesen.

Sorey toma de los hombros al malak y lo dirige a un pequeño librero con varios libros, desordenados y de los que sobresalían papeles y montones de otros cachivaches. El espacio era tan escaso que algunos estaban apilados y otros cuantos los tenía en el escritorio.

—Lo sé, tengo que ordenar pero es mi pequeña fortuna y tal vez encuentres algo que te guste aunque la mayoría es de historia y arquitectura. No me enojo si quieres leer algo, no tienes que preguntar, hazlo con confianza...

La emoción de Sorey se fue desvaneciendo viendo que los ojos del malak seguían opacos y sin vida. Se sentó a los pies de la cama con un suspiro, sabía que era un intento inútil. Ya lo había intentado con Mason por años pero no hubo caso, solo seguía sus órdenes y escasamente le respondía con voz apagada. Y ahora se lo habían arrebatado sin saber si sus intentos de crear algún lazo provocaron algún atisbo de libre albedrío, tal vez podría contar como una señal una de las pocas veces que lo vio acercarse a algunas flores o árboles, quizá le gustaría la jardinería. Realmente lo extrañaría.

Se desvistió dejando el uniforme blanco tirado en una silla, se colocó la vieja polera que usaba de pijama y un pantalón suelto y se quedó sentado mirando al malak que se mantenía inmóvil. Recordó algunos libros antiguos que leyó sobre cuentos en donde los malakhim convivían con los humanos, en ocasiones los ayudaban con sus poderes, en otras les era indiferente, incluso habían cuentos que hablaban de malakhim malditos que podían derrumbar poblados completos solo con su presencia, son seres muy complejos y poco se sabe de ellos, claro, si apenas se les ve como herramientas para crear grandes estructuras o destruir demonios.

El sueño lo invadió repentinamente. Con un bostezo prolongado apagó la lámpara y apenas tocó la almohada quedó sumido en un sueño profundo.

El malak seguía en la habitación.