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El Guardián Dorado tiene la polla metida en la boca de Edric Blight.
Si hace un esfuerzo para recordar cómo llegó hasta esta situación, entonces sólo le llega a la cabeza que los continuos coqueteos indiscretos del joven de cabello verde se volvieron tan potenciosos, que con el pasar de los días fue inevitable sentirse curioso de lo que podría estar buscando con él, y convirtió del acoso algo mutuo hasta que se volvió irritante y decidió buscar sus respuestas pacíficamente acorralándolo contra una esquina esperando que su autoridad lo asustara y lo convenciera en detenerse.
—Me has estado mirando demasiado—Dijo. Esperando que el tono de sus palabras causara que le diera una respuesta rápida y concisa sin trabas.
Nunca antes le había prestado la atención que requería. Tenía que admitir que era muy atractivo. Jamás había visto o conocido un chico tan guapo como él, y muy seguramente tenía su misma edad.
—Parece que ha sido mutuo—Le contestó. Como sí no tuviese a una de las figuras más importantes de las Islas Hirvientes de frente.
Nadie le había hablado con tanto coraje jamás. De tratarse de otra persona, probablemente hubiera negado todo o buscado alguna excusa tonta. Sin embargo, él no lo hizo, y la mirada que traía en el rostro parecía querer causar una reacción en él.
El guardián, con tal de mantener su imagen y su orgullo, se puso a discutirle un poco más dejando de lado el hecho de que tenía tareas más importantes que realizar que estar peleando con un adolescente que seguramente lo único que quería era molestar. Las palabras que compartieron escalaron desde «Yo soy más importante que tú, así que tienes que dejar de joderme» y, «Yo sé hacer muchísimas cosas mejor de lo que tú podrías» hasta dar un repentino giro de tuerca que pasó a convertirse en una competencia de quien le provocaba una erección incómoda al otro más rápido.
Y todo porqué a Edric se le ocurrió decir:
—Podría darte una buena mamada. Seguramente soy mejor que tú en eso.
Jamás se había excitado así en ninguna pelea. En su mayoría terminaba en alguna batalla con él como el ganador. Pero, cuando alguien te dice algo así sin especificar sí es alguna clase de insulto extraño, entonces te deja balbuceando las respuestas y te conviertes en un perdedor que acaba de descubrir que discutir con un chico tan lindo que se te ha insinuado durante mucho tiempo te pone de sobremanera.
De no ser porque Edric le propuso sin ningún tipo de pena tener sexo con él, probablemente él estaría con Belos, y no en una casa ajena, en su dormitorio, teniéndolo de rodillas.
Tiene que admitir su derrota porque lo que le dijo es verdad. Lo que está haciendo el varón de los Blight con su boca es maravilloso y no cree igualarlo jamás sí es que piensa devolverle el favor.
Hacer que se quitara la máscara fue un maldito reto para Edric. Pero gracias a que, —de nuevo—, es jodidamente bueno en lo que hace, la falta de aire hizo que se volviera loco por buscar oxígeno dentro de la reliquia dorada y finalmente decidiera apartarla y perderla en algún lado de la habitación. Cinco minutos atrás, cuando lo empujó hacía su cama con desesperación y la puerta detrás suya se cerraba, le pidió que lo hiciera y le excusó de que no podía hacer eso porque los habitantes no podían verlo. Luego, su norma se fue al diablo con un buen oral.
Es incluso más guapo de lo que se imaginó. Sí no era lo suficientemente lindo con ese rostro suyo de ser capaz de liquidar cualquier amenaza que se le atravesará, ahora lo es más cuando toda su cara está sonrojada desde las mejillas hasta las orejas y se muerde el labio inferior queriendo no soltar quejidos demasiado ruidosos por el placer. Se está muriendo por eso, y el aferrarse a las sábanas de la cama no es suficiente para lograr controlarse y evitar que se retuerza como un loco.
Es adorable, y también muy obvio en que es la primera vez que alguien le hace algo como esto.
Edric se percata de algo y se detiene un momento de lo que está haciendo para dirigirse a él.
—¿Puedo saber tu nombre? —Pregunta, aunque es ridículo hacerlo ahora, tiene curiosidad de saber cómo se llama la persona con la que planea acostarse.
El Guardián jamás había permitido que los ciudadanos se acercaran demasiado, pero este tipo ha sido una clara excepción. Acaba de darse cuenta que actuó impulsivamente por culpa de una cara bonita, pero hasta ahora no siente que vaya a arrepentirse. Maldita sea, cuando uno está caliente se desconoce a sí mismo.
—Hunter—Responde apenas siendo audible por un gemido intruso que sale de su garganta. Su pecho sube y baja frenéticamente mientras se miran.
—Me gustas, Hunter—Dice Edric, sonriéndole como sí lo que le está diciendo no se tratase de nada importante.
Tiene a la mano derecha del Emperador en su colchón y casi lo está haciendo desmayarse de la satisfacción. No quiere que este logro sea en vano, y quiere que sea una experiencia que los complazca a ambos. Por eso, decide que es momento de dejar de usar su boca, y se pone de pie frente a él para comenzar a desnudarse con calma. Hunter sólo admira el magnífico cuerpo de piel blanca que al terminar se aproxima de nuevo a él y entrelaza sus dedos en el suave cabello rubio, tirándolo contra la cama y posicionándose encima.
El contrario debajo suyo se quedó congelado incapaz de procesar que es lo que va a suceder exactamente. Ya es muy tarde para echarse atrás, y tampoco tiene la intención de hacerlo. La mirada de Blight le da cierta tranquilidad de que sea lo que vaya a pasar será tan bueno como lo anterior.
El contrario se da cuenta que éste apenas se está deshaciendo de su propia ropa restante, así que lo ayuda con la misma paciencia de antes.
—he querido que me folles desde hace mucho tiempo—Confiesa, mientras le acaricia el torso de arriba hacia abajo lentamente causándole un escalofrío extraño que recorre todo su cuerpo—, ¿has hecho algo así antes?
No. La verdad es que Hunter jamás había estado así con absolutamente nadie ni de cerca. Belos no le permite salir mucho, y tampoco nadie se había atrevido a sobrepasar el límite con su persona y hacerlo sentir de verdad esa fuerte atracción como lo estaba haciendo Edric Blight. Además, antes de esto no creyó tener interés en el sexo; cuando comenzó a descubrir la masturbación, también descubrió que era incapaz de venirse. Nunca tenía la inspiración para pensar en algo lo suficientemente placentero que lo llevara al orgasmo y la decepción lo hizo rendirse a seguir intentándolo. Resultó ser que simplemente no era bueno con eso.
Probablemente fue toda la acumulación del deleite negado, y la consciencia de que esta oportunidad ofrecida de tener sexo no iba volver a repetirse lo que lo trajo hasta aquí. Era una bruja hormonal.
—está bien—Edric vuelve a hablar ante la falta de respuestas. Aunque ya sabe que la respuesta es que no ha tenido sexo tampoco. Él también tiene una vida sexual muy limitada. Aunque no lo parezca por la manera en la que ha estado actuando, él es el primer hombre por el que su libido ha pasado de la imaginación a la realidad, afortunadamente. Por eso está tan entusiasta, a diferencia de él que ha estado muy cohibido. —. Puedes ser rudo conmigo.
Hunter apenas acaba de darse cuenta que esta situación se le fue completamente de las manos. No tiene ni la mínima idea de cómo va lograr darle placer a alguien más cuando no ha podido lograrlo ni con él mismo. Su rostro, llenó de preocupación fue visible. Por eso Edric se acercó a él y por primera vez lo besó.
También es la primera vez que el rubio es besado y hay una nueva sensación en él, en su estómago más precisamente, que se siente como sí un montón de criaturas se moviesen dentro sin control, pero por alguna razón no es aterrador. Se siente bastante agradable y le hace darse cuenta que se ha desasociado demasiado de quien realmente es.
—Tengo que hacerte sentir bien—Dice para él mismo como si fuese directamente una orden de un alto mando. La manera en que lo dice con tanto poderío sólo hace que Edric lo deseé más.
Ambos se miran a los ojos, dorado y magneta se encuentran. Y es entonces cuando Hunter se ha puesto serio otra vez antes de tomarlo del cabello y ser él quien lo bese esta vez aplicando la mínima fuerza posible en su agarre sorpresa. Teniéndolo encima, es fácil tomar su miembro y comenzar a realizar movimientos de arriba hacia abajo con suavidad, así como él sabe que debe hacerlo. Ambos son hombres así que sabe perfectamente cómo funciona su cuerpo y como tiene que gesticularlo.
El peliverde se muerde los labios y siente como se endurece de poco en poco. Los movimientos se vuelven rítmicos y fuertes, provocándole uno que otro suspiro que lo hace romper el beso y arquear la espalda. Tiene que silenciarse cubriendo su boca, aunque, realmente no tiene sentido que lo haga teniendo en cuenta que no hay nadie en casa y poseen de toda la privacidad del mundo.
Un gemido se le escapa, y tiene que cerrar los ojos firmemente mientras siente los espasmos recorrer la zona bajo su vientre. Las piernas le comienzan a temblar también.
—Hazlo ya—Le ordena al guardián, con un tono ansioso por querer ir al siguiente paso. Había tenido demasiada previa.
—¿No te va doler? —Pregunta el otro. Tenía conocimiento acerca de estas prácticas y sabía que siempre se tenía que ser extremadamente cuidadoso.
«Sí eres tú, ¡que así sea!» Quiere decirle. Pero todavía tiene un poco de decencia para no hacerlo y darse una peor imagen de la que seguramente ya tiene. De igual manera sabe que su mente se nubló por las ansías de tenerlo dentro ya y olvidó por completo que tiene que protegerse tanto a sí mismo como a él.
—Ahí—Señala apuntando el mentón hacía la mesita de noche que tenía un cajón. Fue capaz de estirarse un poco y alcanzar a abrirlo para sacar lo que él conocía como un lubricante y un condón.
Hunter no recuerda de dónde lo aprendió, pero sabe su uso y método de colocación. Mientras él se encarga de eso, Blight vuelve a inclinarse contra él para marcar efímeros besos que delinean la mandíbula y terminan hasta el cuello. Es difícil concentrarse así, pero a fin de cuentas lo logra con una desesperación que jamás había mostrado ante nada ni nadie. Finalmente, todo está listo.
Edric se encargó de ir descendiendo sobre su duro miembro con cuidado, ambos soltaron un quejido a la vez por la sensación. Blight inclinó la cabeza hacía atrás y sus ojos se cerraron a sorbos de placer, Hunter estaba dotado de manera impresionante para su edad, era el tamaño perfecto para él.
Todavía no se encontraba completamente dentro porque apenas se estaba acostumbrando. Las manos hábiles pero nerviosas del otro le tomaron de las caderas para ayudarlo a adaptarse, pero fue rechazado cuando las contrarias se envolvieron alrededor de sus muñecas.
—Déjame hacerme cargo—rogó.
Hunter era un líder por excelencia que le gustaba hacer las cosas a su manera, pero no le importaba dejar que él tomase el control, aunque sea por un rato.
—Está bien—Contesta—. Pero quiero que me mires mientras lo haces.
Edric asintió inmediatamente aceptándolo, y finalmente se hundió por completo. Comenzó a girar sus caderas sobre él lentamente, haciendo que el rubio dejase escapar uno que otro sonido de placer. El contrario cumplió con lo prometido y lo vio de nuevo a los ojos mientras subía y bajaba a su preferencia lentamente. Ya no se ve tan retador como antes y es sorprendente las expresiones y ruidos que pueden provenir de un chico tan lindo como él a medida que rebota sobre su regazo una y otra vez aumentando el ritmo de a poco, apoyándose del agarre de las manos.
—¿Te gusta verme así?
—te ves hermoso—Responde. El contrario encima acelera sus movimientos lentos de arriba hacia abajo buscando más placer, quiere sonreír por el comentario, pero su rostro es incapaz de mostrar otra expresión que no sea la del goce.
—Sólo no te vayas a enamorar de mí—Replica con gracia.
Cierto. Lo que sea que sea este tipo de relación comenzó de una manera extraña y pasó directamente a un nivel muy alto que tenía por debajo más pasos, como, por ejemplo, saber quiénes demonios eran antes de tener relaciones sexuales. Las cosas entre ellos estaban sucediendo en una manera muy desordenada, pero al final, ¿eso realmente importaba? Ambos se la estaban pasando bastante bien sin necesidad de tener un vínculo previo, o un vínculo siquiera.
Esto es jodidamente increíble e inédito para Hunter; siente que podría cometer otro desliz como estos mientras sea con él.
—No creo hacerlo—Refuta a su contestación.
Esta apretado. Tan apretado que los ojos de Hunter se cierran y sólo puede percibir como Edric pasa las manos por su torso de nuevo clavándole las uñas, él hace lo mismo en la piel contraria dejando una huella roja.
Sus gemidos y el sonido de piel golpeándose contra piel es obsceno. A pesar de que le gusta tenerlo así, se da cuenta que ha dejado de moverse como lo hizo a un inicio y entonces se percata que su cuerpo ya no es capaz de actuar con el mismo frenesí que tuvo en un principio. Hunter quiere tener un propósito también y dejar de ser el sumiso. Después de todo, este es un trabajo para dos. Así que procede a sujetarlo firmemente de la cintura, y auxiliarlo a intensificar las embestidas sobre él. A Edric le gusta esto, que haya tomado el control como fantaseó muchas veces que sería. Oh, está siendo tan brusco como imaginó alguna vez.
—¡Ouh! —Sus ojos se abren a la par y un sonido adorablemente extraño proviene de él—¡Ahí!
Él por su propia cuenta no fue capaz de buscar ese punto dulce en él. Y Hunter sin darse cuenta, sí. En cuanto sabe de lo que se trata, pierde el control, y lo embiste. Abusando de aquel lugar sin descanso.
—Hunter, maldita sea... Hunter—Edric ya ni siquiera es capaz de decir palabra alguna correctamente. Y es increíble como escucharlo gemir su nombre pueda seguir provocándolo más. —Eres demasiado bueno.
Siguió empujando dentro de él por un rato más y lo convirtió en un manojo de nervios incapaz de poder pronunciar algo más que no fuesen jadeos y sollozos que lo acercaban cada vez más al clímax. La forma en que controlaba tan bien su cuerpo hizo que temblase, y sintiese como era empujado al borde. Sólo falto de unos empujes más para que se viniera sobre su propio abdomen mientras volvía a gemir en voz alta.
Hunter ya conoce esta sensación, ha estado aquí muchas veces, pero jamás se ha permitido llegar tan lejos como para disfrutarse. El ritmo duro y autoritario del chico fue el factor que le hacía falta para darse cuenta que realmente no había ningún problema con él.
Verlo temblar después de su propio orgasmo, más la mirada lasciva que le dio fueron como un regalo de que había hecho las cosas bien. Edric le sonrió y se inclinó para volver a besarlo, y la combinación de todo esto por fin logró que él mismo se viniese por fin y conociera el maldito paraíso. Su mente descendió en el placer, y casi pudo sentir que entró en un trance que lo sacó del universo por un momento muy largo. Por lo menos, hasta que Edric se deslizó fuera de él y jadeo por la pérdida antes de caer colapsado a su lado soltando un suspiro de satisfacción.
Sus pechos subían y bajaban por el cansancio, el sudor recorría el cuerpo de ambos y estaban agotados.
Wow. No hay palabras para describirlo. Sólo... Wow.
Edric se volteó a él y pensó que tenerlo aquí era un jodido sueño hecho realidad. Acababa de cogerse al guardián dorado y éste está recuperando la compostura mientras se deshace del condón y parece darse cuenta que fueron un poco muy intensos.
—Siento lo de los rasguños—Se disculpa el peliverde cuando lo ve tocar todas esas zonas donde han quedado marcas que serán difíciles de ocultar—, pero el labio has sido tú.
La forma en que lo dice y en la que mira sólo le hace preguntarse cómo pudo pasar a ser tan adorable cuando literalmente unos momentos atrás lo tenía encima rogándole.
—¿Ahora qué? —Pregunta Hunter.
—Ahora nos conocemos—Contesta Edric, y le toca la piel delicadamente, delineando con las yemas de sus dedos una de las muchas cicatrices que le llamaron la atención de su cuerpo, pero no mencionó antes por no ser el tiempo debido. —¿Cómo conseguiste eso?
Hunter evadió su mirada y retiro sus manos.
—Es un recordatorio— hizo una corta pausa para pensar en cómo decir que no fueron hechas a propósito por él precisamente. —, de misiones fallidas.
Belos es un sádico hijo de perra, sí es que se podría resumir en pocas palabras.
—Uh—Devuelve el contrario y balbucea unas cuantas cosas que al final no puede decir. —Cuando despierte te curare lo que pueda, lo juro.
Bien, aparentemente quiere que se quede. Pero él es consciente de que no puede hacer eso.
—No puedo quedarme aquí—Dice el guardián con un tono más triste del que le hubiese gustado expresar.
—Por lo menos un rato—Insiste el adolescente, volviendo a tomar su rostro, juntando más su cuerpo a él como sí eso fuese a convencerlo. —, no parece que descanses mucho.
El rubio volvió a cohibirse y no le respondió. Pero el hecho de que se haya quedado ahí ofreció una respuesta afirmativa de que no se iría.
—supongo que no te quedarás a hacerme el desayuno—Bromea, aunque es la realidad—. Me gustaría volver a verte. Puedes venir cuando quieras, aquí estaré.
Hunter apenas se atreve a preguntar:
—¿Por qué yo?
—No lo sé. Hay algo especial en ti—Contesto Edric, y el cansancio le ganó luego de una ajetreada tarde.
Hunter se prometió que sólo sería un rato; pero cuatro horas después se dio cuenta que cayó en el sueño más bueno que había tenido en toda su vida. El descanso después de un orgasmo es verdaderamente renovador.
No puede soportar ver a Edric durmiendo tan pacíficamente. De hecho, no puede verlo en absoluto. Cuando las endorfinas terminan su efecto es cuando se percata de que se ha metido en un lío muy grande. No tiene idea de cómo justificar su ausencia
Así que simplemente se va.
De regreso a "casa", Belos es imposible de engañar o pasar por alto, y en cuanto lo ve escurrirse por los pasillos le pregunta que le pasó en el labio.
Él dijo que sólo tuvo una pelea.
—¿Lo hiciste bien?
—Sí. Lo he hecho bien
